Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.

UNIVERSO ALTERNO.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.

Importante: por efectos en esta historia, Ichigo es ambidiestro.

Introspección: Luego de vivir tres años de como un vago, porque lo dejo se ex; hacen estragos en cualquiera. Que te paguen 15 centavos por tus servicios, es deprimente. Pero, ¿quién eres para quejarte?

Sumary: Bastan solo 15 centavos al día, para cambiar la vida de cualquiera.


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Ichigo no kēki –

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo VI

Un conejo travieso

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"Hasta un hoja de papel pesa menos cuando dos la levantan".

- Proverbio coreano -

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Solo en la oscuridad, admiraba la inmensa luna en el cielo. En una mano sostenía una copa de whisky, mientras la otra se entretenía con un puro cubano a medio camino. Exhaló un par de veces. Finalmente colocó el cristal en el escritorio y con esa mano —ahora libre—, rascó de manera cansina sus ojos. La situación entera se estaba saliendo de su control y por primera vez en años temía que las cosas no saliesen como él las planeó. El intercomunicador lo distrajo de sus pensamientos.

—Kuchiki sama, ¿necesita algo más? —habló tímidamente su joven asistente Kiyone, esperando que su jefe no tuviese una ocurrencia de último minuto. Después de todo, hacia dos horas que había acabado su jornada laboral.

—Puedes retirarte —respondió a través del aparato—. Necesito que para mañana, canceles todos mis compromisos y citas personales —le indico—; deben ser reprogramados para los siguientes días. Estaré fuera de la oficina la semana entera.

—¿Qué… debo decirle —balbuceó llena de sorpresa, ya que era la primera vez que sabía que Kuchiki Byakuya se tomaba un par de días— a los accionistas y?...

—Simplemente —la interrumpió—, que he decidido descansar —masajeo su pecho—. ¿Ha quedado claro Kotetsu?.

—Si, señor —Kiyone masculló su respuesta.

Byakuya por otra parte cortó la llamada a través del intercomunicador, tomó su puro y continúo bebiendo.

Hermano… —exclamo adormilada, mientras rascaba sus ojos— ¿Cuándo volverán mamá, papá y el abuelo? —se sentó en su cama—. La señora Shihōin me dijo que Hisana ane san está con ellos ahora —externó su preocupación cabizbaja—. ¿Me dejas ir?.

Byakuya se encontraba sentado en el único sofá de la habitación de Rukia, suspiro con pesar. ¿Cómo explicarle a una niña de cinco años que todos aquellos individuos que mencionó con anterioridad, ahora descansaban eternamente en el cielo?. Y más que nada, decirle que por supuesto no tenía el permiso —ahora—, de irse y abandonarlo también.

Vuelve a dormir —fue lo único que pudo decirle.

Justo esa tarde, había sido incinerada la hermana mayor de los Kuchiki. Finalmente la leucemia venció a Hisana, arrebatándosela —a Rukia y Byakuya—, luego de una agonía de tres días. La pequeña niña, no fue requerida durante el servicio en el cementerio, en su defecto Shihōin Yoruichi se ofreció a cuidarla y mantenerla desconocedora del hecho que su pariente había muerto.

¡Llévame con ellos! —chilló roja de la cara y con lágrimas ya formadas en sus diminutos ojos—. ¡Quiero que mamá me vuelva a contar historias antes de dormir, que papá me alce en sus brazos y juegue conmigo, que el abuelo me regale dulces, que Hisana ane san me cepille el cabello —gritaba en su desesperación de niña—, que tu vuelvas a sonreír!.

Su hermano mayor la silenció dolorosamente al momento de abrazarla contra su pecho, con tal desesperación que la niña se asusto —lo intuyó porque lo sintió temblar esa noche de primavera.

¡Quédate conmigo, Rukia! —le suplico—. ¡Por favor, no me abandones tú también!.

La pequeña simplemente ya no le respondió, se quedó dormida en sus brazos.

Golpeó su pecho y tosió incómodo un par de veces por la molestia. Dos horas más transcurrieron, en las cuales simplemente se dio el lujo de memorar días pasados. Últimamente tenía tantas cosas en la cabeza, que sentía que la presión lo agobiaba lentamente. Y como siempre, Rukia seguía ocupando la mayor parte de sus pensamientos. No es que fuese un maldito desgraciado —como muchos aseguraban—, era más bien que estaba aterrado de perderla a ella también.

El nacimiento de Rukia fue toda una sorpresa en la familia Kuchiki, principalmente por la enorme diferencia entre los hermanos. Dieciséis con su hermana mayor y doce con su hermano, toda una brecha generacional se marcaba. No obstante, la impresión previa a su nacimiento fue recibida con un verdadero regocijo; en una familia que por años había estado sumida en una gran depresión.

Tenía un nombre ese sentimiento... de nombre Hisana.

Kuchiki Hisana fue una niña que desde siempre tuvo una delicada salud, pero pese a todo tenía un futuro tan prometedor… hasta ese día… Comenzó como inexplicables moretones en su cuerpo, que un día estaban y al otro desaparecían. Poco a poco los síntomas se fueron agravando, hasta que el médico informó los lamentables resultados de los estudios de su hermana. Ella tenía leucemia.

La vida completa de la familia Kuchiki cambió.

Galenos y especialistas entraban y salían constantemente. Algunos traían métodos experimentales para la degenerativa enfermedad y otros más con procedimientos —comprobados—, que podrían alargarle su vida.

A Byakuya siempre le impresionó la manera en la cual Hisana podía mantener esa sonrisa en sus labios, luego de sus exhaustivos tratamientos constantemente lucía feliz. Como si quisiese hacerle entender al resto que ella estaba perfectamente bien. Los hermanos mayores se llevaban tan solo cuatro años de diferencia. De niños solían ser cómplices de sus travesuras y aventuras. Cuando ella comenzó a debilitarse, él sintió como si una parte de sí le hubiese sido arrancada. Ella pasaba mucho tiempo entre hospitales, medicación y recuperación, que prácticamente ya no la veía despierta. Principalmente porque ella dormía mucho tiempo, y su cuerpo perdía fuerzas con gran rapidez.

El celular vibrando en su escritorio lo trajó a la realidad.

Un mensaje de uno de los accionistas, más tarde leería le mensaje de Aizen. Los planes en Portugal debían continuar como estaban indicados, es lo que seguramente el hombre escribía.

Byakuya creció viendo a su hermana luchar por aferrarse a la vida. Tanto que aún hoy en día es una imagen que lleva tatuada en su alma. Por lo que cuando sus padres les dieron la noticia —sobre el próximo nacimiento de Rukia—, en un inicio creyeron que les bromeaban.

Hisana recibió el detalle con gran júbilo. Byakuya por otra parte, estaba preocupado por su madre; ya que esta no era tan joven. Su miedo estuvo sustentado. Rukia era una afortunada de estar con vida. Su progenitora paso por un periodo sumamente desgastante, sumándole a eso estuvo una terrible decaída en la salud de la hermana mayor. Hicieron que la pequeña naciese mucho antes de lo planeado.

Rukia tuvo que pasar casi un mes en la incubadora del hospital, afortunadamente Hisana se recuperó y salió a tiempo para recibir al nuevo miembro de la familia en la mansión. Llegó un día luego de una tormenta de nieve. La pequeña vino a cambiar el mundo de todos. Para empezar solía llorar demasiado —a gusto de los habitantes de la residencia—, y no había poder humano que la lograse tranquilizar. Solo hasta que Hisana la cargaba en sus brazos, la pequeña encontraba el confort que tanto necesitaba. Mirando a la niña en brazos de su hermana, a Byakuya siempre le dio más la impresión de que ambas fuesen madre e hija. Desafortunadamente, la dicha de ser madre sería algo que ella jamás experimentaría.

Abrió uno de sus cajones y extrajó un marco elegante con una fotografía. Una imagen de Hisana cargando en sus brazos a una pequeña Rukia y a él mismo junto a ellas. Byakuya vivía con el miedo constante de perder lo único que le quedaba en su vida.

Una nueva alerta en su celular lo hizo atender al aparato.

—Ichigo no kēki abrirá sus puertas el día de mañana —ese día era lunes—. ¿Qué es lo que harás Byakuya? —la voz tras el auricular resulto ser de su contralora en jefe.

Consulto la hora antes de responderle.

—Pasa de media noche —exclamo de manera cansina—. ¿No deberías de estar en casa, Retsu? —dijo luego de escuchar el ruido de un enorme camión.

Ella exhalo.

—He llevado a la cafetería de tu hermana al espía que me solicitaste —dijo sin más y casi de forma aburrida—. Estoy segura que estarás satisfecho con esta persona.

—¿Pensé que no manejas de noche? —reprochó—. ¿O es que acaso es una mentira de tu parte?.

—Alguien está manejando por mí —respondió incómoda—, por ello no debes preocuparte Byakuya.

—¿Es Zaraki?...

Silencio.

—Es… —se mostró dubitativa en su respuesta— un conocido mío, que tú no conoces —observo hacia sitió del conductor de su vehículo, el sujeto que se mostraba entretenido al mirarla de manera misteriosa.

Poco antes de su llamada Unohana se encontraba recargada en el capote de su automóvil, estacionado en la calle frente a la cafetería. Y desde hacia un buen rato se encontraba contemplando a los trabajadores de Rukia, puliendo los últimos detalles del local entes de la inauguración del martes. Miro a unos padres el recoger a su hija hacia poco más de dos horas, y de retirarse en el auto familiar; llevando consigo a una jovencita con el cabello recogido. A una mujer de larga cabellera salir y abordar un taxi que ya la esperaba, no sin antes de que le diese una inquisitiva mirada a la mujer frente a la cafetería —es decir Retsu—. A un joven rubio nieto del dueño del Grupo Financiero Mizuho(1) caminar sin un aparente rumbo fijo, fingiendo no conocerla.

De hecho, en Ichigo no kēki quedaban dos personas; un hombre y una mujer. Sin embargo la fémina en cuestión no era Rukia. Por lo que veía desde la distancia el hombre parecía reprocharle y enfadarse con la misteriosa fémina. La dama por otra parte lo ignoraba por completo, haciendo que eso lo enervase aún más. Por la apariencia que tenia, lo descuidado de su persona, gestos y actitud, dedujo —acertadamente— que ese joven era el vago de la joven Kuchiki. El individuo contratado con un salario miserable. Mirándolo desde el otro extremo de la calle, le hacia preguntarse una y otra vez ¿por qué ella lo empleo?. Más tardo en cuestionarse, que en lo que encontró su respuesta. Hacia solo cinco minutos que el mendigo en cuestión abandonó la cafetería, salió por la puerta frontal y caminó directamente hacia ella. El automóvil de Unohana estaba colocado bajo el pie de un poste de luz, por lo que ella pudo ver a la perfección al mencionado sujeto que su propia asistente —Isane— tanto le nombraba cada vez que se comunicaban.

Lo que miró frente a ella, la impresionó.

El hombre era joven, tal vez un poco mayor que Rukia. Más alto que ella —Unohana—, delgado de apariencia desgarbada y bastante descuidada su persona —su barba, cabellera y ropas dos tallas más grandes que él no le ayudaban demasiado—. Sin embargo, fue su mirada lo que la pasmó.

Esos orbes en una tonalidad miel la contemplaron sin un solo tapujo de duda.

—Es tarde —dijo él—, debería irse a casa pronto —paso a su lado—. No es seguro para una mujer el estar sola a tan altas horas de la noche, aún teniendo a un chofer que la lleve a casa.

Guardo él sus manos en su gabardina —lo único que parecía ser de su talla—, y se marchó hacía un extremo de la calle carente de iluminación. Por un instante, sintió como si sus palabras más que una precaución, hubiesen sido una amenaza directa hacia ella.

El ruido de seguro de la puerta frontal de Ichigo no kēki, la hicieron desviar su atención. Una mujer de cabellera verde se quedaba en la cafetería con Rukia. Ambas se miraron —Unohana y Nell—, finalmente la fémina de cabellera verde le hizo un suave gesto de pose —puesto que Retsu uso su celular para tomarle una fotografía— y al final se retiro. La luz del primer piso fue apagada. Retsu subió a su automóvil —hacia el asiento trasero— y fue entonces que se decidió a llamar a Byakuya.

—¿Cuál es su nombre? —expresó serio el empresario.

