Habían pasado tres días desde que empezaron los juegos, y ya solo quedábamos 8.
Los juegos acabarían pronto, estaba segura de eso. El entorno era abrupto y cruel, sin un lugar de escondrijo, un lugar donde evadirse. Siempre tenía que estar alerta por los tributos, por los mutos o por no morir de calor o de inanición. Porque sí, habían aparecido más mutos en la arena de los 70 juegos del hambre.
Los escorpiones eran bichitos en comparación de lo que me encontré en las ramas de los arboles. Eran una especie de lagartijas de colores vivos y mareantes, que a la que te acercabas mucho a ellas te lanzaban un veneno púrpura que te encendía ahí mismo. Pude comprobarlo con la chica del distrito 11, a la que vi prenderse desde la lejanía. Si cerraba los párpados, todavía podía verla arder.
Me sentía cada vez más inestable. Rota. Me iba tambaleando de un lado al otro de la arena, con los ojos muy abiertos, y esperando a cualquier ataque. No comía apenas, por no encontrar la comida y por no querer comer. No dormía, por no tener oportunidad y por no tener ganas. Cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día que pasaba en la arena era un infierno constante y repetitivo. Monstruos, muerte, asesinos, no había escapatoria, solo podía esperar a que alguien me matara de una vez.
Pero sin embargo tenía miedo a la muerte. Un miedo que nunca antes había experimentado. De hecho era evidente que había sido una frívola pensando que me podría dejar matar, que no ofrecería resistencia. Yo no deseaba morir, solo deseaba estar en otra parte, cualquiera que no fuera esa. De momento me había enfrentado a la muerte muchas veces, y nunca había sentido el deseo de morir, de no intentar escapar.
Me había encontrado a Elrik en dos ocasiones. La primera vez solo nos cruzamos, y corrí tan rápido como las piernas me lo permitieron, aunque no me persiguió. La verdad es que aquel sobreesfuerzo me costó caro, concretamente dos horas de descanso obligado.
La segunda vez no me escondí, porque no pude evitar sentir lástima por él. ¿Es que Mags no le había enviado nada? Me dije. Estaba delgadísimo, con ojeras de no dormir y su ropa eran prácticamente unos harapos. Había perdido el arma que ganó en la cornucopia, asesinando a alguien seguro. Sus ojos estaban vacios. Esa vez me compadecí de él, y le di alguna de mis bayas y lo ayudé a conseguir agua cavando. En la zona que estábamos teníamos que cavar durante mucho tiempo, pero no era imposible encontrarla.
Y sin decirnos nada creamos una alianza, aunque él no hacía apenas nada. Nos limitábamos a arrastrarnos por el desierto, separados por unos metros de distancia, sin hablar y sin mirarnos. Cuando uno paraba, paraba el otro. Cuando uno dormía, dormía el otro. Sé que esa fue una estrategia estúpida, pero no creí conveniente una alianza. Solo nos estábamos acompañando.
Y así se cumplió una semana, y solo hubo una muerte más, la del chico del 8, seguramente muerto por los vocacionales. Cuando se cumplió la semana, Elrik dijo las primeras palabras que le había escuchado decir desde que entramos a la arena.
—Gracias Annie
No encontré palabras para responder. Había estado tanto tiempo a solas con mis pensamientos, tanto tiempo encerrada en mi cabeza que solo supe ladear la cabeza en respuesta. Después de eso seguimos con nuestro habitual régimen de silencio y protección nula.
A veces, cuando me sentía muy sola pese a la compañía de Elrik y la vigilancia constante de todo el pueblo de Panem intentaba pensar en si salía con vida de allí. Más que pensar, fantaseaba con la idea de estar en otro lugar, en otro tiempo.
Habría averiguado mis sentimientos por Finnick, aunque en aquellos momentos ya lo tenía bastante claro. Lo comprendí cuando me envió mi segundo paracaídas plateado. Habían pasado cuatro días desde que estaba en la arena, y me estaba literalmente muriendo de hambre. Creo que fue justo después de despertarme de mi desmayo por sobreesfuerzo. Cuando desperté tenía un paracaídas a mi lado, lleno hasta arriba de terrones de azúcar, que todavía conservaba casi intactos.
En ese momento sentí una agradable sensación que me recorría el cuerpo, apenas comparable a aquella tarde preparando la entrevista. Sentí prácticamente fuego dentro de mis venas, y unas ganas locas de salir de la arena volando para abrazar a Finnick de nuevo. Era una sensación inevitable que desbordaba mis neuronas de tristeza y euforia. Tenía ganas de llorar y de reír, pero solo me podía quedar en la arena, allí sola, esperando a que alguien me sacara de allí mágicamente. Elrik no era mi amigo, no era mi aliado, no me cubría las espaldas, no nos hablábamos… ¿entonces que éramos? No lo sabía decir.
Y entonces fue cuando empecé a preocuparme por nuestra proximidad. Desde luego él no sería el primer tributo en matar a otro tributo que confiaba en una alianza. Es más, Finnick había hecho eso y cosas mucho peores. Pero aun así se le veía tan flojo y desvalido que era inevitable no apiadarse de él. Además no iba a ser yo quien traicionara a alguien en la arena.
Pero su lealtad me quedó comprobada dos días después. Estábamos durmiendo en el desierto, como hacíamos habitualmente. Serian las cuatro de la mañana, cuando un poderoso estruendo lo debió despertar, y luego él me despertó a mí zarandeándome el brazo. Nos miramos asustados intentando averiguar qué estaba pasando, y nos levantamos rápidamente a inspeccionar la zona. Y entonces los vimos.
Los escorpiones que me habían atacado al principio de los juegos se nos acercaban a gran velocidad. Ya no eran dos o tres, sino que eran al menos cincuenta, y algo me daba que no eran iguales a los que vi. Me quedé completamente paralizada, incapaz de hacer un movimiento, esperando a mi muerte, cuando Elrik me cogió del brazo y me arrastró por el desierto, pasando por colinas, la zona de las cuevas, otras partes que no supe identificar. Llegamos a otra parte del desierto que nunca había visitado, y me di cuenta de que la arena era muchísimo mas grande de lo que creía. Nos quedamos allí, contemplándonos y respirando para recuperar el aliento, mientras yo comprendía que lo nuestro era una verdadera alianza.
N/A: Lo siento, es un capítulo muy corto, pero los juegos no se podían acabar en dos dias! Gracias por tooodas las reviews, y por si nadie se había percatado, voy subiendo acorde con los capítulos que tengo echos y el numero de reviews.
Nos vemos en "El final… para algunos"
