Hurricane
-VI capítulo: Poséeme-
Para cuando Kimiko regresó de haber atendido su llamada. Tomoko se deshizo de las rosas. Se sentía más tranquila. Suspiró profundamente. Borró del registro de llamadas el número de Raimundo y lo colocó en un sitio cercano a ella. Se lavó las manos y se sentó a comer.
-¿Quién era?
-¿Quién era qué?
-Escuché tu celular y fuiste al cuarto a atender la llamada, ¿quién era?
-Nadie en especial, una compañera de la universidad que quería que le pasara unos apuntes de la clase de hoy. ¿Qué hay para almorzar? –cambió de tema. La chica pensaba rápido.
Mientras ambas hermanas almorzaban ensalada de rúcula. Kimiko untaba aderezo a la suya cuando Tomoko le refirió que su cumpleaños se estaba acercando y había pensado que para celebrarlo organizaría un evento privado con amigos y, por supuesto, le prometió que ni por el trabajo faltaría a la fecha más importante de su hermana. Pues era su única familia. Sería en un restaurante, alquilarían el servicio especial y realizarían una reservación previa. Claro que de comer, serían los platillos favoritos de Kim. Podría durar alrededor de cuatro horas.
A ella le agradó muchísimo la idea. Disfrutaba de su cumpleaños porque era una ocasión de compartir con la familia y estar con los amigos cercanos, un momento de reír y agradecer al cielo un año más de vida. Al mismo tiempo era sinónimo que estaba envejeciendo. Tomoko se echó a reír, sacó una servilleta y limpió los labios de su hermana. La invitó a comerse un helado con ella luego de hacerse la manicura, juntas. Kimiko recordó la lista de Raimundo. ¿Qué más da? Ojos que no ven, corazón que no siente, se dijo a sí mismo. Uno solito no le haría ningún mal. ¡Cómo amaba los helados, sobretodo el de chocolate (era el dulce que le consentía en especial énfasis de la lista)! Por lo visto, todo el mundo quiere comer conmigo porque para mi cumpleaños destacará un banquete, hoy habrá helado y el ofrecimiento de Raimundo, también, se estremeció. Si Tomoko hizo el almuerzo. Kimiko debería lavar los platos. Era un acuerdo entre hermanas para llevar la fiesta en paz. Eran alrededor de la tres de la tarde cuando en la habitación de Tomoko. Se sentaron en el piso a probar el esmalte de uñas nuevo. Kimiko dejó que su hermana fuera la primera, pues había sido idea de ella. Serían la de las manos y los pies. Empezarían con los pies. Había olvidado de la debilidad de Tomoko en los pies, sufría de cosquillas. No pararon de reír. Ella porque le esmaltaban las uñas. Y la otra porque la risa era contagiosa. En el cuarto de Tomoko había una ventana, desde la cera nada más se podía ver la cabeza de ella, un cuadro muy pintoresco de unos girasoles y un lado del armario. Clay se había estacionado disimuladamente para espiar a la señorita Tohomiko. Nada alarmante. Habló con compañeros de la universidad, Keiko, una señora y su hermana. El Sr. Pedrosa podría sentirse tranquilo esa noche.
-Oye, Kimiko, si las flores no eran del chico que te gusta... ¿entonces de quién eran? Quizás suene importuno, pero quiero saber por qué no las quieres. Todavía no las he botado.
-No sé, quizá era una mala broma. No quiero pensar en eso. Nada más ten la seguridad que no son el chico que me gusta.
-¿Y por qué estás tan segura? A lo mejor si le gustas y no te das cuenta.
-No, Tomoko, sé que él no me las enviaría porque entre nosotros hay una relación laboral –Tomoko arqueó una ceja- de quién estoy enamorada es Chase Young, es el director de Saint Hui. Lo he dicho –Tomoko estaba claramente sorprendida de la confesión.
-Oh, eso es un poco... complicado.
Tomoko lamentó haber sacado el tema. A veces odiaba cuando era incapaz de suministrar un consejo a Kimiko, al ser ese su deber de hermana mayor. Además de protegerla, cuidarla y ser confidente de secretos, también era una buena amiga que sabía dar sabios consejos. La periodista jamás había establecido una relación. Siempre centrada en sus estudios. Ahora en el trabajo. Nunca le restó importancia a esos detalles. Es por ello que Kimiko recurría a su amiga Keiko en dificultades amorosas. Silencio. No encontró palabras para animarla. Quizá el helado sí sirviera de utilidad hoy. Una vez de que las uñas estuvieran barnizadas. Debían esperar hasta que se secaran. Kimiko estaba ansiosa por comprobar el efecto. Ulteriormente lo olvidó cuando echaron de reojo una mirada al reloj. Dónde compraban los helados cierra a las cinco y si querían llegar a tiempo, debían irse. Se colocaron los mismos zapatos que dejaban en la entrada (era una costumbre) y salieron. Tomoko invitaba así que pagaría ella.
-Okey, mientras el mío sea de chocolate... ¡estaré bien!
Clay, por supuesto, notó que las hermanas se iban. Seguirlas con el auto, sería sospechoso. Mejor andaría a pie a una distancia discreta. Salió de un portazo y las siguió. Fingidamente trataba de esconderse en las sombras para pasar desapercibido. Se sentó en un banco al ver que una de ellas volteaba y luego, se incorporó a su misión. Tras un muro. Kimiko mira por encima del hombro. Las dos entran a un local. Clay espera unos minutos. ¿Qué lugar es este por cierto? No conocía bien esta parte de la ciudad. Lo averiguaría cuando entrara. Tomoko estaba en la barra pidiendo. Kimiko buscaba un asiento, prefirió junto a la ventana, el que tenía dos sillas. El olor a pan recién salido del horno era intenso. Se escuchaba el barullo de la gente sentada y comiendo. Clay prefirió sentarse en un sitio más o menos de la puerta así mantendría vigilado su objetivo. Por el rabillo del ojo vio a su hermana. Casi tropezaba con un hombre que se levantó al mismo tiempo que cercaba su mesa. Tomoko se excusó y sentó al frente de Kimiko a esperar. Pronto llegaba hasta su mesa el olor a chocolate. Inhalaron y con el mismo gesto al unísono exhalaron un suspiro.
-Ah, chocolate –exclamaron unánime. Se rieron.
-Oye, creo que a ese chico le interesas.
-¿A quién?
-Con el que tropezaste. No ha parado de verte desde que te sentaste aquí conmigo –Kimiko le hizo un ademán y Tomoko se volteó, el chico apartó la vista, sonrojado levemente- se ve amable, si se disculpó contigo demuestra que es todo un caballero. Tal vez debas acercarte y saludar.
