Hala, ¿cómo están? Bueno, hoy en Ponis en 1000 palabras, toca una poni fundamental de la serie, que ha pasado por varios estadíos, y un cambio que la mayoría no se tomó muy bien, y yo coincido un poco con eso. Pero, ¡ay! ¡Cuántas cosas hay para escribir de ella, y en mil palabras me quedo corta! Simplemente no me ha sido fácil elegir el tema, tratando de que no sea algo repetitivo, pero si estamos aquí es porque he logrado encontrar algo más atractivo para escribir que sobre los libros, la relación con Spike, Flash Sentry, Equestria Girls o la transformación en princesa. Aviso que es un relato de corte más reflexivo, explorando una zona de Twilight que no todos tocan: su parte rebelde, ya que siempre la vemos como es, estudiosa y responsable, ¿pero qué no quita que a veces sienta la necesidad de dejar de preocuparse o de tener una actitud más irresponsable?

Sin más por el momento, los dejo leer.

Rebeldía

Personaje: Twilight Sparkle

A pedido de: Fenix Heart

Ahí está otra vez. Esa sensación, esa necesidad de abandonar todo. De dejar aquí como está todo cuanto he ganado… ¿lo gané limpiamente? Pareciera que sí. Lo que me incomoda en estos casi cuatro de aventuras, donde viví más cosas que en todo lo que sobra de mi vida, es eso de ser el centro de atención. Probablemente otras potrancas lo hubieran tomado mejor o peor que yo, me imagino que ser coronada princesa hubiera trastocado su mente, y las hubiera convertido en ponis con un ego muy alto… Eso no pasó conmigo, claro. Supongo que por la infancia y adolescencia que tuve, poseía las características adecuadas para este cargo…

¿Pero saben qué? Esto de ser la estudiante más importante de la princesa Celestia, el Elemento de la Magia y la Princesa de la Amistad… me agota, me fastidia, me agobia. Esta trilogía de logros casi inalcanzables para otros, desde otra perspectiva, hace peligrar más mi vida y mi seguridad que antes. No piensen que exagero, tomemos el caso de la princesa Luna. El perfil de poder que adquirí me vuelve un objeto susceptible de caer en hechos o circunstancias poco honrosos, así sea por deseo mío voluntario o por una obligación involuntaria, determinado por la acción de terceros con un propósito específico, como la búsqueda de poder.

He podido reconocer, estos últimos meses que algo dentro mío parece oponer resistencia al ejercicio de varias de mis responsabilidades. Es como si se estuviese aflojando el hilo que religa mi personalidad y mi carácter al correcto ejercicio de las reglas y de todo lo que he aprendido sobre magia y amistad. Es una sensación rara. Anoche, por ejemplo, me puse a razonar sobre las vivencias que se relatan en los libros de Daring Do, y desde otro punto de vista, ya que comprobé, junto a Rainbow Dash y mis amigas, que la propia Daring Do es la que escribe los libros, bajo el nombre de A. K. Yearling. Y pensé: "Tengo magia y alas, y una innata facilidad para aprender, ¿qué me puede evitar que deje este estrafalario castillo de cristal para recorrer Equestria, o ir mucho más allá, a ampliar mi conocimiento sobre el mundo o ver con mis propios ojos aquello que he conocido por medio de los libros?

Tuve también un pensamiento que me asustó un poco. Fue sobre cómo me sentí al pelear contra Tirek, un adversario que me igualaba en magia pero me superaba en tamaño. La batalla sin dudas fue emocionante, yo tenía la magia de otras tres princesas alicornio… y no se comparaba con nada que me hubiera ocurrido antes. Pensé en imaginarme qué pasaba si lograba derrotar al centauro, me dio miedo pensar que de pronto la codicia me poseyera, abandonando a las demás princesas en el Tártaro y consagrándome como reina… No, no puedo ni pensarlo, y jamás quiera el destino que encuentre un portal hacia un mundo paralelo donde esto suceda, donde haya una yo malvada reinando en Equestria… ¿Pero qué me hace pensar que por apropiarme del gobierno del reino tengo que ser necesariamente malvada? ¿Y qué si, de darse el caso, me encontrara con una reina Twilight relativamente buena, que protege a sus súbditos…? No, para mí es imposible imaginármelo, porque sé que yo no soy así.

Es tan irónico que yo sea la Princesa de la Amistad, teniendo en cuenta que antes de mudarme a Poniville podía ser premiada como la peor de todas. Ahora sé que no sería nada sin esas potrancas que conocí en un solo día, y que sin problemas me abrieron sus puertas a pesar de mi reticencia a abrirles a ellas las mías.

Es tanto el trabajo que tengo… montañas de libros para leer, y ahora asuntos diplomáticos, una miríada de responsabilidades nuevas. El diario que llevamos con mis amigas está ahí, en el escritorio, esperando que una historia reciente le sea grabada en las páginas. No me quito de la cabeza el día que enloquecí porque no le envié un reporte a la princesa Celestia sobre la amistad, y causé un desastre por una estupidez. Ahora ya no le mando tanto correo como antes, y menos sobre cuestiones que aprendí sobre la amistad.

Estoy tirada en mi cama y no pienso moverme de aquí en toda la tarde. Tendría miles de cosas para hacer en las siguientes horas, pero sinceramente no tengo ganas. Por un día, pienso entregarme a la pereza y a la flojera, huir de mis responsabilidades y olvidar que un par de alas y un título me convierten en una poni importante, a la que podrían raptar de buenas a primeras un grupo disidente o que podría ser víctima de una conciencia parasitaria que trastorne mis principios para ir en contra del sistema al que favorezco.

En un viaje a Fillydelphia me topé con un poni que iba contracasco todo el tiempo. No es que si les decías blanco él te decía negro, pero una de las cosas de las que hablaba era de la posibilidad de cambiar la forma de gobierno, que en no sé qué reino se deshicieron de los reyes para formar una república, y que son mucho más prósperos con un sistema democrático que permite a todos gobernarse por sí mismos a través de un representante… A mí me parecían locuras, por supuesto, pero ahora parece atraerme la idea de poder relevarle mi cargo a otro. No es que me queje de mi estilo de vida, es sólo que… a veces me siento como en medio de la niebla, y no sé qué camino tomar.

Sé que mis amigas se horrorizarían o por lo menos quedarían impactadas si me oyeran decir esto. Ni que hablar de Spike… Pobre, siempre es tan obediente y servicial, pero sé que deberé acostumbrarme a la idea de que pronto crecerá y querrá tomar su camino. Ya intentó hacerlo una vez, pero ¿qué me asegura que algo lo hará en la próxima? Creo que Spike tiene más posibilidades de ser libre que yo, lo justo sería que le dijera que cualquier camino que decida tomar en su vida, yo lo apoyaré.

Mientras tanto, yo sigo echada en mi cama, y nada va hacer que me mueva de aquí.