Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, sólo nos adjudicamos la traducción.


The Perfect Partner Program

By: MarieCarro (Beta en inglés Mylissa Fanfiction)

Traducción: Katie D. B

Beta: Mónica Szpilman


Capítulo 6: La asignación

—¡Oye, Bella! Despierta, tenemos una asignación —llamó Jessica desde algún lugar en la suite.

Gruñí y rodé hacia mi otro lado. No quería levantarme, y especialmente no debido a una tarea.

—Tienes cinco segundos y luego echaré agua fría sobre ti — dijo la voz menos entusiasta de Leah, justo a mi lado. Entreabrí uno de mis ojos y vi a Leah con un recipiente a punto de derramarse directamente sobre mi cara.

Rápidamente rodé al otro lado y volé fuera de la cama. Entrecerré mis ojos ante la sonrisa complacida de Leah.

—Eres bastante sádica, ¿no es así?

—Solo cuando es necesario —respondió ella y colocó el recipiente en mi mesa de noche—. Ahora, vamos, antes de que Stanley explote de emoción allí afuera. —Abandonó el dormitorio y soplé con irritación antes de seguirla.

Durante los dos días que pasaron desde que llegué aquí, nuestra querida directora nos dijo que podríamos conocer a nuestros nuevos compañeros de piso. Después de eso, el programa comenzaría.

Sin duda yo había llegado a conocer a mis compañeros de piso.

Jessica Stanley era, como se esperaba después de la introducción, una chica muy agradable. Tenía veintidós y amaba los chismes, pero nunca comenzaba el chisme ella misma. Tenía mucho miedo a lastimar a alguien si el chisme resultaba ser falso. Se emocionaba por las cosas más pequeñas, y era terriblemente positiva. También era muy conversadora, algo que hacía que odiara que las tres compartiésemos una enorme habitación con tres camas dobles.

Como dije, Jessica es una chica agradable y dulce, pero en serio necesitaba callarse alguna vez.

Leah Clearwater no era completamente lo opuesto, pero sí muy negativa como para que nos llevásemos bien. En otras palabras, éramos muy parecidas.

No me importaba lo que decía el viejo refrán: "Dios los cría y el viento los amontona". Leah y yo claramente demostramos que no era cierto porque teníamos los mismos gustos en la mayoría de los aspectos, pero por alguna razón, no podía soportarla.

Ella tenía veinticinco años, y era nativo-americana, aunque la tribu a la que pertenecía se había perdido en la historia de su familia varios años atrás en el pasado.

La mujer con la que ella había estado sentada en el auditorio, Emily Young, no era una vieja conocida como yo había pensado. Solo sucedió que comenzaron a hablar el día anterior y se hicieron amigas instantáneas.

En la "sala", Jessica se irguió frente al iPad que estaba colocado en la pared junto a la puerta de entrada. Así era como obteníamos nuestras asignaciones.

Cada estudiante había recibido un nombre de usuario y una contraseña, y cada mañana debíamos acceder para comprobar las asignaciones.

El programa no tenía una planificación firme, así que por eso tenían este sistema. Lo hacía más fácil para todos.

—Entonces, ¿cuál es la asignación? —pregunté mientras caminaba detrás de Jessica.

—"Las primeras impresiones pueden ser difíciles. No siempre son las más importantes, pero seguramente es determinante para tener la oportunidad de conseguir esa segunda mirada.Tienen dos horas para prepararse para su "primera cita" en la habitación 105.Prof. G. Martin y Prof. K. Martin".

Jessica se dio vuelta después de que terminó de leer.

—¡Oh, por Dios! ¿Dos horas? Eso es apenas suficiente tiempo. —Al instante corrió a la habitación mientras gritaba que tomaría el cuarto de baño primera.

Leah y yo intercambiamos miradas antes de compartir una pequeña sonrisa y agitar nuestras cabezas ante las payasadas de Jessica.

Dos horas era más que suficiente. Podría estar lista en cuarenta minutos si fuera necesario. Todo lo que necesitaba era encontrar alguna ropa bonita, cepillar mi cabello y tal vez mejorar mi maquillaje habitual un poco, pero no más que eso.

Ya que estaba depilada, no tenía que afeitarme las piernas, lo que me ahorraría mucho tiempo. Solo tomaría una ducha rápida cuando Jessica terminara, pero tendría que utilizar la secadora para la enorme cantidad de cabello que tenía en mi cabeza o se vería como un nido de pájaros.

Mientras que Jessica estaba encerraba en el cuarto de baño, empecé a revisar mi armario. Leah se sentó delante de uno de los espejos de maquillaje y aplicó una crema en su cara y cuello con olor cítrico antes de aplicar el rímel en sus pestañas.