-¿Una cita a ciegas? No. No siempre se esperan buenos resultados con gente que conoces a primera vista, Kimiko.
-¡Está bien! Sólo decía... –bajó la mirada. Tomoko apretó la mandíbula. Tomó aire.
Los helados llegaron a la mesa. Kimiko fue la primera cogió una cucharada entera, el frío le entumeció el cerebro de pronto. Se frotó las sienes. ¡Ay, me congelé el cerebro!, pensó. Su hermana se rió, quien comía porción por porción.
-Vinieron a comer helados. Informe del día: Kimiko no estuvo con ningún hombre, mi amo estará feliz –se dijo. Se le acercaron si iba a tomar algo, pero Clay se hizo el desentendido (como si estuviera esperando a alguien) y se quedó revisando las fotos en el celular de él y una mujer, un poco más joven que él, rolliza, cabello rubio. Clay puso una mueca, acarició la foto.
El resto de la noche transcurrió normal. Kimiko estaba encantadísima con el fondo arcoíris del nuevo esmalte de uñas cuando iba saliendo con Tomoko. Con un bolígrafo rosa chillón a olor a fresa corrigió los exámenes de la sección A. Prefería no ver de quién era el examen en el encabezado antes de corregir pues le daría dolor colocar la nota si habría salido mal, lo dejaría al final de escribir en un círculo grande la calificación correspondiente (luego de ponerse a sumar lo que valía cada una de las partes) para transcribir la nota y transformarla en términos de porcentaje con otro bolígrafo, uno azul. Los que salieron bien, escribió una nota apreciativa (¡Muy bien!, ¡Excelente!, ¡Felicidades! ese mensaje sería para aquellos que tuvieron todo perfecto, claro) y una carita feliz, alentándolos a mantener así la nota. Tenían evaluados cuatro cosas del lapso, tomando en cuenta lo que el Profesor Fung les evaluó. Un mapa mental, un taller, una investigación, un examen. Faltaba los rasgos (observaciones de cada alumno que tenía desde el comienzo de su trabajo), una prueba y las dramatizaciones. Iba a decirles para dar los reglamentos de cómo realizarían las obras teatrales, las fechas y los temas en la clase siguiente. Nada más dos aplazados, lo siento, pero no hay nada más que se pueda hacer. La chica extendió el brazo y agarró una fresa. Dulce, dulce, sabría mejor con crema batida, no se puede pedir manzanas cuando no las hay. Kimiko siguió corrigiendo exámenes. El sábado, además de hacer su usual recorrido por el parque con Keiko, terminó de corregirlos y transcribirlos a la nómina de los alumnos, sumando lo acumulado hasta ahora. Nadie tenía su materia reprobada. Bien. Fue a sacarle fotocopias a los libros que sacó de la universidad.
Sintió un escalofrío en la espalda mientras esperaba que las impresiones quedaran listas. Se volteó, nadie la observaba. Sólo estaba ella. Tuvo unas ligeras sospechas. Primero en el bebedero de la universidad, después con Tomoko y ahora aquí. Algo pasaba. Pudo regresar a casa. Había organizado las carpetas de las secciones y tenía listo cada tema. Cubriría las tres semanas de marzo, la última sería para evaluar el examen y entregar notas. Estaba al día. Podía empezar a leer las copias. Por lo visto, salieron muy bien. Con un resaltador amarillo, subrayó lo que le interesaba. Kimiko tenía la manía de sentarse en las sillas con las piernas cruzadas, un hábito que adquirió de niña ya que era muy bajita (aunque dio su estirón) y no pudo desmembrarse de algo que le era natural. No así tener que tomarse un anticonceptivo diario. El domingo transcurrió tranquilo. Un baño relajante con pétalos de rosas y crema. Al salir, lo primero que estaba en su closet era la ropa que se había puesto el miércoles. Aún lo recordaba, si bien, no con tanta intensidad, le producía una sensación indescriptiblemente horrible y conjuntamente algo explota en la parte más profunda del vientre. Se estremece al sentir cómo se encoge su estómago. Vuelve a guardar la ropa y saca un nuevo conjunto. En la noche, Kimiko aprovecha en hacer palomitas de maíz en el microondas y ve con Tomoko una comedia romántica en la tele. Las de este género son las preferidas de la protagonista. Divertida, fresca, dulce y un final feliz. Terminó tarde. ¡Hora de irse a dormir!
Nos trasladamos a unas horas antes. En un lugar oscuro. En el terminal del patio, donde las reclusas pasean de un lado a otro en su hora de salir a "respirar aire". Un policía se acerca a uno de los rehenes detenidos que estaba solo y sentado, barriendo con la mirada el comportamiento de los demás presos. Su pelo era una maraña despeinada castaña grasosa sin un rastro de brillo, desarreglado, con pecas y acné en la cara, fornido, demacrado, estatura baja. A estas horas, sentía un deseo insaciable de fumar un cigarrillo. En un día agotó siete cigarrillos de un paquete que le hicieron llegar a hurtadillas. La razón era pues permaneció en la celda de castigo, apartada de los otros, al haber provocado la ira de uno de los policías. Sin fumar por varias horas, más que el encierro, se mordía las uñas, se jalaba desde la raíz del cabello y pateaba la puerta con furia, gritando. Ordenando que lo sacaran. Su corazón se exaltaba, su cráneo era perforado hasta llegar al centro, el dolor carcomiéndolo, incapaz de controlar su adicción... necesitaba fumar.
-¡Bailey, tienes una visita!
-¡Pues ya era hora! –espetó con voz ronca.
El castaño desaliñado se levantó de un salto y fue acompañado del policía hasta un cubículo con un teléfono. Al otro lado de la vitrina que separaba la libertad de la prisión, estaba Clay esperándole, contrajo la expresión de su cara. Se sentó bruscamente, descolgó el teléfono al mismo tiempo que él.
-Hola.
-Hola... hermanito, ¿qué noticias me tienes? ¿por fin saldré de aquí?
-Todavía no, Patrick. Faltan novecientos para pagar a un abogado que pida apelación tu caso y te saque de aquí, estoy haciendo todo lo humanamente posible por obtener el dinero –puso los ojos en blanco- el Sr. Pedrosa ha sido receptivo en aceptarme como su empleado personal, comprende nuestra precaria situación y está dispuesto en prestarnos su ayuda, por supuesto, un préstamo de tal magnitud debe de ser compensado y como sabe que nunca tendré el dinero suficiente para pagarlo, acepté trabajar para él. Llevo dos años, creo que he demostrado mi lealtad a su familia y me he ganado su confianza.
-Me acuerdo ahora que me comentaste algo por celular. ¿Pedrosa? ¿Raimundo Pedrosa? ¿el heredero? ¿el millonario? He oído que no cobra nada barato sus deudas, ¿cuánto te paga?
