CORAZA
Gai no podía dar crédito a lo que escuchaba, pero si alguien era de fiar era él. Neji podía tener muchos defectos, pero no era un mentiroso. Y aquello que le contaba punzaba en el sensei dos sensaciones tan extremas como la alegría y el miedo más profundo. Así que algo se cocía entre sus queridos y jóvenes alumnos, ¡y él sin enterarse! Tomó asiento junto al joven Hyûga, tan calmado como siempre. Este fue el primero en romper el silencio.
-Si se lo he contado es porque creo que es una situación que puede volverse insostenible y perjudicar al equilibrio del equipo. Aunque oficialmente no lo seamos, funcionamos bien como tal y seguimos entrenando juntos –Suspiró, alzando la mirada de sus blancos ojos al cielo-. No sé si he hecho bien, pero no sé absolutamente nada sobre este tipo de asuntos.
-Así que Lee la ve de ese modo –Concluyó, a modo de resumen, todavía paralizado por la sorpresa, los recuerdos y la nostalgia-. ¿Y ella no ha dicho nada?
-Nada en absoluto –Negó con la cabeza.-. Al menos, no algo en firme.
-Explícate.
-Le pregunté a Tenten, después de que me explicase que le preocupa que Lee se esté aventurando en un nuevo encaprichamiento, qué sentía ella al respecto –Sonrió con fondo de tristeza-. Se limitó a negar con la cabeza y hacer como si no hubiese preguntado nada.
-No creo que Lee se haya encaprichado, al menos no de Tenten.
-Sin embargo, Tenten tiene razón: Lee es muy impulsivo, sólo hay que pensar en su historia con Sakura.
-¿Y no crees que si Tenten fuese un capricho habría llegado antes que Sakura? –Neji guardó silencio, recapacitando. Gai sensei sabía más que él sobre esto, por lo que no podía rebatirle aquello.- Además, resultaba evidente que en cualquier momento pasaría algo. Si no era contigo, sería con él.
-¿Qué quiere decir? –Alzó una ceja, intentando sellar en su memoria el día en que Tenten se le confesó. Se había sentido terriblemente cruel y violento, pero hay cosas que los humanos no pueden cambiar.
-Ambos sois chicos listos, y ella es una chica maravillosa que siempre os ha apoyado desde la sombra que le hacíais –Ahora era el maestro quien miraba al cielo-. Sé perfectamente cómo se siente alguien cuando tiene que convivir con genios y talentosos ninjas. No digo con esto que Tenten no tenga talento, ni mucho menos, pero salvo nosotros nadie parece querer reconocerle el mérito.
-Comprendo… -Clavó la vista en el suelo. Realmente, nunca se había planteado la posibilidad de que Tenten se sintiese inferior a Lee o a él mismo, a pesar de su arrogancia inicial. Todos en el grupo sabían que si había alguien capaz de calmar las cosas era ella, siempre decidida y dispuesta a colaborar, esforzándose al máximo por no quedarse atrás. Para Neji, todos ellos estaban al mismo nivel. Pero como Gai sensei decía, el resto del mundo no parecía querer ver el talento que escondía la kunoichi de los moños.
-Por eso siempre tuve en cuenta que algún día uno de los dos se percataría de la suerte que tienen de tener a una niña –Se interrumpió, tosió y se corrigió.-… es decir, a una mujer tan increíble a su lado.
-Ambos somos conscientes de ello, Gai sensei –Replicó con calma-. Pero ahora estamos hablando de otro nivel de consideración.
-Claro, pero estáis en la primavera de la juventud, cuando los corazones florecen –Sonrió y le guiñó un ojo. Neji se dio cuenta de que Tenten era quien le hacía evitar crisparse ante las excentricidades de las dos Bestias Verdes de la Hoja. Al ver que el shinobi no respondía, Gai decidió cruzar los brazos sobre el pecho y retomar la conversación.-. Pero lo que me escama es el hecho de que Tenten no quisiese responder a tu pregunta.