—¿No te bañarás? —le pregunté. Sabía que técnicamente no era una auténtica primera cita, pero no significaba que no pretendería que lo era, y siempre me duchaba antes de una primera cita.

—Me duché mientras tú y Stanley estaban dormidas. Sabes que soy una persona mañanera.

Leah tenía un estilo de vida que tanto envidiaba como sabía que no sería capaz de mantenerlo.

Ella se levantaba a las seis cada mañana para hacer yoga antes de su desayuno, el que consistía siempre en la misma avena con canela y bayas frescas. Después de eso, a veces tomaba una ducha, algunos días se duchaba por la noche, y solo utilizaba productos naturales.

Para ese momento, Jessica se despertaría y caminaría instantáneamente al iPad para comprobar las asignaciones.

Ellas me despertarían y aquí estamos.

Cuando había elegido la falda y el top que planeaba usar, fui a la cocina para desayunar. Me aseguré de hacer algo para Jessica también ya que sabía que no pensaría ni por un segundo en el desayuno hasta que una de nosotras se lo recordara.

Ya que era cuatro años más joven que yo, se sentía como tener una hermana pequeña.

Cincuenta minutos hasta que tuviésemos que estar abajo en el aula, Jessica todavía no había salido del baño, así que toqué la puerta. Necesitaba tomar una ducha también, y Jessica aún no había elegido qué ropa iba a usar.

¿Qué?— la escuché por la puerta.

—Tenemos cincuenta minutos, Jessica, y necesito ducharme.

¡¿CINCUENTA?! —Cubrí mis orejas para evitar el daño al oído que podría haber causado su grito, incluso a través de la puerta.

—Sí, cincuenta, así que saca tu culo de allí.

Oí la cerradura sonar y di un paso atrás justo a tiempo para esquivar la puerta antes de que rompiera mi nariz.

—¡Jesús, Jessica! Tómatelo con calma, ¿podrías? —le reclamé cuando corrió hacia el dormitorio con solo una toalla. Esa chica tomó esta asignación muy seriamente.

Tomé mi propia toalla e hice mi camino hacia el cuarto de baño. Me quedé en shock cuando vi el desorden allí. Botellas y recipientes abiertos con cremas y lociones, y varios otros artículos estaban derramados por todas partes. Había manchas de maquillaje en el fregadero y una bola de pelo, fangosa y húmeda, junto al desagüe de la ducha.

Si había una cosa que no podía soportar, era una mujer adulta sucia y asquerosa.

—¡Jessica! ¡Si valoras tu vida, limpiarás aquí antes de que tengamos que irnos! —grité en su dirección.

—¡¿Qué?! ¡Bella, no tengo tiempo de limpiar! ¡Lo haré cuando regresemos! —me gritó de vuelta.

—Para ese momento, esta mierda estará toda seca. Tomaré una ducha rápida, pero luego, tú limpiarás aquí.

Jessica salió de la habitación y me miró con ojos incrédulos.

—No puedes hablar en serio. Arruinará mi atuendo. —Hizo un gesto hacia el vestido beige que llevaba y que rodé mis ojos.

—Debiste pensarlo antes de hacer un desorden. Ponte algo grande encima mientras limpias, y es mi última palabra.

Escuché a Jessica resoplar y mascullar algo por lo bajo antes de cerrar la puerta del cuarto de baño y tomar esa ducha.

Lamentablemente, como a menudo hacía cuando me duchaba, perdí la noción del tiempo ya que el agua caliente se sentía tan bien en mi cuerpo, y cuando miré el reloj en mi celular, fue mi turno de correr hacia el dormitorio. Tenía veinte minutos para secar mi pelo, cepillarlo, maquillarme, vestirme e ir al salón de clases.

El estrés hizo mi corazón saltar hasta mi garganta y mis manos temblaban mientras me ponía apresuradamente la falda y el top que había elegido usar.

Leah estaba acostado sobre su espalda, jugando con su móvil mientras que Jessica y yo dábamos los últimos toques en nuestro maquillaje, cuando hubo un golpe en la puerta.

Las tres fruncimos el ceño la una a la otra ya que no teníamos idea quién podría ser.

Caminamos a la puerta juntas, y cuando abrí la puerta, me encontré con Edward, Jacob Black y Benjamin Wright, voluntario de Jessica, esperando afuera con sus manos casualmente en sus bolsillos como si fuera una coincidencia el que estuvieran fuera de nuestra puerta.

