5. Mi mundo está roto
- No huelo muy bien, ¿verdad? ¡Ay!
Linka gritó cuando sintió el contacto del agua oxigenada en las heridas de su brazo. Tras quitarse el traje de ardilla, Lincoln descubrió alarmado que la niña tenía varias heridas y escoriaciones en su brazo derecho; el que había utilizado para cubrirse de los golpes. Así que la convenció de que era necesario curarla. Si esas heridas se infectaban, su salud podía verse seriamente comprometida.
- Ya casi termino, Linka. Aguanta un poquito, por favor -dijo Lincoln, suavizando su voz todo lo que pudo-. Y respecto a lo otro, no te preocupes. Es muy normal cuando tienes que vestir un traje acolchado como ese.
La niña se sonrió levemente, y Lincoln se alegró por ello. No cabía duda de que Linka necesitaba motivos para sonreír. Después de todo, su olor no era peor que el que despedían él mismo, o su hermana Lynn, tras una fatigosa sesión de deporte.
- Aun así, quisiera bañarme -dijo ella-. Nunca estuve acostumbrada a los deportes, o a sudar; y me disgusta mucho tener mal olor. Aunque mi hermano Lynn siempre trató de que me involucrara en el deporte y no me preocupara por mi olor corporal. Tú sabes.
Lincoln asintió. Las últimas palabras de Linka le dieron una idea.
- Creo recordar que hay unos baños públicos cerca del centro comercial. ¿Te gustaría ir?
- ¿De verdad? -dijo la niña, con una sonrisa encantadora.
- De verdad. ¡Vamos!
Lincoln la tomó de la mano y la niña se dejó llevar.
- ¿Te sientes mejor, Linka? -Preguntó Lincoln, mientras sorbía los restos de su helado.
- Claro que sí. ¡Gracias!
El chico la miró. Después de su baño, Linka se había animado considerablemente, y ambos habían pasado una tarde encantadora. Comieron y dieron varias vueltas por el centro comercial, ante la mirada divertida de muchas personas que los consideraban una pareja de mellizos muy unidos; divirtiéndose juntos en una tarde de sábado.
Lincoln estaba encantado con ella. Realmente, su carácter y sus gustos eran muy parecidos. Linka prefería detenerse para jugar ante un arcade, que ponerse a ver ropa o accesorios de arreglo personal.
Estuvieron conversando mucho. Por acuerdo tácito, no tocaron casi el tema del maltrato que la niña sufría. En cierto modo, ambos sabían que no podían hacer gran cosa al respecto. Lincoln no podía enfrentarse a los hermanos ni a los padres de ella, y Linka ya había intentado hacerlos entrar en razón por todos los medios que se le ocurrieron. Lo mejor era ayudarla a pasar una tarde increíble, y hacerle olvidar por un rato el calvario que estaba viviendo.
Los niños conversaban sobre sus cómics favoritos de Ace Savvy; pero ya atardecía, se dieron cuenta de que era necesario regresar. Quién sabe qué podría hacer la familia de la niña, si no la encontraban al regresar a casa.
En el autobús de regreso, ambos iban muy callados y tristes. Lincoln tenía una sensación de impotencia e incompletitud. Había pasado una tarde maravillosa con Linka. La niña se parecía tanto a él, que casi podían adivinarse el pensamiento. Era como una alma gemela, y nunca había sentido ese tipo de conexión con nadie; ni siquiera con su amigo Clyde. Pero también diferían en muchas cosas. Su perspectiva femenina de las situaciones era a veces muy distinta, y captaba matices que Lincoln jamás hubiera considerado. Y esas pequeñas diferencias le gustaron tanto como sus similitudes.
Le gustaba mucho estar con ella, y le dolía pensar que era imposible que la volviera a ver. Los separaba todo un universo. Una realidad en la que él no existía, y en la que no hubiera podido existir jamás.
En algún momento, de la manera más natural, Lincoln tomó la mano de Linka, y ella no la apartó. Ambos se sentían muy cómodos y apoyados con ese contacto. Linka tenía una sensación de pérdida y desesperación muy parecida a la de Lincoln. Pero además, tenía temor de volver a su cotidianidad. A su mundo que desde hacía seis semanas era de miseria y dolor. Lincoln la había apartado de todo eso solamente por unas horas. Era hora de regresar al drama, al miedo y el maltrato.
A medida que se acercaban a la casa, la mente de Lincoln trabajaba febrilmente. El hombre del plan al fin estaba teniendo nuevas ideas. En realidad, podía hacer muchas cosas. Algunas descabelladas, pero otras eran perfectamente posibles y razonables. Llevarse a Linka a su propio universo era una locura, pero denunciar a su familia por abuso infantil, no lo era.
