Capítulo 6: año 3 (II)

Shiho Miyano había vuelto a Japón para ponerse al servicio de la organización. No había acabado la carrera de Bioquímica, pero su inteligencia era tan asombrosa que la organización consideró innecesario seguir pagando sus estudios, porque ya podía hacerse cargo de todo un laboratorio ella sola. Sus conocimientos eran más que suficientes y cubrían todas las expectativas que la organización tenía en ella.

Así que Akemi la acogió en su casa. Eso era algo que no acabó de gustar a los hombres de negro, porque en principio querían rentar un piso sólo para la hermana pequeña, pero al final accedieron.

Se pasaban los días y las noches juntas, hablando y divirtiéndose, como buenas hermanas que eran. Sólo se tenían a ellas mismas. Akemi le habló sobre Dai y confesó que se había enamorado como nunca había hecho de un hombre.

¡¡Pues a qué esperas para presentármelo!! – dijo emocionada Shiho.

Estos días está bastante ocupado, de aquí para allá. Cuando acabe la faena que está haciendo y vuelva, te lo presentaré. – respondió la hermana mayor.

Dai Moroboshi llevaba unos días fuera de Tokyo, investigando a unos tipos misteriosos que eran enemigos de la organización, pero de paso llevaba su propia investigación: de qué familia provenían las hermanas Miyano. Descubrió que tanto el padre, Atsushi Miyano, como la madre, Helena Miyano, eran unos científicos buenos pero bastante raros. El padre había pertenecido al Colegio de Científicos de Japón, pero nunca encontró un reconocimiento total a sus descubrimientos (un genio incomprendido) y, tras una conducta antidisciplinaria, había sido expulsado de él. Poco tiempo después, se habría unido a la organización, que apoyaba sus investigaciones y las avalaba. La madre, británica, había llegado a Japón en el último año de su carrera de Bioquímica con una beca. Así había conocido a Atsushi Miyano y, tras algunos años de relación, se habían casado. La mujer era todo un cerebrito, pero siempre vivía a la sombra de su marido; no por ser inferiormente inteligente, sino porque era muy reservada y no le gustaba mostrarse al público, aunque su genialidad no fuera reconocida. Por eso aceptó la oferta de la organización: podría llevar a cabo sus investigaciones bajo un anonimato absoluto. Al poco tiempo, ella quedó embarazada de Akemi y seis años después el matrimonio, cuando la hija pequeña tenía uno, moriría en un extraño accidente de tráfico. Un accidente que Akemi nunca acabó de ver claro, porque siempre pensó que habían sido asesinados por alguna razón. Un misterio que se resolvería cuando el FBI desmantelara la organización de los hombres de negro.



Dai Moroboshi llegó al apartamento de Akemi (que casi se había convertido en el suyo, porque pasaba más tiempo allí que no en el suyo propio) y le presentó a la famosa Shiho Miyano. Una chica alta, apuesta, de cabellos con destellos rojizos y de tez blanca. Su acento se parecía mucho al de Dai, probablemente porque ambos vivían a caballo entre Japón y .

Encantado de conocerte, Shiho.

Igualmente. – al tomar su mano, la chica notó su sudor frío. "¿Estará nervioso?", se preguntó.

Dai, mi hermana se quedará aquí por el momento.

Espero que no te importe. – Shiho le sonrió por primera vez y Dai se sintió seguro. Aunque fuera la hermana de Akemi, era otro miembro de la organización y no podía bajar la guardia.

Tranquila, el intruso aquí soy yo. Teniendo mi propio piso me paso el tiempo aquí. Tu hermana debería hacerme pagar parte del alquiler. – Akemi rió y tanto Dai como Shiho se alegraron de verla sonreír. Sobre todo Dai. Se la notaba mucho más feliz ahora que estaba junto con su hermana.

Si Dai dormía de lunes a domingo en casa de Akemi, con la llegada de Shiho decidió que sólo dormiría allí los fines de semana. No quería molestar a las hermanas ahora que por fin estaban juntas. Además, quería ocultar todo lo posible su relación con Akemi a ojos de la organización, porque sabía que si lo descubrían la primera víctima en caer sería ella. Sabía el peligro que Akemi corría a su lado, pero no podía dejarla. Era algo superior a él, que se escapaba de su voluntad. Además, pronto aquello acabaría y liberaría a Akemi para estar juntos para siempre. Estaba mintiéndole, pero por su propio bien y, destruida la organización, estaba seguro de que le perdonaría.



Los meses iban pasando y todo seguía igual. Akemi había llegado al piso de Dai y le estaba esperando para salir juntos mientras él se duchaba.

¡¡No tardo, te lo prometo!! – le gritó él desde el baño.

¡Tranquilo, todavía es pronto, tómate el tiempo que quieras! – le contestó Akemi.

Se sentó en el sofá y miró a su alrededor, pero era tan nerviosa que enseguida se puso de pie y empezó a investigar. Había ido muy pocas veces al piso de Dai, porque casi nunca le invitaba. Sólo en los últimos dos meses había visitado más la vivienda de su pareja porque buscaban algo más de intimidad que en la casa de Akemi, dónde estaba también Shiho. Se metió en una habitación que no había visto nunca y que estaba llena de estanterías y escritorios con cajones. "¿Será su estudio? ¿Por qué no me lo habrá enseñado nunca?", y recordó que era una habitación que siempre estaba cerrada. La curiosidad la venció y abrió un cajón que estaba bastante escondido. Encontró documentos y documentos sobre la organización y cuando estuvo a punto de abandonar la habitación observó que detrás de una estantería llena de libros había una especie de caja fuerte. Se quedó pensando y decidió que, si no acertaba con los passwords más típicos, lo dejaría pasar. Total, si no le había enseñado aquella habitación sería porque no debía saber demasiadas cosas de la organización para no ponerla en peligro… Probó con el cumpleaños de Dai: incorrecto. Probó con el aniversario de ella: incorrecto. Probó con el número secreto de la organización: incorrecto. Por último introdujo el día en que habían comenzado a salir juntos: combinación correcta. Akemi se volvió a encontrar con más papeles, pero estos eran relacionados con sus padres. "¿Dai ha estado investigando a mis padres?". Pasó hojas y encontró su historial y el de su hermana también. Lo peor fue cuando leyó documentos del FBI. Decían que a Shuichi Akai se le había asignado la misión de investigar la organización de los hombres de negro bajo el falso nombre de Dai Moroboshi y que, tras varios años de investigación, volvería a para facilitar esa información y ayudar a que la organización fuese destruida. Fue demasiado para poco tiempo. ¿Shuichi Akai? ¿FBI? Guardó rápidamente esos documentos y salió de la habitación, dejándola intacta.

Akemi no podía creerlo. Era imposible. No podía ser que todo aquello hubiera sido un engaño para tener más fácil el acceso a información sobre la organización. ¿Y todo el amor? ¿Y todos los momentos que habían pasado juntos? ¿Y todas las noches de pasión? ¿Todo, todo había sido mentira? Akemi se desvaneció y hasta que Dai no salió de la ducha no pudo socorrerla. Pero le habían roto el corazón y contra aquello, nadie podría hacer nada. Ni siquiera él, la persona a la que tanto había amado y que le había engañado como a una tonta.

¿Por qué…? – susurraba en sus delirios Akemi, en los brazos de Dai.