Disclaimer: KHR! No es mío … bla bla bla, lo de siempre.
Notas: Este capítulo podría dividirse en dos partes: primero visto desde el punto de vista de personajes secundarios y luego desde Tsuna.
~Tu esclavo~
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·Lambo Bovino· — Miércoles 4 de Noviembre.
Odia a ese tipo. Siempre tiene un halo de perfección, soberbia, indiferencia y oscuridad. Y, claro, se creía un dios entre hombres. Nunca admitiría que incluso él había empezado a verlo de esa forma, inalcanzable, con defensa impenetrable y completamente insensible.
Pero con Reborn era difícil ver otra cosa.
Aunque con el tiempo también pudo ver un poco más del profesor, no mucho pero lo suficiente para sentirse más seguro alrededor del mayor. Pero no era como si saber que cuando Reborn tenía sueño su carácter era diez veces peor; o que a pesar de su lado sádico realmente le gustaba enseñar (e intimidar) ayudara en situaciones como esas.
Normalmente "esas" eran sus castigos.
A veces él las buscaba, por muy masoquista que uno tenía que ser para querer estar más tiempo que el estrictamente necesario entorno a Reborn, cuando Lambo paso la etapa de negación y evasión, aprendió a disfrutar el macabro encanto del profesor. A veces pensaba que su cabeza estaba muy mal, pero por lo menos no era el único raro en Namimori.
Y tampoco era que solo él lo buscaba. Reborn muy seguido lo castigaba por solo respirar.
Probablemente era una relación algo complicada, había mil cosas incorrectas, pero Lambo era el epitome de la despreocupación… tal vez eso era lo que Reborn había visto en él. A menudo se preguntaba porque lo había elegido a él.
Lo que era cierto, era que ninguno de los dos se preocupaba de muchas consecuencias que acarreaba su relación. Como por ejemplo, que alguien entrase en el aula teóricamente desocupada. Reborn confiaba en sus infalibles instintos y sentidos y Lambo perdía cualquier capacidad racional.
Pero como no hacerlo cuando tenias expertos labios sobre tu cuello, viajando hasta tu clavícula y dedos torturando tus pezones.
Lambo no tenía mucho que hacer además de mantener su boca cerrada, si la abría y dejaba escapar algún sonido Reborn probablemente le metería una tiza o algo peor. La parte de castigo no era por nada. Aunque lo peor era no poder ni siquiera conseguir un roce allí. Sus manos estaban atadas bajo su cabeza y Reborn cernido sobre él solo le torturaba con sus caricias sin satisfacerlo. El escritorio era su lugar favorito –o al menos uno de ellos –había cierto morbo en tener encima a Reborn con su traje caro, más de mafioso que de profesor; y bañarse con la atención de sus ojos negros y sus manos hábiles.
Lambo inspiro profundo, intoxicándose del perfume de Reborn y un toque a café que le acompañaba que siempre provocaba un efecto narcótico en sus neuronas, cuando se acerco a su rostro y le menor quiso atrapar los labios finos del hombre. No pudo, gimió quedo cuando Reborn se alejo incorporándose y quitándole la corbata que apresaba sus muñecas.
—Termino el descanso del almuerzo. — dijo ausente mientras se la anudaba de nuevo en el cuello.
Lambo se sedo la piel maltratada tratando de hacer desaparecer las leves marcas, siguió con los ojos como el profesor se salió del aula, cuando la puerta se cerro de nuevo no pudo aguantar un segundo más, tenía que tratar cierta urgencia entre sus piernas que él muy bastardo le había dejado.
Con todo ello, cuando entro a la clase de historia sin haber almorzado. No noto la ausencia de Tsunayoshi hasta que el timbre había sonado. No se pregunto que podría haberle sucedido hasta que entraron en la última clase.
Hasta el momento Tsuna no había dado señales de ser un chico que se salteaba clases por diversión. No era precisamente aplicado o un genio pero parecía no querer correr riesgos innecesario, así que no haya aparecido en todo el día era un poco extraño. Tal vez se había visto inmiscuido en la pelea del dormitorio "C" con el "A", siendo Hibari su amo no era muy improbable.
No vio a Tsuna hasta la hora de la cena. El chico desgarbado parecía haberse recién levantado y tenía pinta de estar cayendo en un resfriado. No le sorprendía recordando lo empapado que había llegado a la primera clase.
Estaba escuchando como relataban la épica pelea entre Byakuran y Hibari cuando decidió apiadarse del castaño que miraba a todos con grades ojos confundidos.
