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IV

La primera navidad juntos

El día de navidad llegó con mucho frío, pero la impaciencia de abrir los regalos era mayor, así que el frío pasaba desapercibido. Aquel día desperté de las primeras, todos en la torre de Gryffindor dormían. Bajé silenciosamente a la sala común, pues no quería despertar a nadie. Mi cometido ese día era hacerles una pequeña visita a James… estaba en eso cuando sentí una mano que me dejó helada. Me asuste, ¿Quién no?, pues no veía a mi "secuestrador"… me moví con insistencia para que mi agresor me soltara, pero era más fuerte, así que pensé que era mi "fin"… cuando me calmé, ya asumiendo mi pronta muerte, me soltaron. Cuando me giré vi a Remus parado frente a mí.

--¡Oye! –Reclamé con voz chillona – ¿Por qué me hiciste eso?

Él sólo me hizo callar con una mueca.

--¿Por qué? –pregunté en un susurro

--Porque James y Sirius aun duermen y traigo esto para despertarlos –dijo mostrándome dos baldes llenos de lodo y gusanos.

--¡Genial!... Por qué no se me ocurrió algo así a mí.

--Porque yo soy brillante –contestó con tono egocéntrico, yo alcé una ceja. --vamos a darles a eso dos un baño de lodo y gusanos. –agregó con una sonrisa pícara, lo seguí en silencio. Una vez dentro de la habitación de los chicos, la cual aun se encontraba en penumbra, caminé hacia la cama de James con uno de los baldes y Remus se acercó a la de Sirius, también con uno de los baldes. Nos miramos y contamos hasta tres, al terminar de contar, les dimos vueltas los baldes a los chicos, el grito que pegaron los dos se escuchó en toda la torre de Gryffindor.

Mientras que Remus y yo nos burlábamos de los dos chicos, estos nos miraban irritados.

--¡No es gracioso! –recriminó James.

--Tengo que admitirlo, ¡esto está buenísimos! –Nos felicitó Sirius sonriendo –podríamos hacérselo a Snape un día de estos –pensaba en voz alta para luego dibujar una sonrisa diabólica en su rostro.

--Eres raro –masculló James mirándolo con enojo.

--No te molestes, James, fue sólo una broma –dije con una sonrisa.

--No estoy enojado –masculló con los dientes apretados.

--Si, se nota –musitó Remus. Sirius sólo sonreía de oreja a oreja.

--Lo mejor ahora es que se bañen y se vistan. Los espero en la sala común. –propuse al trío de chicos.

Remus y Sirius asintieron aceptando. James miró a ambos lados y con una sonrisa salió corriendo al baño, para ganárselo a los otros dos, sonreí desde la puerta al ver a Remus y a Sirius pateando la puerta del baño y gritando cosa contra James, cerré y me fui a despertar a las chicas, pero cuando llegué ya estaban vistiéndose.

--¡Feliz navidad, May! –me deseó Lily abrasándome con alegría.

Le correspondí el abrazó con el mismo cariño y efusividad.

--¡Feliz navidad, May! –gritó desde su cama Mari.

--¡Feliz navidad, Mari! –contesté.

--Que pena que Alice no esté con nosotras –comentó Lily un poco apenada con la ausencia de la enérgica morena.

Mari y yo asentimos concordando con la pelirroja, pues se notaba mucho que Alice no estaba, sobre todo cuando quedábamos en silencio. Lo que no sabíamos era que esa navidad iba unirnos más de lo que pensábamos a pesar de que Alice faltara.

Entré al baño a darme una ducha, cuando terminé me vestí rápidamente.

--Chicas, los chicos nos esperan en la sala común para abrir los regalos –dije con entusiasmo.

--¡Ok!... Vamos entonces –respondió Mari abriendo ya la puerta.

Bajamos las escaleras y vimos que ahí ya estaban los tres, impacientes por abrir una enorme pila de obsequios.

--¡Por fin! –Reprochó James --ya las íbamos a ir a buscar.

--Eres impaciente, James –regañó Lily al pequeño Potter, este le iba a responder, pero Mari los detuvo.

