Y como siempre, renazco de entre las cenizas de mi ausencia. Ya sé que siempre es lo mismo, y que no tengo cara para disculparme, pero aquí les dejo todo mi cariño convertido en un nuevo capítulo de la historia.
Este capi va dirigido para la NaranjaMorada, como su segundo regalo de cumpleaños, y para todxs lxs que me leen aun, a pesar de mi falta de constancia.
¡Disfruten la lectura!
Capítulo 6.
Operación S.O.S.
Viernes, 07:00 hrs. Casa de la familia Nanase.
Objetivo: Haru.
—¿Algo?
—No— la voz de Rei era apenas un suspiro.
Esa mañana, cuando Makoto llegó a casa de Haru, él se había marchado sin llegar tampoco a casa de Gou. Luego, en la escuela, no había aparecido en clases. Pensaron que tal vez estaría en la piscina, pero no había señales de él; tampoco estaba en ninguno de los salones o en la azotea.
—Vayamos al club. Tal vez volvió ahí— sugirió Makoto, tratando de no dejarse llevar por el pánico—. Si no podemos encontrarlo, tendremos que llamar a la policía.
Los demás asintieron, tratando de recuperar el aliento antes de comenzar la carrera de nuevo. La manager del equipo seguía el ritmo de sus compañeros, cuando una idea llegó a su mente. Se detuvo un momento y se desvió de su camino, sin avisar nada. Corrió tanto como su condición le permitió y, mientras sus pulmones rogaban una ruta de escape para aquella tortura, se prometió que volvería a hacer algún deporte a partir del día siguiente. Disminuyó el paso, acercándose silenciosamente a su destino.
Ahí.
Estaba de espalda, pero no cabía duda de que era él. A pesar de que nunca había visitado ese lugar con los chicos, lo había hecho con su hermano, y sabía gracias a él que era uno de los favoritos de Haru. Avanzó despacio.
—Haruka-senpai— llamó, en voz queda. Él giró el rostro sobre el hombro para mirarla; sus ojos azules se veían tan… tristes, que Gou no pudo evitar otra vez la sensación de querer protegerlo. Las siguientes palabras salieron de su boca antes de que ella misma lo supiera—. Lo siento.
Haru se giró, esta vez hasta quedar totalmente frente a ella. No entendía por qué estaba disculpándose.
—Lamento no poder hacer nada… real por ti, senpai— explicó ella, en respuesta a su mirada interrogante—. Quisiera ayudarte, en verdad, pero no sé… —suspiró—. Lo siento.
—Gou…—dijo él, clavando la mirada al frente.
La pelirroja lo miró ahí, de frente al horizonte, con los ojos clavados en el mar, y entonces entendió.
Después del ataque sufrido por Gou en los vestidores, la acosadora había estado bastante tranquila… hasta la noche en que Rin se enteró del acuerdo entre Haru y Gou. Al volver a casa, Haru encontró una foto de Rin sosteniéndolo contra la pared de la piscina, sobre la que alguien había escrito, con rotulador rojo, la frase "¿PROBLEMAS EN EL PARAÍSO?". Pese a la renuencia de Haru a compartir su vida personal, terminó mostrándole el mensaje a sus compañeros, pensando que debían estar alerta en caso de que intentaran atacar a Gou otra vez.
—Es como si estuviera siempre cerca— dijo Makoto.
—Es escalofriante— le secundó Nagisa, quien por primera vez parecía preocupado.
—Makoto-san tiene razón— Rei ladeó la cabeza, justo como hacía al analizar un problema físico
—Es escalofriante— repitió Nagisa. Tal vez estaba en shock o algo por el estilo
—Lo que quiero decir— Rei se puso de pie, con un brillo especial en la mirada—… es que parece estar siempre cerca porque lo está. ¿De qué otra forma podría haber sabido lo de Rin-chan-san?
—Ya sabíamos que era alguien de la escuela
—No—tajó el de lentes—. No es sólo la escuela. ¿Cómo podría haber sabido, un simple estudiante, la dirección de Haru? ¿Y lo de Samezuka?
—Debe estar siguiéndolo— meditó Gou en voz alta.
—Pero no demasiado cerca— asintió Rei—. La pregunta en la foto significa que no sabe realmente qué fue lo que pasó. Es decir, estuvo ahí, pero no lo bastante cerca para escuchar la discusión.
—Por eso no ha creído la historia de Haru y Gou, ha estado observándolos todo el tiempo— complementó Makoto.
—Es escalofriante— repitió Nagisa, sacudiendo la cabeza con un gesto de desagrado.
