LA BODA
Al pasar las semanas planeando la boda, tanto Marlene como Kowalski y Lucrecia, deseaban no llegar a ese día, pero los tres sabían bien y perfectamente que eso sería imposible ya que tarde o temprano ese día llegaría.
El día se presento, Lucrecia al despertar corre hacia el habitad de Marlene para prepararse para su boda, Kowalski junto con los otros dos pingüinos ayudaban a su capitán a prepararse.
-tu vestido esta hermoso Lucrecia.- le dice Marlene a la pingüina, mientras que esta se miraba en el espejo, pero no con una sonrisa existente.
-gracias Marlene.- agradece sin quitarse la vista del espejo.
-bueno, apresúrate, que los invitados ya llegaron y muy pronto, Moris estará listo para dar inicio a la ceremonia matrimonial.- le avisa con voz seria, pues dentro de ella se sentía destrozada, con el alma perdida. Lucrecia sin poder soportarlo más se tapa con sus aletas sus ojos y comienza a llorar.
-ya está todo listo Skipper.- le informa su teniente.
-gracias Kowalski, ¿la novia ya esta lista?.
-creo que sí, Moris ya está listo para comenzar la ceremonia.
-bien, vamos a comenzar.- ordena el líder saliendo de la base. La boda se realizaría entre el portón del zoológico hacia el exterior, tomando una parte del parque. Skipper al llegar ve a Moris listo para comenzar con la ceremonia, ya todos los invitados estaban sentados en unos bancos, los animales grandes como Burt se sentaron en el pasto. Pocos segundos después, los gorilas comenzaron a tocar con su piano de juguete la melodía correcta para que entrara la novia. Fue entonces cuando Skipper, vio a Lucrecia entrar tomada del brazo de su teniente que se había ofrecido a entregarla al altar. Skipper la recibió con una sonrisa, pero esta caminaba hacia él muy seria. Ya al llegar hasta Skipper, Kowalski se la entrega y el capitán la toma de la aleta mirando de frente a Moris.
-bien, vamos a comenzar.- Lucrecia sentía un tormento dentro de ella, quería que le pasara cualquier desgracia con tal de interrumpir esa boda.- estamos aquí reunidos para unir en matrimonio a Skipper y a Lucrecia…- Moris continuo hablando, pero lo que ninguno de ellos sabia, era que un individuo muy conocido de Lucrecia, la espiaba escondido entre un árbol.
-no, Lucrecia por favor no…-rogaba aquel individuo.- por favor di que no… yo te amo.- aquel animal era Adolfo, que miraba con tristeza a su novia casarse con otro sin amor.
-y bien… Skipper, ¿aceptas a Lucrecia como tu legitima esposa, y prometes serle fiel en lo prospero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la promesa, hasta que la muerte los separe?
-sí, acepto.- responde Skipper tomando la aleta de la pingüina y mirándola con una sonrisa, por otra parte Lucrecia ni lo miraba, tenía la mirada agachada, resistía las ganas de llorar, pues ya era la hora que diera el último paso para declararlos marido y mujer.
-y tu Lucrecia, ¿aceptas a Skipper como tu legitimo esposo, y prometes serle fiel en lo prospero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?.- Lucrecia no dijo nada, se quedo callada aun forzando a sus ojos a no relatar sus lágrimas. Estaba entre la espada y la pared, no quería casarse con el pingüino, pero debía hacerlo para cumplir su misión y ser libre, pensaba que si decía que si, todo se acabaría muy pronto y aun casada con el, podría abandonarlo e irse con Adolfo lejos para no volver jamás.- Lucrecia… estoy esperando tu respuesta.- le pide Moris mirándola extraño, Lucrecia comenzó a alzar su mirada hacia él y forzó a su pico a contestar.
-… si… acepto.- responde con un hilo de voz, Moris al no ser tan tonto, logro ver el desprecio de Lucrecia ante esta boda, pero el solo se limito a seguir con lo suyo.
-bien, pido que por favor se coloquen sus anillos.- pide a los novios, Rico se acerca con una almohadilla que contenía los añillos, Skipper toma uno y se lo coloca a Lucrecia, al terminar esta toma lentamente el suyo y se lo coloca a Skipper.- bien, con esto, yo los declaro… marido y mujer, Skipper, puedes besar a la novia.- dado este consentimiento por parte de Moris, Skipper se acerca a Lucrecia tomándola de las aletas haciendo que lo mire de frente y comienza a acercarse a ella para besarla, pero esta se voltea a mirar hacia otro lado, haciendo que Skipper solo pueda besarla en un lado de su pico.
