LES JURO QUE ESTOS DOS ME CABREAN MUCHO ¬¬ PORQUE NO SE DICEN LAS COSAS SON TONTOS HEH ? jejejejej nuevo capitulo y ahora sabran porque la madre de shaoran odia a sakura
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CUANDO su madre desapareció, shaoran cerró la puerta. —No te preocupes. Solo necesita un poco de tiempo.
sakura no lo contradijo, pero sabía bien que el tiempo no cura todas las heridas. El tiempo a veces las hace más dolorosas, más amargas, pero no podía decirle eso. Y tampoco podía hablar mal de su madre.
—Ya —murmuró, sin mirarlo.
—¿Te apetece un café?
—Sí, gracias.
—Yo lo haré. Al fin y al cabo, eres una invitada. Una invitada. No su mujer. Solo una invitada.(n/a nunca me he metido pero ya vieron porque estos dos me irritan ¬¬ ) En la cocina, sakura observó cómo molía los granos y después ponía la cafetera.
—Por cierto, aquí será mejor que no hables de tu padre.
Ella lo miró, confusa.
—¿Hay algo que yo debería saber?
—Sí. No. Da igual.
sakura podía escuchar las palabras de su madre: «Una buena chica japonesa, shaoran, no una kinomoto».
—¿Qué pasó? ¿Qué ha hecho mi padre? Él se encogió de hombros, incómodo.
—Ocurrió hace mucho tiempo.
—No hace tanto tiempo si tu madre no puede mirarme sin lanzar una maldición.
—No ha sido para tanto.
—Pero casi —dijo sakura, horrorizada al notar qué sus ojos se llenaban de lágrimas.
De repente, tenía miedo. Había empezado a sentir por shaoran emociones que no había sentido por ningún otro hombre, ni siquiera por yukito. Él había conseguido traspasar su armadura y si su familia la odiaba, era un problema añadido a todos los demás.
—No te preocupes. Son cosas de mi madre...
—Tengo derecho a saberlo. Soy tu mujer, shaoran. Él se quedó en silencio durante unos segundos.
—Tu padre hizo que el mío no pudiera encontrar trabajo en tomoeda. Lo pusieron en una especie de lista negra, por eso tuvo que irse a china.
A sakura se le hizo un nudo en la garganta.
—¿Por qué?
—Tu padre tenía unos negocios... digamos que poco éticos y mi padre se enteró.
Ella cerró los ojos. No tenía que oír nada más. De modo que shaoran lo sabía. Su padre, desesperado por convertirse en el armador más rico de japon había contratado hombres para sabotear otros barcos.
—¿Te lo ha contado Constantine Papas?
—No. Lo supe mucho antes de entrar en negocios con él. Mi padre era uno de los soldadores que el tuyo quiso contratar para destrozar los barcos de Papas.
—Debería haber ido a la policía —susurró sakura enferma por las horribles cosas que fujitaka kinomoto había hecho para enriquecerse.
—No lo hizo por respeto a tu madre.
—Pues ella se lo habría agradecido.
—La vida da muchas vueltas. Yo he conseguido vengarme de tu padre con la ayuda de Papas —dijo entonces shaoran, apoyándose en la repisa de la cocina— . Te he conseguido a ti.
Y la fortuna de su padre.
sakura se sentía como una idiota. Allí estaba, enamorándose de shaona li mientras que él solo quería venganza. Era una ingenua. Nunca había sabido separar su cabeza y su corazón.
—Ya veo.
—Tu padre desea tener nietos desesperadamente. Y los tendrá. Pero serán li, no kinomoto.
—¿Cómo va a tener nietos?
—Sé que tú no puedes tenerlos, pero también sé que nunca has acudido a un especialista. Los médi¬cos pueden hacer milagros hoy en día...
—¿Qué dices? ¿Qué estas diciendo?
—Estoy diciendo que...
— ¡Te he dicho que no voy a tener hijos! Tú quieres que sea como mi madre, que te obedezca como ella obedecía a mi padre, que me quede en casa como una buena esposa japonesa.
—Eso es.
—Eso es lo que tú quieres, no lo que quiero yo. No puedes decirme cómo tengo que vivir, shaoran. Aunque me haya casado contigo.
—¿No quieres tener una familia?
—¡No!
La puerta se abrió en ese momento y una mujer apareció en la cocina.
—Hola, señora Avery —la saludó shaoran.
Incómodo, empezó a servir el café, mientras sakura se pasaba la mano por la falda, sin saber dónde mirar.
