Esta historia es una adaptación del libro It ends with us de Colleen Hoover.
Asi que ni la Historia ni los personajes me pertenecen
CAPITULO 5
Sasuke tenía razón. Solo fueron necesarios unos días para que mi tobillo se sintiera lo suficientemente mejor para que pudiera caminar de nuevo. Sin embargo, esperé toda una semana antes de intentar salir de mi apartamento. Lo último que necesitaba era volverme a lesionar.
Por supuesto, el primer lugar al que fui fue a mi floristería. Ino estaba allí cuando llegué, y decir que me encontraba sorprendida cuando entré por la puerta principal es un eufemismo. Parecía un edificio totalmente diferente al que compré.
Todavía hay mucho trabajo por hacer, pero ella y Kiba se habían deshecho de todas las cosas que seleccionamos como basura. Todo lo demás se encontraba organizado en pilas. Las ventanas habían sido lavadas, los pisos fregados. Incluso había limpiado la zona donde tengo la intención de poner una oficina.
La ayudé durante unas cuantas horas, pero como desde el principio no me dejó hacer mucho que requiriera caminar, en su mayoría tracé varios planes para la tienda. Elegimos colores de pintura y fijamos una fecha como objetivo para la inauguración de la tienda, que es aproximadamente en cincuenta y cuatro días a partir de ahora. Cuando se fue, pasé las próximas horas haciendo todas las cosas que no me dejó hacer mientras estaba aquí. Se sentía bien estar de vuelta. Pero Jesucristo, estoy cansada.
Es por eso que estoy tratando de decidir si levantarme o no del sofá y responder a los golpes en la puerta. Sakura está de nuevo donde Sai esta noche, y acabo de hablar con mi madre hace cinco minutos por teléfono, así que sé que no es ninguna de las dos.
Camino hacia la puerta y compruebo la mirilla antes de abrirla. No lo reconozco al principio, porque su cabeza está gacha, pero luego levanta la mirada y ve hacia la derecha y, ¡mi corazón se aloca del susto!
¿Qué está haciendo aquí?
Sasuke toca de nuevo, y trato de retirarme el cabello de la cara y alisarlo con las manos, pero es una causa perdida. Hoy me maté trabajando y me veo como una mierda, así que a menos que tenga media hora para tomar una ducha, ponerme maquillaje, y cambiarme de ropa antes de abrir la puerta, él más o menos tendrá que tratar conmigo, así como estoy.
Abro la puerta y su reacción inmediata me confunde.
—Jesucristo —dice, dejando caer la cabeza contra el marco de la puerta. Está jadeando como si estuviera exhausto, y es cuando me doy cuenta de que no parece haber tenido mayor descanso ni oportunidad para estar más limpio que yo. Tiene una barba de varios días, algo que nunca antes le he visto, y su cabello no tiene el estilo habitual. Está un poco inestable, como la mirada en sus ojos—. ¿Tienes alguna idea de cuántas puertas he tocado hasta encontrarte?
Sacudo la cabeza, porque no lo sé. Pero ahora que lo menciona, ¿cómo demonios sabe dónde vivo?
—Veintinueve —dice. Luego levanta las manos y repite los números con los dedos mientras susurra—: Dos… nueve.
Dejo que mi mirada recorra su ropa. Tiene puesta su bata, y absolutamente odio que esté en bata en este momento. Santo infierno. Mucho mejor que un mameluco e incluso mejor que una gabardina.
—¿Por qué tocaste veintinueve puertas? —pregunto, inclinando la cabeza.
—Nunca me dijiste cuál era tu apartamento —dice, de manera casual—. Dijiste que vivías en este edificio, pero no podía recordar si llegaste a decir en qué piso. Y para que conste, casi empecé por el tercer piso. Habría estado aquí hace una hora si hubiese seguido mi instinto.
—¿Por qué estás aquí?
Se pasa las manos por la cara y después señala por encima del hombro. — ¿Puedo entrar?
Echo un vistazo por encima del hombro y luego abro más la puerta. — Supongo. Si me dices lo que quieres.
