Dedicado a Andrés… Por enseñarme que el amor existe.

Capítulo 5: EN UNA POSADA DE WINDSOR

"Julian ponía empeño decidido en no

exagerar el alcance de aquella amistad, que él

comparaba a un comercio armado. Todos los días,

al encontrarse con Matilde, se preguntaba:

¿Seremos hoy amigos o enemigos?"

-EL ROJO Y EL NEGRO, STENDHAL

El camino entre Surrey y Berkshire había sido más dificultoso de lo que Draco esperaba. Llevaban tres días viajando, deteniéndose solo para dormir en las posadas del camino, y aún se encontraban en Windsor, a dos días de Reading que era donde el rubio pensaba hacer una parada para descansar- ¡si que necesitaba descansar!- y luego continuar su viaje hasta Wiltshire, su hogar.

Durante todo aquel viaje, Granger no le había dirigido la palabra más que unas cuantas veces para preguntar hacia dónde iban- a lo que Draco respondió con evasivas- y para reclamar con un par de maldiciones cada vez que él la hacía pagar la posada.

- ¿No piensas pagar tú por una vez?- alegó la joven durante su última detención, a lo que Draco respondió sencillamente que era ella la del vestido caro. Tras bufar unos momentos ante aquella respuesta, Hermione siguió el viaje en silencio e incluso dormitando buena parte del trayecto. Draco se dio unos instantes para contemplar su rostro, notando sus profundas ojeras y la expresión de cansancio. Pensó que se debía quizás a todos aquellos días durmiendo en una silla o sobre la alfombra. Solo en una ocasión se había apoderado de la cama antes que él, pero, cuando él se acostó al lado sin importarle su presencia, ella se fue a dormir al piso, exclamando maldiciones. Tampoco estaba comiendo muy bien. La había visto apenas probar bocado un par de veces y saltarse las comidas principales alegando falta de apetito. Draco no se atrevía a preguntar por no dar pie a una conversación. Prefería llegar a un lugar donde estuvieran seguros lo más rápido posible para planificar el regreso a su mundo.

El coche los dejó en una de las calles principales de Windsor, alegando que no podía acercarlos hasta un alojamiento. Draco quiso oponerse, pero Hermione lo detuvo, pagando al chofer y pidiendo las señas para llegar a la posada más cercana. Tomó su maleta y comenzó a arrastrarla en la dirección señalada. Draco la siguió indiferente con su saco al hombro y como le incomodaba tenerla a su lado y que no mediara una conversación entre ambos, la adelantó rápidamente.

El rubio había oído hablar del Condado de Windsor alguna vez, aunque no recordaba en qué contexto. Quizás en relación al famoso Castillo en que se hospedaba la realeza muggle en temporada de caza o quizás su padre lo mencionara durante algún viaje. Como fuera, se lo habían descrito como una ciudad rica en maravillas arquitectónicas, librerías y ferrocarriles, y lo que veía en cambio era muy diferente. Había llegado a ese lugar antes de que todo aquello fuera creado y por eso solo encontraba casas de adobe y madera, nada bien tenidas, en torno a callejuelas de piedra. En las esquinas, algunos vendedores exponían sus mercancías y el olor a pan caliente invadía el lugar, aunque no lograba evidenciar un solo letrero que anunciase una panadería.

- Malfoy…- le llamó Granger a sus espaldas, en una voz que se denotaba exhausta. Él la ignoró.- Malfoy… No puedo más…- Draco se giró algo molesto para encararla, pero al hacerlo se encontró con un cuadro inesperado. La joven no sólo lucía al límite de sus fuerzas, sino que había dejado caer la maleta contra el suelo y se tambaleaba amenazando con derrumbarse en cualquier momento.- Necesito descansar…- Él se limitó a examinarla por un instante, indeciso, en tanto Hermione cerraba los ojos y se concentraba en tomar aire. Un hilo de sudor surcaba su frente y sus mejillas parecían más rosadas de lo que era normal.

