Nota: Este capítulo es una conexión con el anterior. Ocurre a la misma vez que los sucesos del capítulo 5. Espero que os guste. Y otra vez me disculpo por la tardanza.

*Trigedasleng. ( Lengua del clan del bosque)*

- Sha = Sí

Capítulo 6

El campamento estaba en silencio. Todos dormían, todos excepto Lexa. A la mañana siguiente ella debía volver a TonDC, al menos eso es lo que creían sus guerreros. Comprobó que lo tenía todo y fue silenciosamente hasta la tienda donde descansaban sus tres guerreros.

Tails y Ares dormían a pierna suelta mientras que Cyrus estaba despierto limpiando su armadura. Se sobresaltó al ver que la tienda se abría, cogió su espada y la puso en el cuello de la persona que entraba. Le bastó una mirada de su comandante para bajar el arma.

- Lo siento, Heda – dijo el guerrero avergonzado.

- ¡Sal! – ordenó cortantemente.

Una vez fuera, Lexa advirtió a su general de sus intenciones. – Cuando llegué el alba, llevaos al chico que me atacó el otro día a TonDC. Los celestes lo llaman Joe.

- Heda, con mis debidos respetos… ¿Para qué quiere al chico? Es débil, impetuoso, imprudente e indisciplinado, solo será un lastre para nosotros – explicó Cyrus, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

- Por eso será tu segundo, General. De ahora en adelante serás su mentor. Estoy segura que sabrás guiarlo para que sea alguien de provecho en nuestro ejército. – le anunció, manteniéndole la mirada para hacerle entender que no debía seguir cuestionándola.

- Sha, Heda. - Lexa continuó su camino hacia los caballos, dejando a su guerrero tan recto como una tabla. – Buena suerte, Comandante -. Terminó él viendo como su joven comandante se alejaba entre la oscuridad de la noche.

Paró al llegar a la pequeña y sencilla cuadra donde descansaba su blanco corcel. Respiró con fuerza antes de entrar.

En su interior todavía se debatía consigo misma sobre el hecho de abandonar a los suyos para ir en busca de la princesa de los celestes. Sabía que iba en contra de su comandancia y se había preocupado en convencer a sus oficiales de que la razón de su marcha era asegurar la alianza con el pueblo del espacio, pero en el fondo, su yo interior luchaba contra su corazón, diciéndole que se equivocaba, que lo que estaba a punto de hacer estaba mal. Abandonar a su pueblo le costaba, pero pensar que Clarke podría estar muerta en estos momentos le dolía, era como si un millón de dardos le atravesasen su frío corazón y lo partiesen en mil pedazos.

No podía permitirse pensar así, eso era debilidad y ella no era débil, era implacable, fría como la nieve y dura como una roca. Aunque Clarke se lo había dejado muy claro, solo era fachada, según la rubia ella era una mentirosa empeñada en esconder sus sentimientos para demostrar que estaba por encima de todos, y la verdad es que en parte Clarke tenía razón y ahora más que nunca. Ahora que había vuelto tener motivos para vivir y no simplemente sobrevivir.

Se acercó a su caballo y lo acarició con suavidad. A veces pensaba en lo sencillo que resultaría pasar en el mundo como un animal. Cumplir con tu trabajo sin sentimientos que te digan lo contrario, sin pensamientos e ideas que te colapsen la mente con decisiones imposibles. Simplemente hacer aquello por lo que fuiste creado, cumplir con tu función e irte para dejar paso al siguiente. Sería una vida sencilla, pero ella era una humana, y además una humana destinada al gobierno y la salvación de un pueblo que tras noventa y siete años de supervivencia todavía seguía luchando por la vida.

Abrazó a su fiel caballo con fuerza, sabiendo que se hallaba sola en aquel establo. Era difícil estar bajo su piel. Andar luchando constantemente ya no solo con peligros exteriores, sino también con la batalla que día tras día se hacía más fuerte en su recóndito ser. - ¿Qué harías tú? – le susurró a su caballo mientras su mano recorría su crin con suma ligereza.

- ¡Vaya! - se sobresaltó al escuchar la voz de Bellamy tras ella. - Lexa, la comandante que susurraba a los caballos – Siguió él con tono burlón. La castaña se sonrojó sin poder evitarlo, le daba tanta vergüenza que alguien la hubiese pillado con las defensas bajadas. Eso había sido un acto de debilidad.