Entra y cierro la puerta detrás de nosotros. Mira a su alrededor, vistiendo su caliente y estúpida bata, y pone las manos en las caderas mientras me enfrenta. Se ve un poco decepcionado, pero no estoy segura si es por mí o por él mismo.
—Hay una verdad muy cruda debelándose en camino, ¿de acuerdo? —dice—. Prepárate.
Cruzo los brazos sobre el pecho y veo cómo inhala, preparándose para hablar.
—Estos próximos meses son los más importantes de toda mi carrera. Tengo que estar centrado. Estoy llegando al final de mi residencia, y luego voy a tener que rendir mis exámenes. —Está caminando por mi sala de estar, hablando frenéticamente con las manos—. Sin embargo, durante la última semana, no he sido capaz de sacarte de mi cabeza. No sé por qué. En el trabajo, en casa. Todo lo que puedo pensar es en cuán loco se siente cuando estoy cerca de ti, y necesito que lo detengas, Hinata. —Deja de caminar y me enfrenta—. Por favor, haz que se detenga. Sólo una vez, eso es todo lo que necesito. Lo juro.
Mis dedos se hunden en la piel de mis brazos mientras lo observo. Todavía jadea un poco, y sus ojos aún están frenéticos, pero me mira suplicante.
—¿Cuándo fue la última vez que dormiste? —le pregunto.
Rueda los ojos como si le frustrara que no le esté entendiendo. —Acabo de librar un turno de cuarenta y ocho horas —dice despectivamente—. Concéntrate, Hina.
Asiento y reproduzco sus palabras en mi cabeza. Si no lo conociera mejor…
Casi pensaría que estaba…
Inhalo un respiro relajante. —Sasuke—digo con cuidado—, ¿realmente tocaste veintinueve puertas solo para poder decirme que pensar en mí te está haciendo la vida imposible y que debería tener sexo contigo para que nunca tengas que pensar en mí otra vez? Estás bromeando, ¿cierto?
Frunce los labios y, después de unos cinco segundos de pensamiento, asiente lentamente. —Bien…sí, pero… suena mucho peor cuando lo dices.
Libero una risa exasperada. —Eso es porque es ridículo, Sasuke.
Se muerde el labio inferior y mira a su alrededor, como si de repente quisiera escapar. Abro la puerta y señalo para que se vaya. No lo hace. Sus ojos se posan en mi pie. —Tu tobillo se ve bien —dice—. ¿Cómo se siente?
Ruedo los ojos. —Mejor. Hoy fui capaz de ayudar a Ino en la tienda por primera vez.
Asiente y luego hace como si estuviera caminando hacia la puerta para salir.
Pero tan pronto como me alcanza, se gira hacia mí y golpea las palmas de sus manos contra la puerta, a cada lado de mi cabeza. Suspiro, tanto por su proximidad como por su persistencia. —¿Por favor? —dice.
Me niego, a pesar de que mi cuerpo está empezando a negociar los aspectos y a pedirle a mi mente que ceda ante él.
—Soy muy bueno en eso, Hina —dice con una sonrisa—. Apenas si tendrás que hacer algún trabajo.
Trato de no reír, pero su determinación es tan entrañable como molesta. — Buenas noches, Sasuke.
Deja caer la cabeza entre los hombros y la mueve hacia atrás y adelante.
Abre la puerta y se para derecho. Da media vuelta, hacia el pasillo, pero luego repentinamente cae de rodillas frente a mí. Envuelve los brazos alrededor de mi cintura. —Por favor, Hina—dice a través de una risa autocrítica—. Por favor, ten sexo conmigo. —Me mira con ojos de cachorro y una patética sonrisa esperanzadora—. Te deseo tan, tan desesperadamente y te juro que una vez que tengas sexo conmigo, nunca más vas a saber de mí. Lo prometo.
Hay algo acerca de un neurocirujano literalmente de rodillas rogando por sexo que me hace considerarlo. Eso es bastante patético.
— Levántate —digo, alejando sus brazos de mí—. Te estás avergonzando a ti mismo.