—Yasochika Iemura san —encendió el chofer misterios el vehículo—. Estará trabajando como contador de Ichigo no kēki, a partir de mañana. ¿Seguro de continuar con esto?, aún es tiempo de dejar las cosas así.

—Eso no es lo que te he preguntado —dijo con molestia el varón.

—¿Perdón? —expresó ella al no comprender sus palabras.

—¡Olvídalo! —tajó el tema, quería saber realmente quien era el hombre con Unohana—. El plan continua —dijo él—. Retsu…

Silencio.

—¿Pasa algo, Byakuya? —hablo con preocupación.

—No es nada. Vete a casa y descansa, Retsu.

—Buenas noches —hablo ella.

—Buenas noches —tardo en responder él.

La llamada finalizó y Retsu marchó por la desolada calle de la ciudad. Muchas cosas sucederían a partir de ahora, y por desgracia ella debía de hacerla de doble espía.

—¿Preocupada, Unohana san? —musitó irónico el hombre al volante.

—¿Debería acaso? —respondió seca.

El hombre que manejaba rió un poco y luego negó divertido con su cabeza, el resto del breve camino se mantuvo en completo silencio. Si ella le había pedido venir, era debido a algo importante, solo debía se paciente y esperar a que ella hablase. Así había sido siempre, y eso no cambiaría ahora. Total, él tenía todo el tiempo del mundo para esperar.

Justo en un mini súper a un kilómetro de distancia, el elegante automóvil se detuvo y el varón encendió las luces altas; llamando de esta forma al joven que pacientemente esperaba —desde hacia varias horas—. El muchacho subió al asiento trasero y de esa manera los tres se marcharon. Curioso el joven que acababa de subir al vehículo intentó ver el rostro del hombre al volante, desafortunadamente la escasa luz le imposibilitó el descubrir la identidad del sujeto. Sintiéndose nervioso miro de reojo a la mujer junto a él.

—¿Qué ha pasado, Yamada san? —hablo ella.

Hanatarō tembló al ser llamado.

—Me han contratado, Unohana sama —expresó apenado y con una dubitativa sonrisa, que terminó por arrancarle un gesto similar en el rostro de la mujer junto a él.

—¿Tuviste algún problema en obtener el puesto? —se detuvo el auto en un semáforo en rojo—. ¿Les has dicho lo que acordamos?.

El joven asintió de manera silenciosa.

—Creo… —rascó su cabeza con preocupación— que Ichigo san es el único que no creyó mi historia —dijo aún perturbado—. Honestamente, pensé que me despellejaría vivo —rió tontamente—. Me estaba haciendo muchas preguntas y casi me he quedando sin respuestas —suspiro con pesar—, gracias a Nelliel sama que me salve de eso.

—¿Ichigo san… Nelliel sama? —volteó hacia él la contadora.

El individuo al volante miro a través del espejo retrovisor con intriga, hizo que el transporte marchase a la mínima velocidad requerida para andar.

—Es un sujeto con una gabardina, todo desaliñado, con el ceño fruncido y que se pinta el cabello de color naranja —explicaba mientras hacía graciosos gestos con sus manos—. De hecho —colocó una mano bajo su barbilla—, la mejor manera para describirlo, es que parece un vago.

Silencio.

Así, que ese individuo se llama Ichigo. Isane siempre omitió el nombre del vago, razón que Retsu desconocía.

Se detuvo el vehículo frente a un dōjō.

—¿La mujer de cabellera verde es Nelliel? —solo quería asegurarse ella.

—Si, Unohana sama —respondió—. Dijo llamarse Nelliel Tu Odelschwanck, nos explicó que viene desde Europa.

—¿Europa?... —repitió con preocupación la mujer.

Algo o más bien varias cosas no cuadraban.

—Mantéenme informada Yamada san —solicitó—. Y ya sabes —lo miro seriamente—, que Iemura san y Kira kun no se percaten que estás ahí por órdenes mías.

—¡Por supuesto, Unohana sama! —le esbozó una gran sonrisa que la tranquilizó—. No la defraudaré en lo absoluto.

—Un amigo mío ha aceptado que te quedes en su casa por tiempo indefinido, sin pagar renta ni tus alimentos —le sonrió misteriosamente—. Que pases buenas noches, Yamada Hanatarō.

Por alguna razón el joven se asustó de sus palabras. Salió del automóvil y con una media reverencia le agradeció su preocupación por él. Tocó el timbre de un auténtico dōjō, perteneciente a un amigo de su antigua sensei (2). El portón se abrió, y Hanatarō supo que había llegado a las mismísimas puertas del infierno. Un temible sujeto mucho más grande que él, colocó su enorme mano sobre la cabeza de Yamada y con su risa macabra le dio la bienvenida.

—Ya veo que te tiene preocupada —hablo el hombre al volante—. Es Rukia chan, ¿cierto? —sonrió con sigilio y de la misma forma le dedico una mirada extraña.

—Rukia chan no necesita más de mi —respondió seriamente la pregunta—. Quiero que me ayudes, con algo más —miro intranquila las calles de la ciudad.

—Podría negarme, ¿sabes? —intentó intimidarla.

—Podrías —dijo ella—, pero entonces no tendrías aquello que tanto quieres que te entregue.

Afonía.

—¿Me estás chantajeando? —hablo sarcástico él.

—Simplemente, llámalo negocio.

El varón se carcajeo un momento.

—Si que eres buena, Retsu chan —la tuteó—. ¿Quieres que investigue algo o alguien? —comentó divertido.

—No.

La respuesta de ella lo enmudeció.

—¿No? —expresó intrigado el hombre y la miro a través del espejo.

—Lo que quiero, es... —silencio—. Sabes bien a lo que me refiero —musito ella.

—Bien, bien —respondió el hombre—. Será como tú quieras.

A Unohana le tomo poco más de veinte minutos llegar a su apartamento —principalmente, porque el hombre al volante condujo como una abuelita casi ciega—. Aún así, las dudas la asaltaban una y otra vez. Se dio una muy necesaria ducha, con su bata puesta y cabellera húmeda encendió su ordenador; se preparó una taza de café. Abrió la única carpeta colocada en la pantalla de su computadora.

Llamada, Ichigo no kēki.

Desde hacía cinco años que estaba al pendiente de todo lo que sucedía en torno a la cafetería, y a su única dueña. Tenía archivos y registros de cada persona empleada por ella. Conocía a la perfección el pasado y actual paradero de los empleados y ex empleados que una vez trabajaron. Y actualmente sus archivos están así hoy en día.

Ogawa Michiru, era la más joven trabajadora. Empleada solo medio tiempo, se encontraba en su penúltimo año del instituto. De buenas notas académicas, con un prometedor futuro para ingresar a Tōdai, sabe ella —Retsu— que la estudiante renunciará pronto. Ya que sus padres la han inscrito a clases nocturnas, a fin de prepararla para la Universidad. A mediados de Agosto, dejará Ichigo no kēki.

Kunieda Ryō, era una persona de sumo cuidado. Isane varias veces le comentó, que ella siempre la miraba y trataba con desconfianza —y con justa razón—. Era la actual administradora de la cafetería, quién por cinco años había llevado las riendas, ahora estaba próxima a ceder su papel. Volvería su pueblo natal, para cuidar de sus ancianos padres y continuar con el negocio familiar. Ella también se marcharía en Agosto, abandonando para siempre a Ichigo no kēki.

Hinamori Momo, era probablemente la única persona a quien se le podría considerar "mejor amiga" de Rukia. Una jovencita bastante cándida y agradable, que por azares del destino conoció a la menor Kuchiki. Por lo recopilado en su investigación, supo que solo tenía sus papeles académicos hasta el instituto. No pudo costearse sus estudios superiores. Su padre adoptivo, tuvo una crisis económica y lamentablemente se fue a la ruina. Imposibilitándole a su joven hija la preparación profesional. Lejos de desanimarse, ella se puso a trabajar para ayudar al hombre que la había criado. Y hasta hace poco, era la cocinera oficial de Rukia. Tenía también cinco años trabajando, y no parecía tener intención alguna de retirarse pronto.

—Veamos —dijo Unohana.

Por otra parte, habían cinco nuevos miembros para Ichigo no kēki. Al primero de ellos lo conocía y supo bien, que cuando abandono la cafetería ignoró el hecho de conocerla.

El primer sujeto antes mencionado era un joven de rubia cabellera, amigo de la infancia de la joven Kuchiki. Nieto del dueño del banco más importante de Japón. Izuru Kira, estudiante de la Universidad de Sinshu (3). Y por quien corrían fuertes rumores en torno a él y Rukia. El blondo, de hecho había hecho un trato con su abuelo. Dejaría sus privilegios durante un tiempo, a fin de prepararse para tomar las riendas de la entidad bancaria. Su pariente le relato eso con orgullo a la contralora Unohana unos días antes, durante una reunión de negocios. Por lo tanto, desde ese día lunes dejaba la protección de la familia y tendría que mantenerse por sí mismo durante un tiempo.

El otro rubio recién llegado, era el espía solicitado por Byakuya. Yasochika Iemura, un antiguo empleado de Unohana en el despacho de contabilidad donde ella trabajo antes. Un individuo bastante recto y serio, que carecía por completo del sentido del humor, que se preguntaba una y otra vez el porque aún no se había casado. Acepto gustoso la encomienda de Retsu, ella lo llamó y le pidió el favor, ante lo cual él no pudo negarse. Se encargaría de la contabilidad de Ichigo no kēki durante un tiempo indefinido.

Yamada Hanatarō, era un joven que fue su alumno en la Universidad de Aoyama Gakuin (4) en el área de contabilidad; durante el breve tiempo que fue catedrática. El muchacho renunció a la carrera de números a menos de un año de haber ingresado, debido a su bajo rendimiento académico. Retsu conversó seriamente con él, y al final ella mismo le recomendó abandonar sus estudios; algo que a escasos días de esa conversación él acepto. Afortunadamente, lejos de caer en la depresión el varón encontró finalmente su razón de vida. La cocina, o mejor dicho ahora es un chef profesional. Egresó hacia unos dos años atrás la Escuela de Cocina y Nutrición Hattori, (5) y por una extraña coincidencia decidió llamar a su antigua maestras para agradecerle —y ahora él viviría con Zaraki en el dōjō—. Entonces ella, le pidió un favor.

Unohana exhalo y tomo un par de sorbos de su ya frío café.

—¿Dime, quién eres? —le dijo a la imagen desplegada en el monitor de su ordenador—. Kurosaki Ichigo… —dijo en voz alta al nombrar la carpeta del vago—. Eres un verdadero misterio para mí —se cruzo de piernas—. ¿Amigo o enemigo? —se recargó en el respaldo de su asiento—. Simplemente no puedo comprender en que te beneficias al estar en la cafetería.

Y es que su carpeta personal, estaba técnicamente vacía. En esos tres meses que llevaba empleado por Rukia no había obtenido información relevante en torno a su persona. Más que era un hombre que dormía en el parque, y que ahora turnaba sus días entre la cafetería y trabajos de medio tiempo. Absolutamente nada había recopiado de su pasado, que le indicase a ella quien es este hombre realmente.

Su celular vibro en su bolsa, lamentablemente ella lo había configurado para que no hiciese ruido, además del hecho que aún estaba guardado por lo que no percibió la llamada entrante.

—Nelliel Tu Odelschwanck… —dijo en voz alta al nombrar la quinta carpeta—. ¿Amiga o enemiga? —mordió su uña izquierda.

Retsu uso el bloothod (6) de su celular y cargó la fotografía que tomó de la europea a su computadora, colocándola a su vez en esa nueva carpeta.

Unohana bosteo de sueño, apago su ordenador y fue hacia su cama. Antes de acostarse a dormir, cogió una pila de papeles junto al buró y los releyó con rapidez. En sus manos sostenía una copia fiel de la investigación llevada por Soi Fong, referente a Bawabawa. Rascó sus ojos en un vano intento de alejar el cansancio. Desafortunadamente, debido a su falta de información, no tuvo más remedio que llámarle —al hombre que fue su chofer por esa noche—. Aunque eso significase ir en contra de sus propias convicciones personales.

En un momento, los papeles cayeron al suelo. Retsu, se había quedado dormida.

