Rin se apresuró al salir de sus clases, completamente agotada por el ajetreado ritmo al que todavía no había logrado adaptarse y aun algo incómoda por ser la única de mayor edad de su clase, siendo cada día juzgada por todas esas miradas silenciosas. Aquel día le había tocado el turno de la limpieza del salón y todavía debía apresurarse por las calles de la ciudad rumbo al departamento familiar, sola por primera vez. Aunque detestaba la soledad, les había insistido a sus tutores acerca de la importancia de aprender pronto a arreglárselas por sí misma ─lo había hecho relativamente bien en los últimos años, con la diferencia de que un pueblo no era tan complicado ─ y además, habiendo tomado consciencia de la importancia del rumbo que estaba tomando la carrera profesional de Kohaku, decidió que no debía convertirse en su obstáculo ni en su estorbo. Insistió en ello hasta que Sango y los otros comprendieron.

Sin embargo, cuando caminaba por la acera de la ruta cuidadosamente aprendida, regresó a su memoria la advertencia del señor Sesshoumaru, de que en aquella urbe se hallaban depredadores escondidos, ya que un hombre alto que ostentaba un amplio y caro vehículo negro. la interceptó. Al principio, se inquietó de verlo acercarse con paso campante, pero luego lo reconoció por su traje, su cabello oscuro ondulado y blanca piel. Tenía buena memoria para los rostros y pudo recordar a aquella persona caminando junto a Sesshoumaru rumbo al café el día de su llegada. Si era un conocido del empresario, ¿significaba eso que era hombre de confianza?

─Muy buenas tardes, tú eres Houko Rin-san ¿Verdad? -saludó con una sonrisa que pretendía ser amable, pero a ella le causó escalofríos-. Me presentó, mi nombre es Onigumo Naraku, uno de los accionistas de las empresas Mugen y conocido de la familia de Shinju-san, quien, si no me equivoco te tiene hoy bajo su tutela ─todo esto lo decía con una seductora voz grave y una inquietante mirada fija, mientras le extendía una tarjeta de presentación violeta, con sus datos escritos en dorado, recordándole un poco a la tarjeta que le presentará Sesshoumaru a Kohaku.

─Es un gustó ─respondió saludando con una profunda inclinación y tratando de ocultar el temblor en su voz, puesto que aquello no le parecía agradable, aunque viera la tarjeta y le dijera que era conocido de su nueva familia, aunque alguna vez hubiera oído hablar vagamente de las empresas Mugen ─no recordaba dónde─.

─El gustó es mío ─respondió apenas pudiendo ocultar la lascivia en sus ojos de rubí─. Tengo poco tiempo así que seré breve. Me gustaría tomar contacto con tu familia nuevamente por cuestiones de negocios. Tal como te he dicho, Shinju-san era miembro importante de las empresas Mugen, hasta que fue transferido a otra rama y perdí el contacto. Llegó a mis oídos el dato de que tus hermanos mayores trabajan ahora para una empresa dedicada al desarrollo de software dentro de la Corporación Inu, que son muy buenos en su desempeño y pienso que semejante talento no debería desperdiciarse y correspondería que volviera a la empresa donde su padre lo dio todo una vez.

─S-sí, así es, mi hermano mayor Kohaku fue contratado tiempo atrás para ser parte del periodo de prueba por el señor Sesshoumaru ─no sabía si estaba bien o mal decir todo eso a pesar de que el hombre parecía bien enterado y demostraba su confianza con las manos en la cadera, pero sentía que no podía evitar hablar, como si algo en aquellos hipnotizantes ojos le arrancara las palabras.

─¿Entonces tu familia conoce a Sesshoumaru-sama, a pesar de que es Myouga-san la cara visible y cabeza "oficial" de su rama de las empresas Inu? Eso es muy llamativo ─se tocó el mentón en un acto pensativo, logrando suscitar en ella la reacción requerida, una incipiente curiosidad que se dibujaba en sus enormes y expresivos ojos marrones─. Oh, ¿no lo sabías? Sesshoumaru-sama, a pesar de su poder y gran influencia en la economía de la región no es una persona "pública", cuida su vida privada, ama el perfil bajo, por lo que todo su trabajo queda en manos de terceros. El consejo de su empresa apenas lo ve, no tiene contacto directo con los empleados. Para que él haya decidido descender de su pedestal, exponiéndose de tal manera para hablar personalmente con tu familia, eso significa que ha encontrado algo realmente valioso en ustedes.

