Capitulo VI

Hereje Jeedai

(Parte 1)


Despertó con grandes dolores musculares y sentía que su cabeza iba a estallar, mareado, intentó ponerse de pie pero sin tener suerte. Sentado, paseó su vista por el lugar y no tenia idea donde estaba, lo único que pensaba que era una especie de cueva y no tan lejos de él, yacía una mujer en el suelo, siendo cuidada por una extraña criatura.
Quedó perplejo, nunca en su vida había visto a esa criatura que parecía un pájaro ¿Qué hacían ellos con un animal? ¿Será inteligente? La extraña criatura alzó la vista, observando al nuevo prisionero.
—¿Quién eres?—exclamó el Jedi y se arrepintió de hablar, ya que sintió como su garganta se quebraba. El extraño ser no contestó, le dio la espalda y antes que el Jedi volviese a hablar, desapareció de su vista.

Gateó hasta llegar a la mujer y vio que era bastante joven, casi de su edad; ella estaba despierta y con los ojos húmedos. Se observaron.
—¿Quién eres?—musitó la chica.
—Drazen—exclamó— ¿Quién eres tú?
—Danni—gimió de dolor al intentar enderezarse, Drazen ayudó a que ella se apoyase en la pared.
—¿Dónde estamos?
—En Helska.

Drazen recordó todo, su escuadrón había sido sorprendido por unos pilotos formidables, su nave perdió los escudos y fue capturado por un crucero de roca. No tenia idea de que habia sido de su maestro Syd Langtree.
—¿Quiénes son ellos?—volvió a preguntar sintiéndose culpable, ya que veía demacrada y cansada a la chica.
—Yuuzhan vong y han venido a tomar esta galaxia—musitó, Drazen se inclinó un poco para escucharla y sintió que su deber como Jedi debía impedírselo.
—Soy un Jedi—le susurró en el oído—Voy a sacarte de aquí.


El Alma Jedi no tuvo problemas al aterrizar en Belkadan, la nave se deslizó lentamente por el hangar hasta detenerse. Rey se extrañó que nadie saliese a recibirlos ni mucho menos, comunicarse con ella mediante intercom.
—No siento a nadie aquí—exclamó Siri abriéndose a la Fuerza, Rey se humedeció los labios.
—Vamos—apremió la maestra Jedi.
Descendieron por la rampa, el droide astromecanico BB-8 rodaba junto con los tres Jedi, Han miró al suelo donde unos extraños bichos salían del permacreto. Parecían escarabajos y nunca había visto tal especie de bicho.
—Tengo un mal presentimiento—exclamó el chico observando las paredes de duracero y el techo ahuecado—Parece que este lugar fue abandonado hace mucho.
—Hay mucha vegetación aquí, eso es cierto—exclamó Siri—Iré a las áreas comunes.

Sin esperar una respuesta de parte de Rey, Siri avanzó hacia la entrada, el droide pitó y avanzó pero la maestra lo detuvo.
—Vendrás conmigo, BB-8.
—¿Adonde iremos?
—A los centros de control, vamos.

...

Siri caminaba por los pasillos, las paredes estaban cubiertas con musgo al igual que en el suelo y en los techos colgaban una especie de bombilla luminosa, orgánica que la desconcertó mucho; se detuvo y ser acercó a la pared donde tocó con un dedo. Estaba rodeada de vegetación y se preguntaba de había pasado con la gente, reanudó su camino y al doblar la esquina, se tapó la nariz debido a un olor desagradable que emanaba de un orificio de una pared.
Se acercó vio algo que casi vacía el contenido de su estómago, algo putrefacto y carne podrida yacía en el interior, parecía un cadáver pero estaba tan corrompido que no podía adivinarlo; muchos insectos revoloteaban sobre aquella masa sin forma alguna y las paredes de aquel pasillo estaban llenas de sangre. ¿Estarían todos muertos? Se preguntó, reanudando su camino hasta detenerse ante una puerta de duracero, oxidado y carcomido e ingresó.
Las mesas estaban forradas de musgo, unas especies de larvas comían los cables que sobresalían del holo proyector, escarabajos caminaban en fila india por las paredes, Siri avanzó por la sala y se aventuró a pensar que era la sala de reuniones.
Escuchó pasos y un ligero chasquido, Siri se giró lentamente hasta encontrarse cara a cara con una criatura que nunca había visto en su vida y no lo podía sentir en la Fuerza.
—Infiel—murmuró Yomin Carr—Te he visto llegar, ha sido una mala idea separarte de tus amigos.
—¿Qué kriffados eres?
—Ríndete y serás sacrificada a Yun Yuuzhan.