-Mensualmente un poquito más del sueldo mínimo, trescientos setenta y algo. Sé que no es mucho, empero, en comparación con mis anteriores trabajos, fue lo mejor que pude aceptar y además de eso, también tengo que cubrir los gastos médicos del abuelo y lo que necesite, la comida, la ropa, la luz, el agua, la enfermera... Lo siento mucho, pero creo que tienes que esperar un poco más.
-Bueno, tres años en la cárcel, unos meses más, ¿al fin y al cabo cuál es la diferencia? Me he ganado el respeto de los muchachones. El celular que te pedí la última vez que hablamos hasta ahora ninguna de ellos se dio cuenta –Patrick rodó los ojos hacia los policías- las cosas que me has enviado, ningún retraso ni inconvenientes, todo marcha bien.
-¿Y cómo estás?
-Ah... yo, les he dejado bien claro a mis compañeros que si se atreven a buscarme, me van a encontrar y no será muy bonito el encuentro. Pero me parece que no les caigo bien a ellos, del resto, me acostumbré a las duchas, la comida que me envías saber mil veces mejor que la de aquí y he aprendido a movilizarme dentro de estos parajes.
-Eso es... bueno, ¿no? No pierdas la esperanza, estoy seguro que saldrás antes que acabe el año. Mientras tanto, el abuelo y yo estaremos esperándote que regreses a casa.
-No seas bebé –ladró Patrick.
Clay puso una mueca. La visita ha concluido. Ya han pasados los cinco minutos o quizás no querían que siguiesen hablando. Uno de los policías se ha acercado a interrumpirlos. De mala gana, Patrick se soltó.
-¡Yo puedo caminar hasta mi propia celda! ¡gracias!
A paso apretado, se marchó de regreso a la celda sin voltear atrás para despedirse de Clay. Sabía mucho que él detestaba las despedidas. No le gustaba mostrar su lado sensible. Siendo escoltado hasta su prisión por el mismo hombre policía que los interrumpió. Volvió a colgar el teléfono, suspiró profundo y se desvió por el camino hacia la salida de la cárcel.
Lunes. Después de salir temprano de la universidad. Kimiko siguió la dirección en el papel en que había anotado cómo llegar al colegio del pequeño Tiny. Conocía la ruta. Tenía que ir a pie, pese de haber tomado un atajo para llegar a tiempo cuando las clases terminaran. Se le hizo tarde debido a un bloqueo en una de las avenidas. Al llegar, Tiny esperaba sentado en el piso, apoyando la cabeza contra las puertas mientras dibujaba en un block de dibujo. El niño le reprochó su impuntualidad. Kimiko se disculpó apenada, le explicó el motivo del retraso, pero él lo sabía. Sin verla, le mostró su celular inteligente. Tiny arrancó la hoja de su block y la desechó. Kimiko la recogió. Puso una mueca. Era unos animalitos, parecidos a unas comadrejas, pero éstas eran andrajosas y feas: Los ojos y la frente abajo y la boca y el mentón arriba. Reconoció el diseño de unas cruces, unos fantasmas, unos monstruos y una calavera. Repasados con marcadores rojo, negro y azul obscuro. Lo miró de reojo. Heavy metal a todo volumen, su cabello oscuro tapándole un ojo, brazaletes en ambas muñecas y un anillo.
-Eh, Tiny, no puedes arrancar una hoja de tu block y botarla en el patio. Eso no es correcto. Debes desecharla en el pipote de basura.
-¿Entos, qué esperas para hacerlo?
-No lo haré –afirmó con severidad, pero sin perder la calma-. No fui quien tiré el papel en el suelo, debes hacerlo tú porque cada quien debe de asumir su responsabilidad. Vamos, te esperaré el tiempo que quieras, pero no nos iremos a casa si no cooperas conmigo, ¿sí? –le sonrió. Tiny la miró despectivamente.
-Como quieras, mujer –ladeó la cabeza, tedioso, cogió el papel a regañadientes y lo botó en el pipote de la esquina mientras iban flanqueando la calle. Tiny tenía ojos nada más para su block de dibujo, aún si cruzaban para ir a la otra cuadra, no miraba ambos lados antes de seguir. Para preocupación de la protagonista, que tenía que jalarlo de su suéter antes que un automóvil lo arrollara.
-¡Debes de ser más cuidadoso! ¡pudiste acabar en un hospital o peor, pudiste haber muerto! –Tiny ni le puso atención, estaba centrado en su dibujo. Kimiko soltó un bufido- ¿qué tal la escuela? –preguntó, intentando ganar su confianza.
-Normal.
-¿Cómo qué normal? ¿no ocurrió algo diferente? ¿tus amigos, tus notas, las clases de hoy, si una te llamó la atención, qué vieron, qué te mandaron, hay algo que te molesta? Siempre tenía algo que comentar cuando yo tenía tu edad y el autobús me traía de regreso. Voy a ser profesora de historia, si necesitas ayuda con algo referente a las áreas de ciencias sociales, me puedes pedir ayuda hasta me puedes preguntar un poco de castellano. Por mí no tengo problema.
-Ajá...
-¿Y tú qué quieres estudiar cuándo seas mayorcito, eh?
-Me voy a unir a la mafia y luego dominaré al mundo –Kimiko puso los ojos desorbitados.
-¿A la mafia? No, no puedes hacer eso, Tiny. El negocio del crimen nunca termina bien ni trae nada productivo, solo hay dos finales para esos malhechores: el cementerio o la cárcel. ¿No has pensado ser artista? ¿no te apasiona cuando dibujas?
-Tal vez –suspiró.
-Qué niño tan apático –opinó Clay, quien espiaba a Kimiko y al muchacho, simulando leer el periódico.
Tiny no era un muchacho muy emotivo, era pasivo. Al llegar a su casa. Abrió la puerta y se sentó sobre el sofá a ver televisión. Programas de contenido violento. Kimiko le sugirió que fuera a comer, seguramente tenía hambre. Tiny no le hizo caso sino hasta después del tercer llamado. Tiny abrió el refrigerador y sacó dos envases, comería pastel de carne, estofado de cordero y col. Una comedia vegetariana apetitosa tal vez para una cabra. La abuela de Tiny era una mujer paranoica de la salud. Todo lo que consume el ser humano es malo. Kimiko le preguntó si quería que viniera a hacerle compañía. Pero él la rechazó y le dijo que fuera a su casa tranquila. Kimiko alzó los hombros y fue a su apartamento. A pesar que se acercó a ver si Tiny necesitaba de algo. Él estaba notoriamente ocupado, sentado en medio de la sala y haciendo vudú con unos muñequitos de trapo, insertaba agujas en unos puntos, tal como indicaba el libro... Kimiko levantó una ceja.
