Quede muy, muy conforme con este capitulo. Lo estoy subiendo deprisa porke tengo mucha tarea, pero kería que se subiera HOY. ¡Diganme que les pareció! Mi favorito hasta ahora, definitivamente, pero lo que cuenta es la opinión de ustedes, claro.
Ok, seguro con el final querran matarme, pero bueno... ¡Ah! ¿Quieren saber que opine de ILove You? ¡Lean hasta abajo! XD
ICarly y todos sus personajes no me pertenecen, pero si lo hicieran (que se vale soñar), YO ESTARÍA EN LOS ESTUDIOS NICK, DIRIGIENDO ESTA SERIE.
− ¡Carly! ¿Parezco una persona sería, así?
La chica colgó el teléfono que tenía pegado en la oreja y se volteó para ver a su hermano. Spencer traía una camisa blanca, pantalones de vestir… Y una corbata roja, con círculos verdes que brillaban.
−Si, eres la persona más seria del mundo− dijo Carly con sarcasmo. − ¿Qué intentas?
−El señor Wence, el tipo ñoño que vino a decirme que amaba mi escultura, quiere que nos veamos con el consejo de arte de Seattle para promocionarla por todo el país− explico el chico, emocionado. − ¡Voy a ser rico, muy rico!
−No puedo creer que tu escultura de comida caducada vaya a ser famosa− comentó Carly con una risita. –El mundo está mal.
− ¡Oye! Si un presidente puede ser actor y un cantante que parece niña considerarse guapo, ¿no puede acaso la basura ser obra de arte?− dijo Spencer caminando hacia la puerta. − ¡Te veo en la noche!
− ¡Deslúmbralos!− exclamo Carly antes de que su hermano cerrara la puerta. Luego, se acordó de lo que hacía y volvió a pasar el dedo índice por las páginas del directorio telefónico.
En la mañana, la parte más importante de su plan para que sus amigos volvieran a ser novios había sido un total desastre.
Carly sabía, que ahora su única oportunidad era que Sam y Freddie pasaran tanto tiempo juntos como fuera posible. Así podrían llegar a conocerse, a dejar de intentar matarse y luego a enamorarse. Era por eso que necesitaba el casillero 239. Porque eso, aquí y en China los había obligado a pasar más tiempo juntos.
− ¡Hola! ¿Es ahí la casa de Richard White de la escuela Ridgeway? ¡No, no quiero hablar con su dinosaurio rosa!− exclamo Carly espantada y colgó el teléfono.
− ¿Cómo vas?− preguntó Mitch, apareciéndose de repente en la cocina y abriendo el refrigerador como si estuviera en su casa.
−Estoy buscando a Richard, el dueño del casillero− dijo Carly y marco otro número que venía en el directorio. − ¿Sabes? Si Sam y Freddie supieran lo que estoy haciendo por ellos, nunca más volverían a llegar tarde al show o a dejarme plantada… ¡Hola! ¿Es la casa de Richard White de la escuela Ridgeway? No, yo… ¡No tiene porque gritarme, señora!
Carly gruño y colgó el teléfono de nuevo.
−Si te hubieras sentido feliz por la relación de tus amigos, no tendrías que estar haciendo esto por ellos, en primer lugar− rebatió Mitch sacando un pedazo de pastel del refrigerador.
− ¡Yo estaba feliz por su relación!− se indigno la chica mientras volvía a marcar otro número. − ¡Solo que ellos dos son tan…! ¡Hola! Estoy buscando a Richard White de la escuela Ridgeway… ¿Eres tú? ¡Pues déjame felicitarte! ¡Te acabas de ganar todo un día de diversión en el Parque Acuático de Seattle! ¿Por qué? ¡Ah, pues…! ¡Por ser un gran alumno de la escuela, por eso! ¿Qué sacaste seis en matemáticas? ¡Ay! ¿Quieres ir al parque o no?
Mitch se rió y Carly lo miró con el seño fruncido.
− ¡Si, así es! Mañana debes presentarte a las 7:00 AM en el Parque, ahí debes buscarme, yo te daré los boletos para que ingreses todo un día… ¿Cómo me reconocerás? Hum… Soy bajita, llevo una peluca morada, tengo un gran lunar en la nariz y uso ropa de vagabunda. ¡Si, ahí te veo! Oh, no, no… No tienes que avisar a tu escuela que faltaras a clases. Yo me encargo de todo. ¡Adiós!
− ¿Sabes? Eso es engañar− comentó Mitch mordiendo el pedazo de pastel.
− ¡Y eso es comerte lo que no es tuyo! ¡No vengas a darme clases de ética, Mitch!− gruño Carly.
−Señores, él es Spencer Shay, el creador de "El rey de la basura".
Davis Wence había presentado a Spencer con una sonrisa en la cara. Frente a ellos, en una oficina bastante amplia, había unos cinco tipos (todos con traje) que lo miraban con las cejas arqueadas.
− ¡Hola!− los saludo Spencer alegremente.
−Señor Shay, tengo entendido que esta es su primera escultura hecha con cosas que saco del basurero− comentó uno de los hombres.
− ¡No, claro que no!− dijo Spencer con tranquilidad. –Siempre sacó cosas de ahí para hacer mis esculturas. Tengo una cuenta. No, lo que pasa es que es mi primera escultura hecha solo con desperdicios.
− ¿Y usted cree que un proyecto tan bizarro pueda tener éxito?− preguntó otro de los hombres.
−Bueno, yo pienso que el arte tiene diferentes maneras de interpretarse, y una puede ser…
− ¡Nos gusta!− exclamo otro hombre golpeando la mesa con el puño. − ¡Lo patrocinaremos, señor Shay!