—Hubo una pelea entre el dormitorio "C" y el "A" en la hora del almuerzo. — le dijo y Tsuna rápidamente centro su atención en él. — Parece que fueron los del Kokuyo los que atacaron. — como Tsuna parecía no tener idea de lo que estaba hablando cuando se refiero a Kokuyo, explico: — Kokuyo es un grupo en nuestro dormitorio. Los reunió Rokudo Mukuro cuando entro a primero de secundaria baja. Él es el jefe.
Le desconcertó la cara de shock que puso su amigo. El poco color de sus mejillas desapareció y sus ojos parecieron estaban a mil quilómetros aunque técnicamente estaba viéndole.
—Son como Irie-kun de alguna forma, pero a gran escala, se encargan de traficar casi cualquier cosa. Cigarrillos, alcohol, algunas otras cosas más ilegales. — susurro, y el castaño asintió. —Ya te dije, está entre los tipos más peligrosos del colegio. — Tsuna hizo una mueca y Lambo empezó a sentirse curioso, el castaño estaba raro.
—¿Qué te ocurrió hoy Tsuna? — se añadió Yamamoto en la conversación.
—No me sentí muy bien, creo que realmente me resfriare. — Lambo asintió para sí mismo, era como había sospechado; probablemente el chico solo estaba taciturno por eso.
No paso mucho tiempo hasta que Tsunayoshi se levanto, se despido con su voz tan queda que apenas si le escucho.
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·Hayato Gokudera· — Lunes 16 de noviembre.
Él era un tipo lleno de contradicciones, a veces hasta tenía ganas de dinamitarse a sí mismo cuando se daba cuenta de lo inestables que eran sus cambios de humor, y algunos de sus sentimientos. Las personas que apreciaba siempre o las odiaba o las amaba, como su hermana o el idiota del beisbol. Especialmente al idiota, Bianchi era generalmente un incordio en su vida –pero si se llevaba mal con ella podía amanecer con una intoxicación estomacal.
En cambio Yamamoto era simplemente molesto, siempre tan sonriente y alegre que tenía ganas de borrarle esa sonrisa con sus puños, lamentablemente no funcionaba –ya lo había probado… varias veces.
Y si su cara de feliz idiota no fuera suficiente, además era muy persistente. ¿De qué otra forma terminaría saliendo con tal neandertal?... bueno, no era del todo un neandertal, Yamamoto era mucho más apuesto, eso había sumado puntos.
Y si tenía que ser muy sincero, diría que lo que más le atraía era su lado serio y sensual, y le encantaba ser de los pocos que la conocían.
Esa bipolaridad que compartían era lo único que tenía en común, luego eran como agua y aceite hirviendo.
Por ejemplo, Gokudera podía vivir muy tranquilo y feliz ignorando al noventa y nueve por ciento de la humanidad, mientras que su idiota tenía que andar haciendo de mamá gallina de cualquier desvalido que se le cruzara en frente… como ese enano de Sawada. No que estuviera celoso de ese seudo espécimen masculino, solo le molestaba que Yamamoto perdiera su tiempo con causas perdidas.
Pero aun así, se había contagiado de su amante y termino estando algo pendiente de Sawada. Como había dicho, Gokudera podía ser muy contradictorio, tenía la habilidad de omitir la existencia de las personas que consideraba desperdiciaban oxigeno, pero también podía ser muy observador cuando le interesaba alguien. En este caso, Tsunayoshi.
Como la mayoría de sus compañeros, exceptuándose solo a Shoichi y a él mismo, Sawada no estaba interesado nada más que aprobar con lo indispensable. La única materia en la que no era mediocre era historia, pero con Luce hasta Lambo podía destacar si el italiano se proponía hacer su tarea.
También noto que aunque era un tipo amable, era bastante condescendiente y en los dos meses que llevaban conociéndose no sabía mucho de él. Llego a la conclusión que Sawada se sentía más cómodo teniendo una pantalla de normalidad que le protegiera. No esperaba que Tsuna confiera en ellos, pero pareciendo una persona tan frágil le sorprendía que tuviera manteniendo sus problemas para sí mismo tan celosamente.
Ya todos sabían que era el esclavo de Hibari, claro que todos eran solo Riohey, Lambo, Yamamoto y él, pero luego de aquella noche nunca más menciono nada sobre el prefecto o su relación, ni tampoco nada muy personal. Ahora que lo pensaba ni siquiera sabía porque Sawada había terminado en Namimori.
Al parecer era un tipo más interesante de lo que parecía a simple vista.
