Hermione se reía, mientras miraba los pantalones de Snape. Que había dejado una mano dentro de un charquito de agua y había tenido un accidente.

No podía dejar de reírse. Severus se levantó apesadumbrado y miró su entrepierna. Algo le había pasado, que estaba húmedo.

— Profesor, que ya está grande para esas cosas.

— A callar ya, antes de que deje a Gryffindor en cero.

— Uy no, pues así cualquiera le toma miedo. ¿Por qué tuvo ese aparatoso accidente? ¿Tuvo un mal sueño?

— Estaba soñando con un par de nalgas que anduvieron por allí, en la noche.

Hermione se ruborizó y lo miró con mucha rabia. Severus sonrió triunfante y con su varita, limpiaba el pequeño desastre. Myrtle pasaba y reía del mismo asunto.

— ¿Para qué existe el inodoro, profesor Snape?

— Tú, métete en el tuyo.

Hermione soltó una risita, mientras Severus se secaba los pantalones. Ambas se reían mientras él pasaba la varita por los mismos. Se veía tan gracioso.

— ¿Cómo habrán quedado sus calzones?

— Ahora también pertenecen a Hufflepuff.

— ¡Cincuenta puntos menos!

— No se enfade profesor. Mire que eso le hace mal— dijo Hermione y Severus apenas le prestó atención. Había terminado con sus pantalones.

Myrtle enviaba la segunda carga de comida, del día. Hermione sentía que bajaría cuatro tallas y la falda le colgaría. Intentaba no pensar en cómo venía la comida. Severus como siempre, nunca prestaba atención al asunto.

— Así sabe muy raro.

— No tengo problema en comérmelo por usted.

— Ni se lo piense dos veces, profesor.

— Pues si no le gusta, yo puedo hacer el sacrificio.

— ¡Ah! ¡Era un chiste! Pues no me hace gracia.

Se encogió de hombros y terminó de comer. Estaba comenzando a fastidiarse del pan. Alzó la cabeza y miró a Myrtle.

— ¿Es que no puedes mandarnos otra cosa?

— ¿Qué quiere? ¿Cerdo relleno? ¿Quiere el menú de especialidades?

— Algo menos soso que el pan.

— Pues con los ojos que hace, se podría pasar el día comiendo.

— Yo no le hago "ojos" a nadie.

— A ella cómo se la devora con la vista. ¡Quién lo creería, pillo!

Hermione se ruborizó y cruzó las piernas. Severus intentó hablar, pero el habla se quedó muda ante lo que ella había dicho. No era pervertido. Al menos, no tanto. ¡Eso era culpa de Hermione y sus baños nocturnos!

— Y usted fue el del accidente.

— Fue eso, un accidente.

— ¿Qué habría estado soñando, que le ocurrió eso? ¡Jiji!— dijo, revoloteando por todo lugar y zambulléndose en su cubículo, dejando un silencio por demás incómodo.