Draco maldijo toda la situación. ¡Ahora tenía que cargar con un bulto molesto que se fatigaba fácil! Si en su mundo se presentara una situación similar, no habría dudado un solo instante en dejarla ahí tirada. Que descansara cuanto quisiera mientras él comía algo en la posada y que luego le diera alcance. Una bruja tan inteligente como ella de seguro lo encontraría pronto. El problema era que no estaban en su mundo y comenzaba a pensar que Granger, sin poder escudarse tras la magia, era en verdad un animalito bien indefenso. Dejarla ahí era como entregarla a merced de los rateros y quien sabía cuanto criminal más, y mientras no averiguara si realmente la necesitaba para regresar a su mundo, no podía darse el lujo de arriesgarse a perderla… Eso y que, aunque no se lo admitiera a sí mismo, sin ella se sentía demasiado solo.

- Oye tú…- gritó el rubio a un chicuelo de unos doce años que atravesaba la calle en ese momento, tarareando una melodía. Llevaba encima una chaqueta sucia que arrastraba al suelo y unos zapatos tan maltrechos que mostraban agujeros en varios puntos. Sin duda era alguno de esos niños sin hogar, vestido por la caridad. Se volteó a Draco con ojos curiosos y las manos en los bolsillos, examinándolo.- ¿Sabes dónde queda una posada por aquí?- el muchacho se limpió las narices con las mangas mientras pensaba.

- Hay una a dos cuadras, doblando esa esquina- dijo apuntando en la dirección.

- ¿Y cuánto me cobrarías por cargar esa maleta hasta allá?- el niño lo examinó por un instante como para descartar que se tratara de un truco. Finalmente pareció convencerse de que la cosa iba en serio y sonrió.

- ¿Cuánto estáis dispuesto a pagar?- Draco buscó en sus bolsillos hasta encontrar un par de monedas y se las mostró al muchacho quien parecía algo impresionado ante el ofrecimiento.

- Serán vuestras una vez que estemos allá.- advirtió el rubio ocultándolas en su bolsillo. El niño se limpió la nariz otra vez y caminó hasta la maleta sonriendo y la levantó del piso con dificultad.

- Seguidme por aquí, señor…- sonrió hacia Draco y comenzó a caminar.

- Malfoy… Es solo un niño…- alegó Hermione al ver el esfuerzo que el pequeño hacía para ganar esas monedas.

- Lo sé… Por eso no le he pedido que te cargue a ti también- Y entonces hizo algo que ella no esperaba y pasando una mano por debajo de sus rodillas y otra por su espalda, la alzó del piso.- Si te afirmas de mi cuello lo harás más fácil.- señaló molesto- ¡Diablos! No eres precisamente liviana, Granger.- ella estaba demasiado atónita para responder y demasiado cansada para oponerse, por lo que obedeció, entre la gratitud y el asombro que aquella acción de Malfoy le provocaba.

Para su sorpresa, estar asida al cuerpo de él le resultó increíblemente agradable. Se sentía pequeña y frágil en sus brazos, pero a la vez protegida, una sensación que hacía mucho no experimentaba. Por un instante deseó poder dormirse así, con la cabeza apoyada en su hombro y no despertar en mucho tiempo más. No fue consiente de cuando franquearon la puerta de la posada hasta que Malfoy le pidió que se apoyara sobre sus pies nuevamente. Escuchó como en un eco mientras él solicitaba un cuarto y se fijó en los soñadores ojos del niño que cargaba la maleta, quien parecía hacer ideas respecto a como gastaría las monedas prometidas. Hermione intentó caminar hasta la escalera cuando oyó la habitación asignada, pero sin mediar advertencia, Draco volvió a alzarla del piso y ella se dejó hacer en sus brazos. Era una sensación tan confortable ser cargada así que ni siquiera le importó que quien lo hacía era Draco Malfoy… ¿O sería tan confortable precisamente por tratarse de él? No quiso pensarlo.

En unos segundos estaba sobre la blanda cama del cuarto, donde Draco la colocó con más delicadeza de la que ella habría esperado. Lo vio entregar las monedas al muchacho que salió dando brincos de la habitación y luego regresó a ella, poniendo una de sus frías manos sobre su frente.