Esa pequeña chispa de curiosidad le hizo ver que siempre tenía algún miembro del comité de disciplina cerca, furtivamente vigilando. No le sorprendió mucho sabiendo que Hibari era su amo, el tipo era territorial y no dejaría algo suyo sin protección.
Y otra cosa curiosa era que no solo los secuaces de Hibari mantenían sus ojos sobre Tsunayoshi, también había notado que Mukuro solía mirarle, tan solo una pasada de sus ojos, tan rápido que la primera vez pensó que se lo había imaginado, pero se equivoco, y estuvo seguro de eso cuando vio como ambos chicos se miraron por un segundo. Poco, pero suficiente para que Gokudera que había algo allí.
Mukuro con su expresión de perpetua diversión macabra y Tsuna entre avergonzado y asustado. Eso sin duda era muy extraño, y no sabía qué hacer con su nueva información ¿Hablar con Yamamoto o acercarse directamente a Tsuna? Por ahora simplemente observaría, él no era un comedido como su novio, si Sawada quería ayuda la pediría.
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·Byakuran Gesso· — Domingo 22 de noviembre.
Al prefecto del dormitorio "A" le gustaba desconcertar a la personas, era un tipo de placer sádico ver la expresión de confusión en el rostro de sus compañeros, que estuvieran tan perdidos que no supieran como actuar y vacilaran en cada paso. Por eso siempre sonreía, para que no supieran que esperar y porque inconscientemente muchos bajaban la guardia con esa expresión afable.
Pero lamentablemente había algunas personas que podían ver bajo su máscara, normalmente eran tipos como Mukuro Rokudo o Hibari Kyoya, sujetos que también llevaban máscaras. Por eso estaba extrañado que Sawada Tsunayoshi pudiera ver a través de él, nunca bajo la guardia y siempre sus ojos le miraron como si estuviera esperando que desenfundara sus fauces. No llego a la conclusión de que el pequeño también llevaba una máscara hasta que vio el cambio en sus ojos el día que irrumpió en su habitación.
Supo que ese chico iba a dar varios problemas, y no que a él le preocupara, le gustaban los problemas; solo por eso le perdono a Muku-chan el pequeño lio que armó.
Luego de atender el pómulo hinchado que le dejo Hibari-kun, fue a ver a su querido amigo en busca de una buena explicación. La sonrisa de Cheshire que llevaba Mukuro le hizo saber que había encontrado un nuevo juguete, y realmente tuvo un ataque de risa cuando Mukuro le conto su trato con el pequeño Sawada. Iba hacer muy divertido cuando Hibari se enterara, porque tarde o temprano los Reyes se enteraban de todo.
Desde ese momento empezó a prestarle más atención al Tsunayoshi, sabía que pronto llegaría el clímax en la tragicomedia que era la vida del pequeño castaño. Estaba ansioso ¿Qué sucedería primero? Mukuro reclamaría su pago o Hibari se enteraría del trato. Se encontró recurrentemente pensando en el desafortunado desenlace, que era inminente en cualquier opción.
Varias veces había pedido a Shoichi algo de información del día a día del castaño. No había mucho que decir, a pesar de su amabilidad era una persona reservada y periódicamente su pelirrojo le conto que parecía tener varios minutos de introversión en las que se olvidaba del mundo hasta que alguien le hablaba y salía de su estado meditabundo abruptamente. Había visto eso varias veces, era muy cómico como el pequeño casi le daba un ataque cuando alguien se acerca sorprendiéndolo.
Estaba terminando noviembre cuando en un pasillo se cruzo con Rokudo Mukuro quien le sonrió de esa forma tan maquiavélica que tenia.
Las cosas iban a empezar a moverse.
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·Mukuro Rokudo· — Martes 1 de diciembre.
El era un tipo ocupado. Tenía una organización que mantener funcionando y de la forma más discreta posible, era un secreto a voces, debía dejar los indicios para atraer clientes, pero no las pruebas de sus ilegitimas actividades. Eso ocupaba una buena porción de su tiempo, pero también había que agregar sus juegos de villano sádico –que aunque sean un hobby también llevaban una planificación –y ocuparse de sus deberes como estudiante.
Eso, mas dejar que Sawada Tsunayoshi se ahogue en la ansiedad le había llevado a postergar su pequeño juego, además el chico no iba a ir a ningún lado y confiaba que aun tenía un buen margen de tiempo hasta que Hibari se enterara. También estaba ansioso por eso, Hibari siempre era impredecible aunque siempre sobre reaccionaba.