—¿Qué están haciendo aquí, chicos? —les preguntó Leah. Nos hicimos a un lado para permitir que los chicos entraran.

—Estamos aquí para recogerlas y acompañarlas a la clase 105 —Benjamín respondió con una sonrisa. Era un chico de pelo oscuro, muy alegre de estatura promedio. Jessica nos había dicho que nació aquí en Estados Unidos, pero sus padres eran de Egipto donde sus abuelos todavía vivían.

—¿Por qué? Podríamos haber ido nosotras solas —dije y miré con incredulidad lo que primero pensé que era un ramo de flores, que resultó ser una sola la que Edward me ofrecía. Era una flor rosa que nunca había visto antes.

—Si esto fuese una cita real, hubiera sido más adecuado para nosotros recogerlas y llevarlas al restaurante —explicó Jacob y le ofreció a Leah su brazo. Ella rodó sus ojos hacia él, pero unió su brazo a través del ajeno de todos modos.

Benjamín hizo lo mismo con Jessica y las dos parejas dejaron la suite. Miré a Edward y me guiñó un ojo antes de hacer un ridículo tipo de inclinación delante de mí.

—Señorita —dijo con una horrible imitación de acento medieval—. Me honraría inmensamente si me permite escoltarla a la clase 105.

Resoplé, poco atractiva, y sacudí mi cabeza antes de aceptar su oferta y poner mi mano en su brazo.

—Bueno, ya que insiste, señor —le respondí. Edward parecía encantado de que le siguiera la corriente y me dedicó una sonrisa radiante.

A pesar de que estábamos en una escuela, me aseguré de cerrar la puerta antes de hacer nuestro camino hacia la planta baja.

Mientras caminábamos, estudié la flor que me había dado.

—Nunca antes había visto una flor como esta —dije—. ¿Por qué elegiste esta?

—Es un rododendro de costa: la flor de tu estado. Ya que no te conozco realmente todavía, opté por lo seguro.

Estaba impresionada. Había recibido flores de chicos antes, pero nunca con tanta intención detrás de ellas.

—¿Dices que la flor de mi estado es una "opción segura"? Otros chicos habrían elegido rosas o tulipanes.

Edward sacudió la cabeza mientras arrugaba la nariz.

—Esas flores son para aquellos sin conocimientos y los que esperan conseguir un polvo más tarde en la noche.

—¿Y flores con significado detrás de ellas? —Agité la flor delante de su cara.

—Cuando un chico hace un esfuerzo y trata de comunicarse con flores, ese es alguien que vale la pena. Él demuestra que está preparado y que quiere más de ti que solo calientes su cama esa noche.

—Oh, ¿en serio? Yo diría que es al revés. —Una pequeña sonrisa comenzó a formarse en los labios de Edward. Era obvio que él creía que era divertido cuando no le seguí la corriente.

—¿Y por qué? —preguntó, todavía con la pequeña sonrisa grabada en su rostro.

—Un chico que compra rosas o tulipanes, para mí, es alguien que piensa en ti antes de la cita, pero ya que él no es ningún experto en flores, va con la llamada "opción segura", mientras que un chico que compra flores como esta quiere impresionar, hacer que la mujer se derrita con su conocimiento de la flora y fauna.

Sonreí, complacida con mi conclusión. Edward, sin embargo, no había terminado todavía.

—Aunque veo su punto, señorita Swan, permítame hacerle una pregunta. Digamos que usted salió a una cita con ambos de estos chicos. Ambos quieren una segunda cita, ¿a cuál escogerías? ¿A las rosas que son comunes y desaparecerán en la multitud, o el rododendro de costa?

—No sabía que usted fuera una de las opciones, señor Masen. —Dejó esa completamente abierta para mí, y tomé la oportunidad.

Edward se rio entre dientes.

—Eres muy peligrosa, Bella. ¿Sabías eso?

A pesar de haber amado cuando él utilizó mi nombre completo la primera vez, una emoción me penetraba cuando él me llamaba Bella.

—¿Sí? ¿Por qué?

Él me dio toda su atención y la intensidad de su mirada hizo a mi interior revolotear.

—Con cada reunión, hace que me gustes más y más. Si continúas así, puede que no te deje ir al final de este programa.


Nota traductoras:

¡Hola, hola!

¿Qué les ha parecido este capítulo? La primera asignación, un poco de la convivencia de Bella con sus compañeras de cuarto y esa frase del final de Edward :O

Esperamos saber todas sus opiniones en un RR y, si lo hacen, es muy posible que reciban un adelanto del próximo capítulo el jueves ;)

¡Gracias por seguir la historia!

Hasta el sábado