Aquí el último cap, para ser sincera, la mayor parte la tenía escrita desde antes de publicar el fic.

Disclaimer: los personajes son propiedad de Hidekaz Himaruya.


Ser Solo América.

Bostezó perezosamente mientras abría los ojos. Se había quedado dormido en el suelo alfombrado de la habitación. Los recuerdos del día anterior parecieron estrellarse contra su cabeza.

¡Iggy! ¡Debía hablar con él!

Se levantó de inmediato pero antes de abrir la puerta se detuvo, primero una ducha. Luego de bañarse, abrió su guardarropa llevándose una mano al mentón. Le dio una mirada a todos los trajes de aviador que habían dentro: a simple vista parecían iguales, pero él sabía que había uno especial para cada ocasión.

Eligió el que usaba en casos de pedir ayuda a un francés para declararse a un inglés y todo salía mal. Increíblemente era la primera vez que lo usaba.

Observó su celular, aquel sagrado artefacto que le había ayudado tanto en los últimos días. Lo tomó y lo guardó en su bolsillo. Ya... no llamaría a nadie, él era un héroe, ¡el gran América! No necesitaba ayuda de otras naciones. Se dirigió a la habitación de Arthur, lo diría.

Sin ropa incómoda, sin falsos modales, sin ideas robadas, sin mentiras. Sería él, porque egocéntricamente, amaba su forma de ser.

Tocó la puerta, esperó unos segundos y la volvió a tocar.

-¡Iggy, sal de ahí! ¡Hay algo importante que quiero decirte! - no respondió.

Alfred se preocupó, ¿y si lo secuestraron extraterrestres? ¿Monstruos? ¿Dora la Exploradora? Peor... ¿franceses? Horrorizado abrió-rompió la puerta, ya vendrían a arreglarla más tarde. Una nota amarilla reposaba en la cama por lo que se acercó a ella.

Para: América.

De: Gran Bretaña de Inglaterra e Irlanda del Norte, Arthur Kirkland.

Alfred rodó los ojos.

Después de lo que pasó ayer, consideré que lo mejor sería volver a Gran Bretaña… no es que lo que hayas hecho me haya afectado, puedes ir a coquetear con todas las chicas que quieras, ¡yo voy a estar bien! De hecho te voy a felicitar y te pediré conocerla… porque lo que tú haces no me afecta.

No creas que ayer estuve llorando porque me hiciste daño, ¡ja, ja, ja! ¿Te imaginas lo ridículo que sería eso? Y no, no estoy llorando en este momento, al contrario tengo una gran sonrisa en la cara, porque me iré, bloody git!

Se mordió el labio ¡no podía mentir peor! Las letras se hacían mas temblorosas a medida que continuaba... incluso el papel estaba algo húmedo a los costados.

Pero volviendo a lo importante, me iré, ¿dónde? ¿Acaso crees que haré algo tan tonto como decirte?

¡No era justo! ¿Por qué cuándo necesitaba que se auto-delatara le daba por hacerse el ingenioso? Hizo un infantil puchero.

Pero para que sepas, no estoy en aeropuerto Internacional John F. Kennedy y mi vuelo no es a las 10:00 am, así que si vas para allá sólo vas a perder tu tiempo, si no me vas a hacer caso, trata de que sea después de las diez... ya sabes, no es bueno salir temprano.

PD: Repito, lo que tu hiciste no me afectó, no sentí celos de nadie, y NO lloré por ti, ok?

Saludos, Arthur Kirkland (o Gran Bretaña de Inglaterra e Irlanda del Norte).

¡Bendita sea su incapacidad de mentir!

Salió de su casa corriendo hacia el aeropuerto, pero tras pensarlo mejor volvió a su casa y se subió al auto. Sí, mucho mejor.

El viaje fue típico, pasó semáforos en rojo, casi atropella a una abuelita, le gritó algunas cosas al conductor de frente, los detuvieron los policías, se escapó de ellos (años de práctica), arrolló a un perro y llegó al aeropuerto.

Vio su reloj, nueve cincuenta y seis. Aún tenía tiempo.

Arthur esperaba impacientemente que la gente frente a él entrara al avión, quería salir de ese país lo antes posible. Unos gritos llamaron su atención por lo que dirigió su vista hacia allí. Un chico, a su pesar, muy conocido era golpeado por el bolso de una anciana.

- ¡Ay! ¡Auch! ¡Au! - Alfred se cubría la cabeza con lagrimitas en los ojos.

