-Susi, querida, despierta-

-ya voy, Terry… quiero seguir durmiendo-

-Llegaremos tarde al ensayo…-

-No importa, así tendremos el día para nosotros-

-Es lo que más quiero, pero recuerda que tenemos los papeles principales…-

-Terry, ven… acércate-

-Si me besas de nuevo no podremos parar… vamos juntos al ensayo, recuerda que no puedo estar sin ti…- Susana despertó entre las sábanas. Se giró esperando encontrarse con alguien más, pero no había nadie en su cama, más que ella. Sonrió al acordarse de su sueño, pero luego derramó un par de lágrimas porque no era real. Llamaron a la puerta.

-Susi, ¿estás despierta?-

-Si mamá. Pasa-

-Te traje el desayuno, linda-

-¿has tenido noticias de él?-

-Si… ¿viste el periódico que te traje hace una semana?-

-Pues no… estaba muy triste porque acababa de irse-

-Bueno, ve la columna de eventos sociales- Susana hizo lo que su madre le dijo. La columna rezaba:

Próximos Eventos

-Mascarada de la familia Brington

-Presentación del señor William A. Ardley como cabeza de la familia Ardley.

-Boda de William A. Ardley con Candice White Ardley

-Boda de Terrence G. Grandchester y Candice White Ardley

-Pero mamá, Este periódico es de hace una semana, y aquí dice que esa chica se casará con el jefe de su familia y con Terry… esa chica es una mujerzuela- "¡maldita zorra!, no te basta con mi Terry, sino que también tienes que involucrarte con los magnates…" pensaba Susana encolerizada.

-Sí, éste es de hoy- Susana lo hojeó y volvía a aparecer la boda de Candice y Terry y decía que se cancelaba la boda de Candice y William.

-¿Has tenido alguna otra noticia de él?-

-No, he preguntado a sus actores y todos dicen que desde hace una semana no le han visto el pelo. Sin embargo uno asegura que está en la mansión de los Ardley, herido o algo así-

-¡Oh no!, seguramente pasó cuando la encontró a ella-

-tal vez. Abordé a una de las criadas en el mercado y me dijo que la señorita Candy (que según la criada ella es toda dulzura) había llevado al famoso actor Terrence Grandchester a la mansión y que mantienen un noviazgo- Susana estaba a punto de llorar y estaba dispuesta a todo con tal de quedarse con Terry...

-Mamá, ¿me quieres?-

-con todo mi corazón querida-

-sí lo que dices es verdad quiero que me lleves a la mansión de los Ardley-

-No podría... es una residencia privada-

-ya había previsto que pondrías alguna excusa... ¿porqué todos me odian?- dijo Susana y comenzó a llorar. No por nada todos decían que era la mejor actriz, así que hizo uso de todos sus recursos para persuadir a su madre de que la ayudase a llevar a cabo su horrible plan.-Tienes razón... quiero que me lleves al teatro, para saludar a mis viejos amigos-

-Sí, querida. Vamos- dijo la señora Marlowe, al tiempo que la ayudaba a enfundarse en un vestido largo y a sentarse en la silla de ruedas.

Candy fue al despacho de Albert a proponerle lo que Terry había dicho: poner un consultorio y atenderlo únicamente la última semana del mes.

-Pero Candy, podríamos hacer una clínica y contratar 10 doctores-

-Pero ¿Quién les pagará?, porque yo no tengo dinero-

-Jajajaja, hablas como si no fueras parte de la familia-

-¿eh?-

-me refiero a que puedes tomar el dinero que necesites para pagarles-

-No, no quiero abusar de tu confianza… -

-No lo haces, además así también ayudo a la población-

-¿y en qué habitación la pondríamos?-

-¿habitación?, no irás a meter aquí a todos…-

-¿pues si no en dónde?-

-Compramos un terreno y la construimos. Creo que en dos semanas estará lista-

-¡Gracias, Albert!-

-No me lo agradezcas… ¿por qué no vas con George a buscar un lugar?-

-Que buena idea… regreso en unas tres horas-

-Muy bien, le diré a alguien que prepare el auto- Candy fue a la habitación que compartía con Terry y se cambió de vestido, se puso rubor en las mejillas y se puso una cinta a modo de diadema, con los rizos sueltos-

-¿a dónde va tan arreglada, señorita?- preguntó Terry.

