Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Lynne Graham y se titula "La amante del jefe".
3-La narración esta de parte de Sakura tanto como de Sasuke, al igual que los pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO BULGAR- TENSIÓN SEXUAL
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CAPÍTULO 6:
Sasuke había alquilado un ático para su estancia en Londres.
Nada más entrar, comenzó a desnudarla con pasión mientras no paraba de besarla. Sakura, que había creído que sin alcohol le iba a resultar mucho más difícil mostrarse desinhibida, descubrió que sus besos tenían el mismo efecto embriagador.
Tras hacer el amor de una manera salvaje, Sakura lo abrazó con fuerza y sonrió encantada mientras Sasuke le acariciaba el pelo.
—Eres una mujer increíble —le dijo él tomándola de la mano para que lo acompañara al baño—. Muy misteriosa también. Por ejemplo, ¿cómo es que hablas francés?
—Mi madre era francesa, de París.
— ¿El hombre francés que te llamó ayer era un pariente entonces?
Sakura frunció el ceño sorprendida.
—No, es el marido de una amiga. Nunca me ha caído muy bien...
— ¿Pero no has quedado con él la semana que viene?
—Me ha pedido que lo acompañe de compras para elegir ropa para su mujer y su próximo hijo—suspiró Sakura—. No me puedo creer que esté embarazada de nuevo. Ya es el tercero y sólo tiene veintitrés años...
Sasuke se sintió muy aliviado, pero avergonzado a la vez de haber sospechado que Sakura tenía una relación con el marido de su amiga.
Se dio cuenta de que había conocido a demasiadas mujeres calculadoras capaces de hacer cualquier cosa para capturar a un hombre rico.
Sakura lo observó mientras hacía correr el agua de la ducha. A continuación, alargó el brazo y la agarró. Actuaba como si fuera de su posesión y lo más sorprendente es que a ella le gustaba.
Sasuke era un hombre protector y, cuando quería, caballeroso de una manera que Sakura nunca había asociado con el sexo, sobre todo en un hombre tan masculino y agresivo.
La hacía sentir como un delicado objeto de cristal que había que cuidar constantemente y una vampiresa con la que ni siquiera podía compartir la ducha sin excitarse.
Desde luego, era su hombre perfecto. En eso no se equivocaba. Era guapo, fantástico en la cama y la trataba como si fuera tan irresistible como Cleopatra.
¡Si seguían así, se iba a enamorar de él por completo e iba a quedar como una idiota!
—Creo que será mejor que pidamos la comida porque no me atrevo a ir contigo a un sitio público, bella mia —dijo Sasuke envolviéndola en una toalla—. Así, tendremos toda la tarde y toda la noche para nosotros.
Sakura se imaginó durmiendo entre sus brazos, despertándose con él a su lado y decidió que no quería llegar a intimar tanto con él.
—No me voy a quedar a dormir —se apresuró a decirle.
— ¿Por qué no? —quiso saber Sasuke, que ya es taba marcando un número.
—Porque prefiero ir a casa y dormir en mi cama.
Sasuke colgó el teléfono.
— ¿Cómo sabes que prefieres eso y no otra cosa? Se supone que yo soy el primer hombre con el que te quedarías a dormir...
—Simplemente lo prefiero, ¿de acuerdo? —contestó Sakura mordiéndose el labio nerviosa.
Furioso, Sasuke se dijo que aquello era la ironía de la vida. El tenía por norma sagrada no invitar jamás a las mujeres con las que se acostaba a quedarse dormir. Dormir con una mujer implicaba que entre ellos había una relación más allá del sexo y él prefería dejarles bien claro desde el principio que lo suyo era simplemente una aventura.
Entonces, ¿por qué había invitado a Sakura a quedarse dormir con él?
—No hay problema —contestó apretando los dientes.
Acto seguido, Daisuke el teléfono de un restaurante tailandés y pidió comida sin ni siquiera preguntarle qué quería.
Menos mal que a Sakura le encantaba la comida tailandesa. Sentada con las piernas cruzadas en el sofá y envuelta en un albornoz comió con apetito y le preguntó a Sasuke cómo era que tenía un hermano tan joven.
—Daisuke llegó por sorpresa cuando mi madre tenía cuarenta y tantos años. Mi padre murió cuando tenía cinco años y por eso mi hermano se apoya mucho en mí —contestó Sasuke—. Tenemos tres hermanas, todas casadas y todas dispuestas a mimarlo demasiado. Se estaba convirtiendo en un chico un tanto rebelde, así que convencí a mi madre para que lo mandara a un internado y ahora está mucho mejor.