Una batalla con el prefecto del "C" siempre era algo delicioso.
A pesar de sus deberes no podía evitar vigilar a su pequeño animalito castaño. Varias veces se le escaparon risitas de cómo Sawada despistaba a sus amigos para no preocuparlos y era muy divertido que ningún de ellos sospechara que el chico estaba al borde del precipicio. Era trágicamente encantador. Los suspiros mirando a la nada, los momentos en que su mente se desconectaba de todo y la expresión vacía de su rostro era la de un cascaron sin vida; tan desahuciado que le daban ganas de ponerlo sobre el regazo y acariciarlo como a un gato.
También se molesto varias veces pensando que culpa de Hibari Kyoya no podía jugar con el chico tan libremente como quisiese. Admitía que era divertido estar jugando con algo que el moreno cuidaba posesivamente, pero le hubiera encantado ser su dueño. Había pensado varias veces en cómo conseguir que Hibari se deshiciera de Tsunayoshi para tomarlo, lamentablemente era algo difícil de conseguir.
Incluso se si se enteraba de su infidelidad –como sabia que lo haría –simplemente castigaría al chico severamente, no había nada con que extorsionarlo. Si había algo que siempre lo había frustrado era lo imposible de manipular que era el prefecto. El sujeto tenía una exasperante mezcla de instinto e inteligencia con la que era muy difícil pelear, cuya única debilidad era una avecilla amarilla que era imposible de atrapar a menos que tuvieras una confabulación divina como tuvo Tsunayoshi.
De cualquier forma, aun no era momento de tomar su pequeño juguete. Pero la fecha se acercaba rápidamente.
Era el segundo día de la semana de exámenes antes de las vacaciones de navidad. Todos estaban ansioso, hiperactivos y algunos con ganas de suicidarse. Probablemente Tsunayoshi estuviera incluido en ese último grupo.
Lo confirmo cuando lo vio en la hora del almuerzo. El chico se veía pálido, cansado y terriblemente nervioso. Era bastante normal, estaba a punto de entrar a rendir matemáticas y se decía que Reborn podía acojonar hasta a Xanxus. Había un rumor de que lo había hecho llorar pidiendo por su papi cuando el psicópata de las plumas estaba en primer año; lamentablemente nunca pudo verificar ese rumor, todos los posibles testigos quedaban catatónicos por el trauma si se les pedía algún detalle de ese día.
Sus labios formaron una sonrisa de Cheshire cuando una fantástica idea paso por su cabeza. Este era un momento perfecto para recordarle a Tsunayoshi que pronto tendría una cita. Se le escapo un gruñido de satisfacción de imaginar la expresión del castaño.
·#·
Tsuna se entero del lio que hubo entre el dormitorio "C" y el "A" recién cuando bajo a cenar al comedor. Todos estaban comentándolo animadamente, había sido un gran alboroto donde la mitad de Comité de Disciplina tuvo que intervenir, incluyendo a Hibari. Tsuna realmente no había asociado lo sucedido con Mukuro hasta que Riohey y Yamamoto comenzaron a hablar sobre los rumores que el Kokuyo quería empezar una guerra entre los dormitorio. Cuando Tsuna pregunto por qué era "Kokuyo" Lambo animadamente le conto.
El chico de ojos verde al parecer no había podido ver la pelea, había estado castigado por Reborn así que estaba contento de poder exponer su conocimiento sobre los chismes del colegio.
—Kokuyo es un grupo en nuestro dormitorio. Los reunió Rokudo Mukuro cuando entro a primero de secundaria baja. El es el jefe.
Tsuna no sabía qué cara puso, pero Lambo le miro raro por un momento antes de continuar.
—Son como Irie-kun de alguna forma, pero a gran escala, trafican cualquier tipo de cosas. Cigarrillos, alcohol, algunas otras cosas más ilegales. — susurro, y el castaño asintió. —Ya te dije, está entre los tipos más peligrosos del colegio. — y Tsuna no lo dudaba.
—¿Qué te ocurrió hoy Tsuna? — pregunto Yamamoto.
—No me sentí muy bien, creo que realmente me resfriare. — mintió como había planeado mientras estaba encerrado en su habitación.
