Este drabble está basado en el capítulo Kendall niñera, o al menos, así se llamaba en español, creo XD La verdad es que me llenó de coraje ese capítulo.
Culpa.
Kick maldijo el momento en que jugó con los límites de las reglas de su casa. Otra vez, Honey había decidido darle una última oportunidad a Kendall para ser la niñera.
Maldición…
A diferencia de la primera vez, la rubia lo encerró en su habitación, nada más. El joven Buttowski se escabulló y fue en busca de venganza, pero la voz de su compañera lo detuvo.
—¿Por qué no, simplemente, desistes, Clarence? —se giró y enfrentó la seria expresión de Kendall.
—Los Buttowski no se rinden.
—Primero, eres solo uno. Tu hermano ya no está para sabotear mis sentimientos —escupió con desdén la última palabra—. Segundo, cuidar de ti no es la gran cosa. Solo coopera —pasó al lado de él y bajó las escaleras.
Las palabras de la rubia lograron enfurecerlo más. La siguió escaleras abajo y la jaló del brazo.
—Estás cometiendo un grave error, Perkins —la amenazó.
—No —se zafó con rapidez de su agarre y lo señaló con el dedo—. Tú cometiste ese error, Clarence.
Él alzó las cejas.
¿De qué estaba hablando?
Kendall alzó una pierna y subió su falda, escandalizando al acróbata. El adolescente retrocedió, algo desconcertado por el insensible movimiento, pero al ver mejor, frunció el ceño.
Una larga cicatriz se asomó debajo de la falda hasta un poco más arriba de la rodilla.
— ¿Sabes lo que es esto? —Sonrió con cinismo—. No, claro que no. ¿Por qué lo sabrías? —la forma en que se burlaba sonaba tétrica, lenta y cruel—. Esto, me lo hiciste tú, cuando me echaste de tu casa tras haber renunciado a ganarles y ser la mejor niñera.
Kick estaba sin palabras, abrió y cerró la boca muchas veces, pero no salió nada de ella. Kendall entrecerró los ojos y bajó la tela y caminó al comedor.
—Kendall… Hey —fue tras ella al verla alejarse.
—Déjame en paz, Clarence —suspiró—. ¿Sabes una cosa? —lo miró casi con una expresión derrotada—. Puedo perdonar el hecho de que me hayas lastimado físicamente. No mediste tus acciones, como siempre —murmuró lo último—, pero si hubo algo que dolió más que esa herida, fue que te hayas burlado de mis sentimientos… ¡Bien, insúltame o dame cabezas de pescado…! Pero siempre creí que tendrías algo más de empatía hacia los demás —detuvo abruptamente su discurso y cerró los ojos—… Pero veo que yo soy la excepción. Supongo que me lo merezco.
Un largo silencio siguió tras esas palabras. Kick no podía despegar sus ojos del suelo y Kendall quiso retractarse de haber aceptado la oferta de Honey Buttowski.
La rubia se dio la vuelta y se sentó nuevamente en el comedor y sacó un libro.
El acróbata retrocedió unos cuantos pasos y subió nuevamente a su habitación. Al lanzarse a su cama, por su cabeza pasaron muchas cosas. Mientras más cosas pensaba, el nudo en su estómago se hacía más fuerte.
Cuando la rubia se fue esa noche, logró distinguir lo que sentía: culpa.
