Hola ¿cómo andan? Espero muy bien. Hoy les traigo una nueva actualización de esta adaptación que espero les esté gustando muchas gracias por los comentarios y favoritos. Como ya saben esto es una adaptación y los personajes que utilizo son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 5
Alice salió del metro y comenzó a andar hacia el piso. Tenía calor, se sentía muy sucia y pegajosa, pero sabía que era debido a su imaginación.
Sin embargo, no olvidaría en mucho tiempo las negras y brillantes criaturas que había visto al abrir el armario que había debajo de la pila en la habitación amueblada que acababa de ir a ver.
Durante la semana anterior había estado examinando todas las opciones, había recorrido un sinfín de calles, subido incontables escaleras y, aun así, parecía que estaba destinada a quedarse sin hogar en cuarenta y ocho horas.
Se dijo a sí misma que quizá estaba siendo demasiado exigente y que no estaba en situación de elegir, pero la verdad era que cualquier lugar habitable se salía de su presupuesto.
Lo único positivo era que no había visto mucho a Jasper Whitlock desde aquella tarde en que lo había conocido. Él pasaba muy poco tiempo en el piso y pensó que lo hacía adrede para no tener que verla. Seguro que estaba esperando el momento en el que ella saliera de su casa.
Cuando se levantaba, él ya había salido, y normalmente regresaba muy tarde, si es que lo hacía, por lo que ella disfrutaba del piso durante la mayor parte del día.
Cuantos menos incómodos encuentros tuviera con Jasper Whitlock, mucho mejor.
Su madre la había telefoneado dos veces la semana anterior y le había preguntado cómo le iba cuidando la casa. Ella se había forzado en admitir que había algunos pequeños problemas, pero había añadido alegremente que no era nada que no pudiera resolver.
Estaba preparando el terreno para el momento en el que tuviera que regresar a la casa de sus padres y reconocer que había fracasado. Tendría que encontrar trabajo en el pueblo e inventarse miles de excusas para no salir con el agradable Emmett McCarthy, quien, según le había dicho su madre, había preguntado varias veces por ella.
Lo peor de todo sería tratar de evitar los lugares del pueblo que asociaría con James. Simplemente con pensar en él sentía amargura… como una opresión sobre el pecho.
Pero tenía que superarlo, tenía que prepararse para su futuro… aunque no fuera el que hubiera elegido.
Al entrar por fin en el piso se detuvo. Escuchó el silencio que aseguraba que, de nuevo, estaba sola.
Dejó el bolso en su habitación, se quitó las botas y se dirigió directamente al cuarto de baño para darse una larga ducha.
Cuando terminó, se puso su albornoz de algodón y salió al pasillo… donde se chocó con Jasper Whitlock.
—¡Oh, Dios! —exclamó—. Eres tú.
—¿Y por qué no iba a ser yo? —preguntó él, mirándola—. Por si no te has percatado, vivo aquí.
—Sí, desde luego —contestó ella, deseando estar completamente vestida—. Simplemente me he… asustado. Eso es todo.
—Bueno, pues no habrá muchas más ocasiones para que ocurra —dijo Jasper—. Como estoy seguro de que ya sabes.
—¿Cómo iba a olvidarme? No te preocupes, me iré cuando acordamos.
—¿Has encontrado ya otro piso?
—Tengo un lugar a donde ir, sí —añadió ella decididamente. No quería hablar más del tema por si se le escapaba que a donde iba a tener que ir era a su casa—. Pero no es asunto tuyo.
—¿No crees que pueda estar un poco preocupado dadas las circunstancias?
—Creo que no es necesario —contestó Alice, levantando la barbilla—. Y, por favor, no me cuentes más historias de cachorritos abandonados.
—Por el momento… —comenzó a decir él, esbozando una mueca— un gatito medio ahogado parece más adecuado —entonces le apartó a ella un mechón de pelo de la mejilla.
Alice sintió cómo un escalofrío le recorría el cuerpo y se quedó impresionada ante su inesperada, e insólita, reacción.
—Si todavía te estás preguntando qué hago yo en casa a estas horas… —continuó Jasper— es porque unos amigos van a venir a cenar esta noche.
—Oh, en ese caso yo cenaré pronto y te dejaré la cocina libre.
—Yo no cocinaré; utilizo un servicio de catering, pero seguramente que agradezcan tener espacio suficiente en el que maniobrar.