- Tienes fiebre…- dictaminó el rubio. Ella negó con la cabeza intentando acomodarse en la almohada.

- Sólo estoy cansada… Me sentiré mejor una vez que duerma…- Draco la miró con ojos cuestionadores pero antes de poder agregar nada más, ella había caído en un profundo sueño.

Por un largo instante la observó confundido por la fascinación y la culpa. Fascinación, por la inocencia que expresaba su rostro fatigado durante el sueño; y culpa, porque sabía que él, con sus duros tratos había sido causante directo de la extenuación de la joven. Hasta entonces no se había detenido a pensar en las consecuencias de lo que hacía, en que ella no podía tener la misma resistencia que él ni aunque tuviera la voluntad de un león. Era una mujer, después de todo, frágil como todas; necesaria como pocas.

Se acercó a ella para comprobar el calor de su frente y el roce de su piel generó una reacción un tanto… placentera. Y el modo en que el vestido apretaba sus pechos, era francamente tentadora ¡Maldita época que le tocaba vivir! Sabía que era por culpa de toda aquella situación que él tenía que convivir con Hermione Granger, ¡la sangre sucia, ni más ni menos! Y aunque en más de una ocasión se había jurado a sí mismo aborrecerla, el accidente que los envió a ambos hasta ahí comenzaba a cambiarlo todo. Aún la odiaba, claro, pero ya no era un sentimiento puro, sino más bien una mezcla de muchos sentimientos imprecisos. Antes, Granger solo le había significado molestias. Ahora, comenzaba a serle necesaria, y no solo como un factor que aumentaba sus posibilidades de regresar a su hogar. Tenía que admitir que hasta el día en que la encontró en aquella posada, se había sentido perdido y solo en aquel mundo desconocido. Cuando ella apareció, el respirar se había hecho más soportable y las cosas comenzaban a adquirir sentido. Tener a su lado a alguien que le recordara quién era él realmente resultaba aliviador.

Pero por su culpa, ese alguien estaba enfermo en un mundo donde una simple gripe podía matarte. Su preocupación fue aún mayor cuando, en medio del sueño, Granger comenzó a toser.

*

Cuando Hermione logró abrir los ojos, un corpulento hombre de bigote y aspecto rígido la contemplaba desde arriba. Tenía una ceja alzada y su mirada fría contradecía aquella idea generalizada de que los gordos son gente amable.

- ¿Cuánto lleva así?- preguntó sin dejar de analizarla pero la consulta no iba dirigida a ella.

- Desde el medio día…- era la voz de Malfoy.- Lleva días sin apetito… Hoy la noté afiebrada y desde que comenzó a dormir no ha dejado de toser.

- Comprendo.- Hermione adivinó, por el modo grave en que el hombre pronunció aquello, que debía tratarse de un médico. ¿Tan mal estaba?

- La verdad es que ya me siento mejor…- mintió ella, siguiendo su comentario con una sucesión de tosidos dolorosos. Lo que más le molestaba era aquella puntada en su espalda.

- ¡Se nota!- oyó decir a Draco con su sarcasmo característico. El hombre se acercó a su maletín en silencio volviendo hasta Hermione con una varilla de vidrio y le pidió que abriera la boca. Luego hizo un examen meticuloso de su pecho y espalda, afortunadamente por encima de su enagua. Lo curioso fue que mientras el médico le pedía que se quitara la ropa y acercaba su oreja al tórax, Malfoy parecía extrañamente avergonzado. Hermione no podía entender por qué, dado que unos días atrás no había tenido ningún pudor en mirarla en iguales condiciones y amenazarla incluso con abusar de ella. ¿Por qué entonces se mostraba ahora tan incómodo? ¿Sería que su condición de enferma lo cambiaba todo? ¿El verla desvalida habría tocado alguna fibra sensible en su corazón de hielo?

Cuando el médico terminó con su examen, salió de la habitación, recomendándole descansar, y ella, atacada nuevamente por una sucesión de tosidos, no tuvo oportunidad de preguntar por un diagnóstico.

