Creo que… creo que debo cuidar más lo que digo –dijo cabizbaja- Soy nueva aquí y casi no tengo amigos. Para mi es nuevo todo eso. Nunca he sido querida y para mi es completamente nuevo. No se distinguir entre quienes me mienten o quienes me dicen la verdad. Discúlpame si te ofendí. Lo siento de verdad.

Kohaku no dijo nada más y se limitó a seguir caminando. La niña solo le siguió.

El resto del trayecto estuvo especialmente silencioso. Subieron escaleras por montón. Chihiro ya comenzaba a sudar hasta que en la octava escalera pudo divisar unas enormes puertas que llegaban al techo de color rojo con manijas de color oro. El muchacho golpeó y de inmediato vio como las grandes puertas se habrían solas. Dentro de las puertas había otro par y al siguiente había otro par más. Todas las puertas automáticas se abrieron al mismo tiempo dando a conocer un pasillo enorme alfombrado. Ambos chicos siguieron por él hasta entrar a una enorme habitación que era la oficina de la directora.

El despacho era enorme. Cortinajes escarlata llenaban la habitación con enormes ventanales que daban paso a todo el patio. El dorado y el rojo predominaban los alrededores. Las alfombras carmesíes combinaban perfectamente con los muebles de caoba antiguos y una enorme chimenea despedía un calor agradable en todo el salón. Parecía un mundo completamente aparte al resto de la escuela.

Buenos días, directora- saludó Kohaku.

Buenos días, señora directora –dijo Chihiro con una reverencia.

Vaya, son los primeros en llegar – gruño la anciana- Firmen aquí y váyanse ya, estoy ocupada.

Les alargó una hoja y un lápiz sin siquiera levantar la vista. En la cabecera decía "Nombre del representante" y "grupo". Kohaku se encorvó en el escritorio escribir de manera prolija el nombre completo y su grupo. Le alcanzó a Chihiro la pluma y ella escribió con torpes garabatos en comparación a la caligrafía de Kohaku.

Ogino-san, toma – dijo la mujer dándole un trozo de papel- Es la combinación de tu casillero. Es el número 132 en el piso 3.

Muchas gracias, Directora- dijo Chihiro guardando el papel.

Eso es todo, pueden irse.

Con su permiso – se limitó a decir el joven con una reverencia y se dio media vuelta.

Eh… Con permiso –dijo Chihiro reverenciando a la anciana un par de veces y siguió al niño.

Ah… y Haku – dijo la mujer elevando la mirada para clavarla en la nuca del muchacho.

Kohaku se detuvo.

Si? –dijo sin voltearse.

Lin no viene hoy. Encárgate de lo suyo después.

Entendido –respondió el niño y salió de la sala.

Chihiro se quedó en blanco. Se quedó de pie unos segundos. Yubaba había vuelto a su qué hacer y Haku se había marchado. Dio un respingo y salió presurosa del despacho y alcanzó a Kohaku.

¡Disculpa, perdón por la tardanza! –dijo finalmente al llegar junto a él.

Descuida –susurró él- A veces camino muy rápido.

La niña caminó en silencio junto a él hasta salir del pasillo. Las puertas automáticas se cerraron al mismo tiempo tras ellos dando un potente ruido al cerrarse por completo. El niño no se detuvo y camino rápidamente hasta las escaleras. Chihiro le siguió como pudo. Su andar aminoró el paso después de un par de pisos.

Mh… Oye… Disculpa… -trató de decir Chihiro intentando entablar la charla.

Kohaku se detuvo y la miró. La curiosidad estaba marcada en sus ojos.

Te disculpas mucho – dijo pensativamente- ¿Por qué lo haces? No has hecho nada malo.

Pues… - dijo la niña intercambiando miradas entre el rostro del chico y sus pies- Creo que soy muy lenta.

Eso no es nada imperdonable –dijo el niño sonriendo ligeramente- Debería disculparme yo contigo, no me percaté que no estaba solo.

No hay cuidado –respondió Chihiro con una sonrisa.

La castaña lo miró. Tenía unos maravillosos ojos verdes. Era realmente un niño hermoso…. ¡Otra vez! Chihiro comenzó a golpearse las mejillas. ¡En qué estaba pensando!

¿Te ocurre algo? –preguntó el niño preocupado.

¿Oeh…? No, no! – exclamó la niña espantada- Se me durmieron las mejillas nada más…. Ejejeje…

Kohaku parpadeó un par de veces.

Eh… de acuerdo… - susurró aún extrañado- Están muy rojos, creo que te los golpeaste mucho.

No, no, estoy bien! –dijo girándose para disimular su sonrojo.

Si quieres puedo ayudarte –le insistió.

Muchas gracias, pero estoy bien – dijo haciendo una reverencia.

Ambos retomaron la marcha. Chihiro quería conocer más a ese extraño joven. Dudaba volver a tener una oportunidad similar.

Oye, puedo hacerte una pregunta? – dijo Chihiro como quien no quiere la cosa.

El ojos verdes la miró un segundo y asintió de manera tensa.

Te gusta el mar? – preguntó con una sonrisa.

El joven quedó perplejo. Frunció el ceño ligeramente.

Sí, mucho – susurró- Por qué?

Lo extraño –respondió con aire nostálgico.

Luego de eso se quedaron en silencio. Kohaku se detuvo de golpe.

Es todo? – dijo elevando una ceja.

Todo qué? – preguntó la niña.

Kohaku vio la sinceridad en los ojos de la joven.

Nada – susurró.

Algo te sucede? – preguntó Chihiro con preocupación.

Nada –repitió.

Retomaron la marcha sin saber qué más aportar a la charla. Luego una idea se pasó por la mente de la niña. Casi se le olvidaba.

Chihiro se volteó.

¿Aún hay vacantes de natación? -Exclamó con emoción.

El joven tardó en reaccionar. Miró los ojos brillantes de Chihiro y suspiró.

Ya veo ¿Deseas formar parte? –dijo inexpresivamente.

¡Por supuesto! –dijo con emoción.

El chico se dio media vuelta.

¿Por qué? –dijo de manera desafiante.

Pues porque me gusta mucho nadar –respondió encogiéndose de hombros.

La misma respuesta que me dan. Todos me han preguntado si hay vacantes para la competencia. Incluso quienes ni siquiera saben nadar. Nadie tiene una razón verdaderamente valida como para ser aceptado.