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Visitas inesperadas
- ¡Soy el hombre más feliz sobre la tierra! – gritaba por milésima vez Ron Weasley al tiempo que él y Harry salían de su habitación con rumbo a la cocina para comer algo.
- Y yo soy el hombre más cansado sobre la tierra – anunció Harry para después bostezar. Tras el pequeño encuentro de Ron y Hermione durante la madrugada, Harry no pudo volver a dormir gracias a su amigo que no paraba de hablar y decir cosas que ni siquiera tenían que ver con el tema. Harry se sentía muy feliz por sus dos amigos, pero después de tres horas sin poder dormir, realmente había comenzado a desear que los dos siguieran peleados e ignorándose.
- ¿Si estás cansado porque nos levantamos? – pregunto Ron inocentemente a lo que Harry solo se limitó a mandarle una mirada asesina. Eran las seis de la mañana, por lo menos faltaba una hora para que la señora Weasley se levantara para prepararle el desayuno a su esposo que debía de llegar al trabajo temprano.
- Buenos días, chicos – saludo una voz detrás de ellos. Ambos muchachos giraron la cabeza para ver a Hermione cerrando la puerta de su habitación, donde Giny aún se encontraba dormida – No sabía que fueras capaz de levantarte a estas horas, Ron.
- No durmió, ni me dejo dormir – explicó Harry.
- Pero que inconciente eres, Ron – lo regaño Hermione.
- ¡Es que estoy tan emocionado! – soltó Ron abrazando a Hermione por detrás.
- Yo también, pero no por eso me la pase toda la noche sin dejar dormir a Giny – puntualizó Hermione girándose para quedar de frente a Ron. Harry dio media vuelta y dejo a sus amigos solos. Preveía que de ahora en adelante pasaría más tiempo solo, tomando en cuenta que esos dos desearían tener su propio espacio.
- Extraño a Luna – susurro mientras entraba al comedor.
Fue ahí que vio una escena que lo dejo helado. Cerca de la puerta-ventana se encontraban dos cuerpos acostados. Como no podía verles la cara, la mente paranoica de Harry enseguida pensó en un ataque, provocando que sacará su varita. Se acercó lentamente al lugar y cuando al fin pudo ver de quienes se trataba y que, mucho más importante, respiraban, soltó un suspiro de alivio y a la vez de confusión. Eran Sirius y Melisa, sin embargo, lo que más sorprendió a Harry fue la forma en la que se encontraban. Sirius estaba desparramado en el suelo mientras con un brazo rodeaba a Melisa por la cintura, al tiempo que ésta se encontraba pegada a él con su cabeza recostada en el pecho de Sirius.
- Oye, Harry, no te vayas así – pidió Ron entrando junto con Hermione al comedor – si lo haces nos sentiremos culpables.
- ¿Qué ves? – pregunto Hermione interesada mientras se acercaba a ver la escena.
- ¿Qué hacen aquí? – pregunto Ron viendo lo que Harry y Hermione veían.
- No sé – respondió Harry - ¿los despertamos?
- Yo creo que si, antes de que alguien más los vea y esto se convierta en el tema del día – indicó Hermione. Harry asintió, se acerco a Sirius y comenzó a zarandearlo levemente, mientras lo llamaba.
- Cinco minutos más – pidió Sirius adormilado.
- Sirius, estás en la cocina – indicó Harry sin dejar de mover a su padrino.
- ¡¿En la cocina?! – saltó Melisa despertándose tan sorpresivamente que provoco que Harry, Ron y Hermione se cayeran para atrás y que Sirius despertará. Melisa volteo a ver a Sirius para después ponerse completamente roja – Voy a arreglarme - se puso de pie y camino hasta la puerta donde se detuvo y se giro a ver a Harry - ¡Feliz cumpleaños, Harry!
- ¿Feliz cumpleaños? – repitió Harry sin comprender el significado de eso.
- Es cierto, hoy cumples diecisiete años – señaló Sirius poniéndose de pie y acto seguido abrazo a Harry – Legalmente ya eres mayor de edad.
- Se me había olvidado por completo, Harry, perdóname – se disculpo Ron avergonzado en cuanto Sirius y Harry se separaron.
- No te preocupes, yo tampoco me acordaba – admitió Harry.
- Solo a ti se te olvida un día tan importante – lo regaño Hermione tomando el lugar de Sirius abrazando a su amigo.
- Hay que hacer fiesta, no todos los días uno cumple diecisiete años – propuso Sirius y mirando a Ron y Hermione añadió – además no es la única cosa que se debe celebrar.
- ¿A qué te refieres? – pregunto Ron.
- A que ustedes dos ya son novios, ¿o no? – señaló Sirius con una sonrisa picara.
- ¿Cómo te enteraste? – pregunto Hermione sorprendida – se suponía que apenas les diríamos hoy.
- Estaba tranquilamente comiendo helado aquí – señaló el punto donde minutos atrás él y Melisa estaban durmiendo – cuando de repente escuche gritos, así que sin querer me entere de todo, y supongo que con los gritos que se echaron no fui el único.
- Genial – dijo Hermione sonrojándose un poco.
- ¿Y tú y Melisa qué hacían aquí? – preguntó Ron en retahíla.
- Pues, después de que ustedes se metieran de nuevo a sus cuartos ella llego aquí quejándose de insomnio – comenzó Sirius – nos pusimos a platicar y nos quedamos dormidos.
- Ah – dijo Ron algo decepcionado, esperaba descubrir algo mejor.
