Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es cupcakeriot, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is cupcakeriot, I just translate.


CAPÍTULO SEIS

"I hope that you see right through my walls

I hope that you catch me, 'cause I'm already falling

I'll never let a love get so close

You put your arms around me and I'm home."

~Christina Perri

Usualmente me despierto relativamente aflojerada; mi mente confusa por el sueño, pero trabajando en ponerse en el aquí y ahora mientras mi cuerpo se mueve tres pasos delante de mi cerebro. Puedo recordar las veces en que ya estaba vestida y saliendo por la puerta antes de darme cuenta de qué estaba haciendo.

Sin embargo, la mañana de mi ceremonia de emparejamiento con Edward, me despierto bien alerta.

Y con Alice revoloteando por mi habitación.

—Oh, qué bien, ¡estás despierta! Apúrate y come esto.

Miro la bandeja que Alice empuja en mi regazo, está llena de frutas y carnes extrañas. Hasta ahora, toda la comida que me he encontrado en Leumin parece relativamente normal bajo los estándares de la Tierra. La comida que está sobre mi regazo no encaja en esa descripción.

La fruta parece estar chorreando jugo rojo, creando charcos en la bandeja que alcanzan la carne de extraña forma y color.

—¿Qué es esto?

Alice pausa lo que está haciendo y se encoje de hombros.

—Necesitarás estos nutrientes durante el día. Son altos en hierro.

—¿Hierro?

—Por la pérdida de sangre que tendrás durante la ceremonia y el emparejamiento.

Asiento ausentemente, sintiéndome increíblemente tonta por fallar en notar lo obvio. ¿No me habían dicho hace menos de diez horas que la mayoría de los rituales de emparejamiento se basaban principalmente en sangre?

—¡Apúrate! —dice Alice con emoción, saltando en su lugar—. Tenemos mucho que hacer antes de mediodía.

Como rápidamente; sorprendida por los sabores ricos y deliciosos de la exótica comida. La verdad no quería saber qué estaba comiendo, en caso de que eso me rompiera la burbuja. En cuanto termino de comer, Alice se lleva la bandeja y la remplaza con un alto vaso de una bebida parecida a un licuado espeso. Lo bebo sin cuestionarla, maravillándome una vez más ante el sabor dulce, pero, de nuevo, sin querer conocer los ingredientes.

Alice me empuja al cuarto de lavado con un dispositivo láser que es para remover vello; y aunque siempre he tenido muy poco vello corporal, entiendo el razonamiento detrás del rastrillo láser. Luego de hoy, sería considerada una Princesa Leumian y era claro, en este punto, que los Leumian no tenían vello en sus cuerpos; excepto por las cabezas. De hecho, nunca había visto ni un trazo de vello en Rosalie, Alice o Edward.

El frío escozor del láser en mis brazos, debajo de mis brazos y en mis piernas aleja mi mente de los eventos que ocurrirían en un futuro cercano; y del nerviosismo que acompañara las próximas horas.

Pero esa actividad inconsciente atrae mi atención a un ligero problema; el vello muy humano cerca de mi pubis.

¿Las mujeres Leumian se depilaban con láser?

¿Es que acaso tenían vello púbico?

Tomo una rápida decisión y espero haber elegido la correcta.

El baño que Alice me prepara es una mezcla de complicados aceites y aromas en los que me sumerjo por una hora, los ligeros olores a naranjas, flores y otras frutas se meten en los poros de mi piel. Mi cabello es lavado con esencias similares, dejando todo mi ser sintiéndose y oliendo similar a los pétalos de flores en jugos frutales.

Alice seca mi cabello, dejándolo para que se rice y se mueva de manera natural sobre mi cara, y luego me ayuda a ponerme el vestido.

