Itachi Yagami: Hijo de Taichi (10 años)

Ayumi Ishida: Hija de Sora y Yamato (10 años)

Yoshiro Ishida: Hijo de Sora y Yamato (6 años)

Saiki Takaishi: Hijo de Takeru Takaishi (12 años)

Ryuki Taeda-Yagami: Hijo de Hikari Yagami (12 años)

Musuko Motomiya: Hijo de Daisuke Motomiya (12 años)

Kaya Ichijouji: Hija de Miyako y Ken (12 años)

Setsu Ichijouji: Hijo de Miyako y Ken (9 años)

Shun Kido: Hijo de Jyou Kido (11 años)

Yumiko Hida "Yumi": Hija de Iori Hida (11 años)

Michael Harrison/Tachikawa "Miki": Hijo de Mimi Tachikawa (10 años)

Meiko Izumi "Mei": Hija de Koushiro Izumi (9 años)


"La oscuridad tomando fuerzas"

Ryuki comenzó a abrir los ojos poco a poco y lo primero que vislumbro fueron los tiernos ojitos de Salamon mirándolo preocupados, trató de incorporarse un poco y lo logró, su Digimon saltó a sus brazos y Ryuki le abrazó. Había sido todo tan horrible.

-¡Ryuki despertó! –informó la voz de la perrita digital.

Pronto estuvieron a su alrededor sus amigos, su hermanastro y sus respectivos compañeros Digimon. Saiki se acercó a él y le tomó de ambas manos.

-¿Te sientes bien? –preguntó angustiado.

-Sí. –respondió el castaño. –Estoy bien.

-¿Qué te pasó, Ryuki? –quiso saber Miki asustado.

-Esto no es el Digimundo. –su voz era fría y un poco temblorosa. –Esto no es el mundo que conocemos, nosotros nunca habíamos estado aquí antes.

-Lo sabemos. –la calmó un poco Mei. –Es el Mar Oscuro. He estado investigando, pero no tengo ni idea de que estamos haciendo aquí. –admitió apenada. –Siento no poder ser de mucha ayuda.

-Quizás yo pueda decirles algo. –dijo Ryuki Yagami.

-¿Qué cosa? –indagó Tokomon.

-Quieren que sea su salvador. –dijo seriamente. –Así como mi madre quieren que yo me quede aquí y sea su salvador. Me dijeron que aquí es a donde pertenezco…

-¡Tonterías! –exclamó Saiki.

-Tú no perteneces aquí. –secundó Salamon. –Eres bueno y no mereces vivir en un lugar tan horrible.

-Dijeron que soy luz y es la contraparte de este lugar. –musitó sin prestar mucha atención a los comentarios de sus amigos. –Quieren que me comprometa con ellos y que me quede aquí como el equilibrio entre las dos cosas, la luz y la oscuridad. Me lo ordenaron, yo estoy maldito…

-No digas esas cosas tan horribles. –le pidió Shun atemorizado.

-¿Dijeron? –indagó Miki alterándose. – ¿Pues de quién demonios hablas, Yagami?

-Pero Ryuki no escuchaba, estaba asustado como nunca antes y temblaba ligeramente mientras Salamon en su regazo le susurraba palabras de aliento, igual de asustada que su compañero por el hecho de que éste se sintiera tan desesperanzado. El castaño hijo de Hikari se sentía mal de no poder ser de mucha ayuda y de estar asustando a todos de aquella manera pero no estaba acostumbrado a tener que enfrentar a la oscuridad de esa manera tan cruda.

-Ryuki-kun. –le llamó la hija de Koushiro Izumi. -No debes pensar esas cosas. –dijo sentándose a su lado. –Si lo haces sólo atraerás a la oscuridad aún más.

-¡Como si eso hiciera falta! –exclamó Miki Tachikawa. –Mira a tu alrededor. Estamos perdidos.

-Tú tampoco digas esas cosas, Miki. –le pidió Mei mirando al suelo tímidamente. –N-No hay que ceder ante el poder de la oscuridad. Si lo hacemos nunca saldremos de aquí.

-¿Es que algún día saldremos?