- Buenos días – saludo la alegre voz de la señora Weasley entrando en la cocina – No me esperaba que ya estuvieran despiertos. ¡Oh, Harry, feliz cumpleaños! – lo felicitó y abrazó. Se separó de él y tomo cu cabeza entre sus manos – Espero que entiendas lo que significa ser mayor de edad.
- Si, señora Weasley, lo entiendo – le aseguró Harry haciendo que los ojos de la señora Weasley se llenaran de lágrimas.
- Crecen tan rápido – soltó en forma de lamento, le dio un beso en la mejilla y fue a la cocina. – Debemos de preparar todo para la fiesta de esta noche.
- No es necesario una fiesta – habló Harry rápidamente.
- Por supuesto que si, no todos los días se cumple la mayoría de edad – expresó la señora Weasley desde la cocina.
- Estoy completamente de acuerdo – apoyó Sirius.
- Oye, Harry, haz tu primer hechizo – pidió Ron emocionado. Harry asintió, sacó la varita y pensó en algo bueno que hacer, al fin y al cabo era el primer hechizo que podría hacer sin temer ser expulsado de Hogwarts. Entonces se le ocurrió algo perfecto.
- ¡Accio regalos! – exclamó Harry. Bastaron solo segundos para que un gran número de paquetes entraran por la puerta-ventana del jardín y cayeran perfectamente acomodados en la mesa del comedor.
- No se me hubiera ocurrido algo mejor – aplaudió Sirius al tiempo que los cuatro se acercaban a la mesa.
Harry cogió uno a uno los regalos abriéndolos. Ron le regaló un gran libro con la historia entera del quidditch; Hermione un libro titulado "El juego de la vida y cómo jugarlo" de un autor muggle que él no conocía; Sirius, sorprendentemente, le regalo una snitch; los señores Weasley le dieron un reloj de oro que al reverso tenía su nombre y la fecha de ese día, regalo tradicional en la familia Weasley; Giny una dotación de dulces de Honeyduckes; Fred y George una dotación de Sortilegios Weasley; Remus y Arabella le dieron una brújula de oro, que, según la tradición de la familia Figg, se le daba a los que llegaban a la mayoría de edad para que no perdieran el camino; Alexi y Peter le regalaron algo parecido a una Profecía en la que se podía leer, gracias al humo de su interior, la oración "¡Feliz cumpleaños 17, Harry!"; y por último, el regalo de Melisa fueron unos googles con extrañas letras dibujadas en los bordes de los lentes. Pero, sus sorpresas de cumpleaños estaban lejos de terminar. Después del desayuno, Sirius se las había encargado para cerrar todas las ventanas que daban al patio y hacerles un hechizo mediante el que no se pudiera ver a través de ellas, recluto a los gemelos, a Bill (que acababa de llegar a la Cascada), a Remus, a Peter, a Alexi y a Mundungus (que también fue tomado desprevenido por Sirius) y juntos se encerraron en el jardín sin dar explicaciones de ningún tipo, aunque Harry pudo notar cierta mirada de complicidad entre los merodeadores cuando dicho proceso comenzó. Por otra parte, ni Harry, ni Ron, Hermione o Giny, tuvieron la oportunidad de investigar que era lo que estaban haciendo en el jardín, pues Melisa de inmediato los mando a vestirse y arreglarse para salir a pasear. La mañana y gran parte de la tarde se la pasaron recorriendo uno tras otro centro comercial que existiera en Londres y de cada uno salían con más y más bolsas. Sin duda alguna, Melisa se estaba haciendo cargo de lo que Hermione llamó "distracción". Sin embargo, y a pesar de que se la estaba pasando de lo mejor, algo inquietaba mucho a Harry: hasta ese momento no había recibido nada de Luna, ni una felicitación o un regalo, nada. Y eso lo preocupaba demasiado. Sabía que Luna era despistada, pero no era olvidadiza, además las últimas semanas ambos mencionaron varias veces el cumpleaños de Harry en las cartas que se mandaban diario, así que, la falta de algo de su parte lo hacia inquietarse.
- No te preocupes, ya vas a ver que estará esta noche en tu fiesta – lo tranquilizó Ron mientras iban de regreso a la Cascada. Todos ya se habían dado cuenta de lo nervioso que se encontraba el cumpleañero – tal vez te tiene una sorpresa que solo te puede dar en persona.
- Tal vez – dijo Harry en un intento fallido por tranquilizarse.
- Si algo le hubiera pasado a Luna ya lo sabríamos, Harry, así que no te preocupes en vano – hablo Melisa desde el volante de su camioneta.
- Melisa tiene razón, ese tipo de información es lo primero que se sabe en estos días – apoyo Hermione refiriéndose a las amarillistas páginas del Profeta donde cada día se daba la noticia de una nueva desaparición o una muerte descubierta.
Eran alrededor de las seis de la tarde cuando regresaron a la Cascada. Lo que fuera que estuviera en el jardín ya estaba listo, pues los implicados se encontraban adentro preparando todo para la fiesta de esa noche. Tomando como escusa que la fiesta debía de ser una sorpresa para él, Harry no dudo en plantarse en el vestíbulo esperando a que en cualquier momento entrara por aquella puerta Luna.
