Muy buenas a todos :)
Oficialmente ya he terminado las clases y los exámenes así que estaré mucho más activa por fanfiction (al menos eso espero jajaja).
A los poquitos que hayáis echado de menos esta historia, decir que siento haber hecho que esperarais tanto por saber la continuación y que espero que os guste!
Como siempre, gracias a los nuevos favs/follows y también a los que comentáis: EsthefyBautista, venus1485, FPhoenix, paola-enigma, MissRegal93, Fanfictioner . sq, erpmeis y ildcss.
Un beso y un abrazo para todos.
Capítulo 6. Lady Gaga tiene un sabor agridulce
No sabía cómo siempre terminaba entre aquellas cuatro paredes, entre los amplios ventanales del despacho de Ruby Lucas. Pero allí estaba de nuevo, esta vez para un motivo mucho más distinto al resto. Ya no se trataba de sus incontables faltas o retrasos a la hora de entrar al trabajo, no. En aquel momento tenía algo mucho más importante que discutir allí y no quería irse sin que le quedaran las cosas claras. La directora acarició el respaldo de su silla y con un grácil movimiento la atrajo hacia ella, sentándose después e indicándole con un levantamiento de cejas que hiciera lo propio. Emma no tardó en obedecer y se acomodó en el sillón que flanqueaba la mesa del enorme despacho.
- Veamos… –apoyó la barbilla en los nudillos y la miró fijamente– ¿Qué es lo que quieres saber exactamente? –una sonrisa ladeada acompañaba su gesto.
- Qué fue Danielle Murray en la vida de Regina y por qué decidió marcharse –tajante, no quería andarse con rodeos y sabía que la morena así lo prefería, a fin de cuentas su tiempo le era algo muy preciado y gastarlo sin sentido le molestaba.
- Bien –echó el cuerpo para atrás, descansando por completo la espalda en la silla– como ya sabes, fue la manager de Rina desde que ella tenía los 16. Esas dos eran como uña y carne –rió– no sé qué tipo de relación tendrían pero Regina siempre miraba a Danielle con un brillo especial en los ojos… Quizás sería admiración, quizás cariño, quizás algo más… no lo sé, lo único que puedo decirte es que si la señorita Murray dejó de representarla fue porque Rina tuvo un break cuando cumplió los 18.
- ¿Un break? –no entendía exactamente a lo que Ruby estaba haciendo referencia.
- Sí, por así decirlo. Verás… su imagen había sido sobreexplotada y todo el mundo conocía ya a la dulce y encantadora Regina Mills. Tal fue el boom en su momento que pronto la industria perdió el interés. Se dice que la fama es efímera y que desaparece igual de rápido que la consigues, si no eres capaz de conservarla. Algo así le ocurrió a Rina. Pasaron de quererla en todos lados a dejar de llamar a Bewitched preguntando por ella –hizo un pequeño parón y tragó saliva– Fue entonces cuando Danielle presentó su dimisión –suspiró.
- ¿La abandonó? –Emma estaba perpleja.
- No sé si los motivos que la llevaron a dejar la agencia fueron esos, no hay que sacar conclusiones precipitadas. Los hechos fueron los siguientes: Danielle dejó Bewitched, cancelando con ello el contrato que tenía como representante de Regina y rompiendo todo contacto con ella –se apartó el flequillo a ambos lados de la cara– Después de aquello, Rina estuvo meses sin querer saber de nadie hasta que un día volvió a aparecer por la agencia, con una actitud completamente distinta. Podría decirse que tenía una aura de madurez que la envolvía y una belleza fría y sensual. La niña se había hecho mujer y pronto la industria volvió a poner su foco sobre ella… pero Rina nunca quiso volver a depender en nadie más y la media de duración de sus managers desde entonces no superaba el mes.
- Así que eso es lo que me espera… –fue un pensamiento que murmuró en voz alta.
- Eso pensábamos al principio –sonrió con amargura– es por ese motivo que ya no nos preocupamos por la persona que se encarga de Regina, ya que siempre acaba abandonando por propia voluntad o siendo despedido en tiempo récord.
- Vaya, gracias –contestó con un sarcasmo poco disimulado.
