Caminaban por la montaña, llena de nieve, se hacía tarde y sol comenzaba a ocultarse, el viento anunciaba que pronto habría una tormenta, posiblemente no llegarían a su destino antes que eso, lo previsto era que la ventisca azotara pronto, tanto la reciente baja de temperatura en el ambiente como los animales daban indicios de que buscar refugio sería lo más conveniente, sin embargo a simple vista no habían cuevas donde refugiarse, y se quedaban sin tiempo, tanto Len como Jun Tao accedieron a acompañar a los gemelos Asakura, que según les habían dicho debían ir hacia Japón de nuevo, esta vez en Hokkaido, por una persona de apellido…

–Usui, eso decía la carta.– Dijo Miki mientras caminaban con dificultad por el manto blanco que cubría al suelo.

–Lo entiendo, pero no sabía que en Hokkaido estuviese la temperatura tan baja…– Comentó su gemelo, Yohken, que iba al frente de todos, se había auto puesto el título de líder, más que para impresionar a Jun, porque según él era el más indicado para tomar las riendas ante cualquier situación, excepto claro, verse de frente con la peli verde, ya que inmediatamente se ponía nervioso y se sonrojaba.

–Ya se hace de noche, y aún no encontramos la villa de la que hablaba la carta.– Habló Len, mientras trataba de divisar el camino, lo cual era casi imposible, ya que una espesa niebla comenzaba a distorsionarles la vista.

Y así fue, el sol se ocultó y la luna comenzó a adornar el cielo, las estrellas no se veían por la niebla y una ráfaga fuerte de viento frío se hizo presente, definitivamente ese era un problema del que debían salir rápido, no sólo porque el abrigo que llevaban no era el adecuado, sino porque esas bajas temperaturas no eran normales, lentamente avanzaron, sin embargo, al no haber refugio ni rastro de la villa que buscaban, se refugiaron a los pies de los árboles, que estaban cubiertos de nieve, entre los arbustos, de manera pues, que pudiesen protegerse un poco hasta que se tranquilizara la reciente tormenta de nieve.

–Esta tormenta es muy fuerte, no podemos quedarnos aquí, no sobreviviríamos.– Dijo Jun, mientras trataba de darle calor a sus manos, retrocedió un poco y topó levemente contra otra persona, este era Yohken. –Oh, lo siento mucho, Yohken-kun.– Le sonrió, lo que provocó un sonrojo instantáneo en el chico.

–N-no, fue mi-mi error Jejeje…– Sonrió tratando de distraerse con cualquier cosa.

–Oigan chicos, miren, hay una persona caminando por la nieve como si nada.– Dijo Miki, entrecerrando los ojos para tratar de enfocar mejor aquella figura.

–Eso es lo que necesitamos.– Habló Len mientras se levantaba, sin embargo, Yohken se levantó primero.

–¡Heeey, ayúdanos!– Le gritó, al parecer, la persona, aunque con el fuerte sonido del viento, logró escuchar su grito, y se acercó a donde estaban ellos.

Aquella persona llevaba cubierto el rostro, con unas gafas protectoras, también llevaba botas gruesas, y al parecer el abrigo que tenía era bastante grueso, así que decidió llevárselos a su hogar, que no quedaba muy lejos.

A pocos minutos llegaron a una cabaña de madera, era pequeña y tenía sólo una habitación y un baño, ahora estaban frente a una reconfortante fogata mientras se anfitrión se quitaba la ropa que llevaba afuera, descubriendo la capucha a una hermosa y larga cabellera azul, entre ella un largo mechón de cabello negro, mientras se terminaba de quitar la ropa de exterior, mostró una delgada y fina figura femenina, que al voltearse, mostró sus ojos grisáceos.

–Hola.– Saludó con una sonrisa.

–Qué bonita…– Susurró Miki mientras le veía hipnotizado.

