Entré a la casa sin decir ni una sola palabra. Él podía molestarme muy fácilmente, y no iba a darle apertura a una discusión que no acabaría.

Ahí encontré a Emma durmiendo en el sofá grande y a Natalie en otro más pequeño. Las tapé con unas mantas y cuando estaba a punto de subir las escaleras alguien llamó a la puerta. ¿Quién sería a esta hora? Abrí y vi que era Vincent.

-¿Qué haces aquí? No deberías estar… -le decía.

-¿Limpiando? No. –me interrumpió con una sonrisa en su rostro. –Sólo quería asegurarme de que llegaras bien.

Me asombró que él haya recorrido toda esa distancia solo para eso, pero me pareció que era un gesto muy gentil.

-No confías en Devon, ¿verdad? –mientras salía de la casa para que las chicas no se despertaran. –Ven siéntate.

Nos sentamos en el sillón de dos cuerpos que había en el porche junto a otros dos de uno sólo.

-Por supuesto que no! –exclamó como si fuese algo obvio, y un poco lo era. O al menos así parecía serlo debido al comportamiento que habían tenido en la casa de Vincent. - ¿Y tú? –me preguntó al ponerme un mechón de pelo detrás de la oreja.

Vacilé un instante. Era una gran pregunta ya que tal vez ni yo misma sabía si confiaba en él. Pero estaba segura de lo que debía responder, yo lo sentía de esa manera.

-Sí. Confío en Devon, tú… no lo conoces. -le dije y le tomé la mano. ¿Estaba bien lo que estaba haciendo? O tal vez era un impulso de la bebida que había tomado unas horas atrás.

-Lo conozco lo suficiente, creo. Pero, no hablemos de él. No ahora. –dijo acercándose más a mí. –Dios, quisiera besarte… -dijo sin dejar de mirarme los labios.

Si hubiese estado un poco más sobria lo hubiera echado de la casa, o incluso del pueblo, pero yo no estaba así.

-Hazlo. –dije esta vez a unos pocos centímetros de su boca. ¿A quién engañaba? Yo también lo quería besar.

Él se alejó y soltó mi mano. –Estás ebria. –dijo lamentándose de que me encontrara en ese estado.

-Y qué? –dije y entonces nos miramos y el me besó.

Era un beso apasionado, él me tomó de la cintura y yo del cuello. Dios, que excitante era su beso, sus caricias por mi espalda.

-Ven. –le dije y nos paramos. Abrí la puerta de la casa y continuamos besándonos dentro.

Subimos las escaleras de manera torpe ya que no nos despegábamos, y entramos a mi dormitorio. Le desabroché la camisa y aprecié su físico. Wow. Ese chico tenía un cuerpo espectacular. Vincent comenzó a besarme el cuello y solté un gemido. Nos acostamos en la cama, y estando yo sobre él me quité la camisa y la remera que llevaba. Comenzó a besarme el abdomen y ascendió por mi pecho hasta el cuello. Luego se posicionó encima de mí y me quitó las zapatillas y el pantalón.

Parecía que estuviésemos apurados, por el tiempo, o algo debido a la rapidez con la que hacíamos todo. Debía ser la adrenalina. Vincent dejó de besarme y me miró a los ojos esperando que le dijera algo. Hice caso omiso de aquello y seguí besándolo y acariciándolo, le quité su jean; él tomó la sábana para taparnos y me quitó el corpiño.

Nunca un hombre me había excitado tanto como él con sus besos y caricias. Era increíble. Vincent terminó de quitarnos la única prende que vestía cada uno y entonces lo hicimos.

Sexo con Vincent, eso sonaba raro, hace apenas unas horas que sabía su nombre. Al finalizar me puse mi ropa interior y el hizo lo mismo, además de que se puso su pantalón.


Estaba despertando, con un terrible dolor de cabeza, hace mucho que no iba a una fiesta así. Las imágenes de la noche anterior paseaban por mi mente, Natalie, Emma, demasiado alcohol, bailes sensuales, hablar con aquel chico que había tropezado el primer día de clases, Devon. Poco a poco comencé a recordar, Vincent era el nombre de aquel chico, y había tenido un pequeño enfrentamiento con Devon.

En cuanto me di cuenta estaba apoyada sobre el pecho desnudo de un hombre. Oh mi Dios, era Vincent! Recordé como si fuera un flash lo que había pasado la noche anterior. Mi corazón latía muy rápido, no podía creer lo que había pasado. No quise moverme para no despertarlo, pero… era mi cama donde estábamos!

-Buen día April. –dijo acariciándome la espalda y fue ahí cuando noté que solo vestía mi ropa interior.

Me alejé de él y me tapé con la sábana. De hecho, me relajé un poco al saber que no tenía sentido lo que hacía, él ya me había visto horas antes.

-Lo lamento, ambos estábamos borrachos y la situación se nos fue de las manos. Disculpa, me arrepiento de lo que ha pasado, yo no soy así. –realmente se lamentaba por aquello, pero… aún seguía allí, del todo arrepentido no estaba.

-Yo tampoco. Y por lo que recuerdo, fui yo quien insistió. –le dije y ambos reímos.

Escuché alguien subiendo las escaleras, sería alguna de las chicas. Oh, no quería que me vieran así con Vincent, pero ya era demasiado tarde para hacer algo, Em estaba en la puerta y no sabía que decirle.

-Vine a ver si estabas despierta, pero veo que lo estás, el desayuno está hecho por si quieren… -dijo conteniendo la risa. ¿Qué le causaba tanta gracia? Para mí la situación era más incómoda que otra cosa. Asentí y ella se fue.

Me levanté para ir al baño y vestirme, me daba vergüenza que Vincent me viera así, pero él no me miró. Se levantó, tomó su camisa del piso y se sentó en el borde la cama. Yo entré al baño y me lavé la cara. Estaba destruida por dentro pero increíblemente por fuera no lucía tan mal. Vincent entró al baño y me agarró de la cintura. No entendía lo que sucedía.

-No me arrepiento de nada de lo que pasó anoche. Pero realmente lo lamento si tú te arrepientes. –dijo y me besó. Me subió a la mesada que había y yo lo rodeé con mis piernas atrayéndolo aún más hacia mí.

Esta vez no tenía excusa para no separarlo, no estaba borracha. Por mucho que quisiera separarlo mi cuerpo no respondía, una parte de mí no quería alejarlo.

-Vincent, detente. –dije intentando alejarlo, pero él no dejaba de besarme, y descendía por mi cuello. –Vincent, en serio. Para!

Él se alejó un poco de mí y me bajé de la mesada.

-Debo irme. –dijo y salió del baño.

Me puse rápidamente una remera y un short y salí tras él del dormitorio.

-Si quieres quédate a desayunar. –le ofrecí mientras bajábamos las escaleras.

Pero una vez que estuvimos abajo él abrió la puerta y se fue, sin siquiera despedirse. Me dirigí a la cocina donde me senté junto a mis amigas, hoy pasaríamos el día juntas. O al menos eso habíamos planeado.