HOLA CHICAS! gracias a todas las que leen mi historia! espero que os esté gustando, tengo que decir que la historia sí es mia, no es adaptación, aunque como sabeis los personajes son de stephanie Meyer.
aqui os dejo el capitulo 6, bsssss
Capitulo 6: No eres mi prometido
Bella estaba sentada entre sus 4 amigas y respiraba satisfecha y feliz por haber dejado plantado a Edward Cullen y haber escapado a las 2 menos cuarto a su cita con Rose, Ángela, Jessica y Kate. Pensaba disfrutar de su comida con ellas en ese restaurante francés tan sofisticado y elegante que tanto les gustaba a las cinco.
- Y bien, Isabella Swan, me encanta que quedemos todas de vez en cuando, pero ¿a qué se debe?- Kate fue directa al grano, ella nunca se andaba con rodeos.
Bella suspiró y miró a sus amigas una por una. Rose, era la fuerte del grupo, la que siempre las defendía y les ponía las cosas claras, no se jugaba con Rosalie Hale, ella era una mujer de armas tomar, una abogada que si seguía de imparable como hasta ahora terminaría por convertirse en la mejor de la ciudad y una genial mecánica en sus ratos libres, los coches eran su pasión, pero quiénes la conocían sabían que tenía un corazón enorme, que en el fondo era sentimental y que soñaba con que su príncipe azul, de nombre Emmet Cullen, viniera en su ferrari rojo a rescatarla de una vida de solterona. Ángela, era la mas dulce y callada, también la más ingenua, era fácil engañar a Ángela Weber. Reservada con sus cosas, resultaba difícil saber qué pasaba por su cabeza, enormemente intuitiva, sabía escuchar y sabía cuando dar un consejo o cuándo mejor guardárselo para si misma. Maestra del colegio donde ella misma había estudiado, adoraba su trabajo, segunda pasión, la primera, su eterno novio, Ben. Jessica era otro cantar, habladora y cotilla, todas sabían que había cosas que no se le podían contar a Jessica porque al día siguiente todos sus conocidos estarían enterados. Una razón más por la que Bella había quedado con ella, no sería discreta con Cullen. Jessica Stanley, con su larga melena rizada iba siempre de conquista en conquista buscando a su hombre ideal, una lástima que ni Mike, ni Taylor, ni Erick, ni Quil, ni Embry… lo fueran, pero ella no perdía la esperanza. Intrépida periodista, su columna era una de las más leídas en toda Escocia y podía presumir orgullosa de que era por su enorme talento. Por último miró a Kate, audaz, luchadora y con una imaginación infinita se había convertido en una escritora de renombre, Bella sentía ante ella una verdadera envidia sana. Kate sí consiguió su sueño. Poseía un talento envidiable para crear escenas y situaciones inverosímiles, las usaba a ellas en sus novelas y disfrazaba su realidad como se le antojaba. En su segundo libro, el telón de fondo fue la rebeldía de Bella a sus 18 años. Su amiga nunca se enfadó porque usara su vida, era Kate Denali. Fuerte e imparable como un huracán, separada de su familia cuando apenas era un bebé, lo único que conservó de ellos fue el apellido y el conocimiento de que en algún lugar del mundo tenía a una hermana tan rubia como ella, pero de la que ni siquiera sabía su nombre.
Bella quería a sus amigas y sabía que tenía que contarles su próxima boda antes que a los demás, que se enterarían por la fiesta de compromiso de la que había escuchado hablar a Charlie y Renné antes del desayuno.
- Tengo una noticia que daros. Voy a casarme.
Un silencio inundó la mesa, todas se quedaron sin respiración, incluso Bella, que esperaba ansiosa la reacción de sus amigas. Pasó un minuto, dos, pasaron mas de cinco minutos y ninguna decía nada. Por fin llegó el camarero para anotar su pedido y el ambiente se relajó. Rose, que miraba fijamente a Bella se dio cuenta enseguida que su mejor amiga, no bromeaba.
- Y traiga una botella de vino, por favor.- Pidió la rubia, presentía que lo iba a necesitar. Cuando el camarero se hubo retirado fijó su atención en Bella.- Bien, Bella. No es una broma, ¿cierto? Tú no sabes mentir. ¿Y se puede saber con quién te casas?