− ¿Enserio?− preguntó Spencer sorprendido. – ¡Pero si aun no les digo nada convincente!
−Tu corbata habla por ti, muchacho− dijo el señor Wence, apretándole el hombro cariñosamente. –Todo hombre que se atreve a lucir algo así… Debe ser un gran artista.
Carly llegó a la escuela muy temprano con ojeras en los ojos… Otra vez. Decidió que lo primero que haría en cuanto completara su misión y todo volviera a la normalidad, sería dormir, dormir y dormir por mucho tiempo.
Miró a ambos lados antes de llegar a su objetivo. Por ahí, solo paso un conserje al que saludo con una sonrisa antes de que se alejara.
Por supuesto, el conserje jamás sospecharía de ella… ¡Era Carly Shay, por todos los cielos! ¡Ella nunca hacía nada malo!
Frente a ella se alzaba el maravilloso casillero 239.
Con un suspiro de resignación, Carly sacó de su mochila un par de grandes pinzas de metal y se dispuso a abrirlo.
−Esto se considera ilegal en muchos países− dijo Mitch apareciendo tras ella. – ¿De dónde sacaste eso?
−Sam las olvido la última vez que se quedo a dormir− explico ella, encogiéndose de hombros. − ¿Y crees que me siento bien haciendo esto? ¡Pues no! ¡No me siento bien! Pero es necesario.
Mitch se encogió de hombros y observo como Carly apretaba las pinzas contra la cerradura del casillero. Unos segundos después, este ya estaba abierto de par en par.
−Aquí vamos− dijo Carly.
Guardo las pinzas y sacó una gran bolsa para basura. Metió en ella todo lo que Richard tenía dentro del casillero: Desde libros, cuadernos y plumas hasta muñecos de acción, fotografías… ¿Y un taco?
− ¡Asco, asco!− exclamo Carly cerrando la bolsa y tirándola en un contenedor cercano. Con cuidado, volvió a cerrar el casillero y se acomodo el cabello.
−Ahora, a hablar con el director Franklin.
Mitch chasqueó sus dedos y desapareció mientras que la chica se encaminaba hacia la oficina de su director practicando su mejor cara de dramatismo.
Al llegar, la recepcionista le indico que pasara y Carly entro a la oficina de Franklin que estaba firmando unos papeles tras su escritorio.
−Hola, Carly− la saludo el hombre levantando la vista. –Siéntate, por favor.
−Hola, director− dijo Carly obedeciendo y ahogando un fingido sollozo.
− ¿Qué pasa?− se extraño él. – ¿Estás bien?
−Triste, director, muy triste− dijo Carly y con un pañuelo se seco lagrimas inexistentes. –Es que… ¡Oh, por todos los cielos! ¡Richard! ¡Richard White!
− ¿Qué le paso?− preguntó Franklin repentinamente preocupado.
−Anoche su madre fue a mi casa. Me dijo que… ¡Ah, es tan doloroso! ¡Tan trágico! ¡No puedo creérmelo todavía! Pero me dijo que tenía que avisarle a usted… Que yo debía…
−Oh, por Dios− se espanto el hombre. –No me digas que…
− ¡Si! ¡Richard probó el licuado especial de T-Bo en Licuados Locos y está en el hospital!
Carly fingió que lloraba y Franklin rodó los ojos.
−Y me dijo que tenía que entregarle esta carta− añadió la chica sacando un papel de su mochila. –Que era importante que la leyera.
−"Yo, Richard White, nadie más, estoy en el hospital muy gravemente enfermo− leyó el director. –Así que mientras me recupero quiero pedirle un favor al distinguido, honorable y apuesto director Franklin. Como sabrá, mi casillero, el 239, es el más deseado en esta escuela y quisiera que mientras me encuentro indispuesto, este casillero fuera otorgado a mis queridos amigos Samantha Puckett y Freddie Benson".
El director miro inquisitivamente a Carly, que se encogió de hombros, ocultando su sonrisa.
−"Mi madre ha ido por mis cosas ya. Espero que mis deseos sean cumplidos, ya que esta podría ser mi última voluntad… P.D. Quite las coles de brúcelas del menú en la cafetería, a nadie le gustan".
Franklin suspiro y dobló la carta.
− ¿Y porque su madre tendría que dártela a ti? ¿Por qué no vino ella misma a verme cuando vació el casillero?
− ¡Su hijo comió un licuado de dudosa procedencia, director!− exclamo Carly fingiéndose indignada. − ¡La pobre mujer no piensa con claridad!
−Bien, bien− acepto Franklin con resignación. –Yo veré que hago. Gracias por todo, Carly.
Spencer entró a su departamento brincando de felicidad… Literalmente. Tras él, Davis Wence cerró la puerta y torció una sonrisa.
− ¡Es increíble que vaya a hacerme rico con una escultura de comida caducada!− exclamo el chico. − ¡Es increíble! ¡Fabuloso! ¡Es increibloso!
−Lo sé, lo sé− admitió Wence sentándose en el sofá. –A la junta le encanto tu proyecto, Spencer. Pocas veces los vi tan entusiasmados. Ahora, lo único que falta es hacerle publicidad a la obra.
−Claro.
−Verás, tenemos que considerar el transporte para llevarla de un lugar a otro, personal que la mantenga… eh… "limpia", si se podría decir, fiestas para que los artistas la conozcan, para que te des a conocer tu…
− ¡Magnifico!
−Y todo te vendría saliendo en unos veinte mil dólares.
