Bienvenidos a otro capitulo que, deben de admitir, subí en tiempo record. Merezco buenas reviews *-*
Primero que nada y como siempre, agradecer a mis ahora 33 seguidores, cada día son más, no tienen ni idea de lo mucho, pero mucho que me anima eso (si, se que siempre lo digo, pero es cierto.) Y a sus 63 Reviews llegaremos a las 100 antes del capitulo 10(? xD ustedes que dicen?
Segundo agradecer a Ruha, quien me ayudado a captar publico dándole publicidad a mi fic en su pagina, si aman el Korrasami denle like a su pagina en facebook KorrAsami Nation 2.0 siempre tinene contenido para compartir con nosotros.
Tercero: Melgamonster me preguntaba si l de Korra y Asami fue una relacion secreta, pues sí. Creo que ya lo había insinuado, pero de todas maneras creo que este capitulo reponde mejor a esta pregunta por si solo.
Y por último, pero no por ello menos importantes agradecerle a Dhe quien revisó el capitulo antes de que lo subiera (si odienla porque fue la primera en leerlo) Para ayudarme con los errores ortográficos.
Sin más nada qué decir ahí va:
Capitulo 6:
Seguía odiando los vestidos, pero ya me había acostumbrado. Había ido a todas las fiestas de sociedad que habían surgido en la ciudad en la que me encontrara en ese momento. Sin embargo, esta vez estaba entusiasmada de usarlo, sabía que atraería más de una mirada, pero de todas las personas que pudieran mirarme, a mí solo me importaba una mirada, la tuya. Y ahí estabas, me mirabas como lo hiciste la primera vez que me viste con vestido, como si yo fuera el bien más preciado del mundo, como si fuera la cosa más especial, la mujer más hermosa. Llevabas como siempre un vestido que no salía del tono rojizo, pero que increíblemente contrastaban con el color de tus ojos, tu boca con un labial rojo intenso resaltaba de entre todo lo demás. No podía creer que hubiera gente que me mirara a mí, y no a ti, eras la persona más hermosa del lugar. Pero tú mirada cambió pocos segundos después de cruzarse con la mía, se volvió gris y desviaste la mirada. Quise salir corriendo a donde estabas, pero ya te habías refugiado en tu acompañante.
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Korra paseó del brazo de su padre mientras éste saludaba a personas que ella no conocía, y la presentaba; mientras saludaban a viejos conocidos, Raiko le dedicaba miradas de odio, Beifong parecía apática hacia todo, Tenzin preocupado porque los niños no fueran a hacer algún desastre. Así fue durante un rato; rato que a Korra le pareció eterno, sólo quería dejarse de tantos formalismos e ir a sentarse junto con Asami y sus amigos. Pero sin embargo interpretó un muy buen papel.
—Tranquila, ya te escoltare hasta tus amigos. — Dijo su padre divertido al darse cuenta de la ansiedad de su hija.
—Mako se ve muy guapo, y no te ha quitado ojo de encima desde que llegaste. — Comento su madre en tono pícaro cuando iban rumbo a la mesa. Pero Korra ni siquiera se había detenido a observar a Mako, y la verdad es que sí, estaba guapo. Pero poco le importaba, la única persona que podía robar su mirada era Asami.
—Mamá basta. — La ojiazul estaba avergonzada, su padre sólo sonreía.
—No es el único, La joven Sato también luce radiante como siempre. — Tonraq soltó el comentario como si de un comentario más se tratase, Korra esperaba una mirada, una insinuación, una sospecha, algo, pero no llegó. Había sido un simple comentario.
Al llegar a la mesa Mako se levantó a recibirla, la saludó como un caballero, y le acomodó la silla para que se sentara a su izquierda, y a la derecha de Asami. Senna y Tonraq la dejaron allí y se dirigieron a la mesa donde se encontraba Tenzin.
Era la primera vez que Korra se sentaba tranquilamente a charlar con sus amigos, pero sobre todo era la primera vez que tendría la oportunidad de hablar con Asami, sin prisas, ni rodeos, ni dramas, como las dos amigas que solían ser. Aunque le hubiera encantado estar a solas con ella, y sobre todo muy lejos de la presencia de su novio. Pero a pesar de la situación, Ambas disimulaban muy bien, lo habían aprendido con el tiempo, ocultar sus verdaderos sentimientos delante de los demás. Nunca le habían contado a nadie sobre su relación, desde que se dieron cuenta que estaban completamente enamoradas la una de la otra. También se dieron cuenta de que sería algo mal visto, que podría causarle problemas y que no cualquiera entendería, así que eligieron callar, y guardar sólo para ellas lo que ambas consideraban como su más hermoso secreto.
