Fingir, imitar, hacer creer a los demás algo que no es cierto puede ser doloroso para muchos. Tomar una mano, besar unos labios y abrazar a un cuerpo no quiere decir que de verdad amas a alguien. Decir un "te amo" falso no tiene sentido, es mejor no decir nada y dejar que la verdad salga sola a la luz.

Capítulo VI

Falsedades

El aire soplaba con calma, llevando una ligera brisa a las hojas de los árboles, produciendo un armonioso y suave sonido; las cortinas de las aulas del colegio se levantaban suavemente y algunos muchachos se asomaban por las ventanas. Era el último mes del ciclo escolar y muchos estaban fascinados – Entonces, Meiko dijo que yo también podría grabar con Luka. ¡De verdad que es bella esa mujer! – comentaba Rin alegremente a sus amigas.

- ¿Y por qué últimamente estás tan molesta con Miku? – Le cambiaron el tema radicalmente – no se hablan ni nada – cuestionó una de ellas. La rubia se quedó en silencio un momento, buscando a su hermano con la mirada, y al encontrarlo hablando con un compañero de su clase suspiró.

- Miku y Len son novios. – expresó molesta. Los rostros de sus amigas mostraban sorpresa. – Ella siempre me quiere quitar lo que tengo y ella me envidia, y como es hija única, ahora pretende llevarse a mi hermano – concluyó.

En ese momento, Miku apareció en la puerta del salón de clases y llamó al rubio al ver que no había ningún profesor. Una sonora burla por parte de los compañeros se escuchó. La chica se sonrojó; Rin tenía una mirada de fastidio; y Len solo caminaba con mirada fría.

- Valla – de nuevo una de las amigas de Rin habló – tu hermano siempre es muy alegre y ahora ¿por qué la mirada fría si va con su novia? – le preguntó.

- No sé. Todo el fin de semana se mantuvo encerrado y lo poco que salía a penas si me dirigía la palabra – contestó. – Últimamente, anda raro. –concluyó preocupada.

Len al llegar con Miku comenzó a escuchar sus ideas para salir y que si esa misma tarde era posible. No le convencía mucho la idea de usar a esa chica para tratar de olvidar el fuerte sentimiento que aún guardaba por Rin, pero no encontraba otra opción para lo que ocurría, y bien se lo había dicho a Gakupo…

- Entonces Len, ¿nos vemos en la tarde en mi casa? – preguntó. El rubio asintió mecánicamente, más que por deseo de estar con ella un rato. Miku se fue, dejando que el chico regresara a su salón.

Al poco tiempo, un profesor apareció indicando que ya podían irse pues había una junta – mañana necesitamos que se presenten a las nueve de la mañana, pues vamos a hacer los preparativos para su graduación, así que no falten – ordenó para después dejarlos ir.

Sin pensarlo dos veces todos los alumnos tomaron sus cosas y salieron del salón. – ¡Que bien! – dijo Rin. – Y, ¿vas a hacer algo esta tarde, Len? – le preguntó mientras lo seguía.

- Miku quiere que salgamos, así que pasaré por ella a las cinco, ¿por qué la pregunta? – cuestionó ahora él. La volteó a ver con calma. Ella solo negó con la cabeza.

- Por nada. Entonces, si no estarás le llamaré a Kaito para salir – concluyó con un leve sonrojo; él simplemente asintió.

Al salir del colegio, la chica rubia trató de hacer una buena conversación con su hermano, cosa que falló. ¿Qué ocurría con él? ¿Dónde estaba el chico lleno de buen humor y alegría? ¿De verdad tanta confianza le había perdido? ¿Cómo habían llegado al punto de no hablarse?

El silencioso camino marcaba la fuerza de la poca seguridad que había entre ambos. Entraron en la enorme casa y se desviaron sin hablar aún, al fin de cuentas ya cada uno tenía su vida. Antes de que Len entrara a su habitación, la chica lo tomó del brazo, haciendo que él le mirara. A pesar de la mirada seria y relajada de él, había algo que la mantenía preocupada, y era ese ser en el que se había transformado desde el viaje de hacía unos días. - ¿Qué pasa? – le preguntó. Ella negó con la cabeza y lo soltó.

La chica entró a su habitación y de inmediato marcó el número de la casa de su novio. Escuchó como marcaba, pero nadie le contestaba. – "Y con eso de que Kaito no tiene contestadora…" – pensó la rubia un tanto frustrada. Se aventó a su cama y miró su celular molesta – "y para colmo, me terminé mi crédito ayer mandándole mensajes a Meiko y a Kaito" – suspiró arrepintiéndose haberse desvelado gastando el saldo de su móvil. Desde que su hermano la trataba diferente (a pesar de ser solo unos días) ella sentía que no podía abrirse de la misma manera.