− ¿Perdón?− preguntó Spencer atónito y sin que nadie pudiera evitarlo, los pantalones se le cayeron hasta las pantorrillas.
−Tus pantalones…
− ¡Ya, ya!− exclamo Spencer acomodándoselos. − ¿Veinte grandes? Pero si usted dijo que la junta me apoyaba…
−Y te apoya, hijo, te apoya. Pero estas cosas son así. Debes gastar un poco para poder ganar después y créeme que ganaras. Hace años que no veía a nadie con un talento como el tuyo.
−Gracias− dijo Spencer no muy convencido. –Pero, aun no sé…
− ¡Vamos, Spencer! ¡Todo gran artista tiene que sacrificar un poco! ¿Tú crees que Picasso pintó la Monalisa sin haber pasado hambre, dolor y sufrimiento?
− ¿La Monalisa no la pinto Davinci?
−El punto aquí es…− lo evadió Wence tomándolo de los hombros. –Que tú tienes un gran talento dentro de ti, hijo. Lo único que debes hacer es saber explotarlo.
Spencer miró dudoso hacia el frente y poco a poco sonrió.
− ¡Hay que explotar mi talento, señor!
− ¡Así se habla!
Carly guardaba libros en su casillero con una gran sonrisa en la cara. A la mitad de la primera clase, el director había mandado llamar a su oficina a Sam y a Freddie. Ella estaba completamente segura de que todo estaba saliendo bien pero aun así, no podía evitar tener un poco de miedo… Ya iban cuatro días de la semana y sus amigos aun ni siquiera daban muestras de gustarse.
− ¡Carly! ¡Carly!− grito la voz de Sam sobresaltándola.
Corría, bajando las escaleras de dos en dos, arrastrando a Freddie de la camiseta.
−Te he dicho que no grites como maniaca en el pasillo, Sam− dijo Carly divertida.
− ¡No importa! ¡Tienes que saberlo! ¡Oh, no puedo creerlo, Carly! ¡Ahhhh!
Freddie gruño y se soltó del agarre de Sam.
−El director Franklin nos dijo que Richard White estaba enfermo y que nos dejo…
− ¡El casillero 239, Carly! ¡Que loco! ¡El 239! ¡No el 240 o el 238! ¡El 239, Carlangas! ¡Ahhhh!− Sam dio unos saltos bastante extraños frente a ellos, luego se detuvo y le dio un golpe a Freddie en el brazo. –Lo único malo es que lo comparto con él.
−Aun no entiendo porque Richard nos dejaría su casillero− comentó Freddie ceñudo. –Jamás en la vida le dirigí la palabra.
−Pues yo sí− dijo Sam.
−Si, para gritarle "¡No lances como niña!" mientras estábamos en clase de gimnasia. Luego le lanzaste el balón a la cabeza y lo dejaste inconsciente por un día entero− dijo Freddie.
−Pues obviamente eso fue importante para él− dijo Carly tratando de que nadie sospechara nada. − ¡No critiques a la gente, Freddie!
−Como sea− dijo Freddie encogiéndose de hombros. –Hay que llevar nuestras cosas al casillero 239.
− ¡Estoy tan feliz por ti!− le dijo Carly a Sam, mientras el chico iba por sus cosas. –Te mereces ese casillero. Y bueno… Lo compartirás con Freddie.
Carly dibujo una sonrisita, pero Sam gruño.
−Si, es de lo peor.
− ¡No, no! ¡Pienso que es maravilloso! Ambos podrán conocerse mejor. Ya sabes, estarán todo el día juntos… ¡Eso es bueno para mí! Es decir… ¡Para ustedes! ¡Para ICarly!
−Como sea− dijo Sam chasqueando la lengua. –Voy a ir por mi parrilla eléctrica.
−No olvides recoger tus libros también− le dijo Carly al ver que se alejaba a su casillero.
− ¿Y esos para que los quiero?
La noticia de que Sam y Freddie habían recibido el casillero 239 dio paso a muchas envidias y celos por parte de los demás alumnos. Para empezar, los amigos de Richard consideraban una traición que este hubiera donado el mejor casillero de la escuela a dos personas que ni siquiera le hablaban (una de las cuales lo había dejado inconsciente en una ocasión) y cada que se cruzaban con el director Franklin, le hacían reclamos. Por otro lado, varias porristas habían intentado persuadir a Freddie de que las dejara ocupar una parte del casillero, pero Sam les había gritado que si "el tecno-bobo" iba a compartir con alguien, sería con ella. Luego les había gritado y ellas habían huido aterrorizadas.
−Bobas− gruño Sam al verlas correr. − ¡Nadie toca mi casillero, Freddo!
− ¡Nuestro casillero!− la corrigió Freddie rodando los ojos. –En fin, estaba pensando en que podemos dividirlo a la mitad. Ya puse mis cosas, mira.
La mitad derecha del casillero estaba ocupada por libros, audífonos, cámaras pequeñas y una laptop. Sam arqueó las cejas.
−Me parece bien− dijo. –Solo… Le falta un detalle.
La chica camino hacia la mitad del casillero de Freddie, tomó todas sus cosas y con un solo brazo, las tiro al suelo. Antes de que Freddie pudiera decir "No", Sam había colocado ya una parrilla eléctrica.
−Listo.
− ¡Mis cosas están en el suelo!
−Es donde deben estar.
− ¡Sam!− gruño Freddie y levanto sus cosas. –No vas a tener una parrilla eléctrica aquí. ¡Imagina que explote o algo!
−Nenita− soltó Sam ásperamente y retiro su parrilla del casillero. –Bien, acomoda tus porquerías por ahí. Déjale este espacio a mamá.