Korra logró ignorar súbitamente la presencia de Iroh durante la primera media hora, relataba su viaje de entrenamiento como si hubieran sido unas largas vacaciones, daba pocos detalles porque no sabía si Opal conocería o no que ella era el Avatar, pero luego de un rato Opal terminó confesando que se lo imaginaba, al fin y al cabo, también era la nieta de una de las amigas del Avatar anterior y ahora vivía con su tía en Ciudad Republica, su tía ya le habría contado más de una de sus hazañas cuando intentaba convencerla de que no saliera con Bolin. Bromeo un poco al respecto sobre qué intentaba mantenerlo en secreto, pero por lo visto ya todo el mundo lo sabía.
Iroh no hablaba mucho, se limitaba a tomar de la mano a Asami, o a rodearla con su brazo, cada cuanto un beso simple y cariñoso; sólo la ingeniera era capaz de darse cuenta de la incomodidad que esos gestos causaban en la ojiazul, pero ninguna dijo nada. De igual manera Mako no dejaba de mirar a Korra, ser amable, incitarla a seguir hablando, ofrecer o buscarle una bebida, y por supuesto que eso no pasaba desapercibido a los ojos de Asami, quien ya le veía con un poco de resentimiento.
—En definitiva, una de mis ciudades favoritas fue Ba Sing Se. — Comentaba el Avatar muy animada.
—¿Qué tiene de especial? — Bolin fue quien preguntó.
Y Korra había iniciado otro de sus relatos:
—Cuando estuve en las tribus agua no había mucho que hacer, me limité a estudiar, a practicar y a aburrirme. Todas las personas de mi alrededor eran ancianos, no me malinterpreten, fueron los mejores maestros que tuve y sin duda los más sabios, pero luego de que el horario de prácticas acababa no había mucho más que hacer.
"En Ba Sing Se fue muy diferente porque, como yo, venían jóvenes de las cuatro naciones a entrenar, sobretodo maestro fuego y tierra. Así que podía hablar, entrenar y sobretodo escabullirme por las noches con personas de mi edad. Recorrimos la muralla, vimos las estrellas, a veces íbamos a un par de bares, fue sin duda la ciudad en la que más me divertí y las personas… — Korra se quedó en silencio un momento, como si recordara algo nostálgico, sus ojos dibujaron una sonrisa triste e imperceptible para la gran mayoría de los presentes, menos para una.
—¿Estas bien? — La suave voz de la ojiverde trajo a Korra a la realidad. Sus distantes pensamientos se evaporaron en el aire, y se encontró con la mirada ligeramente preocupada de Asami, era la primera vez en toda la noche que se dirigía directamente a ella.
—Sí. —Le dedicó su sonrisa más sincera. — Tranquila. Sólo me distraje. —
—Se te olvidó mencionar a todos los cadetes que expulsaron gracias a ti, supongo que también se te hizo muy divertido. — Iroh al fin se había dignado a hablar, parecía resentido por algo. Su tono era amargo y áspero. Su comentario sorprendió a todos. Menos a Korra.
—No fue mi culpa que los cadetes a tu cargo no hayan logrado contenerse. Quizás si les hubieras dado un poco de libertad desde el principio no hubieran terminado metiéndose en problemas. — Korra respondió con el mismo veneno que el general, y le sostenía la mirada.
—Si no les hubieras metido esas ideas tontas en la cabeza, haciéndoles creer que no habría consecuencias. — Iroh se mantenía firme, no perdía la compostura, pero su tono seguía siendo severo, cortante.
—Iroh, ya hemos tenido esta discusión. Yo no estaba con ellos esa noche, y lo sabes. — Las miradas viajaban de un lado a otro, la confusión era la principal expresión en el rostro del resto de los presentes. Y el tono de Korra había bajado a ser más un escudo que una lanza. Todo había ocurrido tan rápido y de la nada que había sido difícil para el resto intervenir o si quiera entender. Parecía un asunto personal.