Nuevamente, aquellas palabras generaron lo que esperaba en una jovencita de universo incierto como ella: gran inseguridad.

─¿De verdad? ─una mezcla de vergüenza, miedo y nervios se dejó ver en su rostro repentinamente ruborizado─. Eso es un gran honor…

─Yo me lo pensaría antes de considerarlo un honor ─sugirió él con voz enigmática, atrayendo su atención─. La razón por la que Sesshoumaru-sama protege tanto su imagen personal es debido a las muy arriesgadas acciones que su empresa toma. Eso es bastante conocido del proceder de dicha compañía: cuando algo sale mal, la culpa recae en "el presidente oficial" y en los empleados, nunca en él. A partir de allí, sus soluciones son tan simples como reemplazar grandes partes del plantel de empleados, excusándose en las necesidades económicas y de eficiencia.

Rin tragó saliva.

─Además, se dice que cuando su compañía pertenecía a una rama grande de la Corporación Inu y ésta todavía se hallaba bajo la supervisión del jefe de familia, él recurrió a estrategias muy sucias a fin de dominar mejor el nivel de los empleados en ciudades más pequeñas.

Ella entrecerró los ojos, comenzaba a sentirse extraña, para la complacencia de él.

─Algunos rumores en el sector empresarial llegan a afirmar que incluso acusó a varios empleados menores de grandes estafas para conseguir un rápido recorte de personal sin derecho a indemnizaciones ─los ojos de ella se abrieron cuan grandes eran─. Pero creo que ese es un rumor cruel y exagerado incluso en un ambiente como este ¿verdad? Como sea, es bueno para alguien como tu hermano Kohaku cuidar de su carrera y considerar diferentes opciones ¿no lo piensas así, Rin-san? ─miró el caro reloj en su muñeca─. Creo que te he quitado bastante tiempo, no debes preocupar a tu familia, espero puedas ponerme en contacto con ellos ─se despidió con un gesto amable antes de dirigirse nuevamente hacia su vehículo, dejándola allí sola, rodeada de ese viento tan frío.

Estaba de repente tan congelada, tan asustada de Sesshoumaru y de la posibilidad de que esos rumores se basaran en la realidad, recordando a su verdadera familia destruida, mirando la tarjeta y preguntándose si todo eso era verdadero. De pronto sentía un gran dolor sin nombre que invadía su pecho. Corrió a casa como si la persiguiera el mismísimo demonio.

─Sí, esta tarjeta es real ─afirmó Sango para su pesar aquella noche tras la cena, mientras examinaba la tarjeta de presentación de Naraku─. Mi padre trabajaba para las empresas de la firma Mugen y alguna vez conoció a este accionista, que le ofreció empleo, pero mi padre se vio obligado a declinar la oferta, poco después fue transferido y todos nos mudamos. Recuerdo que durante días fue todo un tema de conversación, ya que era una propuesta poco usual y muy tentadora pero no la única que papá tenía ─usaba una voz dulce recordando tiempos pasados, mientras sonreía.

─Disculpa la pregunta, Sango-san pero ¿a qué se dedican las empresas de la firma Mugen?

─A producción, envasado y comercio de productos alimenticios ─dio un sorbo al café que acostumbraba beber tras la cena─. Mi padre no estaba implicado en la cadena de producción, sólo llevaba la contabilidad de una de las regiones. Si la memoria no me falla, es así como nuestros padres se conocieron. Tu padre, Houko-san, era empleado indirecto del mío, hasta que a papá lo transfierieron y poco tiempo después de eso… ─soltó un largo pesado suspiro mientras tomaba la mano de Rin─. A veces en la noche, me pregunto qué habría pasado si papá no se hubiera marchado en ese momento. Tal vez hubiera podido defender a tu familia, tal vez todo esto ni siquiera habría pasado…

Rin tragó un doloroso nudo en la garganta, tomando a su vez la mano de Sango.
─Esto no es culpa de ustedes, Sango, Kohaku ─los miró─. Pienso que a veces esas personas que están en posiciones de jefes se encuentran a tanta altura que pierden la perspectiva de las preocupaciones de la gente común.