-Mis compañeros algún día van a sufrir su castigo.
Kimiko se marchó sin voltear. Tiny podía cuidarse por sí solo (su abuela dormía mientras él hacía sus cosas, estaba acostumbrado a moverse por su propia cuenta). Al día siguiente, la abuela de Tiny despertó a las hermanas Tohomiko y habló con Kimiko frente a frente, nada más para decirle que era la peor niñera del mundo y nunca en la vida volvería a pedirle otro favor, en especial cuidar a su nieto. Tiny le habló muy mal de ella al parecer. Afirmó que lo dejó solo todo el día, lo dejó morirse de hambre, lo regañó, le gritó duro, lo peor de lo peor. A pesar que Kimiko alegó que eso no era cierto, más bien todo lo contrario. La señora no le hizo caso y se fue hecha una furia. Kimiko puso los ojos en blanco. No iba a intercambiar insultos con una decrépita que no escuchaba ni sabe lo que tiene en casa.
-Bien, una cuchara de mi propio chocolate. Una abuela negligente y un nieto desastroso, no hay nada que puedo hacer allí –no podía seguir perdiendo tiempo, partió directamente a dar su clase en Saint Hui con chicos más educados. ¡Oh cielos, tuvo que devolverse a punto de cruzar una esquina cuando estaba olvidando una de las carpetas de las dos secciones con los exámenes! Le puso un mensaje a su hermana para que la buscara, aprovechando que seguía en casa cuando se marchó. Apenas abrió la puerta, tenía tantos corotos encima que apretó entre los dientes la carpeta sin remedio y montó en un autobús. Tuvo que correr si no quería perderlo de vista. Pagaría al bajar. De camino, se organizó mejor. Guardó la carpeta y trató de que ocupara menor espacio. Tendría que botar un pocotón de cosas inservibles. Sacó su monedero y contó hasta tener completo para pagar el pasaje. A una cuadra de llegar. Pagó y se bajó. Clay, desde el automóvil, la vio entrar en Saint Hui. Lo primero que hizo en el aula de clases, fue saludar y entregar exámenes.
-Buenos días chicos, aquí les traigo corregidos los exámenes. Este fin "me fajé" en corregir todos los exámenes de esta sección y la de al lado, por favor, chequeen y cualquier reclamo me lo dicen al final de clases porque no soy perfecta y también me pude haber equivocado. Quiero pasar a hablarles sobre las últimas evaluaciones que nos faltan.
Kimiko intentó explicarles que debían reservar las salas de audiovisuales en cualquier caso que los alumnos quisieran usar un espacio grande y/o computadora. La escenografía debía de ser sencilla, pero bonita. La información concreta y completa. Máximo cuarenta y cinco minutos, no quería que nadie se excediera del tiempo establecido ni tampoco se hiciera algo que durara unos cinco minutos. Era necesario el vestuario, la ropa debían de adaptarla. Iba a tomar en cuenta la organización y cantidad de tiempo que los harían esperar. Les faltaba un examen, que empezaría a partir de ahora. Lo harían el martes de la última semana, un día antes de que diera las notas. Luego de mandar a organizar los grupos y que se los entregara, les asignó el tema y la fecha de la presentación de la obra. Se sentó en su escritorio, comprobó el tiempo en su celular (explicar y aclarar las dudas le llevó bastante tiempo), tenía diez minutos para atender reclamos. Quizás los padres de los chicos me hagan un llamado de atención por las actividades, en cualquier caso, los chicos estuvieron de acuerdo cuando se los mostré por primera vez y pienso que soy accesible a cualquier otra mejor sugerencia. En cualquier forma, para una dramatización es casi una exposición, necesitas estudiar y mucha preparación si tienes pánico escénico. Una vez que terminó, se despidió de los chicos y fue al otro salón a esbozar las pautas del juego y la dramatización. Ahí los muchachos hicieron más preguntas con ambas evaluaciones. Pero fueron menos los reclamos por la prueba a pesar de que hubo más reprobados que en la otra sección. Uno de ellos fue Omi, quien quiso ser el último y quedarse hasta tarde.
-Lo sé, Omi, empero, Carlomagno restablece el imperio romano de occidente con el mismo carácter romano y cristiano que Constantino y Teodosio. Y ahí dijiste que era lo contrario, de no ser por ese detalle hubieras tenido los puntos completo de la pregunta...
-Kimiko... ¿estás disponible?
-¡Director Chase!
-Hola Omi.
-Yo... yo ya me voy... –Omi cruzó la puerta como una flecha. Kimiko comenzó a guardar lo que tenía afuera sobre el escritorio. Chase comenzó a ayudarla.
-No tiene que hacerlo, me puedo ocupar yo.
-¿Está enfadada conmigo?
-¡No! ¿cómo puede pensar eso? ¿cómo podría enfadarme con usted?... No tendría razones si hasta ahora ha sido tan atento conmigo.
-Sí las tiene, es por mi hermana Sombra, lo que aconteció el otro día. Para ser un mes desde que se incorporó a nuestro plantel, me atrevería decir que la conozco lo suficiente. Señorita Tohomiko, le debo una disculpa si la ofendió –dijo noblemente. Kimiko ladeó la cabeza.
-No era necesaria la disculpa, ¿sabe qué? Mejor olvídese, no pasó nada ni saltó a mayores. Lo hice retrasar en su cita con su hermana, si hubiera sabido que vendría créame que no lo distraería con mis problemas personales. Estoy de prisa, hablemos en otra oportunidad, ¿le parece?
Kimiko colgó su bolso en el hombro y también desapareció por la puerta, sin mirarlo a los ojos. Chase lucía algo confundido. Kimiko recordó que hoy almorzaba con Raimundo. No podía hacer planes para esta tarde. Tuvo que rechazar la tentadora oferta de Keiko de ir a su casa a comer. Discutirían para estudiar y conjuntamente, organizar para una exposición. La chica no tuvo tiempo ni de ir a casa a arreglarse para su encuentro, pues Clay la llevaría con Raimundo directamente. Si bien Kimiko conocía donde quedaba el Papel de Arroz porque había ido algunas veces, pero resulta que"Raimundo no quería que se perdiera". Ni modo, se conformaría con verla su look casual y fresco. Al subirse en el automóvil. Kimiko reparó de inmediato que era el Mercedes-Benz color negro de la otra vez, pero prefirió hacerse la desentendida delante de Clay. Él era el secuaz de Raimundo. Debía tener cuidado con lo que decía porque podría comentárselo a su amo. Discurrió una teoría en su cabeza. Debía de estar segura antes de enfrentar a Raimundo. La confirmaría luego de cuadrar con Keiko, pues necesitaría su ayuda para hacerlo. El restaurante estaba lleno. Entre tantas personas, no distinguió a Raimundo. ¿Se arrepintió a último momento? ¿o llegaría tarde? La chica sintió un escalofrío subir su dorso y en un acto reflejo, dio un golpazo en el hombro de Raimundo con su mochila pesada.