Se volteó y terminó viendo a un buró donde tenía la fotografía donde salían ella y Len, sonrientes. Se hincó en su cama y tomo el retrato; ¿Qué había pasado con los dos? ¿Dónde estaban los viejos días que solían disfrutar juntos? ¿Ahora con quién ella podría hablar horas con la misma confianza? Solo Len la escuchaba por más aburrido que estuviera sin interrumpirla, la miraba con paciencia y le sonreía de forma tan dulce que le provocaba alegrarse sin importar lo que hubiese ocurrido. Siempre se sentaba él en un pequeño sillón y recargaba su cara en una mano para escucharla atentamente. Le daba un consejo o simplemente se callaba y la abrazaba con un cariño que la relajaba mucho, ¿qué haría ahora sin su mejor confidente…?

Su celular sonó. Se limpió las primeras lágrimas que deseaban salir de sus ojos, y se aclaró la garganta para sonar tranquila. – Kaito, justo estaba pensando en ti…


El rubio terminó de cerrar su camisa y volteó a verse al espejo – "Rin tiene razón" – pensó – estoy muy flacucho – se criticó a sí mismo. Suspiró y tomó un cepillo, comenzando a darle forma a su rebelde cabello y la parte más larga logró sujetarla en su pequeña coleta. Una vez que terminó de arreglarse, volteó a ver el reloj, el cual marcaba las cuatro treinta – Será mejor que me valla ahora o no llegaré a tiempo – caviló en voz alta y salió de su habitación, revisando en sus bolsillos del pantalón que llevara todo lo necesario – "llaves, móvil y cartera, no creo necesitar nada más" – concluyó, dispuesto a partir. Abrió la puerta de su casa, para encontrarse con Kaito bajando de un automóvil azul.

- ¡Oh! Len, no esperaba verte – lo saludó el muchacho. – Me dijo que Rin que vas a salir con Miku, ¿no? – cuestionó. El rubio solo asintió con la cabeza - ¿qué van a hacer? – insistió con sus preguntas.

- Miku quiere ir al cine – replicó con calma. Kaito solo dijo un par de "consejos" y se despidió del muchacho.

- Rin me espera – concluyó sonriente.

Injusto, ¿no? Que el mejor confidente de ella hubiera pasado a segundo plano y había sido cambiado por un tipo que no la conocía como él. Y peor aún, no podía odiar a su mejor amigo…

El rubio movió la cabeza bruscamente sacando todo pensamiento sobre sus sentimientos. –"No pienses eso Len, tu vas a ir con tu novia" – se dijo a si mismo. Retomó su camino a casa de Miku.

Caminó lentamente por las calles, no tenía motivación para ir alegre o a paso rápido. ¿Qué hacía? ¿De verdad valdría la pena? –"Miku es popular, muchos chicos se mueren por ella… entonces, ¿por qué no me siento satisfecho?" – caviló eso todo el camino sin encontrar respuesta que lo convenciera del todo.

Se encontraron en la calle, pues Miku ya lo esperaba desde hacía poco. – Y bien Len, ¿Qué película veremos? – le preguntó, mientras se abrazaba del brazo del chico.

- La que tú quieras está bien – aseguró. Lógicamente, la chica le llevó a ver una cinta de romance, de la cual nunca supo de que se trató pues la chica siempre lo distraía besándole. Pero, ¿por qué cuando ella le besaba no sentía nada? Ni si quiera un poco de pasión o excitación, todo era tan… monótono.

Al salir del teatro, caminaron un rato charlando, más bien, Miku era la única que hablaba, puesto que él no decía nada. – Len, ¿me estás escuchando? – le preguntó molesta. El asintió sin mirarla. – "Este niño no le importa lo que le digo, bueno, da igual. Su hermanita pagará por quitarme a MI Kaito" – pensó mientras caminaba junto a su supuesto novio.

¿Quién engañaba a quién? ¿Miku a Len? ¿Len a Miku? ¿O solo se estaban mintiendo a sí mismos? Pero algo era seguro, al otro no le importaba realmente si habían sentimientos de por medio.

Continuaron caminando, hasta que al fin la muchacha se había aburrido de ese patético intento de cita – Len, llévame a mi casa, estoy muy aburrida – dijo abiertamente. Al chico le importó poco el comentario y cumplió lo que le pidió. La despedida fue seca, al igual que lo era su intento de noviazgo. Pero le importaba poco, ¿qué más daba si no funcionaba esa relación? No la amaba, ni si quiera la estimaba pues no la consideraba más que una conocida más.