Sam ocupo la otra mitad del casillero con comida, básicamente. Luego comenzó a pegarle estampitas por todos lados. Freddie volvió a gruñir.
−Dañaras la pintura.
La chica se incorporo, tomo una de las estampitas que apenas iba a pegar y se la puso a Freddie en la cara.
− ¿Y eso dañara tu cara? Porque si es así, juro que te pegare estampitas todos los días.
Freddie puso los ojos en blanco y se quito la estampita de la cara. Luego, con mucha dedicación, comenzó a conectar cables dentro del casillero.
− ¿Para qué es eso?− preguntó Sam.
−Estoy tratando que el programa de mi PeraPad se conecte a la puerta del casillero con estos cables de aquí. Así, cada que abramos la puerta, escucharemos música.
−Genial, Alfredo− comentó Sam torciendo una sonrisa. –Por primera vez en la vida te escucho decir algo sensato.
Carly estaba oculta a unos metros de ellos, detrás de otros casilleros. Al oír que habían dejado de pelar, sonrió encantada.
− ¿Qué música?
−La que quieras− dijo Freddie encogiéndose de hombros. − ¿Cuttle Fish?
− ¡Si! ¡" ¿Dónde quedo mi galleta?"! ¡Amo esa canción!
− ¿Enserio? ¡Es mi favorita!− dijo Freddie, luego la miró con gesto de extrañeza. − ¡Vaya, Sam! ¿Quién diría que te gusta la buena música?
− ¿Quién diría que a ti te gusta la buena música?− dijo ella con burla. –Los tipos como tú solo escuchan babosadas.
− ¿Los tipos como yo?− preguntó el chico arqueando las cejas.
−Si, ya sabes… Ñoños sin que hacer que se la pasan todo el día encerrados jugando con muñequitos y cosas así.
− ¡Yo no me la paso el día encerrado!
− ¿Entonces porque estas tan flácido?
− ¿Flácido?− preguntó Freddie y torció una sonrisa. − ¿No has visto estos brazos?
Luego Freddie hizo como si estuviera levantando algo muy pesado y flexiono los brazos de un lado a otro haciendo caras en las que pretendía aparentar rudeza.
Sam arqueó las cejas, escéptica y con facilidad le bajo un brazo y lo apretó.
−He visto mejores− dijo la chica burlonamente.
Ambos se quedaron callados por unos segundos y luego, de la nada, comenzaron a reírse a carcajadas.
Carly, tras los casilleros, dio unos brinquitos de emoción.
Spencer estaba firmando un cheque. Su cara ya no daba muestras de la duda que se había apoderado de él antes, pero su mano no se movía con la rapidez necesaria.
− ¿Qué esperas?− gruño el señor Wence con impaciencia.
− ¡Ya voy, ya voy!
Termino de trazar su firma y se dispuso a entregarle el cheque al hombre, pero cuando este lo tomo, Spencer no lo soltó, si no que lo sostuvo más fuertemente con su mano.
− ¿Quieres ser famoso y rico o no?− le soltó Wence rodando los ojos.
− ¡Si!− chilló Spencer, pero no soltó el cheque.
− ¡Dámelo ya!
− ¡Ya voy!
− ¡Debes soltarlo!
− ¡Ya sé!
− ¡Spencer!
− ¡Son veinte mil dólares!
− ¡YA!
Davis Wence logro quitarle el cheque de un solo tirón y luego lo guardo en su bolsillo.
−Bueno, iré a encargarme de lo demás. Volveré en la noche para terminar algunos detalles, ¿está bien? Nos vemos.
− ¡Señor Wence!− exclamo Spencer antes de que el hombre saliera del departamento.
− ¿Si?
−Cuide mucho a mi bebé.
Carly salió de una clase que no compartía con sus amigos y de inmediato se dirigió al casillero 239. Estaba bastante animada. Después de todo, Freddie y Sam habían compartido una conversación decente sin golpearse y parecía que les había agradado.
Pero todo su ánimo se esfumo cuando dio vuelta en un pasillo y encontró a sus amigos envueltos en una pelea: Sam le doblaba un brazo a Freddie mientras él, con el otro brazo, le estiraba el cabello.
− ¡Suéltame!
− ¡Tu primero!
− ¡Au!
− ¡Deja mi cabello, Benson!
− ¡Basta!− grito Carly y de inmediato fue a separarlos. − ¿Y ahora qué?
−Sam quiere instalar una "cerradura segura" en nuestro casillero− explico Freddie con fastidio.
− ¿Y eso qué?
− ¡Una que electrocute a la gente! ¡Y después los envuelva en una red!
− ¡Sam!− la regaño Carly.
−Solo necesito la cerradura esa porque Freddie quiere que sus amiguitas las porristas tengan un espacio en el casillero− dijo Sam y le golpeo la cabeza al chico.
−Solo porque me viste conversando con una, no tiene que ser que…
−Haber, haber− dijo Carly calmando las aguas. –Sam, no es correcto poner una cerradura para lastimar a la gente, no importa que tan genial sea ese casillero. Y Freddie, el casillero es tuyo y de Sam, nadie más puede acercarse si ella no quiere, ¿entendido?
Ambos asintieron en silencio y poco a poco se calmaron. Carly tuvo un leve Deja Vu de cuando sus amigos comenzaron a ser pareja y ella tenía que calmar cada absurda pelea que se les presentaba.
− ¿Y que se dice ahora?
−Lo siento…− gruñeron ambos.
Solo que ahora no se reconciliaban con un beso, ¡Claro!
