¡Hola a todos! Perdón por el retraso, pero es que esta fue la última semana de clases y pues, he estado algo ocupadita. Sin contar que estoy planeando y escribiendo el libro: "Mil y un maneras de exterminar a tu maestro de matemáticas" Jojojo. Bueno, espero que les guste la continuación a pesar de que está algo corta. No tengo mucho qué decir, sólo que perdón por los dos días de retraso y las pocas palabras que dejo antes de la continuación… ¡Disfrútenla!


La Vida Que no Elegí

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Zero no Tsukaima

Todo era normal con ella. Iba a terminar la Universidad, su familia era pacífica y nada podía alterarla. ¿Un accidente, tal vez? Cambio de vida, nuevos desafíos y peligros. Secretos ocultos acerca de su pasado y ahora presente. Se le ha encomendado una misión que ni ella misma está segura de poder cumplir. Ha perdido su libertad, ahora vive con miedo de ser herida o herir a otros. Ya ha perdido mucho y no está dispuesta a perder más. Mucho menos ahora que el amor ha vuelto a golpear en su puerta, mas sin embargo, no es un rostro desconocido. ¿Qué serías capaz de hacer para proteger al amor de tu vida y a la vez, mantener a salvo el mayor tesoro familiar? ¿Qué darías por su bienestar y protección?

-…- (Diálogos)

-"…"- (Pensamientos)

Blah blah blah (Flashbacks)

(…) (Notas de la autora)

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Sólo hago uso de ellos para crear una historia que me mantenga entretenida durante toda la tarde, al igual que a ustedes, los lectores.


Cáp. 6: La Huída

Todo le daba vueltas. Ese accidente le había dejado shockeado. Abrió sus ojos aturdido y miró a su alrededor y de golpe le llegó un recuerdo. Unos cabellos rosas y unos ojos del mismo color. ¡Louise! Rápidamente se giró hacia el convertible rojo que estaba contra la pared. El cristal del taxi estaba totalmente pulverizado, así que no le fue muy difícil sacar parte de su cuerpo y con terror mirar a la chica inconsciente sobre la bolsa de aire. Una mancha roja cubría su frente y parte de su cien. Bajó un poco la mirada y vio su brazo también manchado de sangre. Acercó su mano y la movió preocupado.

-¡Louise! ¡Louise!—gritaba agitándola. Escuchó un gemido al frente de él. Al parecer el chofer se encontraba bien. Giró su cabeza hacia la chica nuevamente, y notó como se comenzaba a mover. Levantó la cabeza con aturdimiento y abrió sus ojos lentamente. Sintió como su corazón volvía a latir al ver que se encontraba bien—Louise…--murmuró.

-¿Saito?—preguntó esta, girándose hacia él. Y eso aprovecho el chico para evaluar mejor la herida que tenía en la frente. En realidad, no era precisamente en la frente, sino de un lado. Y tenía uno que otro pequeño raspón en su juvenil rostro.

-¿Te encuentras bien?—preguntó regresando un poco dentro del taxi.

-Sí, pero…--decía mirando a su alrededor. No recordaba muy bien. Miró el auto, sus heridas y después, todo le dio vueltas. Recuerdos, miles de recuerdos la golpeaban. Abrió sus ojos rápidamente e intentó moverse, empujando la bolsa de aire a un lado.

-¿Louise?—preguntó Saito, mirando la desesperación de la chica--¿Qué pasa?—volvió hacia ella, dejando al herido conductor sobre el asiento.

-Tengo que escapar, ya vienen…--decía sacando de uno de los compartimientos una navaja. Al parecer, su hermana había dejado una que otra arma para defenderse. Sin dudarlo la clavó en la bolsa de aire para así desinflarla y dejar el volante libre. Intentó mover su brazo izquierdo hacia el volante, pero miles de punzadas lo recorrieron, haciéndola gemir de dolor.

-¡No te muevas!—exclamó acercándose—Tus heridas pueden empeorar.

-Estoy bien—dijo encendiendo el motor, que milagrosamente aún estaba en condiciones de alcanzar las velocidades necesarias como para salir y encontrar donde refugiarse—Tengo que salir de aquí antes de que…--las palabras murieron en su boca cuando el chirrido de los neumáticos sonaron a la distancia. Abrió sus ojos y giró su cabeza, ubicando el maldito coche acercándose a toda velocidad. Más disparos se escucharon y luego como daban contra el taxi que había quedado frente al Ferrari. Un cristal se rompió por completo y Saito gritó asustado. Louise lo miró y sin dudarlo lo aló dentro de su auto, pasándolo con dolor sobre ella y lanzarlo al asiento del copiloto. El chico la miró asombrado, pero no pudo decir nada antes de que escuchara como ella gemía y pisaba en acelerador con fuerza y el auto hacía un esfuerzo para salir de la prensa que se había hecho entre el taxi y la pared.

