Con una semana de retraso les traigo el nuevo capítulo, espero que mi beta no tarde mucho en entregarme el próximo para que pueda subirlo la próxima semana (el Lunes) de cualquier manera confirmaré por Facebook cuando lo subo.
No tengo mucho más que decir esta vez y tengo trabajo que hacer… Así que hasta la próxima semana :D
Ni Love Live! Ni sus personajes me pertenecen.
El siguiente caso está inspirado en el secuestro de Kara Kopetsky. Ella desapareció a los 16 años, el 4 de mayo del 2007 en Belton, Missouri (EU). Fechas y nombres han sido completamente cambiados por motivos de trama.
-6-
Una visiblemente molesta Umi se cruzó de brazos mientras se dejaba caer sobre una silla, por su parte, Kotori despedía a los oficiales que acudieron a la llamada de emergencia realizada por ellas a causa del intruso. El estado de ánimo de la escritora se debía a los policías, lo único que habían hecho era tomarles declaración y retirarse, ya que –según dijeron ellos– no tenían pruebas que demostraran que alguien entró a la casa, y al no haberse llevado cosas de valor, no había necesidad levantar una denuncia formal. Aquella situación era bastante irritante, pero de momento no podían hacer nada más, salvo tomar sus propias precauciones.
Kotori se detuvo frente a su afligida amiga, quien tomó sus manos y levantó la cabeza sin intentar ocultar sus emociones, el estrés y la preocupación por la castaña se reflejaban en su rostro.
–No vuelvas a venir si no estoy en casa... –murmuró lo suficientemente audible para que la diseñadora escuchara. Sin darse cuenta apretó un poco su agarre, y comenzó a temblar de rabia y miedo de sólo pensar en lo que pudo haberle sucedido a Kotori, el archivo que le habían enviado no sólo narraba de manera detallada los eventos de los secuestros, sino también las causas de muerte; ninguna de las víctimas había muerto de manera rápida e indolora.
–Umi-chan, me lastimas.
–L-lo siento. –dijo la escritora soltándola.
La castaña se inclinó y abrazó a Umi. Ésta se puso tensa al principio, pero luego de unos segundos comenzó a relajarse. Kotori acariciaba su largo cabello en un intento por reconfortarla, pensaba que nada de lo que pudiera decir ayudaría a mejorar el estado de ánimo de la escritora, y eso la hacía sentir bastante inútil. La situación le recordaba al año anterior, cuando Tenma secuestró a Nico y todo lo que pudo hacer fue esperar a que todo saliera bien. Ahora las cosas eran distintas, pero si Umi quería seguir adelante con su investigación, nada de lo que pudiera decirle la haría cambiar de idea. Era una de las cosas que más amaba de Umi; su sentido del deber y responsabilidad. Hacer lo correcto era una de las cosas que más hacían de la escritora quien era.
Una melodía interrumpió el momento y las hizo separarse. Umi desactivó la alarma de su celular –que ella misma programó antes de salir de casa por la mañana– y miró a Kotori.
–Tengo una reunión con los padres de una de las víctimas.
La diseñadora asintió con la cabeza– No has comido nada.
–Compraré algo en el camino. –se puso de pie.
Kotori se giró y avanzó hacia la cocina– No creo que nuestro visitante indeseado regrese hoy, así que terminaré de cocinar y me iré a casa.
Umi soltó un pesado suspiro. No le agradaba la idea, pero sabía que su amiga tenía razón, sería demasiado tonto para el asesino volver ese mismo día. –Está bien, pero la próxima vez…
La castaña interrumpió– Lo sé, me aseguraré de que estés en casa.
Umi asintió con la cabeza– Correcto.
–Aunque la verdad, me preocupa que si vuelve a venir te encuentre sola en casa.
La escritora se cruzó de brazos nuevamente y frunció el ceño– No creo que esa fuese su intención al venir aquí. –levantó uno de sus brazos y tocó su barbilla con los dedos, era uno de los gestos que hacía sin darse cuenta.