--No peleen, por favor.

--Mejor abrimos los regalos –dijo un sonriente Sirius mirando la pila de regalos que tenía con su nombre.

Había muchos regalos alrededor del árbol de la sala común, pero nuestros regalos se encontraban todos en el centro de la sala frente a la chimenea, cada uno tenía una pila de regalos. El primer regalo de James era de sus padres que le habían regalado una escoba nueva, lamentablemente, sólo la podía usar en verano, pues recién al año siguiente pudo usarla en el colegio.

--Wooo, mira, May una nueva escoba... ¡genial! –exclamó emocionado.

--Si, es genial, pero que pena que no la puedas usar hoy –dije remarcando el no poder usarla, él sólo me sonrió con malicia.

Lily recibió de sus padres un libro de historia de la magia avanzado, Remus un suéter rojo, Mari un diario de vida con la portada dorada, yo recibí algo extraño, era una cadena con un relicario, intente abrirlo pero no pude.

--No lo puedo abrir

--Te lo abro –se ofreció Sirius.

Se lo pase, él lo miró y luego corrió un pequeño ganchito y este se abrió, me lo pasó sin ver lo que había dentro. Cuando lo tomé lo abrí completamente, dentro de este se encontraba una pequeña foto de mis padres cuando eran jóvenes, salían sonriendo, se notaba que estaban felices, la fotografía se movía y mostraba lo siguiente que era un beso entre ellos. Al verlos sentí como la angustia me oprimía el pecho. Ese cuerpo pequeño que no soportaba el dolor desgarrador de la soledad. Intenté oprimir las lágrimas, pues no quise joder al resto.

Era aun muy pequeña cuando perdí a mi padre y desde su muerte que no había visto fotografías de él… No quería verlo, pues pensaba que eso me iba hacer extrañarlo más, pero cuando lo vi, ahí sonriendo, me di cuenta que era una estupidez no querer recordarlo. Debía recordarlo y recordar que él murió haciendo lo que más amaba… murió ayudando a los demás, salvando a sus amigos…

Sé que te debes sentir mal, Harry y te debes sentir culpable por haber perdido a tus padres, pero sabes, cariño, tienes algo muy importante por lo que vivir, ¿sabes qué es?… El amor que profesaron tus padres cuando dieron la vida por ti, querido Harry. Ellos salvaron lo más importante que tenían, quizás con esto te des cuenta que la vida es difícil y que no somos los únicos que sufrimos, sólo somos un eslabón más en esta enorme cadena llamada destino y cuando los eslabones se unen y entrelazan a otras, puedes darte cuenta que no eres el único y que hay más cosas de lo que nuestros ojos nos muestran…

Cuando tomé la nota me temblaron las manos. James fue el único que se dio cuanta.

--¿Qué sucede, May? –me preguntó sentándose frente a mí, buscando con sus ojos los míos. Yo le devolví la mirada con los ojos aguados. Sin pensarlo mucho me quitó la nota de las manos y la leyó.

Para: Maylin Perazzy

De: Rehael Perazzy

Quedó mudo al ver lo que esta decía, volvió a mirarme, pero esta vez con tristeza.

--Si no quieres leerla, no la leas. Luego habrá tiempo para que la veas –me dijo de forma pausada como temiendo mi reacción –si quieres yo te la guardo.

--Yo, yo, yo… no me siento lista, James –logré decir.

--No te preocupes –me dijo con cariño –yo te la guardare –agregó tomando la carta que se encontraba entre mis manos. Sólo atiné a sonreír para calmar al resto, pero me sentía mal, quería estar sola y llorar, pero la mirada de advertencia de James me hizo desistir de mis pensamientos. Seguimos abriendo los regalos, pero por más extraño que parezca, sólo uno nos marcó a todos. El que marcó a Mari fue el Remus, este era un pequeño Libro de nota, el cual usaría por toda su vida -todos sabían de la afición de la rubia por escribir-, pero este no era cualquier libro de notas, pues en el se podía escribir por siempre y sus hojas nunca se acabarían. Era pequeño, de no más de 10 centímetros de largo y 7 de ancho, su tapa era violetas y sus hojas eran naturales de pétalos de violeta recicladas. Era hermoso y Mari quedó fascinada cuando supo que la libreta no tenía fin y que sólo se podía abrir cuando ella se lo pidiera.