─Sin embargo, hermana, ¿no te resulta algo precipitada la aparición y propuesta de esta persona, Naraku-san? ─señaló Kohaku─, además, aunque haya dicho esas cosas de Sesshoumaru-sama como si se tratara de un rumor, no dejan de ser acusaciones muy graves.

Miró a las dos mujeres, sabiendo que ambas eran conscientes de la admiración y el respeto que él profesaba a su jefe máximo.

─De todas maneras, una buena propuesta de trabajo no debería rechazarse con tanta ligereza ─Rin no estaba muy segura de lo que decía. De pronto, ya no estaba segura de nada, simplemente soltó aquello por impulso, siendo escudriñada por los dos hermanos de pelo castaño.

─Rin-chan, soy consciente de eso y de la importancia de Naraku-san, pero… su forma de presentarse no deja de ser sumamente grosera. Además ¿tomar empleados de otras empresas no te suena a una especie de robo? ─el joven estaba realmente ofendido.

La muchachita se pasaba la mano por el oscuro flequillo con nerviosismo. No tenía una respuesta concreta.

─Sí, admito que fue un tanto incómodo. Pero de todas formas, no podrá decir que no te presenté su propuesta ─sonrió pese a todo.

La tensa charla fue interrumpida por Miroku, quien llegó a casa con una enorme sonrisa, anunciando que había comprado helado para el postre.

─Kohaku ¿puedes dormir? ─murmuró con su suave voz en la penumbra, esperando respuesta del otro lado de la pared de madera.

─No, creo que tengo indigestión por el helado ─se escuchó ruido de sábanas revolviéndose─ y también por lo que contaste hoy. Lamento no haber estado contigo, es evidente que esa persona quería hablar conmigo, no debiste haber quedado metida en esto, debí haberte acompañado.

─No fue tan malo, pero desde ese momento no pude dejar de pensar en lo que dijo sobre Sesshoumaru-sama. Sólo lo vi durante la cena aquella noche, pero me pareció una persona amable, centrada, elegante y correcta ─ella sabía que no se podía juzgar a una persona sólo basándose en la primera impresión, pero no podía evitar recordar su charla amena y sentirse bien─, no puede ser que Naraku estuviera describiendo al mismo hombre. Tal vez se equivocó.

─Quizás se equivocó, Hoy Jaken me dio nuevas tareas, estoy seguro de que eso se debe a la buena voluntad del presidente ¿no te lo parece? Será mejor que intentemos dormir, Rin-chan, ya verás cómo mañana se arregla todo.

Ella se quedó en silencio, escuchando cómo la respiración del muchacho lentamente adquiría el ritmo pausado y tranquilo del sueño, pero seguía sin dormir. Cada vez que intentaba cerrar los ojos, una fuerte mirada dorada la acusaba.

─¿Has escuchado algo más sobre la deudora de la rama Mugen? ─comentó Naraku en el teléfono con voz divertida, sentado en plácida sobremesa con sus hijos, teniendo cada uno una copa con líquido rojo acorde a la ocasión─. La he conocido hoy personalmente a la salida de sus clases, parecía tan tierna como un corderito asustado. Me aboqué a la tarea de presentarte a ella adecuadamente, según mi visión, claro. Tendrías que haber visto su expresión.

Sesshoumaru chistó con desagrado del otro lado de la línea. Y pensar que le había advertido a la muchacha que tuviera cuidado. Había enviado personas a seguirla por si acaso, cuando se dio cuenta de que Kohaku ya no la acompañaba, pero con todo, sus guardaespaldas llegaron tarde, sólo para informarle cómo ambos charlaban. Ellos, claro, le habían propuesto la posibilidad de saltar al rescate de Rin y desmentir a Naraku, pero a Sesshoumaru le pareció que eso sería un acto violento y que no conseguiría otro resultado más que confundir a la estudiante. Les conminó a tener paciencia y simplemente dar acto de presencia para "amedrentar" al oponente. Consiguieron que Naraku se marchara, pero no evitaron que le dijera una sarta de idioteces capaces de provocarle miedo y rechazo hacia él. Cada una de las pérfidas palabras de su "socio" había sido grabada por Kouga.