- Harry, creo que alguien te espera en nuestro cuarto – le indico Ron algo conmocionado minutos después de haber tomado su lugar en el vestíbulo. Harry se paro con la velocidad de un rayo y salió corriendo rumbo a su cuarto, cuya puerta estaba abierta. Entro y al instante sintió una mezcla de sentimientos: desilusión e intranquilidad porque no se trataba de Luna y sorpresa por ver quien era. Se trataba de la majestuosa ave fénix de Dumbledore, Fawkes, que llevaba en su pico un sobre de color blanco. El muchacho se acerco y cogió el sobre al tiempo que acariciaba la cabeza de Fawkes. Se sentó a un lado del fénix en su cama, abrió el sobre, saco la carta de su interior y antes de empezar a leerla pudo reconocer la inconfundible caligrafía de Albus Dumbledore. Leyó
Querido Harry:
Puedo asegurar que si estás leyendo esto significa que yo ya he muerto. Esta carta la he escrito en caso de eso.
No puedo explicarte con palabras muchas cosas, solo quiero decirte una sola: se fuerte, nunca te rindas, no permitas que Voldemort te haga menos, porque no lo eres. Tú eres un gran mago, Harry, y una gran persona también. Estas destinado a un futuro terrible, pero sé también, que después de cumplirlo, te merecerás uno hermoso. Tienes a una gran familia, a los que tus padres escogieron especialmente para ti, no los desaproveches, y si es posible, ayúdalos a ellos a no desaprovechar esta oportunidad. No te separes de tus amigos, porque de ellos has de sacar toda la entereza que necesitaras próximamente. Disfruta de cada momento con Luna, esos serán los más importantes y los que más te impulsarán para llegar a tu meta. Deja a un lado los momentos tristes, bórralos de tu mente y llena esos huecos con momentos felices. Vive tu vida.
Y por último, y como una despedida, quiero que sepas lo mucho que te quiero, Harry. Me iré de este mundo, pero seguiré en el otro haciendo lo que hacia en este: cuidarte.
Con cariño, Albus Dumbledore.
PD. Espero que no te importe hacerte cargo de Fawkes, puede ser muy útil en ciertas situaciones.
Harry dejo a un lado la carta para después limpiarse las lágrimas que habían comenzado a escurrir de sus ojos. Jamás se había esperado algo así y menos el día de su cumpleaños. Levanto la mirada para encontrarse con la del fénix.
- Espero que te lleves bien con los hipogrifos, porque aquí vive uno – comento Harry con una sonrisa acariciando de nuevo la cabeza del ave, a lo que esta lanzo un dulce silbido.
- Oye, Harry, ¿listo para tu gran sorpresa de cumpleaños? – dijo Sirius musicalmente entrando en la habitación. En cuanto se percato de la presencia del fénix se acerco extrañado - ¿Es Fawkes?
- Si, Dumbledore me lo dejo – respondió Harry acercándole la carta a Sirius. Canuto la tomo y la leyó. Harry pudo notar como cambiaba la expresión de su padrino conforme la leía. Al finalizar, le regreso la carta a Harry.
- Pues espero que se lleve bien con los hipogrifos o esto se va a poner muy mal – río Sirius aunque sus ojos se veían algo empañados.
- Justamente, pensé en lo mismo – sonrió Harry poniéndose de pie - ¿Y cuál es mi gran sorpresa?
- Ya verás – dijo Sirius haciéndole una seña para que saliera. Harry le ofreció su brazo a Fawkes y este se poso en el majestuosamente. Ambos magos salieron del cuarto. Las puertas-ventanas ya estaban abiertas y descubiertas, pero aún así, Harry no notaba nada interesante en ello, exceptuando a un Ron y una Giny ya afuera y completamente emocionados. Salió al jardín y de inmediato comprendió porque la emoción. Sirius y sus cómplices habían convertido el jardín de la Cascada en un campo de quidditch, casi del mismo tamaño que el de Hogwarts, con sus tres aros suspendidos de cada lado e incluso, al centro del jardín, se encontraba una caja con un quaffle y dos bludgers que intentaban desesperadamente salir despedidas de ahí.
- No puedo creerlo – soltó Harry después de salir del shock.
- Este es tu regalo de parte de dos personas que no pudieron estar aquí hoy – explicó Sirius ganándose la atención de Harry – Sé que seguramente, tu padre bromeaba cuando lo decía, pero como fue lo único que dijo al respecto, lo tome literalmente.
- ¿A qué te refieres? – pregunto Harry sin entender.
- Una vez James dijo que cuando cumplieras la mayoría de edad él te compraría un campo de quidditch para ti solito, por supuesto que detrás de ese regalo estaban sus segundas intenciones, pero eso no importa ahora – indicó Sirius – por otra parte, Lily, lo regaño por pensar en algo tan tonto como eso para festejar el día más importante en la vida de su hijo, así que ella propuso que te regalarían esto – Sirius saco una foto algo arrugada de su bolsillo y se la entrego a Harry – De parte de tus padres, Harry, ¡Feliz cumpleaños!
Fawkes salió volando hacia donde estaban Hedwig y las demás lechuzas descansando para dejar a Harry coger la foto. La tomo y la observo por un momento. En ella salían dos jóvenes de veinte años, ambos radiantes de felicidad. Era un hombre, de cabello negro azabache demasiado desordenado y ojos cafés que abrazaba con dulzura a una mujer hermosa, de cabello rojo que resplandecía y ojos verde esmeralda, que llevaba entre sus brazos un pequeño bulto desde el que se podía ver a un pequeño bebé dormido.
- Es su primera foto de familia. Se la tomaron el día que Lily salió del hospital – señaló Sirius – Melisa logró rescatarla de entre los escombros de la casa una semana después de todo.
