Yey! tardé menos xD. Bueno, este sería el último capítulo, pero se estaba haciendo muy largo con respecto a la extensión de los demás, así que para no pasarme, queda hasta aquí. El siguiente será el final.
Enjoy!
6- El juego del poder
Wilson llegó a la sala donde estaba Pamela, allí ella jugaba con una pelota roja idéntica a la de House.
—¿De dónde sacaste eso? —fue lo primero que preguntó.
—Sí, es la del doctor House —contestó ella, boteándola nuevamente en la pared.
—¿Sabes por qué House y Cuddy no han llegado a trabajar hoy?
—Ninguno de los dos me contó sus planes —aseguró ella, lazando la pelota ahora al techo.
—¿Se la pediste a House? —preguntó Wilson, que ya se estaba poniendo nervioso con la pelotita.
—Sí, de hecho es su regalo por haberme golpeado en la cabeza.
—Él no te golpeó.
—Es como si lo hubiera hecho.
Wilson la miró. Alzó las cejas.
—Claro. —Wilson estiró la mano —Dámela, la devolveré.
Pamela sujetó la pelota con ambas manos, muy seria. La escondió bajo las sábanas entre sus piernas.
—Es mi rehén. ¿Qué sabe usted de ellos?
—House se llevó a Cuddy durmiendo. ¿En serio no te dijo nada?
—No. Me dijo que si me decía, ya no sería original.
—House y sus juegos de palabras.
—¿Ya no me pedirá la pelota?
—Es tu rehén. Pero te llevaré a hacerte la resonancia que dejó Cuddy programada. Iré a buscarte una silla de ruedas.
—Difícil que me mueva —aclaró Pamela, levantando con violencia un brazo para que notara que estaba encadenada a la cama.
Wilson se quedó perplejo un momento.
—Y las llaves o una sierra, si es que Cuddy se las llevó —y salió.
—La próxima vez que hagamos esto, recuérdame traer tu billetera —dijo House, cuando acabaron de comer.
Cuddy lo ignoró y se levantó.
—¡Hey! ¿A dónde vas? No olvides quien es el superior —dijo House burlonamente, sin moverse de su silla.
Cuddy se cruzó de brazos y tampoco se movió de su puesto.
—Está bien —House cogió su bastón y se puso de pie. Cuando estuvo al lado de ella le dijo: —A lo mejor siendo algo condescendiente logro que hagas mejor tu trabajo.
Cuddy lo miró asesina.
—No creo que eso funcione contigo, House, menos que tras esto yo lo haga —amenazó ella.
Salieron del local y caminaron por las avenidas de Washington hasta llegar al capitolio. Cuddy miró a House.
—No te ayudaré a llevar a acabo un atentado, House.
—Yo que tú no hablaría tanto —le susurró House, Cuddy lo miró con una ceja enarcada. House habló por la comisura del labio: —escucharán tus palabras, verán tus raíces y me quedaré sin jefa —House puso cara de pensárselo —¡Hey! No es mala idea. Me libraría de la clínica.
Cuddy lo miró como si fuera un idiota.
—Hablando de clínica.
—No rebajaré tus horas.
—Pensaba en una anulación de horas.
—No —Cuddy se volteó a mirar al frente de brazos cruzados.
House abrió la boca para decir algo más, pero Cuddy le interrumpió:
—Ni lo sueñes.
—Te iba a decir que siguiéramos caminando, no que te cambiaba cada hora de clínica menos, por el mismo tiempo en tus mejores fantasías sexuales.
Cuddy lo miró bajando los brazos.
—No das la nota —suspiró y siguió andando.
House la miró avanzar.
—No me pongas a prueba —gritó. —¿Y a dónde vas? Aún eres mi esclava.
Cuddy se detuvo y se volteó casi como en defensa a una ofensa.
—Pues no has dado órdenes, Mahoma —alzó las cejas.
Pamela está recostada en el interior de la resonancia y Wilson en la salita del lado revisando los escáneres.
—Aún no puedo creer que House haga esto sólo por saber tu fobia —comentó Wilson revisando su cerebro.
—No creo que sólo lo haga por eso. En cualquier caso me imaginé que lo haría, se ve que tiene principios… de apostador.
—Claro… —dijo Wilson encogiéndose de hombros. —Esto está bien… —susurró y cambió a una visión general del cerebro. —¿Y cómo es vivir con onomatofobia?
—Un jardín de rosas —contestó sarcástica.
—¿Es muy común esa palabra?
—Es un verbo. Esta conversación me hace rememorarlo, ¿podemos cambiar de tema?