—Por supuesto que no. — Dijo por fin con una sonrisa amarga. —Estabas garantizando la expulsión de otra cadete, mejor sentirse culpable por una que por cinco ¿no? — La mirada de Korra fue de un infinito odio. No por las cosas que le reprochaba, estaba acostumbrada a que tarde o temprano le sacara ese asunto a la cara, pero nada le daba derecho a hacerlo frente a sus amigos. Frente a Asami.
La ojiazul iba a defenderse, aun sin saber muy bien lo que iba a decir, pero Asami adivinó sus intenciones.
—Basta. — Susurró la pelinegra y la castaña se sintió derrotada.
General 1 Avatar 0
—Con permiso, necesito ir al tocador. — Con un tono decepcionante, Korra se levantó y se fue.
Mako miró con ira a Iroh, pero éste ya estaba siendo reprendido, por la mirada más venenosa del universo, y la voz más contundente del mundo.
— ¿Qué demonios pasa contigo? — Asami estaba sorprendida, no solo por la repentina discusión que habían tenido esos dos, sino porque así no era Iroh, y así no era Korra. Iroh no era del tipo de gente que ataca verbalmente a otra persona, no era imprudente, no era testarudo, siempre había sido un caballero, uno muy respetuoso y prudente. Y por supuesto Korra no era del tipo de persona que se queda sin nada que decir, siempre tenía con qué defenderse, ese tipo de cosas no podían herirla, no a ella, al menos que se sintiera culpable por algo, al menos que supiera que de verdad la otra persona tenía razón.
Mako intentó levantarse para ir detrás de Korra, pero su acción sólo ganó una reprimenda por parte de la ingeniera, quien lo miró con la misma mirada venenosa y le habló con el mismo tono contundente con el que le había hablado al general.
—Tú te quedas aquí. — Hizo pausa mientras se levantaba. —No puedes entrar al baño de chicas. — Fue la primera excusa que se le ocurrió. Y el maestro fuego, como un niño que acaba de ser regañado se limitó a asentir.
Asami no se molestó en ir al baño, sabía que Korra no estaría allí. Sin embargo, subió las escaleras al segundo piso, cruzó a la izquierda, siguió por un no tan largo pasillo, esta vez cruzó hasta la derecha y caminó hasta conseguirse con unas cortinas rojas; ocultas detrás de ellas unas enormes puertas daban irónicamente a un pequeño balcón escondido.
—Sinceramente no pensé que fueras a venir. — A Korra no le hizo falta voltear para saber quién había salido al balcón. En cambio, tenía la mirada sumergida en algún punto en el horizonte, donde el no tan extenso patio se extendía hasta un pequeño muro, detrás del muro el mar y erguido sobre el mar; estaba la estatua del Avatar Aang, su predecesor.
—Yo tampoco lo pensé, cuando me di cuenta mis pies me estaban guiando a nuestro escondite. — Asami se colocó a su lado, dejándose perder en el mismo punto en el vacío. Habían descubierto el lugar muchos años antes, conocían muchos lugares secretos en toda Ciudad República —El no suele ser así. — Korra sonrió amargamente, lo estaba defendiendo, de nuevo.
—Asami, no tienes por qué justificarlo. De verdad, son sólo viejos rencores. — La voz de Korra sonaba apagada, tranquila, estaba pensando en algo.
—¿Me contaras que sucedió? — Korra sonrió con picardía, vergüenza y culpabilidad.
—En las tribus aguas entrené con los ancianos, en la nación del fuego con los profesores de una academia de elite, con los nómadas aire con todos los niños que aprenden el aire control. Pero Ba Sing Se era un cuartel. No entrenaban a niños, o a alumnos, entrenaban a militares. Por ende, las reglas eran mucho más inflexibles, eran más riguroso y … Bueno…
"Conocí a alguien que me enseñó como escabullirme, y resulta que no era muy difícil. Por su puesto, estaba prohíbo salir del cuartel después de determinadas horas, y mucho menos para dirigirse a los lugares que nosotros nos dirigíamos. Pero eso lo hacía más divertido, terminábamos en algún bar, o en alguna fiesta. Pero lo mejor era cuando subíamos a la muralla. Desde ahí todo se ve tan pequeño. Y a la vez tan inmenso". —
—Eso suena más como una cita romántica que como una noche de fiesta con tus amigos. — Asami no puedo evitar el comentario. Sabía que Korra no le contaría todo, y eso la molestaba un poco.
