Larry se había quedado completamente paralizado por la situación. Por más que llevaba estudiando toda su vida y que se llevaba preparando para que cualquiera de las teorías en que tan fervientemente creía fueran tiradas a la basura, lo que estaba viendo en ese momento nunca se lo hubiera llegado a imaginar ni por lo más remoto.
Cuando había comenzado a bajar las escaleras, de vuelta al garaje, el lugar estaba en completo silencio, cosa que le pareció bastante raro, después de escuchar como los dos hermanos Epps, habían comenzado a discutir. Le parecía bastante difícil que uno de los dos hubiera decidido dar su brazo a torcer tan pronto.
Sin embargo, al llegar abajo y ver a los dos hermanos en el sofá, abrazados y… si lo estaba viendo correctamente, los hermanos Epps, se estaban besando y desde luego no se trataba del típico beso de hermano, cariñoso y inocente, sino todo lo contrario.
"Charles, creo que tu hermano tiene razón, deberías descansar para recuperarte y…" fue todo lo que había conseguido decir, después nada, su mirada clavada en Charlie y Don, que se habían separado tan rápido como un rayo y que lo observaban, esperando que dijera algo más. Pero él no lo hizo, no podía hacerlo.
"Larry, creo que tenemos que hablar sobre esto." Dijo Charlie tomando la mano de su hermano, intentando que Larry no se diera cuenta. Al menos, necesitaba un apoyo para decirle a su amigo lo que ocurría entre ellos.
"Si, supongo que tienes razón Charles." Con pasos lentos y algo tambaleante, sin quitarle la mirada de encima a los hermanos, Larry se sentó en el sillón que estaba al lado del sofá. "¿Entonces vosotros dos… estáis… juntos?" Se le hacía tan difícil decir aquello, realmente le parecía imposible haber visto aquello y estar teniendo esa conversación.
Charlie asintió, dejando entrever en sus labios, una pequeña y dulce sonrisa, que tal sólo podía significar una cosa. Larry confirmó lo que estaba pensando, el profesor Charles Epps, estaba enamorado, pero para su sorpresa, de su propio hermano.
"Larry, espero que comprendas que esto no se lo puedes decir a nadie." Sin volverse, Charlie notó el cuerpo de Don junto al suyo después de que su primera idea fuera separarse de su hermano, ahora Don volvió donde estaba, colocándose detrás, permitiendo que Charlie se pudiera apoyar sobre él. Larry, por su parte, permanecía en completo silencio. "No es que nos avergoncemos de este ni mucho menos, pero las cosas no es que sean sencillas como para decírselo a todo el mundo."
"Y menos a nuestro padre." Dijo finalmente Don, moviendo su mano alrededor de la cintura de Charlie. "No creo que pudiera aceptarlo, ya nos costó bastante aceptarlo a nosotros." Al escuchar aquello, Charlie se giró ligeramente hacia su hermano, comprendía perfectamente a lo que se refería, aunque estaba seguro que Don lo debía de haber pasado peor que él, o al menos durante más tiempo, hasta que se había decidido a decírselo a Charlie.
"¿Entonces vais en serio?" Larry dio un largo trago de agua, bebiendo todo el contenido del baso de una sola vez.
"Eso espero." Dijo Charlie sonriendo abiertamente. Don apretó su mano contra la cintura de su hermano y dejó un tierno beso en su mejilla, aunque en realidad hubiera preferido demostrar su respuesta de otra forma más directa.
"Bueno…" Comenzó a decir Larry, pero se detuvo para respirar una fuerte bocanada de aire. "Supongo que si puedo aceptar la teoría de la existencia de más de un universo en nuestro mismo plano de existencia, podré aceptar esto."
"Nos guardarás el secreto." Charlie sabía que podía confiar en su amigo, pero de todas formas, necesitaba que se lo dijera. "No digo que en algún momento no se lo vayamos a decir a los demás." Dijo pensando sobretodo en cuando sería el momento propicio para soltarle la bomba a su padre. "Pero sabemos que será mejor esperar un poco."