-Vamos, vamos…--rogaba la chica mirando al frente y luego al auto que se acercaba--¡Maldita sea, muévete!—exclamó frustrada, cambiando la velocidad y logrando zafarse. El casi totalmente destruido auto salió quemando cauchos de entre los escombros para adentrarse en una nueva calle. El joven Hiraga miró hacia atrás, donde el auto salía casi chocando también con el taxi; giró su cabeza hacia Louise, quien hacía muecas de dolor.

-No deberías…--comenzaba, pero la chica lo cayó.

-No me digas lo que debo y no debo hacer—dijo secamente, sin siquiera mirarlo—Si no te has dado cuenta, nos persigue quien sabe quien para matarnos—añadió girando rápidamente, para irse por otra calle, pero al hacer el movimiento su brazo dolió con fuerza--¡Arg!—se quejó cerrando los ojos. El chico la miró por unos instantes. No aguantaría seguir en ese estado. Se giró para ver que el auto se acercaba cada vez más.

-Gira a la derecha—indicó acomodándose, a lo que la chica lo miró--¡Sólo hazlo!—ordenó y la chica lo hizo, entrando en un muy estrecho callejón—Derecha, izquierda—ordenaba y la chica lo hacía sin dudar, ahogándose sus gritos en su garganta. Salieron a lo que parecía ser un puente, ya que estaban debajo de él—Detente—ordenó y la chica lo miró como si estuviera loco—No puedes seguir así, yo manejo—dijo con tono comprensivo, pero ella siguió dudando—Si no lo haces, te obligaré, pero créeme que no quiero hacerlo—agregó frunciendo el ceño. La chica asintió aún no muy convencida. El joven se bajó a toda velocidad, saltando por arriba de lo que debió ser la puerta y corrió hacia el asiento de conductor. Louise ya se había movido al asiento de al lado y se sujetaba el brazo con dolor. Se subió y ni si quiera se puso el cinturón de seguridad. Puso la velocidad y pisó el acelerador, yendo por debajo por unos segundos antes de subir una pendiente y entrar a una zona de casas.

-¿A dónde vamos?—preguntó la joven pelirosa con dolor.

-A un hospital—dijo sin mirarla.

-No puedo ir allí, ellos lo intuirán e irán—respondió cerrando los ojos con fuerza—Saben que estoy herida--.

-¿Entonces dónde?—preguntó frustrado—Tienes unas heridas graves…--.

-Sé cómo tratarme, pero necesito lo necesario—decía jadeante. Él la miró con duda. ¿Esa era la Louise que había conocido? Suspirando dio un giro, entrando en una nueva calle de grandes edificios, pero al parecer de departamentos.

-¿Ahora, dónde vamos?—preguntó mirando a su alrededor.

-A mi departamento, creo que tengo lo necesario para tratar tus heridas, pero al más mínimo indicio de que no puedes sola, te llevo a un hospital—dijo tajante, a lo que la chica asintió. Se detuvieron en un edificio de no más de diez pisos y metieron el destrozado automóvil dentro del estacionamiento. El primero en bajar fue Saito, para ir a abrir la puerta de la joven y ayudarla a andar hacia el elevador.

La sujetó por la cintura y hacía lo posible para no tocar el brazo herido. La chica, por su parte, pasó su brazo derecho sobre los hombros del joven para darse apoyo. Así caminaron por el vacío pasillo, hasta detenerse en una puerta de madera. Con cuidado de no tirarla sacó sus llaves y abrió la puerta. Era de buen tamaño y parecía muy acogedor. Caminaron lentamente hacia la sala, donde el chico la ayudó a sentarse antes de correr hacia el baño, al parecer.

Dejó caer su cabeza de lado. No podía haberle pasado esto. Abrió sus ojos para analizar un poco la habitación donde se encontraba. A pesar de ser de noche y estar a oscuras, la luz se colaba por la amplia ventana que se encontraba abierta. Una alfombra azul cielo, pasó su mano derecha por los sillones y pudo reconocer la piel. Por el color, intuía que sería un tono oscuro. Aún con el mareo surcándole el cuerpo pudo memorizar uno que otro detalle de la habitación. Y fue ahí, cuando notó una fotografía en un mueble junto a una lámpara y el teléfono. No distinguía bien los rostros. Uno debía de ser Saito, pero… ¿Y la otra persona? Iba a acercarse, cuando el chico regresó con un botiquín de primero auxilios.