- Bellamy – intentó sonar seria, pero por dentro la vergüenza aumentaba con cada segundo que pasaba. – la mofa no es propio de una mente fuerte.

- Vengo en son de paz, Comandante – aclaró el moreno al ver la frialdad con la que le miraba Lexa. – Oí la conversación que tuviste con tu general. Si vas a buscarla voy contigo.

- No – dijo Lexa. Se negaba en ir acompañada de nadie, y mucho menos de alguien que seguía suponiendo una amenaza para ella.

- ¿No? – repitió él sin poder creérselo – Comandante, conozco los bosques, puedo serte de ayuda.

- No, solo me ralentizarías. Además si querías ayudarla, haberle impedido que se fuera cuando tuviste la oportunidad. – Colocó sus cosas en la silla de montar y se dirigió a por agua para rellenar la cantimplora. Bellamy la siguió como un perrito faldero.

- ¿Cómo sabes que fui la última persona en verla?

- Eso no importa ahora, tengo que irme y tú tienes que volver con tu gente, eres necesario aquí. – concluyó ella sin hacerle más caso al moreno que empezaba a casarla con tanta persistencia, cosa a la que no estaba acostumbrada. Cuando ella decía que no era que no, nadie la cuestionaba.

Subió a su caballo e hizo amago de iniciar la marcha pero la mano del moreno le impidió agitar las riendas. - Contigo allí fuera seré más útil – ella le miró. Sabía que ir sola era un peligro y que Bellamy era un gran guerrero, fiel y leal, pero si cedía otra vez, a lo mejor, esta vez no habría vuelta atrás y todos aquellos sentimientos rechazados, todas las luchas internas, todo lo que había hecho para enfriar su corazón, se desvanecería, como los recuerdos en el tiempo. - Por favor, Lexa, déjame asumir las consecuencias de mis actos y ayudarte a traerla de vuelta.

Ella asintió. La mirada del joven celeste se iluminó en la oscuridad de la noche, se le dibujó una sonrisa en la boca.

Tras coger todo lo necesario Bellamy se reunió junto a Lexa en la entrada del campamento Jaha. Se miraron solo por un segundo, ambos sabían que iba a ser difícil, que posiblemente no se aguantarían y que obviamente no se iban a convertir en los mejores compañeros de viaje, confesores de sus más íntimas emociones, pero valía la pena. Clarke la valía para los dos. Así en el silencio y nada más que con la mirada firmaron una tregua simbólica. La luz del alba llegaba al campamento, mientras que Lexa y Bellamy partían hacia una aventura inesperada.


Pasaron dos días desde que se marcharon, adentrándose en el gran bosque del antiguo país de las oportunidades. Apenas hablaban, no más de lo justo y necesario. Rastrearon caminos, colinas y montes, pero no había ni rastro de la rubia. No había huellas, ni tampoco restos de su paso.

- ¿Seguro que se fue por el noreste? – preguntó Lexa por enésima vez. Llevaban parados más de media hora sin saber qué hacer. Las probabilidades no eran buenas. Si seguían avanzando sin prueba alguna del paso de Clarke, solo podía significar dos cosas: que Bellamy se había equivocado o que la líder del pueblo celeste ya estaba muerta.

- Sí, estoy seguro de ello. Estaba con ella cuando se marchó. – Se sentó en una roca, parecía realmente exhausto.

- Si hubiese venido por aquí ya habríamos encontrado algún rastro, Bellamy – le contradijo ella. Las esperanzas de encontrarla con vida, o simplemente encontrarla cada vez eran menores.

- O tal vez no, Lexa. Ella me comentó que cuando escapó con Anya, del Monte Weather, aprendió por la fuerza como camuflarse, tu mentora le enseñó. Clarke no es tonta y está claro que no quiere ser encontrada. Seguro que pensó que iríamos a buscarla y por eso camuflo su paso por aquí. – Bellamy intentaba ser optimista, no podía dejar que ella se rindiera, no podía permitirse a él mismo la rendición.

- ¿Qué iríamos o que irías? – aclaró ella seriamente. Clarke nunca pensaría que ella iba a ir en su busca. Para Clarke, la Comandante era una traidora, alguien que le dijo que se preocupaba con ella y después la dejó en la estacada.

- Solo está enfadada, se le pasara – trató de confortarla sin mucho éxito.