*

- Es neumonía.- dijo el hombre cuando él y Draco estuvieron fuera del cuarto. El rubio lo miró atónito intentando recordar donde había oído esa enfermedad antes.- No sabría deciros cuán grave es el cuadro pues algunas veces evoluciona sin mayores contratiempos y otras…- aquí le dirigió una mirada nefasta.

- ¿Podría morir?- el hombre se encogió de hombros.

- Como os he dicho… puede que esto no sea más grave que una gripe común, como puede que empeore en cualquier momento. El cuadro está recién comenzando y por tanto no podría adelantaros nada…

Entregó a Draco las prescripciones y cobró su servicio, todo en la más parsimoniosa de las actitudes, mientras el rubio intentaba asimilar la idea de que Granger, la única conexión con su mundo, podía morir por una enfermedad muggle.

*

Durante el resto de la noche, Draco preparó los cataplasmas sintiéndose inútil mientras lo hacía, y se maldijo mil veces cuando ella le agradeció por ello. La joven lucía tan débil que no era capaz de oponerse a sus cuidados ni aún cuando le explicó que debía quitarle la ropa para poner la mezcla caliente sobre su espalda. Ella asintió en silencio, mordiéndose el labio y ayudándolo incluso a desabotonar la enagua. ¡Nunca en su vida Draco había estado frente a alguien tan indefenso como aquella joven enferma y debía admitir que la sensación era mortificadora!

Su espalda blanca y sudada se descubría ante él en tanto ella se acurrucaba en la cama para cubrir su torso en un vano intento por guardar el pudor. Pero era inútil. El contorno de su seno estaba ahí, visible, más tentador que nunca. De no ser porque Draco tenía la certeza de que ella no lo hacía conscientemente, él la habría maldecido ahí mismo por alterar sus hormonas de esa forma. Pero estaba seguro que ella no entendía cuántas ideas se pasaban por su cabeza ante la sola idea de aquella visión.

Intentando alejar aquellos pensamientos de su mente, colocó en su espalda el paño caliente imbuido en aquella mezcla de especias de olor penetrante. La joven se estremeció ante el contacto y uno de los fríos dedos de él contactó con la piel ardiente. Draco sintió como si un golpe eléctrico le recorriera el cuerpo.

- Lo siento…- se apresuró a decir ella, pensando en el asco que debía haber provocado al rubio contactar con su espalda sudada.

Desde el momento en que Malfoy se había acercado a ella lo suficiente para sentir su olor, Hermione no pudo dejar de pensar en lo horrible que debía ser su aspecto y su aroma. Llevaba días sin darse una ducha decente, apenas limpiándose con paños mojados; su cabello no había visto el agua más que un día en que un par de gotas de lluvia le cayeron encima y la fiebre y el sudor de su condición actual debían haber empeorado todo. Ni siquiera tenía olfato para comprobar sus inquietudes, y preguntar a Malfoy, cuando él había tenido hasta entonces la decencia de no decir nada respecto a su nauseabundo aspecto, sería exponerse a la más terrible humillación.- ¿Malfoy?- preguntó girando su cabeza ante el prolongado mutismo de él. Draco la contemplaba atónito, presa de sus propios pensamientos, pero Hermione no supo interpretar aquella expresión.- De verdad lamento hacerte pasar por esto…- susurró a modo de disculpas. Pero él, con sus ojos grises destellando en un modo extraño, le dirigió una última mirada, para salir casi a la carrera, manteniendo su mutismo. Minutos después, entraba una de las sirvientas explicando a Hermione que "su marido" la había enviado a cuidarla, y continuó la labor que Malfoy había dejado inconclusa.