Byakuya insistió al menos cinco veces más, antes de rendirse. Desde la entrada a los departamentos donde su contralora vivía, vislumbraba la luz encendida —supuso erróneamente— que ella estaba despierta. Se recargó en su asiento y cerró por un momento sus ojos, mientras una triste sonrisa se dibujaba en sus labios.

—Gracias, Retsu... —le agradeció a nadie realmente—. Gracias por cuidar de Rukia, mejor de lo que lo ha hecho su hermano.

Tenía diecisiete años cuando quedó huérfano de padres, y ese mismo día perdió a su abuelo paterno. Dejándolo tristemente al cuidado de sus dos hermanas. Hisana tuvo una severa recaída luego del deceso de sus familiares, por lo que tuvo que ser internada en el hospital a razón de casi un mes y a Rukia… Byakuya no tuvo el corazón para decirle que estaban muertos, así que le mintió diciéndole que estaban los cuatro —incluyendo a su hermana, que para ese momento se encontraba en el nosocomio— de vacaciones en una bonita playa en el Caribe del pacífico. La niña en su inocencia, creyó las palabras de su joven pariente.

Y para desgracia, menos de un año después, Hisana perdía la batalla contra su larga enfermedad.

A los dieciocho años, Byakuya tuvo que hacerse cargo del Corporativo Senbonzakura, de sus estudios en la Universidad de Tōdai y de una niña de cinco años. Demasiada responsabilidad para alguien tan joven.

Se concentró tanto en sus estudios —porque los necesitaba para administrar apropiadamente la industria familiar y le eran un escape en su triste realidad—, que rara vez podía pasar tiempo junto a su pequeña hermana que tanto lo necesitaba y esperaba. Había incluso semanas en que no la veía una sola vez —despierta—, porque incluso aunque llegase tarde a la mansión, entraba a la recámara de Rukia y la miraba mientras dormía. A veces, se quedaba hasta poco antes del amanecer. Diciéndose a sí mismo, que todo lo debía de hacer por ella, para permitirle tener aquella vida que a él el destino le negó.

Que fuese libre de alcanzar sus propios sueños.

Cuando el mayordomo principal le informó de ciertas actitudes extrañas de la pequeña, el susto a su persona fue comprensible. Se puso paranoico y la llevo con cientos de especialistas, temía que de alguna manera Rukia también enfermase. No obstante, los resultados lo enmudecieron. Su hermana estaba perfectamente sana —más que él, hay que aclarar—, su comportamiento se debía a que no tenía la motivación necesaria para alguien con su coeficiente intelectual. Byakuya le contrató tutores especiales durante un tiempo, y luego decidió alejarla de ese mundo que él tanto detestaba en Japón. Con una niñera de por medió la envió a los Estados Unidos de Norte América a que recibiese una acorde educación a sus capacidades.

Fue ahí, donde comenzó a temer por ella una vez más. Rukia, terminó estudiando algo que él le impuso —a través de la presión a la que era sometido, por su familia—, sin oponerse una sola vez. No deseaba que su hermana fuese alguien a quien se le pudiese ordenar fácilmente, quería que ella fuese capaz de mandar a su gusto en su propia vida. No que se convirtiese en lo que él mismo era. Un títere del destino.

Luego de eso, la envió a Inglaterra a estudiar una maestría. Y fue ahí, donde ella conoció a ese individuo llamado Abarai Renji… por medió de sus contactos, se enteró que entre ambos había más que una amistad y no dudaba —no es tonto por supuesto—, que hubiesen intimado más de una vez. No le molestó el saber que su hermana había conocido a este hombre, tampoco que no perteneciese a su círculo social, que careciese de la ideología y abolengo de su familia. Él, era su válvula de escape.

No obstante, el destino una vez más se oponía sus deseos.

Presionado por la familia y los accionistas del Corporativo, no tuvo más remedio que ordenarle a ella que volviese a Japón; habían planes de abrir una filial en Europa y ellos, la querían a ella como dirigente. La mando llamar, y supo que esa era su última oportunidad de darle una vida a Rukia. Se mostró indiferente hacia su regresó —y antes también lo hizo, negándose a visitarla y tratarla como se debía, como era su obligación—, y la llevó al límite con su actitud e imposición descarada. La joven renegó de los deseos —que creía que eran de su hermano— y por primera vez en los dieciocho años de Rukia, ella lo desafió; frente a los accionistas principales. Como un supuesto castigo por su falta, Byakuya le retiró sus privilegios de pertenecer a la familia Kuchiki. Fue la última vez que había hablado con ella, y la vio en persona.

Rukia abandono la mansión y desde entonces se mantenía sola. Su hermana retó a la familia, al Corporativo, a la sociedad, al mundo entero… y les decía claramente que no necesitaba a su hermano para sobrevivir.

Y eso… lo enorgullecía.

Rukia era su mayor satisfacción, no como un Kuchiki, sino como hombre y ser humano. Aunque eso significase que ella lo odiase de por vida, Byakuya finalmente logró uno de sus metas… darle la libertad a su hermana.

Sabía bien que la joven ingresó a la universidad a estudiar arte. Una actividad de la cual ella misma sabía que carecía del talento, lo hacía porque era un reto para sí misma. El demostrase que pese a su nula aptitud, podía hacer algo que la gente a su alrededor le decía que no podía logar. Si conquistaba con éxito sus estudios y sobrellevaba la cafetería en sí, podría con cualquier situación que la vida le presentase. Y le urgía que Rukia pudiese con esa pesada responsabilidad. No desconocía el hecho que varios individuos desde la sombras le seguían el paso, hombres contratados por los accionistas minoritarios del Corporativo Senbonzakura. Y eso le preocupaba en sobremanera, que encontrasen alguna forma de hacerla regresar a la familia Kuchiki. Byakuya y Rukia, poseían los activos más altos de la empresa y por consiguiente, administrativamente eran los únicos que podían hacerse llamar dueños del acero que controlanban alrededor del mundo —aunque hoy en día ese trabajo lo desempeñaba solo el varón—. El resto de los empleados y socios de menor rango díficilmente aceptarían,a alguien más en la dirección de la empresa. Ya que eso se convertiría en un monopolio, algo completamente ilegal en Japón —por ello, existía aquella división de bienes.

Por tal motivo trajo desde Inglaterra al hombre que había sido el amante de su hermana. Esperaba que su relación pudiese continuar, y llevarla al siguiente paso, el cual era el matrimonio.

Una de las cláusulas del Corporativo Senbonzakura y de la familia Kuchiki, sostenía que si por algún motivo alguno de los herederos se llegase a matrimoniar con alguien sin un patrimonio colectivo, le serían retirados sus activos fijos y entregados ya sea a sus parientes, en partes iguales o entre los accionistas restantes. Pero, no podía decirle eso a su hermana. No era ético en ningún sentido de la palabra —y sabía que ella no aceptaría casarse con alguien sin amor—. Que para que tuviese un futuro propio, debía abandonar a lo que por derecho le pertenecía. Por esa razón Byakuya no pudo renunciar a su poder, porque entonces todo el peso habría recaído en Rukia, sin la posibilidad de un escape para ella.

Si Rukia perdía todo su dinero como miembro de la familia Kuchiki, podría olvidarse de vivir bajo las reglas del Corporativo y de la sociedad —a las que él tanto aborrecía—. Y gracias a que ahora podía mantenerse por sí misma, sabía Byakuya que pese a todo el sufrimiento que le había causado a su hermana, tal vez algún día él tendría el valor de decirle la verdad.

—¿Rukia, algún día podrías perdonarme? —sonrió con tristeza y se perdió en la oscuridad de la noche.

Desde siempre, había sabido que ella era una jugadora doble. Apoyándolo incondicionalmente a él y a su hermana. Siendo Unohana Retsu, contralora en jefe del Corporativo Senbonzakura. Y la sombra de Minazuki , la intelectual más respetada de todo Japón. Además, estaban todas aquellas cálidas personas que rodeaban a su pariente hoy en día, hombres y mujeres que defenderían acérrimamente a la joven Kuchiki. Y esperaba que Renji, también formase parte de su futuro.

Tal vez ya no tenía que preocuparse más.

Byakuya…

No hables — le dijo el hombre junto a su cama, mientras pasaba el trapo húmedo por los labios secos de la mujer recostada—, tienes que guardar tus fuerzas.

Ella tomo sus manos y las entrelazo con las de su hermano.

Cuida bien de Rukia chan —suplico con lágrimas en sus ojos—. Siento mucho ser una carga tan pesada para ti —se lamentó—. ¿Puedes perdonarme, Byakuya?.

El hombre besó tiernamente la frente sudorosa de ella.

No hay nada que tenga que perdonarte, Hisana.

¡Prométeme, que nunca renunciarás a tus propios sueños! —suplico ella.

Byakuya exhalo con pesadez, aquello que ella le pedía era imposible.

Lo prometo —timó.

Mentiroso —reclamo y lloro—, ¡eres un farsante! hablo la mujer postrada en cama.

Lo siento —se disculpo él.

¡Miénteme! —rogó—. ¡Al menos esta vez! —su voz se debilitaba.

Te juró que seguiré mis propios sueños… pase lo que pase… —hablo el varón.

Silencio.

Ojala lo que me dices fuera cierto —externo ella con una enorme tristeza en su corazón.

—Tenías razón, soy un mentiroso. ¿Verdad, Hisana?...

Un nuevo mensaje llegó a su celular, por lo visto era tiempo de reunirse con esa persona.

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Nell terminó de lavar su taza en la cocina, y secó sus manos con la toalla. Muy lentamente caminó hacia las escaleras que daban al segundo piso, y subió. Fue directamente hacia la recámara de Rukia. Luego de que joven explayase su necesidad de no estar sola nunca más, ella liberó todo el sentimiento que tuvo guardado para sí por años. Al final se quedó dormida en los brazos de Ichigo. Sin embargo, fue Izuru el que la depositó en el sitió donde esta ahora.

Ingresó silenciosa en la habitación y ocupo el pequeño sofá frente a la cama.

Ese último lunes de julio, resultó ser toda una proeza para todos, incluida ella. Nell exhalo pesadamente, mientras se cruzaba de brazos y piernas.

Rukia continuaba aferrada a los brazos de Ichigo, mientras sollozaba. Momo se había acercado y la reconfortaba, al igual que Michiru. Kira observaba a la distancia preocupado. Mientras tanto, Ryō mantenía su mirada fija en Nell. La europea continuo bebiendo de su té, sabiendo bien que tenía un par de ojos puestos en ella —los de Ichigo y la administradora.

¡Disculpen!, ¿hay alguien aquí?.

Una voz ajena capto la atención. Ryō y Nell fueron hacia el origen de ese llamado. Intuyeron que se trataba de algún cliente en busca de servicio, debía disculparse la primera e informarle que lamentablemente ese día no podían atenderlo y la segundo, solo era curiosa. Un joven un tanto distraído casi había llegado a la cocina.

Lo siento mucho —ofreció una media reverencia Ryō —, Ichigo no kēki no está en servició el día de hoy.

¡Ah, bueno!... —rascó incómodo su cabeza— Eso lo leí en el cartel pegado afuera —se rió nervioso.

¿Entonces porque ha entrado? —dio un paso hacia delante la extranjera—. ¿Es acaso una de esas costumbres extrañas de los japoneses?.

Ryō y el joven —aún sin nombre—, la dieron una mirada arisca.

Pues yo… —comentaba ya nervioso el hombre—, observe que la puerta de la entrada estaba abierta y…

¿Decidiste entrar a fisgonear? —expresó Ryō con una rudeza tal que sus palabras dejaron impactados al par restante.

¡Yo!... —continúo intranquilo el joven.

Mejor, ¿dime que cafetería te ha enviado a espiarnos? —espetó Ryō.

Dio un paso más hacia el frente, con una actitud tan furiosa que fue necesaria la intervención de la forastera para calmar el humor de la administradora. Si estaba enojada con ella, no debía desquitarse con ese joven que estaba a punto de un colapso nervioso.

¡Tranquila! —se colocó en el medio de ambos—. Puede que solo esté perdido y haya entrado en busca de alguna dirección —musitó de forma tan pasiva Nell, que Ryō terminó por ceder de mala gana—. ¿Dime cómo te llamas y en que podemos ayudarte? —le sonrió dulcemente y el joven se sonrojo.

¡Me llamó Yamada Hanatarō! —expresó con tanta efusividad que pasmó a las mujeres—. ¡Y estoy aquí, porque busco trabajo!.

Silencio.

