"Como bien ha dicho tu padre, ahí estaba yo, estrenando un vestido de gala de color púrpura y con la mejor trenza que me había hecho en mi vida. ¡No lo digo por presumir! Nunca he vuelto a hacerme una tan bonita. Estaba en la boda de tus tíos, los que os regalaron la bicicleta a Elsa y a ti. A propósito, creo que todavía tengo aquel vestido guardado por alguna parte. Es de mi color favorito y a lo mejor me queda bien… En fin, a lo que iba.
Tus tíos se habían casado ese día y habían sido proclamados reyes de Corona, así que estábamos allí. Tu tía Prim estaba guapísima… Después de un día muy ajetreado y la celebración en la capilla, estábamos todos mucho más tranquilos en el salón de baile. Tus tíos compartieron su primer baile como marido y mujer. Todo les salió perfecto y estaba muy contenta por ellos.
Cuando fue bastante tarde, recuerdo haberme puesto a mirar la luna por la ventana. Era preciosa y se reflejaba en el agua de alrededor del castillo… Así que allí estaba, ensimismada. Cuando me di la vuelta, ¿adivinas qué vi? A un joven galán, alto y guapo, que se acercaba a una velocidad alarmante. ¡Tu padre! ¡Estaba tan nerviosa que solamente pensaba en comerme todo el chocolate de la mesa de al lado!
Me puse a mirar a los lados mientras se acercaba más y más. Tus tíos, los muy pilluelos, lo estaban observando todo desde muy cerca y no dejaban de cuchichear y de reírse. Entonces tu padre terminó de acercarse, me hizo una pequeña reverencia y me dijo:
-¿Me concedéis este baile?
No podía rechazarlo, estaba todo el mundo mirando… Pero después de bailar con él un buen rato, no me arrepentí de haber aceptado.
Cuando terminamos de bailar, caímos en la cuenta de que no nos habíamos presentado.
-Disculpad mis modales… Soy el príncipe Agdar, de Arendelle.
-Princesa Idunn, de Steltrød.
-¡Vaya! Viviendo tan cerca y no nos habíamos visto antes…
-¿Seguro? ¿No habéis estado nunca en uno de los bailes que organizamos en nuestro reino?
-No… Soy el heredero y siempre me están dando trabajo. No tengo mucho tiempo para bailar, a no ser que sea en un acontecimiento como éste.
-Pues lo hacéis muy bien para no poder practicar mucho.
En ese momento tu padre ya me estaba empezando a gustar. Creo que me estaba sonrojando y todo. Lo que no me podría imaginar es que mi vida dejaría de ser la misma que había conocido gracias a él.
Estuvimos charlando y riendo sin parar toda la noche. Estaba tan feliz con él que quería verle al día siguiente, y al siguiente, y al otro…
Cuando se acabó la fiesta, estaba cansada, pero no tenía sueño. Me fui a la biblioteca del castillo con la intención de comprobar si tenían ejemplares que no había leído antes. Encontré uno y me puse a leer a la luz de una vela.
De repente, escuché el pomo de la puerta girarse. Me asusté muchísimo. ¿Quién podría ser a esas horas? ¿Un ladrón? No sé si sabrás que Corona tiene la mala fama de ser el reino con el mayor número de ladrones en busca y captura. Y secuestradores…
Me escondí debajo de una mesa, con el libro. Vi pasar a una persona entre las sombras. El tomo que tenía entre las manos era muy grueso, así que decidí salir ¡y dar un golpe con el libro en la cabeza al intruso! Dio un grito y quedó de rodillas en el suelo. Aproveché para coger la vela y poder verle mejor. Mi sorpresa fue mayúscula…
-¿¡Agdar!?
-Sí…
Le ayudé a levantarse y sentarse en un sillón como buenamente pude.
-¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo! Tu cabeza…
Le toqué el lugar del golpe y él retrocedió con otro grito. Me quedé con él para curarle y seguir disculpándome.
-Os había confundido con un ladrón… Lo siento.
-No pasa nada… Creo que soy de cráneo grueso. Y es culpa mía. No tenía que haber venido a buscaros, pero vuestra hermana me dijo que estabais aquí.
Me perdonó rápido. Seguimos hablando hasta que amaneció y desde entonces fuimos buenos amigos."
-Eso es todo. Es hora de irse a la cama, Anna.
La pequeña pelirroja hizo un mohín, disgustada.
-¡Pero si no tengo sueño, mamá! Quiero quedarme un rato más, cuéntame más…
-No, no. Ya es muy tarde…
Idunn acompañó a su hija hasta su habitación. Intentó no fijarse en lo vacía que parecía la mitad de ésta, le dio un beso en la frente a Anna y se marchó para darle las buenas noches a su hija mayor.
Cuando se fue, Anna se tumbó en la cama con su muñeco nuevo, admirándolo.
-Algún día no estaré tan sola…