-¡Auch, maldición! ¡¿qué tienes ahí piedras?!
-No, ladrillos. Para ayudar a los niños con cáncer, piden una colecta de ladrillos.
-Muy graciosa, Kim, pude haberme roto la nariz con esos ladrillos que traes ahí –se sobó su hombro.
-Entonces no me soples en el oído la próxima vez –espetó Kimiko, miró su entorno- te dije que podía caminar con mis propios pies.
-Lo sé, pero estaba preocupado, leí en las noticias que mataron a una mujer a la esquina de nuestra universidad.
-Aj, ¿dónde nos sentamos?
-En mi lugar especial, vente, cariño –movió la cabeza. Kimiko lo siguió detrás, gentilmente desplazó una silla para que se sentara y un segundo luego, se sentó frente suyo. Se ubicaron al fondo, limitando entre cuatro mesas y por encima de una lámpara china. Se pasó la mano por su cabello mientras él llamaba a uno de los camareros. Éste entregó a cada uno el menú.
-Me va bien un chow mein y... agua estaría genial. No tengo mucha hambre –dijo rodando los ojos.
-Perfecto, lo mismo que la señorita, mis saludos al cocinero –Raimundo devolvió los menús al hombre, éste asintió con la cabeza y se fue directamente a la cocina, Kimiko se peinó los muslos y barrió con la mirada el restaurante, la última vez que vino fue en una cita doble concertada con su amiga Keiko para conquistar a un chico, fue divertido- ¿practicas defensa personal, nena?
-¿Qué te hace pensar eso? –no lo dijo en un tono defensivo, si no como un interrogante.
-Soy perceptivo.
-Pues sí, en algún tiempo lo hice, practicaba kickboxing. Un deporte de origen japonés en el cual se mezclan técnicas de boxeo con las de artes marciales como el karate, que también es japonés y sé algunas tácticas –no hay nada de malo si contestaba con la verdad- es que mi padre, cuando… vivía –miró para otro lado, incómoda, no le gustaba hablar de su padre con otra persona, sentía como un nudo se le atravesaba en la garganta. Es más, ¿por qué le tenía que rendir detalles y hacer referencias de él a Raimundo?- era sobreprotector conmigo y para tranquilizarlo, le prometí que tomaría clases de defensa personal, también me ayudó a "independizarme" en cierta manera, todavía me acuerdo de algunas técnicas porque mi padre era fanático de ese deporte y cuando lo transmitía en la televisión. Me incitaba a mí y a mi hermana mayor a verlo juntos, Tomoko nunca se interesó, yo sí y los dos nos quedábamos a ver el programa a animar al competidor de nuestra predilección –se mordió el labio- ¿y tú?
-Eso es interesante, he oído del deporte. Me mantengo en forma haciendo capoeira, ¿sabes qué es?
-Sí, creo que es de Brasil –él asintió con la cabeza. ¿Por qué se tardan tanto en traer un vaso de agua? Raimundo siguió conversando con ella como si nada.
-¿Te gradúas este año? –Kimiko asintió con la cabeza- yo también, es una coincidencia que administración e historia sean diez semestres en turno diurno. ¿Por qué, si puedo preguntar, decidiste ser profesora de historia?
-Bueno, graduarme como Licenciada en Educación, mención ciencias sociales, me permite hacer otras cosas –Raimundo hizo un ademán, pidiéndole cuáles eran los pormenores- en el caso de historia podría trabajar en un museo. Siempre me gustó la historia cuando estudiaba en la escuela de pequeña, saber cuál era el origen de dónde vinimos, comprender aspectos actuales sobre la base del estudio del pasado, el progreso que hemos tenido como seres humanos, los hechos lamentables que deben ser estudiados para no repetirse y los que deben de aplaudirse. A mi juicio, diría que la historia es una materia que se debe actualizar constantemente y nos trae lecciones de vida importantes. Y pienso que si vas a trabajar por algo que prácticamente es todo lo que te reste de vida, debes elegir algo que te apasione, me gusta trabajar con adolescentes, ayudar, orientar, educar pues que ser docente es una de las profesiones más importantes: Tienes el deber de formar el futuro, de enseñar a esos jóvenes que algún día serán los hombres y mujeres del mañana. Mis primeras clases las di a un oso de felpa y mis muñecas –Kimiko se echó a reír, él le sonrió con ternura.
-Ser docente también es algo estresante, corregir exámenes, soportar a los indisciplinados, si en ese salón de clases todos chillaran a la vez, saldría corriendo. Pero como lo dices, casi que suena el trabajo perfecto, no te imagino como alguien exigente...
-Oh no, no pienses eso. No me gusta mandar tareas porque a mí me lo hacían y era horrible, no tenía vida social. Soy partidaria de la justicia y me considero asequible a cualquier duda o reclamo, en los exámenes tampoco es que quiero una respuesta al caletre si no saber si los conocimientos que di en clases fueron asimilados y el alumno comprendió y los trabajos, no puedo aceptar mamarrachadas porque estamos en un nivel superior al de básica. Soy muy intolerante al abuso de la confianza de los alumnos al docente y viceversa, ni me gusta la copiadera (estoy atenta y antes de repartir las hojas multigrafiadas, les pido que saquen nada más lápiz, borra y sacapuntas) y no permito ningún caso de bullying en mi espacio.
-Es una lástima que no pueda retroceder en el tiempo a cuando tenía catorce y colearme en tu clase a ver qué tal, no dudo que seas buena docente. Siempre he pensado que unas de las características del profesor son que sea paciente, comedido, comprensible y que sepa dar su materia con carácter. Los alumnos, si son listos, deben hacerse amigos del profe.
-Sí, me suelo llevar bien con los adolescentes y niños. Ellos me cuentan sus problemas y yo los escucho, los aconsejo si se me permite. Por ahora lo que quiero es graduarme con notas sobresalientes, conseguir un trabajo fijo con un buen sueldo, luego buscaré un apartamento propio para independizarme completamente, pero antes de eso me compraré un automóvil –Raimundo sonrió- y bueno, conoceré al amor de mi vida, entablaré una bonita relación con él y cuando me asegure que es el momento, nos casaremos, formaremos en un hogar y tal vez decidamos tener una familia, ¿no has pensado en hacer la tuya? –bajó la cabeza.