-¡Claro que si, Shun! –exclamó Sai Takaishi. –Mei tiene toda la razón, hay que ser optimistas y buscar la manera de huir. Tenemos que volver, no pienso perderme el nacimiento de mi hermanito.

-Yo te ayudaré siempre, Saiki. –dijo Tokomon sonriendo. –Todos nosotros estaremos a su lado para darles fuerzas.

Todos los Digimon en etapa bebe asintieron con la cabeza muy conformes de poder serles de utilidad a sus compañeros humanos pues hasta ahora jamás habían vivido una aventura real como esta y a pesar de que todos tenían miedo sabían que ese instinto de proteger a los niños por sobre todo era muchísimo más fuerte. Shun Kido suspiró, Sai estaba entusiasmado porque iba a tener un hermano o hermana y él ni siquiera podía pensar en sentir esa alegría, él no quería dejar de ser hijo único.

-P-Pero… -titubeó el hijo de Hikari.

-Sólo olvídalo, Ryuki. –le pidió su Digimon. –No dejaré que te vuelvan a llevar. Borra esos pensamientos negativos.

-Si no lo haces la oscuridad va a dominarte, Ryuki. –añadió Emi.

Ryuki asintió tratando de llenarse de las fuerzas que le estaban dando sus amigos. Cuando por fin se hubo tranquilizado mucho más permitió asentir con la cabeza y así por fin pudieron todos sentarse a hablar las cosas con mucha más calma.

-Mientras estabas dormido. –comenzó la única pelirroja del grupo a Ryuki. –Investigué en algunos archivos de papá y…

-Un segundo. –intervino Miki. -¿Has robado y husmeado sin permiso los papeles de tío Koushiro? –preguntó frunciendo el ceño.

-Sí. –contestó Mei sin ningún tipo de vergüenza. –Pero esta vez deberían estar agradecidos, si no hubiera robado esos archivos del Digimundo ahora no sabríamos casi nada de este lugar.

Nadie más dijo nada para interrumpirla, todos la miraban expectantes y un poco impacientes de saber que era lo que la niña de intensos ojos negros quería decirles.

-No pude comunicarme con mi papá. –confesó un poco triste. –Él nos hubiera sabido sacar de aquí, yo no soy tan lista como él pero traté de hallar alguna manera.

Saiki y Ryuki intercambiaron una mirada, sabían que era ese lugar tan horrible el que provocaba que alguien como Meiko que era entusiasta se pusiera de ese humor tan melancólico.

-No vamos a sobrevivir mucho tiempo aquí. –admitió temblando por el frio. –Tenemos que salir de este sitio lo más rápido posible y procurar no separarnos por nada, así que debemos buscar a los demás.

El resto asintió con la cabeza, Shun estaba demasiado asustado por el hecho de no tener mucho tiempo ahí antes de irremediablemente morir. Miki se repetía en su cabeza que no había salvación, que estaban atrapados mientras Ryuki intentaba borrar de su memoria todo recuerdo de la oscuridad. Saiki y Mei se miraban serios. Tratando de descifrar la forma de salir de ahí.

-No pierdan las esperanzas. –dijo el rubio. –Si lo hacen será más fácil para la oscuridad acabar con nosotros.

-No lo permitiremos ¿Cierto? –preguntó Ryuki un poco más animado haciendo sonreír a Salamon.

-No entiendo cómo fue que llegamos aquí. –masculló el hijo de Mimi. –Se supone que solo íbamos al Digimundo.

-¿Creen que fue alguna falla en las redes? –quiso saber Shun Kido.

-No creo que sea algo tan simple. –replicó Mei Izumi. –Me parece que lo que está detrás de este misterio es algo mucho más oscuro que una simple falla.

-¿De qué hablas, chica desquiciada? –interrogó Miki.

-No me hagan caso. –dijo sacudiendo la cabeza. –Es quizás este lugar que nos hace pensar siempre lo peor. –aseguró. –Por otro lado, también le eché un vistazo a estos aparatos.

