Título: For Good.
Capítulo: 6: Control de daños [Rachel]
Personajes: Blaine Anderson, Rachel Berry, Kurt Hummel. Menciones de Finn Hudson.
Parejas: Klaine. Klainchel. Pasado Finnchel.
Extensión: 2897 palabras.
Advertencias: Ligeras menciones de trío. Nada del otro mundo, la verdad. Un pequeño spoilers del 3x01, pero pestañeen y ni se enteraron
Notas: No tengo ni la menor idea de qué estoy haciendo con esta historia. O mejor dicho: creo que la tengo, y luego me siento a escribirla y estos tres hacen lo que quieren.
Dedicatoria: amichan_kitamura, as always.
Rachel se despertó a la mañana siguiente con un dolor de cabeza que no tenía desde hacía meses y vistiendo una remera que creía que era de Blaine- porque no creía que Kurt poseyera una remera-, pero que no podía estar segura, porque se la había visto puesta a los dos, y olía como los dos.
Se despertó a la mañana siguiente y lo primero que sintió fue el golpe brutal de la resaca en el medio de los ojos. Lo segundo, el brazo suave de Kurt rodeando su cintura, y el pecho de Blaine apretado contra su espalda. La primera reacción instantánea fue de pánico y de qué demonios pasó aquí. Pero era Rachel Berry, por favor, y Rachel Berry no entraba en pánico a menos que una Harmony o similar intentase robarle su puesto en una puesta, y eso más que pánico en realidad sería rabia. Y como era Rachel Berry, en lugar de huir de la cama lo más silenciosamente posible, refugiarse en su cuarto, dormir doce horas y al despertarse actuar como si eso no hubiese sucedido nunca, se desenredó de los dos muchachos sin el menor tacto posible, de hecho, haciendo lo imposible por despertarlos, se bajó de la cama y se dirigió hacia la puerta del cuarto anunciando que iba a hacer el desayuno, que los esperaba en media hora, sin darse vuelta a mirar si se habían despertado y la estaban oyendo.
(Quizás hubiese sido una buena idea que se pusiese algo más de ropa sobre sus bragas rosadas, pero lo último de lo que tenía ganas era de quedarse en ese cuarto mientras Kurt se ponía todo Lima Heights Adjacent con Blaine, muchas gracias).
Preparó el desayuno como antes, como los primeros meses en los que habían respetado religiosamente el cronograma de tareas de la casa, y siempre le tocaba hacer el desayuno porque Kurt apenas confiaba en que pudiese hervir agua sin quemarla (algo de lo cual ella era perfectamente capaz, por supuesto, muchas gracias), y se tomó cinco minutos para rememorar los hechos de la noche pasada mientras revolvía los huevos.
Las lágrimas y el dolor por lo de Finn. Los brazos fuertes de Blaine que tanto había extrañado. Las palabras suaves, las galletas, el helado. El alcohol. Las risas, los chistes largo tiempo enterrados. Kurt. Kurt, su mejor amigo, al que echaba tanto de menos que era casi doloroso. Kurt, su mejor amigo, y Kurt, simplemente Kurt. Los besos. Los labios de Kurt. Las manos de Blaine.
Los labios de Blaine. Las manos de Kurt.
Mientras ponía a tostar el pan, pensaba que no solo no se arrepentía si no que, demonios, cómo volvería a hacerlo.
Por supuesto que no era tan estúpida como para no darse cuenta de que la cantidad de cosas que podían llegar a resultar mal a partir de esa resolución eran tantas y tan variadas que ni siquiera valía la pena ponerse a considerar posibilidades. Pero era Rachel Berry, y si ella no podía desear lo imposible, nadie podía, porque ella se encargaba de que lo imposible se volviese posible.
Porque una parte de sí misma pensaba que era una manera de recuperar a su mejor amigo, mientras que la otra le recordaba que hacía muchos meses que ya lo había perdido, pero que era una manera de avivar el fuego de ese coctel de emociones que se habían despertado una noche en el cuarto de Kurt, y que nunca habían vuelto a dormir del todo.
Rachel exprimió las naranjas tratando de analizar si había actuado influida por el despecho de lo que acababa de suceder con Finn, pero pensó en la fascinación que siempre había sentido por las manos de pianista de Blaine, y en el beso que había compartido con Kurt en su cama durante el anterior verano, y se dijo a si misma que lo de Finn había sido solo circunstancial, que eso iba a tener que suceder tarde o temprano.
Preparó la cafetera pensando en cómo plantear qué no tenía quejas sobre lo que había sucedido, y que deseaba repetirlo, y desarmando mentalmente uno por uno todos los argumentos que podría presentar Kurt.
