Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de musegirl, sólo nos adjudicamos la traducción.


Quarterback Rush

By: musegirl

Traducción: Mónica Szpilman

Beta: Melina Aragón


Capítulo 6

Luego de dormir irregularmente por una hora y media, me rendí. Silenciosamente, para no despertar a Alice, quien había llegado hacía una hora, tomé mi laptop e hice mi camino hacia la oscura y vacía habitación de estudio, reclamando mi silla favorita con apoyabrazos, llena a reventar. Revisé mi correo, y luego viajé a Facebook para ver lo que mis amigos habían hecho esa noche. Estaba sorprendida de ver que tenía una nueva petición. Facebook quería que confirmara que Edward y yo teníamos una relación. Él me envió previamente una solicitud de amistad la noche que me dio una serenata, pero no habíamos tenido mucho contacto en la página. Sin embargo, tenía un gran número de mis amigos comentando sobre mi amigo recientemente agregado.

Me quedé mirando la solicitud, mordiendo mi labio inferior, luchando contra una sonrisa. Si confirmaba esto, era oficialmente oficial. Colocar un status de relación en Facebook significaba que iba en serio. Tragué nerviosamente. ¿Quería hacer eso? ¿Quería que el resto del mundo supiera que estábamos juntos? ¿Qué pasaba si terminábamos? Habría una nueva notificación anunciando eso también y llevándose consigo el pequeño ícono de corazón. ¡Agh! No sabía si podría manejar eso y, siendo honesta, probablemente romperíamos en algún punto. Digo, ¿qué tenía para ofrecerle a un increíblemente sexy Dios del fútbol a la larga?

Edward Cullen: Deja de pensarlo tanto y sólo confirma la relación, bonita.

Salté, asombrada por la ventana del chat nuevo. Sacudí mi cabeza luego de leer el mensaje, tratando de no sonreír. Definitivamente se había metido en mi cabeza. Lo estaba pensando mucho.

Bella Swan: ¿Qué haces despierto tan tarde?

Edward Cullen: Podría preguntarte lo mismo.

Bella Swan: Sólo tengo problemas para quedarme dormida.

Edward Cullen: Yo también. Estoy preocupado por ti.

Bella Swan: Estoy bien, Edward. De verdad. Es sólo mi insomnio regular. Siempre he tenido problemas para dormir en la noche.

Edward Cullen: ¿De verdad?

Bella Swan: Sí, de verdad. Prometo que no estoy mintiendo.

Edward Cullen: Entonces… ¿confirmarás la relación? Vamos, haz clic en el botón. Ya yo lo hice.

Bella Swan: Es fácil para ti. Rompemos y la notificación de "ya no se encuentra en una relación" saldrá y no será para nada humillante, pero de pronto seré la chica que Edward Cullen botó.

Edward Cullen: ¿Quién dice que romperemos?

Bufé ante eso, agradecida de que no estuviese alrededor para escuchar ese sonido.

Bella Swan: Seamos realistas, Edward. Mírate y luego mírame a mí. Creo que no es si romperemos, sino cuándo.

Edward Cullen: Bueno, demonios, Bella, sé que no soy tan ardiente como tú, pero no sabía que la apariencia fuera tan importante para ti. ;) Si estás planeando botarme, ¿podemos terminar con esto ahora?

Bella Swan: Ja. Ja. Ambos sabemos que eres tú el lindo en la relación.

Edward Cullen: No te ves claramente, ¿verdad? No tienes idea de cómo los chicos te miran a donde quiera que vayas. Confía en mí cuando digo que eres absolutamente hermosa.

Bella Swan: Lo que digas, Edward.

Edward Cullen: Despampanante.

Asombrosa.

Hermosa.

Bella Swan: De acuerdo, lo entiendo.

Edward Cullen: Ardiente.

Inteligente.

Divertida.

Graciosa.

Preocupada.

Bella Swan: ¡Edward, lo entiendo!

Edward Cullen: Encantadora.

Dulce.

Amable.

Brillante.

Ingeniosa.

Seductora.

Bella Swan: ¡De verdad! Ya expusiste tu punto. Soy increíble. Puedes detenerte ahora. Guarda el diccionario de sinónimos.

Edward Cullen: Sexy.

Increíble y jodidamente sexy.

Me sonrojé y traté de pensar qué contestar. Gracias, ¿tú tampoco estás tan mal?

Edward Cullen: Especialmente cuando te corres. Eso es algo que definitivamente quiero ver de nuevo.

Y sólo así, estaba total y completamente excitada. Me retorcí un poco en mi asiento, pensando en él… pensando en mí.

Edward Cullen: Mierda. Bella, lo siento. Eso estuvo fuera de lugar.