No iba a tener hijos. Nunca... Nunca más.
Los tacones del ama de llaves repiqueteaban en el suelo de madera mientras iba a buscar el mandil. La mujer miró entonces a sakura, sonriendo.
—¿Es la nueva señora li?
— Sí, señora Avery. Y ahora que está aquí, voy a dejarla en sus manos. Yo tengo que irme a trabajar.
Shaoran desapareció y la señora Avery le enseñó la casa. Tenía doscientos años y había sido remodelada a principios de siglo. Las habitaciones eran grandes y bien proporcionadas, con techos altos y ventanas enormes desde las que podía verse un hermoso paisaje.
Pero era difícil disfrutar del sol cuando se sentía tanto frío por dentro. Difícil disfrutar de aquella bonita casa cuando no podía dejar de recordar las últimas palabras de shaoran
Lo que él quería era una esposa tradicional, una mujer como su madre. Una mujer que le diera hijos y sirviera de sakura no podía darle lo que quería. shaoran dejó un mensaje diciendo que llegaría a casa alrededor de las siete y media. La señora Avery normalmente se iba a las siete, pero aquella noche se ofreció a quedarse y servir la cena. sakura le aseguró que podía servirla ella misma y envió a la mujer a casa.
Cuando se quedó sola, puso la mesa sin dejar de pensar en lo que shaoran le había contado. Su padre había hecho sufrir tanto a la familia li que tuvieron que marcharse de japon. Y él había querido vengarse no solo asegurándose de que heredaría la fortuna de los kinomoto, sino haciendo suyo el apellido, quedándose con la hija de fujitaka.
sakura había pagado un gran precio por ser hija de su padre.
Cuando estaba encendiendo las velas, shaoran apareció en el comedor y miró el centro de flores que adornaba la mesa.
—La señora Avery debe pensar que seguimos de luna de miel.
Era un sarcasmo, pero sakura decidió no discutir.
—¿Te apetece una copa de vino?
—Gracias.
shaoran empezó a pasear por la habitación, estudiando las flores, el mantel de lino, las copas de cristal, la porcelana.
—¿Estamos celebrando algo?
—No —contestó ella—. ¿No te gusta la mesa?
—Muy elaborada, ¿no?
—Lo normal. Cuando era pequeña, mi madre y yo poníamos la mesa todas las noches. Lo hacíamos juntas y nos divertía. Ella me enseñó a doblar las servilletas y a poner velas.
—Ah, claro, la vida de los ricos y famosos. El sarcasmo le dolió. Mucho.
—No puedo cambiar quién soy.
—Y tampoco puedo hacerlo yo —replicó shaoran.
—No fue fácil ser la única hija de fujitaka kinomoto.
—No, claro. Debía se: muy difícil ser una niña rica.
—Más que rica —dijo ella, irritada—. Cenábamos cada noche con la mejor porcelana y el mejor cristal. Y a la luz de las velas.
—Nosotros no podíamos comprar copas de cristal. Temamos vasos de plástico y las velas eran un lujo.
sakura apagó las velas de un soplido.
—¿Mejor así?
—No tenías que hacerlo.
—Pero es lo que tú querías, ¿no? Estás intentando hacerme daño. Y, a partir de ahora, me recordarás todo el tiempo lo fácil que ha sido mi vida y lo dura que ha sido la tuya. Tú, trabajando como un mulo y yo viviendo la vida de una millonaria caprichosa que tiene que ir a un sanatorio para recuperar la autoestima.
—¿Para eso fuiste? ¿Tenías problemas de autoestima?
sakura rio, pero la risa estaba llena de amargura.
—Te gustaría saberlo, ¿verdad?
—Sí.
—¿Para saber por qué mi padre no ha podido casarme con el hijo de un magnate japones? —preguntó ella.
shaoran apretó los dientes, furioso.
—Quiero saberlo, sencillamente.
—Crees que has ganado una batalla, pero te equivocas. Mi padre te ha comprado a ti, shaoran. Un japones de familia tradicional nunca se habría casado conmigo. Pero tú, hambriento de barcos y de dinero hiciste un trato con él y ahora te mueres por saber por qué fujitaka kinomoto no podía librarse de su hija.
—Me gustaría saber algunas cosas, es verdad.
—Sí, claro. A ti, como a mi padre, te gustaría ser Dios —replicó ella entonces—. Estoy cansada de ti y de mi padre, estoy cansada de que tomen decisiones por mí. Llevo veintidos años soportando que lo hagan y no pienso soportarlo más.