*

Pero Hermione estaba muy equivocada respecto a las razones que Draco había tenido para dejar aquel cuarto. Aunque el olor de la joven no era precisamente un afrodisíaco para los sentidos, el rubio ni siquiera se había percatado de el o de su actual aspecto; estaba demasiado distraído contemplando el contorno de su seno. Lo que lo había horrorizado fue lo que aquel contacto había generado en él… Primero una corriente demasiado placentera recorriéndolo entero, y luego… unas imágenes que no podían ser, se apoderaron de su mente, anunciándole un futuro imposible. ¡Pero no eran reales! ¡No podían serlo! Él jamás se atrevería a mirarla a ella de aquel modo, ni ella jamás le daría a él una mirada de ese tipo. Y, sin embargo le habían parecido tan reales, como si pudiera apostar su vida a que ocurriría, a que él y ella estarían juntos de ese modo… Y que él sentiría por ella… ¡No! No quería siquiera pensarlo. Ese tipo de visiones debían ser producto del cansancio, el estrés y la ansiedad de su actual situación. Él no sabía de ningún vidente en su árbol familiar y no creía que un don así pudiera aparecer tan tardíamente. A menos que… No fuese un don suyo precisamente, sino del imbécil al que estaba suplantando… ¿Sería posible?

- Aquí está vuestra cerveza, precioso…- le sonrió la mujer de la taberna donde había ido a parar esa noche, presa de su confusión. Tenía los cabellos rojos, los labios muy gruesos y el corsé apretaba sus pechos hasta dejarlos demasiado juntos.- Me avisaréis si se os ofrece algo más, ¿verdad?- agregó, guiñando un ojo. Draco pudo apreciar su dentadura perfecta, lo que evidenciaba su juventud, y aunque llevaba encima mucho colorete, no tenía un rostro desagradable. ¿Con "algo más" se referiría a sexo?

No sería una mala idea desahogarse con ella ahora que el tener cerca a Granger comenzaba a afectarlo. Dedicó unos segundos a imaginar cómo se desharía de aquel corsé más rápidamente, pero sus intenciones quedaron ahí: nunca lo había hecho con una desconocida, y menos aún con una muggle. ¿Y si tenía alguna enfermedad contagiosa? No gracias… Quería regresar a su mundo sano y salvo, y si algo había aprendido de las aburridas sesiones de historia del profesor Binns era que muchos magos se habían contagiado enfermedades nefastas al mezclarse con muggles en ese tiempo.

Terminó su cerveza tan lentamente como pudo, esperando hallar a Granger dormida cuando regresara. Pero no fue así. Contrario a lo que él habría esperado, estaba despierta, sentada lánguidamente sobre los almohadones de la cama. El cuarto olía a alcanfor y a alcohol, pero no fue eso lo que llamó la atención de Draco, sino la joven: tenía el cabello tomado en un moño trenzado sobre la cabeza y se había cambiado la enagua por una camisola blanca que no le había visto estrenar hasta entonces. Y sus ojos, más brillantes que nunca, lo contemplaban expectantes, como si esperara por parte de él alguna alusión al cambio de aspecto.

Y lo esperaba. Hermione había pedido ayuda a la joven sirvienta para poder lavarse con una fuente y paños mojados. Cambió su ropa y le pidió que arreglara su desordenado cabello de modo que luciera menos sucio. Esperaba con ello hacerle más llevadera la situación a su acompañante de cuarto y, por supuesto, sentirse menos digna de asco.

- La chica me ha dicho que no habías cenado aún por lo que le he pedido que te guardara algo.- explicó Hermione con su mirada atenta sobre él, que intentaba inútilmente evitarla, mientras se quitaba el abrigo.

- No tengo hambre.

- ¿Es porque yo estoy aquí?- Draco la contempló frío. Sí. Era porque ella estaba ahí… Ahí y en sus visiones.- Malfoy… Puedes pedir otra habitación si eso deseas… Yo la pagaré…

- Dudo que te quede suficiente dinero. He tenido que pagar por el médico y por esas cosas…

- ¿Tomaste mi dinero?- gritó casi, siendo presa de un nuevo acceso de tos.

- Tú eras la enferma…- Hermione quiso decir muchas cosas, pero se las guardó. Al menos había tenido la decencia de buscarle un médico.