Oh, mierda. No había respondido y ahora pensaba que estaba ofendida. ¿Cómo le decía que no me ofendí sin sonar como zorra?

Bella Swan: ¡No! Edward, está bien. Sólo me perdí en mis pensamientos por un segundo. No puedo decir que no he pensado en eso también…

Ahora era mi turno para sudar, esperando su respuesta.

Edward Cullen: Me estás matando, bebé.

Sácame de mi miseria y haz clic en el botón.

Bella Swan: ¿Cómo sabes que estaba apretando mi botón, Edward? ;)

Mi corazón se aceleró, nunca había sido tan audaz con un chico anteriormente. Estaba disfrutando el jugueteo con él.

Edward Cullen: Jodido infierno. ¿Eso significa lo que creo que significa?

Le sonreí a mi computadora, esperando que lo pusiera tan incómodamente excitante como yo lo estaba.

Bella Swan: No lo sé, ¿qué crees que significa? Es más difícil de lo que pensé escribir con una sola mano…

Edward Cullen: Santa mierda, bebé. Sabes, si fuera mi mano tocando tu botón, serías capaz de escribir con ambas manos.

Ante eso, decidí que había tenido suficiente jugueteo. Era hora de algo real.

Bella Swan: Afuera de mi casa en diez minutos.

Edward Cullen: Espera, ¿qué?

Bella Swan: Mi casa. Diez minutos.

Cerré la ventana de chat, luego mis ojos y le di clic al botón de aceptar para confirmar nuestra relación y, finalmente, cerré mi laptop. Rápidamente corrí a mi habitación tan silenciosamente como pude, me coloqué un par de jeans y una camiseta con unos objetos de higiene necesarios en mi mochila. La cerré y me dirigí a mi puerta.

—Diviértete, Bella. Prepárate para hablar sobre cómo luce ese chico desnudo cuando llegues a casa —murmuró Alice somnolienta.

Reí suavemente.

—Siento despertarte, Ali. Y, Dios Santo, espero verlo desnudo.

Me escabullí por la puerta y bajé las escaleras, colocando el código de seguridad para anular el sistema de alarma para la puerta principal y salí. Vi el auto de Edward estacionado en doble fila y caminé hacia él. Fuertes brazos me atraparon desde atrás y me atrajo hacia su fuerte pecho. La esencia de Edward me envolvió y mi estómago se retorció por el deseo. Sus labios bajaron por mi cuello, besando con húmedas mordidas y lamidas, succionando suavemente. Gemí y presioné mi espalda contra él, jadeando mientras una de sus manos se deslizaba para acunar mi pecho, su pulgar frotando dulcemente mi pezón endurecido a través del delgado algodón de mi camiseta.

—Edward —gruñí—. Auto, tu casa. Ahora.

—Lo que desees, bebé —rugió, volteándome y capturando mis labios. Envolví mis brazos alrededor de su cuello, levantando y enganchando mis piernas en su cintura. Sus manos acariciaron mi cuerpo hasta que tomó mi trasero, amasándolo suavemente.

Aparté mis labios de los suyos, llevándolos a su oreja.

—Llévame a tu casa y prometo que puedes hacerme venir en tus brazos de nuevo.

—Joder, Bella —gruñó y prácticamente corrió a su auto. Abrió rápidamente la puerta, colocándome en el asiento gentilmente antes de besarme una última vez y luego correr a su lugar. Colocó el auto en tracción y aceleró por la calle. El viaje pasó en un borrón de mí besando suavemente el cuello de Edward mientras su mano libre pasaba a una velocidad exasperante por mi muslo interno pero, nunca lo suficientemente arriba.

Finalmente estacionó en un puesto en un garaje bajo lo que asumía era el edificio donde vivía. Me subí a la consola, sentándome a horcajadas y besándolo profundamente. Abriendo la puerta, nos bajó a ambos del automóvil y caminamos a un elevador, presionando el botón de llamado. Las puertas se abrieron y lo sentí presionarme contra la pared, tocando con torpeza los botones del elevador.

Nuestro beso se volvió salvaje, lenguas chocando y dientes mordisqueando entre alientos jadeantes y ahogados. El elevador sonó y las puertas se abrieron. No presté ninguna atención a nuestro alrededor mientras él nos llevaba a su puerta. Luego de luchar con su cerradura por un minuto, Edward gruñó y apartó su boca de la mía para ver su puerta. Reí suavemente antes de llevar mi boca a su cuello y succionar la piel de allí, mis dedos aferrándose a su cabello y jalando suavemente. Gruñó y abrió la puerta rápidamente, tambaleándose dentro de su apartamento. Se detuvo luego de cerrar la puerta, la luz de la luna y de la calle se filtraba por las ventanas y pude ver a Edward mirarme con ojos oscuros y llenos de lujuria.