"¿Por qué había ido a su casa?" se preguntó Umi mientras centraba su mirada en la nada. No creía que la buscara a ella, de ser así hubiese elegido la noche, cuando era más probable que tuviese la guardia baja. Gracias al archivo que le envió, pudo establecer que si bien el asesino trabajaba, tenía un horario bastante flexible, ya que la hora de los secuestros al igual que las fechas, zonas y edad de las víctimas, eran bastante aleatorias; tenía completa libertad en ese sentido. Entonces, "¿qué es lo que buscaba?" quitó la mano de su barbilla, y con su dedo índice y el pulgar apretó el puente de su nariz cerrando los ojos. Con la poca información que le dio en el documento de Word, determinó la probable intención del sujeto al enviarle el correo, tomando en cuenta el hecho de que entró en su casa sin llevarse alguna de sus pertenencias –y aparentemente tampoco había movido nada–, ni hacerle daño a Kotori, llegó a una conclusión. Él, por ningún motivo quería atraer la atención de la policía. Quitó la mano de su rostro y abrió los ojos sorprendida al darse cuenta de lo que probablemente estaba pasando. Aquel era un juego; una partida de CLUE, en la que sólo ellos dos tenían el derecho de participar.
Por eso decidió enviarle un e-mail a ella, una escritora que no tenía lazos con la policía. Sabía que no podía llegar a la estación sin nada más que documentos impresos y el archivo en una memoria USB. El resultado sólo podía ser justo el que ocurrió, ser completamente ignorada por ellos y tomada como una burla. Molesta ante tal descubrimiento apretó los dientes y cerró sus puños, teniendo la casi absoluta certeza de que aquel psicópata no había enviado cartas a la policía como hicieron en su tiempo el asesino del Zodiaco[1] y Sakakibara Seito[2]. No buscaba atención por parte de ellos, pero sí un reto contra otra persona. Había sido simple casualidad que fuera ella, la estaba usando para su autosatisfacción.
–¿Umi-chan? –la llamó Kotori sacándola de sus cavilaciones– ¿No debías irte?
Levantó la mirada a un reloj de pared que tenía sobre el televisor, apenas y llegaría a tiempo si se iba en ese momento– Tienes razón. –fue rápidamente hasta la puerta– Te hablaré más tarde. –sin esperar respuesta corrió hacia su auto.
Nanako Sakamaki miró hacia atrás. Estaba a sólo una cuadra de distancia del instituto donde tomaba clases y aún faltaba una hora para que éstas finalizaran, pero ella decidió retirarse antes. No fue a la enfermería fingiendo algún malestar para que le autorizaran irse a casa como había hecho ya en otras ocasiones. Simplemente tomó su maletín y se retiró sin decirle a ninguno de sus amigos o compañeros de clase. No quería que alguien hablara de más y le dijera a su necio y violento exnovio que había huido.
Horas atrás la joven y su expareja habían tenido una acalorada discusión, tanto que casi llega a la agresión física, pero al final gracias a la intervención de una profesora se retiraron a sus respectivas aulas y la situación no pasó a mayores. Sin embargo, Nanako tenía la certeza de que al finalizar las clases su exnovio estaría esperándola para irse juntos y terminaría con varios moretones. Desvió su mirada del edificio y observó al frente una vez más, presionó el botón para que la luz del semáforo cambiara y esperó a que esto ocurriera. La calle lucía bastante solitaria, probablemente porque aquella era una zona escolar y el flujo de gente era mayor a la hora de entrada y salida, pero aún faltaba para ello.
Un poco retirada de donde se encontraba la joven Sakamaki una furgoneta blanca avanzaba a una velocidad moderada, cuyo conductor se dedicaba a planear cómo encargarse de la chica en cuestión. Esperaba que no fuese necesario usar cloroformo, los secuestros así de pacíficos no le complacían tanto como aquellos en los que sus víctimas forcejeaban un poco, él quería disfrutar cada minuto con ellas; comenzando por la emoción que le causaba someterlas. Cuando dio la vuelta en una esquina le pareció ver la silueta de una chica con uniforme escolar a un par de cuadras de distancia. Se quitó el cinturón de seguridad para poder inclinar su cuerpo y buscar a tientas con su mano detrás de su asiento unos prismáticos que usaba a veces en sus rondines de "vigilancia". Cuando los encontró miró a través de ellos y sonrió al darse cuenta de que era su objetivo, por alguna razón la chica había salido temprano de la escuela, facilitando las cosas para él. A unos metros de distancia divisó a un par de jóvenes con ropa informal hablando entre ellos, estos pasaron sin prestarle mucha atención a la joven, al igual que un hombre de edad avanzada que caminaba sin quitar la mirada a la revista en sus manos.