-Ni siquiera pude verlo al mirarla a los ojos. Normalmente, es una persona abierta que no tiene problema en contestar de forma sincera. Pero –Parpadeó, verdaderamente confusa- había algo, en sus ojos… No sabría decir que era, pero no me dejó ver más allá de su esquiva actitud.
El maestro reflexionó sobre aquello que Neji había dicho mientras caminaba por las calles de la aldea. Lo cierto era que tenía razón, resultaba extraño que Tenten rehusase responder a algo, y más a Neji, en quien confiaba ciegamente. Estaba severamente preocupado, empezando porque Lee había sido tan descortés como para robarle un beso a Tenten –lo castigaría con mil vueltas a la aldea cargándole a él mismo sobre la espalda-, y terminando por aquella incómoda sensación que le oprimía el pecho. Debía hablar con su alumna cuanto antes.
El sol brillaba alto, y el olor a comida rezumaba de todas las ventanas. Su estómago rugió. Era hora de pasarse por el Ichiraku. Alcanzó el puesto de ramen unos minutos después, y al apartar la cortinilla no pudo creer la suerte que tuvo.
-¿Gai sensei?
Sentadas en dos de los tres taburetes del local, Hinata y Tenten esperaban por su comida; ahora, observaban al recién llegado, al que invitaron a sentarse con un gesto de la mano.
-¿Qué tal se ha dado la mañana, sensei? –Preguntó Tenten con una sonrisa- Siento no haber acudido al entrenamiento de hoy, Tsunade sama me pidió que sustituyese al maestro de armas de la escuela.
-No te preocupes, ¿ha ido bien? –Ella asintió alegremente. Entonces, reparó en sus ojos. Niebla. Una niebla gris y oscura, apagada, opaca… Una nube que eclipsaba el reflejo de la sonrisa en su mirada.- Oye, Tenten, Neji me ha contado algo que…
La kunoichi se dio un golpe con la mano en la frente, interrumpiendo a su maestro. Suspiró profundamente y dirigió la mirada a Hinata.
-Hinata, tienes un primo que es un bocazas –Esta se encogió de hombros, pero por su expresión Gai dedujo que sabía de qué iba el tema. La morena devolvió la mirada al maestro, obviamente hastiada por el asunto.-. Gai sensei, no tiene por qué preocuparse. Esto es algo que debo resolver con Lee, no afectará de ningún modo al equilibrio del equipo y la situación no se verá influenciada por nuestras vidas privadas.
-Eso es exactamente lo que Neji dijo –Se sorprendió Gai.
-Incluso ha sonado como si Neji niisan lo hubiese dicho –Colaboró Hinata, que tenía la impresión de haber oído a su primo hablar a través del cuerpo de Tenten.
-Neji es la personificación del ninja obediente y cumplidor, no diría nada más allá de esos parámetros. Aunque sea un bocazas –Golpeó la mesa con el puño. Ya le daría su merecido en otro momento.
-Tenten, creo que Neji sólo se ha preocupado por sus compañeros –Defendió Hinata-. Es normal. Bueno, no en él, pero tarde o temprano…
-¡Tu primo es un experto en guardar silencio! ¿Por qué ha decidido cambiar justo con esto? –Hizo aspavientos con los brazos, claramente indignada.
-No te alteres –Suspiró Gai sensei.-. Lo que más nos preocupa a ambos ahora mismo eres tú –Por primera vez, Gai estaba serio y guardaba las formas. Tenten se relajó, se encogió de hombros y se sentó. La comida de los tres fue servida, y empezaron a comer en silencio.
-No es necesario que se preocupe, sensei –Contestó Tenten al rato, sin apartar la vista de su plato.-. De verdad, no ocurre nada, en cuanto Lee vuelva lo resolveremos. Todo será como siempre y…
-Y tú estás ocultando algo –La interrumpió bruscamente. Su rostro se volvió pálido, y los tres regresaron al silencio anterior. En ese momento, alguien entró en el Ichiraku.