El corpiño no tiene varillas y está liso, sube hasta mi pecho desde mi cintura y hace que mi pecho se vea más lleno de lo que realmente es; subiendo mis pequeños pechos y juntándolos, creando un escote tentador donde antes no había nada. La tela parecida al organdí que cubre el vestido es de una tonalidad entre el plateado y el azul, esparcidas sobre el corpiño había flores detalladamente hechas de la misma tela, haciéndose más grandes conforme más se alejaban de la parte superior del vestido. Eventualmente la suave tela se convierte en largas capas sueltas que se mueven detrás de mí en una cola redondeada mientras camino por la habitación, acostumbrándome a la sensación del vestido. La forma en que está hecho el corpiño deja la mayor parte de mi espalda y mis hombros desnudos.

Con este vestido me siento verdaderamente hermosa.

Aunque sé que soy agradable a la vista, la sensación de belleza y complacencia fluyendo por mi cuerpo es extraña.

Descubro que me gusta.

Los zapatos que uso son simples, muy parecidos a las sandalias de gladiador que los antiguos romanos usaban en las batallas, aunque los míos son mucho más pequeños y suaves.

Alice pinta mis labios de un profundo rojo, el suave color viene de una mezcla de frutos y bayas rojas. No se me escapa que es muy rara la idea del maquillaje para los Leumian, ya que no he visto a ninguna hembra usando colores antinaturales en su piel.

Justo cuando estoy a punto de preguntar por qué estoy usando el color en mis labios, Alice me sonríe ligeramente.

—Tradición Leumian. Está hecho para representar la fuerza de vida que intercambiaras hoy. La marca de las bayas se quedará en la piel de tu pareja, para mostrar que él es tuyo, igual que su esencia marcará la sangre de tu cuerpo. Aunque tu marca se desvanecerá.

Asiento, luchando contra la sangre que corre a mi cara.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Siempre lo haces —sonríe, sentándose frente a mí en el piso, sus piernas están pulcramente dobladas debajo de su vestido color violeta clarito, unas cuantas tonalidades más oscuro que su propia piel.

Muerdo el interior de mi mejilla, consciente de que no podía morderme los labios sin arruinar la pintura de bayas.

—El emparejamiento entre Edward y yo… soy sólo mitad…

Alice me interrumpe con una carcajada.

—¿Temes que tus órganos sexuales no encajen?

La sangre manchando mis mejillas es respuesta suficiente porque Alice sigue, con una carcajada apenas contenida en su gorjeante voz. Nunca había sentido la necesidad de estar avergonzada por el sexo; hasta que llegué a Leumin ni siquiera había parecido ser una posibilidad. Ahora era una que me miraba a la cara.

—Bella, eres mitad Leumian. Estoy segura de que eres más que compatible con Edward, en muchas formas. Pero, por lo que sé de la anatomía masculina y femenina de los terrícolas, el cuerpo Leumian es bastante similar.

Siento que suspiro de alivio, ni siquiera estaba consciente de que estaba tan preocupada. Era un peso que me quitaban del pecho el saber que cuando Edward y yo completáramos nuestro emparejamiento, no me sorprendería por su cuerpo.

Así no es como querría empezar nuestro matrimonio; nuestro emparejamiento.

—Qué bien —digo.

—Oh, lo será —me dice Alice, parándose y alisándose el vestido. Me sonríe con descaro, enseñando unos dientes ultra filosos y blancos con un guiño.

Se mueve para pararse detrás de mí luego de checar de nuevo mis labios.

—Quiero agradecerte —digo, apartando su atención de donde estaba arreglando mi vestido y mi cabello—. Por lo de ayer, quiero decir. Me doy cuenta de arriesgaste tu vida para hablar…

—Bella, tengo un don que no muchos pueden poseer. El futuro que veo está grabado en piedra. No eres peligrosa, sin importar lo que alguien intente decirte.

Me lanza una mirada significativa y la entiendo de inmediato.

Sin importar lo que el Rey diga, no soy un peligro.

Contengo la amarga sonrisa que amenaza con adueñarse de mi cara. ¿Por cuánto tiempo el Rey cederá ante la presión de su familia? Estoy segura de que, si no fuera por la Reina, Rosalie y Edward, la ceremonia de emparejamiento sería cancelada o yo estaría muerta.