—Yo no soy un monstruo, sakura.
—¿No? Mi padre sí es un monstruo. No tiene amor en su corazón. ¿Tú eres diferente?
Él no dijo nada, solo la miró con aquellos ojos cafes que eran como lanzas que se clavaban en su alma.
sakura pensó entonces que quizá se había equivocado con él. Y, desde luego, aquella no era forma de ganar su corazón.
Nerviosa y alterada, salió del comedor. Sería mejor relajarse un rato a solas en su habitación. No estaba en su mejor momento y cualquier discusión con ese hombre la alteraba de una forma tremenda.
Le había dicho cosas terribles porque quería que le diera lo que su padre no le había dado nunca. Amor.
—No hemos cenado —escuchó la voz de shaoran a su espalda.
—No tengo hambre.
—Tienes que comer, sakura —insistió él, tomando su mano—. Además, no vamos a echar a perder la cena de la señora Avery.
—De acuerdo —sonrió ella.
No tenía fuerzas para seguir discutiendo. Y, además, tenía hambre.
Cuando entraron en el comedor, sakura vio que las velas estaban encendidas de nuevo y que shaoran había apagado el candelabro. Un detalle. Pequeño, pero un detalle.
Comieron en silencio el delicioso pollo con patatas nuevas, intentando evitar una nueva confrontación y, por fin, shaoran dejó el tenedor sobre el plato.
—Hace diez años tomé una decisión —empezó a decir, sin mirarla—. Fue una decisión difícil.
Tuve que elegir entre la universidad y el deporte. Entré en Yale con una beca deportiva.
—futball —murmuró sakura.
—Eso es. Me encantaba jugar al futball. Pero no era un gran jugador, era bueno y quizá podría haber conseguido entrar en las filas del futbolistas profesional, pero no podía arriesgarme —dijo shaoran levantando su copa—. Si hubiera seguido, mi madre habría tenido que seguir limpiando las casas de otros. Y yo no podía soportarlo. Mi orgullo no podía soportarlo.
—Por eso te dedicaste a los negocios.
—Por eso me dediqué a tu padre —la corrigió él suavemente—. Cada una de mis decisiones, cada contrato que firmaba, cada inversión... eran para acercarme más al día en que pudiera aplastar a fujitaka. kinomoto
—¿Tanto lo odias?
—Odiaba lo que le había hecho al mío. Como ves, soy un hombre que no perdona fácilmente.
—No pareces despiadado.
—Y no siempre lo he sido. ¿Habría habido un shaoran diferente, un joven shaoran que amaba más, que perdonaba más?
—Entonces, me habrías gustado. Él la miró, pero sakura se dio cuenta de que seguía perdido en el pasado.
—Quizá.
Después de unos segundos de silencio, sakura se levantó para recoger los platos, sin saber qué hacer.
—Voy a...
—Hay una cosa más. No te lo diría, pero conozco a mi madre y lo soltará en algún momento.
—¿Qué?
—Estuve prometido el año pasado.
—¿Prometido con quién?
—Con una chica de aquí.
—¿Una chica japonesa?
— Sí —contestó shaoran—. Era hija de unos amigos de mis padres. Las dos familias estaban encantadas.
Era lógico. Shaoran li , el magnate chino -italiano, casándose con una chica japonesa de Nueva York. Un enlace de ensueño para las dos familias.
—¿La querías? —preguntó sakura entonces en voz baja.
—Era muy dulce.
—Y quería tener hijos.
—Quería tener muchos hijos.
sakura ni siquiera conocía a aquella chica, pero sentía envidia de ella. Y celos. Ser la mujer a la que shaoran amase...
—¿Qué ocurrió?
—Rompí el compromiso hace unos meses. Me di cuenta de que no era mujer para mí —contestó él.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—Tu padre.
sakura no sabía si se le habían caído los platos o los había tirado. Fuera como fuera, platos y cubiertos cayeron sobre la mesa. Afortunadamente, nada se rompió.
Había visto a su padre firmando un contrato, prometiéndole a shaoran barcos y dinero a cambio de que le quitara a su problemática hija de encima.
Con los ojos llenos de lágrimas, imaginó a su padre dándole un cheque... y a shaoran aceptándolo. El trato, el matrimonio, el negocio. No por amor, sino por dinero. Por venganza.
shaoran se levantó entonces y tomó su mano. sakura se apartó.