—Naturalmente —concedió ella, esforzándose en sonreír—. Está hecho.
—Y cuando tenga más tiempo, me podrás hablar acerca de tu nueva casa… Allie.
Estaban en la puerta de su dormitorio, pero ella se dio la vuelta a la defensiva.
—¿Cómo has sabido que me llaman así?
—Porque alguien ha dejado un mensaje para ti en mi contestador automático y ése fue el nombre que utilizó, en vez de Alice.
—Oh, cielos, mi madre… —comentó Alice, ruborizándose.
—Yo creo que no era ella. El nombre que dejó era Esme… Esme Cullen. Quiere que la telefonees —Jasper la miró con curiosidad—. ¿Sabes quién es?
—Sí, es la agente que va a tratar de vender mi libro cuando lo termine —contestó ella—. Lo siento. Todavía no le he mencionado que me voy a mudar, pero le diré que no telefonee aquí de ahora en adelante. No te molestará de nuevo.
—Por el amor de Dios —dijo él—. No supone ningún problema… si ella tiene que ponerse en contacto contigo. ¿Y por qué no debería yo saber que te llaman Allie?
—Porque Allie es como se refiere a mí la gente de mi confianza —contestó ella con frialdad.
—Por lo que supongo que no me vas a mandar ninguna tarjeta de navidad —comentó él, apoyándose en la pared.
—Creo que es mucho mejor si seguimos tratándonos de una manera… formal.
—No obstante, debes admitir que la formalidad es un poco difícil… dadas las circunstancias —dijo Jasper, empleando un tono sarcástico.
—Circunstancias que yo no elegí. Ahora, si me disculpas, estoy segura de que ambos tenemos mejores cosas que hacer.
Con la cabeza erguida, entró en su dormitorio y cerró la puerta con firmeza tras ella. Trató de calmarse, ya que tenía el corazón revolucionado. No comprendía por qué aquel hombre la afectaba tanto y no quería que él se diera cuenta de ello.
Mientras se vestía sonrió al recordar que, a pesar de sus problemas, el libro parecía marchar realmente bien. Y una de las principales razones era haber introducido el personaje de Hugo.
En un par de semanas estaría preparada para mostrarle a Esme Cullen sus progresos.
O podría hacerlo… si pudiera trabajar en el libro durante las semanas en cuestión.
Se ordenó a sí misma que no fuera negativa, ya que, por lo menos, tenía una larga tarde por delante.
Mientras tostaba pan y calentaba unas judías para su cena, se preguntó si la mujer que había telefoneado a Jasper estaría entre los invitados. Claro que no era asunto suyo ni le preocupaba y, además, si la mujer se quedaba a pasar la noche, ambos dormitorios estaban lo suficientemente separados como para ahorrarle algún momento incómodo.
Cenó y fregó sus platos tras hacerlo. Se preparó una taza de café antes de marcharse a su habitación.
Al salir al pasillo vio de nuevo a Jasper, que estaba hablando por el teléfono inalámbrico.
—Mira, no te preocupes por eso —estaba diciendo—. Me alegro de que Carmen y tú estéis bien. No, está bien. Puedo apañármelas. Reservaré una mesa en cualquier restaurante —entonces escuchó durante un momento y asintió con la cabeza—. Asegúrate de que os hacen una buena revisión médica a ambos. Buenas noches, Eleazar. Estaré en contacto.
Al ver a Alice esbozó una mueca.
—Los propietarios de la empresa de catering —dijo—. Un coche salió a la calle principal sin mirar y se chocó directamente con ellos. No están gravemente heridos; parece que sólo tienen magulladuras y que están en estado de shock. Pero su furgoneta ha sido declarada siniestro total y, por supuesto, no pueden preparar la cena de esta noche.
— ¡Oh! —Exclamó Alice—. ¿Qué vas a hacer?
—Tratar de encontrar algún restaurante que pueda dar de comer a seis personas, aunque no tengo mucha esperanza, ya que no tengo mucho tiempo.
—¿No puedes cocinar algo tú mismo? —Sugirió ella, mirando su reloj—. Tienes suficiente tiempo.
—Tristemente no tengo esa habilidad —contestó él—. Todo lo que sé hacer son huevos… hervidos, revueltos o fritos. Y no es muy adecuado dadas las circunstancias. Supongo que no conocerás a ningún cocinero en Londres, alguien que quiera ganar un dinero extra antes del turno de noche.