Mientras servía los cereales en tazones, pensó en cuanto bien le haría volver al ambiente acogedor, recuperar a sus mejores amigos, compartir una cena entre risas y cariño, vivir el sueño de Nueva York que no hubiera podido ser perfecto si hubiera faltado cualquiera de los tres. Mientras les agregaba leche, pensó en qué bien se había sentido la noche anterior, no solo por el placer físico en sí, sino más bien por el hecho de sentirse deseada y apreciada como mujer y como amante.
Mientras servía el café, no pensó en que Kurt y Blaine estaban en una relación comprometida y seria, y en esos casos un tercero involucrado solo suele degenerar en problemas. No pensó en el hecho de que a Kurt y a Blaine les gustaban los chicos, y en la posibilidad de que lo de la noche anterior hubiese sido solo un error. No pensó en que explotaría toda esa tensión que se había acumulado entre ella y Kurt desde que se habían besado por segunda vez, y que eso no necesariamente tenía que ser algo bueno. No pensó en que no estaría recuperando a sus mejores amigos de la forma en la que deseaba recuperarlos, si no que estaría ganando y perdiendo privilegios a partes iguales. No pensó en que era una situación con un potencial increíble para que las cosas saliesen mal, muy mal, porque era Rachel Berry, y era una forma de desear y de tener un objetivo, y había pocas cosas que Rachel Berry supiese hacer tan bien como esas dos.
Un vaso de jugo de naranja, un café fuerte y solo, un café con leche, tostadas, mermelada, huevos revueltos, cereales.
Una vez acomodado el desayunador, Rachel se sentó con las piernas cruzadas en uno de los bancos altos (porque aún iba en bragas rosadas), y adoptó una postura elegante y desinteresada mientras esperaba que Kurt y Blaine se presentasen en la cocina. Hubiese esperado que los dos muchachos aparecieran susurrando y dándose codazos, pero ni siquiera pestañeo cuando aparecieron en silencio, Kurt completamente vestido y con la frente alta y orgullosa, Blaine en bóxers y una remera vieja, mirando el suelo y arrastrando los pies.
- Tenemos que hablar.- Atacó apenas los otros dos ocuparon los dos bancos del lado opuesto del desayunador.
- No hay nada de qué hablar.- Contestó Kurt con la misma velocidad, asiendo su taza de café con ambas manos.
Blaine no dijo nada, pero le dirigió una mirada herida con los párpados bajos.
- Ser una diva no funciona conmigo, Kurt. Es obvio que hay muchas cosas que tenemos que decirnos, porque si no…
- Mira, Rachel, evidentemente aún no has alcanzado la madurez suficiente como para darte cuenta de que las cosas que pasan cuando uno está bajo efectos del alcohol no significan nada.
Rachel tuvo ganas de retroceder como si la hubiese golpeado un rayo. Blaine estaba tan tenso que parecía que se iba a largar a llorar en cualquier momento.
- No puedo creer que sigas echándonos en cara algo que pasó hace casi dos años. ¡Dos años, Kurt!
- Haré lo que quieras mientras sigas intentando encontrarle estúpidas explicaciones a algo estúpido que simplemente sucedió estúpidamente.
Rachel no puedo evitar alzar un poco la voz porque, demonios, esoera realmente lo que mejor sabía hacer.
- Si no eres capaz de aceptar lo que está pasando aquí, Kurt, fantástico, mejor saberlo, porque…
- ¡No hay nada pasando aquí, Rachel!- Proclamó el castaño poniéndose de pie de un salto. Rachel lo imitó, porque si había algo que Rachel Berry no sabía hacer, era ser menos.
- ¡Oh, y yo que creí que eras una persona honesta e inteligente!
- ¡No te atrevas a…!
Un sollozo ahogado hizo que tanto Kurt como Rachel se detuvieran en seco y miraran a Blaine, quien tenía el rostro oculto entre las manos y lloraba como Rachel nunca lo había visto llorar. Kurt inmediatamente lo rodeo con sus brazos y lo apretó contra su pecho. Rachel sentía deseos inmensos de tocarlo y consolarlo ella también, pero estaba segura de que Kurt se encargaría de arrancarle a lo menos unas cuantas uñas si llegaba a atreverse a tocarlo.
- Blaine, no llores, por favor, no llores.- Y el susurro aterciopelado y confortante con el que Kurt le hablaba a Blaine era tan ridículamente distinto de su grito de guerra que había empleado contra Rachel apenas instantes antes que daban ganas de reírse.