- Pero ese no es tu caso, por eso he dicho que era lo que pensábamos al principio –volvió a mirarla de forma penetrante– no sé cómo debes hacerlo, Emma Swan, pero desde que eres tú quien se encarga de cuidar de Regina que vuelve a estar de mejor humor. Y tampoco veo síntomas claros de que vaya a despedirte. ¿Tú quieres abandonar? –levantó la ceja derecha.
- No –se apresuró a responder. ¿Regina estaba de mejor humor? ¿En serio? Sería con los demás porque respecto a ella…
- Entonces no hay ningún problema –rió– dime… ¿Te ha servido de algo lo que te he dicho?
- Sí, muchísimas gracias –le sonrió– tenía algunas dudas y no sabía por dónde ir…
- Sigue como hasta ahora, Emma. Estás haciendo un buen trabajo –era extraño que la directora en persona la felicitase, así que se tomó el cumplido como algo único y probablemente irrepetible.
- Ruby –se oyó a alguien entrar al despacho de un portazo y Emma se giró instintivamente para ver de dónde procedía aquel sonido. La fotógrafa de la agencia se deshacía de la cola de caballo que llevaba, con aires distraídos– tengo media hora. ¿Te apetece jug-… –enmudeció al percatarse que la rubia también estaba allí– revisar estas fotografías? no tengo muy claro si el balance de blancos es el correcto –balbuceó con una sonrisa nerviosa. Emma tenía la sensación que acababa de estar en el lugar inoportuno en el momento inoportuno.
- Claro, espero que hayas traído la cámara que te pedí –añadió la directora de Bewitched con tono sugerente.
- Por supuesto –Belle tenía ahora un ligero rubor en las mejillas e iba desviando la mirada de Ruby hacia ella. ¿Qué estaba pasando entre aquellas dos? ¿Podría ser un affaire? Sin pensárselo más, notando que empezaba a sobrar en aquella habitación, se puso de pie.
- Regina probablemente ya haya terminado la sesión de fotos de esta mañana, así que iré a ver si necesita algo –esgrimió con un tono políticamente correcto– muchísimas gracias por su ayuda, directora Lucas.
- Ya te lo dije, Emma, llámame Ruby –la morena le sonrió afablemente y apoyó la mejilla derecha en la palma de su mano. Por su parte, la rubia le devolvió el gesto y se encaminó hacia la puerta, saludando a una nerviosa Belle por el camino. En cuanto cerró la puerta, no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada tonta. ¿En serio? ¿La directora y la fotógrafa? Quizás solo habían sido imaginaciones suyas, pero estaba completamente segura que al entrar lo que Belle le iba a preguntar era si quería jugar con ella. Volvió a reír mientras se dirigía al ascensor y apretó el botón.
[…]
Los pasillos estaban más concurridos aquel mediodía. Incluso vio a Ashley correr de un lado a otro, comiendo lo que parecían ser palitos de zanahoria. Si algo tenía claro es que ella jamás sería modelo, no iba a poder soportar las estrictas dietas a las que se sometían ni de coña. Pasó la mano por el bolsillo derecho y sacó su Smartphone; las 13:16 "voy justa" se lamentó. Por un día, iba a tener que unirse a las prisas de aquella marabunta de gente. Se agachó y apretó con fuerza la tira de sus zapatos de tacón –empezaba a acostumbrarse a andar arriba y abajo con ellos, todo por no desentonar en la estética del lugar– para después salir corriendo dirección a los estudios de fotografía. Si Regina salía y no la veía iba a ser su fin. No literalmente, claro está, pero le caería una bronca que haría temblar hasta los mismísimos cimientos del edificio. Llegó al lugar en un abrir y cerrar de ojos, moviendo la cabeza hacia ambos lados intentando encontrar a Rina. La sesión había terminado y todo el personal desalojaba ya el estudio, se trataba del pequeño break que tenían entre sesión y sesión para comer algo o dedicar parte de su preciado tiempo a cualquier otra actividad. Emma empezaba a impacientarse al no ver por ningún lado a la morena así que finalmente decidió por esperar, apoyada en la pared del pasillo. Pocos minutos después, la impresionante figura de Regina hacia su aparición, sacudiéndose el pelo al más puro estilo Pantene. Sus ojos se encontraron y la rubia emitió una tímida sonrisa que Rina devolvió con una mueca de suficiencia. Tal como lo imaginaba, se había enfadado.
