Capítulo VI: Mentiras.
Laia despertó después de unas horas, observando como los demás se encontraban durmiendo. Pero notó la ausencia de alguien. Mewtwo estaba afuera, mirando el plenilunio, ella se dirigió hacia él, sentándose a su lado; él no protestó cuando la sintió a solo unos centímetros cerca suyo, manteniendo su mirada en la luna llena. Mewtwo la miró de reojo, observando que también miraba al cuerpo celeste.
—¿Ya te sientes mejor? —preguntó, rompiendo el silencio.
—Sí, gracias por deshacerte del invasor que estaba en mi mente.
—Necesitaba ayudarte, si algo te pasaba no podría quedarme con la conciencia tranquila. Creo que en parte fue mi culpa por no escuchar a Alizar, dijo que tus poderes estaban inestables, pero yo confíe en ti. No me vi venir que invadieran tu mente.
—No es tu culpa. Me agrada que te preocupes por mí.
Mewtwo sintió su rostro enrojecer. Desviando su mirada. Laia pudo notarlo, sonriendo.
—No estás acostumbrado a que te elogien.
Mewtwo miró hacia el cielo, ella hizo lo mismo, mirando las estrellas. Laia no evitó verlo por el rabillo del ojo, notando que sus manos estaban cerca de las suyas. Mewtwo apuntó hacia el cielo, haciendo que ella lo mirara. Empezaron a hablar de las constelaciones, observando las formas que él trazaba con su dedo. Ella sonrió, mirándolo. Mewtwo volteó su mirada, encontrándose con la suya. Aunque le era incómodo, levantándose y extendiendo su mano.
Laia tomó su mano, ayudándola a levantarse. Ella se sonrojó cuando tomó su mano con fuerza, sintiendo cómo su corazón latía fuertemente; él tomó su mejilla, acariciándola suavemente, haciéndola estremecerse. Pero ella reaccionó, acurrucándose con él.
—Gracias por tu preocupación. —Murmuró, besando su mejilla—. Buenas noches.
Ella se fue hacia la cueva, entrando para ir a dormir. Aunque no dejo de pensar en que el corazón de Mewtwo se había acelerado cuando se acurrucó con él. Pensaba que solo era su imaginación, mas parecía ser muy real.
Mewtwo al recuperarse de la impresión, no dejo de preguntarse por qué ella le dio ese beso en su mejilla, no entendía a que vino lo que hizo, no es como si hubiera esperado otra cosa, pero no dejo de pensar en aquella muestra de cariño.
«Lo único que estoy logrando con esto es confundirme más y más. No quiero pensar en el hecho de que ambos crucemos esta barrera que ambos nos impusimos. No quiero tener que pasar por el hecho de ver a mis seres queridos ser heridos frente a mis ojos».
Mewtwo negó con su cabeza, sintiendo una jaqueca. Hasta que recordó algo importante. ¿Si sus creadores la encuentran? La libertad de ambos estaría en juego. Mewtwo golpeó el suelo con su mano, intentando imaginar una forma de evitarlo. Pero no encontraba una manera sin que otros se vieran afectados.
Pero no esperaba que Laia sufriera la misma incógnita. Pero cerró sus ojos para finalmente dormir.
A la mañana siguiente, Mewtwo despertó sin mucho ánimo. Lo que había pasado no podía repetirse, pero no tardó en notar que algo no andaba bien con Laia, se veía un poco distante, pensativa; ¿acaso lo que pasó la noche anterior la había afectado? Era algo qué no creía posible, pero no improbable. No sabía con exactitud que pasaba por la mente de la psíquica. Pero tarde o temprano lo sabría.
Laia no dejaba de pensar en lo ocurrido en el río. En cómo pudo dejarse llevar de esa manera, ella casi comete un tremendo error, posiblemente, eso habría roto todo vínculo que había formado con él, o peor aún, cómo podría mirarlo a la cara después de eso.
Confusión era lo único que tenía en su mente, por eso quería un poco de espacio.
Ella sintió una sensación extraña, era como si alguien la estuviera observando, Laia se mantuvo en silencio por unos segundos. Cerrando sus ojos para ver si su vigilante no estaba lo suficientemente cerca como para que la libertad de sus compañeros peligrara. Logrando localizar a un Alakazan, y estaba solo a unos kilómetros. No encontraba una forma de libarse de ellos, hasta que su mirada se fijó en el zorro de melena larga.