-Bueno, le comenté a Albert el proyecto de la clínica y dijo que hoy mismo puedo buscar el terreno-

-Aun no entiendo por qué te arreglas tanto- Terry se cruzó de brazos, enfurruñado.

-Pues tengo que causar una buena impresión… ¿acaso estás celoso?-

-Si… no sabes lo guapa que estás, eres un peligro para ti misma, sin contar a todos los hombres a los que dejarás sin aliento-

-Terry… basta, ¡me pondré de colores por tu culpa!, jajaja-

-ya lo hiciste, jajaja, pero enserio-

-Tengo que irme. Trataré de volver lo más pronto posible. Ah y no se te ocurra andar por ahí sin muletas-

-Pero Candy, ya estoy bien-

-Nada de eso. Una fractura tarda hasta un mes en curarse y tú sólo has estado dos semanas y media con el yeso-

-Sólo porque no quiero verte enojada… cuídate mucho, ah y otra cosa… si pasas cerca del teatro Stanford… ¿podrías avisarle al director que volveré a trabajar pronto?-

-¿Qué tan pronto?-

-Recién me haya curado… así que puedes decirle hasta cuando podré caminar… después de todo tu eres la experta-

-está bien. Te amo- Candy se acercó y le dio un beso en los labios y se fue. Después de cinco minutos Terry oyó a lo lejos un motor que se alejaba y bajó de un salto de la cama.

Candy y George se subieron al auto con el escudo de la familia Ardley en el frente y recorrieron la gran ciudad, buscando algún local en venta. Cerca de la quinta avenida y Times Square, Candy le dijo a George:

-Para por aquí… me gustaría comprar aquí la clínica, porque se encuentra muy cerca del teatro Stanford, donde trabaja Terry-

-Sí, señorita Candy- George buscó un lugar y bajaron del auto. Caminaron unas tres cuadras y llegaron a una zona donde había tantas casas como edificios. Buscaron alguna que se vendiera. Por fin, tas media hora de caminata, encontraron una casita de tres pisos, un pequeño jardín. La fachada necesitaba pintarse y aplanarse, y no tenía ningún adorno como los que había en la mansión de los Ardley, y por eso Candy dedujo que al arquitecto le importaba más la practicidad que el lujo. Candy quería más informes y decidió preguntar. Tocaron el timbre tres veces y esperaron. Salió una señora bajita y regordeta, algo vieja, con un delantal de flores acompañada de una niña de tres años.

-Buenos días- dijo Candy.

-Buenos días señorita. ¿En qué puedo ayudarla?-

-Me gustaría pedir algunos informes sobre la casa. ¿Está en venta?-

-Sí, pase por favor- dijo La mujer. –Becki, quiero que vayas al jardín a jugar, no interrumpas ¿sí?-

-Si abuelita- dijo la niña y salió saltando. Entraron a la salita de estar. Los muebles eran viejos, sin embargo, estaban muy bien cuidados y Candy no pudo evitar acordarse del hogar de Pony. La mujer entró a otra habitación, que despedía un olor a galletas. George, que se había mantenido en silencio todo ese rato, aprovechó que la mujer no escuchaba y dijo:

-Señorita, ¿está segura de que quiere comprar esta residencia?-

-No lo sé. No es muy bonita, sin embargo será muy práctica-

-Me parece que podríamos encontrar algo mejor-

-¡Traje galletas recién horneadas!- dijo la señora con júbilo, cargando una charola de metal donde había un plato con galletas, una tetera algo oxidada a la que le salía humo y olía a manzanilla y tres tacitas. Depositó la charola en la mesita y sirvió el té en as tres tazas. Cuando terminó, se dejó caer en el sillón que estaba frente a Candy y George. -Ahora sí, dígame-

-Verá, me gustaría adquirir esta casa, pero necesito más información sobre ella-

-Mmmm, la construcción tiene unos veinte años, edificada de tabiques secados al sol, la fachada está un poco descuidada, pero nada que no se pueda arreglar, planta baja hay un salón, la cocina, el comedor, un baño y una recámara para invitados. Arriba hay tres habitaciones y otro baño. En el tercer piso hay dos habitaciones más y un ático. En la parte delantera hay un jardín, como ya habrá podido notar. La verdad me encantaría venderla pronto, pero hasta ahora sólo han venido dos personas a pedir informes-

-¿Y qué le hace querer venderla?- preguntó Candy.