- ¡Regina! –gritó, despegándose de la pared y levantando un poco más la cabeza para poder dirigirse correctamente hacia ella– ¿Cómo ha ido la sesión? –preguntó a medida que se acercaba.
- De haber permanecido ahí, ya lo sabrías –la morena le dedicó una sonrisa tan falsa que hasta daba miedo.
- Tenía que atender una… –hizo un parón y recordó el motivo inicial por el que se había "escapado" del estudio "casi lo olvido por completo…"– llamada –en cuanto le fuera posible tenía que atender a su móvil.
- Si que estás solicitada, señorita Swan –Regina se cruzó de brazos y la miró de arriba abajo, levantando la ceja derecha.
- Bueno… –balbuceó. Necesitaba salir de ese tipo de situación porque no le convenía para nada y tampoco quería dar explicaciones de su vida privada– ¿Dónde quieres que vayamos a comer hoy? Teniendo en cuenta que la sesión con Timberlake es por la tarde aun nos queda algo de tiempo… –Rina se mantuvo un rato en silencio, mirándola fijamente con aquellos ojos marrones tan profundos, hasta que finalmente dejó escapar un suspiro fastidiado.
- Me apetece algo de comida rápida… estoy cansada de las dietas estúpidas de la agencia –la miró de arriba abajo con una sonrisa pícara– ¿Podría… –acarició con la yema de los dedos el cuello de su camisa y lo agarró, atrayéndola hacia ella– …comer algo aquí y ahora? –Emma empezaba a estar sobradamente acostumbrada a ese comportamiento tan hipersexualizado de Regina, por lo que sus sugerencias y provocaciones resultaban del todo inofensivas. O eso quería creer, porque tener el cuerpo de la morena tan cercano seguía provocándole un aumento repentino del ritmo cardíaco.
- No –la apartó con delicadeza– aquí no hay ningún restaurante –se justificó como si tal cosa, obviando la tremenda indirecta que su representada había lanzado segundos antes.
- Ya veo –Rina rió, juguetona y al detenerse la miró de un modo extraño. Los ojos de la modelo brillaban, chisporroteantes, con una dulzura extraña. Emma no pudo evitar ruborizarse– ¿Te apetece McDonald's pues?
- ¿McDonald's? –frunció el ceño– ¿No es un sitio que las modelos deberíais tener prohibido?
- Exacto, por eso mismo quiero ir –la morena la cogió de la mano y echó a andar, tirando de ella– y tú te vienes conmigo.
- Sí –"cómo si tuviera alternativa…" suspiró, pero al sentir el firme tacto de la mano de Regina contra la suya no pudo evitar que una sonrisa escapara por sus labios. ¿Cómo una persona como ella podía seguir intentando estar junto a alguien tan despreciable como Danielle…? Apretó con fuerza su mano y continuó avanzando.
Comer en un vulgar McDonald's con una modelo que podría gastarse miles de dólares en los más exclusivos restaurantes de Nueva York era todo un espectáculo. Para empezar, habían entrado al lugar de "incógnito"; o al menos lo que Emma entendía como tal, es decir, ponerse unas gafas de sol. Sin embargo, Regina la reprendió de inmediato con un tajante "¿Crees que por ponerme gafas de sol voy a pasar desapercibida? Ni que fuera Superman…" así que la idea quedó en segundo plano. Muchas personas se las quedaban mirando mientras esperaban en la cola, probablemente divagando sobre si realmente se trataba de la supermodelo Rina, ya que su imagen no encajaba para nada en la del tipo de mujer que se atiborra a comida rápida. Decenas de ojos como huriosos se posaban en ellas, después murmullos, después más miradas… "Así que esto es lo que se siente al ser tan famoso" pensó "menuda mierda".