Puede que Bellamy tuviese razón, pensó la Comandante. Clarke no es tonta, sabe ingeniárselas, pero el sentimiento atroz de que algo malo le podía estar pasando era demasiado. – A veces me recuerdas a ella – confesó en voz alta la castaña. En su rostro pudo ver que el moreno no había entendido aquel comentario – en la forma de hablar, en el optimismo – aclaró dirigiéndole la mirada.

Bellamy sonrió, ante el extraño comentario de ella – Es inevitable, Clarke causa ese efecto, consigue cambiarte la manera de pensar. Con ella aprendí a mirar la vida con otros ojos, sino fuera por Clarke yo ya no estaría aquí. – dijo él sorprendentemente enorgullecido.

- Te importa mucho, ¿Verdad? – temió la respuesta. Sintió que debía hacerle la pregunta aunque estuviera demostrando levemente sus emociones al moreno.

- Obviamente que me importa, Lexa – notó como el rostro de la comandante de la gente del bosque se tensaba – es mi mejor amiga. Siempre ha estado allí, incluso cuando no lo merecía. – volvió a mirarla y esta vez estaba más relajada. Se dio cuenta pero no dijo nada. Se levantó y se acercó a ella. – La encontraremos ¿Vale?

Lexa asintió. Se había quitado un peso de encima. En dos días había descubierto a un guerrero muy diferente del que pensaba que era. De verdad le importaba Clarke, al igual que a ella. Y ahora que sabía el vínculo que le unía a la rubia, él ya no representaba la misma amenaza que antes. No se toleraban, pero por lo menos se tenían respeto y eso era algo que Lexa apreciaba.

Siguieron su camino sin mucha suerte, la noche se acercaba. Tenían que buscar un lugar donde pasar la noche, un lugar seguro donde descansar sin tener que estar pendientes de los animales que residían en el frondoso bosque. Establecieron su pequeño campamento en el claro de la colina que acababan de subir.

Mientras que Bellamy montaba la tienda, Lexa se aseguraba de que estuvieran solos. La noche pasaba y después de cenar, la Comandante al ver el rosto de cansancio del moreno se ofreció a hacer la guardia durante la noche. En esos momentos de soledad era donde Lexa más disfrutaba. Era de esa clase de personas que le gustaba estar a solas con sus pensamientos mientras el aire nocturno le acariciaba el rostro con delicadeza.

- Ojala estés viva – deseó cerrando los ojos con fuerza. Sus palabras se fueron junto el aire de aquella noche primaveral. Deseaba más que nada que eso fuera realidad.

Cogió su arco y carcaj dispuesta a hacer puntería. Necesitaba despejar su mente, y cuando más concentrada estaba la castaña era con una arma en la mano. Vio un árbol grueso y firme, perfecto para esa tarea. Le pintó una diana con barro y comenzó a disparar. Por un momento parecía otra persona, otra Lexa. Su mente solo se centraba en dar en el centro de la diana, pero solo fue eso un momento porque como de la nada Clarke volvió a invadir su mente. Recordó la última vez que la vio, pudo ver claramente los ojos de la rubia mirándole con odio desde lo lejos, entonces fallo. La flecha salió disparada con fuerza, paso el ancho tronco y desapareció entre los árboles.

- Genial – dijo con ironía para sí misma. Miró hacía la tienda para comprobar que todo seguía igual. Al no ver señales de peligro fue en busca de la flecha.

Se metió entre los arbustos que daban a una precipitada bajada de la colina. Con cuidado cogió la flecha y la puso de nuevo en el carcaj. Cuando estuvo a punto de regresar al claro vio algo entre los árboles que estaban bajo la pendiente. Lo que parecía ser una luz de hoguera llamó su atención. Enseguida algo hizo clic dentro de ella, y fue a avisar a Bellamy de inmediato.

Llegaron a la zona donde Lexa encontró la flecha. – Parece una hoguera -. Dijo el moreno somnoliento.

- Podría ser Clarke – le contestó ella pretendiendo simular su alegría.

- O podría ser uno de los tuyos – planteó Bellamy con cuidado de no parecer pesimista.

- No – negó ella – Si no es Clarke es uno de los tuyos, nosotros no haríamos hogueras durante la noche, es peligroso – explicó la líder de la gente del bosque, segura de lo que estaba diciendo.

- Cuando acampamos con vosotros de camino a TonDc, hicimos una – dijo él.