- Tienes razón… Yo soy la enferma… Y sé que debe ser una desagradable carga para ti, Malfoy…- lo contempló directo a los ojos. El joven, que se había dejado caer sobre la silla, volteó hacia ella su mirada gris, sin comprender.- Ya has sido suficiente noble en quedarte a mi lado para cuidarme… Si quieres…

- ¿Crees que lo hago por ser noble?- rió sarcástico. Las mejillas de Hermione se tornaron rojas.- Si estoy contigo es porque existe la posibilidad de que te necesite para regresar. Creí que eso ya estaba claro.

- Gracias por recordármelo.- terció ella, mirando al piso, con un dejo de decepción en su voz. Draco no pudo evitar sentirse un miserable.

- ¿Cenaste ya?- preguntó intentando cambiar el tema, con un tono más suave. Ella negó con la cabeza.

- No tengo hambre.

- Si no comes no te recuperarás…- se puso de pie y salió por la puerta. Hermione evitó preguntar hacia dónde iba. Comenzaba a pensar que cualquier intento de conversación era cosa perdida con Malfoy, cuando, para su sorpresa, el muchacho regresó seguido de la sirvienta, que traía una bandeja con una pequeña olla de sopa, dos platos, pan y queso. Los ubicó sobre una mesita junto a la cama, mientras le refería a la enferma que parecía tener mucho mejor aspecto, y luego se retiró diciendo que vendría luego por la bandeja.

Hermione estaba tan anonadada que no quiso decir nada, mientras Malfoy, contrario a todo lo que ella habría esperado, le servía sopa en el plato destinado a ella y ubicaba la silla al otro lado de la mesita para que cenaran juntos.

- Gracias…- fue todo lo que Hermione se atrevió a decir, antes de llevar una cucharada de sopa a la boca, en silencio, evitando siquiera mirarlo.

- Granger…- interrumpió él, al cabo de una larga pausa.- ¿Has tenido alguna vez una visión?

- ¿Cómo la de los videntes?- el asintió. Hermione se preguntó por qué querría Malfoy sacar ese tema a flote.- No… Y aunque supongo que han existido grandes videntes, tampoco he tenido oportunidad de conocer a ninguno.

- Supongo que Trelawney no cuenta para ti.- sonrió en modo sugestivo. Hermione sabía que todo el mundo en Hogwarts estaba al tanto de su aversión a las clases de adivinación.

- No… la verdad es que no… Aunque no dudo que haya acertado un par de veces, pero, no sé… No creo que el futuro pueda predecirse con facilidad…- llevó la última cucharada de sopa a sus labios. Draco estuvo a punto de preguntarle respecto a la profecía del elegido, si no creía en eso tampoco, pero resolvió que sacar ese tema a conversación, solo lograría traer de regreso a sus vidas a Weasley y San Potter. Lo último que necesitaba era recordar que esos dos existían, o volvería a tener presente por qué odiaba tanto a Granger.- ¿Por qué lo preguntas?- se limpió los labios con una servilleta y se acomodó contra las almohadas. Un rizo caía sobre su frente y la sopa había traído de regreso el color a sus mejillas. Respiraba a través de sus labios rojos, dada la congestión de su nariz, de modo que estos permanecían entreabiertos, dándole un aspecto bastante sensual. Su pecho subía y bajaba rítmica y rápidamente y Draco debió admitirse a sí mismo que la joven sí era atractiva. Era endiabladamente atractiva. Y las imágenes que se habían apoderado de él hacía unas horas volvieron a pujar en su mente: Su mano entre las de ella. Sus labios sobre los suyos. Y su mirada, tan fascinadora como nunca había visto una, expresándole que era suya.

- ¿Y si no regresamos nunca?- los ojos de ella se nublaron- ¿Y si estamos condenado a pasar el resto de nuestras vidas aquí? ¿Qué pasará entonces, Granger?

- No podemos pensar en eso…- Draco se llevó ambas manos al rostro y negó con la cabeza.

