CAPÍTULO 6

Ronald Weasley se consideraba un Gryffindor por naturaleza, además que toda su familia fue parte de aquella honorable casa. Como un buen aventurero y valiente, hizo todo lo posible por seguir a su amigo ese día.

Ya que Harry estaba comportándose más extraño que de costumbre y no quería contarle lo que le pasaba a Hermione, y él estaba empezando a aburrirse de que sus dos mejores amigos le guardaran secretos.

Le sorprendió mucho ver como su amigo entraba a aquel aula vacía, donde minutos después entró el rubio de Slytherin a quien tan bien conocía y odiaba.

Su rostro adoptó una mueca de ira que no pudo ocultar, además su odio a Malfoy no era algo secreto, más de media escuela estaba al tanto que Ron odiaba al rubio debido a todas las humillaciones a las que lo exponía dado a su condición social y a la poca cantidad de dinero que la familia Weasley tenía.

Por eso mismo, mientras sigilosamente avanzaba para situarse al lado de la puerta y poder oír furtivamente, pensaba en qué demonios hacía su mejor amigo al lado de aquella arpía

Tragándose todo su orgullo y su iracunda violencia, espió a su mejor amigo y al rubio, sospechando en el fondo de algo mucho más grave de lo que en realidad unía a ambos chicos en una reunión secreta.

Por supuesto le sorprendió más cuando vio como el rubio sacaba de su mochila la capa de invisibilidad de su amigo y se la entregaba tras decirle alguna frase que hizo a Harry reír un poco irónicamente.

—Qué haces aquí, Ron? Deberías estar en el comedor. —fue la pregunta que le hizo Hermione quien apareció tras él súbitamente y le sujetó de la manga de su túnica, jalándolo lejos de la puerta.

El brusco sobresalto hizo que el pelirrojo tropezara y abriera de golpe la puerta, cayendo al suelo y golpeándose la cara.

La chica se cubrió el rostro, contagiada de una inusual pena ajena al ver como su amigo estaba a punto de ser humillado por el rubio, que avanzó un par de pasos en dirección a donde estaba el cuerpo caído del pelirrojo.

—¿Husmeando, Weasley? ¿Es que la inexistente fortuna Weasley te ha llevado a los extremos de espiar a tu 'mejor amigo'? Qué patético eres entonces, Comadreja. —su voz sonó divertida, porque a expensas de un Weasley, un Malfoy siempre se divertía.

Antes que añadiera algo más, vio como San Potter le tendía la mano a su amigo, pero en vez de preguntar si se encontraba bien, vio como lo jalaba fuera del aula vacía y salía con él, pero antes, se volvió al rubio.

—Vuelvo en seguida.

Y cerró la puerta tras él.

—¿Qué hacías allí adentro con Malfoy? Dime que no te estaba lavando el cerebro. —pidió Ron.

—Lo que haga o deje de hacer con Malfoy es algo sólo mío, Ron. No tienes por qué meterte en mis asuntos. Te digo que te mantengas alejado de todo esto, son cosas que yo debo resolver. —aclaró, viendo fijamente a su mejor amigo, que enarcó una ceja, como si no pudiera creer lo que Harry estaba diciéndole.

Hermione se acercó al par de muchachos y ladeó la cabeza.

—No seas tan duro con Ron, Harry. Él no está enterado de las cosas. —explicó ella, aunque él ya lo sabía. —Pero podemos decírselo de una buena vez y evitar que haga un escándalo apocalíptico aquí.

Harry negó.

—Cuéntale lo tuyo, si estás segura que quieres compartirlo, pero lo de Malfoy es algo que entre menos personas lo sepan, será mejor. Ya yo se lo haré saber cuando sea el momento adecuado. —habló Harry, creyendo conveniente guardarle el secreto al joven rubio que ya había tenido su primera reunión dentro del grupo de allegados a Voldemort y que no resultó lo que ninguno de los dos jóvenes esperaba.

Dio media vuelta, dispuesto a continuar su charla con Malfoy, pero la mano de Ron le sujetó con fuerza de la muñeca.

Como él lo hiciera con Draco hacía sólo unos días.

—¿Qué sucede, Ron?

—Ya no confías en mí, Harry y estás juntándote con Malfoy. ¿Cómo me aseguras que no estás bajo ningún tipo de hechizo que te nubla el juicio? Hermione tampoco confía en esto. —dijo, hablando precipitadamente e involucrando a la chica en su queja contra su amigo. —No eres el mismo que conocí hace siete años.

Harry cerró los ojos.

Claro que no era el mismo, ahora era una persona más centrada, más inteligente, más conciente y madura.

Estaba arriesgando la vida de Malfoy porque tenía un plan, a la larga iba a decirlo, por el momento, ni siquiera el rubio estaba enterado de ello y eso que era su único socio y confidente en lo referente al descabellado plan que se traían entre manos.

O más bien, que él se traía entre manos.

—A mí no me involucres en tus ideas, Ron. —pidió Hermione, viendo a su amigo pelirrojo de reojo. Sabía que éste estaba enfadado, incluso con ella, pero al momento de reprocharle a Harry iba a buscar colgarse de la amistad de siete años que les unía a los tres.

Y eso era bajo, o al menos era lo que ella creía.

Porque, además, intentar chantajear a Harry debido a la falta de confianza que le tenía en ese momento a Ron era lo peor que alguien pudiera intentar hacer, y su actitud de amigo herido estaba rayando en lo estúpido.

Harry también lo sabía.

—Ustedes dos me están ocultando algo. ¿Qué es? —casi exigió.

Harry negó una vez y Hermione bajó la mirada, al mismo tiempo la puerta que conectaba al aula vacía se abrió, revelando la silueta del rubio que se apoyó en el umbral de la puerta y miró al pelirrojo con mucho interés.