Finalmente, las atendió un jovenzuelo con más granos en la cara que cráteres tiene la luna. Daba algo de pena que la mayoría de empleados de los restaurantes de comida rápida fueran igual de grasientos que los productos que vendían, pero así era la sociedad… Se encargó de pedir un menú Big Mac con Fanta de limón –iba a pedir cerveza pero recordó que estaba en horas de trabajo y se echó para atrás– y al preguntarle a Regina no pudo evitar echarse a reír.
- ¿Qué vas a tomar? –le dijo, con aire despreocupado e intentando obviar la mirada lasciva con la que el joven dependiente devoraba a su representada.
- Un menú de cuarto de libra con queso –se quedó unos segundos dubitativa– con patatas deluxe y Coca-Cola light, por favor –finalmente terminó de recitar la morena, casi del tirón.
- Así que eres de esas que piden un menú calórico hasta reventar pero una Cola "light" –balbuceó Emma entre risas tras lo que Rina le lanzó una mirada fulminante.
Así había sido el resumen de la comida del día, nada del otro mundo. Como siempre, hablaron largo y tendido de la ineptitud de la rubia respecto a su trabajo –en clave humorística, o al menos eso quería creer ella– pero también se hizo un hueco especial en la conversación Danielle. Emma sentía que desde que la morena le había explicado aquella parte de su pasado que estaba como más suelta y aliviada, el mecanismo de autodefensa del que hacía gala incluso había bajado un poco la guardia y se la veía más receptiva. Con todo, le parecía tremendamente injusto que un personaje tan rastrero y egoísta como la manager de Exclusive fuera el centro de atención de Rina "de haber sido yo…" se mordió el labio.
El edificio de la agencia resplandecía con la luz del mediodía, sus ventanales chispeaban y reflejaban un cálido amarillo –demasiado candente para su gusto. Entraron y fueron directas al camerino de la modelo, llegaban tarde y todo porque a la morena le había apetecido tomarse un helado en un diminuto puesto ambulante. Sin embargo, ningún miembro de peluquería, vestuario o maquillaje osó levantarle la voz a la estrella de Bewitched y, mucho menos, reprocharle el retraso. Emma tomó asiento en una de las butacas de cuero de la sala y se limitó a esperar, contemplando el laborioso trabajo que realizaban aquellos profesionales de la belleza. Primero, los de vestuario escogieron un magnífico conjunto que, supuestamente, iba de acuerdo con las exigencias de la discográfica de Timberlake. Al parecer, las fotos promocionales del videoclip debían irradiar lo que ellos llamaban el trio de eses: Sensualidad, Sugerencia y Sex-appeal. De esas tres Regina era la personificación perfecta y la rubia lo sabía bien. La modelo se visitó con el conjunto seleccionado, unos shorts tejanos oscuros de talle alto –algo descosidos por los bordes y con roturas que dejaban entrever la sedosa piel de Rina, cubierta por unas medias transparentes de tono oscuro– a conjunto con un top de tirantes negro, escote de pico –y de infarto– y unas Martens color carbón. Todo ello era el primer esbozo de lo que iba a ser el resultado final, claro está.
Al parecer, Justin había pedido específicamente que "su chica" vistiera a la última, siguiendo las tendencias, y que pudiera parecer el conjunto que llevaría cualquiera de sus fans. Vamos, que el chico no era exigente para nada. Regina se puso de pie y se quedó mirando en el espejo de la habitación, esperando que volvieran los de maquillaje –estos se habían ausentado en busca de un nuevo surtido de sombras que querían probar en la piel de la modelo– y tras largos segundos se decidió por emitir un sonoro suspiro.
- ¿Qué ocurre? –Emma alzó una ceja.
- Verás… –la morena dio una vuelta sobre su eje y la miró, sonriente– aún no me explico cómo puedo estar tan buena –de entre todas las respuestas posibles, la rubia jamás hubiera dado con esa. Rió ante el comentario, ganándose una mirada fulminante de la modelo.
- Creo que tu ego y tú formáis una bonita pareja –comentó con cierta sorna.