Todos sus invitados comienzan a aplaudirles y unos que otros gritaban un "¡que vivan los novios!" Lucrecia solo miraba a todo su alrededor, continua deseando que todo fuera una pesadilla, entra al zoológico tomada de la aleta de Skipper y atrás de ellos los acompañaban todos sus invitados. Encienden un estéreo programando un poco de música y todos comienzan a bailar, Kowalski al sentirse tan frustrado, decide privarse un poco de la fiesta y sale al parque, camina directo hacia un árbol mirando todo el exterior, en eso escucha como unos pasos se acercan hacia él, voltea su mirada y sonríe al individuo que tenía enfrente.
-hola Marlene.- la saluda tratando de ocultar su tristeza.
-hola Kowalski… ¿Por qué no estás en la fiesta?.- pregunta no tan extrañada.
-discúlpame, pero no tengo ganas de celebrar esa boda…
-¿Por qué?.- lo interrumpe.
-por qué… es que yo…
-¿amas a Lucrecia, no es así?.- le pregunta adivinando por arte de magia.
-… si… la verdad sí, me duele tanto como tu.- dice sintiendo su mismo dolor al ver a ese ser que amaba casarse con otro.
-a mí también me duele esto… pero, yo estoy segura que ese dolor va a desaparecer y mi corazón volverá a sanar.- dice colocando su pata en un hombro del científico.- tú tranquilo, se que tu dolor también desaparecerá al igual que el mío.
-gracias por tus buenos deseos Marlene.- le agradece regalándole una cálida sonrisa, Marlene hace lo mismo y decide regresar al zoológico. Kowalski se queda pensando en las palabras de la nutria y se dio cuenta que tenía razón, su corazón sanara tarde o temprano, así como lo hizo con Doris, miro hacia el zoológico y decidió sonreí ante tal lindo casamiento, sentirse feliz por el novio y la novia, después de todo, no se sentía tan convencido de que el amor de Lucrecia le seria correspondido. Comienza a dirigir sus pasos hacia el zoológico con gran sentimiento, pero al caminar cerca de un árbol ve como este tira demasiadas hojas. Kowalski se extraño ante esto y miro hacia arriba, en eso siente como rápidamente una aleta le tapa su pico.
-guarda silencio por favor, no quiero lastimarte.- le habla un pingüino comenzando a destaparle la boca.
-¿Quién eres tú?.- le pregunta mirándolo de arriba abajo.
-me llamo Adolfo, soy un gran amigo de Lucrecia, ¿podrías ayudarme para poder comunicarme con ella?
-¿ayudarte?, ¿cómo?.- Adolfo le entrega un papel doblado en cuatro partes.
-¿podrías entregarle esta carta a Lucrecia?
-¿Por qué no se la entregas tu mismo?
-es que no quiero que su esposo se sienta incomodo.- le miente.- por favor, ¿crees poder ayudarme?
-está bien, yo se la entrego.- Kowalski camina de nuevo al zoológico para ver a Lucrecia, al llegar ve a todos los animales conviviendo tanto con la novia como con él novio, ve a Lucrecia platicando con Stacy y Becky camina hacia ella y la toma de la aleta alejándola de las dos tejones.
-¿Kowalski que sucede?.- le pregunta extrañándose de su acción.
-tu amigo Adolfo te envía esto.- el corazón de Lucrecia se acelera al oír ese nombre, toma la carta entre sus aletas y comienza a leerla.
"hola amor:
Espero que estés bien, logre escapar de la guarida de espiráculo, porque me entere que te casaste a la fuerza con ese tal Skipper por órdenes de él, sé que no lo amas, que al único que amas es a mí.
Quiero verte, estoy en las afueras del zoológico en el parque, te espero con ansias.
Te ama, Adolfo."