—Lo que aquí pasa no es asunto tuyo, Weasley. Apréndete eso y si no quieres aceptar el hecho que tus amigos estén ocultándotelo, acostúmbrate, porque esto va para largo. —miró directamente al de ojos verdes que estaba sorprendido por la carencia de insultos en esa frase. —Ahora sí, Potter. Me has hecho esperar mucho y por consiguiente yo estoy haciendo esperar a alguien. ¿Quieres apresurarte?

Entró de nuevo a la habitación, cerrándola de un portazo que retumbó en los oídos del ojiverde.

—Luego hablaré contigo, Ron. Realmente necesito conversar con Malfoy.

Sin más, siguió el ejemplo del rubio, entrando precipitadamente al aula de encantamientos, que en ese momento estaba desocupada.

Draco estaba sentado en el escritorio, mirando la pared como si ésta fuera muy interesante a sus ojos.

—¿Malfoy?

—¿Qué es lo que quieres saber, Potter? Lo que ocurrió es algo muy estúpido, porque para serte sincero, no hablaron de ningún plan en contra tuya o sobre alguna masacre como la que ocurrió la semana pasada. Por el momento están concentrándose en otras cosas, cosas sin importancia en la que mi única misión es seguir viniendo a la escuela y hacerme pasar por un buen espía. —fue su respuesta. —¿Cómo quieres que haga? ¿Tengo que decirles todos los planes que ideamos aquí? Siendo tú el principal líder, creí que querrías mantenerlo dentro de la misma 'Alianza'.

Harry negó.

—Tienes que darles algo, cuando menos. No te pido que les confíes todo, además, tienes mucha voluntad, y Voldemort no te ha descubierto, por lo que estoy seguro que aunque sólo le confíes un poco, él lo creerá.

Draco rió irónicamente.

—'Él te creerá' suena muy vacío, Potter; estoy arriesgándome más que tú, ¿cuál es mi garantía que esto va a funcionar realmente? No soy un juguete, Cara rajada, así que tómate las cosas con calma y no sospeches que realmente esté haciendo esto por el bien del mundo... Yo no soy tú.

Harry ignoró el ácido comentario, tras la incursión del rubio a la Alianza decidió que los irónicos comentarios de un Slytherin no tenían ninguna validez para él, así que para qué torturarse pensando en cosas que no valían la pena.

—Mira, Malfoy, el hecho que hayas entrado en el círculo de allegados de Voldemort y aún no sospechen de ti es lo mejor que has hecho, jamás. Por eso mismo te pido que sigas de esa forma, sé que no estás arriesgándote demasiado porque en caso de ser descubierto tu padre te apoyará. —fue la rápida contestación del Gryffindor, creyendo que con eso calmaría la desesperación implícita del joven rubio.

—Mira, a mí no me importa que el mundo se derrumbe, que tú mueras, que tus amigos pierdan a su familia y que Dumbledore pierda aún más la cordura... Jamás me interesé en eso, no empezará a ser de importancia para mí. Pero en lo que respecta a mi familia, no te inmiscuyas en eso. —gruñó, enfadado, apartando con su mano un mechón de cabello rubio que cubría su ojo derecho. —Si me descubren estaré feliz de morir, siempre y cuando mi padre salga libre de eso... ¿Entiendes, Potter? A diferencia tuya yo sí pienso sacrificarme por los demás.

Los ojos de Harry se encendieron con ira, una que no mostraba desde la muerte de Sirius, cuando en un arrebato de furia reaccionó de forma errónea ante su director quien, a pesar de las muestras obvias de cansancio, hizo un esfuerzo casi sobrehumano por hacer entender a su alumno predilecto que la muerte de Sirius no era culpa suya, sino de todos.

Incluido el propio Sirius.

Le costó mucho superar el trauma posterior a la muerte de su padrino, para que ahora viniera el imbécil de Malfoy a recordárselo como si nada, como si aquello fuera una parte en la historia de su vida que estaba dispuesto a repetir.

—¡Cállate!

La risita molesta del rubio enfureció más a Harry; ¿estaba burlándose de él?

Sin pensarlo mucho, cosa que hacía muy poco, ya que generalmente actuaba basado en sus instintos más básicos, incrustó su puño en el estómago del rubio que se dobló de dolor y terminó aterrizando en el piso, producto del brusco golpe que le dio el Gryffindor quien era obviamente más fuerte corporalmente.

El cuerpo de Draco era más pequeño y esbelto, mientras que el de Harry mostraba más la fisonomía masculina y obviamente más musculosa que la fina y elegante silueta del rubio.

Aún así, el rubio no se hizo esperar, sujetando su varita lanzó un hechizo a Harry que esquivó agachándose sorpresivamente.

Lo que inició como un salón de clases vacío, para una charla neutral, terminó convirtiéndose en un campo de batallas.

Hasta que ella intervino.

—¡Detente, Harry! Dejen eso. —la voz de Hermione regresó un poco de cordura a la mente confundida de Harry, donde sus neuronas seguían debatiéndose entre si lanzar un maleficio a Malfoy, lanzarle una sarta de puñetazos o ignorarlo.

Optó por la última, ya que su amiga hizo acto de presencia.

—Vamos, Hermione. —dijo.

Draco Malfoy siseó una maldición, y limpiándose la boca con el dorso de la mano, retiró los rastros de sangre.

Realmente odiaba al maldito bastardo de Potter pero le bastaba con saber que si hacía bien las cosas, todo terminaría yendo mucho mejor de lo que esperaba y si jugaba bien sus cartas sería otro quien terminaría perdiendo frente al Dark Lord... un problema menos, ya que éste no humillaba a Draco Malfoy.