-¡Hinata! –El rubio e hiperactivo Naruto Uzumaki se acercó a la muchacha de ojos pálidos, que automáticamente se sonrojó- ¡Tienes que venir a entrenar con nosotros!
-Na-Naruto… -Murmuró, increíblemente enrojecida mientras el shinobi la zarandeaba por los hombros.
-¡No puedes decir que no!
-Pe-pero… -La heredera del Souke echó un vistazo a su amiga, que había regresado a la falsa sonrisa y asentía con la cabeza.
-Ve tranquila y pásalo bien.
-¡Vamos, dattebayo! –La sacó en volandas del puesto de ramen, y la tensión inundó el ambiente. Alumna y maestro comieron sin dirigirse la palabra, pagaron su respectiva cuenta y abandonaron el Ichiraku. Gai echó a andar junto a la muchacha, a punto de darse por vencido, cuando ella decidió hablar.
-No voy a hacerle daño a Lee, si es lo que le preocupa –Comentó, con la voz tomada.
-Ya te he dicho que lo que me preocupa es lo que estás empeñada en ocultar. No me gusta verte triste –Comentó, y una vieja herida nunca cerrada comenzó a supurar. Tenten se paró en seco y, por primera vez desde que habían dejado de hablar, le miró a los ojos. La espesa neblina se convertía paulatinamente en una húmeda pantalla que amenazaba con precipitarse por sus mejillas en forma de lágrimas.
-¿Puede jurarme que nada saldrá de esta conversación? –Él asintió- ¿Puede prometer que no me dedicará ni una mirada de lástima, que no me dará un trato distinto cuando acabe de explicarme y que no intentará hacerme sentir bien con estúpidos clichés?
-Escucharé atentamente y no hablaré hasta que me lo permitas –Sonrió de forma paternal. A veces, sobre todo cuando Tenten era muy pequeña y sólo la conocía de vista, fantaseaba con la idea de que hubiese sido fruto del amor que él había profesado a su madre, y que en el último momento supo que era correspondido. Pero al momento dejaba de pensar en tonterías y regresaba a la realidad. En aquel instante, deseó poder ser su padre y darle el abrazo que quería darle.
El cielo despejado animaba a salir a la calle, pero debido a la hora apenas había gente por los caminos. Eso resultaba perfecto para aquel tipo de conversación.
-Yo no quiero esto. Estoy cansada de pasarlo mal, de sufrir… De ilusionarme por algo que no es para mí –La observó con atención, preocupado por esto último.-. Hace dos años que decidí confesarle a Neji lo que sentía… Tenía la certeza de que no me correspondería, que yo nunca sería suficiente para alguien como él… Pero no sabía que dolería tanto –La kunoichi se llevó inconscientemente una mano sobre el pecho, allí donde latía su maltrecho corazón-. Al menos, no fue tan duro conmigo como lo esperaría cualquiera. Se portó muy bien, y cuidó mucho de mí… Incluso me sonreía cuando le preguntaba si no se cansaba de cargar conmigo –La primera lágrima saltó desde sus largas pestañas-. Poco a poco, fui dejando de verle de aquel modo platónico y adolescente, y sin embargo no dejé de odiarme a mí misma por no ser más fuerte, por no recordar que valgo mucho y que lo que no pudo ser no fue porque no somos dueños de nuestros sentimientos. Pero las palabras de consuelo están vacías cuando se las dices al espejo del lavabo después de pasar horas llorando sola –Inspiró hondo, tratando de calmarse, y con un rápido movimiento se secó la lágrima furtiva.-. Así que llevo todo este tiempo tapando una pequeña herida con más parches y cicatrices, intentando bloquear recuerdos y sentimientos hasta que pueda sonreír pensando en mi propia inocencia.
Alzó la cabeza y observó a su maestro, que atendía a su discurso completamente afligido. Se encogió de hombros, dándole campo para responder.