Remus también recibió un regalo de Mari, este era un libro de tapa azul aterciopelado y no tenía titulo. Cuando Remus lo abrió se puso pálido, pues pensaba que nadie sabia su pequeño secreto y al darse cuanto que, efectivamente ese alguien existía, no pudo dejar de sentir nervios y miedo de lo que podría pasar; miró a Mari y esta le dedicó una sonrisa dulce, una que lo incito a abrirlo de nuevo. En la primera página decía.

El verdadero significado de la amistad es amar sin límites y aceptar al otro con defectos y virtudes.

No tengas temas al miedo del resto, pues esto es solo fantasía.

Realmente no existe el miedo, es sólo una vía de escape sin retorno,

Si eres capaz de enfrentarlo te darás cuenta que es más sencillo llevar lo temido…

Los ojos son el reflejo de la verdad

Y en los tuyos sólo pude encontrar sinceridad,

También vi oscuridad,

Pero luego me di cuenta a que se debía.

En ellos sólo había soledad,

En ellos sólo había tormento,

En ellos sólo había infelicidad.

Me di cuenta que tenías el brillo oculto,

El brillo de un gran sol en verano.

Con esa calidez latente.

Con el tiempo me di cuanta que eran

Dos luceros perdidos en la tierra,

Como estrellas desterradas

Que sólo brillan con la luna llena.

Pero sabes el pasado,

El presente y el futuro no existen

Si el miedo no está en ellos.

En ese momento Remus no sabía el verdadero significado de esas palabras y creo que tampoco lo sabía Mari, sólo fue de corazón, y quizás la primera muestra de amor.

Los regalos siguieron pasando hasta que Sirius llegó al que lo marcó y ese era el que yo le había hecho, nunca pensé que mi regalo lo iba a marcar, estés era una cadena donde salía su nombre. Era de oro blanco y sencillo, pero fue el único que podía usar, este regalo más adelante nos traería más de una pelea. A mi, Sirius, me regaló lo que me marcó, esta era una pulsera en la que habían distintos dijes; una representaba el dinero con un sigo peso, otro representaba la salud y era una mujer, otro representaba la inteligencia y era un libro, en el ultimo lugar donde, supuestamente, tendría que estar el signo que representara el amor, sólo había un ganchito. Miré a Sirius para decirle que faltaba uno, pero no me dejo terminar.

--No es que le falte un dije, ese aparecerá cuando te enamores por primera vez -dijo con voz distraída.

--May nunca se va a enamorar. –musitó James seguro de si.

--¿Cómo sabes?.. Aunque lo admito no fui hecha para cursilerías…. –dije en ese momento, sin pensar que estaba equivocada.

--Eso es verdad –condescendió James abriendo su regalo, este era una snich más pequeña de lo común. --¡Wooo genial!... ¿Quién me lo regalo? –preguntó emocionado. Lily levantó la mano tímidamente.

--Yo fui –dijo casi en un susurro

--Gracias, Lily ¡Esta genial!- exclamó emocionado James, miro a Lily y agregó –abre el mió.

--Ok –contestó un poco avergonzada, se encontró con una esfera no más grande que la palma de su mano de Lily. — ¿Qué es? -preguntó confundida

--Esfera musical –dijo simplemente James.

--¿Cómo que musical? –volvió a preguntar Lily.

--Si, como lo oíste, es musical cada vez que quieras escuchar música ella te la proporciona, pero no es cualquier melodía, o canción, sino que te dará pistas para solucionar tu problemas… bueno eso fue lo que me dijo el vendedor –explicó poniendo uno de sus dedos en la barbilla, luego de unos segundos en esa posición se giró para quedar frente a Lily, ella al ver la mirada de James le sonrió con amabilidad y se sonrojó levemente. James, al ver ese gesto de Lily sintió un hormigueo en el estomago, pero no le dio importancia, pues, en ese momento, pensó que podría deberse al hambre.