—Puede que a veces lo fueran. — Dijo intentando restarle importancia, con voz nerviosa y apresurada.
Asami no pudo evitar pensar que de seguro Korra estuvo con más personas. Y de repente algo dentro de ella incomodó, si quiera pensar en Korra con otra persona, era una sensación horrible. Pero ya habían pasado más de cuatro años desde la última vez que se vieron, que estuvieron juntas. Así como ella de seguro la castaña habrá encontrado a más de un pretendiente dispuesto a compartir sus días y noches. Después de todo Korra era divertida, alegre, entusiasta, tenía un carácter un poco fuerte, pero eso sólo marcaba su personalidad. Tenía buen cuerpo y por dios que era hermosa.
Asami negó con la cabeza al encontrarse pensando en todo aquello, intentando alejar todos esos pensamientos, Korra pareció notarlo, pero sólo sonrió para ella.
—¿Así que tuviste muchas citas? Supongo que también te habrás echado novio en algún punto. — Increíblemente y para sorpresa de ambas, la ojiverde habló como si ese hecho no le importara en lo absoluto. Pero la repentina tranquilidad de la ingeniera sólo ponía más nerviosa al avatar.
Korra dudo antes de responder.
—Novia, para ser más exacta. — Al fin dedicaba una mirada a la empresaria. Una mirada expectante.
El último comentario de Korra si la había descolocado por completo. "Así que le siguieron gustando las chicas después de todo", pensó. Eso sólo logró ponerla más incómoda.
—Oh, eso si no me lo esperaba. — Esta vez no sonaba tan segura como antes. —Pero ¿qué pasó para qué expulsaran a esos cadetes? — Se apresuró a cambiar el tema.
—Una de esas tantas noches, cinco de los cadetes que estaban a cargo de Iroh se escaparon, como ya hacían varios otros cada vez que podían. Y no era como si los oficiales superiores no lo supieran, sólo que se hacían los desatendidos. Pero se pasaron de la raya, uno de ellos bebió de más y lo atraparon en una pelea, él junto con los otros cuatro cadetes que lo acompañaron fueron expulsados. —
—¿Y si tú no estaba ahí, por qué Iroh la toma contra ti? —
—Porque él estaba convencido de que yo estaba esa noche con ellos. Siempre estaba con ellos. Pero esa noche no, si hubiera estado con ellos no hubiera dejado que se metieran en problemas. —
—¿Entonces? — Asami empezaba a encajar piezas.
—Mandó a qué buscaran en mi habitación. Yo no tenía idea de lo que había pasado, ni mucho menos me imaginaría que irrumpirían así…— En este punto de la conversación Korra ya se empezaba a sentir incomoda. — Está prohibido bajo cualquier término mantener relaciones sentimentales o se…—
—Ya entendí. — Asami la cortó enseguida, no lo quería escuchar, ya había encajado las piezas suficientes. —Entonces expulsaron a la chica que estaba contigo. — Sentenció. —Y a ti no, porque…—
—Porque no puedes expulsar al Avatar. — Korra aún se sentía culpable. Asami se sentía incomoda.
Estuvieron un par de minutos así.
—Creo que es la primera vez desde que te conozco que un silencio se me hace tan incómodo. — Asami trataba de relajar el ambiente.
—En mi defensa, tú preguntaste. Y Dios sabe lo pesada que te pones cuando no te respondo algo. — La ojiazul al fin sonreía de nuevo.
—No sabía que el Avatar me tenía miedo. — La ingeniera volteo a verle con provocación.
—Por favor Sato. — El Avatar empezó a reír como una niña a la que le acababan de contar un chiste. — Tú eres la que huye cada vez que me acerco lo suficiente. — Y ahí estaba su don para cambiar de una niña divertida por un chiste a una mujer con anhelo y deseo en su mirada. —Y mira que venir detrás de mí, al rincón más escondido de todo este lugar, fue imprudente. — Hizo una pausa para acercarse peligrosamente a Asami. — Caíste en mi trampa… y ahora te tengo sólo para mí. — Sus palabras habían salido de su boca sin pensarlo, así funcionaba ella.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Asami, desde la punta de los dedos de sus pies hasta la última hebra de cabello, desde los recuerdos más enterrados en el fondo de su memoria hasta los más recientes, desde su fingido autocontrol, hasta el deseo más reprimido en el fondo de su corazón.