- Tú lo has dicho, íbamos con vosotros, Bellamy – el moreno asintió, no quería contradecir más a la Comandante, sabía que no debía enfadarla. – Vamos, está a punto de amanecer. Tenemos que llegar antes de que se vaya. No hay tiempo que perder – Lexa fue casi corriendo al claro y recogió lo más rápido que pudo. Bellamy la miró y no pudo evitar sonreír. La feroz Comandante parecía una niña pequeña a la espera de abrir sus regalos de Navidad.

Bajaron la colina intentando ser lo más veloces que podían, pero a la vez con cuidado de no precipitarse a una muerte segura. Cuando llegaron al lugar donde vieron la luz de la hoguera ya hacía horas que había amanecido y como de costumbre no había rastro de Clarke.

- ¡Mierda! – gritó Lexa de la impotencia, no pudo evitar sacarlo fuera.

- La encontraremos, Lexa – intentó calmarle el moreno – no debe de estar muy lejos -. Pero ella le hizo caso omiso, había perdido los estribos y parecía una loca buscando pistas. – ¿Lo oyes? – preguntó mirando hacia el oeste.

- ¿El qué? – le cuestionó el con desconcierto, pero ella le volvió a ignorar. Caminó detrás de ella, por el oeste. – Un río – dijo él en voz alta, más para sí mismo que para Lexa.

- Pensé que habría venido a por agua, no hay ríos o lagunas en kilómetros – aclaró la castaña con decepción en la voz. Intentaba parecer fuerte, como si no haber encontrado a Clarke no le importase, pero ambos sabían que por dentro tenía un collage de emociones que liaban por salir al exterior.


Bellamy la convenció para descansar un poco, pero no podía estar quieta. Así que mientras él recogía agua y alimentaba a los caballos, ella exploró la zona. Al darse de nuevo contra el muro, volvió a encontrarse devastada y desilusionada. Puso sus manos sobres su cabeza y se apoyó en una gran roca que sobresalía del río. - Dios, estábamos tan cerca – habló para ella.

Algo le llamó la atención, vio un cuerpo a lo lejos. Se aproximó a él. Era un terrestre. Se acordaba de él, se llamaba Janus y lo desterró junto a su banda de ladrones y traidores antes de conocer a los celestes. Se fijó en el cuerpo. Lo mató una herida de bala. Él pánico volvió a ella. Llamó a Bellamy que vino corriendo.

- Clarke – dijo el moreno al ver al foráneo en el agua. Ella asintió. – Mira el cuerpo, Lexa. Está boca abajo y la bala entró por el pecho. – dijo el con esperanza.

- Conocía a este traidor, nunca iría solo – dijo ella, se temía lo peor.

- Si no estaba solo, Clarke debió meterse en el bosque. – afirmó con seguridad.

Dejaron a sus caballos en la orilla del río, y se metieron en el bosque. Lexa no sabía que era peor. La posible muerte de Clarke o pensar en lo que esa gentuza le podían estar haciendo. Janus era horrible, era un ser asqueroso. Intentó quitarse esa imagen de la cabeza y concentrarse en encontrarla. Bellamy la sacó de sus pensamientos.

- ¡Lexa! – llegó junto a él. Miró el tronco que Bellamy le señalaba.

- Sangre – dijo ella y ambos se miraron sabiendo que podían estar ante la sangre de su amiga y aliada. – Hay un rastro – señaló la Comandante.

Siguieron el rastro de sangre con cuidado, sabiendo que lo que se podían encontrar no tenía por qué ser bueno. Caminaron durante horas hasta llegar a lo que parecía un campamento. Lexa se puso el dedo índice sobre la boca indicándole al moreno que permaneciera en silencio. Vieron a dos terrestres muy agitados discutiendo, al otro lado estaba Clarke atada a un tronco. Tenía los ojos cerrados, el pelo lleno de sangre y su cuerpo estaba tan relajado que parecía muerta.

Una punzada atravesó el frío corazón de la Comandante. Había llegado tarde, Clarke la había dejado y esos zoquetes ni siquiera se habían dado cuenta. Notó como Bellamy la miraba, pero le dio igual, las lágrimas estaban a punto de salir, y las iba a dejar salir. Ya le daba igual parecer débil, porque sin ella, sin Clarke, era completamente débil.

- Lexa, ha abierto los ojos – le susurró – el corazón le dio un vuelco. Estaba viva.

