"Tengo la válvula. La aprieto en mis manos, la siento fría, pesada a pesar de su tamaño. Se ve especial. Posee un compartimento de aire, como si pudiera servir como bomba de hidrógeno. ¿Qué es esto? Mejor no toco nada. La guardo en su caja, no quiero llamar la atención. Seguro que se pueden hacer milagros con esta cosa. ¿Para qué la querrá la Administradora? No es que me importe mucho… Ella sabrá para que sirve."
"La ocupará para satisfacer sus deseos personales."
"Quizás, pero soy su subordinado, y me pagarán bien por esta preciosura."
"Sabes que no me interesa el dinero. Todo lo he hecho por placer, me encanta asesinar."
"No lo niego."
"Sus deseos son oscuros. La válvula será la perdición de todos nosotros."
"¡Tú no sabes nada! No te entrometas ahora…"
"Por un momento deja de fingir que crees que haces lo correcto al entregársela a esa mujer. Es una mala decisión. ¿Te acuerdas de tu deuda con el Engineer RED? Ha estado intentando recuperar ese artilugio que llevo entre las manos todos estos años. No me imagino lo que significa para él. Él podría hacer mejores cosas con la válvula."
"¡Oh, cállate Instinto! A Dell no le interesa esta cosa."
"Por supuesto que sí le interesa. Recuerdo aquella tarde. Estaba disfrazado del Soldier. Mientras hurgaba en su caja de herramientas profirió unas palabras semejantes a '¡Cómo me encantaría tener ahora esa válvula en mis manos!', y luego se acercó a mí y me explicó: 'Es completamente dorada, tiene una recámara así, y un tornillo de unos quince milímetros aquí. Pero asaltaron la tienda en donde trabajaba con mi padre, y no reapareció jamás'."
"Ya se debe de haber olvidado. Y yo necesito el dinero para comprarme otros pantalones de gala."
"¿Por qué silbas ahora, como si todo estuviera bien? Es una mala decisión. Me arrepentiré si no lo hago; la cárcel, castigado en mi propio remordimiento. ¿Y qué pasa con el favor? Es mi última oportunidad para agradecerle."
"¡Fuera de mi cabeza!"
"Es mi última oportunidad. Me arrepentiré si no lo hago. ¿Y qué pasa con el favor? ¿Y qué pasa con el…?"
Se detuvo pasmado en medio de la calzada. Era de noche, y no había siquiera un alma en las cercanías. Sólo las estrellas titilaban sobre su cabeza, y de vez en cuando un can ladraba en la lejanía, cortando el habitual silencio nocturno. Frente a él se alzaba el Cuartel General de RED. De sus labios exasperados se desprendió una maldición. De inmediato volvió sobre sus pasos, callando al bicho de la conciencia, pero volteó la mirada una segunda vez a sus espaldas, para otear la quietud de aquella fantasmagórica base que se le había aparecido en las narices.
Ser el bueno o ser el malo. Cualquier decisión que tomara lo llevaría a ser ambas cosas a la vez.