- Puede, pero no lo niegas –Rina ladeó la sonrisa, a lo que Emma bajó la mirada notando cómo sus mejillas se encendían– oye, mírame –fue tan rápido que a penas pudo darse cuenta del contacto cuando la mano derecha de la modelo se posó en su barbilla, alzándola. Tragó saliva. Tenía a Regina Mills a escasos centímetros de sus labios, contemplándola con aquellos penetrantes ojos marrones, sin desviar por un segundo la mirada. Empezaba a costarle un gran esfuerzo contenerse y respiraba forzosamente, pero lo que más le sorprendió fue sentir cómo la mano de la morena se separaba de su mentón y se encaminaba, dulcemente, hacia su mejilla. La mirada de esta cambió, ahora brillaba con más fuerza y sintió cómo ejercía presión en su pómulo, atrayéndola hacia sí. Rina cerró los ojos e hizo el ademán de un acercamiento propio, permitiendo que ambas bocas permanecieran en un estado de semi-contacto. Emma podía sentir la calidez de los labios de la modelo, pero aún así no estaba lo suficientemente cerca como para saborearlos. No obstante, parecía que la morena quería encargarse de lo contrario. "¿Va a besarme? ¿Regina Mills? ¿Vamos a besarnos?" apretó los cojos, cerrándolos con fuerza e intentó dejarse llevar. Ella está enamorada de otra persona, ¿Sabes? Las palabras de Robin resonaron en su cabeza y abrió los ojos. ¿Qué era lo que estaba haciendo? Justo cuando Rina iba a cerrar por completo la distancia, la rubia se apartó.
- Justin no podrá sentirse decepcionado, estás preciosa Regina –comentó, carraspeando levemente e intentando pasar por alto la situación que habían vivido segundos antes.
- Ya veo –musitó la morena, retirando la mano de la mejilla de Emma y echándose para atrás. Su mirada se había ensombrecido– ¿Tienes ganas de verle, no? –se dio media vuelta y se encaminó hacia su tocador, rebuscando entre las cosas que había por encima.
- Pues sí –la becaría hizo un intento de sonrisa, aún algo temblorosa por lo anterior. ¿Había rechazado a Regina Mills? No lo tenía claro, lo único que sabía es que no quería convertirse en alguien como Robin. Ella no iba a ser el juguete o el pasatiempo de nadie y aquel pensamiento fue lo que la impulsó a apartarse, desoyendo lo que su cuerpo le pedía a gritos.
- ¿Sí? –Rina finalmente dio con un paquete de Marlboros, lo abrió y sacó un cigarrillo de su interior, llevándoselo a la boca en el acto– entonces es una lástima… –balbuceó, sosteniendo el cigarro con los labios mientras intentaba encenderlo.
- ¿Una lástima por qué? –preguntó, perpleja. Regina dio una firme y larga calada al cigarrillo hasta prenderlo del todo, lo apartó con su mano izquierda y soltó una bocanada de humo.
- Porque no vas a asistir a la sesión de fotos. Tienes el día libre a partir de ahora, puedes irte –volvió a inhalar humo, sentándose parcialmente en el borde del tocador y cruzándose de piernas.
- Pero… yo… –la rubia frunció el ceño. ¿A qué venía esa actitud?
- Ya me has oído, señorita Swan –volvió a exhalar y sostuvo el cigarro entre sus dedos, lanzándole una fija y glacial mirada– puedes irte.
- Regina, no creo que ese sea el modo de...
- Quiero que te vayas, Emma –la interrumpió, secamente y ladeó la cabeza– ya.
[…]
La música era ensordecedora en aquel antro, de hecho empezaba a lamentar profundamente haber hecho caso al descabezado de su amigo al acceder a ir allí. ¿Dirty cherries? Nunca un nombre había estado tan acertado. Aquel lugar era sucio como él solo. Y no se refería precisamente al emplazamiento, no. Hablaba del cúmulo de solteros y solteras que se daban el lote en la pista de baile, a expensas de todos. No era el mejor de los días para aplaudir el amor ajeno. Hundió la cabeza entre sus brazos y suspiró.