Harry miro la foto, después el campo de quidditch y por último a su padrino. Esto era más de lo que esperaba para su cumpleaños. No eran los regalos, sino lo que significaban, y esos dos, sin duda alguna se habían sacado el primer lugar. Le costo mucho no derrumbarse enfrente de todos, aunque no pudo evitar que algunas lágrimas resbalaran por sus mejillas. Sirius le paso un brazo por los hombros.
- Supongo que querrás usar tu regalo de cumpleaños, y creo que ellos también – soltó Sirius. Harry gritó a ver a sus amigos que veían maravillados el recién construido campo de quidditch. Después volteo a ver a Sirius para darse cuenta de que él también estaba llorando. Para el tampoco debía de ser fácil ser el emisario de su mejor amigo.
- No creo que sea un día para llorar, no creen – dijo la voz de Melisa detrás de ellos. Ambos la voltearon a ver. Llevaba en sus manos la Saeta de Fuego de Harry – al fin y al cabo, no todos los días se cumplen diecisiete años.
- Tienes razón – aceptó Harry tomando su Saeta de Fuego de manos de Melisa, al tiempo que ella cogía la foto de las suyas.
- Yo me llevo esto a tu cuarto – le anunció con una sonrisa. Harry siguió su ejemplo y camino hacia sus amigos; bastaron segundos para que todos los hermanos Weasley corrieran por sus respectivas escobas. Melisa miro a Sirius a los ojos – Yo creo que James estaría muy orgulloso.
- Como no, si Harry es un chico estupendo – apoyo Sirius.
- Yo no me refiero a Harry, me refiero a ti – corrigió Melisa antes de salir en dirección al cuarto de Harry. Sirius la siguió con la mirada extrañado por su comentario.
En cuanto todos regresaron con sus escobas al jardín y después de que Jacome le encontrara una escoba a Hermione para que también jugara (a pesar de que la muchacha se negara, al final fue convencida por Giny y Ron) el grupo se dividió en dos equipos: uno con los gemelos y Giny y el otro con Harry, Ron y Hermione. Fred tomo el puesto del guardián, al tiempo que Ron tomaba el mismo puesto en la cancha contraria, George y Hermione quedaron como cazadores y Harry y Giny como buscadores; se había optado por no dejar salir a las bludgers, más por petición de Jacome, que no quería destrozos en su remodelado hogar, que por otra cosa. El juego comenzó con cierta desventaja para el trío, ya que Hermione, aunque sabía las reglas del quidditch, no era una experta en jugarlo, pero después de veinte minutos de juego, fue capaz de anotarle un tanto a Fred, anotación que fue festejada por todos con aplausos. Sirius había tomado el puesto de comentarista al lado de Remus, al que consecutivamente atacaba con chistes relacionados con bodas. El juego se extendió por largo rato, pues la snitch (la misma regalada por Sirius) había tomado provecho de encontrarse en un lugar cerrado y se escondía en lugares incluso dentro de la casa.
- No sabía que tenían un campo de quidditch dentro de la casa – hablo un voz con tono soñador detrás de los espectadores que había tomado asiento en la entrada del comedor. Todos giraron para ver a una Luna vestida estrafalariamente: un largo vestido de un color verde chirriante, cortado en la cintura por un lazo de color naranja intenso. Su largo y despeinado cabello lo tenía sujetado con una pinza que tenía la forma de un rábano, al igual que sus ya conocidos pendientes de rábano, que también llevaba puestos. Por último llevaba unas botas gruesas como de explorador.
- No lo teníamos hasta hace unas horas – dijo Sirius.
- Me alegra que llegaras, Harry estaba muy preocupado – le informo Melisa.
- ¿Por qué? – pregunto Luna sin entender la razón de la preocupación de su novio, mientras no quitaba sus ojos de él.
- Como no llego ningún regalo tuyo pensamos que algo te había pasado – explico Arabella.
- Ah – dijo Luna asintiendo mientras se sentaba al lado de Melisa en el suelo.
- ¿No quieres una silla? – le pregunto Bill amablemente poniéndose de pie. Luna negó.
- Uno debe de tener contacto con la madre tierra – respondió Luna a lo que la gran mayoría se vio entre si.
- ¿Cuánto más durara esto? – pregunto la señora Weasley poniéndose de pie – ya casi es hora de cenar.
- Hasta que Harry o Giny encuentren la snitch, son las reglas del quidditch – respondió Sirius con seriedad.
- En ese caso nos tardaremos una semana – se quejo la señora Weasley entrando en la casa.
- No necesariamente – dijo Melisa viendo la cabeza de Luna. Le quito el micrófono inventado a Sirius y hablando a través de él – Harry, ya llegó Luna.
Harry se congelo en el aire y giro para ver a Luna que le sonrió y lo saludo. Harry sintió como si un peso se le quitara de encima. Y entonces lo noto, había algo resplandeciente que daba vueltas sobre la cabeza de Luna. O ya estaba alucinando y veía a Luna como una ángel con su aureola o… Demasiado tarde, Giny ya se había volcado sobre Luna. Harry hizo lo mismo pero Giny ya le llevaba ventaja y llego antes agarrando la snitch que volaba sobre la cabeza de su amiga. Luna no se movió ni un milímetro, es más parecía no haberse dado cuenta de nada, solo le sonreía a Harry. Al instante, Fred y George estallaron en gritos y cantos a favor de su hermana menor. Giny volvió donde sus hermanos para festejar, mientras Harry llegaba a donde estaba Luna.