¿Qué sabes hacer? —dijo mucho más tranquila Ryō, y no creyendo en lo absoluto lo dicho por el hombre. Miro de soslayo a la europea, por lo que pudo contemplar, ella no lo conocía tampoco. ¿Quién rayos era ahora ese tipejo?.

Se de cocina —dijo tímidamente.

Lo siento, pero ya tenemos cocinera —le señalo la puerta la administradora—. Por favor, siga buscando trabajo y espero que pronto encuentre alguno.

Hanatarō palideció de inmediato, se suponía que su obligación era emplearse a como diera lugar en Ichigo no kēki. Se lo había prometido a su sensei.

¿Qué sabes hacer en la cocina? indagó Nell.

Ryō la miro con mala cara, ¿acaso osaba esa desconocida a retar su autoridad?.

Soy chef, con una especialidad en repostería —dijo nervioso.

¿Solo occidental o también sabes preparar postres japoneses? —musito tranquila Nell.

Conozco ambas cosas —comentó seguro de sus habilidades.

La europea le sonrió una vez más.

¿Qué te parecería crear tus propios postres, que las demás cafeterías en la zona no tendrían? —volteó hacia la administradora—. Es una buena estrategia de mercadotecnia. Es más —se entusiasmaba—, se podría crear el Suu īto bi (7) o algo por el estilo.

Ryō chascó su lengua con hastío. Esa mujer intentaba manipular las circunstancias a su entero favor.

¿Trabaja él para ti? —se cruzó de brazos irritada Ryō.

No —dijo sería y verazmente—. Es la primera vez que lo veo en mi vida —miro al joven—, lo que sí puedo decirte, es que oportunidades como esta no se presentan todos los días —ahora observo a la administradora—. Sabes tan bien como yo, que para relanzar a la cafetería se necesita un plan de publicidad nuevo —se cruzó de brazos—. De nada servirá la remodelación sino hay un cambio en el menú.

Lo se —tuvo que darle la razón—. Sin embargo, las ventas en Ichigo no kēki no están tan altas como para darnos el lujo de tener un chef repostero.

Pese a todo, Nell comprendió muy bien las palabras de la administradora. Era claro que no todos los días se presentaba alguien con la especialidad en lo que claramente se carecía. No obstante, también es cierto que si no podía costearse a esa persona la tenían que dejar ir.

Entiendo… musito derrotada Nell, y antes de disculparse por tal vez haber ilusionado de más al joven, este se aventuró a hablar.

¡Esta bien para mí el trabajar por la cuota similar a la de su empleado con el salario más bajo! —soltó de tajo.

Ambas lo miraron estupefactas.

¿Perdón? —externo Nell, por un momento creyó el haber escuchado mal.

¡Estás contratado! —interrumpió Ryō —. Ve a la cocina y prepara un Ikinari dango (8) —señalo con su pulgar hacia atrás, en dirección a la cocina.

El joven sonrió en demasía, y diligentemente fue a realizar gustoso su primer mandado.

Pensé, que habías dicho que no había dinero suficiente para pagarle —comentó extrañada del cambio de actitud la extranjera.

Nuestro empleado con el salario más bajo, gana quince centavos —dijo como si eso no fuese la gran cosa—. Así que podemos costear el salario de ambos.

Silencio.

¿Quince centavos? —repitió sin poder creerlo—. ¿Quién puede ser tan estúpido como para aceptar un trato así?.

Kurosaki Ichigo… —le respondió— Ese es el idiota de Kuchiki, un vago bueno para nada —afonía—. ¿Podría decirme ahora quién es usted? —la miro fijamente—. Todos en la cafetería creemos que quiere lastimarla —a Rukia—. Y ya le he dicho, que nadie de por aquí va a permitirlo.

La europea sonrió, esa chica debía de ser única como para que Ichigo aceptase semejante trato. Más que una amenaza fue un hecho. Las puertas automáticas se abrieron nuevamente, dejando ingresar a varias personas. Nell los miró rápidamente y luego contemplo a la administradora.

Solo puedo decirles por ahora, que lo que hago por Rukia chan es debido a que ella esta ayudando a una persona muy preciada para mí.

¿Es acaso Kurosaki? —inquirió Ryō.

Mutismo.

¿Por qué no habla, señora? dijo ahora un hombre con un haori rosado a su espalda. Dueño de un baño público, llamado Shunsui.

La europea movió ligeramente su cabeza.

Discúlpenme por favor —los miró en general—. No puedo decirles nada por ahora, algún día les diré el porque hago esto —dijo llanamente Nell.

¿Por ahora?... indagó curioso un joven rubio con una boina y enigmática sonrisa, llamado Hirako Shinji.

Si —hablo la europea.

¿En qué podemos basarnos para creer que tus palabras son ciertas? comentó receloso uno de los dueños del puesto de anguilas, un tipo morocho y de gafas raras, apodado Love.

Porque, de haber querido hacer algo malo —suspiro—, pude hacerlo desde hace tiempo —hablo Nell la franqueza de sus palabras, dejaron un mal sabor de boca en más de uno de los presentes.

¿Podría explicar cuando menos eso, señorita? solicitó educadamente el otro socio del puesto de anguilas, Rose.

Porque, para alguien como yo —su mirada se torno sombría—, el acabar con un establecimiento como este, es como quitarle un dulce a un niño —se cruzó de brazos—. Les pido por favor que crean en mis palabras.

La única mujer recién llegada del grupo, chasco su lengua con suma molestia.

Para mí que eres una de esas niñas ricas que no tienen nada más que hacer para perder el tiempo espetó Hiyori con un marcado sarcasmo. Desafortunadamente, como suele decirse: "el tiro le salió por la culata".

Estás en todo lo cierto —miro al único sujeto que no había hablado, un hombre de apariencia peligrosa y con cascabeles en su cabeza—. Hiyori chan —miro a la mencionada.

Todos se sobresaltaron, la desconocida parecía conocerlos y eso no les gusto en lo absoluto. EL sujeto alto y con un parche en el ojo, salió molesto de la cafetería. Zaraki Kempachi, estaba de un pésimo humor y todo gracias a Unohana.

Nelliel Tu Odelschwanck, también hizo su tarea como toda buena estudiante. Investigó a la gente que rodeaba a la dueña de Ichigo no kēki. Y la sorpresa que recibió fue impresionante. La europea no estaba demasiado interesada en saber más de los empleados de Rukia, sino más bien de la gente que la ayudaba desde la sombra. Y para empezar, estaba el antiguo dueño del edificio de la cafetería.

Ichigo no kēki descansaba sobre una de las zonas comerciales más antiguas de la ciudad, y de hecho la edificación robaba la atención de cualquiera que lo mirese por primera vez. Por lo recopilado, se enteró que su primer dueño —y constructor—, fue un retirado General Estadounidense; el cual término enamorado de Japón y decidió en este sitio pasar el resto de su vida. La estructura parecía desde el exterior un viejo edificio de San Francisco. Luego de la muerte del militar, el inmueble permaneció abandonado por años e inclusive el municipio contempló su demolición. Sin embargo, de la nada apareció un comprador y rescato la residencia.

Y es aquí donde el misterio comienza…

Ese negociante nunca fue conocido por nadie, realizó la compra a través de un intermediara de bienes y raíces; manteniéndose en todo momento en el anonimato. Conservó el edificio para sí, por un par de años; hasta que finalmente fue a dar a manos de última y actual dueña, llamada Kuchiki Rukia.

Nell, desconocía por completo si Rukia era consciente del hecho de cómo llegó a hacerse la dueña de dicha estructura. La joven pago por el edificio una cantidad irrisoriamente baja, a alguien con el pseudónimo de Minazuki.

La europea sobo impaciente su sien, ninguna sola pista —hasta el momento—, sobre ¿quién o qué? es Minazuki. De la investigación realizada, por su detective personal, este consiguió tres viables opciones. Cada una más inverosímil que la otra.

El Hotel Niwa (9) era considerado uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Con su bata cubriendo su ropa de dormir, leía la información irritada y con un humor de perros. Poco le falta para ladrarle al estúpido que oso levantarla tan temprano ese domingo.

Son las seis de la mañana —reprochó furiosa—, del día domingo Grimmjow —espetó—. Necesitas conseguirte una vida, o cuando menos una novia —rascó sus ojos por el sueño que aún tenía—. Al menos así, todavía estarías en cama y yo también.

Tocaron a la recámara, el hombre se levantó, fue a recibir el servicio a la habitación que ordenó a penas ingresó al lobby del hotel. Indicó a la mucama y al mesero que los alimentos fuesen colocados en la mesa de la terraza, hecho que obligó a Nell a dejar la comodidad del sofá donde se encontraba —luego de que Grimmjow le quitase por las malas los papeles—. Para cuando finalmente algo de pereza la abandono, los empleados ya se habían retirado y el investigador ya estaba desayunando gratis a posta suya.

Me pediste que fuese diligente con la investigación —finalmente se digno a dirigirle la palabra—. Además, no se supone que mañana inicias con ese plan loco tuyo —cubrió un pan con mermelada—. Dime, ¿cómo hiciste para que el bastardo de Nnoitra te ayudara? —comentó curioso.

Nell bufo y se sirvió café.

El como lo convecí es cosa mía —bebió y lo miro en el proceso con peligrosidad—. Basto solo con herirle un poco el orgullo —dijo jubilosa de conocer su punto débil—. Lo que me traes debe ser muy importante o —dudo—, estás sin un quinto y quieres comer gratis.

El hombre esbozó una sonrisa cínica antes de responderle.

Un poco de ambas —expresó sin pena alguna—. Hay muchos misterios alrededor de esa mujer llamada Rukia —comentó serio ahora—, aún me cuesta creer que sea la hermana menor de Kuchiki Byakuya —se llevó el pan caliente a su boca—. La joven heredera del Corporativo Senbonzakura, los magnates del acero.

Espero que sepas mantener tu boca cerrada por ese asunto —prácticamente le ordeno—. ¿Explícame que rayos es esto? mandó al no poder leer los pésimos garabatos de la letra de Grimmjow , y es que desde siempre había considerado que el hombre escribía con sus pies.

¿No sabes leer, Nelliel?.

No he llegado aún a descifrar lenguas muertas —le entregó la investigación—, resúmela —concretó.

El varón chasco su lengua con hastió, le arrebató de mala gana su investigación. Mojo su pulgar derecho y comenzó a hojear los papeles frente a él.

Minazuki… —dijo frenético— Hay tres posibilidades sobre su origen —aclaró su garganta—. El primero es un grupo de frikis (10) de un manga japonés del mismo nombre —arrojó al rostro de ella una fotografía de la última edición de la novela gráfica—. Dudo mucho que un montón de idiotas pudiesen costearse el edificio, además —dijo antes de ser interrumpido—, hace solo un año que el manga está siendo escrito.

Nell miro desinteresada la imagen de un conejo, atrapando en una red a una sirena y a una pantera, como parte de la carátula del Shōnen Jump (11) de la semana pasada.

Continúa —tomo otro trago a su café.

El segundo es un grupo de ancianos retirados en un asilo a las afueras de Osaka —exhaló y continúo desayunando—. Pero —la miro seriamente—, solo usan el nombre de Minazuki porque es el nombre de su equipo en un juego de pelota tradicional japonés. ¡No me preguntes como se llama ese deporte —musitó seco—, eso no lo investigué! —viendo que Nell no desayunaría, el procedió a comerse lo que ordenó para ella—. Bastante tuve con verlos jugar ese día.

Nell no quiso siquiera preguntar a que venía ese comentario.

¿Y alguno de ellos, no podría usar ese nombre con otros propósitos? —indago ella.

Lo dudo —habló con la boca media llena—. Es un asilo del gobierno, investigue la cuenta de los residentes —se tomó de un solo trago el jugo de naranja—. Ninguno de ellos o sus parientes podrían pagar.

Silencio.

Nell exhalo con pesimismo.

¿Y el tercero? —inquirió recelosa.

Una marca de ropa para bebés.

La mujer llevó su mano izquierda a su rostro y masajeó su frente.

¡Te he pagado quince mil euros —espetó irritada— para que me digas esas babosadas!.

Grimmjow abandonó de mala gana los deliciosos waffles que antes disfrutaba.