- Tienes razón. No debemos pensar en eso…- intentó sonreír, volviendo a mirarla. Hermione comenzaba a acostumbrarse a aquellos cambios de humor del rubio, y le sonrió de vuelta.- Iré a ver si consigo darme un baño en este lugar.- agregó, nuevamente cambiando el tema, antes de dejar la habitación, con Hermione presa de una serie de preocupaciones.

¿Y si en verdad no lograban regresar? ¿Si el tiempo pasaba y no lograban conseguir a nadie que los ayudara? ¿Si estaban condenados a seguir sus vidas en aquella época? Aunque en algún momento pudiera dejar de huir de quienes la buscaban, ¿qué pasaría entonces? ¿Seguirían juntos por siempre buscando el modo de volver? Hermione sabía qué ocurriría por mera lógica, y sabía que Malfoy debía estarse planteando lo mismo y por eso estaba tan preocupado: dos personas del sexo opuesto, juntos por un tiempo prolongado, y apartados, como ellos estaban, del resto del mundo, tarde o temprano acabarían sintiendo cosas el uno por el otro… Y estaba segura, por como venía cambiando su impresión del rubio en el último tiempo, que el proceso ya se había puesto en marcha. Tarde o temprano acabaría olvidándose de Ron, y pensando que Malfoy, el único hombre que la conocía en aquel lugar, bien podría reemplazarlo… ¡Oh, Dios! ¡Debía buscar rápidamente el modo de salir de ahí! En este pensamiento estaba cuando, para empeorar las cosas, Malfoy entró, con el agua corriendo por su cabello, dejándolo caer maravillosamente sobre su rostro. Se notaba que se había puesto la ropa sin que mediara una toalla de por medio, pues la camisa y los pantalones se pegaba a su cuerpo mojado en varios puntos.

- ¡Cómo extraño las toallas!- fue lo que exclamó mientras revolvía su saco en busca de ropa seca. En ningún momento había volteado a ver a Hermione, pero ella no podía quitarle los ojos de encima. Sentía sus mejillas arder ante la visión, y un extraño calorcito le recorría el cuerpo pensando lo que se ocultaba bajo aquella ropa. ¡Maldito Malfoy! ¿Es que no se daba cuenta de lo que estaba logrando al venir así hasta ella, una adolescente con mucha imaginación? Y en ese momento, Draco se quitaba la camisa para cambiarla por otra. Ella podía imaginar sus manos recorriendo aquella piel pálida y la idea no le resultaba del todo repudiable. Y luego desabrochó sus pantalones…- Granger…- sonreía sarcástico. El cabello mojado sobre sus ojos grises eran una visión encantadora.- Como sé que no querrás ver esto…- amplió su sonrisa.- te sugiero que te gires para poder desvestirme sin perturbar tus santos ojos.- Ella sintió el color subir a sus mejillas de pura vergüenza. ¿Habría notado Malfoy su fascinación?

- Lo siento- se atrevió a decir en un hilo de voz, cubriéndose los ojos con sus manos, y girándose sobre la almohada cuanto le fue posible. Oyó como él se desprendía de la tela mojada, como el pantalón caía sobre el piso, y luego seguramente se vestía con ropa seca. Hermione maldecía mentalmente sus hormonas. ¡Maldita reacción de adolescente!

La joven sirvienta golpeó la puerta en ese momento en busca de la bandeja y los platos sucios, y Hermione pudo advertir, por el modo en que sonrió al lanzar una mirada a Malfoy, que el muchacho también a ella le parecía atractivo. Sintió deseos de arrancarle los ojos. ¡Que no le habían dicho que él ya tenía mujer! Fuera esto cierto o no, la mojigata debería aprender a no mirar hombres ajenos. Malfoy le entregó la ropa para que la lavara, y la joven respondió con una reverencia y una nueva sonrisilla significativa de la que él no pareció percatarse. Pero Hermione si.

- ¿Qué ocurre?- preguntó Malfoy cuando la sirvienta ya se había retirado. Hermione seguía con los brazos cruzados lanzando a la puerta una mirada asesina.