—Claro… —Wilson observó un detalle y se quedó pensando. Volvió a abrir el micrófono —¿Puedo hacerte otra pregunta? —no quitó los ojos de la pantalla.
—¿A parte de esa? Está bien.
—¿Tienes onomatofobia?
—¿No hemos estado hablando de eso todo este rato?
—Pero, ¿tienes? Sí o no.
—Sí.
Wilson obtuvo la respuesta que buscaba. Salió de la sala, para dirigirse a la resonancia y acabar con el procedimiento. Sacó a Pamela de la resonancia.
—No tienes onomatofobia.
Pamela lo miró molesta:
—¡Claro que tengo! —alegó. —Mi vida entera me he espantado con la palabra filosofar.
Ambos se miraron. Ella miró al suelo. Luego volvió a verlo.
—No pasó nada —susurró como si estuviera asustada.
—Filosofar —probó Wilson. —No, no pasó nada. A lo mejor eres mitómana.
—Si agregas al paquete lo que te dije sobre que era hija de Cuddy y House, te timé adrede, así que no. A lo mejor es algo más y House es doctor realmente y no un stripper encubierto.
Wilson la miró un instante. Al segundo siguiente explotó en risa.
—Está bien. Te daré crédito, pero llamaré a House. Volvamos a tu habitación.
Pamela se acomodó en la silla de ruedas.
—Porqué se me hace que estás celoso —comentó mientras iban a la salida.
—Ya no te me haces graciosa —le contestó él, dejando de reír, antes de cerrar la puerta tras ellos.
—¿Seguiremos dando sólo vueltas, House? ¿En serio? —cuestionó Cuddy, mientras almorzaban pizza.
—¿Quieres hacer algo más divertido? Lo siento, no tengo más dinero. Y como me has quitado la posibilidad de hacerlo en público, pues…
Cuddy bebió jugo.
—Esto lo haces por fastidiarme, ¿verdad? —y se acercó un poco a él.
—Es que te pones demasiado sexy fastidiada —aseveró House, acercándose también y guiñándole un ojo.
—¿Quieres que me ponga más sexy? —preguntó ella enarcando una ceja.
—¿Aquí?
—Podríamos recrear "Cuando Harry conoció a Sally".
—¿Aquí? —volvió a preguntar asombrado.
Cuddy lo miró un momento más.
—Olvídalo. Pareces demasiado sorprendido.
—Es que lo estoy. Pero, ¡puedes comenzar!
—Ya te dije que lo olvidaras.
House la miró un instante. Comenzó a fingir que tenía un orgasmo, pero bastante mal. Cuddy le hizo callar metiéndole un pedazo de pizza, ante la mirada general del restaurante.
—No es necesario que lo hagas otra vez. Al menos no sin hacerte una buena imagen de mí sobre tus piernas.
House tragó la pizza.
—Está bien. Dame un poco de tiempo —House cerró los ojos. —Si pusieras tu mano en mi entrepierna se facilitarían las cosas —meditó sin abrir los ojos.
Cuddy se rió y posó su mano en su rodilla.
House suspiró.
—¿No puedes ayudarme más? Eso ayuda tanto como una píldora de ibuprofeno a mi pierna.
—No lo creo —dijo ella, haciendo resbalar parsimoniosamente sus dedos sobre su muslo.
House suspiró y sonrió.
—Así está mejor, pero ¿podrías ser más generosa?
—No lo creo. No quiero un escándalo.
House suspiró.
Comenzó a sonar su celular. Decidió ignorarlo.
—House, contesta —le ordenó Cuddy, quitando su mano.
House abrió los ojos convertido en un energúmeno.
—¡Quién me lo haya jodido…! —regañó, sacando su móvil. Lo vio y contestó: —Apenas te vea, te meteré mi bastón por el escroto, Wilson.
Wilson guardó silencio.
—¿Ya hiciste a Cuddy lo que te dije que no hicieras?
—En mi mente todo iba a ser posible, pero lo jodiste. Habla rápido, antes que cambie el bastón por el escáner de radiología.
Cuddy sonrió mientras seguía comiendo.
—Bueno, espero que te esté yendo bien, para que recibas esta noticia de la mejor manera.
—Voy caminando hacia radiología…
—Pamela no tiene ninguna fobia. Excepto que la fobia a dejar de timar sea una fobia.
House abrió la boca.
—¿Estás seguro?
—Como que te lo he jodido.
House puso cara de haber bebido algo agrio. Cuddy lo miró interrogante.