Si fuera una chica pobre, hija de emigrantes, la chica japonesa que iba a casarse con él... Ser elegida por ella misma... Elegida y amada.
—No hagas eso —dijo shaoran.
—¿Qué? —preguntó ella, sin poder disimular la emoción.
—Lo que tenemos es lo que yo quería.
—¿Lo es?
—Sí.
—Pero no tenemos nada.
—No es verdad. Este no es ni mejor ni peor que cualquier otro matrimonio.
—Yo no puedo vivir así.
—Lo siento. No hay alternativa. Ahora eres mi mujer.
ANTES de que diera un paso, ella sabía que iba a tocarla, sabía que iba a tomarla entre sus brazos, sabía que iba a volverla loca de nuevo. Y deseaba que lo hiciera. Lo deseaba y lo temía. Porque no quería perder el control.
sakura intentó escapar, pero shaoran la sujetó del brazo y la apretó contra su pecho como si quisiera traspasarla.
—Durante toda tu vida has sido la pobrecita sakura. Nadie te quería, nadie cuidaba de ti —empezó a decir, apretándola contra él de tal forma que sakura notaba su erección—. Pero yo te deseo, te deseo más de lo que nunca he deseado a ninguna mujer.
—Me deseas para castigar a mi padre...
—Tu padre me da igual. Solo me importas tú — susurró shaoran, besándola en el cuello.
La boca del hombre era un tormento. Su proximidad hacía que sakura se deshiciera. Sin pensar, puso una mano sobre su pecho, deseando tocarlo, sentirlo, ser parte de él, capturar la pasión que había sentido otras veces entre sus brazos.
—shaoran...
—Ten cuidado —bromeó él—. O voy a pensar que tú también me deseas.
Su aliento, el humor en su voz, el calor de su cuerpo pegado al suyo la hacía desearlo con toda su amia.
shaoran inclinó la cabeza y tomó su boca mientras la empujaba suavemente hacia la mesa, chupando la punta de su lengua de tal forma que sakura volvió a sentir una quemazón entre las piernas.
—Te deseo. Quiero que me hagas el amor —susurró, su voz llena de pasión.
Era todo lo que él necesitaba. shaoran la tomó en brazos y subió las escaleras de dos en dos. Sin encender la luz de la habitación, la tumbó sobre la cama y empezó a acariciarla, enfebrecido. Sus pezones se endurecían con las caricias y más aún cuando le bajó el vestido y empezó a acariciarla por encima de la tela del sujetador.
sakura levantó las manos para desabrochar su camisa y él la ayudó, quitándosela de un tirón, revelando aquel torso tan masculino, cubierto de un suave vello oscuro. Después de acariciar su torso, ella empezó a desabrochar el cinturón de sus pantalones y shaoran contuvo la respiración cuando lo envolvió en su mano, turgente, rígido.
—Aún no —murmuró, inclinando la cabeza para besarla por encima del sujetador, trazando círculos con la punta de la lengua alrededor de sus pezones. Después, le quitó el vestido y el sujetador y los tiró al suelo, mirándola con un deseo que la quemaba. sakura estaba húmeda cuando él se puso de rodillas entre sus piernas.
—Te deseo.
shaoran le quitó las braguitas y la penetró suavemente para darle tiempo a acostumbrarse, pero ella no necesitaba tiempo y le dio la bienvenida a aquella sensación de plenitud.
Se sentía viva, y deseaba más. Y más.
—¿Te hago daño? —preguntó él con voz ronca.
—No —contestó sakura, poniéndole un dedo sobre los labios—. Quiéreme.
Y shaoran lo hizo, empujando primero con suavidad y después con fuerza, cada vez más rápido, creando tormentos de deseo, uniéndolos cada vez más, aumentando la tensión.
Él la besó entonces y sakura le devolvió el beso con desesperación, levantando las caderas para recibirlo.
Supo entonces que siempre lo amaría, en cuerpo y alma... la parte de su alma que no había sido destruida por la muerte de hien.
—sakura...
—shaoran... —susurró ella ansiosamente, arqueándose más, abriendo más la boca, entregándole su cuerpo ya que no quería su corazón.
La sensación creció hasta convertirse en una fiebre, sus movimientos cada vez más salvajes. Ella se mantuvo durante unos minutos eternos sobre la ola, cerca del orgasmo, pero sin llegar a él, sin liberarse.
shaoran la embistió de nuevo, profundamente, como si quisiera enterrarse en ella y, de repente, era suya, toda suya, explotando de placer. Su orgasmo pareció volverlo loco y se corrieron juntos, sus cuerpos cubiertos de sudor, saciados y exhaustos.