— ¿Qué se siente al tener tantos hermanos? —preguntó Sakura con curiosidad.
—Es divertido, aunque lo hubiera sido todavía más si un par de mis hermanas, las más mari mandonas, hubieran sido también chicos —sonrió Sasuke—. Algún día, me gustaría tener muchos hijos.
Sakura lo miró sorprendida.
—Yo no quiero tener hijos —le confió.
Sasuke la miró con el ceño fruncido.
— ¿No quieres tener hijos?
—Me interesa más mi trabajo.
— ¿Y qué vas a hacer si te has quedado embarazada?
Aquello hizo que Sakura palideciera.
—Eso es imposible —contestó— ¿Por qué lo dices?
—Porque, después de lo que pasó el otro día con el preservativo, es una posibilidad y me gustaría saber qué harías —insistió Sasuke un tanto molesto.
Sakura apartó el plato y se levantó del sofá jugueteando nerviosa con las mangas del albornoz.
—No me gusta esta conversación.
— ¿Y te crees que a mí sí? —se burló Sasuke—. En cualquier caso, creo que tengo derecho a saberlo.
Furiosa, mortificada y asustada, Sakura se giró y volvió a la habitación. Recogió su ropa y se apresuró a meterse en el baño.
Sin embargo, no le dio tiempo a cerrar la puerta.
—Contesta a mi pregunta —insistió Sasuke.
— ¿Cómo voy a contestar a una pregunta tan fuera de lugar?
Lo cierto era que la pregunta de Sasuke la estaba obligando a hacer frente a ciertos asuntos morales que jamás se había planteado.
Cerró la puerta y se vistió al borde de las lágrimas.
Cuando salió del bailo, Sasuke también se había vestido.
—Esto es una locura, cara.
—Me voy a casa —anunció Sakura—. Ya he llamado a un taxi —añadió pasando a su lado en dirección al vestíbulo.
—No pienso permitir que te vayas así. No tendría que haber dicho nada, pero, ¿cómo iba yo a saber que era un tema tan controvertido? ¡A las mujeres os suelen gustar los niños!
Sakura sintió deseos de abofetearlo.
—A mí me gustan los niños, pero no quiero tener hijos.
Sasuke se acercó a ella y le puso las manos sobre los hombros. Sakura estaba temblando.
—Cambiarás de opinión...
— ¡No, no cambiaré de opinión! —gritó Sakura apartándose de él.
Recordó a su madre llorando a lágrima viva pidiéndole perdón por haber sido una madre desastrosa que no había sido capaz de formar un hogar feliz.
Sasuke miró a Sakura a los ojos y en ese momento llamaron al interfono.
—Supongo que será mi taxi...
—Si te vas, no te volveré a llamar —la amenazó Sasuke—. Si te vas, hemos terminado.
Sakura se quedó de piedra.
Sasuke habló por el interfono y dijo que la persona que había pedido el taxi bajaría en unos minutos.
Se acercó a ella y la abrazó por detrás. Sakura se tensó e intentó resistirse, pero le fue imposible. Deseaba a aquel hombre. Quería estar con él y quería que tuviera una buena opinión de ella. Por eso le había dolido haber discutido con él por algo que le parecía completamente remoto.
—No es tan fácil quedarse embarazada, ¿sabes?—le espetó.
—Sí.
—Mi madre no pudo tener más hijos después de tenerme a mí y mi abuela estuvo intentando diez años quedarse embarazada antes de que naciera mi madre —protestó Sakura.
—Eso no quiere decir que tú vayas a tener los mismos problemas.
A medida que la tensión se fue evaporando, Sakura se tranquilizó y Sasuke aprovechó para darle la vuelta y abrazarla.
—Me asustas… te asustas a ti misma, amore —le dijo acariciándole las mejillas.
Sin saber por qué, Sakura se puso a llorar. Sasuke la abrazó con fuerza y ella se dejó consolar.
—Y tú te lo tomas todo a la tremenda —le dijo ella.
—Volvamos a la cama.
—Mi taxi...
Sasuke la hizo sentarse en el vestíbulo mientras hablaba con el portero por el interfono. Sakura esperó temblorosa y sorprendida porque se estaba convirtiendo en una mujer sin voluntad. Había dicho que se iba ir a casa y debería haberlo hecho.
Sasuke volvió a su lado con la camisa desabrochada.
—Quiero dormir en mi casa —murmuró Sakura.
Sasuke la ayudó a ponerse en pie y la desnudó.