—¿Podemos hacer un diferencial? —preguntó Wilson como quien no quiere la cosa.
—Está bien —afirmó House, poniéndose de pie. Cuddy lo observó. House tapó el auricular del teléfono. —Espérame aquí.
—Pero…
—Espérame.
Cuddy quedó totalmente anonadada. Luego alzó las cejas y siguió comiendo.
House entró al baño de hombres.
—Está bien. Háblame. ¿Qué crees que es?
—No sé. ¿Qué creías tú antes de que creyeras que era fobia?
—Nada. Sólo sabía que tenía algo.
—Gran comienzo —comentó Wilson, sarcástico.
—Bueno, tú estás ahí. Dime cómo está.
—Excepto por la venda en la cabeza que no sé qué oculta, está bien.
—Revísala.
—Está bien.
Wilson puso el altavoz.
—¿Qué va a hacer? —preguntó Pamela.
—Te quitaré el vendaje.
Se hizo silencio.
—No fue un escalofrío —dijo ella.
—¿Lo confiesas ahora? —chilló House.
—¿Por qué dudó de que era un espasmo?
—Porque me hiciste creer en tu fobia. A todo esto, ¿qué palabra era?
—Filosofar —respondió Wilson. —Esto está bien —habló al ver la cabeza de la chica. —Normal.
—¿Wilson? ¿El demonio reaccionó de alguna manera?
—No.
—¿Por qué me dice demonio? —cuestionó Pamela, casi llorando.
—Porque… ¿está casi llorando, Wilson?
—Le estoy pasando mi pañuelo.
—Ha perdido la memoria. Parte de ella. Cosas a corto plazo y traumatizantes. Niña, dime, ¿tus papás te trataban como perrito cuando eras más chica?
—Me llevaban con un cordel para que no me perdiera.
—House, eh, eso no era traumático para ella.
—Cierto. Eh, sobrina del diablo, ¿te perdiste en San Petersburgo alguna vez?
—Nunca he estado en San Petersburgo —confesó ella.
—O sea —trató de atar cabos Wilson —, ella sí tenía fobia, pero por el golpe que hiciste que se diera en la cabeza, olvidó lo que la traumatizaba.
—Y lo que ha sucedido en estos días.
—No, sólo lo traumatizante. Ella recuerda haberme timado. ¿La traumaste diciéndole demonio?
—No es tan dura, entonces.
House colgó. Abrió la puerta del baño y dos tipos que estaban esperando lo quedaron mirando de arriba a abajo.
—La de mi amigo —explicó House y se fue.
Llegó hasta la mesa, pero Cuddy no estaba, miró hacia todos lados y la encontró en el mesón, riéndose con un hombre. House se puso al lado y carraspeó exageradamente.
—¿Es él? —preguntó el tipo.
—Sí. ¿Ya nos vamos? —preguntó Cuddy a House. House no se movió. —¡Ah! Tenía curiosidad por saber por qué gritaste. Y como te tardaste, pensé que no sería mala idea hacer un poco de vida social.
—Tendrás que cumplir penitencia por esto.
—¡Feliz! —afirmó Cuddy con una gran sonrisa, aferrándose a la chaqueta de House.
House la miró un instante. La volvió a sentar.
—¿Qué le diste? —preguntó al joven trigueño.
—Nada.
—¿Qué le diste? —insistió House, más pesado.
—¡Nada!
Cuddy tomó el brazo de House. Él la miró y luego bajó la vista a su mano que sujetaba su brazo, ella la resbaló y lo soltó y él notó que le dejaba manchado de chocolate.
—¡Ay, Dios! —suspiró House mirando al cielo. Tomó a Cuddy por una mano y se la llevó de ahí. —Nos vamos. Ya no tiene caso estar aquí.
—¿Ah, no? —preguntó Cuddy.
—No, cariño —respondió House, fastidiado.
—¿Entonces gané?
—No, yo gané, porque facilitaste cada uno de mis pasos.
—¿En serio?
—Cuddy, cállate o te arrastro del pelo.
—¿Por qué eres tan violento?
—¡Deja de preguntar! Nunca más dejo un chocolate con marihuana cerca de ti.
—¿Por qué dijiste que no era un escalofrió, ahora? —cuestionó Wilson
—Algo tenía, era una posibilidad para pensar en algo y lo hicieron. Ya saben que no mentí y qué pasó —explicó Pamela.
Wilson se cruzó de brazos.
—Descansa —dijo, saliendo de la habitación.
Ella se recostó y se puso a dormir.