Y ahí iba la noticia.
- Con Edward Cullen.- susurró bajito, pero todas escucharon.
- ¿Edward Cullen? ¿El hijo de sir Carlisle Cullen?- Bella asintió con miedo ante la efusividad de Jessica. Daba miedo cuando se emocionaba.- ¡Oh Dios mio! ¿Pero cómo es eso? Es uno de los solteros mas cotizados del Reino Unido, hasta yo he escrito alguna vez sobre él.
- ¿Pero desde cuándo sales con él?- La pregunta de Kate era una de las que más esperaba. Ahí comenzaba el teatro, si lograba engañar a sus amigas, lograría engañar a todo el mundo de que se casaba locamente enamorada.
- Ya sabéis que las familias son amigas y que tenemos negocios en común, nos conocimos en una reunión en Brighton aquella vez que fui a ver a mi tia abuela Marie y desde entonces salimos, pero queríamos llevarlo con discreción hasta ver cómo se iban dando las cosas.
A su parecer el discurso había sido muy convincente y ellas la habían creído, lo veía en las caras de Ángela, Jessica y Kate, ¿pero Rose?
- ¿Edward Cullen es el mismo Edward de la otra noche?- Bella asintió tímidamente, temiendo que Rosalie no se tomaría nada bien eso.- Bien, ¿dónde está esa copa de vino?
El camarero les llenó las copas y Rosalie vació la suya casi de un trago ante la atónita mirada de sus cuatro amigas.
- Espero que me expliques por qué te casas con un hombre como ese, creí que juraste que no querías saber nada más de él, no que te meterías en su cama con la intención de que sea para toda la vida.
- Estoy segura de que quiero casarme con él, Rose. Lo de la otra noche fue una discusión sin importancia.
Rosalie iba a contestarle a su amiga que por supuesto no había parecido una discusión sin importancia y que todo era demasiado extraño como para creérselo. Pero alguien las interrumpió.
- Siento la tardanza señoritas, a mi prometida se le olvidó decirme el nombre del restaurante, veo que ya ordenaron pero me gustaría poder acompañarlas. Una discusión sin importancia que no se volverá a repetir, ¿verdad pequeña?
Las cinco amigas se quedaron mudas, ¿Bella había dicho algo de que su prometido las acompañaría a comer? Tal vez si y ellas ni se acordaban debido a la bomba de noticia que les había lanzado, el hecho de que Bella Swan se casara dejaba en un plano muy alejado incluso a un tan sexy y atractivo prometido como Edward Cullen.
Bella estaba totalmente desconcertada y furiosa, se las había ingeniado para salir del edificio sin que él la notara, no le apetecía pasar toda una comida con alguien como él y tener que soportar todas sus petulancias. ¿Pero qué hacía indicándole al camarero que le acomodara un asiento a su lado? Debía reconocer que estaba sumamente atractivo en ese momento, vestía el mismo traje con el que esa mañana lo había visto pero el viento que hacía fuera le había desordenado un poco más su rebelde y broncíneo cabello. Parecía mas un personaje mítico que un ser humano.
- Por suerte la secretaria de Bella sabía donde os encontrabais. Cariño, ¿no me presentas a tus amigas?
Bella salió de su trance, respiró profundo una vez más y procedió a hacer las respectivas presentaciones, no pudo decir las palabras "mi prometido" sin ahogarse, asi que simplemente lo presentó como Edward Cullen. Ángela le saludó tímidamente, Kate con una mirada analizadora, Jessica con su siempre presente coquetería, pero Rose lo fulminó con la mirada.
- Y dime Edward, ¿cómo conseguiste que Bella, que siempre ha sido reacia al matrimonio, acceda a casarte contigo?- Salía a flote la curiosidad periodística de Jessica.
- Bueno, fue bastante fácil, esta pequeña está dispuesta a convertirse en la nueva señora Cullen, ¿y qué más puedo hacer yo? Por nada del mundo le diría que no me casaría con ella.- Edward quemó con la mirada a Bella, él había pretendido que las chicas creyeran que era una muestra de amor, pero ella sabía que era más una advertencia de que daba igual lo que hiciese porque él no rompería su palabra dada.
