¿Qué hago aquí?

.

.

.

Sangre, mucha sangre. Todo era rojo, oscuro… su cabeza cayendo a mis pies.

Oia gritos a lo lejos. Sonaba como mi voz, pero si era la mía, no lo sé. No podía respirar. Sus ojos me miraban asustados. Estaba muerto.

No éramos amigos, es cierto. No he tenido muchos amigos en el transcurso de mi vida. Él era para mí un rostro más de los que tuvimos que venir a este calvario.

No logro respirar. Necesito correr, desaparecer. Porqué sigo vivo, porqué lo veo morir una y otra vez a mis pies. Sigo gritando y corro mil veces, pero sigo viendo su cabeza a mis pies cada vez que me detengo.

¿Qué sucede conmigo? Danny era un conocido más, un chico de menos edad que yo, pero igual iba al colegio. A veces lo veía. Como veía a los demás. Pero nunca le tome importancia, hasta ahora.

―Annie. ―Oí mi nombre a la distancia―. Annie, cielo, despierta.

Abrí mis ojos cubiertos de lágrimas. No podía simplemente olvidarlo. Era parte de mí. Recuerdo todo lo que sucedió. Cómo salí corriendo después de su muerte. Como, a pesar de no conocerlo realmente, me afectó ver su cabeza a mis pies. Como sobreviví a la arena sólo por saber nadar.

Hiperventilo. Lágrimas siguen corriendo por mis mejillas. ¿Dónde estoy? El cielo es rojo... muy rojo. Me caen las gotas de sangre por el rostro.

―Sáquenme de aquí. Alguien que me saque de aquí. ―gritaba alguien con desesperación― Mátenme. Por favor, mátenme. No quiero sentir... no quiero vivir… no quiero existir…

Era yo la que gritaba. Al principio nunca lograba entender quien gritaba así. Era desesperante. Me volvían loca esos gritos. Que la maten de una vez, eso es lo que quiere, eso es lo que yo querría...

Hasta que descubría minutos, horas, días después... no lo sé, que era yo.

Mis gritos me desesperaban. La tormenta me acompaña siempre. Me duele todo mi ser. Qué sucede a mí alrededor. De pronto todo se ve borroso y luego muy claro como el agua; azul, como sus ojos abiertos mirándome, al morir.

―Calma, Annie. Calma. Ya estoy aquí. ―Una voz conocida me hablaba. Pero no sabía quién era. No me importaba. Pero era una hermosa voz. Como un ruiseñor cantando a mi alma que se calmara. ―Vamos Ann, despierta cielo.

Abro mis ojos y lo veo. Es mi amigo, mi compañero, mi mentor, mi amor…

―Finn.

―Hola linda.

― ¿Qué sucede? ¿Por qué me miras así? ―Me miraba culpable, con cierto brillo en sus hermosos orbes verdes.

―No, sólo te observo. Estoy feliz de tenerte aquí Ann. Creí que nuca despertarías.

― ¿Dónde estoy?

―Estamos en el Capitolio. Te han sedado los últimos días, porque no par… porque te quejabas un poco.

―Veo sus ojos, Finn. En cada espacio de mis sueños. De mis pesadillas… lo veo Finn. No se va a ir nunca. ¿Cierto? Nunca… nunca se va… va a estar conmigo, toda la vida. Lo veo… míralo Finn, mira como me ve.

―Annie, preciosa. Descansa…

Todo está borroso. Escucho voces. De qué hablan, no lo sé, no entiendo.

― ¿Está muy mal?

―Está en shock.

―Sí, créame doctor, eso ya lo tengo claro. ¿Pero va a salir de esta?

―Dime una cosa ¿ya saliste tú de esto?

Las voces se fueron, se acabaron. No sé de qué hablaban, pero necesito despertar. No quiero verlos más.

No quiero ver sus cuerpos, no quiero ver más sangre, ni oscuridad. No deseo ver más nada… Quiero desaparecer. ¿Porqué no morí? No aspiraba vivir. No codiciaba seguir después de esto. ¿Porqué sigo aquí? Por favor, despiértenme. No quiero seguir aquí.

Me despedí de mis padres, de mi Finn. Me desterré de todos porque no quería vivir con esto toda mi vida. ¿Qué hago aquí?

.

.

.


Un capitulo más para esta historia. Gracias por andar por aquí.

Disclaimer:

Este fic participa en el reto ¿Qué significa el amor? Para el Foro El Diente de León.

Los Juegos son de Suzanne Collins.