Entonces, comenzó a atar cabos con respecto a sus acompañantes, logrando idear un plan, pero antes, necesitaba hablar con el Zoroark y la Gardevoir; necesitaba de ellos para lo que estaba preparando.
†
Alizar estaba en su caverna, sintiendo que alguien entraba, se trataba de Laia, con un Zoroark sujetado por energía psíquica, notando que este había sido obligado a acompañarla.
—¿Qué les ocurre? —preguntó.
—Necesitamos hablar. —No tardó en responder, soltando al zorro.
—¿Y de qué se trata? —interrogó.
—Siento la energía de uno de un Pokémon perteneciente a mis creadores, lo estuve pensando demasiado, pero tengo un plan para alejarlos, o por lo menos para prolongar mi libertad.
—Pudiste haberlo dicho antes —le interrumpió el zorro—, no era necesario llegar y llevarme así. Ni que quisieras poner celoso a...
Él no reacciono cuando recibió una fuerte aura esfera que le dejo pegado en la pared, con suerte el sonido que causó no llego a oídos de Mewtwo o de Ai. Laia no estaba de ánimos para tonterías como esas.
—¡Que no quiero poner celoso a nadie! —le recordó, irritada, pero al ver a la Gardevoir se calmó—. Bueno, esto es lo que yo he pensado, y necesito de ambos.
El Zoroark se reincorporó al recuperarse del golpe, escuchando atentamente lo que la Mewtwo decía, pero había algo que lo inquietaba, ¿por qué ellos y no Ai y Mewtwo? Eso era algo que no entendía, pero Laia respondió su duda rápidamente; "necesito que sus reacciones sean naturales, de eso depende mi plan".
Ahora lo entendía, ellos, sin darse cuenta, también participaban; el plan era simple, él, con su habilidad ilusión, cambiarían lugares durante la noche y Alizar ocultaría a Laia hasta que se crea conveniente. Mas había algo que preocupaba a la psíquica, ¿cómo iba a reaccionar Mewtwo al ver que todo había sido una farsa? ¿Qué no fue nada más que un títere? No, no quería que se sintiera así, pero no quedaba de otra, su libertad dependía de ello.
Ya era de noche, el plan comenzaría.
La última vez que ellos vieron a Laia fue cuando se fue a dormir, y también fue la última vez que vieron al zorro, argumentando que debía vigilar la zona. Esto hizo que Mewtwo comenzara a sospechar. Había algo que no le terminaba de agradar, Mewtwo pudo sentir un aura que no era precisamente buena, pero no quería alarmar a su compañera, por eso se mantuvo en silencio.
Cuando el sol salió por el horizonte, el grupo viajero tuvo que partir; según Alizar, el zorro se adelantó para ver un camino seguro; para sorpresa de muchos, Laia se mantuvo en silencio durante la mañana. Cuando todos se fueron, la verdadera Laia salió de su escondite, apretando sus manos al ver a sus compañeros alejarse. Sí algo no salía bien, no podría perdonarse.
—Ellos estarán bien, aunque Mewtwo no estará muy contento cuando venga a buscarte.
—Lo sé, por eso estoy preparada para lo que viene.
Cuando ya se había alejado por varios kilómetros, Mewtwo pudo sentir que algo no estaba bien. El aura oscura que sintió la noche anterior había vuelto, pero no estaba sólo. Había tres auras más con él. Mewtwo frunció el ceño, deteniéndose, Laia se estremeció al notar la energía negativa, el plan estaba a punto de empezar.
Los tres se giraron, mirando una máquina de tres metros de altura, con tres personas y dos Pokémon; un Lucario y un Alakazam, aunque el primero estaba vendado, como si hubiera sido brutalmente herido. Mewtwo, al reconocerlo, lo miró con desdén, sabía que algún día tendrían que volver a verse.
Mewtwo quiso enfrentarles, más un brazo se interpuso entre él y los humanos, observó a Laia sorprendido, pero su sorpresa se incrementó cuando ella se dirigió hacia ellos. «¿Qué vas a hacer?», Laia se detuvo, mirando a sus dos compañeros, forzó una sonrisa, entrando en la máquina. Sus pies se separaron un metro del suelo, se estremeció cuando sintió la energía del artefacto recorrer su cuerpo.