La investigación de la compra venta está en un punto muerto. El pago se hizo en efectivo, por medió de un intermediario —finalmente le daba a ella su tan anhelada información—. Nadie sabe realmente, ¿quién o qué es Minazuki? —término con su desayuno—. Pero, estoy casi seguro que es el pez gordo que rodea a Kuchiki Rukia.

¿Y de dónde sale esa intuición tuya? —siseó ella.

Porque sea lo que sea que rodea a esa mujer —busco su cajetilla de cigarros—, esa cosa —no supo como referirse a Minazuki— se aparece en el momento precisó para ayudar a esa cafetería de quinta —encendió su cigarro y exhaló anhelante el humo—. Acá entre nos —dijo divertido—, es un ¡maldito conejo escurridizo!. Me recuerda al de ese libro.

¿Ese libro? —se cruzó ella de brazos.

Ya sabes, al de Alicia en el País de las Maravillas.

Afonía.

¿Realmente, esto es todo lo que pudiste indagar sobre Minazuki?. Necesito algo más tangible, Grimmjow.

Colocó él la ceniza en el cenicero.

Es probable que mantenga algún tipo de contacto con los otros sujetos que rodean a la mujer —Rukia—. De alguna manera debe de mantenerse al tanto, al igual que tú —le dio la razón—; estoy molesto de no encontrar respuestas.

Podría ser… —mordió su uña del pulgar derecho.

¿Por qué tanto interés en ella, Nelliel?.

Ambos se miraron fijamente por varios segundos.

Quiero agradecerle —hablo insegura ella.

¿Agradecerle o sientes arrepentimiento? —apagó su cigarro—. Hay mucha diferencia entre ambas cosas.

Sin responderle, la extranjera se levantó de la mesa y caminó hacia su habitación. Dejando solo al hombre con una gran sonrisa de superioridad en sus labios.

La joven en la cama se movió incómoda y por un instante Nell creyó que finalmente se había despertado. Desafortunadamente, Rukia volvió a sumirse en el mundo de Morfeo.

—¿Agradecer o arrepentimiento? —repitió la europea en voz baja.

No había sido su imaginación, efectivamente la fémina en el lecho estaba despertando. Nell llevo su mano hacia el interruptor —colocado junto a ella— y encendió la luz. Por supuesto, que eso irritó a Rukia la cual busco cubrirse sus ojos con una almohada.

—¡Apaga la luz! —ordeno aún adormilada.

—Llevas seis horas durmiendo —le informó—. Si continúas así, no creo que seas capaz de soportar tu rutina de mañana.

Una voz desconocida la saco de inmediato de su molestia, sustituyéndolo por la preocupación. Miro aún con pesar, a la mujer en el sofá.

—¡Tu! —chilló completamente despabilada.

—Tengo un trato que ofrecerte —declaró la extranjera.

—¿Un trato?... —repitió Rukia desconcertada.

Antes de poder preguntar algo más, el sitió donde estaba le resultó completamente a sus ojos. Un espacio de un tamaño considerable, ni muy grande ni muy pequeño; justo el ideal. En vez de su usual futon, se encontraba en una cama individual; habían un par de cómodas junto al lecho, un espejo de cuerpo completo colgado de la puerta y un armario que abarcaba una pared completa. Justo para rematar, un sofá.

—¿Quiero que me des alojamiento durante un tiempo? —comentó tiernamente—. ¿Verdad que sí?.

—¡Por supuesto que no! —comentó una volátil Rukia, al momento de intentar levantarse—. Además, ¿quién rayos eres tú?. ¿Y qué le hiciste a mi cafetería?.

Desafortunadamente, se enredó entre las sábanas y por ende acabo en el suelo. La mirada enervada de Rukia, mientras luchaba contra su cruento enemigo blanco, solo incentivaba la divertida sonrisa de la europea. Nell se cruzó de piernas elegantemente.

—Mi nombre es Nelliel Tu Odelschwanck —externo sería—. Única dueña de los Increíbles hermanos del desierto —comentó como si eso no fuese la gran cosa— E hice lo que me pareció mejor para tu cafetería, estoy segura que con esto las ventas subirán —silencio—. No debes preocuparte —dijo al notarla intranquila—, sigues siendo la dueña y no tengo interés alguno en quitarte a Ichigo no kēki. Es un gusto el conocerte, Kuchiki Rukia —de nueva cuenta, esa peculiar entonación en su apellido.

La ira de Rukia se desvaneció en el acto, fue reemplaza por el pánico. Tragó saliva con dificultad.

—¿Tú sabes quien soy? —temió preguntar.

—Nell tomo su bolso y de ahí extrajo una diminuta libreta verde, hojeó un par de hojas y luego comenzó a recitar sus apuntes —entregados por Grimmjow.

—Kuchiki Rukia, edad veintidós años. Posee un coeficiente intelectual muy por encima, aunque no se con exactitud de cuanto es. Estudiaste administración de empresas, graduada de Yale a los dieciséis años, poseedora de una maestría en Oxford. Hermana menor del magnate del acero Kuchiki Byakuya. Se maneja en el círculo de la alta sociedad japonesa, que la joven se encuentra tomando un tiempo sabático, antes de comenzar a trabajar para el Corporativo Senbonzakura —la miraba de soslayo mientras hablaba y una idea divertida le vino a la mente—. Se dice que perdió su virginidad a manos de…

De alguna manera, Rukia logró lanzarle una almohada a la chismosa extranjera. Tan roja como un jitomate, miraba furiosamente a la mujer que estuvo a punto de revelar parte de su intimidad.

—¡Hasta eso sabes! —musitó indignada.

Nell se encogió de hombros.

—Intentaba romper la tensión del momento con algo divertido —no aclaro si sabía o no, quien había sido el primer hombre de Rukia—. Honestamente —guardo su libreta y fue hacia la joven en el suelo—. Quisiera que hablemos con mucha sinceridad y seriedad —la ayudo a liberarse de su carcelero blanco.

Rukia se levantó y se sentó a un costado de la cama, Nell en su defecto, regresó una vez más al sofá y suspiro holgadamente.

—Habla —susurró Rukia.

—Ichigo no kēki, siempre será tuya —entablo la conversación—. Lamento mucho el haber tenido que hacer las cosas de esta manera —suspiro—, pero fue la única forma que encontré para hacerlo. ¿Escucharás lo que tengo que decirte? —comento la europea.

—¿Vas a chantajearme de alguna manera? —apretó su brazo izquierdo, mientras mordía su labio inferior con duda.

La europea sonrió divertida del pensamiento de la joven japonesa frente a ella.

—Te repito —dijo sumamente seria—, lo único que deseo es que me permitas quedarme aquí un tiempo.

Silencio.

—Si has pensado que se algo de las finanzas del Corporativo, estás muy equivocada —frunció el ceño y a su vez la reto con una poderosa mirada—. ¡Así, que no puedo decirle nada de las cuestiones económicas de Senbonzakura!.

Nell esbozó una tenue sonrisa.

—El acero no me interesa —expresó aburrida—. ¡Estoy aquí como estudiante!.

Perpleja, Rukia casi se cae de la cama.

—¡Claro—ironizó con sumo sarcasmo—, y yo soy un genio mágico que vive en un botella!.

Mutismo.

—Si, estoy aquí para aprender de las costumbres japonesas, de su cultura y su gente —hablo de manera tranquila y sin molestia por la burla recibida.

—¿Realmente esperas que me crea esa basura? —espetó incrédula Rukia.

—Tendrás que hacerlo, tú y los que te rodean.

—¡Al demonio!...

No pudo terminar de hablar, porque la extranjera la interrumpió.

—Será mejor que descanses —se levantó y caminó hacia la puerta—. Mira —volteó hacia Rukia—, no espero que me creas por ahora —exhalo—, pero… eres la única que puede ayudarme a redimirme —su mirada se torno sombría—. ¡Por favor —le suplico—, quiero que me ayudes a quitarme este peso de mi corazón!... —tomo la perilla de puerta y susurro—. Quiero redimirme…

Se caía de sueño — y no de manera literal—, llevaba un buen rato intentando mantenerse despierta. Más las horas faltantes de sueño, comenzaban a tensionarla.

Deberíamos de volver al hotel —sugirió su acompañante—, por el día de hoy podemos dar por sentado sus actividades signora (12) Nelliel.

Le prometí a Pesche que estaría presente —se lamentó al cabecear— además —oculto su bostezo con suma elegancia—, solo bastará que esté unos minutos y luego podré retirarme —recargó su cabeza en el asiento—. Misato.

Como usted diga signora.

Nelliel entrecerró sus ojos y casi de inmediato Morfeo quiso abrazarla, por lo que sin más se incorporó de inmediato en el asiento. Se encontró con su joven asistente hablando en susurros cansinos a través de su celular, al parece había quedado de verse con su novio en turno. El hijo de un dueño de aerolíneas francesas. Varias veces le sorprendía la desfachatez descarada de la joven.

Takashi Misato, era la hija de un colega muy cercano a Nelliel; el cual le pidió el favor de que la emplease. A fin de que su hija, aprendiese lo difícil de un trabajo fijo, y de esa manera enmendarse de su mal camino. No obstante, los planes no estaban resultando como lo esperaban. Resultó que al final la joven, encontró más de un admirador en la corporación Los Increíbles Hermanos del Desierto, con los cuales solía tontear y jugar.

—Abbiamo, signora indico el chofer en turno.

Habla luego con él —ordenó a su asistente—. Harás que me duela la cabeza.

El conductor detuvo el Maserati frente a una imponente galería al estilo renacentista, en la cual se inauguraba una colección con los mejores trabajos de la Academia de Bellas Artes de Brera (13). Desde que ingresó con ojo crítico, absolutamente nada percibió fuera de lo común, de hecho solo media su tiempo para poderse retirar decentemente. Sin embargo, al girar en el último punto de la exposición se encontró con una acuarela monocromática de una sirena. Sumamente intrigada, busco el nombre del autor.

Kurosaki Ichigo —leyó.

La risa boba de su supuesta asistente la irritó, y justo antes de poderla callar la encontró hablando con un hombre de cabellera naranja.

—Puedes quedarte con una condición —ahora era Rukia quien se encontraba esperando el despertar de la extranjera, sentada en la mecedora; con su pijama amarilla de cuadros.

—¿Dime? —se sentó y se cubrió con una sábana. El memorar el día en que Ichigo y Misato se conocieron, era una mala manera de iniciar su día.

—No debes decirle a nadie, quien soy realmente —técnicamente ordenó.

Mutismo.

—Crees que alguno de ellos creería que la hermana menor del magnate del acero, viviría de esta manera —cuestionó incrédula Nell.

Afonía.

—Pues… —balbuceó.

Nell apartó la cobija y fue hacia Rukia. Justo en ese momento, la joven fue consciente de la vestimenta tan provocativa que la europea portaba. Un candente baby doll en tonos verdes, con mucho encaje y que nada dejaba a la imaginación. Sumamente avergonzada, la Kuchiki apartó la mirada.

—¿Te apena? —canturreó divertida —la extrajera la tenía acorralada contra la mecedora, al haber colocado sus manos en la parte alta del mueble y cerrando la distancia entre ellas.

Rukia continuaba con sus ojos cerrados, además de mantener su atención hacia la puerta.

—Yo…

—Eres una buena niña, Rukia chan.

Le susurro gentilmente y casi como una madre lo haría con uno de sus hijos. Rukia abrió sus ojos, cuando Nell la abrazaba. Un déjà vu, de los viejos tiempos… De manera inconsciente, la joven respondió al gesto. Sutilmente abrazó con cariño a Nell. Algo en esa mujer, le recordaba a esa persona en particular de su pasado.

—¡Pero que demonios le haces, loca pervertida! —gritó una enardecida voz varonil desde la puerta, el cual se quedo estático ante lo que sus ojos miraban.

Las mujeres se alejaron la una de la otra. Ichigo estaba perplejo, en el marco de la puerta que delimitaba la entrada a la recámara. Al ser ya tarde —alrededor de las diez de la mañana—, y no estar la joven dueña con los sucesos del día anterior—, el vago realmente se preocupó. Temió que Nell le estuviese alguna cochinada a Rukia, así que sin siquiera pensarlo dos veces subió al segundo piso. Al llegar al fin de la escalinata, la vista de lo enmudeció. Tal como el primer piso sufrió una remodelación, el segundo también tuvo un cambio radical. Para empezar, ahora existía un pasillo por el cual andar, que delimitaba un área de considerable tamaño —lo que intuyó que serían habitaciones—. Dos puertas a elegir, se aventuró a tomar la perilla de la cual escuchaba murmullos. Lo que vio cuando abrió la puerta le dejo la boca seca —la fantasía mas pervertida de un depravado.