Blaine se había aferrado con ambas manos al sweater que Kurt llevaba puesto, y sus ojos se veían imposiblemente verdes con la humedad de las lágrimas pendiendo de sus largas pestañas.
- Por favor, no peleen más. No peleen más.- Y su voz no era más que un murmullo quebrado y triste, y Rachel no pudo evitar sentir que se le encogía el corazón.
- Te lo prometo, Blaine, te lo prometo, pero deja de llorar, cariño, por favor.
Los sollozos de Blaine se fueron tranquilizando con el correr de un par de minutos, mientras Kurt lo mantenía fuertemente aferrado contra sí y acariciaba su mejilla contra la de su novio. Rachel pensaba en antesy en cómo hubiera podido acercarse y consolarlo con un sonoro beso en la mejilla y unos cuantos comentarios ridículos, dos cosas que en ese momento no se atrevía ni a intentar. Pensaba también, si habría posibilidad de que en algún momento las cosas volviesen a ser como antes, o si las habrían arruinado definitivamente, más allá del punto de no retorno.
Finalmente, la voz de Blaine se alzó de entre los brazos y la ropa de Kurt, nasal y triste, pero terminantemente clara, y eso no había forma de negarlo, por mucho que ella y Kurt hubiesen querido actuar como si nunca la hubiesen oído.
- Eso fue lo que realmente me gustó de ayer. Que no peleaban, que no se herían, que no se lanzaban miradas heridas o rencorosas. Que podíamos ser simplemente los tres, riéndonos, haciendo bromas, queriéndonos como antes. Los tres. No Kurt y yo, o Rachel y yo. Los tres. Hace meses que me está matando esto, chicos. ¿No pueden volver a ser las cosas como antes?
El noflotando en el aire era claro, pero ninguno de los dos se atrevió a decírselo.
Kurt asientió ligeramente con la cabeza y lo besó en la punta de la cabeza.
- Lo intentaremos, Blaine.- Y mientras respondia, le lanzó a Rachel una mirada que claramente significaba di algo que lo haga volver a llorar y no volverá a crecerte cabello en la cabeza. Pero Rachel estaba preocupada por Blaine, pero no solo estaba preocupada por Blaine, así que le mantuvo la mirada y no cedió ni un centímetro.
- Pero primero tenemos que hablar.
Era obvio que Kurt estaba a punto de volver a comenzar la disputa, pero Blaine lo miró con la súplica pintada en sus grandes ojos color hazel, y el castaño suspiró y cedió.
- Pero necesito mi café primero, oh, por dios.
Rachel no supo si sentirlo como un triunfo, porque definitivamente no sabía a triunfo.
- Primero que nada, si vamos a hacer esto, vamos a hacerlo con mis reglas.- Aclaró Kurt apenas se sentó al lado de Blaine en el sofá de dos cuerpos.- Son solo dos y son muy sencillas, así que no debería haber problema con eso.- Rachel asintió con la cabeza.- La primera, es que no quiero detalles. Tengo recuerdos vagos de la noche pasada, y no necesito más que eso. La segunda, es que tengo el derecho de hacer callar a Rachel cuando quiera, por el motivo que quiera.
- Kurt…- Comenzó Blaine, pero Kurt lo interrumpió de inmediato.
- Es en serio, Blaine. No puedo hacer esto si ella va a poder decir lo que quiera.
- Está bien, Blaine.- Lo interrumpió Rachel cruzándose de piernas, y demonios, ¿por qué no se había puesto un pantalón antes de preparar el desayuno?- Nunca ha aprendido verdaderamente a callarme, así que no es como si ese poder le sirviese verdaderamente de algo.- Le respondió con una sonrisa sarcástica a la bitch face que le estaba dirigiendo Kurt, y eso se sentía tan parecido a antesque dolía.
- Lo que sea.- Admitió el castaño entre dientes.- Que empiece ella, que es quien tiene tantasganas de tener esta charla.
Rachel carraspeo, satisfecha porque dirigir era una de las cosas que mejor sabía hacer, apenas por debajo de cantar y decidió empezar por el principio.
- Finn me dejó.
Quizás fuese su imaginación, pero hubiera jurado que la tensión en los hombros de Kurt había disminuido un infinitésimo, y su voz era ligeramente más suave cuando le respondió.
- Lo siento, Rachel.
La morena le restó importancia con un gesto de la mano.