-No –soltó- los bebés significan que se acabó el sexo. Son ruidosos y huelen mal, inviertes muchísimo tiempo y cuidado en ellos que no hay tiempo para el coito cuando miras el reloj, además, descargas en ellos todos tus traumas y frustraciones que sufriste a su edad. Soy un hombre sin compromisos y quiero seguir como tal.
-Ah… Raimundo... no todo es... sexo, en una relación intervienen otros factores. El amor es más que sexo, es el deseo de hacer feliz a la persona amada aunque tú no estés con ella, es un sentimiento hermoso y poderoso –Kimiko se mordió el labio ante la profunda mirada de él. A ambos les trajeron agua. Kimiko bebió un largo trago del vaso. Raimundo lo colocó a su lado. El camarero se retiró, les dijo que traerían sus platillos en unos minutos. Kimiko se limpió la comisura de los labios con la servilleta. Raimundo no parecía muy convencido. El silencio era incómodo. Seguramente Raimundo planificó este almuerzo para que ambos se conocieran mejor. Kimiko cambió de tema.
-¿Te gustan los gatos?
-No, prefiero los perros. ¿A qué viene la pregunta? ¿a él le gustan los gatos? ¿no? ¿qué te hace creer que a mí me gustan las mismas cosas que a ese tipo?
-Nada, yo sólo decía.
Que traigan la comida, que traigan la comida, por favorcito. Raimundo volvió a sonreír con picardía. Kimiko se estremeció.
-Deja de hacer eso, ángel mío, no hay nada que temer –lo vio a los ojos- estamos en un sitio tranquilo y con mucha gente, no puedo hacerte nada. Pero si sigues mordiéndote ese labio, te follaré en el baño de este restaurante ahora mismo y no me importará quién entre o no.
-¡Raimundo! –hizo un ademán- aquí no, por favor.
-¿Qué te pasa, nena? ¿te incomoda que hable de estos temas aquí? –cruzó los brazos bajo el pecho. Kimiko se ruborizó, él le sonrió con total satisfacción- cómo me gustaría morder ese labio. No me tientes, Kim.
-La comida.
Raimundo alzó la mirada. Kimiko también. El camarero puso ambos platos frente cada uno. Y se marchó. Oh qué bien, Kimiko estudió cuidadosamente los grabados chinos del plato y el chow mein servido. Se veía delicioso. Se lanzó a engullir lo que tenía al frente. Durante el almuerzo, hizo el esfuerzo de no mirar a Raimundo a los ojos. No había vuelto escuchar una palabra de él, luego de que la conversación terminara cómo... terminó. Se sentía como una verdadera tonta. ¿Cómo pudo permitirse a sí misma sonrojarse? Casi se atraganta con la carne de res. Bebió agua para amortiguar la tos. Respiró entrecortadamente. Tragó saliva. Ni saboreó lo que hasta ahora había consumido. Redujo el ritmo al que comía. Raimundo acabó con mitad del chow mein. Sus dedos se cerraron torno al vaso rojo y dio un sorbo a la bebida fría. Kimiko le lanzó una mirada furtiva. Él le deseó buen provecho sin pronunciar ninguna palabra, sino articular los labios. Ella le devolvió el gesto. Raimundo cogió una de las servilletas y limpió su boca los restos de fideo que quedaban. Esta vez, ella no ocultó su rostro. Si no que decidió encararlo. Se apartó y siguió comiendo.
-¿Cuándo es tu cumpleaños?
-En unas semanas. La primera semana de abril.
-¡¿En unas semanas?! ¡eres del signo Aries! Vaya, me lo hubieras dicho con detenimiento y te armaba una bonita fiesta con entremeses y fuegos artificiales, ¿cuánto cumples?
-No te tomes la molestia. Mi hermana me planificó un evento privado con unos amigos para mi día especial. Cumplo veintiuno.
-No me mientas, sé que las mujeres no les gusta decir su edad, pero no chismosearé por ahí –Kimiko iba a abrir la boca para protestar cuando la interrumpió- tengo veinticuatro y este año alcanzo mis veinticinco, nací a finales de septiembre, soy libra –sacude la cabeza.
-Está bien, tú ganas, cumplo veintidós.
-No los aparentas, en serio –se echó a reír- aún así te debo un regalo, cara mía.
Kimiko suspiró resignada y siguió comiendo. No podía negar que él conocía lugares dónde servían estupenda comida. Había olvidado la última vez que un hombre la invitó a almorzar (siempre era a cenar). Discutieron de dos temas nada más. Porque no contaba con su propio coche y sobre comida. Kimiko le comentó sobre los lugares que había tenido reseña de sus platillos. Raimundo escuchó atentamente y le contó su versión. Casi nunca comía afuera, en su casa tenía lo que quisiese: cocina italiana, francesa y americana, para variar. Kimiko le señaló algunos postres favoritos de las tres cocinas. Terminaron de comer y beber. Con un ademán, Raimundo pidió la cuenta. Le aseguró que él invitaba, él pagaba. La llevaría hasta su casa en su automóvil, para enmendar lo que sucedió el miércoles. Kimiko vaciló.
-¿Me permites ir al baño un momentito? –Raimundo asintió. Kimiko se levantó y se fue. El millonario sacó su billetera, pagó la cuenta, además de depositar propina por tan estupendo servicio. Kimiko dejó su bolso sobre la silla. Cruzó la puerta del baño de las damas y no ha vuelto a salir. Raimundo decidió esperarla, sentado. Miró por el rabillo del ojo el bolso de la chica. Desvió la mirada. Tamborileó con los dedos la superficie del mantel. Jugó con las servilletas. Chequeó el reloj de su muñeca. Pegó la vista al techo. La mano de Raimundo se deslizó por sí sola hasta el bolso. Sus dedos halaron del cierre y exploraron el interior de la privacidad de la chica. Estuche de maquillaje, cuadernos, cartuchera. Dio con el celular al final. Sacó el objetivo. Se metió primero en las llamadas registradas, revisó quienes fueron los últimos contactos que llamaron a su celular. Él, su hermana, su amiga y un montón de personas que no conocía. Así mismo, salió de la aplicación y espió en la bandeja de entrada de los mensajes de textos. Leyó algunos. Otros los dejó hasta la mitad. Y bajó hasta el final.
No sabía con seguridad que buscaba. Quizás quería ver si su nombre aparecía en uno de sus mensajes o por simple curiosidad. Sólo en los mensajes que se destinaban a él. Lástima, sin embargo, algún día encontraría su lugar en los mensajes de Kimiko. También él fue a ver el listado de contactos. Suspiro de alivio. Young no aparecía allí. Estaba su número registrado (estaba como Raimundo Pedrosa), sonrió con plena satisfacción. Investigó el correo de voz. A punto de hacer otro movimiento y meterse en su facelook, Kimiko regresaba del baño. Se dio prisa y metió el celular de nuevo en la mochila. Subió el cierre. Raimundo se levantó.