—Creo que esto es mucho más serio de lo que pensamos— meditó el castaño, mirando a Haru con angustia—. Deberíamos contárselo a alguien mayor.
La sala se llenó de silencio. Sabían que Makoto tenía razón, no podían seguir arriesgándose de esa manera, incluso si contarle al director o a la policía tampoco sonaba precisamente grato.
Al día siguiente, la puerta de la oficina principal se cerró con cautela a la mención de una acosadora. Makoto habló casi todo el tiempo, titubeante, tímido, preocupado. Los demás sólo escucharon y asintieron de vez en cuando, como confirmando la historia, ante la incredulidad del director de la profesora. Haru… bueno, Haru sólo se sentó ahí, con la mirada perdida en algún lugar detrás de la ventana, mientras Gou se debatía con sus ganas de sostenerle la mano para reconfortarlo; era como si estuviera en algún otro lugar, muy lejos de todos.
—El agua— masculló.
Como si hubiera presionado un botón mágico, Gou lo entendió.
Después de reprenderlos por haber ocultado algo tan serio a las autoridades escolares, el director decidió clausurar temporalmente el club de natación, pensando que permitir a Haru seguir nadando, era exponerlo plenamente en un lugar demasiado peligroso. Ese fue el único momento en que el moreno volvió en sí, para mirar al resto de las personas en la habitación.
Había pasado ya una semana de aquello; la policía vigilaba la escuela, la casa de Haru y la de la familia Matsuoka, convirtiendo a la falsa pareja en un par de prisioneros de seguridad; Haruka apenas si había podido tocar el agua desde entonces y, para terminar con todo, el director no parecía tener ni idea de quién estaba acosándolos desde hacía semanas. Con todo aquello, el delfín parecía cada vez más ausente, lejano incluso para sus amigos, que no habían alcanzado a comprender cuán afectado estaba, hasta su desaparición.
Haru sólo quería nadar con libertad, como antes de que la acosadora llegara.
—Haruka-senpai —llamó de nuevo la pelirroja.
Haru levantó ligeramente la cabeza, como señal de que estaba escuchando, aunque no volteó.
—Hay que escaparnos.
El moreno tardó un microsegundo en comprender lo que su manager le estaba proponiendo. Dio media vuelta, hasta quedar frente a ella, con los ojos azules llenos de confusión.
—Honestamente— explicó ella, con un gesto dramático y gracioso—, estoy cansada de pasarme todo el día encerrada en casa. Mi piel está más pálida de lo común por la falta de sol, ¿ves? —se estiró la piel de las mejillas, como un niño tratando de imitar a un monstruo, provocando que Haru suavizara su expresión—. Así que, antes de que ambos terminemos convertidos en feos vampiros, yo sugiero que nos escapemos. Juntos. No estoy segura de qué tan lejos podamos llegar en una situación tan improvisada, pero estoy segura de que será lo bastante lejos para relajarnos un poco y dejar de pensar en esa loca acosadora que seguro tendría que estar en una institución mental lejos de cualquier chico apuesto al que pueda atormentar porque quién…
Cuando alzó la vista, Nanase la miraba con el rostro ladeado, como tratando de descifrar todo lo que había dicho sin apenas respirar.
—Lo siento— se encogió de hombros—, creo que a veces divago un poco.
Él asintió tan naturalmente como hacía siempre.
—El punto es— continuó ella, después de un suspiro—, que un paseo nos vendría bien. No tenemos por qué decirle a los demás por el momento.
—No lo sé— mascullo el moreno, pensando en todos los sucesos recientes.
—Está bien, les enviaremos una nota.
Gou sabía que no era seguro incitar a Haru a huir por ahí sin ningún tipo de seguridad, pero a esas alturas, viendo sus párpados caídos y el azul de sus ojos tan opaco, creía que mantenerlo atado a un espacio de cuatro paredes libre de agua, era mucho más peligroso.
—Vamos, senpai— insistió—.Prometo que no permitiré que seas arrastrado cerca de ninguna otra chica, estaré contigo todo el tiempo. Cuidaremos el uno del otro.
Levantó la mano a forma de promesa, sintiendo que aquello sonaría como una promesa de amor para quien no estuviera enterado de la historia al fondo.
Finalmente, él asintió, sin dejar todas sus reservas de lado.
—¡Muy bien! Entonces vamos.