Ellos no podían protegerme para siempre.

Era sólo cuestión de cuándo caería el otro zapato.

Alice me hace esperar en mi habitación durante otra hora, añadiendo capa sobre capa de pintura de bayas hasta que estoy segura de que mi boca es de un rojo brillante.

Y luego, sin mirar el reloj o incluso mirar por las ventanas, ella camina hacia la puerta, la abre y me indica que avance.

—Es hora.

Había pensado que los nervios empeorarían cuando se acercara el momento, pero al salir de la habitación, mi mente está completamente tranquila, mi cuerpo relajado.

Siento como si tuviera toda mi vida esperando por este día.

Era una sorprendente revelación, pero una en la que encontraba confort.

Sigo a Alice por los pasillos redondeados, pasando la sala de tronos y llegando a un enorme par de viejas puertas de mármol. Los pasillos estaban curiosamente vacíos de gente, silenciosos excepto por el ocasional rozar de la tela de mi vestido y los suaves patrones de nuestros zapatos.

La puerta se abre.

Y mi corazón se detiene.

Este día marcaría cosas significativas en mi vida; el final de mi primera semana en Leumin y el primer día de mi emparejamiento con Edward. No podía sorprenderme con lo rápido que había progresado la situación entre Edward y yo; incluso cuando él estuvo en su peor momento, no podía negar la atracción hacia él.

Aquí es donde estoy destinada a estar.

A su lado.

La sala está fuertemente perfumada con incienso – almizclado y relajante, especiado y dulce – con pétalos de flores exóticas llenando el suelo. El techo está cubierto de telas que caen en vibrantes colores y los costados de las paredes redondeadas están encendidos con velas, añadiendo al ambiente de la sala.

Edward espera junto a un varón Leumian ya mayor con piel de un profundo verde, ojos amables y una cabeza suave cubierta con una gorra alta y de color blanco puro. El hombre está vestido con unas túnicas blancas que me recuerdan a las túnicas de los antiguos Papas de la Tierra.

Edward me sonríe gentilmente, sus ojos me beben; mi cuerpo se calienta cuando sus ojos se detienen hambrientos sobre mis labios.

Nunca pensé que llegaría a ver tanta lujuria dirigida a .

Siento mi cuerpo ansiando con estar más cerca de él, pero al avanzar un paso, Alice me detiene, murmurando que debo acercarme lentamente a él antes de irse, cerrando la puerta detrás de sí.

Es difícil contener mis pasos ya que no quiero nada más que correr hacia él, pero mido mi caminata, contando hasta tres en cada paso.

Ya siento que estoy en una boda; lo que supongo que es esto. No hay testigos excepto por el Papa Leumian, quien estoy segura no es llamado Papa.

No siento arrepentimiento ni vacilación en mí al pararme frente a Edward.

El hombre se presenta como el Sumo Sacerdote y empieza de inmediato la ceremonia, murmurando en voz baja palabras en el oscuro idioma Leumian.

Caigo en una sensación de paz, mis ojos se entrelazan con los de Edward mientras las palabras del Sumo Sacerdote nos bañan. Al parecer Edward tampoco puede apartar sus ojos de los míos.

Las palabras se van alzando, llenando la sala, mientras el Sumo Sacerdote alza una copa cristalina entre nosotros, dándole un suave cuchillo curvado a Edward.

Apartando sus ojos de los míos, Edward hace una cortada sobre su muñeca, la espesa sangre morada cae en la copa que lo espera. No hace muecas por la cortada del cuchillo ni cuando la herida comienza a cerrarse sola.

Me entregan el cuchillo y, por un momento, entro en pánico.

Hasta que veo el anhelo en los ojos de Edward.

Rápidamente, antes de poder vacilar más, corto mi muñeca, sorprendida de que sea virtualmente sin dolor y relativamente fácil; la cuchilla es ligera y suave, rebana mi piel como mantequilla. Mi sangre se mezcla en la copa mucho más rápido que la de Edward y cuando se junta la cantidad suficiente, el Sumo Sacerdote envuelve eficientemente mi muñeca en la misma tela de la que está hecha su túnica

Sin mover la sangre, el Sumo Sacerdote comienza a cantar las palabras en vez de hablarlas, el patrón de una melodía se forma, resonando en la sala mientras Edward se lleva la copa a la boca.