También había llegado a otras conclusiones. En algún momento se pregunto si debería romper el trato con Mukuro y hablar con Hibari, pero desecho la idea luego de pensar en que eso provocaría muchos problemas cuando apenas si se libraba de uno. No tenia garantías de que Hibari no le moliera a golpes de cualquier forma, además quedaría en una situación muy precaria con el otro moreno y en lo poco que lo conocía ya se había dado cuenta de que era una persona que podía darle muchos problemas a otra cuando se lo proponía –o cuando se le daba la gana…
Otro absurdo pensamiento fue de decirle a sus amigos, pero eso solo complicaría también, además, seria terriblemente vergonzoso. Aunque omitiera muchos detalles, seguía quedando como un tipo patético. Era cierto que lo era, pero prefería ser él el único que supiera eso.
Lo mejor era cumplir con su parte rápidamente, volver a su patética pero ya cotidiana situación de ser esclavo del prefecto y seguir con su lamentable existencia con esporádicos golpes de luz y alegría… como compartir una tranquila comida con sus amigos.
No los acompaño mucho tiempo en el comedor, acepto los consejos de Yamamoto de tomar una aspirina y luego volvió a su habitación. Necesitaba estar solo. Quería tumbarse y dormir, a pesar de que debería estar haciendo su tarea de geografía, pero la verdad, en ese momento le importaba un carajo aplazar la materia. Quería olvidarse todo, ocupar su mente en algo más, pero ya se esperaba que cualquier cosa seria infructuosa, a su mente le gustaba torturarse a sí misma en situaciones estresantes
Medio en broma, medio enserio, se pregunto si Mukuro traficaba pastillas para dormir…. O algo más fuerte y psicoactivo. Una vocecilla en su cabeza le sugirió que realmente vaya a conseguir una, pero además de todo lo problemático que podía llegar a ser eso, Tsuna no tenía las agallas suficientes ni para respirar el mismo aire que Rokudo en ese momento.
Enfiló hacia las escaleras y metido en sus cavilaciones se metió en su cuarto. Apenas le dedico una mirada a su mochila abandonada antes de suspirar y decidir qué hacer algo de tarea tal vez le levantaría la autoestima. Por supuesto ni se acerco a las materias de Matemáticas y Química y se concentro en historia por las siguientes dos horas.
Eran las doce cuando decidió que lo mejor era dormir, aunque no estaba seguro de que tan buena seria esa noche de sueño, las pesadillas seguían y aun no superaba lo que había sucedido esa tarde.
No sabía cuánto tiempo había pasado y ni siquiera quería mirar el reloj cuando se dio cuenta de que a pesar de lo cansado que estaba no podía dormir, seguramente por la siesta que había tomado luego que Mukuro lo dejo.
Paso unos minutos pensando que podía hacer, realmente necesitaba dormir, su mente estaba cansada y se empecinaba en torturarse a sí misma, estaba dándole ganas de llorar de tanta autocompasión. Se trago un sollozo y decidió que usaría las pastillas para el refriado que guardaba en uno de los cajones. No era mucho pero le adormecían lo suficiente como para intentar tener algo de sueño.
Luego de buscarlas y tomar algo de agua de la canilla del baño se volvió acostar y aunque algunas lagrimas le traicionaron se quedo dormido.
La mañana siguiente se levanto con una extraña sensación en el pecho, se sentía vacio, drenado emocionalmente. No estaba seguro si era aceptación o alguna otra fase psicológica, pero no se sentía tan angustiado, en realidad no sentía nada.
Una vez que llego a esa conclusión se quedo medio catatónico viendo la luz mortecina de la mañana que entraba por la ventana. Suspiro y se incorporo para comenzar su día.
Un día tedioso, en el que vagamente sintió la preocupación de sus amigos por la poca atención que les daba desde que se reunieron a desayunar. No parecía que se vía mejor porque varias veces Yamamoto dejo caer que debería ir a la enfermería antes de que su refriado sea peor. Intento sonreír y añadir en una conversación más de dos frases pero se sentía cansado y distraído.
El resto de la semana fue similar, después del viernes pudo actuar más normalmente y de a periodos se olvida de su de su conflicto interno. Una parte de su mente seguía tratando de buscar una solución ideal y no encontrarla era lo que mayormente le frustraba y angustiaba.
El fin de semana poco salió de su habitación con la escusa de los exámenes vinientes. El sábado y el domingo la pasaban mayormente en el comedor y la sala de recreación y cruzarse con Mukuro era mucho más posible. Realmente odiaba tener la necesidad de buscar al chico cada vez que salía, y el día en que sus miradas se cruzaron, la pequeña sonrisa del mayor le dedico hizo que su corazón bombera con tanto pánico que había perdido el aire en sus pulmones. Incluso Gokudera notó como se tenso de un momento al otro pero no pareció darse cuenta de por qué.
Agradeció a todos los dioses que conocía por eso.