− ¡Oh, te queríamos mostrar algo!− dijo Freddie de pronto y saco de su mochila un montón de papeles.
− ¿Qué es esto?
−Freddie y yo nos pasamos la clase de Biología anotando ideas para ICarly− explico Sam con una sonrisa. −El profesor Jackson nos dijo que dejáramos de hacerlo y nos pusiéramos a trabajar, pero…
−Sam le dijo que se callara y se puso a llorar− dijo Freddie sonriendo. –Fue impresionante.
Carly no pudo evitar sonreír. Sabía que ese "Impresionante" por parte de Freddie era un muy, muy buen avance. Más de una vez, platicando con su amigo, este le había confesado que una de las cosas que más le gustaban de Sam era eso: su habilidad para ser fuerte, tosca y hasta criminal, pero a la vez, simplemente impresionante.
− ¡Wow! ¡Son geniales!− dijo Carly cuando empezó a leer las ideas. − ¿Se les ocurrió todo esto en clase? ¿A los dos?
− ¿Qué puedo decir?− preguntó Sam, como quien no quiere darle importancia. –A veces el "Tecno-bobo" tiene buenas ideas.
−Y a veces Sam no la tira a la basura− comentó Freddie.
Ambos compartieron una risa y Carly casi se pone a saltar de felicidad ahí mismo.
¡Se estaban gustando! ¡Por todos los cielos, se estaban comenzando a gustar! ¡Carly estaba completamente segura de eso! ¡Se estaban gustando! Si no fuera porque estaban frente a ella, se hubiera puesto a bailar en ese preciso momento de lo feliz que se encontraba… ¡Todo volvería a la normalidad! ¡Vaya que sí! ¡Ella volvería a tener su vida!
Y Carly seguía gritando interiormente cuando un grito resonó por el pasillo y dejo helados a todos los que estaba por ahí.
Un muchacho, más o menos de la misma edad, se acerco hacia ellos con la ropa sucia y rota, el cabello desordenado y toda la piel manchada de algo negro y asqueroso.
− ¿Richard White?− dijo Carly entre un grito ahogado.
Richard se acerco al casillero y luego miró a Sam y a Freddie con ojos acusadores.
− ¿Qué le hicieron a mi casillero? ¿Qué le han hecho? ¡Ahhhh!
− ¿Así te dejo el hospital?− preguntó Sam arqueando las cejas. –Recuérdenme nunca ir.
−Creí que nos dejaste tu casillero− dijo Freddie confundido.
− ¡¿Qué? ¿Yo dejarles mi casillero? ¡Ja! ¿Por qué habría de hacerlo? ¡Puckett me dejo inconsciente una vez! ¡No! ¿Qué diablos pasa aquí?
−El director Franklin nos dijo que estabas en el hospital− dijo Sam. − ¡Rayos! ¡Hueles como la caja de arena de mi gato!
− ¡DIRECTOR FRANKLIN!− grito Richard White, llamando la atención de todos en el pasillo.
El director llegó hasta ellos rápidamente y miro confundido la escena.
− ¡Oh, Richard! ¿Saliste del hospital? Yo que tu, los demandaba por la falta de higiene que…
− ¡No me dejo así ningún hospital!− grito Richard, bastante histérico. − ¡Ninguno! ¡No se dé qué diablos hablan!
−Bueno, tu madre aviso que te habías tomado el licuado especial de T-Bo y que estabas en el hospital por eso− explico Franklin confundido.
− ¡Que nenita! Yo me he tomado como cinco de esos y no me ha pasado nada− murmuró Gibby entre la gente que se había formado alrededor de ellos.
− ¡Yo no tome nada! ¡Es mentira! ¿Quién le dijo algo así?
− ¡Carly Shay, por supuesto!
Todos los presentes giraron sus cabezas hacia Carly, que en ese momento apenas iba a dar vuelta por el pasillo, con su mochila ocultándole la cara para no ser vista. Al darse cuenta de que la estaban mirando, bajo la mochila y puso su mejor cara de niña inocente.
−Hola…− murmuro.
− ¿Por qué le dijiste eso al director?− grito Richard White acercándose a ella.
Carly se tapo la nariz.
− ¿Por qué hueles así?
− ¡Drenaje, eso me paso! ¡Fui al Parque Acuático porque me llamaron y dijeron que tenían un boleto para estar ahí todo el día! ¿Y saben qué? ¡Llegando busque a la mujer que me había llamado! ¡Y la encontré!
− ¿Qué?− preguntó Carly sorprendida.
− ¡Si! ¡Una vieja bajita, con peluca morada, lunar en la nariz y ropa de vagabunda!− grito el chico, bastante alterado. − ¡Y cuando le pregunte de mi boleto, me dijo que me fuera! ¡Porque resultó que era la vagabunda que vivía afuera del Parque!
− ¡Ah, si!− dijo Sam. –Ella se parece mucho a mi tía Charlotte.
− ¿Y saben que paso luego?− preguntó el chico caminando entre la gente. − ¡Ella me tomo de los hombros y me trepo al carrito lleno de basura que llevaba! ¡Luego me dijo que "debía de aprender a dejar de molestar a señoras finas como ella" y me empujo hacia el pozo de drenaje que hay afuera del Parque!
Todos hicieron caras de asco al escuchar eso último. Carly lanzó un quejido de culpabilidad.
− ¡Termine lleno de porquerías! ¡Porquerías! ¿Y todo porque? ¿Por qué Carly Shay? ¿Por qué le dijiste al director que yo estaba en el hospital?
