Hola a tod s! sip, por fin actualicé!, disculpen la demora, pero estuve con terribles exámenes, y me dieron duro en el trabajo!, espero que les guste! Y nos leemos al final!
Disclaimer: Hetalia y todos sus personajes perteneces a Hidekaz Himaruya.
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Encontrar al donante llevaría tiempo, esperaba que no fuera mucho, pero era inevitable que el tiempo dejara de correr. Había un tema no menor que también tenía que solucionar: Su hija. Qué sería de ella mientras su padre biológico no aparecía?. Pero sin duda, su mayor temor era que alguna pareja quisiera adoptarla. A veces, tenía pesadillas con eso. Soñaba que una pareja feliz la tomaba en brazos y se la llevaba lejos, a un lugar desconocido, y por más rápido que corriera no era capaz de alcanzarla y así la perdía para siempre. Últimamente se había vuelto un sueño recurrente en sus noches, por eso, además de buscar a aquel sujeto, tenía que pensar la manera de estar cerca de su hija y evitar que alguien quisiera llevársela.
Recordó que por suerte, seguía siendo amigo de la directora del orfanato en el cual paso parte de su infancia y adolescencia, tal vez, ella podría ayudarlo.
Se dirigió esa misma tarde a aquel lugar, nada había cambiado desde entonces, reconocía todo con una sonrisa nostálgica, el olor a humedad con galletas de vainilla, las risas de los niños más pequeños, la actitud rebelde de los chicos más grandes, eso se le hacía muy familiar; y las parejas que se acercaban allí a buscar a un futuro hijo…en eso su sonrisa desaparece y comienza a caminar más rápido hacia la oficina de la encargada del instituto.
Tocó la puerta y esperó a que le respondieran del otro lado.
- Adelante – se escuchó
El americano ingresó con un suave – permiso – y le dedicó a la mujer que tenía en frente una gran sonrisa – Hola…tanto tiempo no? –
La mujer lo miró sorprendida, dejó sobre el escritorio los papeles que tenía en sus manos y fue directo hacia el rubio para saludarlo con un abrazo – Por Dios! Alfred! Cómo estas muchacho?, sigues tan guapo como siempre! –
Ante ese comentario Alfred de sonrojó un poco – Gracias! Tu también!, sigues tan fresca como cuando recién llegue aquí! –
- No mientas! No hace falta…ya sé que estoy vieja, pero sigo aquí con mis niños!, no te quedes parado como si no conocieras mi oficina! Toma asiento! – lo invitó a sentarse frente a su escritorio como tantas veces lo había hecho cuando este era solo un pequeño niño…y cuando ya no- Dime, qué te trae por aquí?, ah! No me digas que siguen con Diana tratando de adoptar un niño – el ojiazul la miró sorprendido de que ella supiera sobre ello – No me mires así, yo se todo lo que pasa en todas las instituciones, por lo menos las de este estado…Al, sabes que es muy complicado, no creo poder ayudarte mucho con esto –
- Descuida, con Diana sabíamos que era muy difícil adoptar, el papeleo es terrible, los trámites, las visitas a los juzgados, y los requisitos para poder progresar…son demasiadas trabas, y aunque tiempo atrás estaba maldiciendo por ello, hoy doy gracias de que sea así, por lo menos para mí ahora todo eso tiene otro significado…- explicaba con una expresión seria en su rostro, mientras la mujer lo miraba confundida –… hay una niña, a la que no quiero que adopten, y si es que alguien quisiera hacerlo, necesita poder retrasarlo el mayor tiempo posible…- terminó de decirle.
- ah-eh…qué? – la persona mayor que tenía en frente no podía creer lo que le acababa de escuchar.
- Así como has escuchado, quiero que me ayudes a mantener a una menor en el instituto el mayor tiempo posible, alejada de cualquier familia que quisiera adoptarla – volvió a hablar con determinación.
- Pero que estás diciendo! A caso te has vuelto loco muchacho! Mira…si esto es una especie de venganza contra las instituciones!...Dios Alfred! Explícate! – No quería creerlo, él no podía estar pidiéndole algo así.
- Yo no quiero vengarme de nada! Solo quiero que me ayudes a ganar tiempo para recuperar a mi hija! – le contestó sobresaltado.
- A tu qué? – si antes estaba sobresaltada y sorprendida, ahora estaba anonadada, acaso dijo a su hija?.