-Tengo un hijo, tiene 19 años… y él… estaba casado, con una muchachita muy adorable, pero muy frágil también. Tuvieron una hija, Rebecca y su madre, al darla a luz falleció…- en éste punto la mujer soltó dos gruesas lágrimas, que se apresuró a limpiar con su pañuelo. Mi hijo quedó destrozado y se ofreció como soldado de guerra. Lo mandaron a Francia y… no lo he visto desde hace un año- la mujer se deshizo en lágrimas. Candy le dio unas palmaditas, tratando de reconfortarla.

- Quería vender la casa para viajar a Francia con mi nieta y buscar a mi hijo… lo lamento, señorita, seguramente tiene mejores cosas que hacer que escuchar las penas de una anciana-

-Nada de eso. Sabe, yo planeo convertir esta casa, (claro, si usted accede a venderla), en una pequeña clínica, porque soy enfermera-

-No se hable más. Le venderé la casa- dijo la anciana.

-Muchas gracias- dijo Candy.-Mañana vendremos con un notario-

-Perfecto, hasta luego, señorita- Candy y George salieron y comenzaron a caminar hacia el auto, que quedaba a media hora de donde estaban.

-¿Crees que fue una buena inversión, George?-

-Me parece que si-

-Me gustaría que te hicieras cargo de todos los trámites y papeles-

-Como guste-

-Vamos al teatro Stanford-

-Sí, señorita- Por fin llegaron al auto, subieron y se alejaron. Llegaron al teatro e ingresaron al ensayo.

-¿Quién es usted para interrumpir mi ensayo?- dijo el director, enojado.

-Buenos días, mi nombre es Candice White Ardley-

-Lo lamento, pero no pueden estar aquí- dijo el director al ver a George.

-No se preocupe, será poco el tiempo- dijo George.

-Vine a decirle que Terrence Grandchester…-comenzó Candy.

-¿Terry?, ¡¿usted lo conoce?! , maravilloso, porque no le hemos visto el pelo en dos semanas-

-Sí, es por eso que he venido. Ahora se repone de una lesión, una fractura en la tibia de la pierna izquierda, calculo que en tres semanas estará bien-

-¿calcula?, ¿usted?-

-Sí, soy la enfermera de Terrence- dijo Candy.

-Mmm, ¿está segura?, porque me parece raro que una enfermera se tome tantas molestias con un paciente-

-Bueno… también soy su novia- Candy se puso como un tomate.

-¡Ah!, eso lo explica todo jajaja-

-Señor, ¡por favor!- dijo George algo molesto.

-No se preocupe, señorita. Pero he de advertirle que una vez que Terry esté curado se irá de gira…

-Sí, lo sé. Bueno, eso es todo, hasta luego- dijo Candy. El director los escoltó a ambos hacia la salida. Candy iba a empujar la puerta, pero alguien desde fuera la jaló para entrar. Candy levantó la vista y se encontró con Susana Marlowe y su madre. Ambas la miraron con un profundo odio.

-¡Susana!, qué alegría. Mira, ésta es la novia de Terry, la señorita Candice Ardley, ahora me explico por qué Terry jamás salía con nadie…- dijo el director como para sí.

-Hasta luego- dijo Candy precipitadamente y salió, con George pisándole los talones.


Hola!, espero que no les moleste mi tardanza, ya que me enfermé, pero estoy aquí de nuevo. Porfavor COMENTEN! quiero saber si les gusta o no, les agradecería muchísimo. En fin nos leemos, Bye