─Espero que te hayas divertido ensuciándome con tu lodo, estimado socio, porque mi poder sobre la rama Mugen es bastante alto, pero no más que el tuyo, sabiendo que allí están implicados todos tus hijos.

─Supongo que has de estar agradecido por ello, Sesshoumaru, ya que precisamente son mis hijos quienes pueden introducir la materia prima procesada para el Soma allí. Y claro, no debemos olvidar a todos esos importantes clientes esperando la mejor producción cada mes. ¿No te hace eso sentir un poco culpable de lo que le pasó a Rin-san? ─soltó con sarcasmo.

─Yo no dejé a Rin-san en la calle.

─¿Sugieres que yo sí? No debes preocuparte por ello, si tú no deseas asumir la responsabilidad, yo tengo aquí un cálido techo para compensarla ─miró risueño a su grupo de hijos, a sus guardas principales y algunos de sus trabajadores allí reunidos, cada uno con una joven en el regazo o a sus pies, las pobres llorando amordazadas y amarradas, intentando inútilmente pedir auxilio─. Si eso me resulta imposible, también hay opción de agregar una nueva línea al Soma… ¿cómo podría llamarla? ¿Te gusta el nombre "Amai"? Suena a "dulce" y es muy apropiado para niñas, ¿no lo crees Sesshoumaru?

─No gastes esfuerzos, yo te ganaré ─el hombre de cabello plateado cortó la llamada, incapaz de seguir oyendo las cosas que salían de esa boca. Usualmente las frases de Naraku le divertían e instaban a competir, pero por alguna indescifrable razón, esta vez le resultaba insoportable, ofensivo y simplemente molesto. ¿Sería acaso que no se quitaba la imagen mental de la Rin inocente y pequeña que había salvado del atropellamiento? ¿O la idea de que era "la hermana adoptiva" de un empleado valioso? ¿o acaso, como bien pesado lo tenía Naraku, se sentía culpable por su orfandad?

─¿Pasa algo malo, Sesshoumaru? ─Sara irrumpió en la cocina, bajando de su habitación, preocupada porque él se tardaba más de lo normal y arqueó una de sus perfectas cejas al notar la expresión extraña, seria, casi molesta, que exhibía el bello hombre al mirar su teléfono.

─No es nada, sólo se trataba de un amigo de juventud haciendo bromas pesadas ─ella no sabía de Naraku y era mejor así. Guardó el equipo en el bolsillo de su pantalón y revolvió con la cuchara el estofado, que ya estaba listo─. Prueba tu comida ─amablemente le extendió la cuchara con el líquido de exquisito aroma y ella se inclinó para saborearlo.

─Mmmm, con especias, delicioso ─se lamió los labios.

Él devolvió la cuchara a la olla preparándose para servir la cena en un recipiente individual.
─Me alegra oírlo. Espera arriba a que te lo lleve, luces cansada, debes descansar ─aunque casi a diario consumía el Soma junto a sus comidas, ella seguía debilitándose, lo cual le había hecho probar de la sustancia en él mismo, por si acaso tenía efectos adversos o Naraku y los suyos se atrevieran a dar productos adulterados, pero no lo parecía. Aquella bebida que era capaz de sanarlo prácticamente todo, hasta el envejecimiento celular y darle marcha atrás al reloj biológico ¿no era capaz de sanar una enfermedad terminal? ¿Qué era lo que ella en realidad padecía? Había aprovechado los momentos en que la mujer dormía para hurgar entre sus cosas, hallando sus análisis médicos, cada vez con diagnósticos peores ante su incredulidad. No concebía que el poder de su Soma tuviera un límite. Bastantes costosa y dolorosa era su producción y muy notables sus ganancias como para no confiar. Por si fuera poco, su padre parecía estar esperando a que algún consumidor se le muriera, para demostrar que él tenía razón y que debía dejar aquel negocio.