—No, no es eso lo que quieres. Te quieres quedar conmigo —contestó él muy seguro de sí mismo.
Acto seguido, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio.
—Entre semana te dejo que vayas a dormir a casa, pero los fines de semana eres mía de principio a fin. Lo siento mucho, pero así son las cosas.
—Hoy es jueves —murmuró Sakura besándole el hombro.
—Lo siento, pero no te oigo.
—Hoy es jueves.
Sasuke la depositó sobre la cama con cuidado y enarcó una ceja.
—Me parece que vas a tener que consultar un calendario.
—Lo cierto es que parece viernes por la noche, ¿verdad? —dijo Sakura sucumbiendo a aquel magnetismo animal que emanaba de la sonrisa de Sasuke.
Sakura cortó una rosa roja del último ramo que Sasuke le había mandado y se la colocó en el ojal de la chaqueta que se había comprado hacía poco a conjunto con una falda corta entallada en la cintura que hacía que ni ella misma reconociera su silueta.
Tenía la casa absolutamente llena de flores. Todas las habitaciones olían de maravilla.
Por lo menos una vez cada dos noches había hecho el increíble esfuerzo de separarse de Sasuke al amanecer e ir a casa a buscar ropa limpia. Entonces, aprovechaba para llevarse las flores que Sasuke no paraba de regalarle.
Se miró en el espejo del vestíbulo y se dio cuenta de que los ojos le brillaban de felicidad y una sonrisa tontorrona se dibujaba en su rostro por el mero hecho de pensar en él.
Lo malo era que en menos sesenta y seis horas se iba ir a Francia y no sólo para disfrutar de unas vacaciones, sino para dar los primeros pasos hacia una vida nueva.
Dejar a Sasuke atrás iba ser lo más duro que había tenido que hacer en la vida.
Habían pasado nueve días de diversión, pasión y momentos especiales. Sakura sabía que no iba a olvidar ni un solo segundo de los que había estado en su compañía y, para ello, además de contar con su memoria, contaba con su diario.
En cualquier caso, supuso que nueve días era muy poco tiempo y que Sasuke había dejado que su relación avanzara hasta que tuviera que volver a Italia.
Sakura no le había comentado nada de sus nuevos planes, así que él creía que iba a ser él quien pusiera fin a su relación, pues no tenía ni idea de que Sakura estaba a punto de dejar Venstar y Londres.
¿Por qué no se lo había dicho? Tal vez, porque le daba miedo que la sustituyera por otra mujer que estuviera disponible unos días más.
Por supuesto, no había sido tan ingenua como para creer que alguien tan normal como ella pudiera tener futuro con un hombre con la reputación de Sasuke.
No, había tomado la inteligente en decisión de disfrutar de todos y cada uno de los minutos que pasaba en su compañía sin esperar nada más a cambio. Lo que había conseguido había sido pasar nueve días maravillosos con un hombre al que había llegado a apreciar muchísimo.
Sólo eso. Solo una estúpida se hubiera enamorado de Sasuke Uchiha y ella no era estúpida, ¿verdad?
Cuando salió de casa, había una limusina esperándola. Sin dar importancia a los vecinos que miraban por la ventana anonadados, Sakura se metió en el vehículo y llamó Sasuke.
—Te dije que iría en tren —lo reprendió.
—Quiero que te guardes todas las energías para mí—contestó él—. Nos vemos a la una para comer.
—Ya... —sonrió Sakura sintiendo un escalofrío por la espalda—. Tengo muchas ganas de verte —añadió sinceramente pensando en los maravillosos y discretos restaurantes orientales que Sasuke elegía para comer todos los días.
—Me encanta el traje que llevas —comentó Tenten cuando llegó a la oficina.
Sakura sonrió distraída.
—Gracias.
Su compañera carraspeó.
—Se parece mucho a un traje de Versace que vi el otro día en un escaparate. ¿Es un Versace?
Sakura se encogió de hombros sin interés, pues nunca había estado muy puesta en temas de moda.
—No lo sé. No he mirado la etiqueta —contestó sinceramente.
Sasuke se lo había regalado porque lo había visto e inmediatamente había pensado que era exactamente igual al color de sus ojos y eso era lo único que importaba.
Por lo visto, había hecho parar al chofer en mitad del tráfico y se había bajado de la limusina para comprarlo, así que lo más probable era que efectivamente hubiera estado en un escaparate.
A Sakura le parecía muy romántico que Sasuke hubiera parado el tráfico para comprarle un traje y, en cualquier caso, si hubiera tenido estampado de piel de cebra se lo hubiera puesto encantada por el mero hecho de ser un regalo suyo.