- hum… - suspiró sonoramente – si…mi hija, la niña que tuvimos con Diana hace unos días… - terminó diciendo con notable tristeza en sus ojos.
- Dime Alfred…y porqué la niña esta en un orfanato teniendo a sus padres?...-
- Es una triste historia…
Lo más difícil ya había pasado, que era por supuesto que Arthur aceptara ayudarlos. Ahora venía todo el tema legal. A todo esto, también tenía que controlar que ese mar de papeleos, requisitos, visitas a juzgados, asistentes sociales y demás que vendrían en camino una vez que se apele la causa, no vayan a espantar al joven inglés y lo hicieran desistir de la idea.
Primero que nada, iba a charlar con el para adelantarle algo de todo ello, no quería que se entere de todo de prepo mañana que iban a ver al abogado.
Eran las cinco de la tarde, y si bien era temprano aún, aquella época del año hacía que oscureciese más temprano. Ambos se encontraban en la pequeña sala de estar del americano disfrutando de una merienda. Es entonces, que Alfred decidió que era el momento ideal para hablar del tema.
- Arthur...- lo nombró para llamar la atención del ojiverde, lo cual funcionó.
- Si...? - respondió.
- Tenemos que hablar sobre mañana, sobre los temas que hablaremos con mi abogado – trató de hablar de la manera más natural que le pudo salir – sólo para adelantarte algo...nada de mucha importancia...-
Si había algo que al europeo aprendió en el cortísimo tiempo que tenía junto al ojiazul, era saber detectar cuando éste estaba por tocar un tema delicado y quería hacerlo pasar como algo sin importancia. Dejó la taza de té sobre la mesita y se cruzó de suavemente de brazos – A si?...bueno…cuéntame…-
-bvbvbvbvbvbbvbvbv-
Era temprano, y hacía bastante frío, es más, estaba pronosticado que nevaría aquella noche.
Ambos durmieron como la noche anterior, Arthur en el cuarto, y Alfred en la sala. Esa mañana Arthur tuvo que pedirle un favor al americano: necesitaba que le preste ropa.
- Alfred…eh…sabes, necesitaría si…, si me puedes prestar algo de ropa, ya que no eh ido a mi casa y no tengo nada, y necesitaría cambiarme…puede ser? – odiaba pedir favores, por más que el ojiazul le hacía sentir que siempre iba a estar en deuda con él, no podía evitar en el fondo sentirse una molestia.
- Claro!, toma del armario lo que quieras!, en el lado izquierdo si te fijas hay ropa que a mi que me queda algo chica, quizás a ti te quede bien! – le respondió animadamente.
- Gracias…-
- Ve tranquilo!, yo mientras tanto prepararé algo para desayunar.
Cerró la puerta de la habitación, y buscó donde le había indicado el otro joven.
Nada de lo que había allí adentro era de su estilo, pero debió resignarse a usarla, después de todo por lo menos le quedaba bien de talle. Más tarde iría a buscar algo de ropa a su casa. "Buscar a su casa…", la sola idea le provocó escalofríos, no la de recoger algo de ropa, sino, de volver a aquel lugar donde había encontrado a "su amigo" y a su novio de esa manera. Verdaderamente no quería cruzarse con ninguno de los dos, por lo menos no por un tiempo. No estaba preparado para verlos frente a frente, no sabía cómo reaccionaría ante ello, no quería volver a perderse.
Salió de la habitación y se dirigió a la cocina donde se encontraba el otro rubio.
- Y a qué hora tenemos que estar en el despacho? – preguntó apoyado desde el marco de la puerta de la cocina.
- Yo pienso que cuando terminemos de desayunar podríamos ya…- entonces se dio media vuelta para hablarle de frente, entonces lo miró de abajo hacia arriba descaradamente – oye!, veo que esa ropa te queda mejor!, hasta pareces más joven! –
- Soy más joven que tu… - aclaró.
- Pero admite que tu forma de vestir no te favorecía!, Hahaha! Parecías un viejo! –
- Cállate! No es verdad!, a parte, desde cuando vestir formal y maduramente fuese a estar mal visto! - se defendía – mírate! Acaso vestir ropa holgada es lo mejor verdad?, por favor! Quien quiere ver que ropa interior tienes puesta! –
- Así que te gusta ver mi ropa interior eh?, si quieres puedo dedicarte una! -
Arthur se puso rojo como un tomate ante aquellas "falsas" palabras que decía el americano sobre él! – Eso no es verdad!, que asco! – le gritaba mientras le tiraba con algunos imanes que encontró en la heladera.