Siri no lo veía en la Fuerza, era como si él no estuviera ahí; tal como lo sintió con Nom Anor.
—¿Yun Yuuzhan?—exclamó Siri y Yomin Carr se enfureció nada más oír como ella pronunciaba el nombre de su dios.
—¡Tus labios herejes no pueden pronunciar su nombre!

Y blandió su anfibastón, Siri encendió su sable de luz bloqueando el ataque, sorprendiéndose que no lo haya partido en dos; adoptó en posición de guardia con el sable azul apuntando hacia delante, su contrincante gruñó.
—Tú no eres como los demás. No tenían honor y murieron como tales; pero eres una guerrera así que serás la primera con una muerte digna.
—Malas noticias para ti, bicho; no tengo intención de morir—exclamó Siri, Yomin Carr apretó con fuerza su anfibastón y lanzó un grito de guerra.
—¡Do-ro'ik vong pratte!

...

Rey caminaba por el centro de control, todo estaba derruido y el piso forrado con una especie de capa de algas y el olor de la estancia no ayudaba mucho, BB-8 tenia problemas para rodar por el lugar, Han seguía a su madre mientras miraba las paredes y el techo.
—Este lugar fue atacado—sentenció el adolescente, BB-8 se detuvo y giró su fotorreceptor hacia Han.
—Es probable—exclamó Rey—La pregunta sería ¿Quién causó esto? Todo el lugar esta lleno de vegetación.

Rey se sentó en una polvorienta silla frente al generador de holos, presionó un par de botones y no sucedió nada.
—Espero que esto no esté perdido de de todo. BB-8, ayúdame con esto—exclamó Rey mientras se arrodillaba y el droide rodó hacia su amiga; la maestra Jedi retiró el empalme de la base de la mesa del generador de holos y empezó a trabajar.

Han se acercó a la ventana, unas aves volaban hacia el sur; el aprendiz identificó aquellas aves y por el comportamiento de ellas supo que algo iba mal. Bajó la vista y agarró un escarabajo con dos dedos y la examinó: en Yavin IV había estudiado todo tipo de insectos y nunca había visto uno parecido; frunció el ceño mientras sus ojos miraban el bosque. Dejó que la Fuerza fluyera dentro de él, buscó vida silvestre y captó sentimientos de miedo; animales que huían para ponerse a salvos y otro tipo de vida.
Abrió los ojos, sentía que algo o alguien lo llamaba para ir en los bosques y se vio tentado de adentrarse, se giró y vio a su madre trabajando en lo suyo.
—Mamá.
—mmm... ¿sí?
—Saldré a investigar.

Rey se detuvo y miró a su hijo al igual que el droide, quien emitió un pitido agudo.
—¿Adonde irás?
—Al bosque—exclamó Han mirando el lugar—Siento un llamado…algo…no sé como explicarlo.
—Yo no siento nada, Han.
—Me he abierto hacia los animales; siento que ellos huyen de algo; puede que no sea nada; me gustaría ir a echar un vistazo.
Rey se humedeció los labios.
—Esta bien, pero regresa pronto, cariño. No te metas en problemas y si ves algo sospechoso, regresa aquí a contármelo.
—Esta bien, mamá; puede que no sea nada.
Rey asintió y Han aun veía la preocupación en el rostro de su madre, sonrió para calmarla y salió al exterior, la maestra Jedi volvió a reanudar su trabajo.


Sernpidal
Sernpidal era el tercer planeta en el sistema Juleviano, ubicado en el borde exterior, Kyle y Crix caminaban por las polvorientas calles del planeta, los locales caminaban de forma apresurada pero ambos Jedi y el wookie optaron por ignorar el comportamiento de los serpindalianos.

