¡Saludos! estamos ya ha mitad de semana y espero que todos estén muy bien, estoy algo corta de tiempo por exámenes y trabajo así que les dejo esta actualización, no es un capitulo largo pero espero sea de su agrado.

Mills: Ya veremos cuando aceptan estos sus sentimientos, ambas son muy tercas y testarudas, son una buena combinación ¿no crees?, deben sanar sus heridas para poder avanzar en ese camino juntas.

Yo agradezco que te hayas tomado el tiempo para leer y comentar eso me anima mucho, también me alaga en gran manera que te guste mi manera de escribir, siento que aún me falta mucho por mejorar y espero que con el tiempo lo logre :) espero disfrutes este capítulo.

SombraSST: Te entiendo completamente, la mayoría queremos abrazar a Regina, ella lo necesita ¿No te parece una tontería que aún no se hayan abrazado en la serie? … ni en este fic XD. Espero disfrutes este capítulo.

Nos leemos tan pronto como me sea posible y la inspiración me ayude.

Ni OUAT ni sus personajes me pertenecen.


Sus pensamientos estaban muy lejos de allí, lejos de la realidad, más concretamente su mente navegaba en la noche anterior, en Regina, toda su concentración se había trasladado a una galaxia de recuerdos e ideas con infinitas posibilidades que podían ocurrir. El flujo de pensamientos no paraba de transitar en su cabeza, para la rubia todo ese tiempo siguiendo a la morena, siendo compañeras a la distancia hasta que Regina la había salvado había valido la pena, por fin habían estado cerca sin la necesidad de anonimatos, era como una revelación para ella, mostrarle a Regina que era más que un ser creado para la perversidad, que su destino iba más allá de una nefasta muerte, que ella era una persona, con derecho a la redención, que tenía una vital necesidad de vivir y de ver el mundo de una forma real.

Le parecía imposible pero ella sabía que todo aquello había sido real, tan real como los sentimientos confusos que retozaban en su interior y la bola se formaba en su estómago a tal grado de ponerla ansiosa. Su cuerpo era consciente del efecto que producían sus contantes pensamientos, no había sido ninguna alucinación, no, todo aquello había sido real, estaba feliz por eso, ahora debía ayudar a Regina, devolverle las ganas de vivir, traerla de vuelta con Henry, y encontrar un final feliz para ella.

Las voces de algunos de los enanos conversando con su padre en la oficina del Sheriff se escuchaban a lo lejos.

- Había un desastre cerca de la casa de esa bruja -

- Esos monstruos quedaron pulverizados –

- ¡Apuesto a que fue ella! –

- ¿Entonces ha salido de su casa? –

- ¡Todos estamos en peligro!-

- ¡Debemos de ir por ella antes que intente algo, con ella aun rondando por ahí nunca estaremos seguros!-

- ¡Tiene razón! –

- Tomemos nuestras hachas y vamos a su mansión –

Fue la sugerencia de Leroy la que por fin saco a la absorta rubia de su cavilación, su cuerpo se tensó apretando la mandíbula con gesto colérico, se atrevían de nuevo a insinuar semejante cosa.

- ¿Qué no querían que esos bichos desaparecieran?- dijo visiblemente molesta - ¿Por qué están diciendo tantas tonterías ahora? –

- Si … pero …eso quiere decir que fue esa bruja ha salido de su encierro …debemos –

- ¿Debemos qué? - pregunto fulminándolos con la mirada

Ninguno de los enanos o incluso su padre se atrevieron a contestar, estaban extrañados con el obvio enfado de la sheriff que no encontraron la manera darle una repuesta coherente.

- Vivimos en un pueblo donde todos sus habitantes son personajes de cuentos de hada…algunos son mágicos… así que no pueden asegurar que fue ella y si así fuera, deberían agradecer que acabo con esos monos, al final los salvo del peligro - les dijo enojada ya por la situación.

- Si no tienen nada más importante que decir, pueden irse – Se levantó de su asiento, empujándolos hasta la salida, los enanos aunque confusos y asustados por la situación decidieron no chistar e irse antes de provocar más a la ya de por si exasperada Sheriff.

La rubia se dejó caer en la silla suspirando. Las personas de este pueblo le parecían muy molestas ¿Qué no se suponía que ahí vivían la mayoría de héroes? ¿Los buenos y compasivos? ¿Entonces? ¿Porque se comportaban como los malos?

David la miro ceñudo, poco entendía la reacción de Emma, últimamente ella solía estar tan ensimismada en sus pensamientos, que casi no prestaba atención a nada a su alrededor exceptuando a Henry al cual si intentaba acercarse, pero en definitiva parecía querer ignorar el resto, actuaba todo el día como una autómata que se deja dirigir de forma automática, el opinaba igual que su esposa, Emma aprecia a ver perdido la chispa, en algún instante ella perdió el interés por el mundo, pero esta vez, parecía a ver reaccionado, ya no se veía como una maquina vacilante y vacía, reacciono con enojo ante la solo mención de perseguir a la Reina.

El príncipe abrió la boca, en señal de que quería hablar, pero la volvió a cerrar.

- Suéltalo ya - dijo Emma

- ¿Hay…. algo de lo que quieres hablar?... no se… ¿Cualquier cosa?…. ¿De cualquier persona?

No lo miró, pero se encogió de hombros algo incomoda

- Estamos en contra de que dañen a Regina…pero tu…pareces más que molesta por eso –

- Es la madre de mi hijo , nadie debería pensar si quiera en hacerle algo - simplifico dando a entender que no quería hablar del tema

- Lo sé, pero tienes que comprender que ella es la Reina Malvada, ha hecho mucho daño, las personas se sienten contrariadas con respecto a ella –

- Ella, ya no es más esa persona – dijo con voz ronca - ¿Por qué no pueden dejarla en paz? -

Su padre la miro confuso ¿desde cuando Emma se había vuelto tan empática con Regina?