Sin apartarse un centímetro, shaoran volvió a besarla en la boca.
—Eres mía. Recuérdalo —susurró. Y entonces volvió a besarla con tal pasión que la hizo sentir escalofríos—. Tú vales todos los barcos del mundo.
sakura lo miró, sorprendida, pero antes de que pudiera preguntarle qué había querido decir se dio cuenta de que shaoran respiraba rítmicamente. Se había quedado dormido.
Volvieron a hacer el amor unas horas después, en medio de la noche. Ninguno de los dos dijo nada, sus cuerpos comunicando todo lo que querían comunicar. Pero más tarde, cuando se recobraron de la intensidad del placer, shaoran le dio un beso en la frente y se levantó de la cama.
—¿Dónde vas?
—A trabajar.
—¿Ahora? Pero si es muy temprano.
—Son las cinco de la mañana y tengo mucho que hacer.
sakura se sentó en la cama, apartándose el pelo de la cara.
—¿Puedo ir contigo?
—No. Duérmete. Necesitas descansar.
—Podría ayudarte. Podrías darme un trabajo.
—No conoces la industria, sakura.
—Pues enséñame.
shaoran era igual que su padre. Para él, el único éxito era el éxito profesional. Si conseguía encontrar un sitio en su empresa, si podía aportar algo, dejaría de verla como a la caprichosa hija de fujitaka kinomoto.
Se daría cuenta de que tenía cerebro y la respetaría.
Incluso podría amarla.
—No tengo tiempo, sakura.
—Por favor, shaoran, dame una oportunidad. Quiero trabajar.
—Hoy tengo una reunión muy importante. Los sindicatos quieren arrancarme la cabeza y hay que negociar. Tú serías una distracción.
sakura se levantó de la cama y tomó su ropa del suelo.
—No sería una distracción. Por favor, shaoran. Quiero ir contigo.
—sakura esto es muy serio.
—Yo soy muy seria.
—Tú has estudiado arte. ¿Qué puedes aportar en una empresa como la mía?
—Puedo aportar cosas —replicó ella, molesta.
—Mira, yo he visto a mi madre trabajando como una esclava toda la vida. Tenía que trabajar con sus manos y volvía a casa agotada por las noches. He jurado que mi mujer no tendría que trabajar nunca y...
—Voy a trabajar en una oficina, shaoran, no a limpiar suelos.
—No quiero que mi mujer trabaje. ¿Entendido? Quizá soy muy anticuado, pero...
Ella tomó el vestido del suelo y se lo tiró a la cara.
— ¡Anticuado! ¡Eres prehistórico! Muy bien. Haz lo que te dé la gana, pero no esperes encontrarme cuando vuelvas a casa.(n/a jajajja me imagino esa escena y me muero de risa solo imaginen la expresión de shaoran)
Estaba amenazándolo con volver a escaparse. Aquella mujer era increíble. Y aquella vez no porque no quisiera estar con él, sino porque no la permitía trabajar.
—¿Qué has dicho?
—Ya me has oído.
shaoran sujetó su cara con una mano y la besó con fuerza, como si quisiera dejar una huella en sus labios. Quería demostrarle que estaba furioso, aunque en realidad no lo estaba. Pero no sabía cómo manejarla. No sabía cómo decirle que le importaba.
El contacto con sus labios que sabían a almendra y a miel hizo que el beso se alargara. Ella era tan preciosa, tan dulce... tan suya.
Había sido suya desde que interrumpió la reunión de su padre diez años antes. Entonces shaoran supo que la quería. Él la protegería, él cuidaría de ella. Y fujitaka kinomoto no volvería a hacerle daño.
Los labios de sakura temblaban bajo los suyos y el beso se convirtió en una caricia hermosa y suave.
Cuando se apartaron, los dos respiraban agitadamente. shaoran la deseaba tanto que hubiera querido hacerle el amor mil veces hasta que admitiera que no quería a nadie más que a él.
Pero ella nunca lo admitiría.
—No vuelvas a amenazarme con irte, mi rebelde esposa —le dijo, poniendo un dedo sobre sus labios.
sakura se dio la vuelta para que no viera su expresión dolida.