Tenten y las demás compañeras del departamento la miraron con la boca abierta.
—Y esos zapatos que llevas son unos Jimmy Choo —comentó una de ellas.
—Ayer cuando salí a comer se me rompió el tacón de los que llevaba —contestó.
—¡Debe ser que los regalan por la calle! —se burló Ino ácidamente.
Todos los intentos de aquella mujer por enfadar y humillar a Sakura caían en saco roto, pues ella estaba en otro mundo, en un mundo donde Ino no tenía cabida. Lo cierto era que ni siquiera la oía. No se habría dado cuenta de su presencia ni aunque se hubiera subido en su tripa y hubiera comenzado a saltar.
Ino se quejaba de las horas que Sakura se tomaba para comer. Cuando volvía, Sakura murmuraba algo ambiguo y se ponía a trabajar como si estuviera en otro plano mental.
Cuando sonó su teléfono móvil, vio el número de Daisuke, el hermano de Sasuke. Habían hablado seis o siete veces. Al principio, solo sobre matemáticas, pero la última vez el chico le había pedido consejo para comprar un regalo para una sobrina de seis años.
Diez minutos después, Tenten contestó el teléfono de Ino y fue a buscarla. Al no encontrarla ni a ella ni a Kiba, Sakura recibió una llamada de uno de los directivos que le pedía que acudiera a la sala de reuniones de la última planta para recibir a un cliente que estaba punto de llegar.
Cuando fue a entrar en el ascensor se encontró con Sasuke, que salía. Aunque solo hacía unas horas que se habían visto, no pudo evitar que su presencia la afectara sobremanera.
— ¿Queda mucho para la hora de comer? —murmuró Sakura, que se había dejado el reloj en su dormitorio.
Sasuke le retiró un mechón de pelo de la cara con una gran sonrisa.
—Demasiado —contestó—. ¿Adónde vas?
—A la sala de reuniones. Chüza Akimichi está a punto de llegar y la señorita Yamanaka no aparece por ninguna parte.
—A lo mejor es una suerte para la empresa que no aparezca —bromeó Sasuke acompañándola.
Minutos después, le abrió la puerta de la sala de reuniones.
Una vez dentro, Sakura se quedó de piedra al ver que había un hombre y una mujer revolcándose en el sofá. Kiba Inuzuka se apresuró a apartarse consternado, pero Ino miró a Sakura con desafío.
— ¿No te das cuenta de que molestas?
— ¿Y tú? —le espetó Sasuke entrando en la sala y echando una buena bronca a la pareja.
Sakura jamás había sospechado que Kiba, que estaba casado, estuviera teniendo una relación con Ino.
—Te has quedado de piedra, ¿eh? —le dijo Sasuke cuando los otros dos ya se habían ido—. ¿No te habías enterado? Incluso a mí me había llegado el rumor. Por lo visto, Inuzuka ha promocionado a Ino para poder pasar más tiempo con ella sin levantar sospechas. Por eso le dio tu puesto. Lo que me recuerda que podría devolvértelo...
—No —dijo Sakura muy tensa—. No, ahora no lo quiero. No quiero que me asciendan cuando tú y yo... eh... estamos liados.
Sasuke enarcó una ceja.
—No me parece una decisión inteligente.
—Es mi decisión.
—Deberías empezar a pensar cómo la profesional que no paraste de decirme que eres —le aconsejó Sasuke con ironía antes de irse.
Mientras atendía a Chüza Akimichi, Sakura se preguntó por qué había rechazado automáticamente aquel puesto por el que habría matado hacía dos semanas.
¿Habría sido porque estaba realmente convencida de instalarse en Francia o porque era más fácil que Ino siguiera siendo su jefa para así no cambiar de opinión en cuanto a irse de la empresa?
Fuera cual fuese la respuesta, se dio cuenta de que le debía una explicación a Sasuke. Al fin y al cabo, lo había acusado de haber perdido el ascenso por su culpa. Por eso él quería ahora recompensarla de alguna manera.
En cuanto se quedó libre, Sakura fue a verlo, pero le dijeron que estaba ocupado y que iba a tener que esperar. Se sentó y pensó que hubiera hecho mejor en llamarlo por teléfono.
—El señor Uchiha está con su novia —le confió su secretaria en voz baja—. Por lo visto, ella acaba de llegar de trabajar en el extranjero.
—¿De verdad? —dijo Sakura sorprendida—. Cuénteme —añadió con una sonrisa al darse cuenta de que aquello no eran más que rumores.