Los ojos de la gente se fijaron nuevamente en Carly, que se encogió en su lugar con una mueca en el rostro. Su mente trabajaba a mil por hora… ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Jamás se le había dado bien eso de mentirle a las personas. ¡Que alguien la ayudara por favor!
De pronto, poco a poco, relajo el gesto y negó con la cabeza, como si estuviera compadeciendo a su compañero.
−Oh, Richard… Pobre, Richard− dijo Carly dándole unas palmaditas en el hombro sucio. –Seguro que ya te volviste loco. Pobrecito.
Todos se miraron extrañados.
− ¿De que estás hablando?− preguntó el chico.
−Bueno, ¿no es obvio?− le preguntó Carly a los demás. − ¡El pobre Richard se tomo el licuado especial de T-Bo! ¡Nadie sabe qué tiene eso! ¡Seguro lo hizo alucinar!
− ¿Qué?− grito Richard con incredulidad, pero todos sus demás compañeros hicieron gestos de comprensión. − ¡No, yo no estoy alucinando!
− ¡Oh, seguro en el hospital están muy preocupados por ti, Richard!− exclamo Carly con dramatismo. − ¡No debiste escaparte así!
− ¿Qué? Pero, yo no…
− ¡Que esto sea una lección para todos!− continuó Carly con solemnidad. – ¡Una valiosa lección! ¡No debemos de tomar licuados de dudosa procedencia nunca! ¡Hay que hacerlo, porque ahora sabemos lo que es sufrir, gracias a Richard White!
−Pero… Pero yo… No, es que…
− ¡Un aplauso para Richard!− exclamo Carly y comenzó a aplaudir, junto con sus demás compañeros.
− ¡Director!− grito el chico al ver que nadie lo estaba tomando enserio.
−Creo que será mejor que vayas a la enfermería, hijo− dijo Franklin con compasión. –Gibby, por favor acompáñalo.
−Pero, es que yo no…
−Ven con tu amigo Gibby− dijo el chico y tomo a Richard de los hombros, guiándolo hasta la enfermería.
− ¡Bueno, no hay nada que ver aquí!− grito Carly. − ¡Váyanse ahora!
Todos (excepto Carly, Sam, Freddie y el director) se encogieron de hombros y comenzaron a dispersarse por la escuela.
−Entonces, creo que quitaremos nuestras cosas de el casillero 239− dijo Freddie con una mueca.
− ¿Por qué?− preguntó Sam.
El director Franklin se cruzo de brazos y la miró con esa cara de "Eres-una-niña-irresponsable".
−Bueno, quito mis cosas− gruño la chica con el seño fruncido.
−Lo harán al final de las clases. Aun tienen que entrar a Química− dijo Franklin severamente.
− ¡Ay, pero la señorita Thompson huele a sopa cruda!− se quejo Sam.
−Andando− le dijo Freddie poniendo los ojos en blanco.
Ambos dieron vuelta por un pasillo. Carly los siguió, apenas suspirando de alivio porque todo hubiese salido más o menos bien, cuando…
−Tú no, Carly Shay.
La chica dio media vuelta, intentando no aparentar culpabilidad, aunque sabía que no estaba teniendo mucho éxito. Franklin la miraba con el seño fruncido y los brazos cruzados.
− ¿Si, director?
−Carly, creo que ambos sabemos que todo lo de Richard White y el licuado especial de T-Bo es una vil mentira. Así que quiero que me digas la verdad.
− ¿La verdad?− preguntó ella, en un quejido.
−Si, la verdad. ¿Por qué hiciste que el pobre chico quedara cubierto de porquería de drenaje?− preguntó Franklin. No gritaba, sin embargo, sonaba bastante severo.
−Bueno, en realidad… Yo no quería que Richard quedara cubierto de porquería− se defendió. –Lo único que yo buscaba era que se quedara todo el día afuera del Parque Acuático intentando entrar.
− ¿Y por qué?
Carly resoplo. ¿Cómo iba a decirlo? "Pues fíjese que pedí un deseo y gracias a un ángel entrometido llamado Mitch, Sam y Freddie no son pareja y tengo una semana para volver a enamorarlos". ¡No! ¡Obvio no iba a decir eso! ¡La mandarían a un psiquiatra! ¡Eso es lo que pasaría!
−Pues…− murmuró Carly mordiéndose el labio. –La verdad es que… Usted sabe que Sam y Freddie no se llevan muy bien.
− ¿Y?
−Que… Hace unos días, tuvimos la idea de hacer un programa: ICarly… Y yo pienso que ese programa puede tener mucho éxito pero, Sam y Freddie siguen llevándose mal y… ¡No quiero eso! Pienso que ambos podrían hacer un gran equipo si aprendieran a convivir… Y bueno, como el casillero 239 es tan famoso…
−Pensaste que eso los ayudaría− concluyo Franklin descruzando los brazos.
−Así es− dijo Carly más tranquila. Si bien no estaba diciendo toda la verdad, tampoco estaba diciendo mentiras. –Ambos son mis mejores amigos, director Franklin y quiero lo mejor para ellos.
Franklin torció la boca, pero unos segundos más tarde, le dirigió una leve sonrisa a la chica.
−Esta vez no estarás en problemas, Carly− le dijo. –Solo porque no paso a mayores. Pero, la próxima vez, intenta con algo más sutil, ¿quieres? Y tendremos que devolverle su casillero y sus cosas al pobre Richard.
−Sus cosas están ahí− dijo Carly apuntando al contenedor de basura en donde las había arrojado. –Junto con un taco…
−Eres una buena chica, Shay− le dijo el director torciendo una sonrisa. –E ICarly es un estupendo show. Mi hija lo adora.
− ¡Lo sé!