Sus ojos se cierran, como si fuera de placer, mientras bebe nuestras esencias combinadas.

Luego, antes de darme cuenta de qué ha pasado, también estoy bebiendo de la copa, sorprendida ante la dulzura que llena mi boca; probablemente por la sangre de Edward, ya que sé que la sangre humana es rica en hierro y sal, como cambio viejo.

Mientras trago, una sensación de plenitud me llena; calentándome desde adentro y nublando mi mente.

Me siento tan deslumbrada.

El resto de la ceremonia pasa rápidamente, en un santiamén.

Y luego Edward me está llevando al pasillo; al pasillo vacío, completamente vacío de cualquier forma de vida.

Mis ojos están pegados a la figura de Edward y me encuentro muy feliz por ello. Ni siquiera puedo imaginar querer ver algo o alguien más por el resto de mi vida.

En el fondo de mi mente, me doy cuenta de que mi deslumbramiento debe ser una reacción de beber su sangre extraterrestre, pero me consuelo con el hecho de que Edward parece estar igual de deslumbrado. Me sorprendo cuando llegamos a su habitación sin incidentes ni accidentes porque él se niega a apartar la vista de mí.

No noto mucho sobre su cuarto, aparte de que las paredes son oscuras, igual que los muebles y las decoraciones, y que sus ventanas están firmemente cubiertas con pulcras cortinas.

Los labios de Edward se encuentran con los míos gentilmente luego de que la puerta se cierra y de que un código es ingresado en el teclado junto a ella.

Sus manos se sienten ligeras en mi nuca, animando a que mi cabeza se acerque a la suya mientras se dobla casi desde la cintura para seguir besándome. Permanecemos un rato en este abrazo, familiarizándonos con los labios y lengua del otro. Su sabor es fenomenal, adictivo y se queda en mi boca cuando él se aparta para dejarme respirar.

Jadeo en la silenciosa habitación mientras sus labios muerden y tiran de la sensible piel en la orilla de mi mandíbula; mi cuerpo tiembla, rogando por más atención mientras sensaciones que son extrañas para mí se convierten en el centro de mi atención. Estoy al borde de que mi piel zumbe con electricidad cuando una de las manos de Edward baja por mi nuca para posarse en la base de mi espalda.

Acerca mi cuerpo al suyo, mis caderas se presionan contra las suyas mientras mi cuerpo se echa hacia atrás para que nuestros pechos permanezcan en contacto.

Sé a dónde va esto.

Y lo deseo, muchísimo.

Este tipo de sensaciones – de antojos – nunca habían estado presentes en mi mente.

Pero me gustan.

Mis dedos se mueven, se enredan en el cabello de Edward y tiran gentilmente, provocando un suave ronroneo desde la profundidad de su pecho.

Me estremezco en respuesta.

Sus labios bajan por mi cuello, permaneciendo sobre la piel donde se unen mi cuello y mi hombro. Chupa esa piel, marcándome esencialmente como suya; algo que todos verían porque las mujeres Leumian enseñan el cuello y los hombros.

Llevaría su marca – esta marca – con orgullo.

Sus manos se mueven de nuevo, son lo suficientemente grandes para envolverse en mi cintura, y tiran gentilmente de la tela de mi vestido.

Edward separa sus labios de mi piel, recarga su frente en la mía y me mira a modo de súplica.

—¿Cómo te lo quitamos?

Parpadeo, esperando a que mi mente procese su pregunta.

Y luego, como respuesta, señalo que hay que bajar el vestido.

Con la ayuda de Edward, el vestido termina siendo un suave charco a mis pies y estoy completamente desnuda, de pie frente a él con la pintura de bayas en mis labios como lo único que cubre mi piel.

Gime, sus ojos se agrandan y su boca se abre parcialmente.