Nell prácticamente estaba sobre Rukia, en una sugerente pose. Antes de que pudiese decir algo más, la europea saltó a los brazos del vago. El cual, no pudo reaccionar a tiempo y término por sujetar a la extranjera, dando un paso hacia atrás, para mantener el equilibrio; y casi golpea su cabeza contra el ventanal en el proceso.

—¡Buenos días, Ichi kun! —chilló de alegría y ajena a que el hombre aún estuviese enojada con ella.

—¡Maldita sea, Nell!. ¿Cuántas veces te he pedido que no hagas eso!... —vociferó furioso él.

La europea hizo un puchero infantil, luego enterró su cabeza en el cuello masculino. Rukia entrecerró sus ojos, había demasiada confianza entre ellos. Inmoderada… ¡y el estúpido vago no hacia nada decente para quitársela de encima!. Además, ¿cómo se suponía que un bueno para nada como él conociese a una mujer tan rica y poderosa?.

—¡Hombre tenías que ser! —se dijo mentalmente Rukia.

La Kuchiki pasó junto a ellos, y fue hacia el baño. Término por azotar la puerta, lo suficientemente fuerte como para que lo que estaban en el piso inferior escuchasen.

—¿Y a esa que demonios le pasa? —dijo un incomprensible Ichigo.

Nell se alejo lentamente del vago, y miro hacia el baño. Al parecer su estancia en Japón sería bastante entretenida.

Φ Φ Φ Φ Φ

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Los siguientes días en Ichigo no kēki superaron la expectativa de todos. Las ventas estuvieron muy por encima de lo esperado, y ahora el personal esperaba que esa buena racha no los abandonase. No obstante, pese a las buenas ganancias recibidas, había algo que tensionaba el ambiente.

El mal genio de Rukia.

Desde el día de la inauguración, estaba malhumorada y no soportaba el más mínimo desliz de nadie. Pero, especialmente parecía desquitarse solo con Ichigo. Le mandaba realizar todas aquellas actividades que usualmente eran sorteadas entre los trabajadores de la cafetería —como lavar los baños, sacar la basura, por mencionar algunos—. Rukia solo soportaba a Nell en su hogar, por el miedo que tenía que ella en algún momento esta abriese la boca; no estaba preparada para dar explicaciones. Muchas veces sentía que la extranjera la chantajeo magistralmente. No obstante, gracias a su querido vago desquitaba parte de su ira. Además que el estúpido se lo tenía bien merecido, se repetía esto una y otra vez.

Y es que cada vez que podía le europea, le saltaba encima al desdichado vago.

Justo ahora, Rukia poseía dos nuevos empleados. De los que fue desconocedora cuando menos hasta el jueves, y eso solo porque el nuevo contador se presentó el mismo. Entre las actividades escolares y la cafetería, la Kuchiki no se daba mucho tiempo.

Iemura sería su nuevo contador. Y como ya era la costumbre usual en Ichigo no kēki sólo estaría presente una vez a la semana —aunque había estado yendo a diario con el solo fin de presentarse apropiadamente—. El segundo individuo, fue un sujeto que por extraño que parezca la enterneció. Un joven tímido llamado Yamada Hanatarō, un chef con especialidad en repostería. Cuando se enteró —Rukia—, de sus estudios intentó hablar —con resultados en vano— de que no perdiese su tiempo en un lugar tan pequeño como su cafetería. Pese a todo, y su insistencia, el cocinero decidió quedarse y con ese salario tan bajo. Aunque, si tuvo un pequeño aumento.

—Gracias por el tiempo que me permitiste ser tu contadora, Kuchiki san —Kotetsu Isane, educadamente fue a agradecer el trabajo que tuvo.

—No se preocupe —le hablaba de usted—, yo debería de agradecerle por haberme dado parte de su tiempo. Espero que le vaya bien —le dio una sincera sonrisa Rukia.

—Espero lo mismo para este lugar, Kuchiki san —hablo la previa contadora.

Muy educadamente la acompaño a la puerta.

Era domingo y la cafetería esta atiborrada, inclusive hay gente en espera de alguna mesa libre.

Michiru, Ryō, Kira y Rukia, estaban encargados de las mesas. Atendiendo a los comensales, ya sea recibiéndolos en la recepción, llevando sus pedidos, limpiando y más. Entre los cuatro, apenas y podían con la cantidad de gente reunida. Momo y Nell se encargaban de la elaboración del café y de los pasteles—más bien dicho la segunda supervisaba lo que Hinamori prepara—, hay que aclara que si no le satisfacía a la extranjera tiendía a vaciar el contenido y forzaba a Momo a preparar uno nuevo. Cuando eran demasiados intentos infructuosos, la europea lo preparaba. Fue entonces que la Kuchiki se dio cuenta de la utilidad de Nell. Por otro lado, a Ichigo y Hanatarō se les dejó una de las áreas más delicadas de la cafetería… la cocina. En un primer inicio, quiso solamente trabajar con los postres, idea rechazada por unanimidad. Sería el chef oficial de Ichigo no kēki.

—Ichigo san, hay que cortar las pechugas asadas, para ensalada de la casa; de las mesas cuatro, cinco y siete —dijo con prisa, mientras elabora la vinagreta—. Cuando hayas terminado por favor colócalas en el bol —se detuvo y lo miró por unos instantes—. No olvide —le hablaba con sumo respeto y de usted—, de colocar los tomates cherrys —suspiro— ayer tuvimos un reclamo por parte de un cliente, tome —le entregó el aderezo.

—Si, si —dijo malhumorado Ichigo.

—Hanatarō, traigo tres órdenes de crepas dulces de fresa —comentó de manera un tanto extraña.

—Claro, Rukia san —le sonrió el chef.

—Ichigo san, ¿podría pasarme el tarro de mermelada de fresa? —dijo el cocinero.

Sintiéndose torpe, el vago caminó hacia la alacena y busco entre los anaqueles la jalea; carraspeando regresó a sus actividades —una vez que lo entregó.

—Por cierto, Rukia san. ¿Me preguntaba si tendría su permiso de sustituir el postre principal de la cafetería? —se sintió algo incómodo—. ¡Será algo que también tenga fresas!, para que vaya acorde con el tema del lugar.

Indagó con nerviosismo el chef, sintiendo que aún no tenía el tiempo suficiente como para dar su opinión. El postre tienía un buen sabor y consistencia, no obstante es algo común en cualquier cafetería. Hanatarō tenía en mente el sustituir el postre principal, por algo más "exótico".

Silencio.

Ichigo dejo lo que hacía, había pasado mucho tiempo y Rukia no decía nada.

—¡Ichigo no kēki se queda! —repitió con fuerza, siendo lo último que dijo antes de retirarse de la cocina con suma premura.

Por lo que ambos vieron iba en dirección al baño de los empleados del primer piso.

—¿Habré dicho algo malo? —Musito preocupado el cocinero. El vago por otra parte frunció el ceño, podría asegurar que escucho la voz quebrada de Rukia.

—¡Que va —comenzó a cortar la pechuga—, con Rukia es difícil saberlo! —intentó no preocuparse—. ¡Tiene un humor de perros! —dijo al sobarse lastimeramente su cabeza, producto del enfado de su jefa.

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Dado el ajetreo desmesurado en la cafetería solo había podido ir al hospital a altas horas de la noche —gracias a Uryū, podía ingresar luego del tiempo de visitas—, había quedado con Ulquiorra de estar al pendiente de Orihime; para que el abogado pudiese ir a casa a descansar. Justo ese día, Ichigo tenía planeado pasar algo de tiempo de calidad con su hermana adoptiva. Y siendo lunes e inicio de semana, estaba más que listo para pedir un permiso.

—¿Has visto a Rukia, Kunieda?.

Entabló una conversación, con la administradora que leía una revista para matar el tiempo, justo después de notar que su jefa no se había dignado en aparecerse en todo el día. Es más, hasta donde sabía al parecer ella no fue a la Universidad siquiera.

—Esta… —cambió de página— arriba. Tiene bastante tarea y esta atrasada —dejo de mirar la revista y le dio un inquisitiva mirada al vago—. ¿Para qué la necesitas, Kurosaki? —siseó.

—¡Asuntos personales! —frunció el ceño.

—¿Y esos asuntos, tienen que ver con la extranjera? —continuó leyendo—. Si planeas tener un faje con ella, al menos has el favor de no informárselo al resto, por favor —exhalo.

Las mejillas de Ichigo de inmediato se pusieron del color de un jitomate, le quitó a Ryō la revista de sus manos y la arrojo al suelo, eso hizo que ella lo mirase.

—¡No digas estupideces, Kunieda!.

Espetó lo suficientemente fuerte como para que el resto de los presentes en la cocina escuchase, y de hecho, Ryō también hizo su comentario en voz muy alta. Momo, Kira y Hanatarō son los únicos presentes. Ogawa se encuentra haciendo turno en la entrada.

El comentario sordino venía a razón de los días previos.

En más de una ocasión, los empleados se sintieron incómodos del trato que la europea tenía con el vago. Para el gusto de todos, Nell era demasiado cariñosa —por no usar otras palabras—. Inclusive, en una ocasión bajo a la cocina para saludar a Ichigo con solo su ropa interior. Hanatarō se desmayó de la impresión, Kira miro al suelo avergonzado, Iemura —presente temprano sin razón aparente— sufrió de una severa hemorragia nasal. Momo corrió con un mantel en mano para cubrirla, Ogawa estaba en clases y Ryō solo negó con su cabeza.

Sin embargo, los buenos días de Rukia para con Ichigo fueron mucho menos tiernos.

Un sartén pequeño se estrello directamente contra la cabeza del vago, fue su bonita manera de interrumpirlos. Rukia ignoró por completo el reclamo de Ichigo, puesto que ella iba retrasada a la biblioteca.

El vago fue hacia el segundo piso, mientras azotaba los pies en su andar.

—¿Kunieda san? —externo preocupada la antes cocinera.

—Tan solo he dicho lo que todos pensamos, Momo —levantó la revista—. ¿Cierto, Izuru? —miro al rubio en cuestión.

El blondo exhalo.

—No hagamos más grande el asunto —sugirió sabiamente el rubio—. Concentrémonos en nuestro trabajo —silencio—, ¿podrías explicarme algunos asuntos de los que tendré que hacerme cargo una vez se vaya?.

Esa era la última semana de Kunieda Ryō en Ichigo no kēki.

A la mitad de su camino, de detuvo con un humor terrible. En su mente se repetía una serie de insultos que le diría con total libertar a la administradora. ¿Cómo se le ocurría a ella y al resto el pensar eso de Nell y él?. Bueno… si lo pensaba detenidamente, si el no estuviese en esa situación, él creería lo mismo. Exhaló con pesadez, y se puso a meditar. Desde hacía horas que tampoco sabía nada de la europea ¿dónde rayos estaría esa mujer?. Subió con más calma, al llegar al segundo piso miro a Rukia salir de su habitación —la primera puerta del pasillo.

—Oye… —aclaró su garganta— Tengo algo importante que decirte. Hay algo que necesito que hacer, ¿te importaría dejarme ir ahora?.

Silencio.

A Ichigo le pareció ver a Rukia con los ojos hinchados y rojos.

—Nos vemos mañana —musito seca.

Entonces ella camino en dirección al baño. Luego la miro subir por la escalera en caracol —cercana al tocador— y desaparecer al llegar el techo —aún no sabía que había arriba.

—¿Estaría llorando? —se dijo él.

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Dos horas más adelante se encontraba en el Templo Zenkoji (14) haciendo una importante oración. No por su cafetería, ni por su hermano o ella; sino más bien por el alma de sus queridos parientes muertos en el accidente de aviación. Hoy era el día de su aniversario luctuoso. Tomó la tira de los cascabeles y los agito un par de veces antes de que considerase que sus plegarias fueron escuchadas. Con una amarga sonrisa celebró el día. Se preguntó si su hermano de alguna manera también estaría honrando el aniversario. Algo que tenía que agradecerle a su pariente vivo, es que siempre le inculco el respeto y cariño hacia su familia —pese al poco tiempo que compartían juntos.