Algunas tiendas estaban cerradas, Kyle se detuvo y observó a los serpindalianos, captaba temor y resignación.
—Mira, Kyle—dijo Crix señalando el cielo, Kyle alzó la vista donde observó que la luna del planeta se veía muy grande, demasiado para lo que estaba acostumbrado.
—Se ve grande ¿no?—exclamó el Caballero Jedi—Vamos, debemos buscar los suministros de una vez.

Reanudaron su camino y cada vez era más difícil andar, los alienígenas estaban desesperados y tuvieron que correr para no ser empujados, Chewie se colocó delante de los dos Jedi, su altura servia como escudo ante la masa de los sernpidalianos.
Llegaron a la tienda, que eran de las pocas que estaban abiertas.
—¿Hay alguien aquí?—exclamó Kyle y un anciano apareció tras el mostrador, Crix se acercó a zancadas.
—¿Qué está pasando afuera?
—Tosi Karu está llegando.
—¿Quién?—exclamó Kyle acercándose.
—Tosi Karu es nuestra Diosa quien reside en nuestra luna llamada Dobido. Nuestras leyendas hablan de su llegada y ese momento será el fin de nuestro mundo, tal como está ocurriendo.
—Se ve muy tranquilo—exclamó Kyle.
—Acepto mi muerte y mi conciencia está tranquila.
—Es imposible que una luna impacte contra Sernpidal, ni en mil años a ocurrido eso.
—Pero esta sucediendo—exclamó calmadamente el anciano mientras Crix corría hacia la entrada y miraba a la luna.
—Debemos salvar a los locales, Kyle—exclamó el menor de los Dameron, Chewie silbó una pregunta y Crix miró a Kyle confundido.
—Dice "¿Cómo lo haremos?"—exclamó Kyle mirando al wookie—No me digas que quieres hacerlo, son demasiados.
—Debemos investigar, Kyle—exclamó Crix corriendo hacia su primo—Debemos acercarnos a la luna y averiguar cuanto tiempo tenemos; eso no es normal.

Kyle resopló.
—Si esa luna va a estrellarse, mejor escapemos nosotros—exclamó Kyle y Chewie le reprendió con un gruñido.
—Tú eres un Caballero Jedi, Kyle. Es nuestro deber ayudar a estos locales— exclamó Crix y Kyle se tocó el cabello castaño, miró a Chewie que volvió a soltar gruñidos.
—Lo sé, lo sé. Soy un Jedi, Chewie, lo tengo claro. Pero debemos comprar…
—Dime lo que necesitas y te los doy sin costo alguno; cortesía de la casa.


Siri rodó por el suelo para esquivar otro ataque del yuuzhan vong, sentía el sudor correr por su frente mientras colocaba su espada de luz en forma horizontal. El hecho que no lo pueda ver en la Fuerza, lo hacia imposible empujarlo o lanzarlo por los aires; tenia que ayudarse con el mobiliario, Yomin Carr unos insecto cortadores en la cual la Jedi tuvo que saltar y uno de ellos rasgó su antebrazo protésico, cortándole la piel sintética y revelando el metal.
Yomin Carr al ver el metal unido a un cuerpo orgánico hizo que se enfadase.
—¡Abominación!—vociferó el yuuzhan vong, para ellos era una herejía que un elemento metálico esté unido a un cuerpo biológico, ya que lo veían antinatural, una herejía a la naturaleza.

Siri si podía ver en la Fuerza a los insectos cortadores, que volaban raudas hacia ella mientras los despedazaba con su sable de luz.
—Haz cometido una herejía, Jeedai—exclamó Yomin Carr blandiendo su anfibastón— Un ultraje a la naturaleza al usar tecnología aborrecible para reemplazar tu antebrazo orgánico ¿Por qué has hecho eso? ¿Es una muestra de una casta guerrera?
—Los Jedi no somos guerreros, vong—exclamó Siri, ambos se miraban entre sí, dando vueltas en círculos—Somos defensores de la paz y la justicia en la galaxia. Vamos a defender de invasores como tú.
—Es demasiado tarde, infiel. La invasión ha comenzado y morirás aquí.