–Jejeje vaya, te gusta.– Le dijo Yohken.

–¡Cállate!– Le gritó a su gemelo, sin embargo compuso su postura en cuanto la chica se le quedó viendo de manera extraña.

–Por el color de sus ojos, y su cabellera, supongo que ustedes son los Asakura.– Dijo sonriéndoles. –Y por la forma de su cabello, ustedes son los Tao.– Esta vez se dirigió a Len y Jun. –Mi nombre es Arale Usui, mucho gusto.– Dijo mientras extendía su mano a Yohken.

–E-está bien, sabes nuestros apellidos.– Sonrió dándole la mano. –Arale, yo soy Yohken Asakura y él es mi hermano gemelo, Mikihisa.– Dijo mostrando a su hermano que sonrió torpemente.

–Ya se me hacía que eran gemelos, ¡Sus rostros son idénticos!– Rió la chica de cabello azul.

–Arale, significa tormenta de granizo… hasta su nombre es muy bonito…– Susurró Miki.

–Nosotros somos Jun y Len Tao, es un placer.– Dijo Jun mientras sonreía.

–Esperen, una pregunta a ustedes, Asakuras, ¿Qué ustedes nos son hijos de un tal… cómo era…?– Arale colocó sus dedos en su mentón, y comenzó a pensar mientras caminaba de un lado a otro en la alfombra que estaba en el suelo, el fuego a su lado, y la nieve afuera cayendo libremente. –¿Ahen, Heien, Naha?–

–Hana.– Dijo Miki mientras alzaba una ceja.

–¡Exacto, es el sujeto que se rumorea, custodia los cinco puntos sagrados!– Respondió alegremente, mientras, Yohken y Miki se veían uno al otro exaltados.

–¿¡Qué!?– Gritó Yohken aturdido. –¡Eso es imposible, nuestro papá murió hace años!–

–¿Eh? No, de hecho se dice que Ahen…–

–Hana.– Corrigió Yohken.

–Eso, ¿Seguro que no era Ahen Asakura? Lo que sea, dicen que ese sujeto está en el centro, donde los puntos se unen.–

–No es posible, pero si él es el padre de ellos, entonces, ¿Por qué no volver?– Preguntó Jun preocupada al ver los rostros de Yohken y Miki. –Es decir, si él está vivo…– Pero fue interrumpida por su hermano, quién apretó los puños confundido.

–¿Por qué no acabar con Zerathos?– Preguntó Len.

El ambiente se tornaba tenso, y bastante agobiante para Yohken y Miki, quienes permanecían estables en sus pensamientos sobre su padre, ¿Estaría vivo?

–Eso sólo es un rumor, no digo que sea cierto, lo siento mucho.– Habló Arale mientras cerraba los ojos. –Creí que era verdad, pero si me dicen que él… bueno… ya saben…–

Mientras la noche pasaba, la tormenta se iba calmando, lentamente, Yohken y Miki estaban en la sala, junto con Len, pero él dormía, mientras ambos veían la Luna, pudieron ponerse a pensar finalmente.

–¿Y si nuestro padre vive?– Preguntó Miki.

–Es un infeliz entonces.– Respondió su hermano.

–¿Ehh, un infeliz?– Cuestionó Mikihisa, mientras su gemelo permanecía estático.

–No sé, tal vez papá fuese poderoso, y si sobrevivió, ¿Por qué no volver?–

–Seguro tendría sus razones.–

–Yo sé, y por eso debemos ir.–

–¿A dónde?–

–Al centro, donde los puntos se unen, pero antes, nos reuniremos con ese tal Garak.–

La luna, y el sol, cambiaron de lugar como era de esperarse, y la tormenta había saciado ya, los pinos de Hokkaido, cubiertos por aquél manto blanco, hacían del paisaje, que, junto con las montañas, se veían espléndidamente hermosos, los chicos retomaron su camino, y avanzar al siguiente destino, América.