Los cinco niños sacaron de sus bolsillos sus digivice, los cuales antes habían sido como los de sus padres y los de cualquier niño que tuviera un compañero Digimon en ese entonces sin embargo ahora era diferentes, más pequeños y cuadrados con tres botones, tenían un recuadro blanco alrededor de la pantalla y lo demás era de un color diferente para cada uno. Sai verde, Ryuki rosado, Emi morado, Miki marrón y Shun plateado.

-Me he dado cuenta que han modificado su función. –relataba Izumi. –Antes era un aparato que vinculaba nuestras habilidades con las de nuestro Digimon compañero y aunque sigue teniendo esa capacidad también ha desarrollado otra. Aunque no estoy muy segura de cual sea, esto parece reflejar el brillo interior de nuestros corazones. –se sonrojó al comprobar lo raro que eso sonaba en voz alta.

-¿Qué quieres decir con eso? –pregunto Miki que a él todo eso le parecía como una ensayada línea de libro de ciencia ficción. Pero tratándose de Mei no le sorprendía demasiado ya que esa chica parecía vivir en la ficción de sus novelas.

-Mientras aquel brillo que no se bien de que se trata habite en nosotros este aparato será capaz de reflejarlo…si lo perdiéramos esto no nos serviría de nada. –contestó. –Ni siquiera para su función anterior, o sea la de vincularnos con nuestro Digimon.

-¿Y qué es ese dichoso brillo? –cuestionó el niño Kido. La pelirroja se encogió de hombros.

-Es algo cómo… -se quedó pensativa. –La verdad no tengo idea.

Absolutamente nadie tuvo nada más que decir frente a eso.

..

Mientras tanto en ese mismo lugar plagado de oscuridad y de un frio aterrador dentro de un refugio tan oscuro como todo lo que habitaba ese lugar un ser miraba las escenas sin poder retener su emoción. Había esperado tanto tiempo para esto, había estado planeando esto por años y ahora sencillamente su oportunidad había llegado y podría por fin demostrar de lo que era capaz.

-Amo. –lo llamó uno de sus más fieles servidores. – Por fin hemos conseguido traerles aquí.

-Me doy cuenta. –contestó una voz lejana y sombría cubierta por las sombras. -¿Han hecho lo que les dije exactamente?

-Claro que sí, amo. –le respondió el sirviente. –Infectamos a Gennai con la oscuridad y gracias a eso pudimos usar sus datos para cerrar las puertas al Digimundo haciendo que llegaran aquí.

-Bien. –dijo la voz del amo. -¿Dónde está el viejo asqueroso de Gennai?

-Encerrado, Dragonmon y sus vasallos lo tienen vigilado. –explicó el servidor fiel.

-La oscuridad no tardará mucho en entrar a los corazones de esos mocosos y se dividirán. –comentaba el amo. –Cuando eso ocurra será su momento de atacar. Debemos impedir que descubran que los emblemas residen en ellos ya que si brillan podría ser fatal para nosotros.

-Claro, mi amo. –dijo la voz del servidor. –Esos emblemas jamás brillarán, lo juro. Por eso los hemos traído aquí. Y cuando les arrebatemos esa habilidad que los caracteriza la usaremos para poder abrir la puerta y por fin salir de aquí.

-No tienes que repetirme mi plan, fui yo quien lo diseñó después de todo. –comentó el amo de mal humor. –Así que ya saben cuál será su momento de atacar para que estén listos.

-Ehh amo… -la voz titubeante del Digimon le llamó la atención. -¿Seguro que será una buena idea? Es que nosotros le hemos dado a usted la mayoría de nuestros poderes malignos.

-Con algo tenían que agradecerme que les hubiera salvado de renacer en estúpidos Digimon buenos al traerlos aquí a este mundo. –agregó con un poco de orgullo. –Además no seas estúpido, esos niños ni siquiera pueden superar el nivel bebe y sin su emblema brillando jamás podrán digievolucionar. No serán de ningún peligro.

-Amo ¿Qué hay de Dragonmon? Él sigue diciendo que es el auténtico soberano de estas tierras.