Todo pasó en cuestión de segundos. Acababa de recuperarla y ahora una pelirroja pirada amenazaba con quitársela de nuevo. Sin pensárselo dos veces cogió su arco y una flecha del carcaj, apuntó a la llamativa cabeza de la foránea y le atravesó la tapa de los sesos.

- ¿Quién anda allí? – oyó preguntar a la rubia segundos más tarde. Más que una pregunta parecía una súplica.

Nadie habló. Ella no podía hablar. Vio a Bellamy adentrarse en el campamento. La sonrisa que se le formó a Clarke en el rostro al reconocerle era única. Él la liberó y juntos se fundieron en un abrazo eterno.

Lexa solo podía presenciar la escena a lo lejos incapaz de articular un sonido, de dar un paso adelante. Escondida entre los arbustos. Era la segunda vez que se quedaba en shock.

- ¿Cómo me has encontrado? – dijo Clarke. Desprendía felicidad por los cuatro costados.

- Bueno… - empezó el moreno. No sabía cómo decirle que no estaba solo, que si estaba allí era gracias a Lexa. Conocía el rencor que su fiel amiga sentía por la líder del pueblo del bosque, sin embargo, tenía que reconocer lo que la castaña había hecho por su amiga.

- Da igual, gracias a Dios que has venido, Bellamy – Lo volvió a abrazar con fuerza. El cerró los ojos al contacto. Se oyó un ruido estrepitoso, el rubio que antes estaba en el suelo se acercaba con ferocidad a ellos.

- ¡Cuidado! – gritó él, solo le dio tiempo de proteger a la rubia con su cuerpo. Y como de una ficha de domino se tratase el terrestre cayó al suelo al igual que la pelirroja minutos antes.

Clarke miró detrás de Bellamy. La figura de Lexa se hizo visible a medida que la luz iluminaba su cuerpo. Los ojos de la líder de los celestes se abrieron como platos. Soltó a Bellamy y se dirigió a Lexa en un impulso. La Comandante seguía con el arco en sus manos y tuvo el pálpito de agarrar otra flecha al ver la agresividad del movimiento de Clarke.

Lo que vino después no se lo esperaba. Clarke le abrazó con tal ímpetu que casi la tira al suelo. Lexa tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo soltó el arco y se dejó llevar por el entusiasmo de Clarke. Le respondió con la misma fuerza o más que la rubia. De repente Clarke se soltó y la empujó por los hombros.

- No creas que esto cambia nada – dijo la rubia. El dolor de sus ojos era el mismo que el de la noche en que la traicionó

La Comandante estaba desorientada. ¿Qué había acabado de pasar? De un momento a otro habían pasado de abrazarse a encararse, y ahora Clarke le decía que no había cambiado nada. Comprendía que estuviera enfadada pero esto ya pasaba de castaño oscuro. Demasiadas emociones para un día. Lidiar con su pérdida, para luego sentir la alegría inmensa de saber que estaba viva, pasar un miedo absoluto, sentir una efusividad por el abrazo más sincero de toda su vida y aguantar su rechazó por segunda vez era demasiado.

- Tienes razón no cambia nada – contestó cortante – solo te he salvado la vida, Clarke. Solo he dejado a los míos por ti, para llevarte con los tuyos. Para que puedas vivir. – Su voz sonaba más alta de lo normal, no aguantaba. Estaba enfadada con la rubia. Enfadada por cómo había cogido su vida y al había puesto patas arriba. Cabreada por como la trataba. Por cómo le daba esperanzas y luego se las arrancaba de golpe.

- No te pedí que vinieras a buscarme, Lexa. Podías haberme abandonado como hiciste en el Monte Weather – respondió ella con el mismo tono en el que la castaña le había hablado.

Bellamy las observaba sin saber qué hacer, hasta que vio que la cosa se estaba poniendo caliente y decidió interponerse. – ¡Basta ya las dos! ¿Os parece que merece la pena discutir, ahora? – Estaba exhausto de tanta tontería.

- ¿Sabes qué? Tienes razón Bell, no merece la pena – lo último lo dijo mirando con desprecio a Lexa. Quería hacerle daño, tanto como pudiera. Lo que no sabía es que a la que más daño hacia era a ella misma.

Bellamy miró a la Comandante con pena, seguía intentado parecer fuerte, pero esta vez su rostro decía todo lo contrario. Esta vez Lexa no podía ocultar como los fragmentos de su corazón se estaban rompiendo lentamente.


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