- Pero Eddie también está deseando que llegue la boda, por eso se celebrará en unas semanas más.- Ahí la noticia Bella, ella había escuchado que en la fiesta de compromiso se anunciaría la boda para dentro de un mes, lo que le daban unas cinco o seis semanas, Edward no se podría haber imaginado que iba a dejar de ser un hombre soltero tan pronto. Soltó un gruñido, tanto por la cercanía de la fecha como por el diminutivo con el que ella lo había llamado, siempre lo había odiado. Edward pensó que si las amigas de su prometida creían que él era el más caballeroso y enamorado de los hombres sería mejor, quería divertirse en esa comida.
- ¿Un mes?- Rosalie no escondió su sorpresa.- Creo que eso se merece un brindis, ¿cierto? Bien, Edward Cullen, tienes que saber tres cosas de Bella antes de casarte con ella: odia los barcos, odia la palabra matrimonio y no sabe mentir. Así que espero que estéis seguros de lo que hacéis Bella porque todo esto es muy raro, aun así os deseo la mayor felicidad del mundo.- Rosalie levantó su copa, los demás la imitaron, Edward y Bella un tanto desconcertados.
- Rosalie estamos seguros de esto.- Edward miró a la rubia amiga de Bella y le lanzó "su mirada", esa con la conseguía confundir a la gente y convencerles de que hicieran lo que él quisiera. Ella en cambio le frunció el ceño y susurró un "todos los Cullen son igual de creídos". Edward decidió dejar pasar ese comentario mordaz pues no tenía ni idea de a qué se refería. Pero Bella sí y sabía que llegaría el momento en que su amiga la acribillaría en un intenso interrogatorio en el que se vería obligada a contarle toda la verdad.- De hecho, Isabella solo piensa en la boda y en lo que vendrá después, por eso me comentó que iba a pedirles que pasaran un día de compras para obtener todo lo necesario acerca de fina lencería que desea llevar a nuestra luna de miel. – Edward recordó que una vez su hermana Alice le contó que había conocido a Isabella Swan, pero cuando ella había mencionado las compras, esta había huido excusándose en cualquier cosa.-Yo le he dicho que aunque eso me encantaría, no sería necesario, pues llevo esperando por ella mucho tiempo, esta pequeña se pasará todo el tiempo desnuda en mi cama.
Bella en ese momento se atragantó con la fondue que comía, ¿acababa de decir que estaba deseando tener sexo con ella? ¿La acaba de mandar a comprar lencería para él? Bella se pasó las manos por la cara, comprar lencería no entraba dentro de las funciones como esposa que ella pensaba desempeñar. Sentía su rostro enrojecer más por momentos, no era necesario que las palabras de él sonaran tan jodidamente sexys y seductoras, ella desnuda con él en una cama… definitivamente no podía dejar que eso pasara.
- Un momento, ¿vas a casarte con un hombre con el que no has tenido sexo? ¡Estás loca! Necesito otra copa de vino- Bella no pudo evitar reir, Jacob había tenido la misma reacción que Rosalie. Además era su turno.
- Si, el pequeño Eddie no ha salido todavía a jugar.- Bella dijo eso con voz melosa y un tanto burlona. ¡Lo había llamado pequeño Eddie! Encima ella se atrevía incluso a cogerlo de la mano y a soltar una escandalosa carcajada.- Es muy conservador- terminó con tono de burla.
- Bueno es muy romántico, ¿no?- Ángela, que había estado solo escuchando todo el rato, decidió que era momento de intervenir. Intuyó que aquello se podía convertir en una cruzada entre los dos enamorados prometidos.
- Pero innecesario, ni que Bella fuera virgen.- Bella fulminó con la mirada a Jessica, no quería que sus amigas empezaran a opinar sobre su vida sexual. Pero una vez iniciada la conversación no podía escapar de ella.
- Es cierto, Bella dejó de ser virgen a los… ¿18? En aquel viaje loco tuyo con Jacob, pero no nos ha dicho con quien fue, ¿acaso a ti si te lo ha contado? No, claro que no, nunca se lo ha contado a nadie. No es que Bella se haya acostado con muchos hombres, eso has de saberlo, pero el primero es un misterio para todas.- Kate se había enfadado con Bella cuando ella no había querido revelarle la identidad del chico, ni a ella ni a nadie, era el secreto de Bella y Kate se tuvo que quedar con las ganas de introducir al verdadero personaje en su novela y los verdaderos detalles.- ¡Oh pero Jacob lo sabrá! Él era quien te acompañaba en tu viaje.
