Castle no me pertenece.

Capítulo 06:

(Dos semanas después)

Habían pasado dos semanas. 14 días. 336 horas. Habían resuelto tres asesinatos más. Castle seguía rondándola, a cada día más infantil. Pero no habían vuelto a hablar del tema. El motivo de su presencia allí había quedado en una caja que ninguno de los dos iba a volver a abrir.

Por otro lado, Lanie estaba encantada con él. Cada vez que iban al depósito se le iluminaba la cara. Al fin y al cabo, era uno de sus ídolos literarios. El que menos conforme estaba con eso era Espósito, que intentaba disimularlo como podía.

Esa mañana no tenían ningún caso, pero él se había presentado igual, con su ya habitual café en la mano. Recordó la primera vez que se lo había traído. Le sorprendió muchísimo que supiera cómo le gustaba (con leche desnatada y dos de vainilla), pero él se excusó diciendo que, simplemente, era muy observador. Ahora estaba sentado a su lado, jugando con su móvil mientras ella repasaba informes.

Unos gritos de enfado y frustración al lado del ascensor hicieron que tanto él como el resto del precinto miraran hacia allí a tiempo de ver a un inspector trajeado con cara de muy mala leche echándole la bronca a una de las secretarias.

- ¿Qué mosca le ha picado a Martínez? - preguntó Beckett.

- Siguen sin tener nada del caso Heat – respondió Espo.

- ¿Qué departamento lleva el caso Heat? - quiso saber Castle, tan oportuno como siempre.

- Ninguno en particular. ¿Porqué? ¿Vas a ir a perseguirlos a ellos?

- No, no. Era... curiosidad.

Martínez acabó de despotricar y se metió en el ascensor. Castle lo siguió con la mirada.

- Me aburro – dijo poco después dejando el móvil a un lado -. ¿Porqué no me cuentas algo sobre esa tal Nikki Heat? Como porqué aún no la habéis atrapado, por ejemplo.

Beckett fingió sentirse ofendida ante la pregunta. El escritor era muy intuitivo, y si ella no actuaba de la manera que se esperaba, empezaría a tener sospechas.

- ¿Porqué crees que hay algo que contar? Sólo es una mujer más.

- Una mujer que se cree una justiciera. Y que no lo hace nada mal.

- ¿La estás defendiendo?

- Sólo digo lo que hay.

- ¿Sabes qué es lo que creo yo que hay aquí? - Beckett se señaló a ella misma y al escritor repetidas veces mientras una sonrisa maliciosa asomaba a sus labios.

- ¿Qué? - Castle se inclinó sobre la mesa, expectante.

- Una relación detective-observador, no detective-narrador. Así que deja de preguntar tonterías y haz algo útil.

- Define algo útil.

Beckett bufó, poniendo los ojos en blanco, y volvió a los papeles de los informes. Quizás si lo ignoraba, él mismo terminaba por cansarse.

No habían pasado ni dos minutos cuando lo escuchó reír por lo bajo.

- ¿Y ahora qué pasa?

- Has dicho que tenemos una relación – explicó como si fuera obvio -. Ahora ya no puedes deshacerte de mí tan fácilmente. Me echarías de menos.

- Eso, tú sigue soñando, que es gratis.

Beckett intentó centrarse, pero se quedó pensando como tantas otras veces.

Los que llevaban el caso Heat creían que ella tenía complejo de heroína, que se creía mejor que el resto. Nada más lejos de la realidad. Kate se convertía en Nikki porque sentía que la ley no cumplía todo lo que debería. Cada día se cometían más y más delitos por los que nadie pagaba, y alguien tenía que ocuparse de ello. Tomarse la justicia por su mano no era la primera opción, pero sí la más efectiva. Además, estaban aquellos casos, como el de su madre, en los que las autoridades se rendían, dejaban los archivos apartados y a los asesinos sueltos.