- Eres una tramposa de lo peor – le incrimino Sirius a Melisa.
- No es para tanto, Sirius – sonrió Melisa parándose y entrando en la casa.
- ¿Alguna vez te dije que te ves muy bien volando? – pregunto Luna con una sonrisa.
- Cuando quieras vamos juntos – la invito sentándose a su lado - ¿Por qué no llamaste o mandaste algo? Estaba preocupado.
- Quería sorprenderte, no pensé en preocuparte – se disculpo – aunque deberías de ser más optimista.
- A estas alturas ya no se sabe – soltó Harry al tiempo que tocaba con su mano la mejilla derecha de Luna – Tengo miedo de despertar un día y descubrir que te paso algo.
- Por eso digo que debes de ser optimista – sonrió Luna. Como le encantaba esa sonrisa. La miró por primera vez por completo. Debía de admitir que el color verde y naranja fosforescentes eran demasiado para sus miopes ojos, pero también debía de admitir que esos colores solo se veían bien en una persona, su novia.
- Hola Luna – la saludo Hermione llamando la atención de los dos. Ron iba con ella, ambos agarrados de la mano.
- ¿Ya andan? – pregunto Luna como si fuera cualquier cosa.
- Si – respondió Ron feliz.
- Ya era hora – se alegro.
- Bueno, nosotros vamos a dentro – dijo Ron, a lo que ambos entraron al comedor seguidos de cerca por los gemelos y Giny, que saludaron de lejos a Luna para seguir cantando su victoria, no todos los días se vence a Harry Potter. Harry miró a su alrededor para ver que solo estaban él y Luna ahí afuera.
- Que bonita – saltó Luna de su lugar. Harry la siguió con la mirada hasta que la muchacha llego a donde estaba Fawkes con Hedwig y las demás lechuzas – ¿Es un fénix?
- Si, regalo de Dumbledore – respondió Harry acercándose a ella.
- Así que esté es el famoso fénix de Dumbledore – se asombro Luna acariciando el liso y hermoso plumaje de Fawkes. El ave giró su cabeza hacía Luna e hizo un ruido como de agrado. – Dicen que las plumas de un fénix son la mejor carnada para atrapar a un blibber maravilloso.
- Ah si – dijo Harry un poco conmocionado de que a Luna se le ocurriera arrancarle una pluma a Fawkes para buscar un animal inexistente.
- Si, pero solo funciona si es una pluma que se cae sola, a los blibbers no les gustan las plumas arrancadas con crueldad – aumento Luna para después ver a Harry – Si algún día se le cae una, me la regalas. Estoy segura que si pongo una cerca del lago de Hogwarts encontrare un blibber maravilloso.
- Por supuesto – aseguró Harry aliviado. Aunque dudaba que un blibber apareciera atraído por una pluma de fénix, le encantaba ver la cara llena de alegría que Luna ponía con la simple ilusión de algún día encontrar alguno. Luna sonrió y regreso su atención a Fawkes. Estuvieron por un momento así, sin decir nada, Harry viendo a Luna y Luna viendo a Fawkes.
- Te tengo un regalo, aunque no sé si sea bueno – hablo Luna rompiendo el silencio que los envolvía.
- No es necesario que me regales nada, con verte a salvo ya está – afirmó Harry y no mentía, tenerla ahí a sui lado era su mejor regalo ese día.
- Toma – dijo Luna entregándole lo que parecía ser un pedazo de papel. Harry lo cogió entre sus manos para darse cuenta de que no era un simple pedazo de papel, ¡era un boleto de avión muggle de ida a las islas griegas! Harry se quedo boquiabierto viendo el boleto sin creérselo. - ¿Qué te parece?
- ¿Me compraste un viaje a las islas griegas? – pregunto Harry como si el boleto no fuera suficiente afirmación.
- Mi mamá siempre hablaba mucho de ese lugar, decía que debía de ir ahí algún día – explico Luna – y yo me dije a mi misma, ¿por qué no voy con Harry?
- Pero, no entiendo, tú y yo… - empezó Harry.
- No, no solo tú y yo, también tengo para Ron, Hermione y Giny – explicó Luna – mi papá puso una cara rara cuando le dije que solo irías tú así que invite a Ron, Hermione y Giny para que se le quitará. La verdad no entiendo nada a mi papá – Harry si que loo entendía. ¿Qué padre en su sano juicio iba a dejar a su hija sola con su novio a kilómetros de distancia?
- ¿Y cuándo nos vamos? – pregunto Harry.
- ¿Entonces si te gusto? – pregunto Luna.
- Por supuesto que si – respondió Harry.
- El avión sale mañana a las 9 – informó Luna comenzando a saltar.
- ¿Y puedo preguntar por qué un avión? Si somos magos, no – pregunto Harry alegre.
- Pensé que te gustaría subirte a uno, yo nunca me he subido a uno pero dicen que es fascinante – respondió Luna.
- Yo tampoco me he subido a uno – anunció Harry.
- Y eso que te criaste como muggle – soltó Luna.
- Mis tíos jamás fueron de los que les gustara sacarme a pasear – habló Harry con tristeza. No había pensado en sus tíos desde hace algunas semanas, cuando Hernel Mcford había ido a Ville Park a avisarle que sus tíos ya se encontraban en Estados Unidos y se comenzaban a acostumbrar al cambio. Luna paro de saltar.
- ¿Cómo están? – pregunto Luna - ¿No has sabido nada nuevo?