- ¿Con que ese lo sabe?- Refunfuñó Edward.
Bella quería encogerse, hacerse pequeñita y desaparecer, no le estaba gustando para nada que sus amigas hablaran sobre eso delante de Edward, Jessica siempre tan indiscreta, Kate con su curiosidad y Rose… bueno Rose a estas alturas estaba medio borracha a causa de la media botella de vino francés que ya se había bebido ella sola. Estaba tratando de encontrar las palabras para responder porque todos la miraban a ella, pero es que se había quedado sin palabras. Edward Cullen había conseguido sus objetivos, comer con ella y hacerle pasar un rato incómodo y bochornoso. Por suerte su móvil sonó, dándole la excusa perfecta para no contestar a las miradas interrogantes de los cinco acompañantes. Era Jacob quien llamaba, su angustia volvió, pues sus amigas sabían que ese era su tono de llamada, querrían hablar con él, le preguntarían con quién había perdido Bella la virginidad y ¿qué diría Jacob? Su rostro se iba poniendo cada vez más rojo, sentía que ardía de la vergüenza, si sus amigas supieran…
- Hola Jake
- ¿Es Jacob? Pásamelo.- Kate extendía el brazo intentando llegar al móvil de Bella pero esta pensó que lo mejor sería que solo ella hablara con Jake, Ángela por otro lado trataba de susurrarle a Kate que lo dejase ya, Jessica solo reía, Rosalie estaba como ida y Edward mantenía sus puños cerrados y su rostro enfadado, era por Jacob y ella lo sabía.
- Gatita, ¿quedamos mañana para tomar un café?
- Por supuesto Jake, estoy deseando verte.- Bella sonrió y miró a su prometido. "Toma esa Edward Cullen". – Nos vemos donde siempre.
Bella colgó su móvil sonriente y miró a Edward divertida. Le acababa de demostrar que le daba igual si le iba con el cuento a Charlie, ella iba a seguir viendo a su mejor amigo, nunca lo dejaría.
- ¡No me lo puedo creer! Tú y yo, Isabella Marie Swan vamos a hablar.- Rosalie casi gritó, esta vez no esperó siquiera a que el camarero le llenara la copa de vino, ella misma agarró la botella y se sirvió, de una sola vez se bebió todo el vino de la copa. Bella entendió que su amiga acababa de atar cabos. Ella se había ido con Jake de viaje, solo con él, nunca habían contado nada sobre si habían conocido a alguien especial, cuando volvió no era virgen y Bella no era el tipo de chica que se acostaba con cualquiera. Bella había perdido su virginidad con Jacob Black.
- ¿Qué pasa?- preguntaron las otras.
- Que Rosalie está borracha, eso pasa.- Bella dijo nerviosa mientras se retorcía sus manos. Esto no podía estar pasando.- Edward, creo que deberíamos irnos, tenemos trabajo que hacer. Nos vemos chicas.- Sin más cogió a Edward de la mano y lo arrastró fuera del restaurante, que pagaran sus amigas, ella no aguantaba más a cinco personas opinando sobre la pérdida de su virginidad, si se acostaba o no con muchos o pocos hombres, sobre su ropa intima…-¿Qué mierda hacías en mi comida con mis amigas, Cullen?
- ¡Pero qué boca! ¿No te han enseñado modales pequeña?- Bella gruñó y maldijo algo incoherente, Edward sonreía satisfecho, ver a Bella Swan enfadada no tenía precio, se le formaba una pequeña arruguita en la frente tan atrayente que era casi irresistible no alisársela y sus ojos, ya grandes y hermosos de por sí, relucían más que de costumbre.- Bueno, soy tu prometido, creo que tengo que saber quien te desfloró.- En realidad a Edward le resultaba bastante molesto que su futura esposa se hubiese acostado con otros hombres, pero bueno, él también había tenido una vida antes de ella y pensaba seguir teniéndola después, la fidelidad, intuía que no entraba en ese extraño pacto que tenían.
- Eso a ti te importa tan poco como a mí con las mujeres con las que te has acostado, es decir nada.