De hecho, desde que tenía uso de razón, para Rukia su hermano Byakuya era más un padre que otra cosa.

Durante años, fue un hombre inalcanzable, perfecto…

Más como sucede con la mayoría de los niños cuando estos crecen, se dio cuenta de los incontables defectos que poseía y su mundo de ilusiones se perdió. Dejo su limosna y procedió su retorno a casa. Justo los días de aniversario, era la regla de Ichigo no kēki el cerrar sus puertas a penas el sol se pusiese. Cuando iba a comenzar a descender por la escalinata, un par de individuos llegaban casi al término de esta.

—Ichigo… —dijo para sí misma.

Él no iba solo, sino con una mujer. De la impresión, el citado se quedó pasmado mirándola más de lo necesario.

—¿La conoces, Ichigo? —hablo la fémina a su lado. El tono de voz de ella, hizo empequeñecer de inmediato a Rukia; parecía el canto de una delicada avecilla.

—Es, mi jefa en mi trabajo —la miro al sentirse incómodo por la situación en la que se encontraron—. Orihime —explicó.

Afonía.

La mujer mencionada volteó hacia la patrona del vago. Para Orihime, la joven frente a ella era hasta cierto punto irreal. Menuda, pequeña de estatura, la miro en ese instante tan frágil como un cristal que podría romperse ante el soplo más leve. Estaba impactada, porque hasta donde recordaba de manera inconsciente Ichigo solía hacerse rodear de mujeres despampanantes y sensuales; por otro lado esa mujer rompía con todos los esquemas.

Por otra parte, Rukia miraba a la mujer más bella que sus ojos habían visto y en un solo instante sintió seca la garganta. Hasta ese momento creyó que tal beldad solo podía ser efímera, y creación de una publicidad engañosa. Más ahora que la tiene en frente, no puede negar los hechos. Alta, delgada, de buen cuerpo, con una hermosa cara y ojos delicados. La Kuchiki esbozó una sonrisa llena de amargura. Ni en sus más sordinas fantasías podría algún día competir contra ella o la europea.

—Con permiso —exclamo incómoda y con la intención de retirarse lo más pronto posible.

No obstante, a penas y pudo da un paso; porque Ichigo la detuvo. Ahora estaba más que seguro, Rukia se estaba comportando de manera extraña y eso lo preocupaba.

—¿Me puedes decir tu nombre? —pidió con suma amabilidad Orihime.

Con lentitud Rukia volteó hacia ella y luego muy suavemente retiro su brazo de la mano de Ichigo.

—Kuchiki Rukia —le costo pronunciar.

—Gracias Rukia chan —Orihime camino hacia ella y mimo tiernamente la negra cabellera—, por ser una buena niña.

Un doloroso recuerdo llegó a los pensamientos de Rukia. Se alejo asustada, y finalmente las lágrimas que pudo ocultar, brotaron como riachuelos de sus orbes violetas.

—¡Rukia! —intentó Ichigo acercarse a ella.

No obstante, temerosa la joven se alejo de él.

—¡Lo siento! —huyó como una cobarde.

—¡Espera, Rukia! —grito él desde lo alto de la escalinata.

En su descenso, la joven chocó por error con alguien que comenzaba a subir las escaleras. Un sujeto de piel pálida y ojos verde como las esmeraldas. Ulquiorra no pudo escuchar con claridad las palabras musitadas por la joven, sin embargo la miro hasta que la perdió de vista.

—¿Conocen a esa mujer? —preguntó el abogado al llegar junto a ellos.

—Yo no —respondió su esposa—. Ichigo es el que sabe bien quien es ella —le informo—. Es una chica muy curiosa.

—Lo es… —musito casi inaudiblemente el vago.

La pareja lo miro con suma curiosidad.

Esa tarde, cuando llegó al hospital se llevo una muy agradable sorpresa. Finalmente, Orihime había sido dada de alta, después de estar por demasiados días —a gusto de sus allegados— en reposo absoluto. Ishida Ryūken, dio su autorización para dejarla ir a casa. Luego de una extenuante suplica, la joven esposa convenció a su marido de llevarla al templo para agradecer. No muy convencido, Ulquiorra terminó aceptando. Justo cuando salían, una ambulancia iba entrando. Y junto con la unidad, varias personas. De entre los cuales Ichigo pudo ver a un sujeto de cabellera pelirroja.

—¿No irás tras ella, Kurosaki? —indagó incrédulo el litigante.

—¿Por qué debería ir? —se cruzó de brazos y frunció el ceño—. Ni que fuéramos algo por el estilo.

—Veo —le extendió la mano a su esposa y ella la tomo—. Solo, que me pareció ver otra cosa.

—¿Otra cosa? —cuestionó Ichigo irritado.

—Olvídalo —recalcó no queriendo iniciar una disputa el abogado—. No hagas caso a mis palabras, Kurosaki. Por cierto… —no pudo continuar, ya que Orihime lo abrazó y lo interrumpió.

—Rukia chan es tu musa, ¿verdad que no me equivoco? —dijo la antigua modelo con una jovial sonrisa de oreja a oreja.

Esas palabras lo enmudecieron de inmediato. ¿Musa?, ni que ocho cuartos.

—¡No! —vocifero pasmado el vago.

—Es muy linda —ignoró su respuesta—. ¿Cuántos años tiene, es estudiante o solo trabaja en la cafetería? —colocó un dedo bajo su mentón y continuo con su serie de preguntas sin respuesta—. ¿Sabe que eres Zangetsu?

—Escuchaste lo primero que te dije —expresó serio Ichigo.

Y es que la fémina no paro de cuestionar, pese a no haber recibido una sola respuesta —y es que justo Ichigo no hablaría.

—¿Cómo se llama? —pregunto entre la serie de indagaciones en los cuales su esposa continuaba.

—Kuchiki Rukia —hablo el vago.

—Kuchiki Rukia —repitió preocupado el abogado.

Al pie de las escalinatas recibió una llamada de urgencia proveniente del despacho, sujeto la mano de su esposa con más fuerza de lo usual —por lo que ella lo miro intrigada—. Acababa de ser informado que Kuchiki Byakuya había sido ingresado de emergencia al Hospital Quincy, el mismo donde su pareja estuvo internada por varios días. La razón aún es desconocida, el informe está siendo recopilado. Sin embargo la situación es demasiado preocupante.

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Rukia término por vagar en una plaza comercial, llegando a un sitio en particular. Se compró un libro y ocupo una de las tantas mesas de la sección de comida, en el último piso del edificio. Había decidido mantener su mente ocupada por varias horas.

—Disculpe, señorita —le hablo un oficial— cerraremos dentro de poco.

Rukia miro hacia el uniformado y luego miro la hora en su celular. Era cierto, faltaba poco para las once.

—Gracias por informarme —fingió una sonrisa.

Las luces estaban ya apagadas, dedujo que seguramente sus empleados ya se habían retirado —a excepción de la europea—. Se daría un buen baño y luego se iría a la cama directamente. Y mañana, sería un gran día. Con todo en penumbras, caminó tanteando en su andar varios metros buscando el interruptor. Encendió la luz de la cocina, justo entonces escucho una serie de extraños ruidos provenientes del segundo piso. Miro intranquila hacia la puerta que daba el acceso. Tomó un sartén de considerable tamaño y con el fue hacia la fuente de origen. Detuvo su marcha al oír el ronco gemido de un hombre preso de la lujuria. Avergonzada, Rukia bajo las escaleras lo más rápido que pudo. E inclusive salió de Ichigo no kēki, tan azorada que el corazón le latía tanto que podía percibirlo en su pecho. Su compañera de vivienda estaba teniendo sexo justo ahora. Miro hacia atrás —por donde salió—, preguntándose ¿quién sería el hombre en su cama?.

—Seguro es ese bueno para nada de Ichigo —espetó celosa.

No le sorprendería en lo absoluto, es más le parecía lo más obvio justo ahora. Su comportamiento y actitudes con el vago, dejaban mucho que desear entre todos los trabajadores de la cafetería. Y por supuesto, que él acabaría cediendo. Más algo capto su atención, ¿cómo era que Ichigo conocía a mujeres tan bellas?.

—¿Yo qué? —dijo el hombre citado en cuestión.

Rukia lo miro perpleja por varios segundos, como si fuese una especie de ilusión.

—¿Ichigo?... —temió preguntar.

—¡Ya te he dicho que sí! —externo intranquilo al tomarla de sus mejillas y apretarlas con fuerza para sacarla de su ensoñación—. ¿Segura que estás bien, enana?. ¿Estás actuando raro?.

—¡Eso me duele, idiota! —le grito y lo empujo con fuerza. Luego acarició sus mejillas—. Es solo… —silencio.

Ichigo suspiro

—¿Qué te tiene tan preocupada, Rukia?. ¿Tiene algo que ver con ese hermano tuyo? —mutismo—. ¿De acuerdo como quieras? —exhalo—, sino quieres hablar de ello esta bien —dijo molesto.

—¿Pensé... que jamás me preguntarías sobre mi familia? —dijo ella.

—¿Me contestarías si te preguntará? —hablo él—. Es tu problema —la miro de reojo—, un problema… profundo muy profundo. No tengo aún el derecho de saberlo, aún no conozco la forma… de llegar a lo más profundo de tu corazón… sin mancharme —aclaro su garganta—. Así, que esperaré —fijo sus ojos en ella—, cuando quieras hablar, cuando creas que es el momento. Habla conmigo, hasta entonces esperaré.

—Ichigo… —le agradeció con una sola palabra.

Afnoía.

—¿Frutas o té verde? —le mostró el par de bebidas el vago.

—Frutas —respondió ella.

—Toma —se lo entregó—. ¿Qué haces afuera tan tarde? —se sentó frente a la cafetería.

La joven se tensó por la pregunta tan directa hecha, y tardo en responderle.

—Decidí tomar un poco de aire fresco —mintió—, hace una bonita noche… y además —sonrió falsamente— Hace demasiado calor en la cafetería —dijo al momento de sentarse.

Ichigo chasco su lengua con molestia al abrir la lata, bebió un par de veces antes de continuar con la conversación.

—Nell está con alguien ¿cierto? —miro de soslayo la reacción de Rukia, percibió como casi escupió el contenido de su bebida. Esbozo una media sonrisa por la comisura de sus labios.

—Si —dijo ella suavemente.

El vago exhalo.

—¿Y pensaste que era yo? —dijo incómodo él.

Se sintió aprisionada y trago saliva con dificultad, con sus mejillas completamente rojas se explico al voltear hacia él.

—¡Tú tienes la culpa! —reclamo—. ¡Todos los días ella te salta encima y no haces nada para evitarlo!.

Ahora, fue él quien se sintió ofendido.

—¡Hace años que le pido a Nell que no haga esas cosas tan vergonzosas! —refunfuño—. Pero, ¿acaso crees que me ha hecho caso alguna vez? —se indigno—. Tampoco es correcto que la aviente lejos de mí.

Mutismo.

Llegaron a un punto extremo de incomodidad el uno con el otro. Se concentraron en continuar con sus bebidas. Una noche fresca de verano les brindaba una buena oportunidad de familiarizarse un poco más el uno con el otro.

—¿Cómo es que conoces a Nell? —finalmente se atrevió a preguntar Rukia. Desde hacía días que traía la pregunta en la punta de la lengua, podía ver ella y el resto que entre ellos existía más que una estrecha amistad.

Sin embargo, el vago permaneció en silencio y luego suspiro llanamente.

—Preferiría no hablar sobre ello —externó seco y de un solo trago se acabo el resto de su bebida—. ¿No entrarás a la cafetería? —cambio el tema.

—¡No con ella haciendo eso en la habitación de a lado! —recalcó azorada.

Ichigo rió por la comisura de sus labios. Dudaba mucho que Rukia continuase siendo virgen, pero él también en su lugar preferiría no tener que escucharla.

—Solo te diré entonces que tendrás que esperar por horas —le advirtió—. Una vez que Nell comienza no se detiene hasta que amanece.

—¿Habla la voz de la experiencia? —dijo con recelo.

—No. Solo te lo dice alguien que hace tiempo hizo lo mismo que tú —apretó la lata entre sus manos—, y créeme —la miro y ella también— estoy más seguro que dormirás en la calle —bostezo—. ¿Tienes algún lugar donde pasar la noche? —Rukia negó con su cabeza—. ¿Podrías quedarte con Momo? —sugirió.