-Lo es, técnicamente. –masculló la voz principal. –Pero no debe intentar imponerse a mí. Mientras no lo haga puede hacer lo que él quiera, incluso con el elegido de la luz si eso desea. De todos modos él no es ninguna pieza importante en mi plan, al contrario es el estorbo más notorio.

-¿Por qué?

-¿Es que eres idiota y no te das cuenta? Nuestro principal dominio y la forma que tenemos para acabar con esos niños es la oscuridad, él al ser luz estorbaría.

-Tiene razón, amo. –dijo su vasallo. –También asegúrese de que el valor, la esperanza, la amistad y el amor estén a raya. –luego dio un suspiro. –Siempre amenazan nuestros planes.

-Yo sé lo que hago y con esos cuatro ya sé muy bien lo que voy a hacer, ahora retírate, Piedmon.

El Digimon con forma de payaso espeluznante sólo asintió y salió del lugar.

..

El celular de Koushiro Izumi sonó nuevamente, era la segunda vez que lo molestaban del trabajo y aunque la primera había decidido no responder sabía que si habían vuelto a llamarlo era porque era ligeramente importante.

-No contestes, Koushiro. –pidió Mimi. –Es tu día libre, te la pasas trabajando como loco.

-Lo siento, Mimi. –se disculpó el pelirrojo. –Pero es que si no respondo no me dejaran en paz en todo el día.

-Déjalo contestar. –habló Taichi. –Puede ser importante.

La mujer bufó resignada y se dispuso a juguetear con el hijo de sus amigos los Ichijouji como si se tratara de un bebé de juguete. Koushiro sonrió agradecido con Taichi y se paró de la mesa donde almorzaban para poder responder. Todos lo miraron un poco intrigados pero cuando pasaron los segundos la atención de todos volvió a sus alimentos y conversaciones. Koushiro no tardó mucho más en reincorporarse al grupo, pálido, nervioso y con los ojos rojos.

-¿Pasó algo malo, Koushiro? –indagó Tentomon preocupado.

-Me temo que sí. –respondió el hombre pelirrojo escondiendo un segundo la cara entre sus manos notablemente exasperado.

Anako se angustió al notar el semblante de su esposo y lo abrazó por los hombros, mientras todos intercambiaban miradas confusas e impacientes.

-Fue una llamada del profesor Takenouchi. –comenzó Izumi, Sora de inmediato se puso pendiente al escuchar el nombre de su padre. –Él y tu hermano, Jyou, han tenido un gran problema esta mañana y es urgente que vaya para allá, aunque no sé si tenga fuerzas para hacerlo.

-Mi amor, me estás preocupando mucho. –comentó Anako. –Dinos de una vez que pasa.

-Todas las puertas al Digimundo han sido bloqueadas por una fuerza extraña. –dijo finalmente soltando un gruñido. –La gente que estaba en el Digimundo quedó atrapada, ahí se comunicó para ser rescatados. Mis compañeros lograron abrir un portal de emergencia por unos segundos pero…pero los niños no estaban ahí.

-¿Qué? –preguntaron todos escandalizados.

-El profesor dice que buscó a sus nietos y a los demás pero que no había rastro de ellos. –continuó el hombre. –De inmediato se preguntaron qué había pasado y se dieron cuenta que el portal que fue abierto desde esta zona había sido el que más energía oscura había recibido para así bloquear la entrada al Digimundo.

-¿Entonces d-donde están los niños? –balbuceo Hikari muy alterada.

-No estamos seguros, pero les juro que hare lo que sea para averiguarlo.

Y sin decir ni una palabra más Koushiro seguido de Tentomon se subieron a su automóvil y partieron rumbo a su lugar de trabajo esperando poder descifrar ese peligroso misterio.

-¡Deja de darme ordenes!

El ambiente en el otro grupo de niños que se encontraban perdidos en aquel mundo estaba tenso y nervioso, la mayoría de ellos observaban tímidamente como los hermanos Ichijouji discutían a viva voz. Desde que habían visto aquel mar oscuro todos ellos se habían desesperanzado muchísimo e incluso comenzaban a creer que no había posibilidad de salir de ahí, en especial Setsu quien al verlo simplemente no pudo evitar querer gritar de impotencia.