—Yo puedo cocinar —dijo repentinamente Alice.
Se creó un breve silencio, tras el cual Jasper habló con mucha educación.
—Estoy seguro de que puedes. ¿Qué ibas a sugerir… espaguetis con salsa boloñesa?
—No —contestó ella—. Te estás comportando de manera condescendiente de nuevo, justo cuando estoy tratando de ayudar.
Entonces hizo una pausa.
—El plato que mi madre preparaba en caso de urgencia; pollo mediterráneo con arroz al azafrán. Es muy rápido y tiene un sabor delicioso. Sugiero algo muy simple para empezar, como salmón ahumado y un flan de frutas de la tienda de la esquina. Un poco de crema de Chantilly lo haría más especial.
—Estás hablando en serio, ¿verdad?
—Hace una semana podías haberme echado de tu casa, pero no lo hiciste. Esto nos hace estar en paz —contestó ella.
—Entonces te digo que estaré eternamente agradecido. Hazme una nota con todo lo que necesites e iré a comprarlo —dijo él, respirando profundamente.
—No me puedo creer que vayas a ir tú al supermercado.
—¿Quién está siendo condescendiente ahora? —preguntó Jasper con el brillo reflejado en los ojos.
Alice escribió una lista con las cosas que necesitaba y se la dio a él, que la leyó en silencio.
— ¿Anchoas? Creo que a María no le gustan.
— ¿Es ésa la señorita que te telefoneó? —no pudo evitar preguntar Alice—. Oh, Dios, lo siento —añadió, ruborizándose—. No es asunto mío.
—Efectivamente. Y Recuérdalo —sugirió él adustamente.
—Sí… sí, desde luego. Y las anchoas se disuelven al cocinarlas —explicó, consciente de que estaba hablando atropelladamente debido a la vergüenza que sentía—. Tu… tu amiga ni siquiera sabrá que están ahí, te lo prometo. Como tampoco sabrá que estoy yo.
—¿Estás planeando disolverte tú también?
—No —contestó Alice fríamente—. Simplemente me mantendré al margen. Después de todo, tienes que admitir que apenas he molestado durante esta semana.
—Eso… —dijo Jasper Whitlock— es una cuestión de opinión. Pero no lo discutamos ahora porque tengo que ir a comprar.
Cuando él se marchó, Alice fue al salón. Encontró un elegante mantel y servilletas a juego. Los colocó en la mesa y puso seis cubiertos de plata junto con vasos de vino. También puso los platos y, cuando estaba colocando el último, Jasper regresó.
—Has estado ocupada —comentó, deteniéndose en la puerta del comedor antes de entrar en la cocina.
—Dijiste que ibais a ser seis personas, ¿verdad?
Jasper asintió con la cabeza.
—Mi prima, Rosalie, con su acompañante actual, Riley Biers, Peter y Charlotte Harris, y María. Y yo, desde luego. Naturalmente que tú estás invitada a acompañarnos.
—Eres muy amable —contestó ella educadamente—. Pero ya he cenado.
En realidad, aunque estuviera muriéndose de hambre habría dicho que no.
Comenzó a sacar la compra de las bolsas y se sintió casi decepcionada de que él no se hubiera olvidado de comprar absolutamente nada.
—¿Puedo hacer algo? —preguntó Jasper, apoyado en la puerta de la cocina.
—No, gracias. Ahora ya tengo que hacerlo yo todo —contestó Alice. Comenzó a cortar cebolla y a rezar para que la presencia de él no le perturbara hasta el punto de cortarse un dedo—. No tienes por qué quedarte ahí. No incluí veneno para ratas en mi lista, así que no te preocupes.
—¿Te doy esa impresión? En realidad sólo estaba admirando tu eficiencia.
—Y al mismo tiempo comprobando que realmente sé lo que estoy haciendo —Alice lo miró fijamente—. No obstante, no estoy acostumbrada a tener público, así que si estás lo suficientemente tranquilo, quizá podrías ir a ver… qué vino quieres servir y ese tipo de cosas.
—Entonces me voy a elegir el vino —dijo él, esbozando una mueca—. ¿Quieres que te traiga algo de beber para que te ayude en tu trabajo?
—Creo que necesito toda mi concentración, gracias —contestó ella remilgadamente—. Pero sí que necesito vino blanco para la salsa. Nada demasiado especial.