También agradeció que Hibari le ignorara olímpicamente, llegaría a su límite si el prefecto decidía que quería juagar con su esclavo. Realmente no quería ni siquiera imaginarlo.
Paso varios días en ese estado de momentos de paz y otros en los que se volvía completamente paranoico solo para más tarde caer de nuevo en sus pensamientos que aun no le dejaban en paz. Solo podía agradecer que sus dos pesadillas vivientes hubieran olvidado su existencia. ¿Por qué su vida se había vuelto tan complicada? Tenía ganas de arrancarse el cabello cuando pensaba en eso.
Lo que más le frustraba es no poder salir de ese bucle de emociones contrastantes. La ansiedad, la frustración, el medio y luego la aceptación, la valentía y la ira cuando buscaba culpables.
Siguió así hasta que el martes primero de diciembre, cuando entro en su habitación luego del almuerzo para buscar algunas notas de matemática y sentado cómodamente encontró a Mukuro en su cama.
Pasaron varios segundos en los que solo se quedo ahí, mientras su mente estuvo en blanco antes de entrar en crisis. Vagamente pensó en correr o matar a Mukuro y esconder el cuerpo bajo la cama. Lamentablemente era lo suficiente inteligente para saber que no le podría dar ni siquiera un golpe para liberar la frustración. Cerrar la puerta fue lo más sensato, solo complicaría la situación si alguien más lo veía
No se intereso en el deja-vu cuando se recostó contra la madera y el mayor sonrió como Cheshire y se incorporo. En el silencio pesado de la habitación, a pesar que se filtraba el sonido de los que aun estaban en el pasillo del dormitorio, pudo escuchar los pasos acercándose de Mukuro hacia él. Solo se detuvo a unos centímetros y Tsuna quiso fundirse con la puerta cuando el moreno apoyo un brazo al lado de su cabeza dejándolos más juntos.
—Estaba pensando, — dijo a media voz Mukuro y el cuerpo de Tsuna se tenso aun más. Sabía que esto iba a llegar tarde o temprano, pero se había dejado auto engañar ingenuamente que iba a poder enfrentar la situación con seguridad; no era para nada así. — que el lunes sería un buen día para que arreglemos nuestras cuentas pendientes.
Tsuna miró a Mukuro, su voz sonada pausada y tranquila, pero apenas una punta arqueada en la boca delataba su diversión. Él realmente quería sacar todo el provecho a este perverso juego, y esto no era más que un preliminar. No sabía si estaba agradecido o mortificado, tenía una semana para prepararse mentalmente; pero la espera podía ser aun peor.
—De acuerdo ¿Cómo…
—No te preocupes, lo arreglare ese día. No queremos que Hibari o alguien más se entere. — el castaño asintió lacónicamente mirando un punto en la pared opuesta.
Estaba tratando de mantenerse tranquiló mientras Mukuro aun le inspeccionaba cuando casi saltó y jadeó al sentir una mano enguantada en su mejilla. Sus ojos rápidamente volvieron al chico y unos penetrantes ojos desiguales le dejaron inmóvil pero tenso. Hubo un roce entre narices mientras Mukuro se acomodaba y pronto también sus labios se tocaron. El corazón le bombeaba rápidamente, no por emoción sino por miedo y no respondió de ninguna forma. La mano en si mejilla fue hasta su cuello y otra bajo de su barbilla hasta su pronunciada clavícula desprendiendo un par de botones.
La textura fría y lisa de los guantes de cuero le hicieron soltar un jadeo y cuando el beso se intensifico tuvo que responder. Tsuna buscó sostenerse de la ropa del mayor, y Mukuro presionó a un más sus cuerpos. Tsuna se dio cuenta de que esa era una muy buena forma de olvidarse de cualquier otra cosa en su cabeza que no fuera responder y sentir.
Sintió un tirón de las caderas y en el segundo siguiente Mukuro estaba sentado en la cama y él sobre sus piernas. Apenas tuvo unos segundos para respirar libremente y los labios de chico volvieron sobre los suyos y entre las sensaciones se sumaron unas manos suaves sin aguantes colándose por entre el pantalón y la camisa trazando su espalda. Sus entrepiernas se encontraron y el castaño tuvo que alejarse y jadear. Mukuro ladeo se cabeza para acceder a su cuello y apenas sintió rozar sus dientes, espero un beso o una mordida pero luego solo unos labios inertes estaban sobre su piel.