—¿Qué diantres estás haciendo, Laia? —preguntó Mewtwo molesto—. ¿Sabes que van a matarte apenas vuelvan al laboratorio?
Una bola sombra le interrumpió, logrando esquivarlo, él habría seguido insistiendo si no fuera por Ai, quien logró retenerlo.
—Así que, tú eres el experimento del Equipo Rocket. Me sorprende verte en libertad, y entender el lenguaje humano.
—Es solo una voz telepática, además, mi intelecto supera con creces al de un humano promedio, por eso puedo entenderlos.
—Entonces, ¿sabes lo que pasará con ella por su rebeldía? —interrogó la mujer.
Mewtwo asintió, apretando sus puños.
—Lo sé, pero no dejaré que se la lleven.
Una risita los interrumpió, se trataba de Laia, se estaba riendo, ¿por qué? No era un momento para chistes.
—Me siento alagado —habló finalmente, pero con una voz masculina—, pero creo que deberías guardar tus palabras para la verdadera Laia.
El Mewtwo cambio de forma, revelando su identidad, se trataba de Zoroark, logrando salir de la máquina al usar lanzallamas. Sorprendiendo a los presentes al ver que él era un atacante especial, dejándolos en problemas al no saber de sus ataques.
—Mewtwo, saca a Ai de aquí, vayan con Alizar —ordenó.
—¿Qué hay de ti? —inquirió.
—No se preocupen, yo los alejare lo mejor que pueda.
Y sin decir nada, se fue, perdiéndose de la vista de ambos. Mewtwo tomó a Ai y se la llevó hacia la dirección contraria por donde se fue el zorro.
Zoroark, saltaba por las ramas que se cruzaban por su camino. Dándose cuenta de que Lucario y Alakazam lo seguían. Chasqueó la lengua, observando de soslayo como un aura esfera se acercaba a él, no dudo en esquivarlo, mirando las ramas de los árboles para lograr hacer alguna ilusión.
Sus ojos brillaron, causando que los troncos y ramas se movieran, dejando inmóviles a sus persecutores; el Lucario se quitó las ramas, pero no vio venir que el zorro siniestro usara paranormal. Sus ojos emitieron un brillo color dorado, seguido de unas ondas que dejaron aturdido al Pokémon lucha. Dándole a Zoroark tiempo para cambiar su apariencia y escapar.
†
Ambos psíquicos llegaron jadeando al hogar de Alizar, Mewtwo buscó con la mirada a Laia, y al encontrarla, la tomó con firmeza del brazo, llevándosela al exterior de la caverna para aclarar ciertas dudas. Ai solo los miró, recuperando el aliento, sin dejar de preocuparse por el Zoroark.
Laia fue apoyada con fuerza en el árbol cercano, haciendo que un leve quejido saliera de su boca. Ella observó a Mewtwo, él tenía el ceño fruncido, notándose su enojo. Ella cerró sus ojos, esperando que Mewtwo hiciera algo, pero no le hizo nada.
—Idiota... —murmuró él, llamando su atención—. Por un segundo, realmente pensé que ibas a entregarte. No puedo creer que planearas todo esto y no me hayas dicho nada, incluso Zoroark participó en tu mentira. ¿No confías en mí acaso?
—Yo... no podía decírtelo, necesitaba que sus reacciones fueran naturales. No tenía intenciones de preocuparte. Sé que posiblemente no tendré tu perdón, pero quiero que sepas que me costó mucho aguantar las ganas de decirte. Y...
—Laia, he escuchado varias mentiras a lo largo de mi vida, y ver que incluso mi propia especie es capaz de... —Laia se estremeció cuando sintió su aliento tan cerca del suyo—. No me gustan las mentiras.
Ella abrió sus ojos, dándose cuenta de lo que estaba pasando; él la estaba besando. Pero, en vez de separarse, ella cerró sus ojos logrando tomar su cuello, pero él se resistió a su agarre, separándose de ella. Mewtwo frunció el ceño, alejándose de Laia. Pero se detuvo para mirarla de reojo.
—Hagamos que esto no pasó. Espero haber sido claro. —Ella no respondió. Mewtwo salto hacia una rama, alejándose del lugar.
Laia logró respirar, sintiendo que su pecho estuvo a punto de estallar a causa de aquel sentimiento repentino. Sus mejillas ganaron un color rojo, reemplazando el color blanco de su piel.