- Está bien! Está bien! No te enojes!, era solo una broma! Acaso no escuchaste que es bueno levantarse con algo de humor? – Argumentaba mientras esquivaba los pequeños objetos.
- No me parece gracioso! –
- Ok!, ven, siéntate de una vez a desayunar! – Lo invitó a sentarse.
- Bueno…, cambiando de tema, crees que todo lo que venga será muy complicado? –
Esa pregunta desanimó un poco Alfred, pero trató de no mostrarse así delante del rubio de desordenados cabellos – No lo sé…espero que no,…no te preocupes, eso lo veremos luego… -
Estaban frente a un gran edificio, ambos entraron y tomaron el ascensor hasta el piso 10, donde se encontraba el despacho del Dr. Wildboor. Alfred tocó timbre y ambos esperaron a que los atiendan.
La secretaria les abrió la puerta y los invitó a pasar al despacho del abogado. Una vez adentro el rubio de gafas se dirigió donde este estaba sentado y lo saludó con un amistoso saludo.
- Alfred!, que haces aquí muchacho!, comenzaba a pensar que te habías perdido en el mundo! Cómo estas? –
- Hola Doc.! Como esta Ud.! Como ve, yo estoy bien, que digo… más que bien!, y no, no me perdí,…se acuerda que la última vez que vine le dije que cuando volviéramos a vernos no vendría solo?...pues bien!, henos aquí! – Se puso junto al ojiverde y le dio a este un pequeño empujoncito para que se presentara.
- Que tal, mucho gusto, Arthur Kirkland – saludo respetuosamente estirándole la mano.
- Andrew Wildboor, el gusto es mío – y le correspondió el saludo, quedándose ambos luego en silencio.
- Y?...no vas a decir nada? – le habló impaciente el ojiazul a su abogado.
- Qué quieres que diga?... – le respondió el hombre sin entender porque su amigo le hablaba preguntaba con ansiedad.
Mientras tanto, Arthur presentía que la historia iba a volver a repetirse, sin ánimos de ser parte de un diálogo histérico nuevamente, prefirió hablar él y aclararle al Dr. Quien era él realmente y porque estaba allí.
- Yo soy el donante, el padre biológico de la niña, y estoy dispuesto a cooperar con lo que sea necesario - dijo seria pero tranquilamente, mientras veía como al hombre mayor abría grandes sus ojos y lo miraba de arriba abajo.
- Qué? – Andrew estaba anonadado – es verdad esto Al? – ahora le dirigió la mirada al americano.
- Mmmm…Sip!, hahaha! Ves que no era TAN difícil! Yo! Alfred F. Jones logró lo que todos creían imposible! Como te quedó el ojo doc.! – Festejaba infantilmente ante la mirada aun sorprendida del abogado y mientras Arthur rodaba los ojos.
- Alfred F. Jones, si sigues haciendo el ridículo lograras que salga por esa puerta y no vuelva… - le dijo el inglés de modo de advertencia, pero sin verdaderas intenciones de hacerlo, sino más bien, como cuando una madre amenaza a un hijo revoltoso.
- Esta bien me cayó - y guardó silencio de inmediato - …cofamargadocofcof – dijo casi en un susurro.
- Qué dijiste? – y lo miró con los ojos entrecerrados.
- NADA! –
- Ah…mejor así. Disculpe Ud. A veces es insoportable…- le habló al Dr. en leyes.
- Hey! – se defendió Alfred.
- Ni me lo digas…- respondió el hombre.
- Oye!- volvió a decir con una mueca de disgusto.
- Chico, te conozco desde que eras un crio,…puedo dar mi opinión al respecto – concluyó.
- Hum! – y se dio media vuelta ofendido.
- Déjelo, ya se le pasará, ahora podríamos hablar sobre el tema que hizo que hoy me encuentre aquí? - Trato de una vez hablar de lo que realmente era importante, dejando de lado el reencuentro y las niñerías – Digame por favor, cómo deberíamos seguir con todo esto.