-Creo que necesitarás ayuda—dijo observando como apenas se podía mover. La chica le miro pero dejó que le ayudara. Abrió el botiquín y sacó un algodón, alcohol, un desinflamante y un desinfectante. Unas cuantas gasas, cinta y algunos parches y curitas. Tomó la botella de alcohol y humedeció una bolita de algodón. Miró a Louise y esta asintió.

-Te va a doler—advirtió acercando el algodón.

-No creo que me duela más que esto—respondió cerrando los ojos, preparándose. El chico tragó un poco de saliva y lo acercó a la herida de la frete. Escuchó como ella tomaba aire rápidamente y se quejaba ante el contacto del líquido. Comenzó con la limpieza con cuidado de no lastimarla mucho. Cuando la sangre fue limpiada de la herida, observó que no era muy grave. Sacó de su envoltorio las gasas y las dobló un poco. Las colocó sobre la herida y con la cinta la fue pegando a su frente. También sacó unas vendas y se las puso en la cabeza, para que así que la gasa no se cayera. Ahora…

Bajó la mirada para ver la blusa de la chica manchada de sangre hasta casi el codo. Tragó un poco de saliva. Buscó el rostro de la chica y con lo que se encontró, fue que ella o ya se había dormido o había vuelto a caer inconciente. ¡Perfecto! ¡Esto era perfecto! Con las manos temblantes acercó su mano al suéter y se lo quitó, dejándola solo con una blusa blanca de manga larga. Botones… tenía que ser de botones. Acercó su mano al primer botón pero se detuvo y su mirada la recorrió con más detenimiento. Había cambiado, y bastante. Sacudió su cabeza, regresando su mirada al botón y con oraciones surcándole la mente, comenzó a desabotonarla, hasta quitársela y para su gran alivio y salvación, traía otra blusa debajo de tirantes. Con el alma y cuerpo más tranquilo miró la herida y se mordió el labio. Esta sí era grave. Tenía algunos cristales incrustados en la piel. Se giró hacia el botiquín y sacó unas pinzas delgadas de metal. Las acercó al brazo y con sumo cuidado fue sacando pedacito por pedacito de cristal, escuchando algunos gemidos o quejidos por parte de la chica.

Tardó poco más de cinco minutos en sacar cada pequeño pedazo de vidrio de su brazo. Acercó el alcohol y limpió la herida. Luego el desinfectante y desinflamante. Y fue vendando la herida con una venda gruesa, ya que las gasas no darían abasto para esas heridas. Ya terminado el vendado, acercó un broche para detener las vendas y miró a la chica. No podía dejarla allí, estaría incómoda. Con un suspiró se acercó más a ella y la tomó en brazos, intentando no hacer ningún tipo de movimiento brusco. Abrió la puerta de su cuarto de una patada, puesto que la había dejado emparejada. Con mucha delicadeza la acomodó en la cama, para después sacar un juego de sábanas y colchas para cubrirla.

Retrocedió unos pasos hasta recargarse en el marco de la puerta. Tantos años sin verla y ahora estaba allí, en su cama, toda llena de heridas y al parecer en peligro. Cuando amaneciera la llevaría a un hospital para que trataran mejor sus heridas, eso estaba decidido. Ahogó un bostezo y sacudió un poco su cabeza. Ya tendría tiempo para preguntarle todo lo que ocurría, ahora debía de descansar y dejarla dormir. Sacó otro juego de sábanas y tomó la almohada que no era ocupada y se la llevó al sillón, donde se fue acomodando poco a poco. Se cubrió con la sábana y cerró los ojos. Siempre quiso volver a verla, y ahora estaban juntos nuevamente. En el mismo departamento. Completamente solos…

El destino tiende a ser muy cruel. Pero por esta vez, agradecía de todo corazón lo que había traído consigo.

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Continuará…


¿Y bien? Vaya manera de reencontrarse, pero bueno. ¿Pidieron LouisexSaito? Pues en los próximos capítulos disfrutaran mucho de esta pareja. Este capítulo es sólo la entrada a lo que se vivirá próximamente. Paso directamente a los agradecimientos:

MarEliBen: ¡Justo a tiempo, prima! Jejeje de una u otra forma iba a hacer que dejaras review. Jojojojo qué mala soy contigo, verdad. Bueno, espero que te haya gustado el capítulo a pesar de toda la presión vía msn. ¡Por cierto! Felicidades, graduada.

Abril-chan: Ahí al tienes, espero que con esto todas tus preguntas hayan sido resueltas…

Silvemy89: ¡Seh! En lo personal, así me gustaría reencontrarme con alguien querido. xD jajajaja me alegra que te gustara amiga.

Kiosé: gracias Nee-chan. Espero que te de tiempo esta vez de ser la primera, eh? Jejeje ¡nos vemos el martes! Te cuidas y… etto… gracias por todo el apoyo incondicional.

¡Gracias a todos!

Atte: TanInu

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