Siri ya empezaba a sentir los estragos del cansancio, su contrincante era bastante hábil y fuerte, un autentico guerrero. Miró de reojo su antebrazo protésico, fue la misma Rey que le cortó su antebrazo cuando era una Caballero de Ren en aquel planeta donde se refugiaban los miembros de la antigua Resistencia en Rishi.
Pensó en llamar a Rey pero descartó la idea, ella era una maestra Jedi; podía derrotar a su rival, levantó un escritorio y se lo lanzó al vong, quien a duras penas logró esquivarlo, cayendo al suelo. Siri avanzó rápidamente y el anfibastón fue directo hacia su rostro, para morderle e inyectarle el mortal veneno pero la maestra Jedi se cubrió con su antebrazo metálico y se sujetó con fuerza.

Los colmillos de la serpiente mordieron el dorso de su mano protésico y Siri tiró de él, ocasionando que el vong se arrastrase y se puso de pie, tensando el arma.
Con la Fuerza, levitó una placa metálica y golpeó a la espalda del vong, ocasionando que tropiece y Siri rozó su armadura con su arma pero no ocasionó daño alguno, provocando chispazos en la armadura de él; Yomin blandió su arma y Siri dio un salto hacia atrás, y sintió algo pastoso en sus pies, bajo la vista, encontrándose algo gelatinoso que se aferraba a sus botas, inmovilizándola.
—¿Que kriffados…?
—La gelatina blorash es una sustancia viva, busca por si sola a su presa hasta aferrarla y no le permite moverse. Ahora, Jeedai; estás a mi merced.

Siri se serenó, Yomin Carr se acercó lentamente.
—¿Quién eres?
—¿Yo? Como vas a morir pronto, ofrecida en un sacrificio a nuestros dioses, te lo diré. Somos los yuuzhang vong y no somos de esta galaxia; venimos desde muy lejos, siglos y siglos de viaje interestelar. Nuestro Dios nos prometió una galaxia y nuestro Supremo Señor ya lo encontró: es este y Yuuzhan'tar es nuestro planeta elegido.

Siri dio un salto impulsado por la Fuerza, dejando sus botas ancladas en el suelo, dando una vuelta en el aire y con los pies en el suelo, flexionó las rodillas para luego salir impulsada como un bólido, con el sable láser a un lado derecho.
La acción repentina tomó por sorpresa a Yomin Carr que accionó su anfibastón pero fue demasiado tarde, el sable de luz de Siri atravesó su cara y la Jedi cayó al suelo.,
El cuerpo de Yomin Car cayó al suelo en un ruido sordo, con el sable aún en su frente mientras la Maestra Jedi se ponía de pie y se acercaba hacia el cuerpo inerte del vong, retirando su sable de luz.
—Hablas mucho.


Han se colocó en cuclillas, un roedor del tamaño de su mano huía a gran velocidad pero el Jedi logró detenerlo, usando la Fuerza. El animal se detuvo mirando al aprendiz, olfateó el aire mientras Han controlaba su mente; evitaba ser muy intrusivo.
No buscaba manipular al animal, él enviaba sentimientos de amistad, captaba destellos de curiosidad y Han hizo creer al animal que era un igual; no era muy claro las líneas de pensamiento del roedor: captaba miedo y huía de algo que no podía comprender.

El roedor siguió su camino mientras Han avanzaba por la espesura del bosque hasta detenerse en un monte elevado, donde podía ver campos de cultivos y diferentes especies trabajando.
El joven se preguntó si eran los científicos que buscaban, aquellos vestían una especie de túnica que a Han le daban la sensación de ser pieles. No se detenían y todo lo hacían mecanizados, como si estuviesen controlados por algo; Han se inclinó aún más, oculto en los arbustos, ellos parecían cultivar corales y se preguntó porque lo hacían.

Se agachó aún más al ver un alien más alto y con armadura, de orejas largas y gestos grotescos, el aprendiz no pudo captar la Fuerza en él a diferencia de los trabajadores.
Aquel alien tensó un látigo y golpeó con violencia a uno de ellos, pareciéndole que no hacia el trabajo lo suficientemente rápido. Han Dameron dedujo que ellos eran esclavos.

Apretó los dientes, no podía permitirse algo así; tenia que hacer algo, pensó en llamar a su madre pero ella estaba ocupada.
"Eres un Jedi, Han. Debes tomar la iniciativa" se dijo a sí mismo, sonrió de medio lado y se deslizó por la pendiente hasta llegar a tierra firme. Se escabulló detrás de la maleza, y al alien no lo vio por ningún lado y sabía que no podía confiarse, a ellos no los podía ver en la Fuerza, así que tenia que ser cuidadoso.