Sus filosos incisivos han crecido, como colmillos, la punta de sus dientes es un pico fino y filoso que presiona su labio inferior.

Casi como si no pudiera controlarse, sus manos se elevan hasta mis hombros, acariciando la piel con gentileza hasta que sus palmas cubren mi pecho. En respuesta, mis pezones se endurecen; no por la frialdad de sus manos, sino por una excitación tan penetrante que puedo sentirla entre mis piernas.

Sus palmas presionan mis pezones, frotando lentamente mientras sus dedos agarran con suavidad y masajean. Siempre había pensado que no estaba bien dotada, pero, en comparación con las mujeres Leumian, mi pecho es bastante grande; y una clara distracción. Sus palmas son remplazas con sus dedos, los cuales son lo suficientemente ágiles para retorcer y pellizcar a ciegas mi sensible piel mientras sus labios comienzan a seguir el mismo camino que habían tomado sus manos.

Edward se arrodilla frente a mí, su boca queda a la altura de mi pecho, sus ojos se mueven sobre mi piel mientras una mano baja por mi estómago y sigue la ligera curva de mis caderas.

Un calor húmedo envuelve mi pezón derecho, sus dedos siguen jugando con el izquierdo, mientras mis dedos se aprietan en su cabello. Curiosamente, la boca de Edward es sorprendentemente cálida en relación con la temperatura indefinida de su piel.

Pronto me encuentro gimiendo mientras los dedos de Edward trazan la ultra suave piel de mi pubis; la piel que había estado cubierta de vello hace menos de cinco horas. A juzgar por su positiva reacción – Edward ahoga otro gemido y cambia de pezón – estoy segura de que hice lo correcto al rasurar con láser todo el vello de mi cuerpo.

Sus dedos, largos y más anchos que los dedos humanos, se hunden en la humedad entre mis piernas, deslizándose fácilmente. Cuando su dedo pasa sobre mi clítoris, causando que chispas de verdad vuelen por mi cuerpo, no tengo ni esperanza de detener el ruidoso gemido que pasa a través de mi garganta.

Edward se detiene.

Se para.

Y lloriqueo mientras me levanta en brazos y camina conmigo hacia la parte trasera de su gran habitación, sus labios conectan con los míos en un beso mojado que aclara completamente mi mente.

La cama flota lo suficientemente cerca del piso para que Edward me pueda depositar en ella.

No vacila al quitarse la ropa, revelándome su asombroso cuerpo sin pensarlo dos veces.

Y jadeo de nuevo.

Porque de ninguna manera podrá caber dentro de mí.

No estaba familiarizada con el tamaño promedio de un hombre humano, pero era obvio que Edward sobrepasaba esa medida.

La sobrepasaba por mucho.

Su cuerpo es delgado y alto, artísticamente cincelado con fuertes grupos de músculos, su pecho no tiene pezones, pero está decorado con un pequeño ombligo.

Son las gruesas líneas negras con espinas que marcan su piel – desde la parte superior de sus hombros, bajando por sus brazos y piernas, hasta rodear su estómago – las que hacen que mi mirada se pose en él más de lo estrictamente necesario.

Sus marcas de nacimiento dicen mucho sobre él; su fuerza, sus barreras y muros, su complicada mente.

Pero no me asustan.

Todo lo contrario, quiero pasar mi lengua sobre cada una de esas marcas que parecen tatuajes.

Edward se mueve para recostarse junto a mí, la cama se alza automáticamente cuando él se coloca a mí lado, sus ojos están firmemente pegados a los míos mientras sus labios me reclaman de nuevo.

Edward sonríe presuntuosamente, y baja sus labios desde mi estómago hasta mi centro.

Ahí se toma su tiempo explorando, metiendo sus dedos en mí, estirándome y, luego de mucho reflexionar de su parte, rompiendo a través de mi virginidad. Su lengua se mueve constantemente, llevándome rápidamente a un borde que ni siquiera sabía que existía.

Y cuando todavía estoy estremeciéndome por ese éxtasis, él empieza a entrar en mí.