Se pone de pie lentamente, arrastrando las manos sobre la puerta a cada lado de mí, hasta enjaularme entre sus brazos. —¿Eso es un sí? —Su pecho apenas toca el mío y no me gusta lo bien que se siente ser tan deseada. Debería estar disgustada por eso, pero no puedo respirar cuando lo miro. Especialmente cuando tiene esa sonrisa sugerente en el rostro.
—No me siento sexy ahora, Sasuke. Trabajé todo el día, estoy exhausta, huelo a sudor y probablemente sepa a polvo. Si me das un poco de tiempo para ducharme primero, quizá me sienta lo suficientemente sexy para tener sexo contigo.
Asiente febrilmente antes de que siquiera acabara de hablar. —Ducha. Toma todo el tiempo que necesites. Esperaré.
Lo aparto de mí y cierro la puerta. Me sigue a mi habitación y le digo que espere en la cama por mí.
Por suerte, limpié mi habitación anoche. Normalmente tengo la ropa tirada por todas partes, libros apilados en la mesita de noche, zapatos y sujetadores que nunca llegan al armario. Pero esta noche está limpio. Incluso mi cama está hecha, adornada con los feos cojines acolchados que mi abuela heredó a todas las personas de nuestra familia.
Doy una rápida mirada alrededor de la habitación, sólo para asegurarme de que no pueda ver nada embarazoso. Toma asiento en mi cama y lo observo mientras explora la habitación. Me paro en la puerta de mi baño y trato de darle una última mirada.
—Dices que esto va a hacer que se detenga, pero te lo advierto ahora, Sasuke. Soy como una droga. Si tienes sexo conmigo esta noche, sólo va a empeorar las cosas para ti. Pero una vez es todo lo que obtendrás. Me niego a ser una de las muchas chicas que utilizas para…¿Cuales fueron las palabras que utilizaste esa noche? ¿Satisfacer tus necesidades?
Se recuesta sobre los codos. —No eres esa clase de chica, Hina. Y no soy el tipo de chico que necesita a alguien más de una vez. No tenemos nada de qué preocuparnos.
Cierro la puerta detrás de mí, preguntándome cómo demonios este tipo me metió en esto.
Es la bata. Las batas son mi debilidad. No tiene nada que ver con él.
Me pregunto si hay alguna manera de que pueda dejársela durante el sexo.
Nunca me he tomado más de media hora para estar lista, pero pasa casi una hora cuando termino el baño. He afeitado más partes de mí de lo que probablemente era necesario, y luego pasé unos buenos veinte minutos volviéndome loca, y tuve que hablar conmigo misma antes de abrir la puerta y decirle que se fuera. Pero ahora que mi cabello está seco y estoy más limpia de lo que nunca he estado, creo que podría ser capaz de hacer esto. Puedo tener totalmente una aventura de una noche. Tengo veintitrés años.
Abro la puerta y está todavía en mi cama. Estoy un poco decepcionada al ver que su bata está en el piso, pero no veo sus pantalones, por lo que todavía debe estar usándolos. Aunque está bajo las mantas, por lo que no puedo asegurarlo.
Cierro la puerta detrás de mí y espero a que voltee y me mire, pero no lo hace. Camino para acercarme, y es entonces cuando me doy cuenta de que está roncando.
No es sólo un ligero ronquido de, oh, acabo de quedarme dormido. Es un ronquido de en medio de la fase profunda del sueño.
—¿Sasuke? —le susurro. Ni siquiera se mueve cuando lo agito.
Tienes que estar bromeando.
Me acuesto sobre la cama, sin importarme si lo despierto. Acabo de pasar una hora entera preparándome para él después de matarme trabajando hoy, ¿y así es cómo seré recompensada esta noche?
Pero no puedo estar enojada con él, sobre todo viendo lo tranquilo que se ve. No puedo imaginarme trabajando un turno de cuarenta y ocho horas. Además, mi cama es muy cómoda. Es tan cómoda, que podría hacer que una persona vuelva a dormir después de una noche completa de descanso. Debería haberle advertido sobre eso.