Se puso de pie y con la Fuerza que lo ayudaba a acelerar el paso, se escondía en cada maleza hasta llegar a los cultivos pero esta vez ya tenia una visión más amplia: algunos corales ya estaban cultivados y eran tan grandes como un Ala—X: de forma ovalada, con el morro alargado, con disparadores delgados que sobresalían.
Un esclavo cayó al piso extenuado, el resto de ellos continuaban trabajando sin apenas prestarle atención al humano caído. Han, abandonando toda prudencia, se puso de pie y corrió a ayudar al hombre y se arrodilló ante él, estaba pálido y con los ojos volteados, tenia una especie de coral en la sien pero el aprendiz supo que no podía hacer nada más por él, estaba muerto.
Los esclavos miraban al recién llegado y varios de ellos parecían que miraban a algo por detrás del aprendiz, así que Han se puso de pie y se giró, encontrándose con dos alien de casi de dos metros, mucho más altos que él.

Hablaban en un idioma que no entendía nada pero no podía perder más tiempo y olvidando un momento su decisión de no usar mucho su arma, sacó su sable de luz. Los vong gruñeron y vociferaron una palabra que no conocía, se colocó en guardia mientras los vong empuñaban sus anfibastones, chocaron con fuerza, el aprendiz retrocedió y embistió a uno, empujándolo hacia atrás, giró sobre sus talones para detener el ataque de otro pero sintió un latigazo en la pantorrilla.
Se alejó a trompicones y vio a otros vong acercarse, se dio la vuelta y recibió un fuerte golpe en el pecho, cayendo de espaldas al suelo.

Jadeó mientras buscaba que el oxígeno llegase a sus pulmones, vio con horror que los vong aumentaban en número y recibió numerosos golpes en su espalda pero contuvo el dolor; buscó expulsarlos mediante la Fuerza pero al no sentirlos, no podía hacerlo.
Buscó desesperadamente las rocas pero encontró coralitas, así que las arrancó del centro de cultivos y los golpeó, pero luego supo que era mala idea.
Los vong se enfurecieron y Han se puso de pie para escapar y recibió un fuerte golpe en la barbilla, cayendo sin conciencia al suelo.


Rey hincó una rodilla al suelo para observar a Yomin Carr; Siri, quien había arrastrado el cuerpo inerte del vong hasta el centro de control, miraba a la maestra Jedi con los brazos cruzados.
—¿Dijo quien era?
—Dijo que era un yuuzhan vong,
—¿Es un yuuzhan vong? Nunca he escuchado esa especie.
—Dijo que venían de otra galaxia, no es de este lugar.—explicó Siri, BB-8 se adelantó antes que Rey le dijese algo, buscando el nombre de la especie en su base de datos e inclinó su cabeza al no encontrar los datos requeridos.
—Debemos llevarlo a Coruscant—exclamó Rey poniéndose de pie y mirando hacia el bosque con el ceño levemente fruncido.
—¿Encontraste algo interesante?
—No he podido arreglar el generador de datos, Crix hubiese podido hacerlo—exclamó Rey caminando por el lugar—Pero BB-8 encontró esto.
Le mostró una esfera rojiza y que parecía latir lentamente, Siri miró con asco aquel artilugio.
—Parece algo asqueroso—exclamó Siri pero Rey nuevamente miraba al bosque, sentía que Han corría en peligro pero no captaba señales que le indicaban que en verdad lo estuviera. El objeto, que era en realidad un villip, se agitó y se formó un rostro tridimensional, ocasionando que las maestras se quedasen en silencio.

El vong gesticuló una orden y luego desapareció; era evidente que había dejado un mensaje en un idioma incomprensible para ellas.
—¿BB-8?—preguntó Rey mirando al droide, BB-8 rodó sobre si mismo, el silbido que emitió dejó en claro a la maestra Jedi que ese idioma no estaba en su base de datos pero como solo era un droide astromecánico, no podía ser mas confiable que un droide protocolar que conozca miles de formas de comunicación.
Y Rey volvió a mirar hacia el bosque, los guestos de la maestra Jedi no pasaron desapercibidos por Siri.
—¿Dónde está Han?
—Fue a investigar algo, desde hace mucho y siento que él…debo irme.
—Estaré en el Alma Jedi con el vong, Rey. Ve por Han.