- Se veía venir hace tiempo, y era evidente que iba a suceder tarde o temprano, pero eso no hace que duela menos. Así que ayer a la noche Blaine me encontró llorando en ese mismo sillón y me consoló con helados, galletas, y algo de alcohol.- Tuvo que hacer un enorme esfuerzo por reprimir una sonrisa al ver que Kurt ponía los ojos en blanco.- Lo demás es historia. Pero quiero que quede claro que es algo que puede suceder entre personas adultas que tienen mucha confianza, y que no hay nada de qué avergonzarse.- Y no terminó la oración con un Kurt porque se mordió la lengua para evitarlo.
- Exacto.- Tomó la posta Blaine, quien comenzaba a recuperar el color en las mejillas.- Son cosas que pasan entre gente que se conoce mucho, pasa mucho tiempo junta y se quiere mucho.- Kurt parecía a punto de golpearlo si volvía a utilizar la palabra mucho, pero Rachel se cuidó bien de decirlo.- No hay nada de qué avergonzarse, y no es como si fuese a volver a suceder, ¿no?- Y soltó una ligera risita, que reprimió enseguida al ver que ni Rachel ni Kurt se le unían. Paseó la mirada de uno a otro, ambos ruborizados profundamente y ahogó un grito.- Oh, por dios, Kurt.
- Por supuesto que no va a volver a suceder, Blaine, qué estupideces estás diciendo.
Rachel observó por el rabillo del ojo a Blaine, que tenía los ojos desorbitados y se había desarmado por completo en su mitad del sillón.
- Quieres que vuelva a suceder.- Apuntó el moreno, callando a su novio con una palma alzada.- Te conozco demasiado como para que intentes negármelo. Dios, ¿por qué no me lo dijiste cuando estábamos en el cuarto? Me hubieras dado al menos dos minutos para procesarlo.
- No sé de qué estás hablando, Blaine.- Pero Kurt se había ruborizado furiosamente y le evitaba la mirada.
- Al menos no soy la única que pensó que era lo suficientemente bueno como para desear repetirlo.- Acotó Rachel, no solo porque era verdad, si no porque no le gustaba que actuaran como si no los estuviese oyendo. A su comentario le prosiguió un profundo silencio.
- Somos gays, Rachel.- Respondió Blaine finalmente.
Rachel se encogió de hombros, porque ese era un argumento que definitivamente no iba a comprar.
- No les estoy pidiendo matrimonio, Blaine. Y creo que sabes bastante bien que la sexualidad no es un molde ni una etiqueta, sino más bien algo fluido y flexible. Y además creí que querías que nos llevaramos bien.
Bueno, eso quizás había sido ir demasiadolejos. Incluso para Rachel Berry.
Blaine la observó boquiabierto por unos instantes- y Kurt seguramente estaba en un estado de shock similar, porque no se explicaba de otro modo cómo no había proclamado aún un comentario escandalizado- hasta que finalmente escupió una respuesta que resultó ser una pregunta.
- ¿Estás proponiendo que tengamos sexo entre los tres… habitualmente?
Rachel volvió a encogerse de hombros.
- Espontáneamente quizás sea una mejor palabra. Solo estoy diciendo que no es una buena cosa reprimirse cuando lo que uno está reprimiendo no le hace mal a nadie. Somos tres personas adultas, y somos amigos, y somos razonables y…
- Oh, por dios, Rachel, cállate. Cállate por favor.- Kurt se tapó el rostro con las manos, y Rachel se asombró de que no se hubiese puesto los dedos en los oídos y hubiese comenzado a cantar. Blaine lo tomó de la manga del sweater y comenzó a tirar de ella insistentemente, hasta que Kurt levantó la vista y Blaine señaló con la cabeza hacia su dormitorio.
- Gracias por el ofrecimiento, Rachel. Kurt y yo tenemos que hablar sobre él.
- Y tener toneladas de sexo muy muygay.- Agregó Kurt, al tiempo que se ponía de pie y llegaba a la puerta de su cuarto en dos zancadas.
Blaine se detuvo un segundo en el umbral antes de seguirlo, y parecía estar dudando sobre si sería apropiado sonreírle, pero antes de que pudiese tomar una decisión, la mano de Kurt lo tironeó hacia adentro del cuarto.
Rachel se quedó sentada en la silla de la sala, con sus bragas rosadas y la remera de Blaine que olía también a Kurt, con los ojos fijos en un punto en el vacío, y preguntándose si acababa de ser ella misma quien empujara más allá del punto de no retorno.
Muchas gracias por sus comentarios en el capítulo anterior, me alegra saber que hay gente interesada en esta historia. Disculpen como siempre la demora, pero estoy escribiendo muchas ideas que no quieren abandonar mi cabeza, además de que ya he empezado las clases y, mi dios, cómo me cuesta escribir a Rachel.
Lean, sueñen, escriban, amen, bailen, sonrían
Estrella