Se dedicó a observarla mientras ella comía con gran voracidad, sentada en la cama con aquella bandeja. La adicción a la sustancia era notoria por más que ella ignorara la presencia del "ingrediente estrella". A los pocos minutos lucía menos pálida y ojerosa, lo cual le provocó una pequeña sonrisa que Sara malinterpretó y, sonrojándose, le pidió que se quedara a dormir con ella aquella noche.

Sesshoumaru accedió tras llevar y lavar adecuadamente la bandeja con todas las cosas, para no dejar rastros delatores. Al regresar a la habitación, encontró a la mujer de pelo castaño mirando la televisión, arropada con su caro acolchado hasta la nariz y se metió en la amplia cama junto a ella aunque no le prestaba atención, sino que recostado contra el respaldo de la elaborada cama, observaba en la pantalla de su teléfono las fotografías que su gente y sus softwares habían conseguido de Rin-chan, la mayoría de ellas a distancia, sus curvas leves de adolescente, su tímida sonrisa y delgados miembros. Vinieron a su mente las frases de connotaciones lascivas proferidas por su socio sobre la muchachita, pero en vez de incomodarlo, esta vez todo su cuerpo fue invadido por la tensión, envuelto en el calor de las mantas, percibiendo cómo iba poniéndose duro sin poder evitarlo ni esconderlo por más que se acomodara en una postura mejor.

¿Por qué?

Culpó al Soma bebido ese día.

─¿Es alguna chica interesante? ─cuestionó curiosa su compañera de cama, sin haber visto el teléfono, pero sospechándolo.

─Hace unos días en una cena de trabajo, un empleado prometedor me presentó a su familia y una de sus hermanas es de lo más agradable ─ocultarlo era inútil y a él no le gustaba andarse con vueltas e intrigas, como Naraku.

─Me alegra oírlo ─respondió ella con una enorme sonrisa pues, restándole poco tiempo en el mundo ¿de qué servía ponerse celosa?─. ¿Es buena conversadora?

─Demasiado.

Ella soltó una risita.
─Entonces tiene una personalidad que encajará de manera perfecta contigo.

Él dio un respingo ¿estaba ella sugiriendo que haría buena pareja con una joven que apenas conocía? Tal vez se había excedido en la dosis y el soma la hacía delirar.
─Es mejor que descanses ─había escuchado demasiadas sandeces en un día.

Ella tembló levemente.

─¿Tienes frío? ─levantó la cabeza y vio que la calefacción tenía una buena temperatura, la arropó.

─Sé que pido mucho pero… ¿me abrazarías?

El fornido hombre rodeó aquel cuerpo frágil en la penumbra y así se durmieron, pero a la mañana siguiente, sólo él despertó. Ella se encontraba tiesa, fría y había perdido todo el color, su respiración y corazón no emitían el más mínimo ruido. En vano llamó al servicio de emergencias, llevaba unas horas así. Él no lo comprendía.

Tras los análisis pertinentes, resultó que la mujer llevaba en el cuerpo altas cantidades de toxinas, lo cual le produjo septicemia y falla orgánica generalizada. Aquella situación sirvió a sus familiares "repentinamente preocupados" para llegar y acusarlo a él de envenenamiento. Sesshoumaru negó semejantes acusaciones y llamó a Totousai, el viejo abogado de la familia, para prevenirse de cualquier inconveniente que llegara a tener. Sara a su vez le había dejado en un testamento su parte de herencia, lo cual solamente enardeció más el conflicto con aquella familia. No supo cómo de repente se despertó en el infierno.

Tuvo un mal presentimiento y aprovechó un momento de soledad para llamar a Naraku con un teléfono alterno.

─¿Cómo se encuentra tu amiga Sara? ─se burló éste.

─¿Estás implicado en este desastre? ─siseó con enojo por la montaña de problemas que se le venía encima.

─No sé de qué hablas, yo sólo sé que Mukotsu resultó un muy buen médico para Asano-san ─murmuró con tranquila voz cadenciosa y oyó al peliblanco chistar en respuesta─. Sabíamos que ella era importante para tu compañía y que no gozaba de buena salud, pero temimos que flaquearas en quitarla del medio para acelerar trámites, de modo que Mukotsu se dedicó a suministrarle él mismo los destilados de la producción del soma en forma de medicamentos genéricos, que la obediente paciente no dudó en consumir día con día, desde hace meses. Dicen en los laboratorios que la muerte por veneno de Soma es dolorosa, como si te devorara por dentro. Ahora simplemente tienes que tomar su testamento para que nos hagamos con todo. Imagino que tu poder económico solucionará este asunto con bastante facilidad, estimado socio.