Han abrió lentamente los ojos y el dolor en su cabeza se acrecentó, miró a todos lados, supuso que estaría en una caseta, de paredes verdosas que parecían algas y los rayos solares se filtraban por dos ventanales, intentó moverse pero estaba amordazado y colgado de ambos brazos.
Dos vong ingresaron al recinto, uno era más grande y usaba capa, cabello negro hasta los hombros y con más cicatrices y mutilaciones en su rostro fiero. Han observó que llevaba tatuajes faciales a diferencia del otro vong que no lo llevaba, así que supuso que debía ser de un rango superior.

El segundo vong se acercó hacia él, Han se agitó con miedo al ver que llevaba en su mano un gusano que se retorcía y se lo metía en el oído.
—¿Me escuchas, infiel?—exclamó el vong, Han parpadeó de la impresión ya que el mensaje le llegó claro y apostó que el bicho servia como traductor. Asintió.—¿Quién eres?
—Nadie—exclamó Han y el yuuzhan vong sonrió con malicia.
—Me presentaré, yo soy Tsavong Lah, Comandante Supremo y vuelvo a preguntarte, infiel ¿Quién eres tú? ¿un Jeedai?
—¿Jedi? No—exclamó Han Solo— Soy un campesino.
—Mientes—exclamó Tsavong Lah y le mostró su sable de luz—Esta no es la primera abominación que veo, a decir verdad, es esl primero que toco. Un Jeedai usaba uno parecido a este.

Han se quedó en silencio, quiso preguntar a que Jedi se lo arrebató pero temía revelar su verdadera naturaleza ¿Se estaría refiriendo a Syd? ¿Su hermano quizá o su primo?
—¡Contesta hereje!—vociferó su ayudante y recibió dos latigazos en su espalda, apretó los dientes para no gritar y miró desafiante al Comandante Supremo. Y entonces, el vong encendió el sable de luz y lo colocó muy cerca de su mejilla derecha, el joven podía sentir el calor y empezaba a sentir los nervios.
—Yo…¿Por qué piensas que soy un Jedi?
—Porque un simple campesino no puede luchar de esa manera como lo has hecho, como un aunténtico guerrero. Solo un idiota puede tener la insensatez de enfrentarse a guerreros Hijos de Yuuzhan. Un Jeedai es un guerrero.]
—Yo…—Han sabia que no podía mentir, buscó controlarle la mente pero al no verlo en la Fuerza, supo que estaba perdido—Lo soy—confesó y Tsavong Lah miró triunfante al derrotado Han que bajó la vista, pensó en su madre y se abrió a la Fuerza con la esperanza que lo encontrara, el yuuzhan vong dejó caer al suelo su sable de luz y le dio la espalda.
—Que este infiel sea un esclavo más y que trabaje más que los demás.

Desapareció de su vista, Han miraba el umbral por donde se había ido el Comandante Supremo y se preguntó si eso era todo, nunca pensó que moriría siendo un esclavo, lejos de su familia y lejos de ella. Cerró los ojos y pensó en su madre, añorando estar en sus brazos de nuevo, en su padre, en su hermano mellizo; a quien le gustaba tomarle un poco el pelo y lamentó no haberle dicho que lo estimaba mucho.
Pensó en su hermana y en el enlace de mellizos que los relacionaban, aquel enlace se fortalecía mucho cuando estaban juntos y podían sentir las emociones de cada uno. Y de pensarlo mucho, vino a su mente la imagen de su mejor amiga, Tara Lar Chal; sonriendo débilmente y lamentando de no haberla visto por última vez.

El yuuzhan vong le retiró el gusano del oído, provocando que se estremeciera y lo miró desafiante, hizo aumentar su presencia en la Fuerza y la llama ardió con intensidad. El alien no se iba a dejar intimidar por el joven y lo golpeó varias veces en la cara y en el abdomen, le habló pero al no tener el gusano en el oído, no lo comprendió.
Y nuevamente estaba solo.
—Lo siento, mamá; te fallé—musitó y cerró los ojos, resignándose a ser un esclavo más.


Continuará