«Mewtwo... ¿por qué lo hiciste?, ¿por qué me besaste?», se preguntó, posando la mano sobre su pecho, «se sintió... tan bien. ¡Demonios!». Golpeó el tronco detrás de ella. Ya no quería este torbellino de confusión.
†
Mewtwo llegó hasta una cueva, logrando apoyarse en la pared rocosa. Suspiró, tomando su cabeza como si le doliera, pero solo se trataba de dudas y confusión. No entendía como pudo haberle hecho eso. ¿Qué imagen tendría Laia de él ahora? Él no quería ilusionarla de ninguna forma. No quería.
—Entonces... ¿por qué hice eso? —se preguntó, recordando el momento en que ambos unieron sus labios. ¿Cómo pudo caer tan bajo por una fémina?
«Laia, ¿qué pensamiento tendrás de mí ahora? No quiero sentirme culpable si tu corazón se rompe; no sé lo que me impulso a besarte, mas esto no se volverá a repetir, te lo prometo».
El Pokémon blanquecino giró su mirada al notar que un Dedenne aterrizó, transformándose en un Zoroark segundos después, el zorro se estiró, recuperando movilidad al estar con esa forma de hámster. Mewtwo se acercó a él, sin dudar en preguntarle el porqué de la farsa.
—Si es sobre el plan de Laia, debo decirte que me sorprendió mucho el hecho de que no les dijera nada, pero, debo admitir, que su plan funcionó gracias a sus reacciones.
—Fue estúpido de su parte no hablarlo con nosotros...
—Con nosotros... o contigo. —Interrumpió. Con un tono de voz firme.
—No es eso, si Laia estaba ideando algo debió, por lo menos, hablarlo con todos. No seleccionarnos. —Dio media vuelta, queriendo marcharse.
—Mewtwo, ¿no quieres que ella se vaya? ¿Acaso nació en ti un sentimiento de protección al ser los únicos representantes de su especie? Porque eso me dio a entender la forma en la que reaccionaste.
Él se detuvo.
—Tal vez, no puedo asegurarlo.
†
Laia no dejaba de mirar la salida de la cueva, esperando que Mewtwo entrara para hablar de lo que había pasado. Cada vez que recordaba ese momento, un fugaz rubor se presentaba en su rostro, el cual intentó ocultar con su mano.
«Tal vez fue un accidente, no quiso hacerlo a propósito, pero por qué él...», dejó de cavilar al sentir que su pecho palpitaba fuertemente, no quería sentir lo que estaba sintiendo, pero todo parecía actuar en su contra. Ella nunca se había sentido atraída por alguien, ni por el Genesect rojo en aquel momento en Unova.
«Mewtwo pudo haberme dejado a mi suerte en muchas ocasiones durante nuestro viaje, mas nunca lo hizo, siempre encontró la forma de que yo no me quedara atrás.
No podría imaginarme a mí y a Mewtwo como pareja, somos algo... distintos, no sé si tendríamos una relación estable».
—¿Por qué tan pensativa, Laia? —preguntó Ai, sacándola de su transe. Laia se sobresaltó, casi cayendo de bruces si no fuera por la Gardevoir que logro retenerla—. Perdón si te asuste.
—Tranquila, Ai, no pasa nada. —La calmo, recordando lo que estaba pensando segundos antes—. Ai, tú... ¿qué opinas de Mewtwo y yo?
—Ustedes dos pelean muy bien. —Respondió de forma inocente.
—No me refiero a eso, Ai. —Miró por todos lados, asegurándose de que no estuviera nadie cerca—. Me refiero a una relación... de pareja.
—Bueno... —Frunció los labios, mirándola—. Creo yo que harían buena pareja. Digo, Mewtwo siempre te cuida de alguna forma, es más, hasta se puso celoso cuando ese Lucario se acercó a ti.
—¿Qué? ¿Él, celoso? —Laia parpadeó, sorprendida.
—Claro, ¿no notaste todas las veces que frunció el ceño cuando él se ponía halagador contigo?
—Nunca lo noté.
—Vaya, ustedes dos son muy densos cuando de sentimientos se trata. —Ella sonrió—. Pero... Él nunca ha actuado así.
Tal vez, Mewtwo ya sabía que él Lucario no era de fiar, no era porque necesariamente estaría celoso. O por lo menos, eso creía la psíquica.