Después de abrir los regalos nos fuimos a comer al gran comedor, cuando terminamos de alimentarnos nos fuimos a los terrenos a jugar una rato, ya que el frió era casi infernal.

Los días pasaron dando inicio a Febrero. Con un sol hermoso nos levantamos el día catorce, donde los más grandes del colegio se besaban y se declaraban por todas partes a nosotros eso nos enfermaba.

--Que asco, mira se les ve la lengua –comentó Mari, cuando pasábamos por el pasillo del primer piso.

--Si que asco, yo no quiero besar si es así –acotó Lily mientras miraba a la pareja que se besaba.

--Yo nunca me voy a enamorar, así que no tengo problemas con eso –dije encogiéndome de hombros.

--Yo no sé, quizás si quizás no -musitó Lily –sólo espero, que si me llego a besar con alguien, no meta la lengua de esa forma.

Mari, Alice y yo nos reímos. Éramos pequeñas y no sabíamos de lo que hablábamos.

Cuando nos aburrimos de recorrer el castillo nos fuimos a la sala común, eran cerca de las cuatro de la tarde- ese día no había clases- y los que querían podían ir al pueblo, pero había que ser de segundo, así que tuvimos que quedarnos en el castillo y en sus alrededores. El día fue una muy aburrido, ya que no sabíamos qué hacer con las chicas, cuando entramos a la sala común nos encontramos con los chicos que estaban en el sillón, pero nuestra sorpresa fue que no estaban solos, sino que estaban con chicas de sexto y séptimo, las cuales les hacían mimos. Ellos reían como angelitos, no entendí en ese momento por qué, pero quería patearlos por estar con ellas y no con nosotras.

--Son unos tontos –mascullé entre dientes. Lily asintió dándome la razón, en cambio Mari y Alice gruñeron enojadas.

--Son muy lindos, chicos –decía una rubia muy alta para la edad que tenía.

--Si, son lindos –condescendió otra con voz chillona.

--Cuando sean grandes serán muy guapos –comentó una morena. El trío reía orgulloso de estar rodeado de todas las chicas lindas de los cursos más grandes.

--Sabes a mi no me molestaría esperarte, Sirius –dijo una. Cuando escuché eso sentí una punzada en el pecho; salí corriendo hacia mi habitación, cuando iba corriendo y pase frete a ellos y del grupo de "huecas" como cariñosamente le pondríamos después las chicas y yo, los chicos, y más específicos James, se preocupó; se giró para recibir alguna repuesta, pero vio a Alice, Mari y a Lily, tanto o más, desorientadas que él, prefirió no hacer nada y seguir conversando con las "huecas".

Las chicas subieron las escaleras casi pisándome los talones… Una vez arriba se acercaron a mi cama y vieron que estaba con la cabeza oculta bajo mi almohada.

--¿Qué pasa, May? -me preguntó Lily mientras me acariciaba la cabeza.

--Nada –fue mi respuesta amortiguada por la almohada.

--¿Cómo que nada? –inquirió Mari alzando la voz.

--Nada –dije esta vez sin la almohada.

--Entonces ¿Por qué saliste de esa forma? -escudriñó Alice con el entre seño fruncido.

--No sé… -respondí y me volvía tapar con la almohada.

Las chicas se miaron entre si sin entender, pero prefirieron guardar silencio.

Ese día fue el inicio de peleas y conflictos entre el grupo, peleas que nos llevaron a terminar el año separados. James y yo seguíamos tan amigos, pero aun así, todo era distinto, ya nada iba a ser igual.

El año llegó a su término con dos grupos muy unidos. Las chicas y yo nos hicimos más amigas cuando los chicos comenzaron a separes de nosotras y ellos por su parte al tener más tiempo solos, también, se unieron. Cuando regresamos en el tren a casa nos despedimos, en el anden 9 y ¾, con nostalgias y prometimos frecuentarnos en las vacaciones, lo lamentable, o quizás no, fue que no nos vimos hasta el regreso a clases.

continuará...