- ¿Sí? No parecía ser así cuando la otra noche me echaste en cara que prefería estar con mis "mujeres" antes que ocupándome de las acciones de Vulturi. Pero cariño, ¿desde cuándo trabajar en Vulturi C. es más divertido que el sexo?- Para ese momento Edward se había aproximado juguetón a Bella y la había agarrado por la cintura, comprobando cuan frágil parecía ser ella, su cintura era delgada, daba la sensación de que se podría romper si era demasiado brusco con ella, sin embargo él intuía que debajo de esa apariencia de chica frágil se escondía una mujer fuerte y decidida. Bella lo fulminaba con la mirada, pero era incapaz de moverse, no se había esperado que Edward pudiera acercarse tanto a ella. Su tacto le quemaba aún sin rozarle su piel, su aroma la tenía aturdida y sus labios parecían mas apetecibles que nunca. Sin poder evitarlo Edward se acercó a ella indicándole que iba a besarla, Bella se mordió el labio inferior saboreando ese momento previo al beso, anticipándose a lo que pasaría, pero Edward no la besó, sino que bajó aun más su cabeza y rozó con sus labios su garganta, siguió por su cuello hasta llegar a su oído para susurrarle.- Si quieres podríamos comprobarlo a modo de despedida antes de que me vaya a Londres.
¿Acababa de proponerle que se acostara con él? La respuesta era sí. Bella se estremeció, sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo e instalarse en su vientre, se acercó un poco a él, aún más si era posible. Pero Bella recordó la noche que conoció a Edward, a esas primeras horas en las que creyó que él era como un príncipe azul. Ese Edward nunca le haría una propuesta así, de esa manera. La seduciría muy sutilmente, la enamoraría y después se la llevaría a la cama y le haría gritar su nombre de placer. Tembló ante tal pensamiento. Pero el verdadero Edward no era así, ni tenía tacto, ni era romántico y ni mucho menos un príncipe azul. Empujó a Edward con todas sus fuerzas y lo apartó de sí.
- Nunca me acostaría contigo, Edward Cullen.
- ¿Segura que no? Ya lo veremos.- Edward había sentido como ella lo miraba hipnotizada y como tembló. No le era indiferente a Bella Swan y la constatación de ese hecho le hizo sentirse muchísimo más orgulloso de sí mismo de lo que acostumbraba a estar.- Pero ahora quiero hablar contigo de algo. Te dije que comeríamos juntos y te fuiste sin esperarme, nadie me deja plantado.
- ¿No? ¿En serio? Pues yo creo haberlo hecho dos veces ya. ¿Estás perdiendo tu potencial como sortero más cotizado? Porque yo creo además que seguiré haciéndolo cada vez que me de la gana.
- No te equivoques conmigo pequeña, me gusta la idea del matrimonio tanto como a ti pero eres mi prometida y tienes que comportarte como tal, así que nada de irse con ese Jacob por ahí. Deberás quedarte arreglando todo lo necesario para la fiesta de compromiso. No voy a permitir que se diga que mi prometida hace lo que quiere.
- No puedo creer lo que oigo, no eres nadie para darme órdenes, además nunca dejaría que nadie me las diera, ni siquiera mi marido, mucho menos mi prometido. Además Cullen, en realidad aún no eres mi prometido, no eres nada mío, no me lo has pedido, no tengo un anillo, así que hasta entonces podemos decir que no somos ni amigos.
- ¿Quieres un anillo?
- Por supuesto, y uno que sea bien grande y caro.- En realidad a Bella no le gustaban nada las joyas grandes y ostentosas, le parecían realmente vulgares, pero diría lo que fuera con tal de molestar a Edward.
- Cuidado con lo que quieres y con lo que dices.
Tras esa discusión ambos se habían separado, Bella volvió a su oficina sintiéndose realmente mal. Esperaba tener una comida agradable con sus amigas, pasar el trago de decirles que se casaba y luego quizás explicarles que la situación no era la ideal, aunque sabía que con Jessica había que medir las palabras, podía contar con el apoyo de ellas. Sin embargo había tenido que prácticamente salir huyendo de allí porque ya no aguantaba más las ganas de gritarle a Edward Cullen que desapareciera de su vida. Se reclinó en su asiento y se llevó las manos a las sienes, no solo no desaparecería de su vida sino que quizás tendría que estar casada con él por meses o años.