Franklin la miró sin comprender.
−Ah, es decir… Me lo imagino.
−No te metas en problemas, Carly− le advirtió el director negando con la cabeza, pero al parecer divirtiéndose con las ocurrencias de la chica. Luego, dio vuelta en el pasillo y se perdió de vista.
− ¡No! ¡Te digo que es verdad! ¡Si! ¡Tu nieto es todo un artista profesional!
Spencer bailaba en la cocina, mientras preparaba algo en la estufa con el teléfono pegado a la oreja.
−No, no… ¡Son gente decente! Claro que tendré cuidado, abuelo. ¿Qué crees que soy? ¿Un tonto?
Pero el chico soltó un grito ahogado porque de pronto se quemo la mano con la llama de la estufa.
− ¡Au! No, no paso nada… Si, también te quiero, adiós.
− ¡Ya llegue!− exclamo Carly cruzando la puerta.
− ¿Cómo te fue hoy?
−Mi vida es una total novela llena de drama y ridiculeces− dijo ella encogiéndose de hombros y tirándose en el sofá, completamente exhausta. − ¿Y a ti?
−Le pague veinte mil dólares al señor Wence para la promoción de mi escultura− dijo Spencer.
− ¿Veinte mil? ¿Qué? ¿Estás demente?− se alarmo la chica, levantándose del sofá de un salto. − ¡Eso es mucho dinero, Spencer!
− ¡No seas tacaña! Es para la promoción. Cuando mi "El rey de la basura" se dé a conocer, ganare mucho más que eso.
−Pues, si, pero antes deberías…
El sonido de la puerta al abrirse interrumpió el regaño de Carly. Freddie entró al departamento de los Shay con un libro en la mano.
−Hola− la saludo. –Se te cayó cuando corrías a esconderte de Richard White.
−Ah, gracias− dijo ella tomando el libro. –Lamento que les quitaran el casillero.
−No importa, de todos modos no creo que Sam y yo hubiéramos sobrevivido dos días juntos− comentó el chico, encogiéndose de hombros.
−Oh, te sorprenderías− murmuró Carly dejando el libro en la mesa junto a la computadora. –Además, por lo que vi ya se estaban llevando mejor.
− ¡Si, claro! Si llevarse mejor quiere decir que me dan ganas de apuñalarla cada vez que la veo, entonces sí, nos llevamos mejor− dijo el chico con una sonrisa sarcástica.
Carly negó con la cabeza pero, no se desanimo. Sabía que estaba más cerca de su objetivo… Solo tenía que avanzar un poco, un poquitito más.
− ¿Quieres quedarte a cenar?− preguntó Carly despreocupadamente.
−Bueno, eso depende… ¿Tu quieres que me qué a cenar?− preguntó el chico, enfatizando la palabra "Tu".
− ¡Freddie! Ya lo hablamos, somos amigos− dijo Carly con fastidio. –Y ahora más que nunca, no deberías de fijarte en mí.
− ¿Por qué no? Ambos estamos solteros, no tenemos a nadie… ¿No crees que es el destino?
− ¡Largo!− dijo Carly señalando la puerta.
Freddie puso los ojos en blanco, se despidió de Spencer y salió del departamento, no sin antes dirigirle una mirada de puro amor adolescente a Carly.
−Nunca se rinde− comentó Spencer con una risita. –Lo que necesita es una chica que le quite ese enamoramiento hacia ti.
−Créeme, trabajo en eso− dijo Carly mientras se sentaba en la silla de la cocina y esperaba que su hermano le sirviera la cena. –Pero mientras esa chica se decide a tomarlo en cuenta, Freddie sigue siendo mi admirador-no-secreto. ¡Nada de lo que hago para alejarlo funciona! Ni siquiera cuando he intentado que me vea con otros chicos…
− ¿Qué otros chicos?
− ¡Tengo diecisiete años, Spencer, por todos los cielos!− dijo Carly fastidiada. Ahora lo que menos necesitaba eran discursos fraternales.
−Pues, de todos modos, eso no funciona− dijo Spencer mientras le servía comida en el plato. –Los celos solo aumentan el enamoramiento de alguien.
− ¿De qué hablas?
−Que, cuando una persona está celosa, es más fácil que admita que está enamorada de alguien… Yo por ejemplo, una vez hice que… ¡Hey! ¿A dónde vas?
Carly se había levantado de golpe, había dejado su cena en el plato y había corrido a su habitación, dejando a Spencer con la palabra en la boca.
Al llegar, cerró la puerta y se tiró en su cama. El corazón le comenzó a latir demasiado rápido… Tenía que estar segura de lo que se le había ocurrido, tenía que estarlo.
− ¿Te duele la cabeza?− preguntó Mitch apareciendo en la sillita frente a su tocador. –Si me lo preguntas, creo que te estás estresando.
− ¿Sabes que paso cuando volvimos del hospital mental en el que Sam se interno por haber besado a Freddie? ¿Sabes que paso cuando llegamos aquí?− le preguntó Carly, incorporándose con brusquedad.
− ¿Comieron algo decente? Espero que sí, porque la comida en esos lugares es horrenda.
− ¡Si! ¡Pero no hablo de eso! ¡Después de que Sam y Freddie fueron oficialmente novios y Freddie se fue, Sam conversó conmigo!− exclamo Carly, emocionada. − ¡Ella me dijo…! ¡Me dijo que…!
−Descuida, Carly. Lo tengo todo grabado− la tranquilizo Mitch y sacó un control remoto de su bolsillo, lo apunto a la pantalla que Carly usaba como espejo y al instante, apareció en ella una imagen de los tres amigos, con la ropa que traían el día en que Sam y Freddie se habían convertido en pareja.