Caminó pensando en ella, en Rin. La única que le había robado el corazón y seguía siendo la dueña de él. – "No puedo dejar de pensar en ella, ¿qué debería hacer? Ya no sé ni que estoy haciendo…" – pensamientos tontos iban y venían. ¿Cómo iba a olvidar la ternura de ella que siempre le traía alegrías a su memoria? Era como pedirle al músico que no volviese a componer jamás, al escritor que no tomase una pluma de nuevo o al artista que no pintara nunca más. Tal vez su amor se transformaría en una obsesión oculta en su interior con la que se atormentaría su propia alma.

Pero en cierta forma le hacía sentir mejor pensar en ella que el idealizar una vida con la tal Miku; no era agradable para él y solo había aceptado ser su pareja por lástima a ella y a sí mismo… sus pasos lo guiaron a un parque donde novios iban y venían de la mano presumiéndole al mundo su gran amor que pronto podría romperse por la razón más estúpida o tal vez algo más profundo, pero todo era muy susceptible en especial a esa edad. El muchacho pintó una sonrisa cruel en su boca al pensar que todos terminarían algún día sintiéndose como el dolor consumía sus almas y hasta la vida misma…

Un pensamiento le llegó al momento que una lágrima de envidia bajaba por su mejilla izquierda. Con un dedo la quitó de su rostro y la contempló – "quiero que esta lágrima sea la última que derrame por ver a otros llenos de felicidad" – se dijo a sí mismo, ¿qué tan cierto sería? ¿En qué estaría pensando el muchacho con tanta determinación? La sonrisa de frialdad no se iba. Miró a una muchacha caminar a su lado mirándole de forma pícara y se dio cuenta de que realmente era más atractivo de lo que él alguna vez hubiese imaginado. Se paró lo más derecho que pudo, desabotonó un poco su camisa blanca y caminó rumbo a su casa con la misma expresión; se pondría una pequeña prueba.

Todo el camino más de una mujer le veía con ojos coquetos y lo analizaba de pies a cabeza. Esa atención le agradó bastante, sintió que el vacío desaparecía por un instante. ¿Por qué no lo había pensado antes? Sería más divertido que estar escuchando las estupideces de Miku. Si, diversión…

Eso usaría para pretender que había algún amor por alguien, aun cuando la viera a diario tendría con que entretenerse. No era mala idea, valla que no lo era.

Al llegar a su casa se percató que el auto de Kaito estaba estacionado – "deben de haber llegado a penas" – pensó mientras abría la puerta principal. El silencio en la mansión era evidente y lo confundió bastante, ¿dónde estaba su amigo y su hermana? Continuó caminando hasta llegar al pasillo que llevaba a las habitaciones y se empezó a preocupar más, hasta llegar a la puerta de la alcoba de Rin. Sin tocar abrió la puerta lentamente y los descubrió acurrucados en la cama de ella. De inmediato la ira empezó a tomar el control de él. Cuando la pareja se percató de su presencia, se separaron y levantaron.

- Len, no es – comenzó a hablar Kaito.

- Largo – lo interrumpió el rubio de inmediato. Lo fulminó con la mirada, provocando miedo en el novio de su hermana.

- Kaito, por favor no te vayas – le susurró la chica.

- ¡Largo! – repitió Len aún más molesto.

- Te llamo después, ¿sí? – fue lo único que dijo Kaito antes de salir de la alcoba lo más rápido que pudo.

Rin fue corriendo tras él, pero el rubio la detuvo de un brazo. - ¿¡Qué te pasa! – le reclamó de inmediato ella - ¡suéltame! – insistió, obligando a soltarle. La chica corrió al pasillo principal, hasta que su hermano de nuevo la detuvo.

- Tenemos que hablar – habló él bastante enojado.

- Yo creo que no – le contestó ella igual de molesta. Trató de liberarse de él de nuevo, pero él no la dejaba ir. – Bien, ¿qué más quieres?

- ¿Qué hacía él aquí? Te establecí normas.

- ¡Tú no puedes darme órdenes! ¡No eres nadie para decirme que puedo o no hacer! – gritó ella. - ¡No es justo lo que hiciste! – estaba muy enojada con su hermano y ahora menos que nunca entendía la actitud de él.

- ¿Cómo se te ocurrió dejarlo entrar a tu cuarto con nadie en la casa? – insistió.

- Que te importa…

Kagamine Len la miró afligido, ¿qué habían estado pensando? Ahora más que nunca le importaba, pues por más que hubiese pensando en muchas cosas aquella tarde, su corazón le pertenecía a ella.


Ok… me ausenté por DEMASIADO tiempo, lo sé… pero, la uni me quita bastante tiempo D:! Y bueno, tuve muchos problemas emocionales en los últimos meses que no me daban muchas ganas de escribir, no encontraba inspiración y lo que escribía no me gustaba. Creo que este capítulo es mi favorito junto con el que viene :D! Espero este mes o el próximo traerles el final de la primera parte del fic owo! Espero que les guste lo que haré en lo que viene n.n, bye!