- Pero no se va a quedar así.- Se dijo a sí misma. Buscó en su agenda el número de teléfono que sabía se encontraba allí y llamó al peor decorador de Edimburgo, una persona sumamente irritante, demasiado hablador y pesado, pero que sin embargo podría hacer justo lo que tenía pensado con la oficina de Edward. Quedó con él esa misma tarde. Si Edward iba a estar en Londres dos días, tenían ese tiempo para decorar la oficina justo como a su futuro prometido le gustaría. Bella sonrió con malicia y siguió con su trabajo.
Tras la reunión con el decorador y después de darle todas las instrucciones necesarias se marchó a casa, no quería hablar de fiestas de compromiso ni de boda, así que se fue directa a su cuarto, se duchó y se metió en la cama enseguida. Cuando al siguiente día se levantó temprano lo primero que pensó fue que Edward debería estar ya camino a Londres, no lo vería durante dos días, aunque ese hecho no la hizo sentir más tranquila. Por la tarde tuvo que anular su cita con Jacob a causa de una junta de urgencia, Aro volvía a dar problemas y como siempre, Edward Cullen, el dueño de la otra mitad de las acciones de Marco, no estaba allí para defender su posición. Carlisle, Charlie y ella trataron de boicotear el plan de Aro de retirar del mercado uno de sus mejores productos, no lo lograron por completo, aunque si consiguieron retrasar un poco la fecha de la retirada de tal. A Bella le dolía la cabeza y estaba demasiado cansada cuando llegó a casa. Jenks, el decorador había estado interrumpiéndola todo el día para preguntarle cualquier cosa, cualquier tontería. Se tuvo que recordar que Edward se merecía esa pequeña broma muchas veces para no echar a Jenks de una patada de allí. No supo nada de Edward en todo el día, Carlisle había tratado de hablar con él sobre la junta de urgencia a la que se habían enfrentado pero fue imposible localizarlo.
Al día siguiente, telefoneó a Jacob para que salieran a comer, pero Jake tenía uno de esos días de gran inspiración que suelen tener los artistas y le dijo que no saldría de su ático hasta que no terminara su obra, que según él prometía ser la mejor de su colección. Finalmente quedó con Rosalie, tenía una conversación pendiente con ella y sabía que era mejor no posponerla. Por supuesto, el mejor lugar para hablar de cosas serias con Rose era su taller, así que compró comida tailandesa para llevar y condujo hasta allí. Rose trabajaba en un Mercedes SL 63 ALG de color rojo. Bella lo reconoció como el coche de Quil.
- ¿Así que fue Jake?
Bella se sentó en una especie de banca y decidió contarle todo a su amiga, sabía que Rosalie no diría nada y que entendería mejor que nadie cómo y por qué pasaron las cosas.
- Fue algo muy bonito por parte de ambos, la primera vez es importante y tú tuviste una muy especial, porque los novios van y vienen, rara vez aciertas a la primera, sin embargo los amigos de verdad siempre están ahí. Ojalá mi primera vez hubiese sido tan dulce como la tuya.
Bella sonrió a Rose. Su amiga había perdido la virginidad años antes con Emmet Cullen en el asiento trasero de su antiguo Jeep rojo. No había sido para nada romántico ni nada, los dos estaban borrachos y ni lo pensaron ni se preocuparon por usar protección, las siguientes semanas fueron realmente preocupantes para Rose por temor a haber quedado embarazada.
- Emmet Cullen solo me da dolores de cabeza, Bella. Y ya lleva un mes y medio sin aparecer por aquí, a saber lo que está haciendo en Paris. Estoy cansada de esperarlo.
- ¿A qué viene esto Rose?
- No se, Royce King lleva un tiempo pidiéndome una relación seria con él, creo que es hora de aceptar y dejar ir a Emmet. Él nunca sentará cabeza.
- ¿Royce King? ¿En serio Rose? No te hará feliz.- Bella conocía a Royce, habían estudiado en la misma facultad, su familia eran unos importantes empresario en Edimburgo, Vulturi C. había trabajado con los King en alguna ocasión. Bella sabía que era un hombre sin escrúpulo y que se valía de cualquier artimaña para conseguir sus objetivos.
- ¿Y Edward Cullen a ti si?
- No Rose, probablemente tampoco, pero esa historia la dejamos mejor para otro día, ¿de acuerdo?