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué la defiendes tanto? –

- No ha pasado nada- Se rasco la nuca - No lo sé… es solo que… siento como si ella y yo nos pareciéramos –

- ¿En qué? -

La rubia dirigió su mirada al suelo – En nada… y en todo- Suspiró hondo – Es complicado –

El asintió. Había notado como una luz se había encendido en los ojos de su hija, no entendía como, pero algo en su interior le decía que aquello era bueno. Luego se lo comentaría a Mary Margaret por el momento quería que las cosas siguieran su curso.


Llagada la noche, Emma no perdió el tiempo para escaparse hacia la mansión de la morena, se apresuró con un tumulto de emociones incoherentes en la mente, camino apresurando el paso, pero esta vez se tomó algunos instantes para observar su contorno, StoryBook se miraba diferente, como esplendido, un lugar verdaderamente mágico, contemplo el cielo nocturno, cielo bañado en estrellas, miles de estrellas que decoraban la noche, una brisa ligera y fría la acariciaba con delicadeza , nunca noto lo hermoso que era, le hubiera encantando que Henry y Regina pudieran verlo también. Por alguna razón, ahora que tenía la idea de devolver a la vida a la Reina, le hacía ver las cosas de manera diferente, deseaba en lo profundo de su corazón que Regina también lo viera.

Mientras en su casa, la ex alcaldesa yacía en el sofá de cuero encogida y envuelta con una manta, observaba inquieta la entrada, sabía que Emma llegaría en cualquier momento, la rubia era demasiado terca y sabía de antemano que se asomaría por ahí pronto, además no lo aceptaría en voz alta pero sentía cierta ansiedad porque llegara, aquella tarde incluso ordeno todos los libros que yacían tirados dentro de la casa, no los ordeno por completo, los dejo al alcance para ella misma, pero aun así tenía la necesidad de que ahora que la rubia llegaba, la casa debía estar más ordenada.

Escucho la puerta abrirse y unos pasos que se aproximaban a ella, la rubia no tardo en asomarse con una sonrisa serena colocada en el rostro. Regina se sintió algo aliviada al verla, le daba tranquilidad y eso la confundía ¿Por qué se sentía tranquila con ella? Era Emma, se supone que eran algo así como rivales, sin embargo se comportaba como lo contrario y eso la hacía sentirse bien y asustada al mismo tiempo.

- Hola -

La sheriff sonreía, y sin esperar un saludo a cambio, se sentó junto a ella. De inmediato la morena enarco una ceja sin ninguna sutileza, intento en vano fulminarla con la mirada, pero esto solo logro que la rubia sonriera más, parecía contenta de esa reacción.

- Has ordenado tus libros - noto la Sheriff

Regina se limitó a mirarla con expresión pesada, eso le confirmo a la rubia que la morena no tenía ninguna intención de hablarle ni mucho menos mantener alguna conversación con ella.

- Sabes, allá afuera hace una noche hermosa, deberías verla ¡Es espectacular! –

La salvadora la miro con atención. Su mirada se cruzó con la de ella y un brillo extraño cruzó sus ojos. De nuevo esa sensación de paz invadió a la morena, era confuso, cada vez que se encontraba con los ojos verde azulados de Emma sentía la misma sensación, eran destellos, pequeños instantes donde el mundo le parecía un lugar mejor. Mil pensamientos cruzaban por la cabeza de la Regina pero ninguno de ellos parecía tener respuesta. Esta frunció los labios, volvió su rostro lejos de la mirada de la rubia, le molestaba no entender lo que pasaba.

Emma también tenía esa sensación cada vez que estaba cerca de Regina, no podía explicarlo, pero lo disfrutaba y no la apartaría de ella.

- Me gusta estar aquí, Regina… me haces sentir bien

No podía contestarla del nudo que se le empezaba a poner en el estómago. Cada vez que Emma le decía una estupidez como aquella, le pasaba eso, hubiera querido aporrear esos sentimientos que se le acumulaban en el corazón pero eran lo único que la hacía sentirse real, estaba totalmente perdida, no sabía qué hacer, que paso dar, era consciente de que no podía luchar contra eso, no ganaría, Emma ya estaba muy dentro de ella.

Pasaron un largo rato así, Emma ahí mirándola, y Regina también ahí evitando mirarla.

- Estoy algo cansada –

Se quitó las botas y subió las piernas al sofá junto a la morena, se acoplo cómodamente tomando una buena posición para descansar, esta vez logro que la ex alcaldesa volviera a mirarla otra vez.

- Sé que no piensas hablarme, así que voy a quedarme aquí, a descansar, en este cómodo sofá, junto a ti… Buenas noches, señora alcaldesa.-

Se escuchó un pequeño gruñido de frustración salir de la garganta de la morena, eso hizo sonreír a la rubia, saber que Regina no estaba completamente sumergida en la oscura depresión, la hacía muy feliz, aún seguía siendo Regina, esa sarcástica, enojona y controladora mujer, todo un dolor en el trasero, uno que hacía muy feliz a la Salvadora.

Con esa reflexión en la cabeza, no pudo evitar sumergirse en un sueño lleno de paz y esperanza. Junto a ella una Regina muy confundida le acomodo la manta que tenía para protegerla del frio y se sumergió en sus propios pensamientos, unos ya no tan fatalistas y oscuros.