-Siento oír eso - No la hubiese dejado sola de haber sabido cómo se sentía, pero jamás habría imaginado todo aquello.-. Pero me gustaría saber qué más hay.
Tenten suspiró de nuevo.
-Lee es… es como un hermano, es mi amigo, mi compañero. Por supuesto que es una persona especial para mí –Otra vez las lágrimas-. Pero… me besó y… no sé por qué lo hizo, pero, de repente, todos los parches desaparecieron, y… -Un nudo en su garganta le impidió continuar. Las lágrimas brotaron a borbotones y le costó ahogar un profundo llanto llevándose las manos a la boca. Se detuvieron en medio del camino.- esa herida se está reabriendo, y no quiero tener que volver a sufrir si al final resulta que todo es un capricho…
El maestro no lo soportó más. Ella no era la única que sentía cómo sus viejas cicatrices se abrían, desgarrándole el alma, quitándole la energía. Y ver aquellos ojos tristes y vacíos, salpicados de dolor y soledad… como la noche en que Mei se despidió de él. La sujetó por los hombros y se inclinó para mirarla a los ojos, intentando contener sus propias ganas de abrazarla y quitarle todo el dolor que había guardado. Al menos, se alegró de saber que todo aquello significaba que no habría problema de correspondencias, pero se preguntó si realmente Lee la querría como él quería pensar.
-Tenten, escúchame bien. Todos tenemos miedo al dolor, más cuando ya sabemos lo que es… Pero si no nos la jugamos tampoco podremos llegar a ser felices. El amor es un todo o nada, un juego donde puedes perderlo todo o ganar lo mejor. Lo importante es decidirse a jugar de forma limpia y sincera, dejando al corazón hacer lo que tenga que hacer.
-Pe… Pero…
-Ya sé que da miedo, y es normal si lo has pasado tan mal –Le sonrió, tratando de calmarla un poco-. Pero quizá debas darte una oportunidad y aclararte para poder hablar con Lee de todo esto. Tal vez te sorprenda lo que tenga que decirte.
-Gai sensei –Se secó las lágrimas, primero, con el dorso de la mano, y, luego, con un pañuelo que sacó de su bolsillo-. ¿Por qué se preocupa tanto por mí?
-Porque tu madre me pidió que cuidase de ti. Y he tenido la suerte de tenerte entre mis alumnos, lo que me ha permitido cumplir una de sus últimas voluntades.
-¿Conoció a mi madre? –Pestañeó, con los ojos aún húmedos.
-Claro que la conocí. Era la chica más increíble de todas. Hasta que naciste tú –Le guiñó un ojo, sacándole una sonrisa. Después, le acarició la cabeza y retomaron el paseo.-. ¿Qué vas a hacer ahora?
-Pues… creo que intentaré poner mis pensamientos en orden. No tengo ni idea de por dónde empezar a explicar todo esto, ni sé lo que va a pasar… Pero sólo me queda esperar.
Llegaron al portal del edificio donde vivía la muchacha, donde se detuvieron y se miraron por última vez.
-De verdad, siento que te hayas sentido tan sola. Si lo hubiese sabido, yo…
No pudo terminar la frase, ella lo abrazó efusivamente, como si fuese una ninja, dejando perpleja a la Bestia Verde de la Hoja, quien pese a todo le devolvió el abrazo.
-Gracias, sensei. Lo necesitaba.
Entonces, la kunoichi se separó de su maestro, se despidió con un ademán de la mano y desapareció por las escaleras del portal. Una gran sonrisa recorría el rostro del maestro.
-Me debes una, Mei.
¡Al fin de vuelta! Siento mucho la tardanza, me atasqué y no sabía cómo continuar... Pero aquí está de nuevo El loco de las mallas verdes :3 Espero que os haya gustado este nuevo capítulo y que me dejéis opiniones en las reviews :3 ¡Un saludillo!
Drusila.