Los cuatro se acercaban a las vías del tren.
Arrojó los prismáticos a la parte trasera de su vehículo y pisó el pedal de la furgoneta haciéndola avanzar. Cuando estuvo a nada de las vías, las luces rojas de la señalización del cruce comenzaron a parpadear y las campanas que avisaban que el tren se acercaba sonaron, Nanako apenas alcanzó a cruzar antes de que bajaran las barras que bloquean el paso de los peatones, dejando a los chicos y al hombre mayor atrás. La joven avanzó hacia la furgoneta, mientras el conductor ya se había movido a la parte trasera del vehículo. Nanako, ignorante de su entorno y preocupada por no recibir una paliza de su exnovio, avanzaba sin tener idea de que ese hubiese sido un mejor destino que el que estaba por experimentar.
En el momento que el tren ya se encontraba a la vista, la joven Sakamaki llegaba justo a la altura de la furgoneta, y el ruido de la puerta corrediza al abrirse la hizo detenerse. Uno de los chicos miró al frente justo cuando la mano del secuestrador salía del vehículo para tomar el brazo de Nanako. El joven, aunque sintió que algo andaba mal, no era capaz actuar desde donde estaba, aún así por inercia dio un paso al frente ignorando a su amigo, pero el pasó rápido y estridente del tren lo obligó a detenerse. El ruido provocado por la máquina impidió que alguno de los que se hallaban al otro lado de las vías escucharan la puerta de la furgoneta cerrarse, seguido por los gritos y sollozos de la chica mientras el hombre sobre ella le propinaba golpe tras golpe en el rostro con el fin de dejarla inconsciente. Cuando el tren desapareció, la furgoneta ya estaba dando vuelta en la esquina alejándose rápidamente del lugar.
Umi subió a su vehículo y le dedicó una última mirada la casa de la familia Sakamaki. No tenía nada nuevo, aún debía hablar con los chicos que quizás atestiguaron el secuestro, pero cuando la policía investigó sólo dio con el hombre mayor que estuvo presente, sin embargo él no fue capaz de aportar algo a la investigación. Comenzó a dolerle la cabeza y recordó que aún no comía nada, cuando vio la hora se dio cuenta que probablemente Eli ya la esperaba en la cafetería donde quedaron de verse el día anterior.
Por un momento pensó en cancelar, pero llegó a la conclusión de que necesitaba hablar con alguien por lo que se dirigió al lugar de encuentro.
Al llegar se topó con su amiga rusa en una de las mesas más cercanas a la entrada, ésta se deleitaba con un parfait bañado en jarabe de chocolate, demasiado para el gusto de la escritora. Cuando sus miradas se encontraron Eli le sonrió y apuntó a la silla frente a ella, Umi hizo caso en seguida. Un mesero se acercó a tomar la orden de la escritora y una vez que ésta hizo su pedido el joven se retiró.
La rubia era quien normalmente iniciaba las conversaciones, pero en esta ocasión se sorprendió cuando fue la escritora quien habló primero. Siguió comiendo su postre mientras escuchaba atentamente lo que su amiga tenía que decir.
–Yo le hubiera dicho lo mismo a Nozomi de estar en tu lugar. –comentó Eli cuando Umi terminó su relato. El mesero llegó con la orden y la rusa aprovechó a pedir otro parfait– ¿Entonces qué crees que hacía en tu casa? –preguntó mientras el mesero se acercaba a la barra para encargar su postre.
–Estaba en mi oficina, así que probablemente quería ver cuánto he avanzado.
La coreógrafa volvió su atención a la escritora y asintió con la cabeza– Eso tiene bastante sentido. Si está pendiente de tus acciones es porque espera el momento indicado para hacer algún movimiento.
Umi tomó un sorbo de la taza de cerámica con té que le habían llevado– Tengo una idea más o menos clara de qué es lo que quiere.
–¿Y es? –El postre llegó y Eli le agradeció al joven que las atendía, él sonrió en respuesta y se retiró.
–Jugar.
La rubia arqueó una ceja– ¿Jugar?
–Bajo las circunstancias adecuadas, cualquier persona es capaz de cometer un homicidio. –la escritora era consciente de que se desviaba del tema, pero tenía sus motivos y Eli lo comprendería.