Tras la comida con Rose, Bella volvió a la oficina, quería adelantar trabajo pues sabía que después de la fiesta de compromiso, la cual preparaban Renné y Esme, tendría que ocuparse de los preparativos de la boda, por mucho que le pesara era su boda, no iba a dejar todo el trabajo a su madre y a su suegra. Cuando salía del edificio, de camino hacia su audi A1 se topó con Lauren. "Genial" pensó, ahora tendría que soportar su falsedad.
- Bella querida, me enteré de lo tu próximo matrimonio, pero no se si felicitarte o no, ¿es verdad que te casas con Edward Cullen?
- Sí, Lauren, lo es. – Bella pensó que lo mejor era no retrasar el momento pues tarde o temprano se enteraría.
- Vaya, pues que sorpresa, en realidad lo dudaba porque esta mañana mismo volví de Londres, estuve allí por una gala benéfica a la que también asistió Edward con una hermosa chica rubia, pensé que era su novia o al menos eso parecían. Mira hasta tengo una foto.- Y sin más Lauren le enseñó una foto a Bella de Edward teniendo a una mujer rubia y muy bonita agarrada a su brazo, él le sonreía a ella cariñosamente, de la manera que a ella nunca le sonreiría. El estómago de Bella se contrajo, de pronto sintió invadirle tal grado de rabia que de haber tenido a Edward delante le habría partido la cara y le habría pateado su entrepierna hasta dejarlo inservible. Pero ella, era una señorita educada, así que se despidió de Lauren alegando que tenía muchas cosas que hacer y llegó a casa con dolor de cabeza y malestar. Ese día tampoco había tenido noticias de Edward, nada más que la información que Lauren, muy amablemente le había dado. Pero si él decía que ella no podía salir con sus amigos, entonces ella no iba a permitir que él se viera con otras, con las que seguramente haría mucho más que charlar.
Edward entraba al edificio donde ya tendría lista su nueva oficina, había pasado dos días en Londres realmente ocupado. Llegó por la mañana y lo primero que hizo fue ordenar su mudanza, por suerte allí se encontraba Sue, la señora que le limpiaba el pen house en el que vivía en Londres, ella le dijo que lo dejase todo en sus manos, desde luego Sue era una santa. Sin embargo, el trabajo en Cullen Enterprise fue más pesado, no tuvo tiempo de nada, se dejó el móvil en su oficina y se pasó todo el día acudiendo a diversas reuniones pendiente y arreglando todo para trasladar la dirección a Edimburgo. Dejaría a James al mando en Londres y él trataría de ir allí siempre que fuese necesario. Por la noche Tanya se empeñó en que lo acompañara a una estúpida gala benéfica, ella también las odiaba y necesitaba apoyo moral para superar todo ese teatro. Por supuesto, Edward no le dijo que no a su rubia amiga y aprovechó el momento para hablar con ella y contarle sobre su próximo matrimonio.
- Así que el independiente, alocado y libre Edward Cullen se casa para proteger el honor de su padre y el patrimonio familiar y además con una mujer que según tú es una arpía sin vergüenza para nada, y ¡ah! Una niña caprichosa. Por fin sientas la cabeza, ¿verdad?
- Tengo que hacerlo, siento que le he fallado a mi familia durante demasiado tiempo.
Tanya guardó silencio y miró a su amigo, lo conoció cuando él vino a vivir a Londres como estudiante, ambos fueron a la misma Universidad, ella le contaba todo a él y Edward hacía lo mismo con ella. Tanya podía decir que conocía al verdadero Edward Cullen, al hombre seductor, sincero, amigo de sus amigos y peligroso cuando de enemigos se trataba. Edward era sumamente protector con todos los que le importaban, celoso, misterioso y un empresario serio y a veces arrogante, pero sumamente bondadoso y sencillo fuera del mundo de los negocios. Tanya detectó un brillo especial en esos ojos dorados tan característicos de los Cullen y supo que en ese matrimonio había algo más que simples negocios y lealtad.
- Ella es bonita, ¿cierto? Te gusta demasiado y te frustra demasiado que no esté rendida a tus pies.