—Te he dado lo que querías, ¿no? Querías derechos conyugales, pues ya los has tenido. Y ahora, dame lo que yo quiero, shaoran. Y lo que quiero es vivir, quiero hacer una vida normal.
shaoran la miró, sorprendido y dolido también. No encontraban un camino intermedio, no encontraban terreno común. Era como si hablasen un idioma diferente.
Suspirando, entró en el cuarto de baño y se metió en la ducha. sakura lo siguió, esperando una respuesta.
Él se volvió. Estaba desnudo, pero parecía completamente desinhibido.
—Eso ha sido un golpe bajo. ¿Sabes lo que significa? Golpear por debajo del cinturón.
—Sí, pero...
—Los golpes bajos son inaceptables.
—Tú también...
—Eres una niña. Una niña desafiante, incapaz de llegar a un compromiso.
—Yo quería disculparme. Y quería que te disculparas tú también.
—Yo no tengo que disculparme.
—¿Ah, no? Muy bien, shaoran. Entonces tampoco tengo que disculparme yo.
—Como quieras. Me da igual. sakura se dio la vuelta para salir del baño, pero shaoran la llamó.
—¿Qué quieres?
—No tiene que ser así.
Los ojos de sakura se llenaron de lágrimas.
—¿Es una disculpa?
—No. Es un hecho —insistió él, orgulloso.
—¿Por qué no te has casado con una buena chica japonesa de esas que solo quieren un marido que tome decisiones por ella? ¿Por qué te has empeñado en mí?
shaoran la miró a los ojos.
—Porque solo me interesas tú.
—Eres igual que mi padre. Solo te importa el dinero.
—He intentado amarte, sakura. Pero no dejas que nadie se acerque a ti. No dejas que nadie sea amable...
—¿Era eso lo que has hecho en la cama esta noche? ¿Ser amable? Pues a partir de ahora, puedes dejar de ser amable. Nuestro matrimonio solo es un negocio. Dinero, cifras. Una cuenta corriente. Lo que ha ocurrido en esa cama solo es una transacción comercial —le espetó ella, furiosa.
shaoran apretó los dientes.
—Muy bien. Si es una transacción comercial, te advierto que aún no ha terminado —dijo, metiéndola en la ducha con él. El agua caía sobre su vestido, pegándolo a su piel, delineando la curva de sus pechos. Tomando su cara entre las manos, shaoran buscó su boca.
El agua caía sobre los dos, empapando su pelo, corriendo por sus piernas.
Siguió besándola y, como siempre, el beso empezaba furioso, pero se volvía tierno y delicado.
Cuando se apartó, sakura lo miró, confusa.
—¿Qué estamos haciendo?
—Eres mi mujer. No lo olvides —dijo él, quitándole el vestido. shaoran tomó una esponja y empezó a enjabonar sus hombros, sus pechos, el plano abdomen, los muslos, el suave monte entre sus piernas... Después, la aclaró y levantó su barbilla con un dedo—. Eres mi mujer, sakura.
Salieron de la ducha y se secaron, sin mirarse, confusos los dos. Sin saber qué decir.
—Tienes media hora —dijo shaoran por fin.
—¿Media hora para qué?
—Tú ganas, sakura. Vas a venir a trabajar conmigo, aunque no me hace ninguna gracia
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como lo dije antes sakura y shaoran me cabrean mucho no dicen lo que sienten malinterpretan las palabras que hablan el otro hahahhahahahah son desesperantes
bueno dejando atras mi enojo ¬¬ holaaaaa como estan bueno les traigo un nuevo capitulo siempre lo quiero subir temprano pero el tiempo EL TIEMPO se pone en mi contra siempre pasa algo y lo termino subiendo tarde ¬¬
bueno los reviews son interesantes
Stellar bs : cariño estoy de acuerdo contigo shaoran derrite a mi me hace imaginar la historia y cuando me la imagino comienzo a babearme de solo imaginármelo lindo *¬*
anaiza18 : hola guapa si sakura es muy necia necia necia hahahahhaha sakura expresate yo con un esposo como shaoran seria la mujer mas feliz la suegra eso no me gusta nada nada nada saludos
daryis04 : hola me alegra que siempre dejes tus reviews gracias y espero que este cap tambien te guste
mayiloza : hola uuu en este capitulo se sabrán muchas cosas hahahhaha me emociona la historia y si la redención esta muyyyyyyyyyyyyy cerca.
gracias por el apoyo de todos a mi historia son geniales y me animan a seguir adelante los quiero mucho ahora si me voy y nos leemos mañana la historia esta mas serca del final