Lincoln le mencionó todas esas posibilidades mientras descendían del autobús. Pero la niña solamente sonreía con tristeza, y negaba con la cabeza.
- Lincoln, ya hiciste demasiado por mí. Me regalaste una tarde; y por esa tarde te estoy eternamente agradecida. Mi mundo está roto, y tú no tienes ninguna culpa. No quisiera involucrarte más... No quiero que te pase nada.
- Pero, Linka...
La niña lo interrumpió, poniéndole un dedo sobre los labios.
- Todas esas soluciones de las que me hablas traerán miles de problemas para ti. Incluso si denuncias a mi familia y te vas de inmediato a tu universo, la angustia y las dudas te consumirán por años. ¿No te das cuenta?
- Entonces... ¿debo dejarte a merced de esos malvados? ¿No puedo hacer nada más por ti? -dijo el chico, luchando por contener las lágrimas.
- Lincoln...
Se abrazaron con fuerza. Ella no lo dijo porque no quiso preocuparlo; pero se sentía muy feliz de haberlo conocido. El saber que los universos paralelos eran reales, y que su contraparte en otro universo logró superar la situación y volver a ser feliz con su familia, le daba una especie de consuelo metafísico. Le daba sentido a su miseria y sufrimiento.
No quería arruinar eso involucrando a Lincoln en una pelea con sus vengativos hermanos.
- Te prometo que hablaré otra vez con ellos. Te juro que voy a intentar convencerlos otra vez de que no soy emisaria de la mala suerte. No quiero que te preocupes más por mí.
- Me pides lo imposible, Linka.
- Lo sé. Déjame llegar sola a mi casa desde aquí, ¿quieres? Mis otros hermanos no son muy listos, pero Levi sí que lo es. Estoy segura de que, si alguno de los vecinos menciona que me vieron con un chico peliblanco casi idéntico a mí, enseguida se dará cuenta de lo que sucedió. Y convencerá a mis hermanos para darte caza.
Lincoln suspiró. No se sentía contento, pero comprendió el punto de Linka. Aunque él tuviera el valor de enfrentarse a sus hermanos, ella no se sentiría bien sabiendo que podían lastimarlo.
- No creo que nos volvamos a ver, Linka.
- Lo sé. Pero prometo que nunca te olvidaré, Lincoln. Solo... termina tu exploración, regresa a tu mundo y sé feliz, ¿quieres?
La niña trataba de ser valiente. Pero no pudo evitar que su voz se quebrara, y que el llanto bañara sus mejillas.
Tuvieron que hacer un esfuerzo enorme para separarse. Lincoln la contempló regresar a su casa mientras secaba las lágrimas de sus ojos.
El chico peliblanco no tuvo muchos problemas para conseguir alojamiento por aquella noche. Llevaba dinero más que suficiente, y tuvo la suerte de encontrar un motel en el que no le hicieron preguntas, y en el que el contacto visual con los clientes era casi nulo.
Así que aquella noche se acostó en una buena cama, pero no pudo dormir. En la soledad de la habitación, pensó en las mil y una cosas que la pequeña Linka podía estar padeciendo. En el maltrato que la pobre niña recibía de sus hermanos y sus padres. ¿Por qué era tan difícil que esos imbéciles entraran en razón? ¿Por qué el supuestamente inteligente Levi no podía comprender las cosas, como su hermana Lisa lo había hecho?
Posiblemente tenía mucho que ver el asunto de que fueran hombres. No lo sabía. Quizá en la familia Loud de ese universo existía alguna vena de brutalidad. Después de todo, Lisa le había hablado de las pequeñas o grandes diferencias que podían existir entre los universos.
El problema era que sus reflexiones no los ayudaban en nada. Ni a Linka, ni a él.
Conforme transcurría la noche, vino a darse cuenta de que estaba faltando a una responsabilidad de orden moral más alto. ¿Qué más daba si sus acciones le producían remordimientos para siempre? Lo más sensato sería denunciar a la familia de Linka. Lo peor que podía pasar, era que la pusieran en un orfanatorio. En el de Royal Woods, o en el de Hazeltucky. Por lo que Lincoln sabía, ambos tenían buena reputación. Linka de ninguna manera estaría peor en ellos, que con su familia.
Decidió que así lo haría a la mañana siguiente. Tan solo le daría a la familia de Linka una última oportunidad de redimirse.