Gou lo tomó de la mano y lo arrastró enérgicamente hasta la estación del tren. No se molestó en decirle a dónde iban, de hecho, Haru dudaba que ella misma lo supiera, pero de alguna manera aquello parecía estar bien. Mucho mejor que estar varado en la sala de su casa.
La pelirroja habló todo el camino: sobre el clima, sobre el transporte, su familia, sus amigas, los chicos de la escuela que le agradaban, los que no le agradaban, los futuros planes para el club de natación, las fiestas de cumpleaños, el cumpleaños de cada integrante del club Iwatobi, la tarea de ciencias en la que Rei le había ayudado, lo molesto que podía ser Nagisa a veces… era como si tuviera energía ilimitada para conversar. Y es que sabía que hacer a Haru hablar no sería fácil, pero quería distraerlo tanto como le fuera posible; él, por su lado, escuchaba y asentía con comentarios cortos y esporádicos, preguntándose de vez en cuando si todas las chicas hablaban tanto… ya se lo preguntaría a Makoto luego.
—Vamos— sin previo aviso, Gou lo arrastró fuera del tren.
A pesar de que se sentía extrañamente cómodo con ella, Nanase no podía dejar de pensar en la promesa que le hizo a Rin días atrás. "No dejaré que nada le pase". ¿Y si la estaba poniendo en peligro? Entendía que ella quisiera alejarse, él también lo quería, pero…Sus pensamientos desaparecieron cuando vio el lugar al que habían arribado. Un parque acuático. Se quedó con los ojos como platos, admirando las olas dibujadas a cada lado del portón de acceso.
—Fue una buena idea, ¿eh? —la chica le dio un golpecito con el codo, sonriendo. Él asintió—. No es muy concurrido, pero hay bastante gente para pasar desapercibidos. Ninguna acosadora, no importa cuán hábil, podría hacer algo aquí. Estaremos seguros.
El moreno ni siquiera se molestó en responder. Sujetó con firmeza la mano de su compañera y se dirigió hacia el interior del parque a paso veloz.
—Haruka-senpai. Sé que estás emocionado, pero tenemos que hacer algunas compras antes.
La miró. ¿Qué clase de compras podrían ser necesarias en un momento así?
Trajes de baño. Claro. Él lo llevaba debajo de la ropa civil, como era su costumbre, pero ella llevaba el uniforme escolar. No entendía cómo las personas podían estar tan poco preparadas, pero decidió acompañarla de cualquier forma.
—Me pregunto cuál…—Gou recorría las perchas con la mano extendida, como si la ropa pudiera transmitir alguna vibra especial que, tarde o temprano, la haría saber cuál era el traje indicado. Finalmente tomó uno de dos piezas, con rayas blancas y rojas; la parte baja parecía una falda con dos capas cortas de holanes, mientras la pieza superior tenía un bonito moño al frente—. ¿Qué opinas, senpai?
—Ah… está… bien— se encogió de hombros
La pelirroja sonrió de lado. A esas alturas, ya entendía que esperar reacciones comunes de Haru era inútil, pues él no era común, así que se sintió satisfecha con sus palabras y compró el bañador, junto con otras prendas para vestir al salir.
Apenas pusieron un pie afuera, Haru se despojó de toda la ropa que le estorbaba y se lanzó a la piscina más cercana.
—¿Ha-Haruka-senpai? —Gou lo miró con una inmensa ternura. No imaginaba lo difícil que había tenido que ser todo aquel encierro para él.
Sus pensamientos sobre lo lindo que se veía así de libre, se vieron interrumpidos por un par de chicos a su lado, halagando su figura y su atuendo. Estaba a punto de golpearlos cuando su compañero apareció, con las gotas de agua haciéndolo lucir radiante; Haruka miró a los dos extraños con el ceño fruncido, tomó la mano de la pelirroja y, sin decir ni una sola palabra, la arrastró hacia el interior de la piscina.
—¿Senpai? ¿Senpai? —la menor de la familia Matsuoka avanzaba a trompicones, aferrándose con fuerza a la mano de él para no resbalar. ¿Qué había sido eso? ¿Celos? No, seguro era sólo su preocupación por la acosadora… ¿verdad? Lo miró de espalda, apretando los labios antes la incógnita.
Cuando finalmente se detuvo, el agua alcanzaba la cintura de ella y un poco por debajo de los hombros de él. El chico miró hacia los alrededores, hasta cerciorarse de que aquellos chicos se habían marchado.
—¿Está todo bien?
Los ojos de su manager aparecieron debajo de él, grandes y curiosos. Al verla, el moreno dio un respingo y miró hacia otro lado, evitando su mirada con toda obviedad.