Y entonces te aferraste a ese orgullo que has estado cultivando desde que te conozco, te aferraste a él con las manos, los pies, las garras y los dientes. Y no pretendías soltarte, no todavía. Te reíste como si de un chiste se tratara, te reíste porque fue la opción más fácil. No ibas a huir, esta vez no, esta vez creías estar lista para enfrentarme. Detuviste mi avance con tu mano.
—No me digas que montaste todo el numerito sólo para que viniera por ti, hay que ver que estás desesperada. — Me alejé al sentir el contacto de tú mano, mentiría si digera que no estaba tan nerviosa como tú, que no me sentía tan insegura como tú y que no estaban a punto de temblarme las piernas tanto como a ti.
—Funcionó, qué es lo importante. — Y volví a sonreír como tanto te gustaba que lo hiciera, con esa sonrisa de medio lado que daba la ilusión de que tenía todas las respuestas, cuando en realidad no tenía ninguna. Pero tú mirada me hizo entender que esa no era la sonrisa que esperabas, buscabas algo más en mi mirada ¿Respuestas?
Me alejé un poco más al notar que el ambiente había vuelto a cambiar, me hizo preguntarme si así éramos siempre, podíamos pasar de una charla de consolación a la incomodidad, luego a tomárnoslo en broma y después a la seriedad. Así era nuestro pequeño caos.
—¿Qué quieres de mí? — Preguntaste, cambiando por completo el rumbo de la conversación. Sin darte cuenta dejaste que tu incertidumbre te dominara, me dejaste ver tus dudas y respondértelas. —¿De verdad vienes buscando retomar tu relación conmigo donde la dejaste? ¿De verdad estas esperando qué vuelva contigo? —
Tú última pregunta sonó tan amarga que tuve miedo de responder. Y dudé. En ese minuto de duda tú tuviste miedo. Tuviste miedo de escuchar la respuesta, así que fingiendo que te habías cansado de esperarla te dispusiste a irte.
Te tomé del brazo.
—Sí. — Esperaste. — No puedo retomar nuestra relación donde la dejamos. Eso lo sé, no busco que de la noche a la mañana todo vuelva a ser como antes, y no sé cuánto tiempo tenga que pasar para que me perdones. Pero… —
—Tengo novio…— Me cortaste. Como si aquello fuera una gran revelación.
—No me importa. — Respondí.
—Sí importa, ¿O crees que sólo importa qué te perdone? Aunque te perdonara aún tengo una vida ya hecha. Y una relación mucho más estable de lo que nunca la tuve o tendré contigo. ¿O es que no lo ves? —
—Auch. — No te inmutaste aun cuando te diste cuenta de que me habías hecho daño, no darías tu brazo a torcer, seguías viéndome con ojos firmes.
Se me ocurrieron mil argumentos, mil ejemplos, mil palabras. Pude haberte dicho cualquier cosa. Pero no querías escuchar nada, no ibas a escuchar nada. Así que actué. Te llevé hasta la pared que tenías detrás de ti. Y con esa falsa confianza que tanto sé fingir, hablé.
—Explícame Sato, entonces ¿por qué tu respiración se acelera tanto cuando me acerco a ti? ¿Por qué tu cuerpo se tensa tanto cuando me tienes cerca? ¿Por qué miras mis labios y deseas que lo haga? — Sonreí con malicia.
—Ni se te…—
Pero ya era tarde, te había besado.
Lo hiciste, y te odié por eso. Te odié como posiblemente nunca te había odiado. Te odié porque te habías ido y me habías dejado. Te odié porque nunca me escribiste. Te odié porque me daban celos ver como Mako te miraba. Te odié por volver, porque volviste mi mundo de cabeza con sólo tu presencia y un par de días en la ciudad. Te odié porque te veías increíblemente hermosa en ese vestido. Te odié porque tenías esa expresión de seguridad que tanto podía exasperarme, aun después de todo lo que te había dicho, de que te lastimara, aún seguías teniendo esa mirada, aún me seguías mirando como si te perteneciera, como si al final supieras que te saldrías con la tuya. Pero sobretodo te odié por besarme y demostrarme que tenías razón.