—¿Quieres ver...? —comenzó a preguntar con voz ronca, pero lo interrumpí.

—Más tarde. Cuarto, ahora —respondí sin aliento.

Nos llevó a su habitación y paró unos pocos metros dentro de esta. Sus manos se movieron a mi cintura mientras desenganchaba mis piernas y las deslizaba por su cuerpo. Alcancé a tomar el borde de su camiseta, jalándola hacia arriba por su cabeza. Dejé que la prenda cayera de mis manos mientras mis ojos veían codiciosamente su musculoso pecho y abdomen. Tenía la inexplicable urgencia de lamer cada arista y valle que formaban.

Mis dedos viajaron por su estómago y mi respiración se cortó mientras lo miré de nuevo a los ojos. Su hermoso y vibrante verde estaba obscuro por las pupilas dilatadas pero era la emoción viajando por ellos que me tomó con la guardia baja. Había lujuria ardiente, mezclada con profunda preocupación y una pizca de posesividad. Había algo más que no podía identificar, todo en cómo me miraba me hacía sentir como si fuese el tesoro más preciado en la tierra.

El nerviosismo llegó abruptamente.

—E-Edward, yo… —comencé a tartamudear, él me detuvo.

—Lo sé, Bella. No haremos nada con lo que no estés cómoda, ¿de acuerdo? —Sus dedos viajaron por mi mejilla y quijada. Dio un paso más cerca de mí, besándome una vez más.

El deseo quemó a través de mí y emití un lloriqueo estrangulado, pasando mis manos por su pecho, sintiendo su suave piel bajo ellas. Sus dedos se deslizaron bajo mi camiseta y la levantaron hasta mi estómago, como si estuviera pidiendo permiso. Rompí el beso lo suficiente para apartarme y permitir que Edward la pasase por mi cabeza. La lanzó al suelo y sus ojos inspeccionaron mi torso desnudo.

—Joder —murmuró en voz baja y ronca y la yema de sus dedos pasaron por las curvas de mis senos expuestos—. Tan increíblemente sexy.

Me estremecí bajo la calidez de su mirada, el toque de sus manos y me sonrojé. Él sonrió mientras veía mi sonrojo hacer su camino hasta la cima de mis pechos.

—Dios, eso es jodidamente delicioso —gruñó y su boca estuvo sobre mí de nuevo. Besó la columna de mi garganta y mi clavícula antes de explorar mis senos.

Gemí y tomé su cabello con mis manos. Las suyas alcanzaron la pretina de los pantalones de yoga que utilizaba y enganchó sus dedos en él, vacilante. Con dedos ligeramente temblorosos, coloqué mis manos sobre las suyas y empujé suavemente, mis pantalones y mis bragas cayendo al suelo.

—Bella —gruñó y me depositó en su cama. Me recosté contra las almohadas mientras Edward cubría mi cuerpo con el suyo, su boca trazando besos calientes y húmedos por mi pecho hacia un pezón endurecido y tirante. Raspó el monte sensible con sus labios y siseé, arqueando mi espalda y aferrándome a su cabello de nuevo. Edward rió suavemente.

—¿Te gusta eso, bebé? ¿Quieres más?

Su voz pasó por mí, el sonido suave como terciopelo yendo directamente entre mis muslos. Me escuché rogar por más, sin importarme la descarada desesperación en mi voz. Me complació al pasar su lengua por mi pezón antes de succionarlo con su boca y pasándola a su alrededor.

—¡Oh, mierda! —lloriqueé, jalando su cabello sin intención y apretando mis muslos mientras la humedad bajaba por ellos. Los froté, tratando de tener cualquier clase de fricción para aliviar el punzante dolor que se construía.

Sentía a Edward succionar más fuerte, corrientes pasando por mi cuerpo. Sus manos viajaron sensualmente por los costados de mi cuerpo. Una de ellas hizo su camino de regreso para acunar mi seno, sus dedos jugueteando y pellizcando mi pezón. El otro fue hacia mis caderas, tentando cerca de donde más deseaba su mano.

—Mmmm… tan suave y liso —murmuró contra mi piel. Levantó su cabeza para mirar esa parte de mi cuerpo y su aliento salió ruidosamente—. ¿Completamente depilada, Bella? —Sus ojos estaban oscuros y entornados y no pude apartar la mirada.

Trataba de pensar pero sus dedos continuaron con su trabajo en mi seno, distrayéndome.

—S-Sólo se… siente mejor de esa manera.