-¿Listos?
-Listos.
Raimundo salió detrás de Kimiko. A las afueras, aguardaba el leal chófer Clay. No estaba el Mercedes-Benz, si no el automóvil plateado. Clay abrió la puerta de atrás. El amo permitió que Kimiko pasara primero. Antes de entrar, Raimundo le hizo una señal a su esbirro. Clay asintió con la cabeza, cerró la puerta, se montó en el asiento del conductor y prendió el aire acondicionado. Se sentó al rincón, pegándose al vidrio ahumado, alejándose de Raimundo lo más humanamente posible. Los asientos eran de terciopelo. Todo estaba a oscuras. Hacía frío. Kimiko se abrazó a sus piernas. Raimundo se deslizó a su lado. Pronto empezó a sonar una música. La banda era Thirty Seconds to Mars, reconoció la voz del intérprete. Quizás era porque cuando se conocieron. Kimiko oía en el momento una canción de ellos. Estiró sus brazos con pereza y estrechó los hombros de la chica. Apenas pudo sostener la mirada.
-Sabes, Kim, desde que te conocí me he puesto a buscar en mi colección de discos, a Thirty Seconds to Mars y encontré esta canción, entonces no he podido sacármela de mi cabeza ya que cuando la escucho, pienso en nosotros dos –levantó su mentón- quiero que la oigas, ¿no opinas lo mismo?
No importa cuántas veces me dijiste que querías irte
No importa cuántas veces tomaste aire, aún no podías respirar
No importa cuántas noches pasaste totalmente despierta, escuchando la lluvia envenenada
¿Adónde fuiste?
¿Adónde fuiste?
¿Adónde fuiste?
-Hurricane, admito que esa canción es un orgasmo para los oídos, sin embargo, eso no tiene nada que ver con nosotros ni se relaciona…
A medida que pasan los días, la noche se prende en fuego
Dime: ¿matarías para salvar una vida?
Dime: ¿matarías para demostrar que tienes razón?
Destruye, destruye, incendia... Deja que todo arda...
Este huracán nos está persiguiendo a todos bajo tierra
-Escucha, Kim, escúchala –Raimundo no permitió que Kimiko se escapara de sus brazos, la apretó contra él. Obligándola a mirarlo a sus ojos verdes. Su aliento rozaba su rostro, pocos centímetros separaban sus labios de un beso. Sentía su respiración inestable. Kimiko perdió total movilidad, en sus ojos se asomaba un millar de preguntas y confusión. Él extendió su mano y con el pulgar acarició, dibujando círculos, en sus pómulos. Sus labios pastorearon a los suyos. Ella sentía cómo su labio inferior temblaba. Inconscientemente entrecerró los ojos, perdiéndose en su mirada. El dedo índice de él trazó los bordes exteriores de su cara. Raimundo sacó de abajo, una caja. La puso sobre su regazo y la destapó. Había unas esposas de metal. Son macizas y el metal está frío. Kimiko jadeó cuando las levanta para mostrárselas.
No importa cuántas veces muera, jamás olvidaré
Hay un fuego dentro
Dentro de este corazón y
Una rebelión a punto
De explotar en llamas
¿Dónde está tu Dios?
¿Dónde está tu Dios?
¿Dónde está tu Dios?
-¿Sabes lo qué es esto? Tengo ganas de usarlo contigo. Hoy no, pero cuando lo haga, que será en nuestro segundo encuentro... será muy intenso, no te dolerá, pero no te dejaré que te muevas ¿está bien? –Kimiko asintió con la cabeza- este domingo, en el Black Poison, como en el otro día, a la misma hora y el mismo cuarto, no faltes. Ahí tienes tu siguiente orden.
-Sí...
-Sí, ¿qué?
-Sí, señor.
¿Realmente quieres?
¿Realmente quieres tenerme?
¿Realmente quieres tenerme muerto o vivo para torturarme por mis culpas?
¿Realmente quieres?
¿Realmente quieres tenerme?
¿Realmente quieres tenerme muerto o vivo para vivir una mentira?
-Bien –las volvió a introducir en el cajón. La respiración de Kimiko se acelera. Las esposas no tenían necesidad de usar una llave, basta con empujar una palanquita para abrirlas. Con un pie, empuja la caja de vuelta abajo. Desvió la mirada. Estaban llegando a su casa.
-Eh... gracias por el almuerzo, ha sido muy amable de tu parte.
-No, nena, gracias a ti. Fue un almuerzo interesante, deberíamos volverlo a repetir, ¿sí?
-Sí –el coche se detiene frente la casa.
-Hasta entonces.
Raimundo la empujó y se inclinó para besarla en los labios. Fue breve, fugaz. Cortó el beso.
-Te deseo en todas las formas posibles, –jadeó-, señorita Kimiko Tohomiko. Quiero poseer cada centímetro de tu cuerpo. Quiero que seas mía, te quiero en cuerpo y alma, lo necesito, nena.
Atrapó sus labios con firmeza. Sus labios se movían a un ritmo suave, tratando de persuadir una respuesta. Él sintió ligeramente una degustación a fresa y miel. Tal vez sea el brillo labial de Kim. Su mano se deslizó fuera de la mejilla a la línea del cuello y al hombro. Como no encontró ninguna resistencia, su brazo se trasladó a la caja torácica, aplastándola contra él. Su lengua salió para pasar de una esquina de su boca a otra. Sabía que esto era nuevo para ella, pero era demasiado tarde para controlar sus impulsos. Enredó los dedos en su cabello, intentando empujarlo. En cambio, la tiró hacia él, apretando con más fuerza y poco a poco su lengua se iba adentrando, comenzando sus exploraciones. Sin desearlo, ella dejó escapar un gemido. Sintió cómo sus labios curvaban una sonrisa contra los suyos. Para sus oídos, era un delicioso sonido. Clay miró de reojo por el retrovisor del auto, ¿qué rayos pasaba allá atrás que estaban tan callados? Tenía una vista completa del amo, presionando contra el cuerpo de la señorita Tohomiko, tendida sobre el asiento bajo el cuerpo de él, fundiéndose en un apasionado beso francés. Clay no quería interrumpirlos, pero ya habían llegado a su destino. Se aclaró la garganta sutilmente. Kimiko empujó a Raimundo con fuerza. Rompiendo el beso. Se limpió con el dorso de la mano su boca. Ambos jadeaban, seducidos y confundidos. Su corazón estaba a punto de explotar. Oh Dios, ¡un beso francés! Kimiko trató recuperar el aliento. Quiso salir del coche a tomar "oxígeno" y no pudo. Clay salió primero para abrirle la puerta. Kimiko se fue brincando, corriendo al interior del edificio. Aterrada. ¡El ascensor, funcionaba! ¡Menos mal! Presionó el botón para subir a su piso. Clay volvió a sentarse.