Lucrecia al terminar de leer la carta, la toma con una de sus aletas y la coloca en su pecho mirando hacia el cielo, dándole gracias de que su amor, estuviera aquí para apoyarla, agradece a Kowalski por haberle entregado la carta y sale rápidamente del zoológico hacia las afueras para ver a Adolfo y corre hacia los arboles esperando verlo. En eso, al correr cerca de un arbusto, escucha unos cuantos sonidos llamándola, se acerca al arbusto y logra ver a Adolfo, un poco manchado de tierra en las plumas de su cara y cuerpo, pero tan guapo y atractivo para ella.
-Adolfo.- lo nombra abrazándolo con mucha fuerza, ya sentía paz dentro de ella al volver a tenerlo a su lado, sentía como su corazón palpitaba rápidamente y con gran devoción.
-Lucrecia mi amor, te he vuelto a encontrar, no sabes cuánto te he extrañado, desde que me entere que te ibas a casar, me quería morir, pensé que ya te habías olvidado de mi.- le dice sin cortar el abrazo, Lucrecia solo ríe un poco ante su comentario, pero lo que ambos no sabían, era que un pingüino, de rango coronel de ojos grises y de la misma altura que Skipper, que era un invitado de su boda, los veía compartiendo aquel abrazo y camina hacia el zoológico para poner al tanto al esposo de la pingüina de esto.
-pero, ¿por qué huiste?, debiste haberte quedado en la guarida de espiráculo.
-lo sé, pero cuando me entere de tu boda me altere demasiado, ya no me importaba nada, solo encontrarte y estar contigo.- le dice tomándola de la cintura.
-¿pero ahora que vas a hacer?, si espiráculo o sus secuaces te encuentran, te mataran.
-es por eso que debemos huir, huir lejos para que no nos encuentren.
-¡no Adolfo!, yo no puedo huir contigo, ahora estoy casada.
-¿y qué?, tu no amas a ese tal Skipper, ¿o sí?
-no claro que no, lo detesto y no lo soporto.
-por favor vámonos.- Lucrecia se quedo pensando en la proposición del pingüino, huir con él, ¿hacia dónde?... ¿Qué sería de ellos si los encuentra espiráculo?... ¿arriesgaría su misión por amor?, ella después de todo, no amaba a Skipper, pero era una misión que debía a completar, pero también pensaba en la posibilidad de ser traicionada por espiráculo y ser asesinada aun complaciéndolo con lo que el pedía. Sin más rodeos, decidió escapar por su felicidad e ir con Adolfo a donde sea, después ya pensaría en otras soluciones.
-está bien, me iré contigo.- dice aclarando sus decisiones. Adolfo la toma de la aleta y comienza a caminar con ella.
-Adolfo, espera.- dice soltándose de la aleta de su amado y deteniendo su paso.
-¿Qué sucede?
-necesito ir por mis cosas.
-no Lucrecia, no debes volver, Skipper podría impedir tu retiro.
-necesito ir por otras cosas de valor que podrían ayudarnos, por favor Adolfo, debo regresar.
-mmm… está bien, pero date prisa por favor, yo te estaré esperando en el arbusto, ve rápido.- Lucrecia le agradece besándolo, segundos después se separa de él y corre hacia el zoológico.
Mientras que el coronel de ojos grises que había visto a aquellos pingüinos muy abrazados, se acerca hacia Skipper, decidido a comentarle lo que había visto.
-Skipper, ¿puedo hablar contigo?.
-claro que sí.- le responde comenzando a caminar junto con él.
-no sabía que Lucrecia tuviera muchos amigos muy cariñosos con ella.- le comenta.
-¿de qué estás hablando?.- pregunta extrañado ante su comentario.
-vi a Lucrecia hace un momento abrazando a un pingüino, hablándose unas cuantas cosas.
-¿Qué cosas?.- pregunta alterado.
-no logre escuchar muy bien, pero se veían con mucho… amor.- Skipper al oír esto, se altera más de lo que ya estaba, ve a Lucrecia correr hacia el cuartel y camina hacia el cuartel detrás de ella para descubrir todo. Lucrecia al llegar, entra al laboratorio y comienza a empacar unas cuantas cosas en una bolsa de plástico, incluyendo la botella que contenía el toloache. En eso sin ser precavida, Skipper entrar al laboratorio cerrándolo con un portazo.
-¿puedo saber a dónde vas?.- le pregunta mirando su bolsa de plástico que era su equipaje, Lucrecia solo voltea a verlo algo temerosa y nerviosa.