Se movió para cubrir mi cuerpo con el suyo, su pecho frotándose atractivamente contra el mío, un duro y musculoso muslo se presionaba entre los míos. Luché para no restregarme contra su pierna y maldiciéndome por no haber quitado sus shorts. Sentí su pene, como roca, presionado contra mi estómago. Sus labios de pronto estaban en mi oreja, su lengua trazando su forma.

—¿Qué tan bien se siente? ¿Se siente mejor que cuando te tocas, bebé?

Me estremecí y lloriqueé, asintiendo en su cuello. Su muslo finalmente se presionó contra mi vagina y gemí, largo y bajo.

—¿En qué piensas cuando te tocas? ¿Con qué fantaseas? —La voz de Edward, suave y aterciopelada, y su cálido aliento en mi oreja me volvían loca de lujuria.

—En ti —medio gemí, medio me quejé—. Desde ese primer día, no puedo dejar de pensar en ti.

Edward dejó salir un satisfecho rugido antes de morder mi lóbulo. Llevó una mano hacia abajo, trazando mi muslo interno y mi aliento salió a trompicones.

—¿Puedo tocarte, Bella? ¿Puedo hacerte sentir bien?

—Por favor —susurré y su mano subió por mi pierna mientras quitaba su muslo del camino.

Sus dedos se encontraron con la humedad en mis piernas y gruñó.

—Tan mojada.

Frotó suavemente sus dedos por mi vagina, hundiendo sus dedos en mi humedad y sacándolos para trazar un círculo en mi clítoris.

Mordí mi labio para evitar un grito, sacándome sangre. Sacudí mis caderas contra su mano y sus dedos se deslizaron entre mis pliegues y se hundieron dentro de mí. El gemido que dejé salir rivalizaba con el de una estrella porno y Edward bombeó con sus dedos lentamente, torturándome con cada golpe. Coloqué mi cabeza contra las almohadas, mis manos aferrándose a su espalda y enterrando mis uñas en ella. Escuché mis gemidos y jadeos mientras Edward incrementaba gradualmente su ritmo y masajeaba mi interior con sus dedos.

Mi cuerpo tembló mientras me sentía cada vez más cerca del borde, rogando incoherentemente para que me diese lo que necesitaba tan desesperadamente. Frotando pequeños círculos contra mi clítoris con su pulgar, sus dedos se curvaron dentro de mí, presionando un lugar que me hizo gritar mientras me venía fuerte en su mano.

Cuando finalmente dejé de temblar, Edward pasó su nariz por mi mejilla mientras jadeaba para tomar aliento. Mis dedos se enredaron en su cabello una vez más y lo besé dulcemente.

—Gracias —susurré contra sus labios—. Eso fue… jodidamente increíble.

Lo sentí sonreír.

—No necesitas agradecerme, bonita. Estuve más que feliz de hacerlo. —Me besó brevemente una vez más y luego llevó sus dedos a su boca y los lamió—. Malditamente deliciosa —murmuró y presioné mi rostro contra su cuello, sonrojándome.

Lentamente, moví una mano de su cuello a su pecho, hacia la pretina de sus shorts para ejercicio. Besé y succioné la piel y Edward canturreó notablemente. Deslicé mi mano bajo sus shorts, asombrada de encontrarlo sin ropa interior. Acaricié su pene y él siseó. Envolví mi mano a su alrededor, bombeando su longitud impresionada por su tamaño. Mi experiencia podía ser limitada, pero sabía lo suficiente para conocer que estaba sobre el promedio. Mi otra mano bajó a ayudar a jalar sus shorts y Edward los empujó, pateando hasta sacarlos. Mi mano fue a envolverse a su alrededor de nuevo.

—¿Me muestras? —pregunté suavemente y gruñó contra mi cuello. Su mano tomó la mía y juntos nos movimos por su falo, mostrándome cómo tocarlo y cuánta presión darle. Mientras me ponía más cómoda, su mano salió y me dejó tomar todo el control. Sus gemidos y palabras de elogio me incentivaron y bombeé más rápido, pasando la palma de mi mano por su cabeza cada vez y fui recompensada con más gemidos de su parte. Amaba escuchar su voz melosa en mi oído y su boca besando y mordisqueando mi lóbulo.

Intensifiqué mi agarre ligeramente y bombeé rápido, torciendo mi mano y premiada con gemidos.

—Oh, Dios, ¡me voy a correr, Bella!

Edward me besó fuerte mientras sacudía su longitud una vez más y gritó mi nombre al venirse en calientes chorros en mi mano. Colapsó encima de mí, respirando pesadamente y pasó una mano por mi cuello, acunando mi quijada. Besó mi frente y murmuró palabras que no entendí. Luego, me ayudó a levantarme y me llevó a su baño, donde lavé mis manos antes de tomar su camiseta del suelo y subir a la cama junto a él.