Compruebo la hora en el teléfono y son casi las diez y media de la noche.
Pongo el teléfono en silencio y luego me acuesto a su lado. Su teléfono está en la almohada junto a su cabeza, así que lo agarro y pongo la cámara. Sostengo el teléfono sobre nosotros y me aseguro de que mi escote se vea bien y de que mis senos estén juntos. Tomo una foto, por lo que al menos verá lo que se perdió.
Apago la luz y me río de mí misma, porque estoy durmiendo junto a un hombre medio desnudo que ni siquiera he besado.
Puedo sentir sus dedos arrastrándose por mi brazo antes de incluso abrir los ojos. Fuerzo una sonrisa cansada y pretendo que sigo durmiendo. Sus dedos se arrastran por encima de mi hombro y se detienen en mi clavícula, justo antes de llegar a mi cuello. Tengo un pequeño tatuaje allí que me hice en la universidad. Es un bosquejo simple de un corazón que está ligeramente abierto en la parte superior. Puedo sentir sus dedos rodeando el tatuaje, y luego se inclina hacia delante y presiona sus labios contra él. Aprieto los ojos aún más fuerte.
—Hina —susurra, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura. Comienzo a quejarme un poco, tratando de despertar, y luego ruedo sobre mi espalda de modo que pueda mirarlo. Cuando abro los ojos, está mirándome. Puedo decir, por la forma en que la luz del sol brilla a través de las ventanas y a través de su cara, que ni siquiera son las siete de la mañana.
—Soy el hombre más despreciable que alguna vez has conocido. ¿Tengo razón?
Me río, y asiento un poco. —Muy, muy cerca.
Sonríe y luego retira el pelo de mi cara. Se inclina hacia delante y presiona sus labios en mi frente, y odio que hiciera eso. Ahora voy a ser la que esté llena de noches sin dormir, porque querré repetir este recuerdo.
—Me tengo que ir —dice—. Se me hizo muy tarde. Pero uno, lo siento. Dos, nunca haré esto otra vez. Esta es la última vez que oirás de mí, lo prometo. Y tres, realmente lo siento. No tienes idea.
Fuerzo una sonrisa, pero quiero fruncirle el ceño porque odio absolutamente su número dos. En realidad, no me importa si lo intenta de nuevo, pero entonces recuerdo que queremos dos cosas diferentes de la vida. Y es bueno que se haya quedado dormido y que ni siquiera nos besáramos, porque si hubiera tenido sexo con él mientras llevaba su bata, habría sido la que se presentara en su puerta de rodillas, rogando por más.
Esto es bueno. Rasgar la bandita y dejar que se vaya.
—Ten una buena vida, Sasuke. Te deseo todo el éxito del mundo.
No responde a mi adiós. En silencio, me mira con un ligero ceño fruncido, y luego dice—: Sí. Tú también, Hina.
A continuación, rueda lejos de mí y se pone de pie. No puedo ni mirarlo en este momento, así que ruedo sobre mi lado para estar de espaldas a él. Escucho mientras se pone los zapatos y luego agarra su teléfono. Hay una larga pausa antes de que se mueva de nuevo, y sé que es porque me estaba mirando. Aprieto los ojos hasta que escucho el golpe de la puerta principal.
Mi cara inmediatamente se calienta, y me niego a permitirme estar deprimida. Me obligo a salir la cama. Tengo trabajo que hacer. No puedo estar molesta por no ser suficiente para hacer que un chico quiera replantearse todos sus objetivos en la vida.
Además, tengo mis propios objetivos de los que preocuparme ahora. Y realmente estoy entusiasmada con ellos. Tanto así, que, de todos modos, en realidad no tengo tiempo para un chico en mi vida.
No tengo tiempo.
Nop.
Chica ocupada, aquí.
Soy una empresaria valiente y audaz con cero folladas que dar a hombres en bata.
Bueno hasta aqui el capitulo de hoy, fue corto pero aparecio mas sasuke
Espero les haya gustado
Comenten que les parecio
Gracias a las personas que comentaron
Un abrazo virtual para todos