Kaya le había ordenado explícitamente alejarse de ese mar negro y el niño por un segundo pareció perdido entre esas aguas tanto que ni siquiera escuchaba a su hermana mayor. Luego habían decidido buscar a los demás por los alrededores. Yoshi estaba muy necesitado de su hermana y todos en general estaban preocupados por el resto.

Sin embargo en todo su recorrido Kaya había continuado dándole órdenes a su hermano sobre qué hacer y cómo hacerlo por lo que el más joven ya había llegado a un límite. Todos entendían que Kaya estuviera preocupada por la seguridad de Setsu pero para él ya era suficiente de que le viera como un bebé. Además de que el niño no había parado de murmurar frases deprimentes en ningún momento.

-Si dejaras de portarte así. –dijo Kaya con la voz firme. –Quizás dejaría de hacerlo.

-¡No te preocupes por mí, sé cuidarme solo! Además no vale la pena ¡No hay forma de salir de este lugar!

-Setsu. –le llamó Minomon. –No digas eso, yo te sacaré de aquí.

-Miren chicos, los dos están muy alterados. –habló Motomiya. –Es debido al cansancio, mejor busquemos un lugar donde descansar que pronto empezara a anochecer si mis cálculos no me fallan.

-¿Cuál es la diferencia? –preguntó Yumiko. –Aquí todo es oscuro, de todas formas.

-Aun así es mejor descansar. –propuso Musuko observando como Yoshiro se tallaba los ojos del cansancio.

-Pero no hemos encontrado a Ayumi. –se lamentó el pelirrojo del grupo.

-Haremos hasta lo imposible por hallar a Ay-chan, Yoshi. –aseguró Motomiya con la pasión brillándole en los ojos. –Ella no correrá peligro, de eso me encargo yo.

La niña Ichijouji suspiró pensando porque ella jamás provocaría en ningún chico lo que Ayumi lograba con tanta facilidad en Musuko. Sacudió su cabeza alejando los malos pensamientos de ésta. Ella era bonita y capaz de conquistar a Ryuki (o a cualquiera, realmente) si se lo proponía, no iba a permitir que sus pensamientos se vieran oscurecidos por la oscuridad.

Supo que estaba siendo lo más mandona que había sido nunca con Setsu y que por eso éste le trataba así y entendió que tendría que controlarse por más que se sintiera agobiada por él.

-Mira, descansemos. –sugirió la compañero de Poromon. –Y mañana continuamos buscando, quizás si vamos por la orilla de ese mar daremos con ellos.

-¡Yo no quiero ir si va mi hermana!

Esto sacó a todos de contexto, incluido la misma Kaya que nunca había peleado con su hermano de esa manera. Setsu era un niño que la admiraba mucho y que le tenía mucho respeto y siempre había dejado que ella le cuidara sin embargo ahora parecía que cualquier muestra de preocupación de Kaya hacia él la tomaba mal.

-Setsu, vamos no seas testarudo. –habló Musuko.

El moreno no podía creer la escena que protagonizaban su mejor amiga y su hermano menor, frente a él Setsu jamás había levantado la voz de esa manera, al contrario siempre era tranquilo y se sonrojaba con facilidad, no podía creer que esa niño de ahí fuera el mismo. Inconscientemente pensaba que era la oscuridad la que le estaba dominando en esos momentos.

El niño no dijo nada más, Minomon saltó hacia sus brazos y ambos continuaron su camino en busca de un lugar seguro para descansar y acampar. Los demás los siguieron en silencio, Kaya procuró no decir nada más.

No tardaron mucho en hallar una cueva que aunque era incluso más oscura que el exterior les sirvió de refugio. Por un segundo Yoshiro se negó fervientemente a entrar pero lo terminó haciendo al ver que era su única opción.

Y fue así como se dedicaron a reposar, algunos molestos y frustrados, otros asustados y otros más preocupados. Sin saber que esas mismas emociones eran lo que alimentaba el horror que se desencadenaría a su alrededor muy pronto.

Muchas gracias por leer!