"Claro Charles, ¿por quien me habéis tomado? Si pude ocultar tu relación con aquella profesora tuya en la universidad, está claro que podré guardar este secreto." Al ver que Charlie no contestaba, Larry se dio cuenta que había metido la pata. "¿No le habías contado a nadie que estuviste con tu profesora de Física en la universidad?" Charlie negó con la cabeza, mientras comenzó a escuchar la risilla burlona de su hermano justo detrás de él.
"Eso no lo sabía de ti, hermanito, ¿Qué pasaba, querías tener matrícula en su clase?" Charlie se volvió hacia él. si nunca le había contado lo ocurrido con su profesora a nadie y mucho menos a Don, había sido sobretodo por esa reacción que no quería que su hermano tuviera.
"Claro que no lo hice por eso, ¿Cómo puedes pensar una cosa así de mi? Nunca lo haría, además…" Cuando Don le besó, con una tierna sonrisa en los labios, Charlie olvidó automáticamente lo que estaba pensando, pues se dio cuenta que Don, como solía hacer todos los días, se estaba metiendo con él para hacerle rabiar.
Don le habló al oído a su hermano. "Supongo que esa profesora te enseñaría cosas interesantes en sus clases particulares." Charlie le dio un pequeño codazo, que no hizo que Don se dejara de reír ni por un segundo, aquello le estaba divirtiendo demasiado.
Larry se levantó. "Bueno supongo que puede ser un buen momento para marcharse." Sabía que sobraba y además todavía no se había acostumbrado a esa nueva situación. "Mañana pasaré a verte. Si estás libre claro."
Don le sonrió, agradeciendo su buen sentido del humor y lo bien que parecía estar asimilándolo todo. Los dos hermanos lo vieron subir las escaleras y un momento después escucharon cerrarse la puerta. Por fin estaban completamente solos en casa.
Ninguno de los dos se movió, en cambio, Charlie cerró los ojos, hacía un rato que ya le estaba doliendo la cabeza y se sentía realmente cansado pero no había dicho, no quería darle la razón a su hermano con eso de que tenía que descansar más en lugar de trabajar tanto.
Don comenzó a notar que su hermano se relajaba y al mirarlo, se dio cuenta que se estaba quedando dormido. Había anhelado tan profundamente que algo así pudiera ocurrir, que Charlie se durmiera sobre él, no sólo cuando se sentía asustado o cuando algo le había afectado mucho, si no cuando estaba bien y simplemente se sentía a gusto a su lado.
"¿Por qué no te echas en la cama? Estarás más cómodo." Charlie negó con la cabeza y tardó unos instantes más en contestar.
Don sabía que no había que hacer, que su hermano no iba a cambiar de parecer y que quería quedarse allí. Por ello, antes de escuchar su respuesta, se acomodó en el sofá, apoyando la espalda en el respaldo y dejando que Charlie se diera un poco la vuelta, rodeando su cintura como él había echo antes y respirando tranquilamente, apoyado sobre su pecho.
"Papá no volverá hasta pasado mañana de su congreso." Charlie abrió los ojos mirando a su hermano, con esos ojos de cachorrillo abandonado que siempre habían sido la perdición de Don. "¿Por qué no aprovechamos el tiempo que vamos a estar solos en casa para no encerrarnos en mi dormitorio?"
Y entonces apareció la sonrisa, esa tierna expresión que Charlie tenía desde que era muy pequeño y había sido lo primero en lo que Don se había fijado para terminar enamorándose de él. Ahora si que el mayor de los hermanos no tenía armas con las que luchar y tampoco se trataba de que quisiera hacerlo de ninguna manera.