- No – respondió Harry secamente. La verdad no le gustaba hablar del tema.
- Me hablo Virginia – informó Luna cambiando súbitamente de tema. Esa era una de las cualidades de Luna que a Harry le encantaban: la facilidad para cambiar de un tema a otro.
- ¿Y? ¿Cómo está? – pregunto Harry.
- Ella bien, pero dice que Malfoy está pasando por una etapa… como dijo… ah si, depresiva – respondió Luna agarrando del brazo a Harry y girándolo para comenzar a caminar rumbo al comedor.
- ¿Depresiva? – pregunto Harry, no es que le importara Malfoy ni nada por el estilo.
- Si, dice que pasa todo el día encerrado en su cuarto, solo sale para comer – respondió Luna – dice que está así desde que llego una carta de su padre, hace como una semana.
- ¿Qué decía la carta? – pregunto Harry curioso.
- Virginia nunca supo, no quiso leerla – informo Luna poniéndose detrás de Harry y tapándole los ojos, hay que decir que debía de ponerse de puntitas pues Harry le llevaba mucha ventaja en altura.
- ¿Qué haces? – pregunto Harry algo asustado
- Sigo órdenes – respondió Luna. Mientras seguían caminando. – También me pregunto algo que aún no sé responderle.
- ¿Qué te pregunto? – inquirió Harry.
- Si me gustaría ser la vicepresidenta de "El Chismologo" – anunció Luna – yo no sé que decirle, la verdad no me llama mucho la atención eso. Me parece una imitación de "El Profeta" si se pareciera más a la revista de mi padre sería otra cosa.
- Podrías incluir buenos artículos – argumento Harry. Debía de admitir que la revista del padre de Luna no era algo 100% verídico, pero era bastante entretenida.
- Si, yo también pensé en ello - apoyo Luna destapándole los ojos.
- ¡¡SORPRESA!! – gritaron todos en cuanto Harry abrió los ojos. Aunque esto no tenía de sorpresa nada, a Harry le encanto la reacción. A parte de la familia Weasley, de los merodeadores, Alexi y Mundungus, ahí se encontraban Tonks y Ojoloco.
- ¡Feliz cumpleaños! – lo felicito Luna dándole un beso en la mejilla para después alejarse y dejar que todos los demás abrazaran y felicitarán a Harry.
Después de eso, la fiesta comenzó. La señora Weasley, con ayuda de Jacome y Arabella, había preparado un impresionante banquete con todos los platillos favoritos de Harry, sin mencionar un inmenso pastel en forma de diecisiete que adornaba el centro de la mesa y del cual no quedo una sola rebanada. Harry se sentía tan bien en ese ambiente, un ambiente donde todos se olvidaban, por un momento, que afuera de ahí estaba Voldemort haciendo de las suyas, todos menos él. No podía dejar de pensar, que tal vez, esta sería la última vez que estarían así, juntos, sonriendo, riendo y hablando de cualquier cosa. Y precisamente por eso, debía de aprovecharlo, cada minuto, cada segundo, aunque era imposible pedir que ese día no terminara.
- ¿¡Las islas griegas!? – exclamo Ron en cuanto vio su boleto. La mayoría había ido a dormir y en el caso de Ojoloco ya se había retirado a su casa.
- Si – afirmó Luna adormilada, parecía que hace mucho que había sobrepasado su hora de sueño, sin contar por su puesto la posición en la que se encontraba. Ella y Harry estaban en el sillón más grande de la sala, Harry estaba recargado en el brazo derecho del sillón completamente estirado y Luna estaba acostada a su lado, recargando su cabeza en el pecho de Harry, que jugueteaba con su largo y enmarañado cabello.
- ¿Qué con las islas griegas? – pregunto Sirius entrando en el lugar.
- ¡Luna nos invitó a las islas griegas! – soltó Ron mostrándole el boleto a Sirius - ¡Es el regalo de cumpleaños de Harry!
Sirius tomó el boleto y lo vio por un momento antes de hacer una mueca.
- ¿Harry, podemos hablar un momento? – pregunto Sirius. Harry miró a su padrino prediciendo lo a punto de ocurrir.
- Si - accedió Harry. Luna se paró como un rayo asustando a todos los presentes. Harry la miró extrañado a lo que ella le sonrió, le regresó la sonrisa y se puso de pie siguiendo a su padrino al jardín - ¿Qué pasa? – pregunto molesto.
- Harry, se que ya eres mayor de edad y que ya eres completamente libre de decidir sobre tu vida, pero esto es una locura – habló Sirius -, y no quiero decir que Luna este loca – añadió Sirius para evitar un enojo más grande de parte de su ahijado.
- ¿Por qué es una locura? – pregunto Harry sin entender – ¿es una locura querer salir de aquí para divertirme un poco con mis amigos sin tener que enterarme de todo lo que pasa a diario por culpa de Voldemort?
- No, esa no es la locura – aseguró Sirius echándose el cabello hacia atrás – Harry, te das cuenta de que si sales de aquí Voldemort no perderá un solo segundo en ir detrás de ti – lanzo un suspiro de cansancio – Voldemort no se acerca a aquí por que hay más de cien magos en la zona que te protegen, Harry. Tan solo imagínate que gran oportunidad será para él tenerte a kilómetros de aquí sin ninguna protección, y no solo eso, también piensa en Ron, Hermione, Luna y Giny, ellos también estarían en peligro.
- ¡Ya lo había pensado, no era necesario que me lo recordarás! – saltó Harry furioso - ¡Solo creí que por una vez, podía pasar un día de mi vida pensando que Voldemort no existe!