—Vamos a nadar—fue su respuesta, antes de esconderse bajo el agua.
Durante el siguiente rato, el delfín nadó de un lado a otro de la piscina turística, reuniendo incluso a una pequeña audiencia a su alrededor. Por su parte, la pelirroja se limitó a chapotear por ahí, tratando de no entrometerse en el camino del profesional.
—Haruka-senpai— Gou lo interceptó mientras salía a tomar aire, porque parecía ser su única oportunidad—. ¿Estás cansado? ¿Quieres comer algo?
Él negó con la cabeza, como si fuera la respuesta más obvia.
—Deberíamos ir a comer algo—insistió—. Debes mantenerte bien sano para los próximos entrenamientos.
No había prestado suficiente atención, pero hubiera podido jurar que lo escuchó suspirar con resignación antes de acceder a su petición.
Comieron pescado en el restaurante del parque. No era caballa, pero al chico no pareció importarle demasiado, considerando que el agua le había regresado la vida a su mirada; estaba tan feliz, que quiso lanzarle de regreso a la piscina apenas terminaron la comida.
—¡No puedes entrar al agua ahora! —imperó, sosteniéndolo por el brazo—. Debes esperar un rato después de comer para volver al agua, o podrías sentirte mal.
¡Aja! Otro suspiro de resignación.
Nunca antes había notado esa clase de gestos en él. Por supuesto que nunca antes había estado así de cerca de él, física y emocionalmente hablando, así que era posible que fuera algo común.
—Vamos, tengo una buena idea
Esta vez fue ella quien lo arrastró a una zona de picnics, donde las familias se reunían a descansar y conversar un rato, algunas mientras comían, otras mientras miraban a los turistas en las piscinas cercanas. La pelirroja se sentó debajo de un árbol, sonriendo ampliamente.
—¿Verdad que es bonito?
Él asintió suavemente, sentándose a su lado.
—Mi hermano y yo solíamos visitar un parque similar a este con mis padres. Creo que fue ahí donde Rin descubrió su talento para nadar. Al final del día, nos sentábamos todos sobre una manta y comíamos juntos.
La miró con la cabeza ladeada.
—Apenas nadaste… hace rato— nadie, excepto él mismo, hubiera podido saber con certeza si aquello era una pregunta o una afirmación incoherente. Por suerte Gou lo entendió.
—No soy tan buena como ustedes— se encogió de hombros, como si hablara de algo inevitable—. Quiero decir, no voy a ahogarme en una piscina profunda, pero tampoco creo poder nadar… así.
—¿Tu hermano nunca te enseñó?
—En realidad—respondió, después de pensarlo unos segundos—, creo que fui yo quien nunca quiso intentarlo de forma seria.
—Puedo enseñarte
Los ojos de Gou se abrieron como platos al escuchar aquello. Haru había luchado incluso en contra de la idea de enseñar a Rei, y estaba ofreciéndose, sin ningún tipo de coacción, para ayudarla
—… si quieres— complementó, al escuchar el silencio.
—¡Sí! Es decir… eso sería muy bueno, senpai. Gracias.
Ambos sonrieron, aunque la sonrisa de él fuera apenas una mueca pintoresca.
—¡Ah! —Gou se levantó de un brinco—. Mamá. Olvidé completamente enviarle un mensaje… probablemente los chicos hablaran con ella, pero aun así creo que debería llamarla.
Él accedió con un gesto.
Cuando la pelirroja terminó de explicarle a su madre que estaba sana y salva y que volvería a casa pronto, Nanase ya estaba recostado en el pasto, con los ojos cerrados. Se recostó a su lado, con la extraña sensación de que en ese mismo momento, lado a lado con él, nada podía salir mal. Haru parecía haberse quedado dormido con los audífonos puestos. Se preguntó qué clase de música escucharía: ¿rock? ¿Jazz? ¿Música clásica? ¿Hip Hop? De pronto se percató de lo mucho que ignoraba sobre él o, visto desde una perspectiva mucho más alentadora, lo mucho que podía aprender todavía.
Giró sobre sí misma hasta quedar boca abajo, apoyó ambos brazos en el suelo y la barbilla en los brazos. Miró a Haru como si no lo hubiera visto nunca antes.
-Me pregunto si tienes una idea de lo apuesto que eres-murmuró, sólo para ellos dos. En realidad, sólo para ella, pues él permanecía completamente ajeno a la mirada de la pelirroja.