Así que Don lo estrechó entre sus brazos, como si del objeto más preciado se tratara, lo envolvió en sus brazos regalándole todo el amor y el cariño que encontró en su interior y que llevaba meses guardando dentro de él por no atreverse a mostrárselo a Charlie. Un momento después Charlie se quedó dormido.
- o -
"Ese maldito bastardo de tu hermano va a venir a por nosotros en cuanto volvamos a actuar." Un golpe, detrás de otro hicieron gemir a Charlie por el dolor. "Pero ahora vamos a estar prevenidos y tu serás nuestro salvoconducto." Un nuevo golpe, le hizo caer al suelo, golpeándose la cabeza contra el suelo con fuerza. Un momento después comenzó a sentir la sangre fluir por su rostro.
Reconoció a los hombres, los mismos que le habían golpeado, los mismo que le habían dejado inconsciente y los mismos que, sin recordar como, le habían dislocado un tobillo. Eran los mismos y estaban allí, haciendo lo mismo otra vez, hablándole, diciendo todo aquello que no había llegado a recordar.
"Cuando vuelva mi hermano, tenemos un trabajo que terminar y tu hermano no se puede poner en medio." Una mano, lo agarró con fuerza del cuello, sin dejarla casi respirar. "Como intente hacer algo contra nosotros, puede que la próxima vez no te dejemos con vida en su apartamento." El hombre lo soltó de golpe y de nuevo, Charlie sintió un fuerte dolor en la cabeza. Después nada, simplemente la oscuridad.
Charlie se despertó dando un grito. Se liberó de los brazos de Don y se incorporó en el sofá. Don lo siguió, poniendo su mano sobre la frente y la mejilla de Charlie, para darse cuenta que estaba sudando.
"Charlie ¿estás bien?" Charlie negó con la cabeza, con los ojos abiertos de par en par y la mirada fija en la nada. "¿Qué pasa, has tenido una pesadilla?"
"Más bien ha sido un recuerdo." Por fin Charlie se giró hacia Don, estaba pálido y apenas podía respirar con normalidad, pero tenía que hablar, decirle lo que había visto y lo que ahora sabía. "Fue el hermano de Amstrong."
"¿Cómo dices? Ese caso lo cerré hace un año por no poder encontrarle, todo el mundo le dio por muerto." De nuevo Charlie negó con la cabeza, atrapando la mano de su hermano con fuerza. Notar el contacto de Don mientras decía aquello, le hacía sentir mucho mejor, al menos lo suficiente para seguir hablando.
"Eso es lo que quisieron hacernos creer, pero no lo está, va a volver y su hermano no quiere que te interpongas." Charlie tragó saliva, dejando que su hermano asimilara sus palabras antes de continuar.
"¿Lo ha hecho para avisarme?, ¿eso quiere decir que a la próxima te matará si vuelvo a involucrarme en la investigación?" Sin darse cuenta Don acarició la mejilla de su hermano con toda la dulzura que pudo. "Haré todo lo que pueda para que eso no ocurra, te lo prometo."
Ninguno dijo nada más, ¿de que iban a servir las promesas que Don no estaba seguro de poder cumplir por mucho que quisiera mantener a salvo a su hermano? Nada de eso hacía falta ya, porque no importaba, porque en ese momento estaban juntos, Charlie entre los brazos de su hermano otra vez, sus miradas clavadas en las del otro y por fin, sus bocas unidas como si se tratara de una sola, los dos parecían haberse convertido en un solo ser, que había dejado de vivir en esa realidad peligrosa y caótica, en la que su relación sería mal vista por muchos.
No ahora eso no importaba, pues tan sólo podían escuchar los suspiros del otro, las manos deslizándose por la espalda de su hermano y las mismas bocas que un instante antes habían hablado de miedo y de miedo a perder un hermano, ahora tan sólo besaban la del otro como si de su último acto en vida se tratara, hablando sin palabras del amante que les tocaba, miraba, besaba y les hacía sentir bien. Todo lo demás no tenía sentido en el interior de su abrazo.