- Tienes razón, tomen asiento por favor – les dijo, con lo cual ellos y el mismo lo hicieron – En primer lugar me alegra saber que a simple vista eres una persona seria, eso es bueno para todo lo que viene – le dijo a Arthur -. Para empezar, vamos a presentar una apelación para reabrir el caso y así Uds., mejor dicho, tú, podrás reclamar la tenencia de la niña.
- Muy bien…y cuando sería eso? – cuestionó el ojiazul.
- Si están de acuerdo, mañana mismo podríamos presentarnos en el juzgado.
- Y luego?, será cuestión de papeleos, visitas y después me darán la tenencia verdad? – pregunto el ingles, esperando que el proceso no sea muy complicado. Aunque por la cara que puso el abogado, se auguraba todo lo contrario.
- Mmm, me temo que será mas que eso. No voy a mentirte, aún siendo tú el padre biológico, por las condiciones en las que te convertiste en padre no te da derecho a reclamarla. En verdad, dependerá mucho del juez que tome la causa y como sea tu compromiso para asumir tamaña responsabilidad. No pretendo asustarte, es por eso que mejor hablemos bien de esto una vez que nos concedan una oportunidad. No vale la pena adelantarse y preocuparse por cosas que no sabemos si van a ser posibles –
- Entonces, me está diciendo que aún así, aunque Arthur sea su padre de sangre, solo dependemos del humor del juez de turno, eso es todo? – decía un desconcertado y decepcionado Alfred.
- Ya te lo había dicho Al, te dije que no iba a ser fácil…., pero no hay que perder las esperanzas, no? –
….
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Se despidieron del Dr. Wildboor, y caminaron en silencio hacia la salida. Ambos se encontraban algo pensativos e inquietos por las cosas que dijo el abogado. Sin duda, no era algo que esperaban escuchar, más el americano, que después de todo, esperaba una noticia alentadora, la solución de todos sus problemas. Recordó su suerte…no, nada había cambiado… .
Caminaron un par de cuadras hasta que el ojiverde paró la marcha.
- Espera!...necesito que antes de que sigamos me acompañes a un lugar… - dijo de pronto el ojiverde – como sabes, no tengo mis cosas, y mañana necesito vestir ropa que demuestre seriedad, es por ello que ante todo me hagas un favor…necesito que vayas por mis cosas a mi casa – concluyó diciendo eso.
- …Claro! No hay problema! – el americano no sabía porque al ingles le costaba tanto pedirle algo, cuando en verdad, él estaba en deuda con él – entonces, vamos!-
Caminaron algunas calles más hasta que se encontraron en la calle de enfrente del departamento. El ojiverde volvió a parar la marcha en seco y de inmediato se escondió tras un árbol.
- Qué haces? – le pregunto divertido el estadounidense.
- No quiero cruzarme con él… -
No hizo falta que el rubio explicara más, él sabía las razones, o por lo menos se las podía imaginar, por las cuales aquel joven no quería pisar su propia casa.
- Entiendo…entonces, dame las llaves – el ojiverde sacó un manojo de llaves del su bolsillo y se las entregó al rubio de gafas – que te traigo?-
- Ehmm…toma lo que puedas de los cajones, en la parte de arriba del armario hay un bolso, mete todo allí por favor, ah! No te olvides de traerme algunos trajes…, y lo más importante, debajo de la cama hay una pequeña caja…-
- Muy bien,…entonces: el bolso, la ropa, los trajes y…ehmmm…-
- LA CAJA! –
- Si, si..la caja! –
- te vas a acordar de todo?...o quieres que le lo anote? – le habló ácidamente.
- Toma mi mochila! Y vigila y avísame si viene alguien! – se fue ofendido con él.
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Mientras abría la puerta rápidamente, miró a ambos lados para asegurarse que nadie lo estaba mirando de manera sospechosa y entro como un rayo. Desde el otro lado de la calle, Arthur lo con los ojos en blanco, pensaba que si el objetivo del americano era acaso no llamar la atención, era obvio que actuando como un maniático no lo iba a lograr. Lo único que esperaba que se apurara y saliera rápido antes que su ex-amigo llegara a la casa, con ese francés nunca se sabía nada y tenías que estar preparado para cualquier cosa…eso lamentablemente lo sabía muy bien.