- Vamos, Emms… ¡Anímate! –Neal le pasó la mano por los hombros y se los acarició, intentando reconfortarla– lo que te ha pasado no es el fin del mundo…
- ¡¿Qué?! –se giró hacia él, fuera de sí y sintiendo cómo parte del alcohol que había ingerido ya empezaba a pasarle a la sangre– la mujer que me gusta se me ha insinuado y me he apartado, Neal. Luego me ha "castigado" o lo que sea que haya sido eso sin poder asistir a la sesión de fotos. Odio a esa mujer y al mismo tiempo la necesito y joder… Neal, que no hablamos de una mujer cualquiera, no, hablamos de Regina Mills, por favor.
- Shhhh –el joven se llevó el índice a los labios– no digas su nombre tan alto aquí, esto es una discoteca de nivel y hay mucha gente que podría acercarse a molestar si la nombras.
- ¡Me da igual! –agarró el vaso de su cóctel y bebió el contenido restante de un solo trago.
- ¿Sabes qué? Creo que deberíamos ir a bailar antes que se forme una reunión de alcohólicos anónimos a tu alrededor –Neal le quitó el vaso de las manos y lo apartó, dejándolo encima de la barra– ¿Qué me dices? Aquí hay buen género, vayamos de cacería –ladeó la sonrisa y la cogió de las manos, obligándola a levantarse.
- Está bien –tartamudeó. Sentía su cuerpo muy pesado "Emma Swan no deberías haber bebido tanto" parpadeó un par de veces y siguió a su amigo hasta el centro de la pista.
Empezaron a bailar al estilo que ambos sabían: haciendo el ganso. Con un poco de alcohol en sangre, ambos se convertían en dos perfectos payasos de circo pero poco les importaba. Ver a su amigo de aquel modo empezó a devolverle la sonrisa y a medida que las canciones y los bailes se sucedían, volvió a reír con ganas. Su cabeza daba vueltas, las mismas que ella en la pista y quizás fue ese el motivo por el que se les acercó una chica que no debería pasar los veinte. La joven se puso en medio de ambos y empezó a bailarles, dándole la cara a Emma. La situación era tan surreal que esta no pudo reprimir una carcajada y buscó con los ojos a su amigo, quien era más de lo mismo. Ambos se encogieron de hombros y siguieron bailando. La joven era guapa, claro está que no del mismo nivel que Regina, pero no estaba de mal ver y por las miradas que les estaba echando a ambos podía deducir que su intención era la de un trío. Algo que Emma no concebía ni borracha –y podía afirmarlo con total certeza porque estaba de alcohol hasta la cabeza– así que le dio media vuelta a la chica y la arrimó sutilmente a Neal, mientras le guiñaba un ojo a este último y desparecía hacia la barra de nuevo.
Se acercó al mostrador y apoyó el brazo en él, llamando con la mano que tenía libre al camarero y gritando a pleno pulmón: "¡Un vodka lima!". El hombre, más mazado que Hércules, le hizo caso en un santiamén y le trajo otro cubata. ¿Era el sexto o el séptimo de la noche? Ni lo sabía ni le importaba. Le dio un largo trago cuando notó una leve vibración en el bolsillo derecho de sus shorts. Sacó el móvil como pudo y desbloqueó, con dificultad, la pantalla. Tenía un par de notificaciones de Facebook Messenger así que las abrió.
Kayla Jones
Chica ocupada. Me has ignorado durante todo el día, ¿eh? –se acordó de la llamada perdida de la modelo de Exclusive y se lamentó de no habérsela devuelto, le habían ocurrido tantas cosas que habían hecho que su cabeza se perdiera por otros temas…
Emma Swan
Sí, lo siento muchísimo. No he tenido un buen día en el trabajo…
Kayla Jones
¿Es por eso que estás bebiendo como una descosida? –instintivamente miró a ambos lados– Jajaja, ¿Intentas encontrarme?
Emma Swan
Eso intento, pero estoy algo borracha como para acertar en algo, jaja. ¿Qué haces en Dirty Cherries?
Kayla Jones
Lo mismo que tú, venir a la inauguración e intentar distraerme un poco. ¿Quieres compañía o prefieres seguir junto al vodka?