Edward jaló la prenda de mis manos antes de que pudiese ponérmela y la lanzó al otro lado de la cama.

—No está permitido dormir con ropa en mi cama. Es una regla.

Reí.

—¿De verdad?

—Sip —respondió, sonriéndome a la luz de la luna.

—¿Siempre duermes desnudo? —bromeé.

Se movió y me arropó, jalándome contra él, acurrucándose a mi alrededor como una cuchara.

—Siempre —susurró con voz ronca en mi oreja y me estremecí. Rió suavemente.

—Dulces sueños, mi Isabella —dijo en voz baja y besó mi frente.

—Buenas noches, Edward —susurré de vuelta, volteando mi cabeza para besar sus labios suavemente por un momento antes de caer en un profundo sueño.


Me desperté con la luz del sol entrando, la sábana alrededor de mi cintura y el cálido y fuerte cuerpo de Edward acurrucado contra el mío, un brazo bajo mi cuello y el otro encima de mi cintura, con su mano en mi pecho. No sabía si reír o gemir por su mano acunando mi seno. También podía sentir su erección matutina presionada contra la parte baja de mi espalda.

Le eché un vistazo a su reloj y dejé salir un pequeño jadeo. Era justo después de las once. Dormir hasta tarde era prácticamente inaudito para mí. Dormir hasta tarde para mí era hasta las nueve de la mañana y eso si me quedaba despierta hasta las dos o tres de la madrugada. Y no me había despertado ni una vez luego de dormir con Edward. Literalmente no podía recordar la última vez que dormí tantas horas corridas y más de ocho horas de sueño sin interrupciones. Sonreí.

—¿Por qué estás tan feliz, bonita? —La voz somnolienta de Edward flotó hacia mí pero él no.

—Por más de ocho horas de sueño ininterrumpido —respondí en medio de risitas—. Eso nunca me pasa.

Edward enterró su rostro en mi cabello.

—Hmm… supongo que tendré que ayudarte con eso más seguido.

Sentí el calor fluir por mi cuerpo y Edward aparentemente notó el lugar de su mano, amasando mi seno por un momento antes de retirar su mano.

—Lo siento, bonita. Incluso mi subconsciente está obsesionado con tus perfectas tetas.

Bufé, luego me sonrojé y escondí mi rostro en mi almohada.

—Edward, mis senos difícilmente son dignos de atención. Son talla B y no me darán la página central en Playboy.

—Son perfectos —argumentó y movió su mano hacia arriba para acariciar uno y luego el otro—. Firmes y redondos. Llenan mi mano a la medida. Además, tienes una contextura pequeña y tus tetas le quedan a tu cuerpo impecablemente. —Se apoyó en un codo, observándome. O, mejor dicho, a mis senos. Sus yemas dibujaron las curvas e hicieron patrones por la sensible piel, causando que mis pezones se endurecieran. Levantó su mirada a la mía, oscura y llena de lujuria—. Sí, soy un chico y amo los senos pero el tamaño no es lo que atrae mi… admiración. Es cómo le quedan a la chica y los tuyos… tus senos le quedan a tu cuerpo perfectamente.

Se inclinó y me besó, empujando su lengua entre mis labios y me volteé en sus brazos. Sus manos se movieron a mi cintura y me alineó con él. Su pene estaba entre nosotros y lo sentí contra el ápice de mi centro. Me tensé, sin esperar ese contacto y Edward inmediatamente apartó sus caderas.

—Lo siento, Bella. No quería ponerte nerviosa. Juro que no trato de presionarte a nada que no quieras hacer —dijo y descansó su frente contra la mía—. Por supuesto, hacerte dormir desnuda y luego acosarte sexualmente mientras duermes y de nuevo es la primera cosa en la mañana, probablemente no recibí bien el mensaje.

Sonreí suavemente.

—Está bien, Edward. Me… siento a salvo contigo.

Levantó ligeramente la comisura de su labio y pasó mi cabello tras mi oreja.

—Estás a salvo conmigo. —Hizo una pausa por un momento antes de preguntar—. Bella, ¿cuántos años tienes?

—Casi veintiuno. ¿Y tú?

—Cumplí veintiuno en junio. ¿Puedo…? —Suspiró ligeramente, mirándome pensativo—. ¿Puedo preguntar por qué sigues siendo virgen? No es algo malo, la verdad que no. Sólo soy curioso, ¿cómo una chica tan hermosa e increíble como tú permaneció soltera y pura tanto tiempo?

Me sonrojé y bajé la mirada, sólo para tener a Edward levantando mi quijada con su mano. Mordí mi labio, pensando mi respuesta.