- Debo ir al baño…- aclaró intentando ocultar su molestia, mientras se colocaba los zapatos. Draco la observó con curiosidad en tanto ella revolvía su maleta en busca de un cepillo de dientes; era de bronce, con un mango de cristal y cerdas amarillentas.

- ¿Te levantas así de enferma para lavarte los dientes?

- Mis padres son dentistas… ¿qué dirían si su hija no hace lo mínimo para cuidar su higiene bucal?

- No creo que acá a alguien le importe como huele tu boca.

- No se trata de eso, sino de evitar que se me pudran los dientes… Algo de lo que tú no pareces muy preocupado, por cierto… Además, debo hacer otras cosas también… Aunque dudo que te interesen…- Intentó caminar hacia la salida, pero se giró en forma tan brusca, que la mirada se le nubló y debió buscar apoyo en la cama.

- Dudo que logres llegar a algún lugar…- Hermione cayó en otro de sus accesos de tos. Draco se acercó a ella cubriéndole los hombros con su abrigo, y ante la sorpresa de la joven, la ayudó a levantarse.

- ¿Qué haces?

- No creas que te acompañaré a hacer tus cosas de mujer… Solo te llevaré hasta el baño. Allá tendrás que arreglártelas por ti misma.- Y por tercera vez en ese día, la alzó del piso, llevándola como una chiquilla entre sus brazos.

Cuando regresaron, tras dejarla bien acomodada entre las sábanas, apagó las velas y se ubicó en el otro lado de la cama. Sintió como Hermione se recogía en su sector, pero no dijo nada. Ni por muy enferma que ella estuviera iba él a dormir en el piso habiendo tanto espacio en ese colchón.

- Malfoy…- susurró Hermione en medio de la oscuridad. Él le respondió con un gruñido, molesto de que ella siguiera conservando pudores tontos. ¡Como si Weasley se fuera a enterar algún día! Pero ella no dijo nada de lo que él esperaba.- Buenas noches, Malfoy.- su tonó fue incluso amable, agradecido.

Él respondió con un sonido inentendible que ella quiso interpretar como un "Buenas noches, Granger" y por primera vez, en mucho tiempo, Hermione se dejó llevar por la tranquilidad del sueño, inconciente de que Draco no dormía. No podía dormir. Los constantes tosidos de ella no solo eran ruidosos, sino a la vez preocupantes. ¿Y si empeoraba como había dicho el médico? ¿Y si moría? Justo ahora que habían aprendido a llevarse pacíficamente.

Sin saber por qué, Draco recordó las oraciones de Higgins. Según el irlandés, Dios oía los ruegos de quienes oraban con sinceridad. Él nunca había sido particularmente religioso y la única fecha que celebraban en su hogar era Navidad, más porque le gustaban los regalos que porque fuera un evento importante. Pero ahora, ahora que en verdad él no podía hacer nada ante la enfermedad de Granger, quizás rogar fuera lo único que le quedaba. Sin siquiera saber cómo hacerlo, juntó sus manos, acurrucado sobre su cama, y rogó a Dios para que ella no empeorara, para que pronto estuviera bien y pudieran seguir su viaje. ¡No podía quedar tan solo en este mundo!

-Fin del Capítulo 5-

Bien. Espero que les guste… El final de este chap era bien distinto, pero los cuidados de mi maravilloso novio estos días, en que yo misma he caído enfermita, me hicieron pensar que en realidad la pobre Hermione necesitaba una tregua así con Malfoy…Enferma, desvalida y con Draco recriminándole mil cosas, se habría muerto de la pura pena. Lamento que este posteo no afecte sus hormonas tanto como el pretérito, ni mucho menos como los siguientes, pero este capi es para satisfacerme a mi… y va dedicado a mi niño hermoso, quien no leerá esto porque no tiene idea de que escribo aquí y porque nada entiende del mundo de Harry Potter- casi se duerme cuando lo llevé a ver HP6- pero que es el hombre más maravilloso del mundo.

Otra cosa: Comentarios me levantarán el ánimo para recuperarme más rápido, y por tanto enviaré el siguiente chap más rápido también… je je.

Besotes a todos y gracias por leer!!! Alex.