Y sin decir más, se fue a su cuarto entrando en él tras azotar la puerta. Se tiró en su cama y ahí se quedo sin más por un rato hasta que oyó el ruido de la puerta abriéndose y creyendo que era Sirius hablo.
- ¡Vete, ya entendí el mensaje! ¡No aceptare el regalo! – exclamo enojado. No estaba enojado con Sirius, más bien estaba enojado con toda la situación. Él sabía a la perfección todo lo que Sirius había dicho, pero había pensado ilusamente que tal vez eso no importaría ahora, que tal vez podría irse con sus amigos a disfrutar por tres semanas la lejanía a la realidad.
- Está bien – hablo una voz en tono soñador. Harry se paró como un rayo justo para ver como Luna salía del cuarto. Se maldijo a si mismo y salió detrás de ella. La encontró enfrente de la puerta de la habitación de Hermione y Giny.
- Luna, lo siento, no creí que eras tú – se disculpo Harry acercándose a ella que de inmediato le sonrió.
- No te preocupes, está bien, todo esto es mi culpa, debí de pensar en un mejor regalo – se disculpo por su parte Luna sin dejar de sonreír.
- Fue un buen regalo, solo que sería muy peligroso que yo lo use ahora – habló Harry.
- Bueno, entonces lo pospondremos – invitó Luna – para cuando ya no sea peligroso - Harry no supo que decir, no sabía ni si quiera si llegaría algún día en el que todo esto ya no fuera peligroso. Lo único que su mente y su cuerpo optaron por hacer en ese momento fue tomar a Luna del rostro y besarla. Estuvieron unidos por un tiempo que Harry no supo. Cada vez que unía sus labios con los de Luna sentía como si el tiempo no existiera. Al separarse, Luna se abrazo a él y Harry siguió su ejemplo.
- No deberían de posponerlo, tú y los demás, aprovéchenlo – hablo Harry.
- Hay una sola cosa que odio de ti, Harry Potter – hablo Luna con voz baja y triste.
- ¿Cuál? – pregunto Harry separándose de Luna dándose cuenta de que silenciosas lágrimas bajaban por sus mejillas. Harry jamás había visto llorar a Luna y debía de admitirlo, esa visión no le agradaba en lo más mínimo.
- Tu falta de optimismo hacia la vida – respondió Luna secándose la cara con la manga de su suéter – Buenas noches.
Harry miró sin hacer nada como Luna entraba al cuarto de Hermione y Giny y cerraba la puerta detrás de ella. Harry se acercó a la puerta y pudo escuchar, aunque sea bajos, los sollozos de Luna. Se maldijo una vez más, regreso a su cuarto, se tiró a la cama viendo al techo hasta que el sueño lo hizo caer en la inconciencia.
- Se puede saber, ¿qué paso? – pregunto una Melisa muy extrañada en cuanto Sirius entro al comedor donde se encontraba Melisa, Remus y Arabella.
- Esto paso – indicó Sirius entregándole el boleto a Melisa. Ésta lo vio por un momento antes de hacer la misma mueca que Sirius había hecho al enterarse.
- Supongo que Harry debe de estar enojado – pensó en voz alta Melisa al tiempo que Arabella le quitaba el boleto de las manos.
- Y con justa razón – apoyo Remus.
- Pero, bueno, no se puede hacer nada, por lo menos no ahora – se lamentó Sirius.
- Sirius – lo llamo una voz de mujer desde el umbral de la puerta. Todos giraron para ver de quien se trataba. La sorpresa en sus rostros era poca – Necesitamos hablar.
Harry despertó a las cinco de la mañana, ya que sus ojos se negaban a volverse a cerrar. De golpe recordó absolutamente todo, pero sobre todo, recordó las lágrimas de Luna. Salió del cuarto no sin antes echar un vistazo a Ron que dormía apaciblemente. La Cascada se encontraba en un sepulcral silencio. Prorrumpió en el jardín viendo el campo de quidditch. Se sentó en el pasto y cerró los ojos.
- ¿Cómo estás? – le pregunto la voz de Sirius a su lado.
- Me siento de lo peor, hice llorar a Luna – respondió Harry abriendo los ojos.
- ¿Y por qué? – pregunto Sirius.
- Le lastima mi negatividad – indicó Harry – pero no soy negativo, solo soy realista.
- Debes de admitir que a veces te pasas de realista, y te lo dice alguien que ha vivido el último mes contigo – enmarcó Sirius.
- Me propuso que aplazáramos el viaje para cuando ya no hubiera peligro – hablo Harry.
- ¿Y tú qué le dijiste? – inquirió Sirius.
- Nada, solo la bese – respondió Harry.
- Con eso le diste a entender que no piensas salir de esta y que dudas llegue un momento donde ya no haya peligro – psicoanalizo Sirius.
- Lo sé, pero no pude evitarlo, no puedo mentirle diciéndole que todo estará bien, cuando sé que no lo estará. Ni si quiera sé si es bueno que sea mi novia – soltó Harry.
- Ey, espera un minuto, el que Luna y tú sean novios y sean felices no tiene nada de malo – exclamo Sirius – jamás pienses lo contrario.
- Pero la estoy poniendo en peligro, al igual que a Ron y a Hermione – afirmó Harry con culpa.