− ¡Pues de todos modos! No porque ese chico diga que viene del futuro, quiere decir que es verdad− decía el Freddie del video, sujetando la mano de Sam mientras entraba al departamento de Carly.
− ¿Se quedan a cenar?− preguntó Carly, dirigiéndose la cocina.
−Debo ir con mamá− dijo Freddie. –He estado todo el día fuera y seguro se preguntara si…
−Si llevas tus calzones antibacteriales puestos− comentó Sam con una sonrisa burlona, pero se calló de inmediato y miró a Freddie, como pidiéndole disculpas. –Lo siento. La costumbre.
−No hay problema− dijo él negando con la cabeza y dándole un beso en la mejilla. –Nos vemos mañana.
−Adiós− dijo Sam. Espero a que Freddie saliera del departamento y luego corrió hacia Carly y la sujeto fuertemente de los hombros. − ¡Me volví loca! ¿Verdad? ¡Aun no salgo de ese hospital y los estúpidos doctores me dieron antibióticos! ¡Me hacen tener alucinaciones!
− ¡No tienes antibióticos! ¡Suéltame!− dijo Carly apartándola. –Y no estás loca, Sam. Solo te falta acostumbrarte a esto… ¡Ni yo sé si podre acostumbrarme a esto!
−Si, es… Raro− confeso Sam y se movió incomoda, alejándose un poco de su amiga. –Pero, ¿es raro para ti?
− ¿De qué hablas?
−Hablo de que… Freddie, ya sabes… Fue… Bueno, tu y él… En alguna ocasión…
−Oh, no, no, no− se apresuro a decir Carly severamente. –Ni siquiera pienses en eso. ¡Fue hace tanto! ¡Sam!
− ¡Quiero estar segura de que no te molesta!
−Me parece raro, de acuerdo− admitió Carly. –Pero, ¡Creo que es maravilloso que se gusten! ¡Es lo mejor que podría haberles pasado!
−Si, claro bufó la Carly real, mientras se cruzaba de brazos. –En esos momentos no sabía que me iban a dejar plantada todo el tiempo, ni que se olvidarían del show y de…
− ¡Shhhh! ¡Estoy tratando de escuchar, niña!le dijo Mitch.
−Pues, si, pero… ¿Qué hay de…? ¡Es que tu y Freddie…!− continuó la Sam del video. − ¿Qué pasa si tu…? ¿Si tu aun le gustas?
−Freddie ya no está enamorado de mí− dijo Carly con seguridad. − ¡Grábatelo en la cabeza!
− ¿Y si sí?
− ¿Por qué insistes en tratar ese tema ahora?
− ¡Porque tiene que ver! ¡Todo tiene que ver, Carly! No sabes cuantas veces sentí ganas de partirle la cara por las caras bobas con las que te veía y… ¡Oh, había momentos en que…! ¡Parecía que a ti también te gustaba y…! ¡Como en Licuados Locos, aquella vez! ¡Bailaban! ¡Muy juntitos!
Sam se dejó caer en el sofá del departamento de Carly y bufó. Su amiga, completamente atónita, se sentó a su lado y le tomo el hombro.
−Freddie y yo somos amigos. Nada más. Quiero que te lo grabes muy bien en la cabeza, porque no es bueno que empieces una relación pensando que estás alucinando con antibióticos.
Carly intentó que su amiga se riera y le dio un golpecito en el hombro. Sam levanto la cabeza.
− ¿Y nada cambiara?
−Nada cambiara, lo prometo.
Mitch apunto el control remoto hacia la pantalla y el video desapareció. Carly lo miró con las cejas levantadas.
− ¿Cómo grabaste eso?
− ¡No es de tu incumbencia!− dijo Mitch levantándose de la sillita. –Así que, ¿Cuál es el nuevo plan?
− ¿No lo ves? ¡Estoy completamente segura de que se gustan, aunque sea un poquito! Pero, aun necesitan un ligero empujón. Y Sam estuvo celosa. Siempre. ¡De mí y de Freddie! ¿No lo ves?
−No, temo que no.
− ¡Tengo que hacer que vuelva a sentir celos!
− ¿Quieres decir…?
−Que para poder armar el Seddie… Tengo que darle forma al Creddie.
¿Me quieren matar? ¡CREDDIE! XD jaja solo jugaba... tranquilos, siempre sere SEDDIE 100%, pero esto es SUPER necesario para el fic, ¿va? No saquen los cuchillos todavía... ¿Que más? ¡Spencer! Tenganlo en cuenta porque sera importante... ¡Ah! El... "video/flashback/invento mió" que vimos aquí. Siempre pense que Carly y Sam tuvieron que haber hablado. Queramos o no, Freddie fue novio de Carly por un tiempo... ¡Tuvieron que hablarlo, porfavor! Y esta es mi versión de los hechos.
Respecto a ILove You... ¡LO AME! ¿Ustedes no? ¿Why? =P Fue completamente adorable. Si, va... ¡Cortaron! Pero, ¡SE AMAN! ¡LO DIJERON! Talvez tenían razón, ¿no? Ellos se van a los extremos, o se odian totalmente o se aman y son cursis... Creo que necesitan tiempo para hayar un punto medio. Que aprendan a ser novios pero sin dejar de ser ellos mismos. Y Dan Schineider quiere darle dramatismo a la última temporada, chicos... ¡Tranquis! Y recuerden: NO PORQUE NO HAYA SEDDIE DEJEMOS DE ADORAR ICARLY.
¡Reviews plis!