Su cabeza se estaba enfriando nuevamente, y por la respiración acompasada del mayor supo que Mukuro también. Los brazos lo liberaron y Tsuna se levantó. Mukuro se estaba poniendose nuevamente los guantes y luego se incorporo haciendo a Tsuna retroceder, ahora tenía la cabeza hecha un lió.
—Eres adictivo, Tsunayoshi. Suerte con matemáticas.
Tsuna lo vio salir y se dejo caer sentado en el piso. Luego de un minuto se lavó la cara con agua y salió, iba a ser un calvario si llegaba tarde al examen de matemáticas y aunque hubiese adorado faltar era mejor no tentar a Reborn en hacer tu vida un infierno, Tsuna ya tenía mucho de eso.
·#·
Faltaba aproximadamente una hora para la cena y casi todo el grupo de Tsuna, excepto Riohey, estaba en la sala libre festejando haber sobrevivido a Reborn. Tsuna se había tomado muy enserio prepara un "ayuda de memoria" en una pequeñísima hoja. Por supuesto, hiso los ejercicios para conseguir apenas unos 70 puntos y los demás los resolvió realmente allí. Había que ser muy perfeccionista para hacer trampa con Reborn.
Gokudera estaba en unos de sus argumentos con Lambo cuando otro chico de primer año se hacer a Tsuna avisándole que alguien estaba esperándole en el pasillo. Una piedra pareció caerle en el estomago.
Le había costado pero pudo olvidarse un poco de su encontró con Mukuro, y esa era la única persona que se le venía a la cabeza para llamarlo de esa forma. Tratando de reprimir el rubor de sus mejillas inutilmente se excuso de sus amigos y fue al pasillo. Su mandíbula cayó unos centímetros cuando se encontró a Kusakabe apoyado contra la pared.
—El presidente quiere verte. — dijo el chico y Tsuna apenas se las arreglo para sentir.
Caminando detrás de Kusakabe, por el rostro de Tsuna pasó una serie de emociones irreprimibles, apenas se contuvo de gritar. No sabía si había hecho algo para ofender a un dios, o el motivo de su existencia era divertir a unos sádicos que no tenían nada mejor que hacer que joderle la vida, pero se sentía extremadamente enojado por la injusta situación en la que se encontraba, desde que llego a Namimori las cosas no habían parado de complicarse.
Realmente iba hablar con su madre, y le haría un buen escándalo a su padre.
Antes de lo que hubiera deseado estuvieron frente a la puerta de la oficina de Hibari. Tsuna estaba tan enojado en sus cavilaciones que tuvo la osadía de abrirla sin tocar y Kusakabe abrió bastante los ojos cuando el chico se metió sin más en la oficina.
Eso era una proeza, y algo bastante estúpido.
Hibari levanto la vista del de unos documentos y miró impertérritamente hacia el castaño, que estaba quieto atrás del sofá donde se habían ido de manos hace algún tiempo.
El silencio era espeso y Tsuna empezada a sentirse incomodo y sin saber qué hacer con sus manos, algo torpe las apoyo sobre el respaldo del sofá.
Se pregunto si Hibari sabía y estaba esperando alguna declaración de su parte. Trató de convencerse de que estaba siendo paranoico pero mientras pasaban los segundos se hacía más difícil mantener la compostura. Un movimiento lo alerto y observo cautelosamente como Hibari se incorporaba y rodeaba el escritorio.
—Ha pasado tiempo. — fue lo único que dijo el moreno y Tsuna sintió que un peso se iba. Sus ojos caramelo vagaron por la habitación. Tenía que actuar con normalidad.
Mordiéndose el labio inferior se acerco unos pasos al prefecto. Una corriente viajo por su piel cuando las manos frías de Hibari tocaron su cuello, era una sensación más fuerte de que sintió con Mukuro. Pero la verdad le tenía más miedo a Hibari que a Mukuro.
Una parte de su cabeza recordó como los labios del otro chico habían estado muy cerca donde estaba tocando el moreno, y solo porque había inspeccionado detalladamente no tener ninguna marca logró mantener la calma.
Cerró los ojos, su corazón bombeaba demasiado rápido y se estaba volviendo paranoico además de sus pulmones insuficientes. ¿Y si Hibari notaba algo raro en su actitud? ¿Si habían alguna marca que él no había notado y los agudos sentidos de Hibari si lo hacían? Para completar su martirio, su cuerpo le estaba traicionando. La preocupación se estaba mezclando con la excitación. No era una buena combinación.