- Número uno, Ron y Hermione son lo suficientemente grandes como para saber a donde meterse y a donde no, y si ellos quieren estar dentro de esto tú no puedes hacer nada – comenzó Sirius – y número dos, es bueno ver un poco de amor en medio de esta guerra, o por lo menos eso dice Arabella.
Harry miró a Sirius y medio sonrió. Ambos pasaron el resto de la madrugada jugando un partido de dos jugadores de quidditch. Fue dos horas después que las personas comenzaron a movilizarse dentro de la Cascada. Ron, Hermione y Giny se pusieron a preparar sus cosas para el súbito viaje que emprenderían en unas cuantas horas. La señora Weasley, que preparaba el desayuno para su esposo y Bill, parecía seriamente molesta por el viaje (más tarde Harry sabría que había accedido al viaje solo si eran acompañados por un grupo de magos). Melisa se había instalado en el pasillo afuera de su cuarto viendo el mini juego entre Harry y Sirius, pronto los gemelos y Mundungus, que hablaban de algún tipo de negocio, se le unieron. Sin embargo, Luna no había dado señas de vida.
- No entiendo, cómo vamos a ir nosotros sin ti, Harry, si es tu regalo de cumpleaños – se quejo Ron, en cuanto Harry acompañado por Sirius y Melisa, entro al comedor, después de concluir su juego y ganarle a Sirius por casi cincuenta puntos.
- No quiero que pierdan esta oportunidad – aseguró Harry.
- ¡Buenos días! – saludo la voz soñadora de Luna desde el umbral de la puerta del comedor - ¿Listos para irnos? Mi papá va a venir por nosotros como en 15 minutos.
- Si, ya tenemos todos listo – respondió Hermione.
- ¿Seguro que quieres que vayamos sin ti? – le pregunto Luna. Harry la miró, su eterna sonrisa estaba ahí, no había ni una pizca de la tristeza que la noche anterior enmarcaba su rostro, era como si nada hubiera ocurrido.
- Si, estoy seguro – asintió Harry.
- Bueno, pero recuerda que me debes un viaje – aceptó la muchacha a lo que Harry le sonrió y le dio un dulce beso en los labios.
- Por supuesto – dijo Harry en cuanto se separaron – perdón por lo de anoche.
- ¿Qué de anoche? – pregunto Luna como si nada hubiera pasado.
- Nada – respondió Harry, a lo que Luna le regreso el beso para después agarrar un pedazo de pan.
*****
- No le has dicho, ¿verdad? – le pregunto Melisa viendo la escena desde la cocina.
- Si le hubiera dicho, créeme que estaría gritándome en este instante – aseguro Sirius.
- ¿Y cuándo piensas decirle? Cuando él ya este aquí instalado o qué – inquirió Melisa.
- Dame tiempo, deja que se despida de sus amigos, y después le digo – prometió Sirius.
- Al mal paso darle prisa – dijo Melisa.
Los 15 minutos que Luna había pronosticado pasaron con rapidez y terminaron con la llegada de Xenosphillius Lovegood, un hombre alto, de la estatura de Harry, de cabello color cenizo y corto, algunas arrugas y ojos azules y desorbitados como los de su hija, iba vestido estrafalariamente. Harry lo saludo cordialmente, a decir verdad, era la primera vez que se veían cara a cara, y debía de admitir que le había caído muy bien. Todos se despidieron de Harry y salieron con rumbo al aeropuerto internacional de Londres. En cuanto se fueron, Harry se dirigió de nuevo al comedor para seguir con su desayuno, sin embargo se encontró con Sirius bastante nervioso.
- ¿Sucede algo? – pregunto Harry acercándose a la mesa.
- Te aconsejo que te sientes, Sirius tiene algo que decirte – le dijo Melisa ganándose una mirada fulminante de parte de Sirius.
- Lo que sucede, Harry, es que… - comenzó Sirius – anoche vino Narcisa a hablar conmigo.
- Aja – asintió Harry para que continuara.
- Y, bueno, resulta que hace unos días Draco recibió una carta de parte de su padre, donde le decía su ubicación para que s encontrarán, y no sé que más… – continúo Sirius. Harry no sabía para donde iba todo esto – entonces, Narcisa consiguió el permiso del Ministerio para poder llevarse a un grupo de aurores en busca de Lucius.
- Que bueno – se alegro Harry, realmente esperaba que encontraran a ese tipo.
- Si, eso es bueno, pero… - siguió Sirius sin saber como continuar.
- Narcisa no quiere dejar solos a sus hijos – continuo Melisa – Virginia se quedara con su amiga Daniela Derim, pero al parecer, Draco no quiere ir a ningún lado ni quedarse con ninguno de sus amigos.
Harry dejo el tenedor que acababa de coger y miró a Sirius incrédulo. Algo dentro de él ya le decía hacia donde iba todo esto.
- Dime que no hiciste lo que creo que hiciste – pidió Harry tratando de evitar uno de sus arranques de furia, que últimamente eran muy frecuentes.
- Narcisa me pidió de favor que cuidara a Draco mientras ella no está – informó Sirius. Harry sintió como si le pusieran plomo en el estomago – Va a traerlo a aquí en la tarde. Draco se quedará el resto de las vacaciones en la Cascada.
Hola, aquí está el siguiente capitulo, que espero les guste mucho. Probablemente me pase de cursi en algunas partes pero no pude evitarlo. Por favor pongan críticas sean buenas o malas, no importa. Pronto estará la continuación.
Este capitulo te lo dedico a ti, mi lindo Perri, que ya estás disfrutando de los hermosos campos del cielo.
Adiós ;)