Observó su pecho subir y bajar lentamente, sus dedos largos enredados alrededor del aparato musical y sus cabellos levantarse con la brisa. Tal vez estaba soñando algo agradable, porque sus labios estaban semicurvados en una especie de sonrisa. Extendió su mano hacia él, despacio, acomodando un mechón de esos cabellos oscuros.
-¿Gou?- llamó él, abriendo los ojos.
-¡S-senpai! Lo siento, no quise despertarte, yo sólo… quería asegurarme de que no tenías fiebre- dio la primera explicación que le vino a la cabeza. Obviamente no había sido una buena idea.
-Está bien- dijo el moreno, quitándose los audífonos. No parecía molesto-. Es difícil dormir aquí.
¿Difícil? ¡¿Eso quería decir que había estado despierto todo el tiempo?! ¿La habría escuchado antes? Probablemente los audífonos no lo habían dejado escuchar nada de cualquier forma, ¿cierto?
-¿Q-quieres que te ayude?- se ofreció, tratando de superar el hecho de que prácticamente se le había declarado sin saberlo.
Él la escrutó con esos intensos ojos azules y asintió. Al parecer, ya no tenía interés por volver al agua tan rápido.
-Está bien- suspiró. Con suerte, algún poder divino la ayudaría y él olvidaría todo lo que había escuchado mientras dormía… o algún hoyo en la tierra se la tragaría antes de que Haru volviera en sí.
Se acercó un poco más a él y comenzó a deslizar sus dedos entre los suaves cabellos negros. Le acarició con delicadeza, con paciencia y cariño. Él cerró los ojos de nuevo.
-Puedes usar tus audífonos, senpai- sugirió la pelirroja-. Te ayudará a relajarte.
Él se puso sólo uno de los artefactos circulares.
-¿Sólo uno? –cuestionó, intrigada.
-Hm- asintió él-. Es bueno estar atento.
Aunque el color rojo le subió por todo el rostro, Gou no pudo evitar sonreír. Se quedó ahí, acariciándole el cabello, admirándolo dormir, mientras el MP3 tocaba algo que no recordaba haber escuchado antes:
She's a whistle on the wind
Feather on the breeze
She is sunlight on the sea
She's a soft summer rain
Falling gently through the trees…
And I love her.
Viernes, 20:00 hrs. Casa de la familia Matsuoka.
—Definitivamente hoy fue un gran día— la menor de los Matsuoka estiró los brazos, mucho más relajada que al comienzo del día.
Se detuvieron en la entrada de la casa. Sabía que le esperaba una larga reprimenda de su madre, pero si pudiera volver el tiempo atrás, definitivamente haría las mismas cosas. Excepto declararse tontamente mientras Haru dormía, claro.
—Lo fue— consintió él, mirándola directamente a los ojos
—Somos un buen equipo, después de todo
Esperando una respuesta, se encontró directamente con la mirada de él, fija sobre su rostro.
—Gou…—él parecía distinto, demasiado concentrado, como si le costara trabajo terminar la oración.
—¿Pasa algo, senpai? ¿Te sientes mal? —viéndolo así, lo primero que pensó fue que había pescado un resfriado en el parque; levantó su mano para tocarle la frente y asegurarse, pero él la sujetó en el camino.
—Gracias— dijo, finalmente, con sus manos aún reunidas.
Por un momento no supo qué responder. ¿Qué se dice después de algo así? No eran las palabras, sino lo mucho que él transmitía. Finalmente sonrió con la misma dulzura con la que él parecía mirarla.
—Cuando quieras, senpai.
La luz de la casa se encendió, indicando peligro.
—Será mejor que te vayas, si no quieres recibir el regaño también. Ve con cuidado, ¿sí? Los chicos deben estar esperándote en la estación.
Él asintió, emprendiendo la marcha de regreso a casa. Ella se quedó mirándolo, hasta que su madre la obligó a entrar. Ambos sonreían a pesar de todo, porque ese día, hicieron algo más que nadar o dormir a la sombra de un árbol.
¡Cha chan! ¿Qué les pareció? ¿Les gustó?
Esta vez quería hacerle un capítulo a Haru y a Gou solitos, porque ya se lo merecían.
Espero que hayan disfrutado de esta actualización, si fue así, por favor no se olviden de dejar sus reviews y sugerencias. Son un amor con ojitos y dedos.
Les recuerdo que pueden encontrarme en facebook (con el mismo nombre que aquí), donde publico los links inmediatos de mis actualizaciones y algunos textos que no entran en la categoría de FF, como microcuentos.
Nos leemos pronto. ¡Besos y abrazos apachurradores!