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Una vez adentro divisó fugazmente todo el departamento, si bien de afuera se veía un poco sombrío y gris, por dentro era totalmente diferente. Habían muebles y objetos modernos, todo decorado al estilo posmodernista. No le costó adivinar cuál de las habitaciones era la del ingles, ya que ambas se diferenciaban radicalmente, mientras una era demasiado extravagante, la otra estaba adornada al estilo clásico inglés, en otras palabras…aburrida. Entró a la habitación y siguió las indicaciones del ojiverde. Cuando terminó, en vez de salir rápido, se distrajo con una foto que se cayó mientras recogía la ropa. Se trataba al parecer de Arthur, que estaba acompañado de cuatro personas más. Un hombre mayor, tres jóvenes y el rubio que parecía no tener más de diez años de edad. Le llamó la atención ver tristeza en la cara de aquel niño. Se guardó la foto en su abrigo y se dispuso a Salir de aquel lugar.
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Arthur estaba esperando ansiosamente en la vereda de enfrente. Lo ponía muy nervioso el hecho del que el francés podía llegar en cualquier momento y el americano no salía aun. Trató de tranquilizarse, pero de repente al ver aquella figura conocida doblar por la esquina comenzó a entrar en pánico. Era ni más ni menos que el bastardo barbón. Muchos sentimientos surgieron dentro de él, por una parte sentía una rabia terrible por su traición, pero por otra una angustia que oprimía su pecho. Sin duda alguna, aunque ambos sentimientos batallaban intensamente dentro de él, había uno que sobrepasaba a todos, ese era el miedo de que el francés descubra a Alfred dentro de la casa. En un segundo, pensó en mil maneras de que eso no sucediera, pensó en tomar su celular y marcarle al americano para avisarle, pero este se lo había olvidado en su bolso. Luego, pensó en interceptar a su ex-compañero de vivienda, pero la descartó al instante. No sabía qué hacer, para peor, vió como una sombra se movía de una lado a otro frente la ventana del primer piso. No podía ser cierto, pero si lo era…qué hacia el americano en la habitación del francés?. Las cosas no podían estar peor, para colmo el dueño de casa se encontraba ya abriendo la puerta. No tenía muchas opciones ante eso, y lo sabía, pero cual elegir?... .
Si se quedaba donde estaba o se iba y dejaba a la buena de Dios al muchacho, indudablemente las cosas no iban a terminar bien; lo más seguro es que el rubio de barba lo confunda con un ladrón y todo terminara con la justicia de por medio, lo que complicaría muchísimo a futuro en el proceso de recuperar a la pequeña. Pero si intervenía no podría predecir lo que iba a suceder, y él también tenía que hacer buena letra ante la justicia.
El de melena ya había ingresado a la casa, debía pensar rápido qué hacer… .
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Escuchó ruidos desde la planta baja, se asomó a la baranda de la escalera y fue en entonces cuando lo vio. Por poco comenzaba a dar vueltas en círculo, pero por impulso volvió a meterse en el cuarto moderno. Mala idea… . Se escondió infantilmente debajo de la cama a la espera a que mágicamente todo se solucionara.
El parisino entró a su habitación y comenzó a canturrear una canción en su idioma natal.
De repente, el extranjero comenzó a desvestirse y Alfred veía como la ropa caía al piso lentamente. Vio con horror unas piernas peludas y un calzoncillo con corazoncitos deslizarse por ellas. Se quería morir, no le podía estar pasándole aquello.
No sabía cómo iba a terminar todo…pero bien era seguro que no. Solo quedaba esperar… .
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Huy! Como tarde en actualizar! Pero traté de hacer un capitulo más largo de los que suelo escribir!, ah! Por cierto, yo soy de escribir un poco todos los días, la pregunta es: prefieren que actualice más seguido pero con caps. Más cortos ó cap. Más largos pero bueno, con esta misma frecuencia?, quedo a la disposición de Uds.. Con respecto a una pregunta que me hicieron la otra vez, tengo varias "sobrinitas", que comenzaron a hablar entre lo meses, (yo personalmente comencé a hablar a los 7 meses (tampoco la pavada, peeero algo se entendía!), Emma tiene aprox. 10 meses, entonces presumí que bueno, podía balbucear algunas palabras. Espero que les haya gustado este cap. Lo dejé en suspenso, chan cha cha channn! Nah! Ya adivinaran algo! XD. No sé cuántos cap. Va a tener esta historia, dependerá de mi y de Uds. Por supuesto! Los dejo por el momento!, no estamos leyendo! Saludillos! Mia Rosen.