—Bueno, crecer como la hija del jefe de policía no ayudó mucho. Ningún chico quiere salir con la chica cuyo padre tiene varias armas de fuego y una placa que le da la autoridad para usarlas como prefiera.

Edward asintió ligeramente.

—No, supongo que no ayudó.

—Y cuando comencé aquí, sí me invitaron a salir, mucho más de lo que esperaba, pero no he encontrado a nadie con la clase de conexión que busco para tener ese tipo de conexión física. Traté de forzarlo un par de veces, pero sólo he dejado a dos chicos ir más allá de la etapa de besos, al menos hasta que te conocí. —Me sonrojé de nuevo y presioné mi cara contra su pecho. La mano de Edward se movía en perezosos círculos por mi espalda, relajándome.

—¿Qué les permitiste hacer? Sólo estoy preguntando para saber cómo evaluar lo que hacemos juntos sin hacerte sentir incómoda. —Parecía tranquilo, pero sentía la tensión en su cuerpo y escuché un poco de celos en su voz.

—Um, bueno, a ambos los dejé ir bajo mi camisa. Y uno me tocó… allí, pero sobre la ropa. Cuando trató de ir más allá, lo detuve. Y no retribuí nada en realidad. Supongo que una parte de mí está buscando algo más, algo especial, antes de darme a un chico, gracias a mi madre. No quiero sentirme atrapada y terminar destruyendo vidas porque de pronto decidí que ya no quiero lo que había escogido. Y de lo que pude aprender de mi padre, ella sólo parecía saltar de un hombre a otro. Tal vez es ingenuo porque nunca he tenido sexo, pero no quiero convertirme en una de esas chicas que tiene sexo sin discriminar.

—No creo que haya nada de malo en eso, Bella. El sexo al azar no es para tanto —respondió en voz baja.

—¿Qué hay de ti? ¿Cómo es tu pasado? ¿Y qué pasó realmente entre Tanya y tú? —pregunté tímidamente.

Edward suspiró y pasó su mano por su cabello.

—Bueno, supongo que debería decir que sólo he tenido una novia real antes de conocerte. Su nombre era Bree y estuvimos juntos en la secundaria. Ella y yo fuimos la primera vez de ambos y aunque iríamos a diferentes universidades, pensamos que podríamos hacer que funcionara. Que nos amábamos lo suficiente para superarlo. Pero eso no sucedió. Luego de nuestro primer semestre, las cosas terminaron entre nosotros. Éramos amigables pero no diría que somos amigos.

»Luego de Bree, me salí de control por un tiempo. Estar en el equipo ayudó a que me acostase cuando quisiera y utilicé eso como ventaja. Bebía mucho y estuve cerca de arruinar mis oportunidades en el equipo. Emmett y Jazz finalmente intervinieron y luego de que Emmett me golpease hasta tener un poco de sentido común, volteé las cosas. Ya no me acostaba al azar con chicas, pero tampoco me involucré con nadie seriamente. Salí con chicas, pero nunca me encontré lo suficientemente interesado para dejar que las cosas progresaran hacia una relación verdadera.

Asentí y esperé para que desarrollara lo de Tanya, pero se quedó en silencio.

—Entonces… ¿qué pasó con Tanya?

Suspiró pesadamente.

—Tanya. Tanya fue un error. Su hermano y yo éramos buenos amigos al crecer y, por defecto, Tanya y yo fuimos amigos. Creo que nuestros padres siempre pensaron que estaríamos juntos eventualmente y pensé que ya que todos esperaban que funcionara, que lo haría. No pasó. Realmente no le importaba nada más que mi carrera de fútbol y cuánto dinero tendríamos, o ella; cuánto estatus de celebridad podría ganar. Supongo que había algo en mí que era tolerable para ella, pero conocía sus verdaderos motivos y finalmente me cansé de su mierda y terminé todo con ella por completo.

Asentí, procesando toda la información que me lanzaba. ¿Cómo había salido con todas esas chicas sin volverse serio con alguna de ellas? Sin mencionar que todas matarían por tener sólo una cita con él, ¿y, aun así, él me encontraba lo suficientemente atractiva para querer llamarme su novia sólo después de dos semanas de conocernos? Y ya que estábamos en ese tema, ¿cómo había pasado todas mis defensas para que estuviese completamente tranquila allí acostada junto a él, desnuda, involucrada físicamente como ahora?

—¿Estás bien? —preguntó, la ansiedad evidente en sus ojos.

—Sí —respondí, asintiendo—. Estoy bien. Una conversación pesada para ser lo primero en la mañana, pero yo pregunté. —Me encogí de hombros y miré hacia abajo, jugando con el borde de la sábana.