- ¡Niño maleducado! ¡No se puede correr por los aeropuertos!

- ¡No soy un niño, soy un héroe! - gritó logrando ver a Arthur, sus ojos se iluminaron y trató de dirigirse a este pero la mujer lo tomó de la oreja.

- ¡Mírame cuándo te estoy hablando!

Arthur comenzó a golpear su pie contra el suelo, ¿cómo lo había encontrado si había sido tan claro en que no estaba ahí?

Alfred terminó disculpándose y recibiendo un dulce de la en un momento a otro cariñosa señora. Sonrió, no entendía a las mujeres de su país. Al volver a dirigir su vista hacia Arthur se encontró con la desagradable sorpresa de que no estaba ahí.

Dammit.

¿Ya había subido al avión? Antes de cometer el gran error de entrar, vio a Inglaterra corriendo en su dirección contraria. Lo comenzó a seguir ignorando los quejidos que daba la gente al chocar contra él.

Inglaterra siguió corriendo llegando a la gran pista que recorrían los aviones.

- ¡Iggy, detente! ¡Quiero hablar contigo!

Al escuchar como lo llamaban aumentó la velocidad de los pasos, hasta que Alfred se tiró encima suyo impidiendo la movilidad.

- ¡Quítate! - se removió con fuerza, no quería hablar con él, aún no estaba preparado para eso.

- ¡Escúchame por favor!

Arthur siguió forcejeando. No quería estar cerca de él. Dolía - ¡Ya has dicho suficiente!

- ¡Tú no entiendes! - gritó exasperándose - ¡Yo te amo!

Arthur se detuvo - ¿... Qué?

Alfred ignoró el gran sonrojo en su rostro, no se echaría para atrás, había llegado muy lejos - ¡T-te amo! I love you!

Arthur frunció las cejas - ¡Estás mintiendo! - se lo quitó de encima con brusquedad - Ayer me lo demostraste...

- ¡E-eso fue un error! - aclaró al borde de la desesperación - N-no sabía como decírtelo… - se esforzó por no titubear- y l-le ped-dí ayud-a - en vano - a Fra-ncia... a Kiku, a Fe-liciano... ¡ha-hasta a Scott!

El inglés lo miró con incredulidad, algo de indignación, un poco de burla y nuevamente incredulidad - ... ¿Llamaste a Francia para pedirle ayuda?

- Sí...

- ... ¿Y a Scott?

- Sí...

Comenzó a reír - ¡Tenías que estar muy desesperado para hacer algo como eso! - un profundo beso calló sus burlas. Al separarse corrió la cabeza hacia atrás mirando sonrojado los labios del menor.

- Me gustas Iggy, en verdad me gustas. Desde que tengo memoria sentí algo por ti... he tratado de decírtelo pero... dammit, es difícil, sé que ayer te hice algo imperdonable, yo no quería dañarte... lo siento, fui un tonto, pero por favor, perdóname.

Arthur entreabrió la boca, Alfred acababa de disculparse ¡eso siempre pasaba en sus sueños...! Comenzó a pellizcarse el brazo repetidas tratando de convencerse de que no le dolía hacerlo.

América tomó su mano al ver que la zona adquiría un color rojizo y lo miró desconcertado - ¿Qué te pasa?

- ¡Esto es un sueño! - gritó riendo falsamente - ¡Tú no eres real! ¡Yo no soy real! ¡Este lugar no es real! - volvió a reír - Todas las noches sueño lo mismo, ¿pero sabes algo? ¡Es la primera vez que noto que es falso!

- I-Iggy...

- ¿No me crees? ¡Mira esto! - comenzó a correr por lo que Alfred lo siguió temiendo que hiciera algo peligroso, Arthur tenía una extraña tendencia al auto-daño.

- ¿Ves ese vehículo? - preguntó señalando un gran camión de carga - ¡Tampoco es real! - se puso a mitad de la calle alzando los brazos. El vehículo comenzó a tocar repetidas veces la bocina, la gente lo miraba asustada, algunos incluso marcaron el número de la ambulancia y Arthur comenzó a sospechar que algo andaba mal.

Lo último que supo fue que alguien gritó su nombre antes de golpear su cabeza contra el pavimento. Todo se volvió negro.

Se quejó entreabriendo los ojos, divisó una gran cantidad de gente rodeándolo. Pestañeó un par de veces logrando ver un único rostro conocido.

- ¿Al-fred?