†
El Zoroark ya había llegado a la cueva de Alizar, con heridas leves que la Gardevoir ayudo a curar, ambos fueron observados por Ai, quien estaba sentada en un tronco. Ella no evitaba reír al escuchar los leves quejidos del Zorro ilusionista, sin darse cuenta de que la Mewtwo estaba atrás de ella. Laia tocó sus hombros, haciendo que ella se sobresaltara.
—Siento si te asuste. ¿Acaso interrumpí tu vista?
—N-No, para nada, Laia. Oye, ¿qué ocurrió entre Mewtwo y tú? ¿Por qué...?
—No pasó nada —cortó ella—. Solo necesitaba hablar conmigo. No te preocupes.
—E-Está bien —tartamudeó sorprendida por su cambio de humor.
Ai vio hacia la salida, ya estaba oscureciendo y Mewtwo todavía no volvía. Laia pudo notar eso, preocupándose por su tardanza en volver. Ambas vieron la cascada abrirse, notando que el antedicho entraba, suspiró haciéndoles notar que estaba cansado. Laia no le habló, dejándolo recostarse para que él pudiera dormir. Los demás se fueron a dormir, excepto Laia.
—Buenas noches —escuchó ella.
Todos estaban durmiendo, Laia solo los miraba, ignorando la luz tenue que podía entrar en la caverna. La Mewtwo no pudo evitar mirar a la otra criatura, él dormía, acurrucándose en la improvisada cama. Laia acaricio su rostro, arreglando la sábana que lo cubría. Él no reaccionó a su toque, siguió durmiendo.
La mujer fue a dormir horas después.
†
El Lucario estaba herido después de volver a fallar, ahora no se atrevía a volver con sus dueños, después de la paliza que recibió por fallar la última vez. Ahora, al mirar a su alrededor, no lograba ubicarse en esa parte del bosque. Sus heridas recientes ocasionadas por el Zoroark le estaban doliendo bastante.
Entonces, se desmayó.
Pasaron horas, cuando él comenzó a despertar pudo ver que otros Pokémon lo estaban rodeando, en su mayoría, podía reconocer a varias criaturas con características felinas, cuando pudo ver mejor, se sentó, notando que la mayoría de sus heridas habían sanado. ¿Por cuánto estuvo inconsciente? No lo sabía y no quería saberlo. El Persian que estaba frente a él ordenó que se alejaran del chacal. Antes de finalmente hablar, carraspeó.
—La vida te ha desfavorecido bastante, chico —habló antes de lamer su pata delantera.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, observando a su alrededor.
—Somos el Clan del bosque, te desmayaste en nuestro territorio, vimos que estabas herido, muy herido, por eso te trajimos hasta aquí. Nuestro curandero ha sanado gran parte de sus heridas.
—Entiendo. —Contestó rascándose un poco la nuca.
—Y ahora dime, ¿cómo llegaste hasta aquí?
—Alguien me hirió.
Los felinos se miraron entre ellos, aunque se veían venir aquella situación.
—¿Puedes decirnos quien fue? —maulló una Skitty.
El Lucario dudó, recordando, hasta que se le vino a la mente una idea.
—Fue un Pokémon artificial.
—Imposible, no hay Pokémon artificiales —gruñó el Persian.
Lucario ignoró los murmullos de los Pokémon, mirando a quien parecía ser el líder.
—En realidad, si los hay, él me hizo esto, ahora lo estoy buscando para pagar cuentas —replicó.
—Si lo que dices es cierto, entonces debes mostrarnos a ese Pokémon.
Él sonrió.
—Los guiare hacia él.
†
Mewtwo estornudó, haciendo que sus acompañantes se le quedaran mirando.
—¿Estás bien, Mewtwo?
—Sí, solo tuve un presentimiento. Es como si alguien estuviera hablando mal de mí. Y creo saber quién. —Un flashback vino a su mente, recordando claramente al Pokemon Lucha Acero.
Laia siguió mirándolo, notando su ceño fruncido; Ai observó a ambos clones, ignorando el amanecer. Ya era hora de dejar la casa de Alizar, los cuatro se despidieron y agradecieron su hospitalidad. A ella le habría gustado que se hubieran quedado más tiempo, pero ahora, gracias al Zoroark, tenían un nuevo destino.
El Clan del río.