–Eso es verdad, pero en el caso de los asesinos es distinto, para ellos asesinar es… –la coreógrafa tomó la cuchara metálica ubicada sobre la servilleta junto al parfait– Lo que para mí es el chocolate.
–Una adicción. –Umi lo pensó un poco y asintió con la cabeza dándole la razón– Pero también está el factor de la adrenalina. Personas que se dedican a practicar deportes extremos, y las que disfrutan de ver una película de terror tienen algo en común.
–La adicción a la adrenalina. –dijo la rubia hundiendo su cuchara en la crema batida cubierta de jarabe de chocolate.
–Lo mismo puede aplicar con algunos asesinos. –tomó un paquete de palillos de madera frente a ella y lo abrió– Hay casos documentados donde la brutalidad de los ataques va aumentando con cada víctima, no puedo asegurar que ese sea el caso de todos los asesinos en serie, porque no soy psicóloga criminal o criminóloga, pero si hablamos de quien me envió el correo, creo estar segura de ello. –separó los palillos y vio la ensalada de curry frente a ella, no tenía mucho apetito pero necesitaba comer.
–Quiere que tú descubras quién es. –murmuró Eli ahora comprendiendo a qué se refería la escritora con que el asesino quería jugar con ella.
–Es probable que busque que yo sea su oponente, me utiliza…
–Entonces, ¿lo que él desea es que lo encuentres antes de que obtenga una nueva víctima?
Umi asintió con la cabeza– Es justo lo que pienso.
–¿Y vas a darle gusto?
–Es un asesino, si yo me rehúso a continuar él quizá… –suspiró– Tengo miedo de que algo le pase a Kotori. Él ya sabe dónde vivo, es muy probable que se tomara su tiempo para investigarme o seguirme… –hizo una pausa y su voz se quebró al continuar hablando– Si yo no sigo con esto, temo que pueda hacerle algo para forzarme a continuar, o en venganza. Yo... no sé qué haría si algo le sucede a Kotori.
Eli nunca imaginó que alguna vez vería a la escritora tan descompuesta, usualmente irradiaba un aura de confianza y –según su hermana Arisa– genialidad, pero en ese momento era todo lo contrario, y la verdad la comprendía. Ella estaría igual de encontrarse en su lugar, si la persona que ama –su querida tanuki– estuviese en peligro sería devastador. Ese pensamiento la hizo encontrar una manera de cambiar el tema para distraer un poco a Umi.
–Un momento… –dijo Eli poniéndose seria– ¿Entonces la única que te importa es Kotori?
La escritora dio un respingo y sus mejillas se pusieron rojas– N-no… eso no es lo que...
–Tú has dicho que probablemente él te siguió, entonces te ha visto con todas nosotras, pero parece que aparte de Kotori, nosotras no te importamos. –la rubia hizo un gesto de falso dolor del que Nozomi estaría orgullosa.
–¡N-no! –exclamó Umi– Me importan todas, p-pero es que Kotori es…
–Especial. –completó Eli con una sonrisa juguetona que puso a Umi más nerviosa de lo que estaba.
La escritora comenzó a balbucear incoherencias mientras se ponía más roja que el cabello de cierta doctora; que seguramente disfrutaba en ese momento de sus vacaciones con su pareja. La rusa sonrió satisfecha mientras grababa discretamente a Umi con su celular, cuando volviera a casa seguro que Nozomi le daba un premio por eso.
1. El asesino del Zodiaco. Fue un asesino en serie que cometió sus crímenes entre diciembre de 1968 y octubre de 1969 en el norte de California. Aunque sólo pudieron comprobársele 7 víctimas –de las cuales 5 murieron y 2 sobrevivieron–, en las cartas enviadas a los diarios y a la policía afirmaba haber asesinado a 37 personas.
2. Sakakibara Seito. Fue un asesino menor de edad responsable de 2 asesinatos en el año 1997 en Kobe, Japón. Su nombre real nunca fue revelado y sería conocido como "Niño A" de no ser por el seudónimo que uso en las cartas que mandó a la policía. Estuvo recluido durante 8 años en un hospital psiquiátrico cerca de Tokio. Actualmente tiene 35 años, está libre y trabaja como operario para una empresa de construcción. En 2015 publica Zekka, una autobiografía donde narra los homicidios muy detalladamente, pero también expresando remordimiento por lo que hizo.