Sesshoumaru ya tenía en la mente una larga lista de irreproducibles insultos en varios idiomas.

─Además deberías alegrarte, porque ahora no hay ningún pasatiempo que se interponga en nuestro juego con Rin-san ¿verdad? Ella es la siguiente ─su risa maliciosa podía oírse clara.

Aquel día no asistió a la empresa y dejó todo en manos de Jaken, Myouga y los otros, como era su costumbre. Se sirvió una copa llena del rojo líquido y lo miró al trasluz de la ventana de su habitación, recordando la imagen sufriente de Sara, imaginando cómo debió de haberse sentido, negándose a atender los escandalosos teléfonos llenos de llamadas de su padre, que seguramente deseaba restregarle por la cara el resultado de sus errores, como era su costumbre. Todo lo que había en sus ojos era el contenido de la copa, el cual bebió de golpe, mirando luego el cristalino recipiente vacío, sintiendo un desasosiego que no se reflejó en sus pétreas facciones.

─¿Por qué? ¿Por qué el placer que das dura tan poco? Es exquisito, es único, me da poder, vitalidad, un cuerpo espléndido… pero cuando acaba… sólo soy un simple monstruo que ha hecho de todo tipo de cosas inútiles e impropias. Así me ven los otros, así me ve mi padre. En momentos así, sólo quiero un poco más un poco más, y no quiero que se detenga…

Rin nuevamente retornaba sola a casa aquella tarde, pese a lo que le había pasado la vez anterior, cuando se sobresaltó al ser acompañada por un caro coche plateado, diferente al de la vez anterior. Se detuvo en la acera y lo miró con inquietud, muy sorprendida de ver a Sesshoumaru cuando el cristal descendió. Lucía espléndido, su piel y pelo hermoso y brillante, pero su expresión no era la misma de aquella velada, sino que se veía mucho más frío. Sintió una descarga recorrer su columna, porque no parecía la misma persona.

─Sesshoumaru-sama ¿realmente es usted? ─saludó con una respetuosa inclinación.

─Rin-san, la hermana adoptiva de Kohaku ─comentó con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos─. ¿Vuelves a casa después de clases?

─Así es. Es una sorpresa encontrarlo aquí ¿Se retiró temprano de la compañía hoy? ─no correspondía a ella preguntar eso, pero quería romper el hielo.

─No fui hoy al trabajo, dejé a cargo a Jaken y Myouga, mis cabezas visibles.

La sonrisa de la joven se esfumó, recordando las advertencias de Naraku. Sacudió la cabeza intentando ahuyentar ese recuerdo.

─Disculpa el atrevimiento pero, ¿te gustaría que te acercara hasta tu hogar? Voy en esa dirección para hablar con unos conocidos.

Ella se encontró en un dilema, estaba asustada, pero no quería ser grosera con el jefe de Kohaku. Asintió con una sonrisa impostada y subió con las piernas temblorosas al amplio asiento trasero. Se sintió fuera de lugar mientras observaba la magnificencia del interior del vehículo, mientras éste se ponía en marcha. Al levantar la vista hacia el espejo retrovisor se encontró con esos impresionantes ojos.

─Emh… No imaginaba que alguien de tan buena posición como usted conocería a personas del nivel de Sango-san. No es un mal distrito para vivir, pero… yo… hace poco escuché que prefería mantener un bajo perfil, pensé que sería poco conocido por la gente común.

¿Qué decía? Simplemente necesitaba romper el silencio con urgencia.

Su torpeza a él le causó gracia, mientras al mismo tiempo se sentía aliviado de escucharla tan alegre pese a su recelo inicial. Mediante el espejo y bastante atrás de él, descubrió un gran auto negro acercándose a la entrada de la institución educativa. Suspiró de alivio y sonrió. "Te gané".