Lentamente.

Sin prisas.

Su boca se abre y sus ojos se clavan en los míos, salen jadeos de su fuerte pecho.

Cuando está dentro de mí por completo y sus caderas se presionan con fuerza contra las mías, me besa dulcemente, lamiendo las lágrimas de mi cara por la incómoda tirantez que está causando.

—Mi pareja —susurra Edward.

Y luego comienza a moverse, apenas sale y entra; sólo bombea ligeramente sus caderas, permitiendo que su pubis se frote contra el mío.

Inmediatamente las cosquillas se esparcen por mi cuerpo.

Roza contra cada pliegue dentro de mí cuando comienza a acelerar el ritmo, sus caderas ondulan con sus embestidas y sus manos aprietan fuertemente la tela que cubre su cama.

Gimiendo, levanto mis caderas para que se encuentren con las suyas y presiono mi boca contra el hueco de su cuello.

Edward ahoga sus sonidos sobre mi hombro, sus colmillos rozan contra mi piel al ritmo de las aceleradas embestidas de sus caderas.

—Muérdeme —suelta jadeando, cerrando los ojos con fuerza por un momento.

—¿Qué?

Responde luego de una embestida particularmente firme.

—Para completar el emparejamiento. Muérdeme. Ya.

No vacilo ni un momento más, mi aliento sale más rápido de lo que lo puedo recuperar mientras mi cuerpo comienza a arder y temblar desde adentro. Con toda la fuerza que puedo, cierro mis dientes sobre la piel de su cuello, su sangre llena mi boca con una abrumadora dulzura, desencadenando la experiencia más intensa de mi vida.

En el mismo momento, sus colmillos se hunden en la carne de mi hombro y ruge contra mi piel.

Mi cuerpo se siente ligero cuando me corro, sintiendo la intensa calidez llenando mi vientre por el clímax de Edward

Cuando ambos dejamos de temblar, lamemos la pequeña cantidad de sangre que hay en la piel del otro, la lengua de Edward parece curar la marca de sus colmillos.

Deja caer su peso en mí por un momento, sosteniéndome cerca antes de rodar hacia el otro lado, poniéndome encima de él con sus manos acariciando tranquilizadoramente la piel de mi espalda.

Localizo la mancha de las bayas en su cuello y sonrío, presionando mi mejilla contra su pecho marcado, sintiendo más tranquila y feliz de lo que me había sentido jamás en mi vida.

Sus colmillos ya se encogieron y él parece estar particularmente satisfecho.

—Mi pareja —susurra Edward de nuevo, el orgullo se filtra en su voz.

—Mío —respondo, dejando un beso en su pecho mientras me jala más cerca y nos asegura debajo de la calidez de una manta de piel.

Nos quedamos dormidos rápidamente, totalmente exhaustos.

Y cuando me despierto, Edward está presionado contra mi espalda, su dureza empuja contra mi cuerpo. Me toma así, presionando mi frente contra el colchón y manteniendo mis piernas cerradas mientras entra a la fuerza en el apretado espacio que queda disponible, acariciándome desde muy adentro y llevándonos a ambos a un clímax rápido y poderoso.

Para esta hora, asumo que el día en Leumin ya ha pasado por completo.

Pero estoy sucia a causa del sudor e insisto en tomar un baño.

Es entonces cuando puedo mirar bien su habitación; paredes azul oscuro y negras intercaladas con pieles doradas en los pisos y actuando como mantas en los sofás de su alcoba.

—¿Cazas?

Edward asiente tímidamente, frotándose la cabeza mientras empieza a preparar el baño, se agacha y me enseña una parte de su anatomía que yo no había visto.

Resulta que sus marcas de nacimiento también están sobre su firme trasero.

—Es un pasatiempo lucrativo. Puedo donar las pieles a nuestras tribus y la carne a las familias con hambre. Las pieles en el cuarto son por juegos.

—¿Premios?

Edward me besa en la nariz y me ayuda a entrar a la tina, jalándome contra su pecho y reposando la barbilla en mi hombro.