- ¡Iggy! - América lo abrazó con fuerza provocando un débil quejido en el inglés - ¡Aquí no hay nada que ver! ¡Sigan con sus vidas!

Los desconocidos los fueron dejando solos poco a poco.

- ¿Qu-qué... qué paso?

- Creíste que estabas en un sueño y te pusiste en medio de la calle para demostrarlo... ¡es que enserio no puedo dejarte solo, siempre te metes en problemas!

- Discúlpame... todo fue muy irreal - bajó la cabeza con un rubor en las mejillas. Alfred sonrió con ternura, ¡no podía seguir enojado con alguien tan adorable como él! Lo tomó en sus brazos haciendo que el sonrojo de Arthur aumentara - ¡Bájame!

- ¡No Iggy! ¡Te golpeaste en la cabeza!

- ¡Pero ahora estoy bien!

Alfred lo ignoró - Yo, bueno... con lo que dije... eh... ¿qué dices?

- La verdad... aun me cuesta creer que hallas hecho todo eso... - musitó - Es decir ¿a Scott?

Alfred titubeó - Y-yo... ya dije que... yo... y-ya dije que... ¡n-no me hagas repetirlo! - corrió la cabeza con enfado mientras Arthur suspiraba, con que admitiera que se equivocó una sola vez le era suficiente.

- ¿Y es por eso que hace algunos días trató de asfixiarme?

- No me lo recuerdes, tu hermano esta loco.

- Lo sé - dijo riendo - ¿Feliciano... estaba en tu casa por la misma razón? - Alfred asintió - Para ser sincero yo también le hubiera pedido ayudada a él.

- Te tiene miedo.

- Ya me las ingeniaría - cerró los ojos acurrucándose en el pecho del estadounidense - ¿Qué hizo Kiku? - habló con burla, ¿qué podían sacar del hombre menos experimentado en cuanto a las relaciones?

- Bueno él... me dijo que te abrazara.

Arthur volvió al día en que había empezado toda esa fatídica experiencia, y sonrió. Pensar todo lo que había hecho Alfred para declararse lo alegraba en sobremanera.

América comenzaba a exasperarse, llevaba minutos bajo la presión que le causaba no recibir una respuesta de Inglaterra, quién al notar la tensión del menor decidió hablar.

- Tú i-igual me gustas - susurró Arthur mirándolo a los ojos - Pero nunca perdonaré que le pidieras ayuda a Francia.

- ¿Entonces somos novios? - preguntó ilusionado ganando algunas miradas horrorizadas de los homofóbicos a su alrededor.

- Bloody hell, baja la voz.

- Responde - dijo volviendo a hacer su infantil puchero.

- Creí que esto sería más romántico - susurró para sí mismo.

- ¿Quieres-ser-mí-novio?

Arthur se mordió el labio con un lindo sonrojo en las mejillas - Sí Alfred... quiero ser tu novio.

Y se besaron. Ignorando los paros cardíacos de los ya nombrados homofóbicos. Porque nada importaba mas que ellos, que después de largos años fueron capaces de confesar su amor.

Inglaterra frunció levemente las cejas. Esos labios... ¿no los había probado antes? El menor profundizó el beso logrando desviar sus pensamientos.

Alfred se sentía en el cielo, quitando el hecho de que algo en su interior le decía que fue algo... no tan inteligente. Después de todo, lo único que debía hacer era ser él mismo...

Y matar a ese idiota francés de una forma muy creativa.


Quizá en algún futuro cercano Arturito sepa que Alfred lo besó cuando era un niño xD. Era de esperarse que Alfred terminaría siendo él mismo, ¡Arthur lo quiere tal y como es! Ojala no se le olvide cuando tenga que pedirle matrimonio. Seguramente alguna quería lemon, lo hubiera hecho pero es k+, reglas son reglas :/, además no soy una master escribiéndolo, una cosita por aquí otra por allá lo junto y queda fatal.

Gracias a la beta Sakura-Mret por ayudarme con la historia, que corrigió mi ortografía y me dio varias ideas, entre ellas, el final. También muchas gracias a las que dejaron reviews, los cuales tengo la tendencia compulsiva de responder, los favorites y follows, me anima en grande saber cuantas personas dejaron espacio para leer esta historia, y claro, también a los lectores fantasmas, no se el número exacto pero no fueron pocos 8D. Un abrazo gigante (así de alegre estoy), a todos los que se han pasado por aquí :'). Salu2!