—Se llama Aki Anami... ya sabe, la famosa modelo. ¡No se puede imaginar lo guapa que es al natural!
—Aki Anami...
Lo cierto era que Sakura no había oído hablar de ella jamás.
—Se ve que se llevan muy bien.
— ¿De verdad? —preguntó Sakura algo tensa.
—Sí, en cuanto lo ha visto, Aki se ha tirado a sus brazos. Algo muy comprensible, pues el señor Uchiha es guapísimo —dijo la secretaria con voz soñadora—. Y con la fama que tiene, me apuesto el cuello a que aquella modelo estaba preocupada por que la pudiera haber sustituido en su ausencia.
En aquel momento, sonó el móvil de Sakura. Era Sasuke. En cuanto vio que era él, se quedó más tranquila. Daba igual que una mujer guapa fuera verlo a su despacho. Eso no quería decir nada solo servía para desatar los rumores.
—No puedo comer contigo —le dijo Sasuke sin más preámbulos.
—Pero quería hablar de...
—Por desgracia, tengo que ocuparme de un asunto. Luego te llamo, ¿de acuerdo?
Sakura abrió la boca, pero no dijo nada.
— ¿De acuerdo? —insistió Sasuke frío y distante.
—De acuerdo —consiguió contestar Sakura antes de que colgara.
Acto seguido, se guardó el teléfono con manos temblorosas y se puso en pie lentamente.
—El jefe y Aki Anami están a punto de salir —estaba diciendo la secretaria por teléfono.
No, no iba a quedarse por aquí y a comportarse como una novia posesiva que no confiaba en Sasuke. Comenzó a avanzar por el pasillo y a medida que lo hacía vio que los empleados se asomaban.
Nadie se quería perder a la supermodelo que había ido a ver al jefe. Sakura se paro en un rellano y esperó. Sasuke le había dicho que tenía que atender un asunto y ella confiaba en él. Se había parado para ver a la modelo.
Sasuke apretó el botón del ascensor. No estaba solo. Una mujer que era impresionantemente guapa iba colgada de su brazo. Desde luego, aquella mujer podía ser modelo y todo lo que quisiera.
Sakura sintió náuseas.
Tal vez Aki Anami fuera una niña mimada que le había puesto muy difícil a Sasuke no invitarla a comer. Quizás fuera un cliente, una amiga de la familia... ¿su hermana, su prima, una amiga de la infancia?
Fuera quien fuese, le metió las manos por debajo de la chaqueta con la familiaridad de una novia segura de que iba ser bien recibida. Dejando bien claro que no podía dejar de tocarlo, se acercó para besarlo con entusiasmo...
En aquel momento, Sakura se dio la vuelta.
— ¡Esos van directamente a la cama! —rió alguien cerca de ella.
Cuarenta segundos después, Sakura estaba vomitando en el baño. Se lavó la cara y consiguió salir dignamente, pero no podía dejar de pensar en Sasuke y en su novia, dos seres bellos que formaban una increíble pareja.
¿Cómo había podido ser tan tonta como para confiar en él?
— ¿Es verdad que han despedido a Kiba y a Ino? —le preguntó Tenten.
—Sí.
—Así que ahora vas a ser tú la directora —asumió Tenten.
—No, yo ya no quiero ese trabajo.
—Claro, como estás saliendo con el señor Uchiha —murmuró la castaña en tono de admiración.
Sakura se quedó de piedra.
—Nos dimos cuenta de que su acompañante de la fiesta eres tú cuando recibiste el segundo ramo de flores —rió Tenten—. Desde luego, sabes cómo sorprender a los demás.
—Sí... lo acabo de dejar con él —contestó Sakura preguntándose cuánto tiempo tardaría en llegar al departamento financiero la noticia de la existencia de Aki.
Sakura se fue a casa y llamó al departamento de recursos humanos para asegurarles que no, muchas gracias, pero no, no iba a volver a la empresa. Acto seguido, se quitó el traje y los zapatos de diseño, y los metió junto a las flores y a las tarjetas que Sasuke le había escrito en una gran bolsa de basura.
Hizo las maletas y decidió dormir aquella noche en un hotel por sí a Sasuke se le ocurría ir a verla por última vez.
Antes de irse, hizo que un servicio de mensajería pasara por su apartamento a recoger la bolsa y se la llevara a Sasuke a su casa aunque no creía que ni él ni Aki fueran a oír el timbre.
…¿CONTINUARA?...
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Aki: Otoño/Brillo.
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O_O_O_O_O_O_O_O_O
"…SaKu-14…"