-¿Se encuentra bien, mi señor?
-De maravilla, no te preocupes. Dirígete de regreso a la mansión y una vez que lo hagas, sigue con el trabajo que te pedí.
-Como usted lo ordene, mi señor –asintió, antes de volver a encender el carro.
A/N: ¡Un beso francés! OMG XDDDDDDD
Rai... chico malo... eso no se hace sin el consentimiento de una señorita. ¡Ni tampoco es cortés, que digamos, revisar el celular de otras personas, eso en mi pueblo se le llama invasión la privacidad! ¿hasta dónde son capaces de llegar los celos de un hombre? Lo sabremos más adelante con Raimundo (para ser específicos, capítulo ocho). Estuvo muy prometedor el almuerzo entre los protagonistas (si Anastasia y Christian saben de artes marciales, ¿por qué no ellos?). Kickboxing existe y capoeira es el verdadero estilo de arte marcial que usa Raimundo en la serie. Kimiko nos contó su perspectiva de ser profesora (una cosa, ¿verdad que Kimiko se parece a Blanca Nieves? Los ojos claros, la piel blanca, los labios rojos, el cabello negro, una belleza sin igual, es la gemela) y eso que cumple en abril, lo inventé yo. Dos estilos de vida completamente diferentes, ¿nopis? Raimundo es un adicto al sexo y Kimiko es una enamorada del verdadero amor. Tiny es un verdadero diablillo, le sacó las canas verdes a Kimiko donde no las tenía. Supimos un poco más de Clay, él tiene un hermano preso y trabaja para Raimundo para pagar las medicinas de su abuelo y sacar a su hermano de la cárcel, ¿un poco dura la vida qué le tocó vivir? No es tan malo a pesar de todo. Para los que no sepan, Patrick es oriundo de Xiaolin Chronicles y tiene los mismos complejos que Jessie de Xiaolin Showdown con respecto a su hermanito Clay, decidí darle una oportunidad a Patrick y es por eso que está (para más información, véase el episodio Super Cow Patty).
Kimiko tuvo el valor de confesarle a su hermana que siente por Chase. Muy bien. Con que Tomoko, todavía siendo la hermana mayor, no es una experta en el amor. Un pequeño cameo a Hurricane, la canción a quien me basé al crear el fic. ¡Black Poison! En honor a Poison de Groove Coverage, también es una fuente de inspiración (desde el punto de vista para Kimiko), es el nombre del hotel en donde Kimiko y Raimundo... Ejem, ejem, ¿por dónde iba? Ah sí. Casi siempre he notado en los fics que Kimiko está enamorada de Raimundo y viceversa, pero que no lo sabe y es demasiado terca como para admitirlo. Me parece bonito y todavía me gusta. Sin embargo, quise hacerlo un poco diferente esta vez y puse que Kimiko está enamorada de Chase, pero él no lo sabe y no sabemos si su amor es correspondido, para variar las cosas. Aparte, ¿quién no puede enamorarse de ese encanto de hombre?
El capítulo que viene vamos a arrancar directamente con la escena lemmon. Quería dejarla de última, pero la cena y otras pequeñeces me abarcaron todo este capítulo. Prometo dejar la próxima escena lemmon que les tengo preparada en el capítulo de arriba. Esta semana santa me abarrotaron de deberes que no adelanté mucho, mis malvaviscos asados, de verdad que lo siento. No fue mi intención. No pude pensar en nada para ninguna otra historia debido a esto y no sé si la semana que viene seguir actualizando esta historia porque Lie To Me llegó a su fin. Nada más tengo para actualizar El Príncipe de los Monstruos (que no escribí nada) y este fic. Apenas pude escribir el capítulo que viene, del resto está en proceso. Pero no lo pienso dejar. Tengo una sorpresita que matará a todas. Debido al éxito inesperado de este fic, me está quedando un poco más largo (será más de diez capítulo, pero no más de veinte). No importa, no importa, vamos a seguir con lo que se tiene. Los mantendré informaditos así que estate atentos a cualquier actualización o la aparición de una nueva historia. ¿Qué sucederá? ¡Lo sabremos en el próximo capítulo! Hurricane: Black Poison.
-Agárrate fuerte, nena, esto va a ser rápido y muy duro...
No lo olviden, solo hay que creer en Dios y esperar a que llegue la semana que viene. ¡Nos vemos, Latinoamérica, cuídense!
Respondiendo review a Invitado: ¡Hola! Sombra se comporta igual a Sombra (se vería extraña si fuera del tipo rudo, no le va), aquí su participación es similar a la de Desiré (de Virgen de la Calle), por citar un ejemplo de mujer fatal telenovelesco, en otras palabras, yo que tú no la subestimaría en ningún momento. Jack, tienes razón, es un buen personaje. No se me ha ocurrido hasta ahora una escena entre Jack y Sombra, pero no he dicho que no la habrá, habrá que ver, habrá que ver. En fin, gracias por leer y comentar. Vuestros comentarios siempre alegran mis días. ¡Nos leemos en el capítulo que viene si Dios quiere!
Respondiendo review a anonimo mex: ¡Ni hao, un gusto en conocerte! ¿Quién no ama a Duelo Xiaolin, por amor de Cristo y menos a Raimundo y Kimiko? Por cierto, para mí ellos son mi OTP (one true paring), digan lo que digan, a mí nadie me saca de la cabeza a ese par de tórtolos. ¡¿UN VIVA AL RAIKIM?!
-¡HURRA!
Ah, qué dulce, me alegra que pienses así. No sé cuánto has leído, pero pienso que actualmente me están saliendo mejores. Los primeros eran un poco locos, desde Mi Adorado Árbol de Bonsái vinieron los mejores. Eh... no, no me estoy preguntando eso, te advierto que estoy en una edad malpensada y después de leer eso... no tengo ningún tipo de comentario al respecto (O.o :/ :S O.O). Aquí tienes la segunda parte del fic. Vaya, leí tu comentario tarde, de haberlo sabido antes... En fin no importa, no importa, lo que importa verdaderamente es que lo leí. Espero que te haya gustado este capítulo. Gracias por leer y comentar. ¡Espero saber de ti pronto!
PD: Bien mis lectoras... lemmonescas, actualicé el capítulo el día de hoy porque sus comentarios me conmovieron mucho y me siento más comprometida de seguir con este fic. Gracias por todo su apoyo. Prometo no decepcionarlas. ¡Hasta la semana que viene!