Emma Swan
Algo de compañía no estaría mal…
- Yo estaba pensando lo mismo –una dulce voz sonó a sus espaldas, haciendo que diera un sutil brinco. Se giró, aún algo sobresaltada y se encontró de pleno con la viva imagen de la belleza. Frente a ella, Kayla Jones. La joven, de pelo lacio y oscuro, la contemplaba a través de sus vivos y seductores ojos. Su sonrisa, labios de contorno fino, estaba adornada por un aro negro que hacía las veces de piercing. El cuerpo, perfectamente proporcionado, parecía el de una diosa griega –salvo porque quizás le faltaba algo de altura. Si al contemplar su foto le había entusiasmado, en persona aquella mujer la había dejado sin palabras– encantada de conocerte por fin, Emma Swan –sentenció, ladeando la sonrisa.
- Lo mismo digo –chapurreó sin mucho acierto la rubia, dándole un apretón de manos que le permitió cerciorarse de la suavidad de la piel de la morena.
- ¿Qué tal va la bebida? –Kayla se acercó a ella, poniéndose a su izquierda y apoyando medio cuerpo en la barra. Si Regina era pura sensualidad, Kayla era todo fuego. Sus movimientos, sus miradas, todo en ella invitaba a querer más, a pedir más. Y era preocupante, porque tan solo hacía unos segundos que se habían encontrado y ya conseguía ejercer un efecto de este modo en la rubia.
- Cumpliendo mi propósito de no recordar nada de esta desastrosa noche –apartó la mirada, incapaz de mantenerla, y se hundió de nuevo en su vaso, dándole otro trago.
- Vaya, vaya… ¿Así que la noche que nos conocemos va a quedarse en el olvido? Me parece un poco injusto –frunció el ceño, fingiendo consternación, tras lo que ambas sonrieron– pero si ese es el propósito, no diré que no a un par de copas –alzó la mano y en un suspiro ya tenía un par de camareros atendiéndola. Era comprensible– ponme dos más como lo que está tomando ella –la señaló, mirándola con un aire seductor que Emma no logró comprender y volvió a dirigirse hacia los camareros, que se peleaban por ver cuál de los dos atendía a la modelo.
- ¿Dos no va a ser mucho? –preguntó la rubia, tras terminar por completo su quinta o sexta bebida.
- Sí, por eso uno es para ti –Kayla se echó el flequillo para atrás y rió.
- No, por favor, estoy llegando a mi límite –la rubia hizo un gesto algo tonto con la mano, ganándose una nueva risa de la morena.
- ¿No querrás que yo me emborrache, no? Podría pasarme algo –la modelo la miró con aquellos ojos tan atrayentes, poniendo cara de preocupación.
- Eres toda una manipuladora, ¿Lo sabías, no? –Emma la miró con una ceja levantada y no pudo evitar sonreír. El camarero apareció de nuevo, sirviéndoles otro par de vodka con lima y la rubia cogió uno de ellos.
- Qué buen fondo –la morena rió al ver cómo le daba un par de sorbos, tras lo cual ella se aferró al vaso y empezó a beber su contenido del tirón. Sin respirar, completamente de golpe. Emma se quedó contemplándola, estupefacta. El cubata había desparecido en apenas treinta segundos.
- ¿Eso no es malo? –preguntó, volviendo a darle un trago al suyo.
- Puede –Kayla rió– pero quería acabármelo pronto para poder hablar contigo –apoyó la cabeza en la palma de su mano y se acercó aun más, escudriñándola con la mirada.
- No soy una persona interesante –la rubia seguía aferrada a su vaso, intentando controlar el estado de nerviosismo que la morena le estaba provocando. En su interior sabía que estaba enamorada de Regina, pero el alcohol y el físico y la personalidad de Kayla no ayudaban para nada.
- A mí me lo pareces –fue entonces cuando se produjo el primer contacto. La morena apartó con suma delicadeza uno de los mechones de cabello que le caían a Emma por la cara, introduciéndoselo detrás de la oreja.
- Creo que es más interesante la estrella de Exclusive esa de la que me has hablado –cambió instintivamente de tema– ¿Cuándo podré conocerla?
- Hoy.
- ¿Hoy mismo? –los ojos de la rubia se abrieron como platos.