—Su casa es muy pequeña —sujeto el aluminio— y no quisiera importunarla —se incomodo.

—¿Kunieda?.

—El departamento de Ryō es un caos, está terminando de empacar —abrazo sus piernas bajo su barbilla—. Ya sabes, que pasado mañana es su último día como administradora de la cafetería —expresó en un suave susurro—. Y molestar a Ogawa no me parece correcto.

Silencio.

—Quedémonos entonces aquí.

Rukia volteó hacia él, e Ichigo le sonrió y por la inercia del ameno gesto ella le devolvió la sonrisa con igual gesto. Pasaron horas hablando sobre temas sin trascendencia en sus vidas, pero que bien valían la pena para divertirse y conocerse un poco más. Mantuvieron una conversación fluida e interesante en el medio de la noche.

—¿Oye, vago?.

Si hay cosas que no cambian.

—Dime, enana.

—¿Sabes lo que es el suiboku (15)? —lo miro seriamente.

Ichigo casi se atraganta con su propia saliva. Para él, es una pregunta absurda ¡por supuesto que sabe lo que es el suiboku!.

—¿Es una comida o algo por el estilo? —fingió no saber.

Rukia exhalo con desgano y negó tristemente con su cabeza. A quién precisamente se le ocurría pedir ayuda.

—Déjalo, me olvide por completo que eres un vago bueno para nada —miro al cielo.

—¡Oye! —eso si lo ofendió, tal vez no debió hacerse el tonto por completo—. ¿Para que me preguntaste eso? —frunció el ceño.

—De que serviría decírtelo, sino me entenderías al final de cuentas —explico como si el fuese un idiota—. Mejor dejemos las cosas así.

—¡No me trates como si fuese un imbécil o algo por el estilo! —reclamo Ichigo.

—¿Cómo si fueras? —dijo a modo de juego con una segunda intención en sus palabras y luego se carcajeo al ver la reacción del vago para con ella—. Ya, ya —exhalo—. No te sulfures hombre. Es una técnica de pintura tradicional, lo más fácil para explicar es que es como trabajar con acuarela. No tiene nada que ver con la comida —lo miro divertida—, ¿es en lo único que piensa esa cabeza tuya? —picoteo la frente del vago.

—¿Aún no me explicas por qué necesitas saber de eso? —retiro la mano de ella y la sujeto contra la suya.

—Por una actividad en la Universidad.

Al parecer ninguno percibió que sus manos llevaban más tiempo del debido sujetadas la una a la otra.

—¿Qué actividad? —quiso él saber.

—El suiboku a través del tiempo como parte de la cultura japonesa, aplicada en el ámbito comercial —recitó ella.

—¿Y eso qué demonios significa? —musito de manera incomprensible—. ¿Es un libro?.

Ella negó con su cabeza y alejo su mano lentamente.

—Cada año al final del semestre en el día de la fundación de la Universidad se lleva a cabo una actividad especial —comenzó con su explicación—, lo que te dije antes es el tema de nuestro grupo. Pero, este año se expondrá a finales de Septiembre en el aniversario de la Universidad.

—¿Suiboku? —repitió el vago extrañado.

—¡Pero, justo ahora tengo problemas con saber que hacer para la exposición del siguiente mes! —sujeto su cabellera entre sus manos—. No se me ha ocurrido nada lo suficientemente bueno para elaborar —se lamento—, y al inicio del sementres tengo que presentar mi propuesta.

—¿Por qué un tema donde la acuarela sea el elemento principal?. Pudieron elegir algo mucho más sencillo por realizar —externó extrañado del tema en cuestión—, de hecho pienso que se han limitado mucho.

Rukia recargó su espalda en la pared y cerró sus ojos.

—Por Zangetsu.

Las pupilas de Ichigo se dilataron en sobremanera.

—¿Zangetsu?... —repitió contrariado.

—Si —esbozo una gran sonrisa—, es mi pintor favorito —le dijo sinceramente—. No sabes lo que daría por conocerlo en persona —se cruzó de brazos—. ¡Por que le reclamaría el hecho de que dejase de pintar esos maravillosos cuadros que hacía! —refunfuño—. Debe ser una gran persona —el sueño comenzó a vencerla.

—¿Una gran persona?.

—Si, porque es capaz de hacerme sentir paz con sus pinturas —oculto su bostezo tras su mano—. De hecho… estar contigo me hace sentir lo mismo.

Ichigo ya no fue capaz de preguntar, el peso de la cabeza de Rukia terminó apoyado en su hombro. Finalmente Morfeo la acogió entre sus brazos. Suspiro el vago con pesar, si que ella es única. Si supiera que Zangetsu y él son la misma persona ¿ella seguirá pensando lo mismo?. Por primera vez se dio a la tarea de contemplarla detenidamente. Hasta eso momento se percato de su belleza natural, no había maquillaje alguno en su rostro —a excepción del rímel en sus pestañas—, lo que miraba es autentico. Su nariz era pequeña acorde a su rostro, sus labios siempre tenido ese tono rosado como los pétalos de una flor. En realidad, ahora que la observaba a detalle, era una mujer hermosa. Balbuceó ella algunas cosas en su sueño, lo que arranco una sincera sonrisa de los labios del pintor. Beso el cabello de Rukia y le dio la buenas noches.

—No estás sola Rukia —le dijo—. Estaré aquí para ti.

Una motocicleta se detuvo frente a la cafetería —Rukia estaba tan dormida que no despertó pese al ruido del vehículo—. A Ichigo le pareció un delincuente salido de alguna infracción, fornido, alto, con un parche en uno de sus ojos y su cabello raro con cascabeles en sus puntas. Lo miro inmutablemente por varios segundos. Abrió su boca y hablo sin pronunciar nada. Dicha su advertencia se retiró y se perdió en el medio de la noche.

¿Era la imaginación de Ichigo o acababa de ser amenazado?. Le pareció que el sujeto decía —Ichigo podía comprender el movimiento de los labios—, si le haces daño te castro y me comeré tus huevos vago. Trago saliva con dificultad.

—¿Quién demonios eres Kuchiki Rukia?.

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La enfermera había terminado con su ronda esa noche, salío dejando al hombre dormido en la cama. Los resultados de los estudios estarán listos a primera hora de la mañana. El médico en turno camina hacia la sala de espera, a informarle a los sujetos presentes la poca información que posee. Una mujer y dos hombres esperan pacientemente en la madrugada de esa noche.

—¿Cómo se encuentra? —Renji fue el primero en hablar.

—Por el momento esta estable, por ello no deben de preocuparse —acomodó sus espejuelos—. Pero, me temo que no puedo responder sus dudas por ahora, al menos no con la poca información que tengo.

—¿Fue un infarto, doctor Ishida? —preguntó otro hombre presente.

Ryūken arrugó su frente.

—Como dije anteriormente, no me adelantaré a decir nada sin el resultado de las pruebas… —lo miro sin saberse como dirigirse al hombre— señor... —fue lo único que pudo decir.

—Coyote, por favor —solicitó el hombre.

—Lo único que puedo hacer por él es mantenerlo en observación durante la noche, esperemos que responda apropiadamente —firmo algo en la papeleta del paciente—. Será mejor que descansen, estará bien atendido en el Hospital.

—¿Habrá algún problema si me quedo? —exclamo la única mujer.

Los tres hombres la miraron con sorpresa.

—Usualmente solo a los familiares se les permite pasar la noche en el Hospital —aclaró el director—. ¿No tiene acaso Kuchiki san una hermana? —los miro.

—No están en buenos términos —explicó el pelirrojo.

Ryūken suspiro.

—Puedo dejarla —miro a la mujer—, pero deberá ser consciente de las consecuencias.

Silencio.

—Puedo manejar la situación —aclaró con firmeza.

—Pase entonces —hablo Ishida.

Retsu no espero más y fue directamente hacia la habitación del convaleciente, los varones la miraron ingresar.

—¿Estará bien Kuchiki sama? —pregunto preocupado el bermejo.

El galeno paso a su lado sin responder.

—¿Qué se hará con el Corporativo, Abarai san? —Stark encendió un cigarro.

—No lo se —dijo con impaciencia—, no lo se —repitió.

—Pues será mejor que tú y ella busquen que hacer —dijo el abogado.

—¿Ella? —lo miro sin comprender.

—Hablo de Unohana —fumaba con rapidez—. O la compañía entera puede irse a un pleito legal, si los accionistas se enteran de lo ocurrido. Son como buitres, esperando el momento oportuno para acercarse a la presa muerta.

Dentro de la habitación, Retsu ocupo el sillón junto a la cama y con suma delicadeza tomo la mano del hombre entre las suyas. Toco la frente de Byakuya y suspiro. En el estacionamiento del hospital, el mismo sujeto que hace días sirvió como chofer de Unohana espera pacientemente su entrada en el juego del poder.

—Cuando llega el momento, los adultos deben castigar a los niños —dijo él.


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Capitulo VII

Zorro mentiroso

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Notas de la autora:

+ Como siempre, lamento la terrible demora por actualizar.

+ El conejo de este capitulo es Unohana, o a quien se hace referencia en este texto.

+ El hombre misterioso con quien charla Unohana en el vehículo es el personaje principal del siguiente capitulo.

+ Byakuya siempre ha sabido de las dobles intenciones de Unohana.

+ Espero que sea comprensible en este punto lo que venía diciendo con anterioridad, que Byakuya no es el malo de esta historia. Es un hombre que a su modo intenta darle una vida su pequeña hermana. En lo personal, siento mucha tristeza por él.

+ La conversación entre Misato y Nell imaginenala que sucede en italiano. Lo mismo la que mantiene con Grimmjow.

+ Ichigo no escucha el inicio de la conversación entre Nell y Rukia.

+ Hay misterio alrededor del postre que le da el nombre a la historia.

+ Apuestas, ¿quién es el hombre en la cama de Nell?.

+ Parte de la conversación del manga capitulo 20 (invertí los papeles). Ichigo ahora lo dice para Rukia.


Glosario:

+ (1) Grupo Financiero Mizuho, (Mizuho Financial Group), Abreviado como MHFG, o simplemente llamada Mizuho. Tiene activos por más de $ 1.44 billones de dólares . A través de su control de Mizuho Bank,Mizuho Corporate Bank, y las filiales de explotación.

+ (2) Sensei, es el término japonés que designa a un maestro o a un doctor.

+ (3) Universidad de Sinshu, se encuentra en la prefectura de Nagano en Japón y cuenta con cinco campus en Matsumoto, Nishi-Nagano, Wakasato, Ueda y Minami-Minowa.

+ (4) Universidad de Aoyama Gakuin, abreviado a AGU ubicada en Shibuya , cerca de Omotesando , Tokio , Japón . Entre sus estudios se incluyen: "la gestión internacional", "la escuela de leyes", y "profesionales de la contabilidad".

+ (5) Escuela de Cocina y Nutrición Hattori, ubicada en Tokio. La escuela donde se forman los chefs japoneses del futuro.

+ (6) Bloothod, tecnología de comunicación inalámbrica que permite la conexión entre diferentes equipos en un corto alcance.

+ (7) Suu īto bi, día dulce (literalmente) en japonés.

+ (8) Ikinari dango, es un panecito al vapor con trozos de batata en la masa y de anko en el centro.

+ (9) Hotel Niwa, está ubicado en pleno corazón de Tokyo, capital de Japón.

+ (10) Friki, extraño, extravagante, estrafalario, fanático. Un individuo que se muestra inusualmente interesado u obsesionado por un tema particular.

+ (11) Shōnen Jump , es una revista semanal de manga, es actualmente la más vendida de Japón.

+ (12) Signora, señora en italiano.

+ (13) La Academia de Bellas Artes de Brera, (en italiano: Accademia di Belle Arti di Brera), también conocida como Academia de Brera (en italiano: Accademia di Brera) es una institución académica pública situado en el centro de la ciudad de Milán - Italia, en medio de via Brera 28. El principal objetivo es enseñar a la investigación y creativa en el arte, (pintura, escultura, gráfica, fotografía, vídeo, etc.) y culturales históricas disciplinas.

+ (14)Templo Zenkoji, templo ubicado en Nagano. Uno de los más importantes de la religión budista.

+ (15) Suiboku, es una técnica de dibujo monocromático en tinta de la escuela de pintura japonesa


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Nos vemos

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