Recordó la primera vez que se convirtió en Nikki. Llevaba un par de meses en el cuerpo y unos compañeros suyos fueron incapaces de encerrar a un violador múltiple por falta de pruebas y testigos. Los vio tan impotentes que no pudo resistirse a hacer algo al respecto. Todavía puede ver cómo el hombre había llegado a comisaría al día siguiente, fingiendo arrepentimiento y firmando una confesión. A decir verdad, las cosas (profesionalmente hablando) le habían mejorado a partir de aquello. Tres meses más tarde la habían ascendido a detective, convirtiéndose en la más joven.

- En serio, esa mujer me pone nervioso – Castle interrumpió sus pensamientos.

- ¿Se puede saber qué te pasa con ella?

- Me da rabia que no se me haya ocurrido a mí – confesó tras unos segundos.

- ¿Ser una justiciera? No sé, Castle, no te veo yo con mallas y saltando de tejado en tejado.

- Já – se hizo el ofendido -. Doble já. Me refería al nombre.

- ¿Qué tiene de especial? - intentó que la curiosidad no se notase en su voz. En el fondo quería saber su opinión.

- Que mola. Es nombre de policía sexy. Así como tú. Pero sin tu mal humor, claro.

- Claro, Castle, claro.

- ¿De dónde lo habrá sacado? - Dios, este hombre nunca se cansa de preguntar, ¿o qué? -. Digo, no es un nombre común. Tiene que significar algo para ella. Quizás si descubro el qué, eso me lleve a su identidad – siguió mascullando para sí.

Si él supiera. Nikki era el nombre de la única madre de acogida a la que había apreciado de verdad. De hecho, aún se llamaban de vez en cuando para interesarse por sus respectivas vidas. Y Heat se le había ocurrido una noche loca que se había pasado con el tequila. Castle jamás averiguaría todo eso. ¿Verdad?

- ¿Y cómo hará para moverse por la ciudad? ¿Tendrá un Batmóvil? - ¿Es en serio? ¿Cuántos años tiene? ¿12? -. ¿Y cómplices? Todos los superhéroes tienen cómplices.

- Castle, ella no es una superhéroe – contestó la detective con voz cansina.

- Eso no lo sabes. ¿Porqué no lleva armas, entonces?

Kate se calló. En realidad sí que llevaba armas, una daga en cada bota, pero las había usado en contadas ocasiones y era un detalle que no se había filtrado a la prensa.

- ¿Lo ves? - Castle puso su voz de "tengo razón" -. Seguro que tiene algún superpoder chulísimo. Quizás por eso no la han encontrado aún. Digo, la primera noticia que se tiene de ella es de hace 4 años, pero es muy probable que empezara antes. Y en todo ese tiempo, la policía no ha encontrado ni una sola prueba material de su existencia además de un par de vídeos de mala calidad y un puñado de testigos que se niegan a hablar de ella.

Beckett intentaba ocultar su asombro ante los conocimientos del escritor.

- Parece que la has investigado a fondo – comentó con la esperanza de sacarle más información.

- Curiosidad profesional. En realidad todo encaja. Si fuera un personaje...

- ¿Qué?

- Si fuera un personaje, habría tenido una infancia difícil. Habría superado muchas cosas sola. Se habría hecho dura y fuerte. Y habría conseguido los medios necesarios para repartir justicia, a su manera – le dijo todo aquello mirándola a los ojos, con un brillo especial en los iris azules. Un brillo que se fue dos segundos después, como si nunca hubiera estado ahí. ¿Qué se le había pasado a Castle por la cabeza para querer ocultarlo? -. ¿Quieres un café? - preguntó levantándose.

Esa era otra. En su segundo día en la comisaría, había traído una máquina de capuccinos que, según él, hacía "café bebible". Era lo único de lo que nadie se había quejado.

- Claro - ¿cómo hacía para dejarla siempre más confundida de lo que ya estaba?

Gracias por leer x)