El contacto de los labios de Korra me sacó de la realidad y me trajo a ese mundo de fantasía y finales felices al que tanto le intenté huir. Mentiría si dijera que fui capaz de resistirme, empujarla para que se detuviera y darle una buena reprimenda. Pero no fue así, y dudo que de haber sido así algo hubiera cambiado. Era tan terca como sólo ella podía serlo.
No pude evitar corresponderle, nuestros labios se juntaron y encajaron perfectamente, como siempre lo hacían, como si hubiera sido ayer la última vez que se habían encontrado. Korra me tomó por la cintura para acercarme más a ella y yo rodee mis brazos alrededor de su cuello, nos separamos de la pared que tenía a mis espaldas y terminamos en el otro extremo, podía sentir como sonreía cada vez que nuestros labios se separaban unos segundos para volver a juntarse de nuevo. No pasó mucho tiempo antes de que el calor se apoderara de mi cuerpo, una de las manos de Korra bajó hasta donde mi vestido terminaba y ahí fue cuando la detuve. Ahí fue donde decidí tomar el último tren de vuelta a la realidad que quedaba, aún no estaba lista para quedarme en ese lugar de fantasía y finales felices.
—Basta. —No hizo Falta que Asami apartara a Korra. Korra ya había probado su punto. —Ni se te ocurra hacer eso de nuevo. — La ojiazul sólo sonreía.
—Sabes que volverá a pasar. — Su tonó de seguridad, de nuevo. Eso descolocaba por completo a Asami. Quien se dispuso a irse por fin. —Ah, Sato. — Asami volvió a voltear, ya algo molesta por toda esta situación, molesta con Korra, pero sobretodo con ella misma.
—¿Qué, Korra? — El tono hostil de la ingeniera sólo le hizo la escena más divertida a la ojiazul.
—Deberías ir a retocarte el maquillaje. — El rostro de Asami se encendió como una bola de fuego, se sentía tan infantil. Pudo notar en los labios de Korra residuos de su labial.
Pero no les dio tiempo de ir a retocarse, una explosión proveniente del salón principal las sacó de su momento. Gritos de personas confirmaron sus sospechas.
—Están atacando la fiesta. — Comentó Asami, mientras sacaba de su entrepierna y sujeto con un liguero su prototipo nuevo de guante eléctrico.
—¿Siempre llevas eso ahí? — Preguntaba Korra mientras salían a toda prisa del balcón.
—Mujer precavida vale por dos. —Comentó sonriendo, corrían hacia el salón principal.
—Pero Asami precavida vale por un ejército. —
Al llegar al piso de abajo, estaba hecho un caos, el polvo cubría gran parte del salón principal, la gente que no estaba acostumbrada a pelear estaba escondida o refugiada. En uno de los extremos Tenzin y su familia se defendían junto con los padres de Korra, Lin demostraba que no estaba para nada oxidada en otra de las esquinas con sus oficiales de confianza.
Los hombres que irrumpían el lugar estaban vestidos por completo de negro, con ese tipo de ropa que permitía una mayor libertad de movimiento y máscaras blancas con diseños tribales que cubrían sus rostros. Entre ellos podías encontrar de todo, por un lado, maestros agua, tierra y fuego atacaban, por el otro maestros metal y no maestros trabajando en equipo, incluso les pareció haber visto entre sus enemigos a un par de maestros aire. Nadie sabía que estaba ocurriendo. Hasta que Mako, Bolin y Opal aparecieron.
Bolin levantó un muro de piedra frente a ellos mientras Mako se cubría y contraatacaba.
—Korra, tienes que llevarte a Asami. — Comentó Bolin, sin quitar la vista de los hombres que ahora los atacaban.
— Vienen por ella. — Completó Mako, antes de soltar una ráfaga de fuego contra sus atacantes.
Y hasta aquí llegamos. No se olviden de comentar, que leerles es como el combustible que mueve a mis dedos a teclear. Cualquier cosa es bien recibida: quejas, dudas, comentarios, fingirleo, criticas, cualquier cosa, en serio. comentarios fuera de lugar, peticiones. Cualquier cosa que escriban para mi es genial.
Sin más que decir, nos leemos en el próximo capitulo.