Abrió los ojos lentamente. La piel pálida del cuello del prefecto parecía tan invitante que algo mareado por la sobre oxigenación de su cabeza se acerco hasta que su nariz acaricio ese dulce lugar donde se sentía el pulso. ¿Se estaba volviendo un depravado con tendencias vampíricas? No le importaba pensar en eso ahora. Solo quería… abrió sus labios apoyándolos en la piel, besando lánguidamente.
¿Cómo algo puede ser tan dulce sin serlo? ¿Había perdido toda su cordura? Mejor así, y que no volviese porque era tan feliz en ese momento.
Hibari nunca se enteraría de nada. No había cómo.
Una mano se apodero de su nuca y fue rápidamente manipulado para que Hibari tuviera acceso a sus labios.
Tan demandante, avasallador. Lo había extrañado. Jodidamente lo había extrañado, y rodeo sus frágiles brazos por el cuello de Hibari para obtener más de esa ambrosia. ¿Por qué le gustaba tanto algo que era tan malo? Había partes en su cerebro que aun no se rendían y seguían importunando con ese tipo de replicas.
Todo lo malo es bueno, es adictivo. Todos tienen gustos próvidos y degradantes… ¿Por qué yo debería abstenerme?
Porque saldría lastimado… ellos pueden lastimarme de mil formas.
Todo el mundo se cae y lastima. Estos son mis errores, y caeré hasta que me canse.
Eso es de idiotas.
La verdad no quería seguir esa conversación en su cabeza. Quería que las sensaciones lavaran todas sus preocupaciones. Y Hibari estaba haciendo un buen trabajo con eso. La boca del prefecto dejo sus abusados labios y fueron a su cuello. El prefecto seguramente también podía sentir esa dulzura porque estaba devorándolo ávidamente.
Las manos frías le estrujaban tan fuerte y el roce de sus cuerpos era incendiario.
Moviéndose a trompicones Hibari cayó sentado en el sofá arrastrando con él. No cruzo por su mente que hace unas horas había estando en una situación similar con otro chico. No había espacio en su cerebro para más que sentir. La hombría entre sus glúteos estaba tan caliente a pesar de la ropa que las separaba que fue instinto tallarse contra ella.
Un vaivén demandante empezó entre ambos, mientras Hibari lo marcaba con uñas y dientes, y Tsuna solo trataba de corresponderle, porque sentía que si se quedaba quien un momento terminaría siendo devorado.
La liberación le golpeo estremeciéndole y dejándole ciego un momento, o tal vez había cerrado los ojos, no estaba seguro. Hibari tomo sus caderas más fuertemente, presionándolas contra su erección que buscaba mucho más que simples roces. Pero por ahora sería lo único que obtendría, ambos lo sabían.
Ir más allá seria marcar sus cuerpos permanentemente. Por lo menos que con eso podían pretender que solo estaban jugando –experimentando –o simplemente satisfaciendo un instinto carnal.
Respiraciones agitadas y estertorosas eran los únicos sonidos de la habitación. Parecía tarde, tal vez la cena ya había terminado.
Hibari no hizo ningún amago en quitárselo de encima, y realmente estaba muy encima de él. Echado sobre su pecho, respirando contra su hombro. Los brazos aun le temblaban un poco, sin comprender por qué todo su cuerpo se sentía tan desarticulado, pero apoyándose en poco en el respaldo del sofá logró incorporarse.
Evito mirar al prefecto pero fracasó miserablemente. Ver que los ojos mercurio de Hibari estaban sobre él le sorprendió un poco. No sabía si estaba pensando en algo o su cabeza aun andaba intoxicada de endorfinas. De nuevo la congruencia entre ellos le pareció demasiado incomoda y huyó enfilando hacia la puerta, se digno a esperar dos segundos por si acaso antes de salir y correr hacia su cuarto.
Necesitaba una ducha, de agua muy fría.
A veces recién después de caer recuerdas porque querías evitarlo.
Ahhhh …perdón por la tardanza, sé que me merezco que mi notebook se rompa y que la Play se queme, pero aunque los amo y me encanta escribir para ustedes, eso de la responsabilidad nunca se me dio bien.
Pero ¿les gusto el capitulo? Tengo que admitir que me encanto escribirlo *pervert face*
Ahora, difámenme ¿quieren que Tsuna se acueste con Mukuro o qué Hibari los descubra antes? Voy a dejar una encuesta en mi perfil ^^ aunque también sería muy feliz si me dicen sus opiniones en los reviews.
Por último, sé que me quieren degollar y vender mis órganos al mercado negro por no actualizar "Chica Problemática", pero téngame paciencia –un poco más –hare lo posible por terminar el capitulo lo antes posible.