Jasper le ofreció una marca de vino que ella aceptó asintiendo con la cabeza.
—Y, por favor, trata de tranquilizarte, cariño —pidió él—. Recuerda que me estás haciendo un gran favor, no estás pasando ningún examen crucial.
Alice pensó que aquello era muy fácil de decir, aunque no sabía por qué estaba tan nerviosa ni por qué se había ofrecido para preparar la cena. Había sido absurdo.
Pero de alguna extraña manera tal vez había querido demostrarle que no era una aprovechada con ideas presuntuosas sobre su talento y aversión a trabajar, sino que era una persona normal.
Se centró en su tarea y en poco tiempo el pollo estaba cocinándose en el horno. Preparó el salmón ahumado con limón, pan con mantequilla y cocinó el arroz al azafrán en el último minuto.
Miró la insulsa ropa que llevaba puesta y se preguntó si debía cambiarse y ponerse algo más presentable para recibir a los invitados de Jasper.
Pero de inmediato se reprendió a sí misma; se dijo que ella era la sirvienta y que debía estar en la cocina. Además, nadie iba a fijarse en lo que llevara puesto. Todavía menos el anfitrión.
A las ocho de la tarde, sonó el timbre de la puerta y oyó voces y risas en el vestíbulo. Al minuto se acercó a ella una chica alta y rubia con una encantadora sonrisa.
—Hola, soy Rosalie Halle, la prima de Jasper. Supongo que tú serás Alice Brandon, conocida como nuestra salvadora… nos has ahorrado tener que ir la pizzería del barrio.
—No creo que hubiera llegado a eso —contestó Alice, sonriendo.
—Pero a mí me habría gustado ver la cara de María si hubiera sido así —confesó Rosalie, bajando la voz—. Incluso casi habría merecido la pena —entonces miró a su alrededor—. ¿Te puedo ayudar en algo?
—Gracias, pero creo que ya tengo todo controlado.
—En ese caso, ¿por qué no vienes al salón y tomas algo de beber con nosotros?
—Es muy amable por tu parte… pero será mejor que no —contestó Alice, nerviosa.
—No mordemos. Bueno, uno de nosotros quizá sí, pero todavía no ha llegado, así que estarás bastante segura.
—Ya veo —dijo Alice, forzándose en sonreír—. ¿Estoy en lo cierto si digo que no te gusta la novia de tu primo?
—Digamos que creo que es simplemente una más para Jasper —contestó Rosalie, agitando la cabeza—. Mi primo le tiene fobia al compromiso, lo que es la razón más probable de que pase tanto tiempo en el extranjero cuando hay mucha gente competente que podría sustituirle. Parece que ha salido con todas las féminas londinenses que comparten su misma visión… o que le dicen que la comparten. Si María piensa que es más especial que otras chicas, se está engañando a sí misma.
Sintiéndose culpable, Alice se percató de que le estaba prestando demasiada atención a aquellas indiscretas revelaciones.
—Bueno, debo continuar con mi labor —dijo con firmeza.
—Pero acabas de decir que todo está bajo control —comentó Rosalie, sonriendo persuasivamente—. Ven a conocer a los otros mientras la costa está despejada.
—Es que… no sería apropiado.
—¿Por qué eres tú la que está cocinando? Oh, vamos…
—No —negó Alice, mirando fijamente a Rosalie—. Es porque yo sólo estoy aquí de manera temporal y no de muy buen grado. A tu primo no le gustaría.
—Querida, ha sido idea de Jasper. Si no, no me habría atrevido, créeme. Dijo que quizá si te lo proponía otra persona aceptaras.
—Yo creo que las cosas están mejor así —contestó Alice, mordiéndose el labio inferior.
—Oh… bueno —dijo Rosalie, suspirando. Se dirigió a la puerta de la cocina, donde se detuvo y se dio la vuelta—. Sólo por interés, y porque soy irremediablemente cotilla, ¿cómo acabaste viviendo aquí? Jasper es la última persona en el mundo a quien me imagino alquilando habitaciones.
—Fui yo la que me metí en su casa. La oferta me la hizo Garret Whitlock, que me indujo a pensar que el piso era suyo.
—Garret el Maldito, ¿eh? —comento Rosalie, riéndose—. ¿Cómo no lo había supuesto? Sin duda incitado por su desagradable madre. Haber ocupado Ravenshurst obviamente no fue suficiente para ella. Debe darle mucha rabia saber que hay otra propiedad muy apetecible con la cual no puede quedarse.