- Sí –Kayla sonrió, dejando brillar su perfecta dentadura– a fin de cuentas la tienes delante –por poco Emma no se atraganta con el vodka al escuchar esas palabras. Kayla Jones, la mujer con la que llevaba unos días hablando resultó ser la famosa estrella de Exclusive y, por tanto, su competencia más directa.
- Siento que debería haber sabido esto, estando en el mundo de la moda yo… soy un desastre –se excusó y no pudo reprimir terminarse el cubata de golpe, la vergüenza que sentía era demasiada y debía terminar.
- No te preocupes, me gusta que no estés tan involucrada en esto. Es bueno saber que hay gente que quiere conversar contigo porque sí y no porque seas la estrella de nada –no pudo evitar preguntarse si Regina se sentiría del mismo modo también. Pensar en ella y en lo que había ocurrido aquella tarde le oprimía el corazón. Se encerró tanto en sus pensamientos que lo único que escuchó fue el leve zumbido de los altavoces y la constante música. Esta vez los acordes le sonaban, mucho.
- Vamos.
- ¿A dónde? –Kayla arqueó una ceja, con media sonrisa.
- A bailar –Emma se levantó de golpe, dejando abandonado el sexto o séptimo vaso vacío y mirando de frente a la modelo– Esta canción me encanta.
- ¿Lady Gaga? –la morena rió– te tomaba más por alguien que escucha grupos como Sex Pistols…
- También, pero no puedo evitar que estas cosas se me metan en la cabeza. Por favor… –la cogió de la mano, ya no le importaba nada, ni la vergüenza ni lo ocurrido durante el día. Nada. Solo quería bailar y olvidarse incluso de su nombre.
- Esta bien –ambas se encaminaron hacia la pista de baile, rodeándose de gente, apretándose entre ellos para buscar algún espacio. A lo lejos, pudo divisar a Neal bailando con aquella chica con la que le había dejado y le hizo una pequeña seña para que supiera dónde se encontraba. Al verla acompañada de la morena, su mejor amigo alzó el pulgar, una señal que ellos tenían al salir de fiesta para darse luz verde con sus ligues.
Finalmente, consiguieron hacerse un hueco entre el gentío y Emma empezó a bailar, no del modo en que lo hacía con Neal, no a lo loco. Bailó, dejándose seducir por el ritmo de la canción y los fuertes zumbidos de los altavoces que hacían que el corazón resonase con mayor fuerza en su pecho. You can't have my heart and you won't use my mind but do what you want with my body. La cabeza le daba vueltas y notaba que cada vez le era más difícil controlar el estado de su cuerpo, por desgracia le había subido el alcohol de golpe. Kayla pareció percatarse de ello y la sujetó por los brazos, evitando que se balancease. Ambas se quedaron mirando fijamente a los ojos. You can't stop my voice cause you don't own my heart but do what you want with my body. Las manos de la modelo fueron subiendo por sus brazos, rodeándole los hombros y trepando por su cuello hasta llegar finalmente a sus mejillas. Por su lado, Emma terminó con las suyas sujetando firmemente la cintura de Kayla, sin saber bien cómo había llegado a ello. Do what you want with my body. La morena enredó su mano derecha en el pelo de la rubia, mientras rodeaba con su brazo izquierdo el cuello de la misma. La música retumbaba, el sonido a penas podía distinguirse y la cantidad de alcohol en sangre que llevaba hacían que tuviera delirios y deseos de fundirse con el cuerpo de aquella mujer. Mujer cuya temperatura corporal se asemejaba bastante a la suya. Necesitaba algo, lo necesitaba ya. Do what you want with me, what you want with my body. Kayla la sujetó firmemente de la nuca y la atrajo hacia ella, devorando por completo sus labios en un frenesí inalterable.
La besó, sin importar nada más. No existía nada más. Tan solo aquel sabor agridulce, aquella sensación de suavidad y humedad en sus labios, aquel vaivén de lenguas y mordiscos, aquella desesperación con la que aferraban sus cuerpos. No había nada más en el mundo. Tal era así, que no llegó a notar la repetida vibración que de adueñaba, incansablemente, de su teléfono móvil.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Me encantaría leer vuestras opiniones después de tanto tiempo :') !