Sus dedos encontraron mi barbilla de nuevo y la levantó suavemente.

—¿Bella? Quiero que sepas que siempre he sido cuidadoso. Y el equipo tiene que pasar por pruebas cada seis meses, más que sólo para drogas, así que sé que estoy limpio. No he estado con nadie desde mi última prueba. Sólo no quiero que tengas que preocuparte por nada de eso conmigo. Debemos llegar a ese punto. Digo, ciertamente lo estoy esperando, pero no quiero presionarte, ¿de acuerdo?

Sonreí.

—Lo sé, Edward. Gracias por ser tan abierto sobre todo conmigo. Significa mucho para mí. —Me incliné y lo besé, mi estómago rugió estruendosamente.

Él se apartó, riendo.

—Creo que necesito alimentarte.

Lo golpeé juguetonamente.

—¡No soy un perro!

—Lo sé. —Sonrió—. Pero no soy un muy buen novio si no le hago a mi hermosa novia el desayuno. No es muy caballeroso dejar que muera de hambre.

Se levantó y me jaló consigo. Eché un vistazo alrededor para localizar mi ropa, pero Edward me tendió una camisa antes de que pudiese ponérmelas. Le sonreí tímidamente y me la coloqué junto con mis bragas. Era una camisa de Texas de color tostado y tuve que refrenarme de levantarla para oler la esencia de Edward. Me llegaba a la mitad del muslo y los ojos de Edward se oscurecieron por un momento cuando me miró.

Tomó mi mano y me guió fuera de su cuarto por el pasillo. La cocina estaba a la derecha y chillé cuando la vi. Sonrojándome fuerte, coloqué mi mano sobre mi boca mientras asimilaba el estado del arte de la cocina. Hermosos topes de granito, electrodomésticos de acero inoxidable con un refrigerador Sub-Zero y un radiante piso de cerámica. Edward me miró, asombrado por mi ataque.

—Creo que estoy enamorada. —Suspiré, mirando alrededor con impresión—. ¡Esta es la cocina más fantástica que he visto! No puedo creer que este sea un departamento.

—¿Te gusta cocinar? —preguntó Edward, sonriendo.

Asentí furiosamente.

—Lo adoro, pero vivir en la casa lo limita. No les gusta que utilicemos la cocina. ¿Puedo hacer el desayuno? —Reboté en los talones de mis pies, emocionada.

Lanzó su cabeza hacia atrás y rió.

—Si te hace feliz, bonita, puedes hacer lo que quieras —dijo, satisfaciéndome.

Le sonreí.

—¡Gracias! —Lo evadí y corrí al refrigerador, buscando para ver lo que tenía para trabajar. Saqué huevos, jamón, queso, pimentón y cebolla para omelets. Me volteé, coloqué los ingredientes en el mesón y miré hacia donde Edward estaba apoyado contra un piano de cola en su sala de estar, viéndome con una sonrisa.

Mi quijada cayó.

—¿Tienes un piano?

Se rió de mí.

—Sí, tengo un piano. ¿Nos distraemos fácilmente?

Le eché un vistazo al resto de la sala que también tenía un área pequeña para comer a un lado. El departamento era increíble. El lujo en su apogeo y estaba celosa. Todo el lugar estaba inmaculadamente amueblado y no era como cualquier apartamento universitario que haya visto. Lentamente salí de la cocina y caminé hacia el medio de la habitación, finalmente observando mis alrededores.

—¿Cómo demonios me perdí todo esto anoche?

—Bueno, fuiste un poco insistente en sólo ir a la habitación.

—¿Qué edificio es este? ¿En qué piso estamos? —Miré boquiabierta la vista del horizonte desde las ventanas.

Se sonrojó ligeramente.

—Um, estamos en el 21 Rio… el penthouse.

—¡Oh, mi Dios! ¿Estás bromeando? —Aullé con asombro—. Joder, Edward. ¿Cómo puedes pagar este lugar? No puedo imaginar el costo de la renta.

Se movió inquieto.

—Bueno, obtuve la beca completa por jugar, así que ahorro dinero ahí. Y mis padres tienen buenos trabajos, además de que el costo de vivir aquí es una fracción de lo que es vivir en Chicago, así que…

Tragué y cerré mis ojos por un momento.

—Lo siento, Edward. Esa fue una manera espantosa y una pregunta grosera. No es de mi incumbencia. Sólo haré el desayuno…

Edward llegó y tomó mi mano, sentándose en la banca del piano y jalándome hacia su regazo.

—Está bien, Bella. Me doy cuenta de que es impresionante. No tengo exactamente el típico departamento de universidad. —Pasó mi cabello a un lado de mi cuello y besó la piel expuesta.