—¿Ravenshurst? —preguntó Alice.
—Era la casa que tenía la familia en Suffolk. Era una preciosa casa antigua en la cual nació Jasper. Allí creció perfectamente feliz hasta que la espantosa Tanya le echó las garras a su padre y jugó muy bien sus cartas al quedarse embarazada. Fue muy inteligente, ya que la madre de Jasper no podía tener más hijos. Mis padres dicen que fue una época horrible, pero después del divorcio la tía Clare logró recomponerse y compró este piso con un dinero que le había dejado mi abuelo. Logró la custodia de Jasper, aunque él tenía que ir a pasar parte de las vacaciones escolares bajo el nuevo régimen que imperaba en Ravenshurst. Te puedes imaginar cómo fue.
—Sí… supongo que sí… más o menos —contestó Alice.
—En cuanto murió el padre de Jasper, Tanya vendió la casa sin consultarle; aprovechó que en aquel momento él estaba en el extranjero. Ella se mudó a Londres y estuvo pasándoselo muy bien. Entonces, seis meses después, se casó de nuevo… con Aro Vulturi, de Vulturi e Hijos, la familia dedicada al negocio del vino.
—¡Oh! —exclamó Alice—. Ya veo —añadió, comprendiendo cómo había conseguido Garret aquel trabajo—. ¿Le importó mucho a Jasper que se vendiera la casa?
—No habla de ello. Pero creo que los recuerdos que guarda de los últimos años allí no son buenos.
Rosalie hizo una pausa.
—Y también tenía otro problema.
—¿El qué?
Ninguna de las dos había oído a Jasper acercándose, pero allí estaba, apoyado en el marco de la puerta. Alice se preguntó cuánto habría oído de la conversación y se percató de que se había cambiado de ropa. Se había puesto unos pantalones negros y una camisa del mismo color.
Respirando profundamente, pensó que era increíblemente guapo… pero parecía peligroso. Como una pantera.
— ¡Vaya con la tardona María Randall! ¿No puedes enseñarle reglas de urbanidad, cariño? —dijo Rosalie, sonriendo a su primo pícaramente—. Aunque supongo que la puntualidad no es una de las cualidades que más te gustan de ella, ¿verdad?
—Compórtate —contestó Jasper, agarrando un mechón del rubio pelo de su prima. Entonces miró a Alice—. De todas maneras me disculpo por el retraso. ¿Se ha estropeado la comida?
—No —aseguró Alice.
— ¿Cómo es que nos va a acompañar esta noche nuestra querida María? ¿Qué ocurrió con Kate? Me caía bien.
—Está trabajando en Bruselas durante tres meses.
—Bueno, ¿y Jessica?
—Se ha comprometido con su jefe.
—Ha decidido cortar por lo sano, ¿verdad? —preguntó Rosalie dulcemente. Pero al ver la mirada que le dirigió Jasper, esbozó una expresión de arrepentimiento—. Está bien… lo siento, lo siento. Escribiré cien veces que me tengo que ocupar de mis propios asuntos.
—Si pudiera creer que fuera a funcionar —contestó Jasper—. ¿Has convencido a Alice de que nos acompañe mientras esperamos?
Rosalie negó con la cabeza.
—Cenicienta se niega en redondo a venir al baile. Parece que la has convertido en una ermitaña… una de las pocas mujeres del mundo que no te encuentra atractivo, querido primo.
—Quizá eso sea mejor, dadas las circunstancias —comentó él secamente.
—¿Lo dices porque es alguien a quien no puedes mandar a su casa por la mañana? —Quiso saber Rosalie—. Y la has convencido de que cocine para ti. ¿Qué será lo próximo?
—Vamos a dejarla tranquila… —contestó Jasper con firmeza— antes de que malinterprete tu extraño sentido del humor y me abandone.
Entonces miró a Alice, que estaba allí de pie en silencio y que se ruborizó sin poder evitarlo.
—Alice, me disculpo por mi pariente femenino —dijo él.
—Yo siento más o menos lo mismo hacia mi hermano —logró decir ella.
Entonces observó cómo ambos primos se marchaban por el pasillo y se preguntó si realmente no encontraba atractivo a Jasper Whitlock… o si simplemente era lo que quería pensar.