—Premios —confirma—. ¿Tenías muchos pasatiempos en la Tierra?

Frunzo el ceño, encuentro sus manos en el agua y juego con sus dedos.

—Mi pasatiempo era mejorar mis habilidades. Sigo trabajando en ello.

—¿Cómo es eso? ¿Levantar metales con la mente? ¿Transmitir corriente a la gente?

—Supongo que es muy parecido a levantar metal con tus brazos —digo, recargándome más firmemente en su pecho—. Puedo agarrar el campo magnético del metal, sin importar qué tan pequeño sea, y manipular la gravedad que lo rodea para que… se levante. Es difícil explicarlo, pero es algo normal para mí. Como respirar. En cuanto a la corriente, no me gusta usarlo. —Lo miro, sus ojos brillan mientras absorbe esta información—. Aunque parece que contigo no puedo dejar de hacerlo.

—Me gustan los toques —me dice, apretando sus brazos a mí alrededor por un momento—. ¿Te he dicho que hueles más dulce cuando eso pasa?

—Sí.

—Entonces, ¿te gustaría conocer un secreto?

Siento que mis cejas se alzan. Está actuando muy juguetón.

Aunque eso también me resulta extraño, descubro que me gusta.

—¿Hmm?

Edward besa mi cuello.

—Huele similar a tu excitación.

Mi cara arde y cierro los ojos.

—Eso también huele similar a tu excitación.

Toso un jadeo, intentando alejar ese raro sonrojo de mi cara.

Edward se ríe, presiona sus dedos en los músculos de mi espalda, masajeando los pequeños nudos adoloridos que se desarrollaron debido a nuestras actividades. Gimo, inclinándome hacia el agua.

Sus dedos comienzan a trazar mi espina y lugares al azar en mi espalda. Hace un sonido de diversión.

—¿Qué?

Una vez más sus dedos trazan el mismo patrón.

—También tienes marcas de nacimiento Leumian.

—No, no las tengo —digo, sabiendo que no tengo intrincados patrones parecidos a tatuajes en ninguna parte de mi cuerpo.

—Sí, sí tienes. Pequeños puntos.

—Te refieres a las pecas.

Casi puedo escucharlo sacudiendo la cabeza.

—No, están en forma de línea —dice, trazando una línea diagonal por mi espalda, la punta de su dedo forma una suave curva en la base de mi cuello—. Líneas y curvas.

Me siento sonreír ligeramente.

—Supongo que es otro ejemplo de mi descendencia mixta.

—Lo es —acepta Edward, frotando sus manos enjabonadas en mi piel.

No salimos del baño sin otro juego de aplastantes orgasmos.

Me sorprendo ante mi comodidad con nuestros cuerpos desnudos, pero supongo que es porque nunca he tenido una razón para sentirme insegura sobre exceso de grasa o sobre mi cuerpo. Por supuesto, sabía que relativamente no tenía curvas, pero mi cuerpo era delgado y tonificado. En verdad no tenía nada de qué preocuparme.

Y ciertamente a Edward le gustaba lo que veía, incluso llego al punto de confirmar mi sospecha sobre el tamaño de los pechos en Leumian.

Él pensaba que eran definitivamente un beneficio de mi estado como híbrido.

Yo pensaba que el estar en Leumin era el único beneficio que necesitaba.

Suspire contenta, segura en los brazos de Edward, mientras caía en un profundo sueño.

Pero mis sueños son perseguidos por mis preocupaciones.

Y por la cara de mi padre.


Traducción de la canción: Espero que puedas ver a través de mis paredes / Espero que puedas atraparme porque ya estoy cayendo / Nunca dejaré que un amor se acerque tanto / Pusiste tus brazos a mi alrededor y me encontré en casa


Y sigue pendiente el asunto del padre de Bella. A pesar de que no la ha contactado desde que se fue, ella sigue temiendo de lo que podría estar planeando. ¿Ustedes qué opinan?

Espero que les haya gustado el capítulo, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!

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