Suspiré y me derretí en sus brazos, el desayuno completamente olvidado. Jaló la camisa para exponer mi hombro y besó esa piel también.

—Mmmmm —canturreé, presionando mi trasero contra su regazo y retorciéndome ligeramente. Sus manos tomaron mis caderas mientras un sonido retumbante salió de su pecho.

—Desayuno. Necesitas comer, debemos tener desayuno —declaró Edward apresuradamente, recogiéndome de su regazo.

Me levanté, asombrada y aturdida por un momento, luego murmuré:

—Desayuno. —Y caminé de vuelta a la cocina.

Estaba cortando vegetales con Edward sentado en un banquillo para bar, mirando apreciativamente, cuando un toque llegó a la puerta.

Edward se levantó, frunciendo el ceño, murmurando bajo su aliento y abrió la puerta.

—Cullen, ¿estás listo? ¡Es hora de tener nuestro burrito! —La voz de Emmett resonó por el departamento mientras entraba. Me paré allí, horrorizada mientras Emmett y Jasper se acercaban, conmigo en nada más que una de las camisas de Edward en su cocina… haciendo el desayuno.

—¡Hey! ¿Alguna vez pensaron que querrían esperar a ser invitados? —gritó Edward pero ellos sólo siguieron caminando.

—Lo que sea, hermano, ¿cuándo hemos necesitado una invitación para entrar? ¡Es mi turno para elegir dónde iremos a almorzar y quiero burritos! —anunció Emmett, sonriendo ampliamente, antes de voltear a verme allí parada. Se congeló y Jasper caminó hacia él, gruñendo y empujándolo antes de detenerse a mirarme con ojos bien abiertos.

Me sonrojé más fuerte de lo que nunca me había sonrojado, rogando que el mesón de la cocina escondiese mi falta de pantalones.

Jasper sonrió.

—Bella, es un placer verte esta mañana. ¿Dormiste bien?

Parpadeé ante su cortesía y, sorprendentemente, me sonrojé más. Emmett se inclinó sobre el mesón y silbó.

—Demonios, B, ¡tienes unas jodidas piernas sensuales!

Edward y Jasper lo golpearon, fuerte.

—Tarado, ¿no ves que ya está lo suficientemente avergonzada por su aparición? —escupió Edward—. Voltéense, ambos.

Ambos se voltearon, Emmett lloriqueando por haber sido golpeado y Edward tomó mi mano, jalándome frente a él y siguiéndome de vuelta a su habitación. Me detuve en la cama.

—Lo siento tanto, Bella. No pensé en nuestros planes para almorzar juntos. Haré que esos tarados se vayan. No puedo creer que sólo hayan entrado así como así. —Sacudió su cabeza, molesto.

—Está… está bien. No quiero que cambies tus planes sólo por mí. Puedo irme. —Pasé mis dedos por mi cabello, tratando de calmar mi vergüenza.

—¡Hey, B! ¿Quieres comer burritos con nosotros? —dijo Emmett por la puerta—. Compraré el tuyo para recompensar la pena.

No pude evitar la sonrisa que se me escapó. Toda la situación era absurda.

—No sé, ¿a dónde irán? —dije de vuelta y Edward me sonrió.

—¿Freebirds? —respondió pensativo.

—¡Oh, demonios sí! ¡Dejaré que me compres un burrito de ahí! —Le sonreí de vuelta a Edward—. ¿Está bien eso? No quiero autoinvitarme si quieren pasar tiempo de chicos.

—Es genial, bebé. —Besó mi frente—. ¿Debemos pasar por tu casa para que puedas cambiarte?

—En realidad, traje un bolso, pero lo dejé en tu auto. ¿Te importaría?

—Para nada. Volveré en un par de minutos, ¿de acuerdo? —Asentí y se dirigió hacia la puerta. Lo escuché gritarles a Emmett y a Jasper antes de azotar la puerta. No mucho tiempo después, escuché pasos acercándose y un suave toque.

—¿Bella? —La voz de Edward llegó. Caminé hacia la puerta y la abrí, parándome detrás de esta. Me tendió mi bolso y fui al baño a cambiarme mientras Edward se vestía en su habitación. Salí y él sonrió, tendiéndome su mano.

Mi estómago gruñó de nuevo, más fuerte que antes y ambos reímos.

—Vamos, definitivamente tengo que alimentarte.


Nota traductoras:

¡Un nuevo capítulo de esta historia! No hubo actualización el lunes porque hemos decidido cambiar el día de publicación, ahora lo haremos todos los jueves.

¡Esperamos que estén disfrutando la historia!