- Ella es tan hermosa que parece mas un ángel que una simple mortal, su risa suena como la más dulce melodía, su fragancia es algo único, un aroma distinto a todos aquellos con los que me he encontrado a lo largo de la vida, cuando está en un lugar, su presencia llena toda la habitación, es imposible no volverse a mirarla y dejarse deslumbrar por ella.
- Me la describes así y no sigues diciendo que no quieres casarte con ella. ¿Y en verdad alguien con esa descripción tiene tantas cualidades negativas como me has dicho antes? ¿En verdad ella juega con los hombres como quiere? Yo a veces también lo hago y eres mi amigo.
Edward había dicho todo eso sin pensar, sorprendiéndose a él mismo con sus palabras. Pero eran ciertas, Bella era así, era alguien único.
- Y hablando de hombres. ¿Qué hay de tu última conquista?
- Evadiendo mis preguntas, muy bonito Cullen.- Edward le sonrió a modo de disculpa.- Esa conquista de la que te hablé ya no lo es. Era un idiota. Pero, no lo vas a creer. Ayer cogí un taxi para ir de compras y creo que el taxista es el amor de mi vida, Edward. Esta vez lo es.
- ¿Te liaste con el taxista?
- ¡Fue algo realmente divertido! ¡Conoce toda la ciudad! Fue…
- ¡No quiero los detalles!- Tanya rompió a reír, si Edward conociera a su nueva conquista trataría de prohibirle salir con él. Que iluso.
- Bien, cariño. Tengo que irme, he quedado con mi taxista. Y Edward, cuidado con lo que haces porque si esa chica supera todos tus jueguecitos y llega al altar puede que se convierta en algo mucho más importante que un negocio o lealtad y te arrepientas luego de no haber hecho las cosas bien con ella.
Ahora que estaba de nuevo en Edimburgo se preguntaba si Tanya tendría razón y Bella quizás no fuera tan mala persona como él creía, tal vez podrían llevarse bien y empezar a conocerse, quizás no llegarían a nada, pero a lo mejor sí podrían ser amigos. "Eso no te lo crees ni tu, te la llevarías a la cama a la primera oportunidad, eso no se hace con las solo amigas", pensó Edward con una sonrisa en la cara. Al llegar se encontró con una chica que decía ser su nueva secretaria.
- Espero que su oficina sea de su agrado señor Cullen, la propia señorita Swan contrató al mejor decorador de la ciudad, le dio detalles específicos de cómo la quería, para que fuese acorde a su personalidad.
Edward abrió la puerta ansioso, ella se había molestado en que él se instalara pronto y estuviera cómodo, le tendría que agradecer, quizás un regalo, unas flores o una bonita cena…
Pero cuando entró y vio la oficina cambió sus pensamientos y los cambió por arsénico, pinchar las ruedas de su coche, estrangularla…
Las paredes estaban pintadas de un rosa demasiado chillón, había tapetes de encaje y tazas de te por todos lados, una colección de fotos de gatitos adornaba la pared, las cortinas eran también rosas y con bordados. Su escritorio estaba repleto de cursilerías en tonos pastel y cosas inservibles, en vez de un sillón de oficina había uno orejero con un estampado en flores muy parecido al que solía tener su abuela. Aquello parecía la sala de te de un gey de sesenta años que se creía la abuelita de todos los niños del barrio, que recogía todos los gatos extraviados y ganaba el concurso a mejor jardín de la comunidad cada año. ¡Él no era nada afeminado!
Salió como alma que lleva el diablo y se encaminó hasta la oficina de su dulce prometida, la abrió de golpe.
- ¡Te voy a matar Isabella Swan!
Bella se encontraba sentada en su confortable sillón de oficina y enfrente de ella estaba Jacob, ambos reían cuando él entró, pero ahora Bella estaba realmente seria y solo Jacob parecía de buen humor allí.
- Gatita creo que ya vio tu sorpresa y por lo que veo le encantó.- Bella le esbozó una sonrisa a su amigo y después miró a Edward. Él había vuelto de Londres y ella ni siquiera lo sabía, había ido a la empresa donde también estaba ella y él lo sabía, pero había ido directo a la oficina. Y si no fuese por el incidente de encontrársela decorada como una estúpida sala de te cursi no se hubiese dignado en ir a verla. No sabía por qué pero eso la hizo sentir realmente mal. En verdad no estaba de ánimos para discutir de nuevo con él.
