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Nami caminaba lentamente por las oscuras calles del pequeño pueblo. Se preguntaba como les diría a sus amigos que ya no viajaría con ellos, en especial como se lo diría a Luffy, le la había ayudado bastante, como para simplemente decirle que tendría que buscar otra persona que lo ayudara con la navegación del barco, pero tampoco podía ignorar a su familia… Su verdadera familia. Había pasado toda su vida alejada de ellos, y tener la oportunidad de reunirse con ellos definitivamente era también muy importante para ella. Por más que trataba de escoger las palabras adecuadas para explicar la situación la que se encontraba, no conseguía encontrar algo que verdaderamente le fuera útil. Miro al cielo como buscando una respuesta a lo que tenia que hacer, o en ese caso, mas bien decir. Estaba tan concentrada en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que estaba frente al Thousand Sunny. Subió con mucho cuidado y vio a Robín sentada en una silla leyendo un libro, ya era tarde, así que seguramente sus demás compañeros ya estaban dormidos.
—Hola Nami—la saludo Robín—que bueno que regresaste, ya estaba comenzando a inquietarme.
—Bueno, lo que importa es que ya estoy aquí—compuso una falsa sonrisa—Sabes… ¿Sabes si Luffy ya esta dormido?—pregunto.
—Mmm…—pensó un poco—pues creo que no, dijo que te esperaría porque tenia algo importante que decirte, estaba en la cocina, no se si siga ahí.
—Gracias Robín, iré a ver si sigue ahí.
La peli naranja abandono la cubierta y se dirigió hacia la cocina, ya estando frente a la puerta, no estaba realmente segura de si quería entrar o prefería quedarse ahí parada, de lo que si estaba segura era de que se moría de ganas de salir corriendo y de olvidarse de todo. Sin embargo, ya no había vuelta atrás, le había dicho a su madre que se quedaría con ella, y eso era lo que tenia pensado hacer, no era que se arrepintiera de habérselo dicho, simplemente era que les había tomada tanto cariño a sus amigos que no quería escoger entre los dos, quería estar al lado de ambos.
Reunió el poco valor que tenia y lo utilizo par abrir la puerta de la cocina. Luffy estaba sentado en una de las sillas, mientras le daba vuelta a una taza que estaba en la mesa. Con algo se tenía que entretener mientras llegaba su compañera. Luffy sonrió al ver como Nami cruzaba la puerta, sin embargo, ella no tenía ninguna expresión de felicidad, mas bien era tristeza lo que mostraba su rostro.
—Nami, que bueno que regresaste, te estoy esperando porque tengo que decirte algo—le informo el pelinegro.
—Que bueno, porque… Yo tengo que decirte algo también—dijo Nami mientras caminaba de un lado a otro en la cocina. Estaba notoriamente nerviosa.
— ¿Enserio?—pregunto incrédulo el chico—Bueno, dímelo tu primero.
—No—se negó ella—dilo tu primero.
—No—se negó también él—te diré lo que Sanji, las damas primero.
La peli naranja suspiro y dejo de caminar. Se paro frente a él y fijo su mirada en el suelo de madera.
—Luffy… Lo que tengo que decirte es que…—se quedo callada por unos momento—Ya no puedo ser tu navegante.
El pelinegro palideció y observo fijamente a la chica, su mirada parecía diferente, ya no tenia ese brillo especia que tenia momentos antes, mas bien parecía tener sorpresa, incredulidad y decepción, cosas que nunca antes había visto en el.
— ¿Qué?—pregunto con tono serio—Aah—volvió a su tono se siempre—ya entiendo, es una broma ¿cierto?
—No… Es la verdad—contesto Nami con los ojos cristalizados por las lágrimas que querían salir.
—Pero…—se paro de donde estaba sentado— ¿Por qué?
Nami suspiro y debió la mirada, primero a las paredes, luego al techo y por ultimo al suelo. Comenzó a contarle todo lo que le había pasado los últimos días. Había empezado a contarle sobre la primera vez que se encontró con Amaya y había terminado con la plática que habían tenido a penas hacia un rato. Luffy escucho atentamente toda la historia sin expresión alguna, simplemente se dedicaba a oír y callar. Cuando Nami termino de contarle, el fue el primero en hablar.
—Entonces… ¿Dejaras de ser mi navegante para convertirte en princesa?—pregunto con curiosidad.
—No es por eso, eso no me importa, es solo que…Por fin encontré a mi familia—dijo mientras tomaba el dije entre sus manos.
—Ya entiendo lo que ocurre… Si te conviertes en princesa tendrías comodidades, sirvientes, joyas y dinero… Mucho dinero, tu sueño echo realidad. Nunca cambiaras ¿verdad Nami?
—Luffy…—no pudo pronunciar otra cosa que no fuera su nombre—Si lo que estas pensando es que lo hago por el dinero estas…
—No lo pienso…—la interrumpió— ¡Lo creo! ¡Siempre has sido una interesada!—le gritó—Pero claro… ¿Qué se podía esperar de una gata ladrona como tú?
Nami no pudo contener por más tiempos sus lágrimas, comenzaron de brotarle de los ojos para después resbalar por sus mejillas. Eran lágrimas de enojo y de tristeza. ¿Cómo él podía haberle dicho algo como eso? él que siempre decía que era su nakama. La peli naranja se acerco a el y le dio una fuerte bofetada en la mejilla izquierda.
— ¡Antes dijiste que no te importaba nada de lo que hubiera sido ni fuera… Que me ibas a querer igual… ¿Por qué me lo reprochas ahora?—le grito mientras se limpiaba las lagrimas.
— ¡No es lo mismo!
— ¡Claro que sí!—le grito por ultima vez!— Luffy… Piensa lo que quieras de mí, no me importa en absoluto… Y búscate un navegante, pero cuando lo encuentres… Piénsalo dos veces antes de decirle que es tu nakama.—después de decir eso, Nami salió dela cocina y azotó la puerta con todas sus fuerzas… Con algo tenia que desquitar su enojo.
